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11 canciones con un solo de batería.

Siempre caracterizamos el hard rock y el heavy metal como una música basada en guitarras, y es cierto, pero también es una música percusiva, con patrones rítmicos característicos. Y detrás de eso, siempre hay un baterista. El minimalismo de algunas propuestas no les olvida; ahí tenemos a The White Stripes como ejemplo reciente (podemos incluir a The Black Keys o Royal Blood, entre otros). Hoy queremos destacar a varios de nuestros pega-parches favoritos, y añadimos alguna sorpresa, rescatando canciones con un solo de batería en su interior. Una pequeña y jovial selección para, como siempre, darle al play y disfrutar.

Led Zeppelin – Moby Dick

Una de las más legendarias de la lista. Instrumental donde John Bonham se luce, con sus compañeros y solo a partir del minuto 1. Formó parte del imprescindible Led Zeppelin II (1969).

Chicken Shack – Telling your fortune

El poder de la batería en Chicken Shack está por encima de toda duda, y el trabajo que hace Paul Hancox en Imagination Lady (1972) resulta abrumador. En este corte de más de once minutos se marca un extenso solo para muestra.

Golden Earring – Radar love

Pocas canciones con solo de batería tan populares para el gran público como esta, aunque en la versión single recortaran la parte instrumental. Alcanzó el puesto 13 en Estados Unidos y se coló en el top de varios países europeos en 1973. Apareció en el álbum Moontan del mismo año. El responsable de esta joya percusiva se llama Cesar Zuiderwijk, quien maneja el ritmo de maravilla y hace dos pequeños pasajes solistas.

Santana – Soul sacrifice

El debut de Carlos Santana allá por 1969 se cerraba con esta barbaridad de canción. El trabajo percusivo de Mike Shrive y Dave Brown es alucinante, destacando la intro y ese solo que comienza en 1:30.

Asia – Wildest dream

Otro máquina del instrumento, Carl Palmer, se marca un trabajazo en el debut de Asia (1982). Esta canción abría la cara B del disco y me parece de lo mejor de Palmer en la banda, con un pequeño solo incluido en el minuto 4.

The Smashing Pumpkins – Tibute to Johnny

Es extraño escuchar canciones con un solo de batería en grupos sin un batería “mítico”. Jimmy Chamberlin se marca uno en este instrumental de rollo muy setentero que The Smashing Pumpkins grabaron durante las sesiones de su enorme Mellon Collie and the infinity sadness (1995). Apareció con el single Zero y en la caja The aeroplane files high al año siguiente.

Queen – Dragon attack

Nunca se valora lo suficiente el trabajo tras los parches de Roger Taylor. Demuestra su magia en este corte del álbum The Game (1980) donde marca la canción de principio a fin, haciendo un pequeño solo en el 1:40.

Cream – Toad

No podía faltar otro magnífico pionero del rock endurecido, Ginger Baker. Compuso este instrumental, básicamente un solo de batería con arreglos de guitarra, para lucirse en Fresh Cream (1966). Una barbaridad que extendía más de diez minutos en directo.

The Who – My generation

Otro favorito por estas pantallas, Keith Moon, ya hacía de las suyas en los inicios de The Who. En 1965 alcanzaron el segundo puesto en ventas con My generation, una canción muy percusiva (incluso en su patrón de guitarra y en la voz) que incluía una sección final donde Moon se marca un solo explosivo (2:20) que continúa en la coda final.

Iron Butterfly – In-a-gadda-da-vida

Esta canción lo tiene todo y en exceso. Icono de la experimentación de los primeros años del rock duro, con ese tufazo psicodélico, los más de diecisiete minutos de esta canción dan para todo. La parte vocal se escucha al principio y al final (se editó una versión más corta como single), y el resto es un largo instrumental donde Ron Bushy graba un potente solo (a partir del 6:30).

Deep Purple – The mule

Imposible no incluir a Ian Paice. De todas sus estelares aportaciones, me quedo, oh, sorpresa, con esta barbaridad que sonaba en Fireball (1971) y cuya versión en directo en Made in Japan (1972) es de obligatoria escucha para cualquier aficionado.

¿Alguna sugerencia?

KISS en diez versiones.

O los amas o los odias. Pocas bandas son capaces de polarizar el sentimiento roquero con tanta baba como los neoyorquinos KISS: te empapas de su parafernalia, su pirotecnia, las plataformas y el merchandaisin o les expulsas del Olimpo musical por su (supuesta) poca calidad musical. Por aquí adoramos sus contoneos y su rocanrol all nite (and party everyday, ya sabes) y hemos decidido dedicarles un homenaje a través de los artistas y músicos que han perdido su tiempo haciendo una versión de sus (malas) canciones. Ahí os dejamos esta pequeña selección de diez cortes diversos y divertidos.

Racer X – Detroit Rock City

Paul Gilbert a la guitarra y Scott Travis a la batería, ¿qué puede salir mal? Se marcaron esta contundente versión en su directo Extreme volume II (1992). La original, una de las más conocidas e interpretadas por la banda, abría el álbum Destroyer (1976), uno de los más aclamados de toda su discografía. Ojo al solo.

Bathory – Deuce

Y si de contundencia hablamos, Bathory se llevan la palma al llevar a Kiss a su terreno. Cerraban con Deuce su álbum de 1995 titulado Octagon. La original formó parte del debut en 1974 de los “carapintada”.

Dimebag Durrel & Vinnie Paul (Pantera) – Fractured mirror

Con sus modestas dotes técnicas y su fantástico feeling, Ace Frehley enganchó a muchos guitarristas de diversos estilos. El brutal Dimebag Darrel (Pantera) le rinde homenaje en este instrumental con la ayuda de su hermano Vinnie Paul a la batería. Apareció en el álbum Spacewalk: a salute to Ace Frehley (1996). La original sonó en el álbum Kiss/Ace Frehley de 1978.

Axel Rudi Pell – Love gun

Ya que estamos con virtuosos de la guitarra, rescatamos la transformación total que hizo Axel Rudi Pell para su álbum de versiones Diamonds unlocked (2007). Fabrican una balada que va creciendo en la voz de Johnny Gioeli. Un tal Mark Terrana se encarga de la percusión. La original, uno de los himnos de la banda, abría la cara B del álbum Love gun (1977).

Cher – A world without heroes

Otra personalísima versión realizó Cher, con la producción y las guitarras de Steve Lukather y la colaboración de Michael Landau y David Paich (Toto), en su Love hurts (1991), de su etapa más hard roquera. La original, en cuya composición colaboró Lou Reed, apareció en el Music from “The Elder” de 1981.

Girlschool- Do you love me?

Seguimos con mujeres roqueras. Las británicas Girlschool patean un par de culos con esta versión, pegajosa, ochentera y llena de encanto y personalidad. La grabaron para su quinto disco titulado Runnig wild (1985). El corte original cerraba Destroyer (1976). Una canción de amor desesperado, en el fondo.

Skid Row – C’mon and love me

Otra historia de amor (más o menos) por otros tipos malos. Sebastian Bach pone su poderosa voz al servicio de uno de los más veloces temas de los primeros años de la banda. El original pertenece al Dressed to kill (1975) y la versión completó el single Slave to the grind (1991) del álbum de igual título.

Anthrax – Parasite

Y otra extraña pasión: la que Scott Ian (guitarrista) y sus colegas de Anthrax tienen por Kiss. Han colado versiones siempre que han podido, las adoran. Esta, que les pega más que ninguna, con ese fabuloso riff de Mr. Frehley, la grabaron durante las sesiones de State of Euphoria (1988) y la editaron en su EP del siguiente año Penikufesin. Kiss la metieron en su segundo largo titulado Hotter than hell (1974).

Helloween – I stole your love

Andaban en eso de la reconversión los germanos Helloween después de perder al fundador y guitarrista Kai Hansen, al batería Ingo Schwintenberg y al cantante Michael Kiske. Con Andy Deris a la voz grabaron este pedazo de cover en las sesiones del Master of the rings (1994). Se editó como parte del single Sole survivor. La original abría el álbum Love gun (1977). Si quieres más caña, escucha esta de Lost Society.

White Zombie – God of thunder

Otro que no oculta su pasión por Kiss es Rob Zombie, polifacético del siglo XXI. Antes de ser famoso, allá por 1989, grabó esta rotunda versión para un EP de igual título. No se imaginaban los compositores originales cuando la metieron en Destroyer (1976) que llegarían a escuchar esto.

Y de regalo dejo por aquí esta versión a violines del single más vendido de la banda, I was made for lovin’ you, del álbum Dynasty (1979), a cargo del cuarteto ruso Silenzium.

Twisted Sister – Rebuscando en la basura de “Love is for suckers” – 1987

¿Son tan malos los discos malos de nuestros artistas favoritos?

Hoy rebuscamos en la basura de Twisted Sister y su álbum de 1987 Love is for suckers.

Tras el éxito de Stay Hungry (1984), que alcanzó el doble platino en los Estados Unidos, la lucha mediática contra las damas censoras del PMRC, que te contamos aquí, y la edición de Come out and play (1985), que consiguió el disco de oro, el cantante Dee Snider estaba cansado de su vida roquera en la banda. Quería parar, un paréntesis, y recobrar la mala leche de Twisted Sister con sus colegas unos años después. Compuso canciones para un disco en solitario: buscó a músicos distintos y por allí aparecieron Kip Winger, Reb Beach, Steve Whiteman (Kix) . Beau Hill se encargó de producir unas canciones ya medio hechas donde el toque pop que Snider siempre había tenido se imponía a los ganchos metaleros de las producciones anteriores. Pero, qué le vamos a hacer, la compañía le obligó a editarlo bajo el nombre de la banda. Y se armó el lío.

De este álbum se ha dicho de todo. Abandonaron la rudeza, las pintas agresivas, los malos rollos y compraron todos los clichés de la época: baladas de amor, himnos tabernarios, teclados en primer plano, overdubs y ecos por todos lados. Han dicho que es un “insípido disco de pop-metal” o que “está lleno de sonidos copiados de sus contemporáneos” o que “ningún fan de la banda cantaría esos estribillos”. Al que sería último disco y pasaporte a la ruptura durante casi veinte años se le ha calificado como flojo, pomposo y popero. Que no hay buenas canciones. En definitiva, un disco olvidable.

Pero, ¿qué rebuscamos en la basura de este Love is for suckers?

No se puede negar que la producción y la forma de componer y arreglar las canciones no sigue el camino trazado por Twisted Sister en sus discos anteriores: Dee y Beau Hill querían sonar, precisamente, pomposos y mezclar las melodías pop y los estribillos pegadizos con guitarras y baterías más duras. De hecho, Twisted Sister ya lo habían hecho antes, pero dejando el peso mayor en la parte metalera. Aquí se invierte.

En primer lugar, Snider canta con una convicción y una entrega entusiástica, y todas las canciones cuentan con una línea melódica trabajada y pegadiza. El comienzo con Wake up (the sleeping giant) podría estar en sus discos anteriores, quizá la más ruda, igual que la canción Love is for suckers, que corre con un buen riff y un estribillo con mala leche. Un rollo similar, aunque ya más adornadas, encontramos en Tonight y la final Yeah! Right! con esas estrofas de voz-batería cortadas por las guitarras y los gritos.

Las más melódicas ya suenan a otra cosa, y ahí está, quizá, el lastre del álbum; que queremos escuchar a Twisted Sister y ya no aparece más. ¿Y son malas? El single Hot love presume de unas fantásticas guitarras con otro conseguido estribillo, Me and the boys roquea al estilo de Leader of the pack, por ejemplo, y I want this night to last forever es un estupendo ejercicio de pop rock. ¿Falta azúcar? La balada You are all that I need la tiene toda, con una letra manida y teclados repetidos en cien cortes iguales; pero Snider la canta con tanto ¿amor? ¿énfasis? ¿entrega? que resulta adorablemente pegajosa.

La banda se separó un par de meses después, hasta el 2004. En todos estos años de gira tan solo han rescatado algún tema suelto. Snider contó en sus memorias “quería hacer un álbum en solitario, un disco más comercial, quitarme de encima el arsenal de Twisted Sister y tocar con músicos de fuera”. Y vaya si lo logró. La aventura le salió torcida y la competencia MTV de aquellos años acabó con cualquier segunda oportunidad.

Suficiente basura para que te pongas a escuchar como se merece este Love is for suckers. Y si ya lo amabas antes, para recrearte una vez más.

Lo mejor de Bad Company: los años con Brian Howe (1986-1994)

Brian Anthony Howe falleció el pasado mes de mayo del 2020 de un paro cardíaco. Contaba 67 años y su legado musical está vivo en cuatro álbumes en estudio y un directo de Bad Company. Howe llegó a formar parte de la banda por pura casualidad. Cantante amateur, uno de tantos, tuvo su primera oportunidad profesional de la mano de la productora de Ted Nugent; cantó en el disco Penetrator (1984) y realizó la gira posterior. A partir de ahí, el ambicioso Brian quiso montárselo en solitario y llegó a colaborar con Mick Jones (Foreigner), pero la cosa no salió adelante. En ese proceso, Mick le presentó a Simon Kirke y Mick Ralphs, quienes intentaban montar un nuevo grupo tras la desbandada de Bad Company en 1982. Sus aventuras en solitario fueron bastante poco exitosas y eso de tocar en salas pequeñas por poco dinero no les sentaba nada bien. Los dos músicos no arrancaban ningún proyecto y la compañía de discos (Atlantic Records) les “sugirió” recuperar Bad Company. En el año 1986 el cantante Paul Rodgers andaba montado en el grupo The Firm junto a Jimmy Page, Chris Slade y Tony Franklin sin ganas de abandonar tan sabroso barco para retornar a “quién sabe qué” futuro-pasado. Así que, de nuevo, la compañía les “sugirió” trabajar con Brian Howe.

Fame and fortune se editó en octubre de 1986 con la producción de Keith Olsen y la colaboración de Mick Jones. Con estos nombres está claro que la deriva sonora hacia los sonidos vendedores del AOR de principios de los ochenta estaba servida, en un viraje que otras bandas ya habían hecho en eso que llamamos heavy poppy (ese año se publicaron, entre otros, el 5150 de Van Halen o el Turbo de Judas Priest). Howe se encargó de la voz, Kirke de la batería y Ralphs de las guitarras, contratando para el estudio a Steve Price al bajo y Gregg Dechert a los teclados. El álbum contiene buenos momentos, como Fame and fortune, la más parecida a los “viejos” Bad Company, Tell it like it is (fantásticas guitarras), la inicial Burning up, con ese toque Jones, la final If i’m sleeping o el sintetizador y los coros pegajosos de Valerie. Howe canta más por Lou Gramm que por Paul Rodgers, cierto, y el disco, en general, parece de una banda con otro nombre (pongan aquí Foreigner o Toto). No vendió lo esperado y los jefes Kirke y Ralphs tuvieron que pensar mucho el siguiente paso.

Intentaron convencer al bajista Boz Burrell para que se uniera al proyecto. El tipo había decidido no volver a una banda de rock tras la primera desaparición de Bad Company, pero allá que fue a ayudar a los colegas. Apenas aguantó la gira. La compañía “sugirió” un colaborador externo y Terry Thomas apareció en escena. Al principio iba a componer con Howe y Ralphs y acabó siendo el productor, el compositor principal y el segundo guitarrista en el estudio. Dangerous age se publicó en el verano de 1988 y, esta vez sí, alcanzó un digno éxito, sobre todo por que tres singles vendieron muy bien: One night y Shake it up se auparon al top 10 y No smoke without fire alcanzó el cuarto lugar. El álbum lo grabaron como cuarteto dotándolo de un sonido más guitarrero, con buenos riffs y arreglos rítmicos, y resulta un gran álbum de rock. Escucha Bad man, Dangerous age (la más blusera), Rock of America (simple y sencilla, con un rollo Bryan Adams inconfundible) y The way that it goes. El éxito comercial (alcanzó el disco de oro) reñía con las vivencias de la banda durante la gira: Brian viajaba solo; Ralphs y Kirke no le soportaban, sobre todo por su “estilo de vida”.

En la gira incluyeron a Larry Oakes como segundo guitarra y teclista (vaya, el tipo ya había tocado con Foreigner, qué casualidad) y Steve Price se encargó del bajo. Ambos acabaron fuera de la banda. Estamos en otra encrucijada: buenas ventas, mal ambiente. Tanto Ralphs como Kirke intentaron que Rodgers volviera al grupo. Ni la compañía se lo permitió (con lo que había costado) ni él puso mucho empeño. No en vano tenía en los juzgados a sus ex-colegas por el uso del nombre de la banda. La solución única era continuar con la máquina y en junio de 1990 salió al mercado Holy water. Y fue su mayor éxito. Alcanzó el millón de copias y colocó tres single en lo más alto: la balada If you needed somebody, Holy water (número uno en los charts roqueros) y la (semi)acústica Boys cry tough. Con Felix Krish al bajo, la ayuda en la producción de Andrew Scarth y Tony Harris y una buena publicidad, se convirtieron en una de las últimas atracciones mediáticas del rock melódico. El disco no carece de recursos: Walk through fire engancha, Stranger stranger suena contundente, Fearless y Dead of the night recuerdan a unos AC/DC melódicos, buenos el estribillo de I don’t care y el tufillo a Lou Gramm en Never too late. Cierra el disco una breve canción acústica cantada por Simon.

Resulta curioso cómo la fama y la fortuna hacen de pegamento en ocasiones. Claro, que todo tiene un límite entre el éxito de ventas y la lucha interna. Howe pensaba que sería su último trabajo en Bad Company. En los créditos agradece a Terry Thomas los dos años juntos y a Mick Jones por darle la oportunidad y animarle (curiosidad: por entonces, ambos, Jones y Thomas, andaban grabando el álbum Unsusual heat bajo el nombre de Foreigner). En estas, Ralphs abandonó su propio grupo argumentando la falta de oportunidades para colar sus composiciones (aunque hubo asuntos familiares por medio), mientras Brian le recriminaba su falta de compromiso y su poca contribución; llegó a decir que el guitarrista vivía muy bien a su costa. Aquella gira la realizaron Howe y Kirke, como único miembro “original”, junto a los guitarristas Geoffrey Whitehorn y Dave Colwell y el propio Krish al bajo. Ralphs lo pensó bien, o solucionó sus problemas personales, y acabó entrando en el final de la gira.

El último esfuerzo en estudio de estos caballeros se llamó (¿irónicamente?) Here comes trouble. Publicado en septiembre de 1992 tuvo ventas más modestas. Aún así, alcanzó el disco de oro y colocó dos singles en listas: How about that (de lo mejor) y la propia Here comes trouble. El trío Kirke-Ralphs-Howe firmó como productores y contaron con Thomas en la composición y como músico de apoyo. Grabaron también Colwell (guitarras) y Krish (bajo). Aunque la línea musical resultó continuista e intentaron esconder sus malos rollos, hay claras diferencias entre las canciones “Howe” y las canciones “Ralphs”. Both feet in the water o Little angel suenan más clásicas, mientras el resto tiene un deje más melódico, con otros buenos momentos en Brokenhearted, de excelente guitarreo, el medio tiempo What about you o Take this town.

La historia no se podía estirar más. Un contrato a punto de finalizar con Atlantic y todo el rencor acumulado a lo largo de estos años, con la desidia de la rutina de las giras, Brian Howe y Bad Company separaron sus caminos. Para cerrar las obligaciones contractuales la compañía publicó What you hear is what you get: the best of Bad Company live. Un digno directo con un reparto equilibrado entre las canciones de los setenta y las de la “nueva” era.

Quizá si se hubieran llamado de otro modo no habría tanta inquina y polémica con estos años en los que Brian Howe estuvo al frente de Bad Company. Puedo afirmar que es lamentable el olvido de esta época por parte del aficionado y los propios componentes del grupo. Sin entrar en comparaciones, que podríamos, como si todo lo parido en los años de Paul Rodgers fuera épico, esta reencarnación de la banda supo mantener la estrella mediática y dejó algunas excelentes canciones y cuatro álbumes de los que sentirse orgulloso (unos más de mi gusto que otros, claro). Si nunca te has arrimado a esta música ya estás tardando.

Savoy Brown – Looking in – 1971

Siempre me resulta curioso, al explorar la historia de una banda, ese momento en el que parece que todo se va a ir al fondo de la alcantarilla más profunda para, en realidad, poco después, resurgir con llameante impulso hacia el estrellato. Y esto, más o menos, sucedió alrededor de este álbum de Savoy Brown. La banda debutó en 1967 con un discreto disco de versiones y al año siguiente con su primer largo de composiciones propias, Getting to the point (1968). Poco a poco fueron conformando la banda, digamos, clásica: Kim Simmonds, jefe supremo, a las guitarras y los teclados, Chris Youlden a la voz principal, Bob Hall al piano, Dave Peverett como guitarrista y cantante, Roger Earl a la percusión y Tony Stevens al bajo. Juntos editaron tres discazos: Blue matter y A step further en 1969 y Raw Sienna en 1970. Si en su Inglaterra natal no tenían mucho éxito, su constante girar por Estados Unidos les convirtió en una de las bandas más significativas y apreciadas del british blues rock. Y justo en ese momento, Youlden y Hall se marchan del grupo. Simmonds y los colegas, sin cortarse un pelo, deciden tirar para adelante como cuarteto, encargándose Peverett de todas las voces y Kim del piano, y marcarse este Lookin in. El álbum vendió mejor que los anteriores ¡salvados de la desgracia! Pero, oh, infortunio, el simpático Simmonds se queda unos meses después sin amigos: Peverett, Earl y Stevens le dejaron tirado para formar Foghat. Algo tendría el muchacho. Para solucionarlo, reclutó a Dave Walker a la voz y robó la línea de flotación de Chicken Shack: Paul Raymond a la guitarra y los teclados, Andy Silvester al bajo y Dave Bidwell a la batería. Editaron dos discos juntos que tuvieron más éxito aún que los anteriores: Street corner talking (1971) y Hellbound train (1972) y tras un pequeño pinchazo con Lion’s share (1972) la banda volvió a romperse (Walker se marchó a Fleetwood Mac). Los siguientes años fueron de progresiva decadencia comercial y numerosos cambios de line-up, con Simmonds como único miembro perpetuo.

Así pues, en mitad de esto, compusieron y grabaron como cuarteto Looking in en los Recorded Sound Studios de Londres, encargándose Simmonds de la producción con Paul Tregurtha y Eric Holand ayudando en los mandos. Curiosamente, mis dos canciones favoritas las firma Stevens. Poor girl es el cuento de una muchacha del campo que tiene una vida licenciosa en la ciudad “every night about the same time she’d go and put her glad rags on/go to the place where eveyone goes to Boogallo all night long” pero la chica se cansa de todo y regresa al campo “the fast life she was living took her as it’s prey/now she’s back in the country getting fatter every day”. Las guitarras de Simmonds y Stevens juegan todo el tiempo con el bajo, dejando dos cambios de ritmo para sendos solos fantásticos. En los ocho minutos y pico de Leavin’ again escuchamos un ejercicio brutal de blues rock donde se demuestra lo importante que eran Earl y Stevens en el “sonido Savoy”, marcando un ritmo pegajoso, con un solo de Stevens incluido. La canción fluye de manera instrumental en la mayoría intercalando solos de guitarra, arreglos rítmicos y efectos. Una historia de huida, de segundas oportunidades “I’m leaving again, help me pack my case”. La caña roquera se mantiene en Looking in, esta ya compuesta por Simmonds con la ayuda de Peverett, y ambos se salen, tanto en la línea vocal como en los guitarrazos que el jefe se marca. La canción sigue un patrón de estrofa-solo-estrofa hasta el final: “if I could get an answer/if someone would give me a clue/I know I’d feel much better/but I can’t find anyone/to put my question on”.

La preciosista Take it easy da el contrapunto relajado con su toque de bar humeante, arrastrando su boogie y creciendo: “if you don’t slow down pretty son/your good days will have passed/so take it easy baby”. Aroma que conserva uno de los cortes más famosos del álbum, Money can’t save your soul, donde un wah-wah y el aroma más oscuro se apodera de la banda; la voz doblada de Peverett a lo largo de todo el corte y el repetitivo piano dan un aire misterioso, casi de la pantanosa Nueva Orleans. La letra, en primera persona, es una súplica del amado despechado a la mujer que le ha abandonado por otro con más dinero: “you’ve got a new man and that’s good for you/ and you got a lot of money/but what good will that do/when he leaves you on the side/and the money falls away”. Entonces, cuando te quedes sin dinero, querrás venir a casa de nuevo, nena, así que “you better leave now/while it’s still ain’t old”. Para qué esperar. El disco se completa con cuatro instrumentales, dos muy breves que hacen de entrada (Gypsy) y salida (Romanoff), un intenso Sunday night, una barbaridad, suave pero a la vez salvaje, como un cuchillo acariciando tu espalda, y Sitting an’thinking, más alegre, con un deje country y un buen slide.

Savoy Brown supieron mezclar esa base de british blues rock con salidas hard y mucha mezcla, añadiendo ritmos o arreglos derivados del soul, el funk e, incluso, el jazz. Sus canciones enredaban los riffs aguerridos con ritmos muy percusivos, brillantes solos y letras sencillas. Acústicas, piano, bottleneck, lo que hiciera falta para engrandecer la canción. La fantástica presentación corrió a cargo de Jim Baikie y David Anstey. La portada, como se observa en las fotos, es doble, con dos calavéricos dibujos diferentes en portada y contraportada. Un lujazo de disco.

11 canciones sobre París.

El personaje de Leonardo DiCaprio decía en la película Titanic (1997): “es lo bueno de París, muchas mujeres quieren desnudarse”. Humphrey Bogart, en Sabrina (1954), afirma que “París es para los enamorados; tal vez por esa razón solo estuve allí 35 minutos”. Ciudad del amor, de las fantasías sexuales, de la libertad y la cultura, ciudad con un fantástico escaparate donde la vida transcurre de modo parecido a cualquier otra gran urbe del mundo. Pero, oh, el mito que tiene a su alrededor. Ese no se lo puede quitar nadie. El propio Bogart, en la escena final de Casablanca (1942), junto a Ingrid Bergman, dejó una de las frases antológicas de la ciudad y del cine: “Siempre nos quedará París”. Siempre tendremos el recuerdo.

Y un poco de todo esto hay en la selección de canciones sobre la ciudad de la luz (y de las sombras, pues). Hay amor perdido, amor encontrado y amor no correspondido. Pero también hay algo de historia (que “París bien vale una misa”), alguna epopeya personal y hasta una de espías.

Como de costumbre… dale al play.

Gary Moore – Parisienne walkways

Tenía que ser la primera. Canción romántica, llena de nostalgia, rememorando los paseos por París con la persona amada. En la versión primigenia cantaba Phil Lynnot (también tocaba el bajo) y la batería corrió a cargo de Brian Downey, ambos compañeros de Moore en Thin Lizzy. Se editó en 1979 como single alcanzando el número 8 en las listas británicas.

Ben Harper – Paris sunrise #7

¿Y por qué no rememorar el pasado con un tema instrumental? Increíble interpretación, sentida melodía. Recibió una nominación a los Grammy. Harper la grabó con sus Innocent Criminals para el álbum del 2007 titulado Lifeline. En el vídeo toca seguidas Paris sunrise #7 y la propia Lifeline, dando un hermoso sentido a la canción: “I don’t want to wait a lifetime/not yours, not mine/can you see me reaching/for the lifeline”.

Stephen Stills – Midnight in Paris

Compuesta por la (entonces) esposa de Stills, Véronique Sanson, cantante y compositora nacida en París, rememora una cita romántica una noche de otoño: “I want to tell you ‘bout all I see/Stars in my eyes that you would not believe/I’m a little funky wearin’ out my shoes/Don’t mean anything unless I’m dancin’ with you/Midnight, midnight in Paris”. Parte del álbum Illegal Stills (1976).

Dokken – Paris is burning

Una ruptura amorosa en la ciudad del amor: “I can’t believe/You’d throw it all away/You know you played me for a fool”. La canción tuvo una primera versión en la edición original europea del álbum Breakin’ the chains (1981) titulada, simplemente, Paris. Para la reedición de 1983 en Estados Unidos, con el título alargado, se sustituyó por una fantástica versión en directo grabada en Berlín en 1982.

Tako – París 1968

Pero no todo va a ser amor y nostalgia. En la ciudad de París también se anclan hechos históricos, y a uno de ellos viajan los zaragozanos Tako en su álbum El club de los inquietos (1999), al mes de mayo de 1968. Mezclando una letra en francés y en inglés, pasean con su guitarra y su música dando paz y amor.

Rush – Bastille day

Los canadienses Rush viajan a otro de esos momentos: la revolución francesa. “And we’re marching to Bastille Day/The guillotine will claim her bloody prize”. Camino de La Bastilla a cortar algunas cabezas y hacer un poco de justicia (más o menos). Abría el tercer y definitorio Caress of steel (1975).

Streetheart – Action

Y otros canadienses, Streetheart, disfrutaron de las mieles del éxito locales con este single que abría su debut Meanwhile back in Paris de 1978. En la banda figuraba Paul Dean a las guitarras, quien daría el salto poco después a Loverboy. Una historia de agentes secretos: “I’m afraid now, I’m going to phone the base now/Yeah maybe the master really gonna pay, yeah”.

Dark Moor – Bells of Notredame

En su muy recomendable The Hall of the olden dreams (2000) hacen una semblanza del mítico jorobado y campanero de Notredame:”We see the hunchback in Notre Dame/Dancing on the tallest towers”. Un personaje despreciado por la sociedad que encuentra entre las torres de la iglesia la soledad “Looking at the bells he thinks about his tragic fate/Wants to be a rock or metal like his souless mates”.

Queensrÿche – Last time in Paris

Una (supuesta) historia real que le ocurrió a Geoff Tate, cantante de la banda, en un concierto en París. La noche se complicó, una cosa llevó a la otra y acabó durmiendo más de la cuenta. Al llegar al concierto no le dejaron entrar: “took the metro out to Avignon/Man at the backstage, didn’t know my name/Said hey, I’m with the band!/You and everyone today”. Alguien le reconoció y pudo entrar al backstage. Corte grabado en la época del Empire (1990), que no formó parte de la edición original, y debutó en la banda sonora de The Adventures of Ford Fairlan.

Elton John – Paris

Tercer single del álbum de 1986 Leather jackets. Para Elton no todas las ciudades son iguales y en Paris puede pintar el cuadro más colorido con su amor: “But when I get to Paris/We’ll paint all our portraits/In brush-strokes of yellow/And christen the canvas”.

Place Vendome – Place Vendome

Y para cerrar, banda, canción y disco con nombre parisino: “So just hold my hand and I’ll show you my second home/Down at the Place Vendome”. Plaza célebre del París clásico, lugar de paseos y, por lo visto en la canción, algo más que besos. La banda, fabricada en un despacho de Frontiers Records, editó su estupendo debut en el año 2005.

Band of brothers (3): hermanos del rock

Un repaso a la curiosa relación de hermanos musicales a lo largo de la larga Historia del Rock.

Los Davies

Ray (el mayor) y Dave Davies pasaran a la Historia de la música por ser miembros fundamentales de una de las más grandes e influyentes bandas de pop rock: The Kinks. Juntos y casi siempre revueltos mantuvieron la nave durante treinta y dos años, despachando más de 50 millones de discos, conseguir meter cinco singles en el Top-10 estadounidense y cinco álbumes entre los más vendidos en el Reino Unido. Cifras aparte, su calidad compositiva desde los inicios a mitad de los sesenta hasta principios de los setenta valen ya un monumento. Fuera de la nave nodriza, Ray ha editado seis discos en solitario, comenzando con Return to Waterloo en 1985 (incluyendo una película que él mismo dirigió) hasta Our country: American act II del 2018. Ha compuesto canciones para bandas sonoras (Absolute beginners) y ha participado en varios musicales: Chorus Girls (1981) o Around the world in 80 days (1988) son dos de ellos. Le nombraron caballero en 2017 por su labor artística. El pequeño Dave editó varios singles en solitario durante 1967; Death of a clown y Susannah’s still alive vendieron bien, pero no llegó a grabar un álbum completo y no fue hasta 1987 (The album that never was) y 2011 (Hidden treasures) cuando se recopilaron estos singles junto a caras B y canciones “perdidas” por la discografía de The Kinks compuestas por Dave. Ya en los ochenta se decidió a grabar de verdad, debutando con AFL1-3603 (toca todos los instrumentos). Hasta su último Rippin’ up time (2014) ha editado siete discos. Dave sufrió un ictus en 2004, por cierto, pero ahí sigue. Ambos hermanos fueron incluidos en el Rock and Roll Hall of Fame en 1990 por sus trabajos con The Kinks. Larga vida.

Los Bachman

Tres hermanos, los de la foto, famosos por su carrera musical al frente de Bachman-Turner Overdrive (BTO). Tim, el mediano, y Robbie, el pequeño, acompañaron a Randy en su intento de crear una nueva banda tras abandonar The Guess Who, primero como Brave Belt y después, cuando se les unió Fred Turner, como Bachman-Turner Overdrive. Estos tipos grabaron juntos dos álbumes en 1973 que alcanzaron el disco de oro en Estados Unidos. Justo en ese momento Tim recibió la patada por sus excesos (él dice que ese largó en busca de mejor vida) y fue sustituido por Blair Thorton. Consiguieron su mayor éxito al año siguiente con el álbum Not fragile. Robbie y Randy siguieron en la banda juntos hasta 1977; Randy se piró a intentar una carrera en solitario y el grupo permaneció un par de años más en la carretera y desapareció. Desde entonces han habido varias reuniones: la mala relación entre los hermanos (especialmente entre Tim y Robbie) ha imposibilitado que pudieran trabajar de manera constante: en 1983 se reunieron Randy y Tim para grabar un álbum y girar; en 1988 fue Robbie quien se juntó con Randy para girar, pero fueron incapaces de grabar un disco; Randy se largó y Robbie comandó BTO hasta el 2005 solo para conciertos. Randy se juntó en 2009 con Fred Turner (este hombre quiere a todos los hermanos), grabaron un disco (Bachman & Turner) y se fueron de gira, pero Robbie no les dejó usar el nombre de BTO. Y así siguen. Fuera de la banda madre, ni Tim ni Robbie han tenido proyectos. Randy, más inquieto, presenta un largo currículum que le convierte en uno de los músicos más famosos de Canadá. Comenzó en The Guess Who entre 1965 y 1970, consiguiendo alcanzar el número 1 en Estados Unidos con la canción American woman; siete discos en cinco años y se fue. Grabó su debut en solitario, Axe (1970), repitió con Survivor (1978), tras abandonar BTO, y volvió a retomarla en los años noventa, terminando, por ahora, con Heavy blues (2015) y el homenaje a George Harrison titulado By George By Bachman (2018). Creo que estos no se juntan ni en Navidad.

La máquina del tiempo 1986: una Historia del Rock a través de sus canciones

La máquina del tiempo: 40 años de rock.

Una memoria de canciones publicadas entre la muerte del rey blanco del rock, Elvis Presley, en 1977, y la del rey negro del rock, Chuck Berry, en 2017.

1986

Dos records curiosos se dieron en las ventas de este año. Por un lado, el álbum True Blue de Madonna fue el más vendido en 28 países, consiguiendo, a la vez, vender más que ninguno en el mundo. Por otro lado, el single The final countdown de Europe acaparó el primer puesto en 26 países, hito nunca antes y nunca después igualado. Esta polaridad se refleja en la lista de ventas de sencillos y discos, pues la mayoría de los superventas se meten en el saco del pop moderno de Madonna o en el rock de estadio de Europe, más un puñado de artistas de R&B. En cuanto a canciones, las más despachadas fueron Take my breath away (Berlin), Rock me Amadeus (Falco), Papa don’t preach (Madonna), West end girls (Pet Shop Boys), Walk like an egyptian (The Bangles) y Sledgehammer (Peter Gabriel). En el saco roquero, además de Europe, encontramos la relectura de Walk this way a cargo de Run DMC con los propios Aerosmith, a Survivor con Burning heat (de la banda sonora de Rocky IV) y a Bon Jovi con Livin’ on a prayer y You give love a bad name. Entre los discos más vendidos apuntamos el Graceland de Paul Simon, el debut de Whitney Houston y el Licenced to kill de Beastie Boys, junto a los imbatibles True Blue (Madonna), Slippery when wet (Bon Jovi) y So (Peter Gabriel). Si nos centramos en nuestro rollo, qué menos que nombrar el debut de Sammy Hagar en Van Halen con 5150, el regreso de Boston con Third stage, la caja recopilatoria en directo de Bruce Springsteen titulada Live 1975-1985 o al fantástico David Lee Roth y Eat’em & smile.

A lo largo de 1986 se editaron muchos discos hoy considerados básicos en el hard rock, una lista que irá creciendo en los meses siguientes. ¿Comenzamos? Iron Maiden experimentaron con sonidos sintetizados en Somewhere in time, AC/DC editaron su recopilatorio Who made who, Ozzy Osbourne subió como la espuma con su pelo enlacado y Ultimate sin, Judas Priest asustó y enamoró a partes iguales con Turbo, Stryper editó su mejor álbum titulado To hell with the devil, Ratt despachó Dancing undercover, Triumph consiguió su mayor éxito de ventas con The sport of kings, Saxon plegó velas en Rock the nation y Accept en Russian roulette, sin olvidar la aventura en solitario de Tony Iommi en Seventh star.

Si miramos a la cara más heavy, escuchamos dos de los mejores (si no los mejores) discos del género: Master of puppets de Metallica y Reign in blood de Slayer. Ambos fueron responsables de sacar del ostracismo a muchas bandas malditas. “El Master” alcanzó el puesto 29 en las listas de ventas y “el Reign” el 94, impensable unos meses antes para grupos de este sonido. Las compañías de discos vieron el filón y se pusieron a rebuscar. Había donde elegir. Megadeth editó otra joya con Peace sells… but who’s buying?, Mötorhead se marcaron una de sus últimas obras maestras, Orgasmatron y Kreator reventó en Pleasure to kill.

En 1986 dio comienzo de manera mediática un fenómeno característico de la segunda mitad de los ochenta: los superguitarristas, el reino del shred, los velocistas de las seis cuerdas. Los álbumes instrumentales (o casi) comenzaron a ponerse de moda. Destacan el Trilogy de Malmsteen, el Mind’s eye de Vinnie Moore, el Edge of insanity de Tony McAlpine o el Not of this earth de Joe Satriani.

No podemos olvidarnos de algunos debutantes ilustres. Sepultura (Morbid visions), Sodom (Obsessed by cruelty), Cinderella (Night songs), Poison (Look what the cat dragged in), Tesla (Mechanical resonance) o King Diamond, huido de Mercyful Fate, con Fatal Protrait. En la parte de pérdidas, sin embargo, no podemos más que llorar. Fallecieron Phil Lynnot, víctima de sus incontrolables adicciones, desapareciendo con él Thin Lizzy, y Clive Burton, bajista de Metallica, este en un accidente de autobús. Dejaron de publicar discos de manera (más o menos) oficial Asia, The Clash, ELO, Journey y Rainbow. Estos dos se despidieron con Raised on radio y Finyl Vinyl, respectivamente. Y, por contra, en la parte de futuribles, dieron sus primeros pasos Alice in Chains, Goo Goo Dolls, Manic Street Preachers, Skid Row o Rosette.

No fue un año de grandes acontecimientos, pero cabría destacar dos claros. Se formó e inauguró por todo lo alto el Rock and roll Hall of Fame, con una sonora fiesta el 30 de enero. Y comenzó a editarse una de las biblias del género metálico, la revista Metal Hammer. Ese año el cartel del Monsters of Rock incluyó a Ozzy Osbourne, Scorpions, Def Leppard y Mötorhead.

Como de costumbre, la lista de discos es imposible de reflejar aquí, y, por ello, hacemos y compartimos una estupenda playlist. Viejales de regreso, jovenzuelos con ganas, algunos one hit wonder y mucha buena música.

Dale al play…

“La Creedence” en diez versiones.

Creedence Clearwater Revival, Creedence o CCR, dio su primer concierto como tal en enero de 1968; cuatro años después dejaron de grabar y girar. En ese tiempo editaron siete discos que les auparon a los primeros puestos de la música popular estadounidense. Pocos artistas pueden presumir del éxito conseguido por ellos. Su legado ha traspasado los años y hoy en día, en nuestra época de revival, sigue muy vivo. Y nosotros hemos decidido contribuir a perpetuar su música seleccionando diez versiones de otros tantos artistas, cada una diferente de la otra y todas con su punto original.

Como siempre… dale al play.

Clutch – Fortunate son

Una de las más famosas canciones de Willy and the poor boys (1969) cincuenta años después en las manos del particular estilo de Clutch. Ruidosos y fantásticos. Parte de la colección de singles de título Weathermaker Vault Series.

Jeff Healey Band – Run through the jungle

El mágico guitarrista escogió esta para Cover to cover publicado en 1995. Da otro aire con las seis cuerdasal tema, un fantástico solo, nueva vida para este single adelanto del Cosmo’s factory (1970).

Molly Hatchet – Penthouse pauper

Los sureños más salvajes se marcaron esta para su tercer largo de 1980 titulado Beatin’ the odds. Adorables y rudos a la vez. Casi mejor que la original del Bayou Country (1969).

Goo Goo Dolls – Down on the corner

De mis favoritas. Llevan a su terreno este clásico que formara parte de Willy and the poor boys (1969). Lo grabaron para su segundo álbum Jed veinte años después del original. Sube el volumen y baila.

Rival Sons – Long as I can see the light

Editado en 2015 para el Record Store Day, formaba un single de 7″ con el tema Black coffee de Ike & Tina Turner. La personal voz de Jay Buchanan revive el original de Cosmo’s factory (1970).

Ramones – Have you ever seen the rain

¿Y qué decir de esta revisión? Personalísima, se editó en 1993 en su disco de versiones Acid eaters, penúltimo de su carrera. Una de las más famosas del álbum Pendulum (1970).

Status Quo – Proud Mary

Ese rollo Quo con unos vientos al fondo y un coro femenino, qué puede salir mal. Lo grabaron para el recomendable álbum de versiones Don’t stop (1996). Uno de los cortes más populares de Bayou Country (1969).

Gov’t a mule – Effigy

Monumental cover que se marcaron para su The deep end vol. 1 (2001) alargándola más de nueve minutos. La original conformó Willy and the poor boys (1969).

Social Distortion – Up around the bend

¿Una versión de Social Distortion para una película de dibujos animados? Así fue. Formó parte de la banda sonora de la película Free Birds (2013). Quién se lo iba a decir a los Fogerty y compañía cuando la grabaron en 1970 para el Cosmo’s factory.

Foo Fighters – Born on the Bayou

Grabada para el single Resolve del 2005, Dave Grohl hace un trabajo muy bueno a las voces para acercarse a Fogerty. Buen rollo. La original se gravó para Bayou Country (1969).

La resurrección de Glenn Hughes (1991-1996)

La década de los ochenta fue un continuado descenso a los infiernos para Gelnn Hughes, el niño prodigio del rock apenas unos años antes. Enganchado a diversas sustancias atravesó todos los estadíos del buen yonqui: cualquier cosa por la siguiente dosis. En 1985 grabó cuatro canciones para Gary Moore y su fantástico Run for cover, pero fue incapaz de girar con él. Unos meses después, Toni Iommi le reclutó para su proyecto en solitario, que acabaría titulándose Seventh star y se publicó bajo el paraguas de Black Sabbath en enero de 1986. Iommi intentó sacar adelante la gira con Glenn, pero tras cuatro conciertos le sustituyó Ray Gillen. Desaparecieron los proyectos ¿formales? Un buen manager y muchos amigos le llevaron a hacer coros aquí y allá; en 1987, con su colega Mel Galley, consiguió completar las voces de tres cortes del álbum Phenomena II y una canción más para la banda sonora de The Highlanders II ya en 1990. El resto, vacío profesional. Ese tobogán acabó una mañana de 1991 con Hughes mirando a un desconocido en el espejo sucio de un motel: la paranoia se le quedó grabada, como un aviso. Horas después sufrió un ataque al corazón que casi acaba con su vida. Tenía, exactamente, cuarenta años. Al salir del hospital, Glenn decidió que había acabado su matrimonio con los excesos. Y, aunque le costó sudor, dinero, dolor y tiempo, el hombre resucitó. Y este fue el camino de la redención musical.

A finales de ese mismo año, grabó una de las voces de la canción America: what time is love? del grupo dance y electrónico The KLF. Unos meses más tarde esa canción sería un éxito de ventas en el Reino Unido. A comienzos de 1992 otro amigo, el guitarrista Pat Thrall, le reclutó para el proyecto cooperativo L.A. Blues Authority, donde cantó Messin’ with the kids, una versión de Junior Wells. En ese proyecto conoció a Mike Varney, fundador de Shrapnel Records y admirador de Glenn. Tan buena impresión le causó que decidió financiarle un disco. Llamó a un hombre de su confianza, el guitarrista Craig Erickson, para componer y dirigir esta apuesta. El álbum se tituló L. A. Blues Authority II: Glenn Hughes – Blues. Nuestro protagonista cantó con fuerza, con convicción, tocó el bajo en la mitad de los cortes. Se sintió de nuevo músico. Varney, además de componer dos canciones, tiró de agenda, y completó con numerosos invitados el trabajo: Warren DeMartini, Richie Kotzen, Tony Franklin, Mick Mars y John Norum.

La química entre Norum y Hughes les llevó a colaborar en el siguiente escalón hacia el cielo en forma de nuevo disco. Para Face the truth (1992) compusieron siete canciones juntos, que cantó Glenn, más una versión de su época en Hughes/Thrall titulada Still the night (grabada por primera vez en el debut de Phenomena). Más allá del éxito o la calidad (enorme) de este álbum, a Glenn le permitió abrir una puerta por la que seguir creciendo: su conexión sueca.

Sin embargo, 1993 resultó un año de transición. Colaboró con varios músicos: Marc Bonilla le llamó para una versión de A whiter shade of pale para su American Matador, con George Lynch grabó dos cortes en Sacred groove y no faltó en el álbum de versiones de Stevie Salas titulado The electric Pow Wow. Todos estos meses los dedicó a preparar su próximo movimiento, el que le limpiara definitivamente el lastre del pasado. Y lo hizo en Suecia. Allí había conseguido cierto éxito con Face the truth y su nombre resultaba muy conocido. Su colega Norum le recomendó unos estudios y varios músicos. Las guitarras de Thomas Larsson y Eric Bojfeld y los colegas de Europe alrededor: John Levén al bajo, Mic Michaeli a los teclados y Ian Haughland a la batería.

El disco se llamó, significativamente, From now on… (de ahora en adelante). Recién comenzado 1994 se editó en Suecia y Europa a través de Empire Records y unos meses después en Japón, donde Zero Corporation se tomó en serio el regreso de Glenn. Los dos mercados que le dieron el impulso económico. El éxito en Japón le llevó a una gira con llenazos que grabó y publicó bajo el título Burning Japan Live ese mismo verano. Glenn tira de archivo para el setlist, con siete cortes de Deep Purple, tres de Trapeze y cuatro de su reciente álbum y demuestra que su recuperación como cantante había sido total. Los colegas suecos le hacen un acompañamiento brutal también. Un directo definitivo en aquel momento: no solo compone, produce y canta; ahora también es un torbellino en directo, sólida máquina de hacer dinero. Esta doble conexión Suecia-Japón le mantendría durante muchos años. Músicos de Suecia le ayudarían y acompañarían en directo y en estudio y el público japonés siempre le trató como a una estrella. En este vídeo él mismo explica qué significaba ese momento de su vida.

Con las cosas más claras, Glenn llama a su amigo Pat Thrall para el siguiente escalón. El disco, que se tituló Feel y salió en el verano de 1995, se revuelca en el soul, el funk, el rock y el pop, con Hughes desatado. Como curiosidad, es el primer disco en que toca el bajo en todas las canciones desde 1977. De nuevo se publica en Europa (SPV) y Japon (Zero) y gira por ambos territorios. Además, sigue colaborando en otros proyectos (Live and learn de Brazen Abbot). Sin embargo, son meses duros en lo personal, pues aunque va encauzando su vida, queda el paso definitivo: reconocer, hablar, compartir, renunciar, liberarse de las últimas sombras.

Y estas sombras son iluminadas con rabia casi metalera en la composición, grabación y edición de Addiction en 1996. Exactamente como indica el título, Hughes, con la ayuda de Joakim Marsh (compañero los siguientes veinte años) y Marc Bonilla en las guitarras y la composición (este último además produce), se lanza a hablar de su pasado y los monstruos que aún entonces le devoraban. El misil liberador final. Ese mismo año sucede otro hecho discográfico paralelo: se publica el recopilatorio The voice of Rock a lo grande.

Cinco años le costó a Hughes retornar a la primera línea musical, a volver a ser respetado, a ganarse la confianza de músicos, público y promotores, pero, lo más importante, dejar atrás un pasado que le conducía a la muerte prematura y comenzar una segunda vida de la que lleva disfrutando desde entonces.

Larga vida a la voz del rock…