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12 Canciones sobre el suicidio.

Siembra la polémica y muchas veces, incluso, resulta un tema tabú. Quitarse la vida. Por soledad, por una enfermedad incurable, por depresión, por desesperación. El dolor del que se queda, preguntando si pudo hacer algo. El sufrimiento del que está a punto de saltar por una ventana, de dispararse en la sien. Hemos seleccionado un puñado de canciones sobre el suicidio, sus consecuencias y algunas pequeñas reflexiones. Por cierto, tema no ajeno a nuestros músicos y a los que dedicamos ya un post que puedes leer en este enlace.

Dale al play…

Metallica – Fade to black

Una de sus mejores canciones incluida en Ride the lightning (1984). Narrada en primera persona por un suicida: “I have lost the will to live/Simply nothing more to give”. Sin esperanza, solo, decide que no merece la pena “Death greets me warm/Now I will just say goodbye”.

Pearl Jam – Jeremy

Para su debut (Ten, 1991) Eddie Vedder compuso esta letra impresionado por una historia real, la de Jeremy, el niño que se suicidó delante de sus compañeros de instituto. La forma en que Vedder interpreta el tema y canta el estribillo dota de cierto dolor mórbido a la música.

Ramoncín – Putney Bridge

El suicidio del “último punk” desde Putney Bridge: “su cuero negro lleva el nombre de los Clash/se ha tirado sin mirar atrás”. Porque si muere el punk y vuelve el pop “es que algo anda mal”. Del iniciático e imprescindible Arañando la ciudad (1980).

Uriah Heep – Suicidal man

La reflexión de un hombre asomado a la ventana, pensando qué hacer con su vida, preguntando “Why won’t you help me/Or give me hand/’cause I’m close to becoming”. Una canción entre la esperanza de una oportunidad, de alguien que acuda a evitar el suicidio y la pena por haber llegado hasta ahí. Formó parte del álbum de 1974 titulado Wonderworld.

Manic Street Preachers – 3 ways to see despair

Parte del álbum Rewind the film (2013), una canción sobre la desesperación y la falta de oportunidades, la incapacidad para enfrentarse con el dolor: “There are three ways to see despair/I’ve seen them all, I’m scared to say/…/The fourth way is coming, so prepare for the fall”. ¿Puedes salvar este alma oscura de las profundidades? Sería tan bello…

Gritando en Silencio – Con dos copas de más

Los sevillanos cantan en su debut Contratiempo (2009) al amigo muerto el día de su funeral: “el corazón, es lo único que se ha roto/y has dejado caras tristes/observando un pie de foto”. Las penas se llevan de otra manera con dos copas de más…

The White Buffalo & The Forest Rangers – Come join the murder

Un pájaro negro al otro lado de la ventana llamando a unirse a la muerte. “Come join the murder/Come fly with black/We’ll give you freedom/From the human trap”. La liberación en sus alas para eliminar el sufrimiento. Formó parte de la banda sonora de la serie Sons of Anarchy, adornando la escena final del último capítulo.

La Polla Records – El suicida

Con su irónica manera de contar la realidad, Evaristo y los suyos presentan al suicida como espectáculo, un rato de telediario directamente al salón de muestra casa: “en el suelo quedan restos
sangre seca y el olvido”. Una forma de afrontar la indiferencia en la que vivimos. Incluida en el disco de 1990 Ellos dicen mierda nosotros amén.

Slipknot – Everything ends

“What the hell am I doing?/…/Where the hell am I going?/Do I even need a reason to hide?/I am only betrayed/I am only conditioned to die” clama Corey Taylor desesperado. Parte de Iowa (2001), la solución de la no solución y la perspectiva de la muerte como esperanza para acabar con la soledad.

Ozzy Osbourne – Suicide solution

Un clásico. Ozzy Osbourne denunciado por que un chaval se pegó un tiro en la cabeza, supuestamente, por esta canción. Ozzy, siempre tan atento, lo primero que respondió al enterarse fue:  “¿Cree que quiero que mis fans se suiciden?¿Y cómo coño cree que voy a seguir vendiendo discos?”. La canción en sí, parte de su debut Blizzard of Oz de 1980, habla de beber hasta morir; la “solución suicida” a los problemas es beber sin límite y la canción, irónicamente, trata de prevenir contra ello. Viniendo de Ozzy resulta un tanto hipócrita.

The Answer – Why’d you change your mind

La letra está inspirada en la historia de un amigo del guitarrista Paul Mahon, una reflexión intentando entender qué pasa por la cabeza de una persona que se quita la vida: “Honey can you tell me, why’d you change your mind?/So you walked the other way/I saw you walk the other way/Now you’ll never tell me”. Grabada para su segundo álbum Everyday demons (2009).

Queen – Don’t try suicide

“You need help/Look at yourself, you need help/You need life/So don’t hang yourself”. Freddy Mercury suplica a alguien que no intente suicidarse, que no lo haga ni para llamar la atención ni para solucionar sus problemas, que él se encargará de estar ahí. Un canto que escuchamos en The game (1980).

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El heavy poppy de los años ochenta.

Aquellos años en los que las bandas de cualquier tipo comenzaron a parecerse sospechosamente: una fotografía llena de cardados, unas cuantas baladas (“los heavies, las mejores baladas”), un montón de tipos medio vestidos, o medio desnudos, con una mezcla de cuero y encajes, el sonido a caja y lata en las baterías, las guitarras por debajo de los platillos, los coros infinitos y edulcorados, el reverb a tope y muchos teclados y sintetizadores. Esa es la imagen que los no aficionados al género se han quedado de los años ochenta, injustamente quizá.

Esta imposición del mercado, sobre todo yanqui, afectó a bandas de todo origen, creándose una cantidad de discos curiosos a cargo de músicos más o menos consagrados y más o menos originarios del heavy metal. Algunos aceptaron los sintetizadores y dieron protagonismo a los teclados. Otros directamente se gastaron un pastón en peluquería, cambiaron de productor, de país, de gustos sexuales y hasta de barra de labios. Otros aceptaron compositores externos que edulcoraran sus letras y sus escalas. Otros iban tan drogados que les daba igual. Algunos lo hicieron una vez y se arrepintieron. Otros se cebaron en el drama. Y los hay que aprovecharon la ausencia del líder para pastar en otros estilos.

Es difícil determinar cuándo comenzó este cruce de sonidos. La influencia del éxito del AOR, la explosión disco y la irrupción de la new wave puso de moda los sonidos sintetizados a finales de los setenta y comienzo de los ochenta. El auge del videoclip dio cada vez más importancia a la imagen. Las mejoras técnicas, con mesas de grabación más complejas y el acceso a secuenciadores y efectos cada vez más diversos, tuvieron mucho que ver también, así como el hecho de que grupos con trayectoria hard rock como Rainbow o Rush se atrevieran a experimentar con éxito sintetizadores, teclados y coros comerciales animó a las compañías a invertir en sus viejas nuevas glorias.

Sin embargo, lejos de despreciar esta colección de discos, venimos a defenderlos. Algunos están entre nuestros favoritos. Y son mejores que otros muy aclamados, más heavies, más aguerridos, más virtuosos. Azúcar metalero, heavy poppy. Allá vamos con nuestra pequeña selección de discos de bandas hard&heavy (más o menos) metidos en el sintetizador, la sobreproducción o, directamente, en el bote de laca.

Rush – Moving pictures – 1981

Quizá uno de los primeros en lograr un éxito viniendo del hard rock en este nuevo mundo del sinth-metal. Los canadienses, que ya habían comenzado la década simplificando su propuesta en Permanent waves, ahondaron más aún en este casi perfecto álbum. Los teclados, la percusión y ese sonido característico destacan en Tom Sawyer, The camera eye o Limelight, por ejemplo. El éxito de ventas (más de cuatro millones de copias en Estados Unidos) animó a la banda a continuar experimentando esta senda y a las majors del negocio a intentar emularles.

Z Z Top – Eliminator – 1983

A estos se les fue la mano con los sintetizadores, las piernas largas y la sobreproducción de estudio. Claro, que consiguieron vender más de diez millones de copias y, así, cualquiera no repite. Y dos años después se plagiaron, con menos fortuna y menos calidad, en Afterburner. Cinco singles, con Gimme all your lovin quedando como himno de época, o ese vídeo sonrojante para promocionar Legs. Los barbudos dieron lo mejor de sí, a pesar de ellos, y salieron victoriosos. Cuidado con I need you tonight, synthblues eighties.

Saxon – Destiny – 1988

Lo de Saxon comenzó, principalmente, con el cambio de compañía discográfica. Ya desde Innocent is no excuse (1985) dieron muestras de “debilidad” aunque mantuvieron la tensión (un poco) en Rock the nation (1986). Y se lanzaron al vacío. Destiny está lleno de azúcar, desde la versión de Christopher Cross (Ride like the wind), el protagonismo de los teclados en Song for Emma y Calm before the storm o la melodísima I can’t wait anymore. Adiós motos británicas, hola descapotables de California.

Ozzy Osbourne – The ultimate sin – 1986

Al Madman se le fue la mano con la laca y aparece en fotos y vídeos de disco y gira a guisa de ama de casa fumada. La producción de Ron Nevison resultó clave para el sonido final junto con esa mezcla un tanto plana donde destacaba la voz (demasiado melódica) de Ozzy. El mayor éxito, Shot in the dark, lo proporcionó un “externo” del que hablamos ya por aquí, Phil Soussan. Sin su contribución esto hubiera vendido bien poco. La guitarra de Jake E. Lee no vuela, está encorsetada y la esconden tras los teclados y la batería en ocasiones. Canciones como Killer of giants, la propia The ultimate sin o Thank God for the bomb sirvan de ejemplo.

Dio – Sacred heart – 1985

Quizá de los mejores de esta selección, Dio pasó de esconder a su teclista a un lado del escenario a darle protagonismo, de roncar himnos míticos a melodear historias para todos los públicos. Consiguió cierto equilibrio con sus obras anteriores en truenos enmascarados con el sonido moderno: Rock’n’roll children o Hungry for heaven, incluso la misma Sacred heart; pero la fórmula no da más de sí en Shoot shoot o Like a beat of a heart. Una pena que el último álbum con Vivian Campbell no le dejara brillar como en anteriores entregas.

Judas Priest – Turbo – 1986

Después del éxito de Defenders of the faith (1984) se enmarcaron en el megaproyecto: un álbum doble con teclados, baterías sintéticas y guitarras sonando juntas sobre historias de amor, sexo y corazones solitarios. La compañía les cortó las alas y editó uno de sus discos más vendidos y aclamados, a pesar del cambio de look, no solo musical, si no también estético. La portada, las fotos de promoción. La dimensión del cambio se aprecia desde la inicial Turbo lover, la comercial Private property, con su riff y su coro de estadio, el hard rock previsible de Rock you all around the world o la cama de teclados de Out in the cold. Quedan momentos de antaño como la rabia de Reckless.

Iron Maiden – Somewhere in time – 1986

La fiebre alcanzó a una banda llena-estadios como Iron Maiden en mitad de los ochenta. El líder supremo, Steve Harris, entendió que necesitaban otro estilo, otro aire, y arrimó los sintetizadores y los trucos sonoros de estudio a sus huestes. El resultado, algo desigual, nos regaló momentos casi bíblicos, como Heaven can wait, Sea of madness o Wasted years, junto a otros algo más duros. La banda, a pesar del cambio, supo mantener la esencia, el estilo, además de adornarse con una imagen futurista que justificaba, en cierto modo, el cambio (ese Eddie cyborg). Los sintetizadores acabaron quedándose en el siguiente Seventh son of a seventh son (1988).

Van Halen – 5150 –  1986

Ya hablamos de este álbum por aquí. Eddie llevaba unos años dirigiendo su propuesta musical hacia sonidos más “comerciales”, con grupos como Foreigner o Journey en su ideario. Los teclados y las melodías cobraban cada vez más protagonismo y el éxito de Jump con sus teclados míticos le acabó de convencer. La fuga de David Lee Roth fue la consecuencia o la razón para acabar produciendo un álbum como 5150. Baladas poderosas (Why can’t this be love, Love walks in), mucho teclado y armonía amable (Dreams) y alguna licencia roquera (Best of both worlds). El tercer álbum más vendido de Van Halen (casi ocho milloncejos despachados).

Y&T – Down for the count – 1985

Después de intentarlo con diferentes productores de éxito en el metal y el hard rock, como Chris Tsangarides (Mean streak) y Tom Allom (In rock we trust), los de Meniketti se dejaron invadir por la producción fácil, los sintetizadores, las letras tontas y los coros overdubs. Esta vez tampoco tuvieron suerte. Incluso tiraron de versiones, todos quería ser Quiet Riot: All american boy y You’re mama don’t dance como gancho de un disco que apenas alcanzó a vender lo que sus hermanos anteriores. El productor elegido, que hizo multiplatino a REO Speedwagon, fue un habitual de este sonido (Saxon, MSG, Keel). Curiosamente la balada Hands of time resulta excelente en el ideario de Y&T, como la inicial In the name of rock o (salvemos la letra) Don’t tell me what to wear. Lo dicen ellos mismos: Anything for money.

Sirva esta pequeña selección de muestra. Hay más. Se extendió a lo largo de toda la década. Podríamos nombrar a Accept (Eat the heat) aunque fuera solo por esa portada hiperlaqueada, a Uriah Heep y su Head first, a Blackfoot y su Vertical smile, Alice Cooper con su retorno mainstream de la mano de Desmond Child enThrash, o la conversión de KISS desde el heavy de Lick it up hasta el azúcar de Crazy nights. Al final, fueron las bandas jóvenes, nacidas al calor del heavy de principios de década mezclado con los sonidos más sintetizados y las letras hedonistas, las que se hicieron la segunda mitad de década con la MTV y el mercado: Mötley Crüe, Bon Jovi, Poison, Cinderella, Warrant y tantos otros.

Una gozada. Un infierno. Tú decides.

Ozzy Osbourne – No more tears – 1991

Sexto album de Ozzy Osbourne, segundo con Zakk Wylde, publicado en septiembre de 1991, tras casi dos años de grabaciones y problemas del loco, resultó, para mí, su última obra maestra y uno de sus dos mejores álbumes (ya le ponéis al lado el que os apetezca). Surtió a las radios de cinco singles y en menos de un mes despachó un millón de copias, alcanzando los cuatro millones en Yanquiland allá por el año 2000. Solamente Blizzard of Ozz ha vendido más.

La construcción de No more tears fue algo compleja. Junto a Ozzy en las labores vocales estaba su joven guitarrista Zakk Wylde, el batería Randy Castillo y el bajista Bob Daisley, quien fue despedido, entrando Michael Inez en su lugar a tiempo para aparecer en los vídeos, las fotos promocionales y hacer la gira. Por si no lo sabéis, la relación de amor-odio de Bob Daisley con Ozzy y señora da para una miniserie que ya comentamos por aquí. Después de echarle, al poco  de entrar al estudio volvieron a (re)contratarle para ayudar a terminar las canciones, meter letras, arreglos; después le llevaron al estudio a grabar los bajos; cuando faltaban unas semanas para finalizar, fue despedido de nuevo. Michael Inez, que ya andaba por allí, entró en su lugar. Lo bueno o lo malo es que ya le había pasado en otras ocasiones. Curioso trío. Junto a ellos metió teclados John Sinclair.

La composición de todos los temas recayó en Ozzy, Wylde y Castillo, con la colaboración de Lemmy Kilmister en cuatro cortes (seis hicieron en total, dos se quedaron fuera). El propio Inez junto al productor John Purcell colaboraron en el tema título.

Así todo, la labor de Duane Baron y Joh Purdell como productores resulta impecable, logrando un sonido grueso pero dejando protagonismo al trabajo melódico de voces y guitarras. Se nota la evolución como guitarrista de Zakk Wylde, con esos maravillosos riffs y los depurados solos, y en eso también tiene que ver el sonido final y las mezclas de Michael Wagener.

La cara A me parece perfecta, con Mr Tinkertrain abriendo y esas cuatro maravillas de seguido: I don’t want to change the worldMama, I’m coming home (dedicada a su mujer), Desire y No more tears (en estas tres ayuda en la composición Lemmy).  La cara B contiene otros tres trayazos, Road to nowhere, Hellraiser y Time after time, junto a las correctas S.I.N., Zombie stomp y A.V.H., quizá un poco más flojas, relleno del bueno en cualquier caso.

La inicial Mr. Tinkertrain es un buen ejemplo del sonido general de la obra, ideal como inicio. El riff de Zakk marca el tema que juguetea con las armonías y el tempo de Castillo, sencillo estribillo y feroz solo para la historia de un abusador, un depredador sexual. En esta misma línea sonora crece I don’t want to change the world, con un mejor fraseo de Ozzy. Curiosamente, se llevó un Grammy. Una de las perlas del disco en forma de balada aparece ahora. Mama, I’m coming home, con un toque southern en la guitarra acústica, una línea melódica muy sencilla pero efectiva y la letra de amor a cargo de Lemmy, impagable. Alcanzó el número 2 en las listas de ventas.

El disco contiene otras dos piezas lentas. Road to nowhere me parece excelente, quizá la mejor de las tres, con un ancla en los tiempos de Randy Rhoads y otra en el enorme talento de Wylde, que se vuelve hermosamente melódico. El Madman también interpreta con ímpetu redondeando el corte. La tercera balada en discordia se titula Time after time, algo más previsible, pero con un delicado arpegio inicial, las voces dobladas en el estribillo y una estructura simple que la hacen encantadora; el solo de Zakk, imperdible.

En la parte más aguerrida nos queda por escuchar mucha tralla. Sin salirse del patrón que engloba el disco, Desire se acerca al trabajo de No rest for the wicked, un corte muy Wylde donde Ozzy canta con desgarro. Con la misma energía, S.I.N. se deshace en la melodía de puente-estribillo mientras que Hellraiser loa a la vida del rock and roll más canalla, da todo el protagonismo al narrador, con una letra “autobiográfica” (la escribe de nuevo Lemmy). Por cierto, impresionante la versión de los propios Motörhead. El tema título, con un gran vídeo, No more tears, el más largo, juguetea con los teclados, el ritmo de bajo y la guitarra, los cambios, los silencios y el up-tempo, con una parte instrumental en el centro de lo mejorcito del combo. Cerramos con los, quizá, temas más flojos. Zombie stomp da un largo protagonismo a los instrumentos, con un patrón que va repitiéndose los primeros minutos, pero luego flojea en la parte vocal y melódica, demasiado previsible. A.V.H. nace con un aire southern de nuevo pero luego ofrece poco más, al menos en comparación con el resto de canciones.

La portada y el artwork general lo realizaron Nancy Donald y David Coleman con fotografías de Matt Hahurin. No es su mejor portada, desde luego, pero resulta curioso identificar a Ozzy con esas alas.
En resumen, un disco imprescindible de Osbourne, de Wylde y, en general, del rock y el metal de finales de los ochenta y principios de los noventa. Un pequeño tesoro a recuperar.

Sexo en el rock (14): porno y cintas de música

Sexo en el rock: la pornografía en la música rock.

No podía faltar un poco de pornografía en una sección musical dedicada al sexo explícito. Y vaya por delante que no hacemos un alegato de ello, cada cual, como siempre, que haga lo que quiera con su tiempo y con su cuerpo. Pero nuestros artistas se han decantado más de una vez por el género épico del sexo a raudales. La verdad, no imagináis cuántas canciones hay dedicadas al tema de manera directa o indirecta. Aquí seleccionamos unas cuantas de lo más variadito. Pero hay más… ¿Cuál nos falta?

Dale al play…

Van Halen – Dirty movies

Una verdadera canción rock porno y la inspiradora de esta compilación. La guitarra de Eddie Van Halen y la voz de David Lee Roth contando las aventuras de una actriz porno. De su álbum de 1981 Fair warning.

Eldorado – Porno Star

Con una estupenda producción de Richard Chycki la banda Eldorado se marcó un impresionante trabajo en 2009 donde incluían esta fantástica canción “te mueves en reclamo animal/te elevas dentro de un nuevo disfraz/anestesiado caigo en tu red/no puedo parar no puedo apagar mi sed”.

U2 – Babyface

Las canciones quedan (casi) siempre abiertas a la interpretación y para mí es clara la lectura de este tema de U2: “Vuelvo a casa por las noches para encenderte (…) tengo el slow motion de mi parte”. Una sesión de porno en toda regla. El segundo corte de Zooropa.

System of a down – Violent pornography

De su impresionante Mesmerize de 2005: “It’s a violent pornography!/Choking chicks and sodomy!/The kinda shit you get on your TV!”. La imitación salvaje del sexo moderno tal y como lo aprendes en la televisión.

La Polla Records – Porno en acción

Eran unos primates en esto de la música cuando grabaron para Oihuka este corte de poco más de un minuto allá por 1984. “La estrella del porno/bella mujer a su disposición/en números excitantes”. Un clásico de por aquí.

NOFX – Vanilla Sex

En su disco S&M airlines proponen un alegato a favor de la pornografía: “no me quitéis la pornografía (…) tengo el derecho a decidir qué ver y leer”. Yo con mi tiempo y mi sexo hago lo que quiero (solo, solito, solo).

Buda – Porno

Los argentinos Buda grabaron en 2004 un álbum muy explícito de título Porno dedicado por entero a los hábitos sexuales de sus protagonistas. Una delicatessen para paladares… intrépidos.

The Cure – Pornography

Directa y sin tapujos la letra de Robert Smith para su álbum de 1982 del mismo título, un disco de letras impactantes sobre la soledad, la inmoralidad y la violencia fácil. “In books And films/And in life And in heaven/The sound of slaughter/As your body turns”.

Lujuria – Estrella del porno

No podían faltar Lujuria. En su debut nos regalan esta canción sobre la vocación de un niño que quiere ser estrella del porno en su vida adulta. Quizá sea la solución a la crisis económica… o sexual. De su debut allá por 1995.

Ozzy Osbourne – No bone movies

Aunque abierta a interpretaciones, si entiendes la letra literalmente Mr. Osbourne se hace una homenaje a las películas de carne y sudor con las que “el demonio que vive en mi cabeza” gusta disfrutar: “can’t kick the habit, obsession of smut/Voyeur straining, in love with his hand/A poison passion, a pulsating gland”.

 

 

Los estudios Ridge Farm

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Los Ridge Farm Studios

En una zona perdida de la campiña inglesa, allá por Rusper, a un habilidoso hombre de negocios llamado Frank Andrews se le ocurrió alquilar una vieja villa del siglo XVII a amigos del negocio musical. La idea inicial para hacer dinero era atraer a grupos que necesitaran espacio y tiempo para componer o ensayar. Se habilitó un ala del palacete para poder acoger a un grupo de rock. Algunas bandas comenzaron a llevar unidades móviles para recoger su trabajo, que muchas veces fue editado tal cual.

El abispado Andrews se puso de acuerdo con un ingeniero de sonido, Keith Slaughter, para insonorizar un salón grande y equiparlo con lo mejorcito en sistemas de grabación. Así, a partir de 1978 nacieron los Ridge Farm Studios y perduraron, con diferentes actualizaciones, hasta el año 2002. Hoy en día puedes celebrar una boda o un evento de empresa, pero siguen conservando parte de las instalaciones de audio: además de disfrutar con una visita temática puedes escuchar la música que allí se grabó en uno de los equipos originales.

Muchos grupos han dejado su buen hacer entre estas paredes, atraídos por el silencio y la vida de lujo (incluida en el precio). Quizá el que más fama le dio fue Ozzy Osbourne, quien grabó sus tres primeros largos a las órdenes de Max Norman. Los increíbles Blizzard of Ozz, Diary of a Madman y Bark at the moon.

Ozzy Osbourne – Diary of a Madman

Muchos otros locos de nuestro rollo se lanzaron a usar este paraíso: David Coverdale con sus Whitesnake grabó Ready’n’Willing, Michael Schenker su Built to destroy, Y&T el fenomenal Black Tiger… Y una lista tan larga que no nos cabe en esta entrada (pero puedes consultarla en este enlace).

Yo, como recuerdo, dejo algunos temas que me encantan y que disfruto gracias al señor Andrews y su amor a la música… y al dinero.

Michael Schenker Group – Captain Nemo

Whitesnake – Fool for your lovin’

Pearl Jam – Alive

Y&T – Forever

Lo mejor de Bob Daisley

Bob Daisley

Lo mejor de Bob Daisley

Ocurre que hoy me he encontrado escuchando el bajo de Bob Daisley en dos discos diferentes, uno acompañando de Richie Blackmore y otro acompañando a Zakk Wylde. Y revisando en mi discoteca he recordado que este australiano ha compartido estudio y escenario con algunos de mis (y tus) guitarristas favoritos: Gary Moore, Malmsteen, Tony Iommi y Randy Rhoads. Casi nada las malas compañías. Si le añades a los cantantes y demás músicos, incluyamos a Ozzy Osbourne, Cozy PowellRonnie James Dio, Jon Lord y, en fin, vamos a repasar un poco los mejores temas de Bob Daisley, bajista, compositor y letrista.

Su carrera musical  comenzó en los primeros setenta, pasando por varios grupos (Chicken Shack, Mungo Jerry) hasta enrolarse en Widowmaker, junto a Lutter Grosvenor (Mott the Hopple). Editaron dos largos entre el 75 y el 77. Aunque no tuvieron mucho éxito, conoció a Don Arden, de la compañía que les editó, Jet Record. Arden le presentó a Black Sabbath y a quien sería su jefe más adelante, Ozzy Osbourne.

Widowmaker – Straight facer fighter

Disgregado el grupo, Bob se enroló en los Rainbow de Richie Blackmore para girar durante el verano del 77 junto a Ronnie James Dio y Cozy Powel. Aquel mes de diciembre viajaron a Francia para terminar el monumental Long live rock’n’roll (1978). Tras la gira posterior, Blackmore le suplió por Roger Glover y, de nuevo, se quedó sin trabajo.

Rainbow – Gates of Babylon

Por casualidad se encontró durante el verano de 1979 con Ozzy “a la deriva” Osborne, quien le ofreció formar parte de su proyecto  junto a Randy Rhoads. Al invento lo llamaron Blizzard of Ozz y se pusieron a componer las canciones de un primer disco. Junto al batería Lee Kerslake grabaron lo que, al final, se convirtió en el primero de Ozzy Osbourne en solitario (eso sí, con el título Blizzard of Ozz). Compuso varias canciones y la mayoría de las letras para este y el siguiente Diary of a Madman… pero Ozzy se cansó de él y le echó antes de que fuera publicado. 

Ozzy Osbourne – Crazy train

La historia con Ozzy y señora tiene tela. Ha colaborado en la mayoría de los discos del Madman como compositor y/o músico pero muchas veces no le acreditaban, otras le despedían y le volvían a contratar, a veces todo salía bien… Toca el bajo y compone en Bark at the moon (83), comenzó a componer para The ultimate sin (86) pero le despidieron antes de grabarlo, volvió a la banda para el No rest for the wicked (88) pero le despidieron de nuevo y no hizo la gira, y, siguiendo con el culebrón, fue contratado para grabar No more tears (1991) cuando ya tenía a Mike Inez para el puesto. Y, por supuesto, volvieron a despedirle.

Concluyendo el asunto: en las memorias de Bob te enteras del asunto. En cualquier caso, nos dejó su arte en un buen puñado de discos imprescindibles.

¿A qué se dedicó entre tanto entra y sale nuestro buen amigo? Primero se enroló en Uriah Heep para grabar dos discos: Abominog (82) y Head first (83). Después fue parte importante de la carrera de Gary Moore al participar en todos sus discos desde 1984 a 1992, esto es, desde Victims of the future hasta Afterhours, pasando por los enormes Run for cover (85), Wild frontier (87) y Still got the blues (90).

Uriah Heep – Rollin’ the rock

Gary Moore – Over the hills and far away

Y nos queda aún varias colaboraciones grandes. Bob tuvo tiempo en 1987 para acompañar a Tony Iommi  y Black Sabbath en su The Eternal idol, uno de los mejores del genial guitarrista en los ochenta. Junto a ambos, Eric Singer a la batería, Geoff Nichols a los teclados y Tony Martin a la voz. Y al año siguiente contribuyó al Odissey de Yngwie Malmsteen.

Black Sabbath – The shining

Menudo currículum tiene el amigo Bob. ¿Cuántos discos suyos tienes en tu discografía?

Nativity in Black: a tribute to Black Sabbath – 1994

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Nativity in Black: a tribute to Black Sabbath (1994)

La mayoría de las veces una recopilación no pasa de ser un artefacto para sacar el dinero a los fans o a quienes jamás se han acercado a una banda, pero, en ciertas ocasiones, como esta, adquiere una entidad propia, un valor especial como álbum independiente más allá de la mera mezcla de éxitos.

Porque Nativity in Black nació de la pasión de Bob Chiappardi por Black Sabbath y en una época en la que el grupo no pasaba por su mejor momento. Bob dedicó dos años de su vida a juntar todos los temas, a perseguir a sus protagonistas, a meterles en un estudio o a “robarles” los derechos de las versiones. Los que participan también se dedican con pasión: confesos seguidores de los cuatro monstruos británicos, adolescentes escuchando en diferentes habitaciones del planeta en distintas épocas las mismas canciones: Iommi, Butler, War y Osborne retumbando el vecindario.

Megadeth – Paranoid

Así, en lo musical, nos encontramos trece cortes de dispar estilo. Por un lado, bandas conformadas en la época que aporta sus particulares estilos: Megadeth (Paranoid), Sepultura (Sympton of the universe), Corrosion  of Conformity (Lord of this world), Faith No More (War pigs) o White Zombie (Children of the grave).

Sepultura – Sympton of the universe

Pero, por otro lado, escuchamos grupos que se juntaron para la ocasión o que estaban en desarrollo, mezcla de estilos curiosa. Así están Bullring Brummies (haciendo The Wizard), nombre que esconde, ni más ni menos, que a Geezer Butler al bajo, Bill Ward a la batería y Rob Halford a la voz, casi nada. También Ozzy pone su guinda junto con Therapy? (haciendo Iron Man). Y Bruce Dickinson se junta con Godspeed para una interesante revisiónde Sabbath bloody Sabbath.

Bullring Brummies – The Wizard

En el resto encontramos grupos que vivían sus mejores años, como Cathedral (Solitude), Type O Negative (Black Sabbath) o Biohazard (After Forever).

El artwork también es una pasada. Diseñado por Joel Zimmerman (Pearl Jam, Aerosmith) con dibujos de Michael Kaluta, cada canción se asocia a una imagen y se acompaña de un pequeño texto a cargo de alguno de los protagonistas de la cover. Una pasada.

White Zombie – Children of the grave

Lo mejor de Ozzy Osbourne

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Los 10 mejores temas de Ozzy Osbourne

Una de las primeras cosas que se aprenden cuando uno comienza a escribir artículos es a describir o presentar en el primer párrafo el objeto del propio artículo, es decir, a su protagonista. Pero si no conoces a Ozzy Osbourne deberías abandonar este blog y pasarte por la sección de pop de saldillo. Si de todos modos quieres saber más, prueba en la Ozzypedia.

Elegir diez temas en una discografía que abarca treinta años y diez álbumes en estudio. Una carrera tan dilatada permite a este loco cantante tener un repertorio muy variado donde elegir diez temas emblemáticos… ¿¡sólo diez!?

Ozzy siempre se ha rodeado de grandes músicos y, sobre todo, de grandes guitarristas. Los dos primeros de sus trabajos fueron del desaparecido Randy Rhoads (Blizzard of Ozz, Diary of a Madman). Tras su muerte Jake E. Lee puso las seis cuerdas en Bark at the moon y The ultimate sin. El que más ha durado en el puesto, Zakk Wylde, se hizo un hombre y un mito a lo largo de casi veinte años y cinco discos: No rest for the wicked, No more tears, Ozzmosis, Down to earth y Black Rain. El último en estudio de Ozzy se editó en 2010 con el título de Scream y Guus G a la guitarra.

He aquí mi pequeña selección homenaje al Mad Man y a toda su cohorte de músicos.

10. Diary of a madman

Mezcla virtuosa de clasicismo y rock, se basa en una figura de guitarra de Rhoads sobre la que crece una canción compleja en su estructura y en su interpretación. Un temazo que integra con genialidad los momentos acústicos con los eléctricos.

 

9. No more tears

Uno de los álbumes más vendidos de la carrera de Ozzy, y con razón. Contiene buenos temas y una producción que enganchó a fans de todos los colores. En el tema No more tears consigue un equilibrio soberbio entre melodía, rudeza y comercialidad, con un excelente trabajo de todos los músicos. Esa parte central al puro estilo John Lennon y el impresionante solo de Zakk.

 

8. Bloodbath in paradise

Zakk Wylde dio una segunda vida a Mr. Osbourne y ambos supieron aprovecharla. El descaro que demuestra el guitarrista en No rest for the wicked y su personal forma de interpretar le valieron continuar durante muchos años al lado de Ozzy. Mi tema favorito de aquel disco. Inquietante y de riff explosivo. 

 

7. I don’t know

El primer álbum de Ozzy con Randy ayudó a redefinir el sonido heavy de principios de los ochenta. El estilo clásico del flaco se mezcla con la genialidad técnica de un Van Halen en el tema que lo comenzó todo. 

6. Bark at the moon

Jake E. Lee no lo tuvo fácil. Consiguió algunos momentos excelentes en el tiempo que pasó al lado de nuestro protagonista, como el tema que da título al álbum Bark at the moon. Aguantar a Ozzy y sus continuos cambios de humor en aquellos años debió ser duro. El tema revienta con otro riff destripador y un solo que va a quemar tu airguitar. 

5. Shot in the dark

El álbum The ultimate sin contenía momentos muy buenos con otros bastante pasables, sobre todo por el exceso de teclados y el endulzamiento de muchos temas. En este pelotazo, todo cuadra a la perfección: armonía, teclados, arreglos, guitarra, estribillo y mucha laca. 

4. Flying high again

La polémica letra en la que Ozzy invita al personal a drogarse (it’s something I enjoy/Fly high again). Interpretación soberbia del loco y una no menos genial guitarra. Tommy Aldrige a la batería lo borda. Uno de mis solos favoritos de Rhoads. 

 

3. Hellraiser

Lemmy, Zakk y Ozzy componiendo juntos. Una obra maestra. 

 

2. Mr. Crowley

Un minuto de introducción sublime y una de las más grandes canciones de los ochenta. Melodía, letra, interpretación de todos los músicos (qué teclado) y en perfecta conjunción el mago Randy tirando solo tras solo. 

1. Crazy train

No puedo ser objetivo con este tema, uno de mis favoritos ever forever. Tan solo por el riff inicial ya merece la pena tener el Blizzard of Ozz. La definición de una canción heavy rock. 

Invitando a Ozzy: sus mejores colaboraciones.

Ozzy Osbourne

Invitando a Ozzy

Uno de los más carismáticos personajes del mundo del rock, Ozzy Osbourne, ha parido un sin fin de álbumes legendarios, tanto en su carrera en solitario como en su periplo con Black Sabbath. Sin embargo, Ozzy también ha participado con amigos o enemigos en diversas aventuras musicales. De todas sus colaboraciones, aquí dejo una pequeña selección, delicatessen para paladares ambiguos, porque lo mismo se marca una balada con Lemmy como se lanza al industrial rock con Rob Zombie. Siempre fiel a su estilo, disfrutadlo.

Motorhead + Ozzy – I ain’t no nice guy

Las colaboraciones entre Lemmy y Ozzy son muy variadas. La más importante cuando Lemmy participó en la composición del álbum No more tears de Ozzy. No te puedes perder Hellraiser, por favor. En el disco de Motorhead de 1992 March or die aparece este curioso dueto. Dicen que no son chicos majos… ¡quién lo duda!

Lita Ford + Ozzy – Close my eyes forever

El álbum más comercial de la superhembra Lita Ford incluía este dueto con Mr. Madman. Imperdible.

Slash + Ozzy – Crucify the dead

Ozzy escribiendo sobre la relación de Slash con Axl. Buen tema que apareció en 2010 como sencillo y se incluyó en el álbum Slash.

Rob Zombi + Ozzy – Iron head

Tema al estilo de Rob en el que su buen amigo Ozzy participa. Apareció en la banda sonora de El Rey Escorpión en el 2002 y en el álbum de Rob titulado The sinister urge un año antes.

Gary Moore + Ozzy – Led clones

Apareció en el álbum de 1989 de Gary Moore titulado After the war. Un tema irónico sobre los grupos que copia(ba)n a Led Zeppelin (Led clones) como Kingdom Come o Great White. Lo curioso es que el propio riff suena a Zep que atufa.

Iommi + Ozzy – Who’s fooling who

En el año 2000 Iommi se marcó un discazo lleno de invitados. En uno de los temas apareció Ozzy como cantante y compositor y todos soñamos con la reunión. Bill Ward toca la batería. Casi nada. Trece años hemos tenido que esperar.

Si quieres la relación completa de colaboraciones y duetos, pincha aquí.

4.  

Black Sabbath – Sabbath bloody sabbath – 1973

Black Sabbath – Sabbath bloody sabbath – 1973

El riff del tema Sabbath bloody sabbath abrió las ventanas de la inspiración en el castillo de Clearwell, en un bosque apartado cerca de Gloucestershire, donde la banda se retiró en busca de tranquilidad y, bueno, controlar un poco sus propios excesos. Pero la verdad es que el frasco estaba vacío y las ideas no fluían. Casi perdida la esperanza, Iommy apareció una mañana con la línea básica de la canción y al final del día la tenían terminada. En los siguientes días surgieron otro puñado de canciones que acabaron conformando este quinto álbum de la banda.

Black Sabbath – Sabbath bloody sabbath

 Grabaron el disco en Londres ayudados por el ingeniero Mike Butcher y producidos por ellos mismos (sobre todo por Iommi) en los estudios Morgan. Se publicó en diciembre de 1973 y debutó en el número 4 de ventas en el Reino Unido. En Estados Unidos alcanzó el puesto número 11. Se pegaron un pedazo de gira que culminó con un concierto ante más de 200.000 personas en California. La portada y contraportada las realizó Drew Struzan y muestran las dos caras de una moneda: el moribundo rodeado de su familia y el que está a punto de ser arrastrado por el mismo demonio.

La canción título, que abre, presenta el nombrado riff como una bofetada: ahí lo deja Tony fluyendo para que Bill Ward y Geezer se recreen y luzcan. Ozzy no hace más que reventarnos con una excelente interpretación. Otra con un riff demoledor titulada A national acrobat continúa con la fiesta heavy para dar paso a una melódica composición titulada Fluff en la que Iommi y Geezer son los únicos intérpretes. Sencilla pero efectiva. Uno de mis favoritos cierra la vieja cara A del vinilo. Lo que hace Ward en Sabra Cadabra es una bestialidad. En realidad, el tema entero es una bestialidad. El piano que mete Rick Wakeman, la línea melódica, el riff de guitarra… ¡una gozada heavyKilling yourself to live contiene una letra impactante en la que Ozzy restriega a los críticos de la banda que se están matando cada día por vivir, que tal vez Sabbath no son los equivocados, si no ellos. La música pasa por ser una de las más fuertes del álbum, con Iommi moviéndose constantemente y un acompañamiento de bajo y batería soberbio. Me encanta el final.

Black Sabbath – Killing yourself to live

 

Who are you pasa por ser la primera composición en solitario de Ozzy, luego arreglada por toda la banda. Una gran interpretación del Madman arropado por toda la banda, incluyendo un estupendo pasaje intermedio con melotrón y efectos sonoros incluidos. Por contra, Looking for today tiene un ritmo más desenfrenado, una melodía fresca en la que se oye hasta una flauta y a la banda dando palmas. La superposición de capas hace que el tema tenga un trasfondo grueso y formal. Spiral architect es otra excelente canción para finalizar el disco. Un riff casi circular de Iommi y otra muestra de virtuosismo por parte de Ward. El arreglo de cuerda no está metido con calzador, como en otras ocasiones: viste la canción, hace que crezca. Ozzy perturba con su manera de interpretar mientras que el trabajo percusivo le adorna. 

En conclusión, uno de esos álbumes de Sabbath que raramente ponemos entre nuestros favoritos pero que contienen toda la esencia de la banda y, si me apuras, un poquito más. Justo a partir de este quinto, la música empezó a verse realmente afectada por los abusos de sustancias y las malas relaciones entre los músicos. Una pena, pero qué gloria recuperar joyas como esta.

Black Sabbath – Spiral architect