Todas las entradas por rockologia

Canciones sobre el Antiguo Egipto

La magia y el misterio que aún hoy en día emanan las historias, las leyendas, los mitos del Antiguo Egipto resulta asombroso. Quizá sea la civilización cuya imagen más se ha difundido en el mundo occidental, con sus pirámides, sus faraones, sus dioses, sus jeroglíficos.

Esta magia, este misterio, ha inspirado a multitud de artistas a lo largo de los siglos. Y nuestros músicos no iban a ser menos, claro. En esta selección que aquí traemos aparece el faraón, el esclavo, la misma maldición personificada, el renacido, el condenado, el que huye.

Una maravillosa colección de canciones sobre el Antiguo Egipto y sus mitos.

Gamma Ray – Valley of the Kings

El dios que resurge de su tumba en el Valle de los Reyes para conquistar el mundo. Aparece en el EP de 1997 del mismo título.

Nightwish – Sahara

La ira del faraón y una huída a través del desierto. Del álbum de 2007 Dark passion play

Tierra Santa – La momia

En su Tierra de leyenda (2000) incluyeron la historia del faraón muerto que, convertido en momia, no se pudo salvar y está condenado a permanecer en su tumba para siempre.

Mercyful Fate – Curse of the pharaohs

King Diamond advirtiendo: “no rompas los sellos ni disturbes su paz” o te caerá la maldición de los faraones. La escuchamos en el álbum Melissa de 1983.

Metallica – Creeping death

La décima plaga de Egipto hecha música. James Hetfield es la muerte que se arrastra para acabar con los primogénitos del faraón. Single editado en 1984 que forma parte del álbum Ride the lightning.

Iron Maiden – Powerslave

El tema que da título al disco de 1984 nos cuenta en primera persona la impotencia y el lamento del faraón en el momento de su muerte, cómo se resiste a ser un esclavo del poder de la muerte y amenaza con esperar el paso de los siglos para emerger de nuevo de su tumba.

Dio – Egypt (the chains are on)

Del mismo año, 1984, también otro lamento, pero esta vez del esclavo que vive con las cadenas puestas y solo desea que su día se acabe. Pertenece al álbum The last in line.

Nile – Those whom the gods detest

Una banda de death metal que dedica toda su música a narrar historias ambientadas en el Antiguo Egipto. Y con asombrosos resultados. Este tema que traemos, del álbum de igual título, editado en 2009, pone voz al impenitente, al blasfemo, al que ofende a los dioses.

Perseveranth – Pirámide

Una canción de 2017 por una banda de Álava en su disco debut Creador. El nacimiento de un nuevo dios, inmortal, que resucita de su pirámide para combatir a sus enemigos.

Anuncios

Alice Cooper – Love it to death – 1971

El álbum con el que empezó todo, el álbum con el que pudo acabar todo. En el año 1970 Alice Cooper y su banda estaban perdidos. Con dos discos sin ningún éxito, un contrato de poco futuro, decidieron mudarse de Los Ángeles a Detroit, ciudad donde la movida estaba creciendo con gente como MC5, The Stooges, Ted Nudgent o Grand Funk Railroad haciendo ruido. Y tuvieron suerte. Su “jefe”, Frank Zappa, vendió el catálogo de su compañía, Straight Records, a Warner, dejaron de estar desamparados y recibieron su última oportunidad. Un todo o nada. Solo necesitaban un productor.

Ellos querían a Jack Richardson (The Guess Who) para su “todo o nada” . Pero el tipo no les tomó en serio y recomendó a un novato: Bob Ezrin. Y comenzó la leyenda. De Ezrin y de Cooper. Bob tenía por entonces cero experiencia y 22 años y quedó impresionado con la locura musical de estos tipos: ambos comenzando casi de cero hasta el infinito (y más allá). Hicieron una maqueta de cuatro temas. Ahí comenzó la Historia.

Michael Bruce (guitarrista) y Dennis Dunaway (bajista) compusieron extraordinarios riffs y melodías, Alice Cooper (cantante) engrandeció con interpretaciones alucinantes, Bob Ezrin como productor y miembro extra metió arreglos, teclados, lo que hiciera falta, la batería de Neal Smith mantiene y modifica los ritmos y los cambios y los solos de Glen Buxton simplemente anticipan lo que va a venir.

En cierto modo, a partir de aquí Alice Cooper fue un pionero, no porque inventara, pues ya había bandas que usaban ropajes, teatro y maquillaje, si no por darle un contexto coherente a la música y la actuación, dotanto a sus actuaciones de un espectacular dramatismo. Y, además, estaba basado en canciones excelentes. El gran Cooper defiende que Love it to death y su gira por el Reino Unido parieron a Ziggy Stardust y a la parafernalia de Bolan y su Electric Warrior, que Paul Stanley y Gene Simmons comenzaron a maquillarse y a fabricar sus personajes a partir de un concierto en Nueva York aquella misma gira (luego le “robaron” a Ezrin) y que el mismísimo Lou Reed se mimetizó con su personaje para crear el animal de Transformer y Berlin (también le “robó” a Ezrin).

En Love it to death se da la habitual dicotomía de los siguientes años; canciones directas y en apariencia sencillas mezcladas con otras más complejas y largas. I’m eighteen será su primer éxito. Todo encaja en esta canción: el riff de cuatro acordes sobre la batería, la armónica al inicio, el solo de Glen, el órgano al final de la canción, la letra existencialista del hombre que duda entre la adolescencia y la edad adulta: “I’m a boy and I’m a man/I’m eighteen and I don’t know what I want”. Les puso en el top y en todas las radios y sus conciertos comenzaron a llenarse. Caugh in a dream, que abre el álbum, tiene un aire muy british, con un piano dando fondo al riff de Bruce y Alice mostrando su particular voz, mitad cantando, mitad recitando, hasta un estribillo melodioso. Los chicos lo tienen claro, sus sueños les atrapan (“You know I need a houseboat and I need a plane/I need a butler and a trip to Spain/I need everything”). La excelente Long way to go, compuesta por Bruce, corre rápida por los oídos, con el bajo y las guitarras a la par, y Alice gimiendo “no podemos parar” tenemos que seguir porque hay un largo camino por recorrer ¡Y tanto!

Aparece la primera canción larga del disco, más de nueve minutos, en la que se mostraría la silla eléctrica durante los conciertos. Black Juju, compuesta por Dunaway, comienza con una larga intro de batería, sigue apoyada en el ritmo de Smith y Dunaway, una canción muy cruda, oscura, donde Alice da rienda suelta a su personaje y se adueña de los silencios y los contrastes hasta el épico y distorsionante final.

De seguido aparece el sonido Detroit en dos composiciones ruidosas. Is it my body vuelve a la tierra para regalar un riff básico con otra letra explosiva, quizá el mejor estribillo del disco; el joven Alice le pregunta a sus fans ¿quieres esto que soy o quieres lo que parezco que soy?: “is it my body/or someone I might be/or somethin’ inside me”. Otro clásico de la banda. Sin respiro nos ofrecen un poco de redención en Hallowed be my name, otro corte directo: bendito sea mi nombre, pecadores, venid a mí, yo escucharé vuestras historias sucias. Bárbaro riff, por cierto. Contrastan con Second coming, su agradable piano, el misterioso tono vocal, la supersticiosa desazón “quiero andar sobre las aguas, hablar de nuevo con los ángeles” y no sentir que el diablo calienta y es más listo cada día.

Como penúltimo corte, The ballad of Dwight Fry, locura desde su misma concepción. Alice quiso narrar la historia de un actor del mismo nombre que hacía un personaje enloquecido en una versión de Drácula. Con la ayuda de Ezrin se imaginó a sí mismo cantando con una camisa de fuerza en un hospital mental. Y ese mismo número lo trasladaron al escenario, para romper en el clímax final la camisa y gritar “I want to get out of here”. ¿No escucháis al futuro Bowie y a sus Spiders from Mars en esta canción? Y para terminar una versión circular, hipnótica casi, Sun arise, que pone una guinda sixties a un álbum que catapultó a los escenarios de medio mundo a la Alice Cooper Band.

Como curiosidad, la portada fue censurada tras la primera edición. Alice aparece mostrando su dedo corazón en donde podría estar su pene y eso no gustó. Las siguientes ediciones muestra una foto similar de la misma sesión o incluso, en las más recientes, la misma foto con un poco de photoshop tapando la mano. Los ofendiditos.

Ese mismo año, tras una densa gira, editaron otro imprescindible, Killers, del que también hablaremos otro día aquí, quizá su mejor obra, depende del día. En cualquier caso, Love it to death arrancó la carrera de Alice Cooper y sus chicos y sirvió de espejo para otros muchos artistas. Poco más de treinta y cinco minutos de rock. A disfrutarlo.

Sexo en el rock (18): groupies y demás compañías

Groupie (o grupi) se define como una persona (usualmente fémina) que admirando a un músico desea tener “intimidad” con dicho músico. Vamos, que quiere follar o coger con el susodicho personaje y si puede ser demostrarlo o llevarse un recuerdo. Hoy en día bastaría con un selfie (un autorretrato, vaya), pero en años vintage había groupies que necesitaban recuerdos de lo más curioso: pelos del pubis o una escultura del miembro viril del artista. Ahí lo dejamos.

Carne de cañón, el premio al final del concierto, rompematrimonios, se han hecho famosas por su insistencia, su encanto y su capacidad para abordar al objeto de sus necesidades obsesivas. En este enlace podéis cotillear algunas de las groupies más famosas. Mientras, dale al play de nuestra pequeña selección de canciones exclusivas sobre las gruopies compuestas por sus víctimas.

Rainbow – All night long

A Graham Bonnet no le cabe duda alguna: “You didn’t come just to see the show/I guess you know what you want to see”. La chica tiene la mente sucia, pero las manos limpias. Single del álbum Down to earth (1979).

Ian Hunter – Once bitten twice shy

Curioso que el tema de más éxito de Ian Hunter fuera el primero que compuso tras su salida de Mott the Hoople. La expresión inglesa tiene un equivalente castellano: gato escaldado huye del agua. Hunter la compuso por una groupie que una y otra vez era “engañada” por los músicos de la banda (y de otras bandas). No aprendía la lección.

The Allman Brothers Band – Little Martha

¿Los sureños también necesitan amor tras un sudoroso concierto? Duane Allman compuso esta tonada acústica en homenaje a una amante que conoció en uno de sus bolos. Instrumental del disco de 1972 Eat the peach.

Mr Big – Daddy, brother, lover, little boy (the electric drill song)

El bajista Billy Sheehan escribió la letra de esta canción basada en sus experiencias “tras-concierto”. Eric Martin, cantante, le dio una vuelta y se marcó el estribillo: seré tu papá, tu hermano, tu amante, tu niño pequeño, lo que tú necesites. Del álbum Lean into it (1991).

Led Zeppelin – Sick again

Si de groupies hablamos quién si no los más corrosivos tras los escenarios. Dedicaron varias canciones al tema y nos quedamos con esta del Physical graffiti (1975). Aunque no sabe su nombre, Robert Plant sí sabe que la chica que espera en el recibidor del Hotel Paradise, la misma que ha visto desde su limusina al entrar al concierto, va a pasar la noche con él.

AC/DC – Go down

Tema dedicado a una groupie habitual de Bon Scott, llamada Ruby Lips, de cuyos placeres orales disfrutaba el cantante con cierta frecuencia. Era el año 1977 y el disco se titulaba Let there be rock.

Them – Gloria

Si alguien quiere saber qué sucede cuando una groupie se acerca a una estrellita del rock que preste atención a esta canción. Compuesta por Van Morrison y grabada en 1964, se convirtió en un auténtico hit y un estándar del rock. La versión de casi veinte minutos que The Doors hicieron pocos años después, más explícita, no tiene desperdicio.

King Crimson – Ladies on the road

Hasta un tipo tan serio como Robert Fripp tiene sus necesidades. Con la letra del, por entonces, habitual Pete Sinfield, nos cuenta las correrías con esas chicas que siempre aparecen en la carretera. Más bien detrás del escenario. A veces antes del concierto. Del álbum Islands (1971)

Winger – Seventeen

Kip Winger se hizo músico por las mujeres. Con quince años tonteaba por los bares con sus bandas amaters y siempre acababa en cama ajena. Cuando con veintisiete años publicó su disco debut tuvo que acordarse de una “urgencia” con una menor: ” Daddy says she’s too young, but she’s old enough for me”.

Kiss – Plaster caster

Para el álbum Love Gun (1977) el bueno de Gene Simmons se marcó este homenaje a dos famosísimas groupies de la época, que se dedicaban a hacer esculturas de escayola de los miembros de los miembros de las bandas de rock. Simmons insiste en que tuvieron que usar mucha escayola con él.

Judas Priest – Rebuscando en la basura de “Ram it down” – 1988

¿Son tan malos los discos malos de nuestros artistas favoritos?

Hoy rebuscamos en la basura de Judas Priest y su álbum de 1988 Ram it down.

Para una banda que llena estadios, con diez discos de estudio en su haber, en lo más alto de su carrera, lidiar con un nuevo álbum no es fácil. La dinámica de éxito que comenzó a finales de los setenta y que llegó a 1985 con Judas Priest a pleno rendimiento intentó parir un álbum doble que habría de llamarse Twin Turbo. Tenían preparadas más de veinte canciones. Pero la compañía de discos no lo vio claro y editó uno sencillo, Turbo, plagado de sintetizadores y coros amables. Lo cierto es que vendió muy bien (más que ningún otro), les llevó a girar por grandes recintos a lo largo de todo el planeta y les llenó el bolsillo de dinero (más aún). Pero los fans viejos les llamaban traidores, les decían que habían abandonado el heavy metal para recrearse en sonidos “modernos” ¿Qué hacer ante la grabación de un nuevo disco?

Lo que hicieron Glen Tipton (guitarra), K. K. Downing (guitarra), Ian Hill (bajista), Dave Holland (batería) y Rob Halford (cantante) fue repescar algunas canciones sobrantes del proyecto Twin Turbo y regrabar las guitarras y algunas voces. Compusieron (o terminaron de componer, según) otras ocho y metieron una versión que originalmente se hizo para una banda sonora. Y con eso y una mezcla salió a la calle Ram it down.

Al undécimo disco de estudio de Judas Priest se le ha calificado como flojo, previsible, poco inspirado. Se dice de él que Halford hace uno de sus peores interpretaciones, que la batería está toda programada, que los sintetizadores siguen siendo protagonistas. Que dónde está el bajista. Que no hay buenas canciones. En definitiva, un disco olvidable.

Pero, ¿qué rebuscamos en la basura de este Ram it down?

Como siempre, rescatamos las mejores canciones, bien grandes incluso en el Universo de unos monstruos en lo suyo. La inicial Ram it down con su riff veloz y ese grito inicial del Metal God nos regala un anticipo de lo que sería Painkiller dos años después; buena letra y gran estribillo. El doble bombo de Hard as iron, con una sección de armonías guitarreras digna de Defenders of the faith, por ejemplo, otra gran interpretación de Halford y un excelente solo de Glenn. La épica Blood red sky, con sus ocho minutos crecientes desde la iniciática calma hasta el clímax final; quizá la canción en la que los sintetizadores mejor suenan, adornando la historia del cyborg o el guerrero metálico, que se enfrenta a su batalla final. El rock metal de estadio de I’m a rocker, con su letra simplona (“I live each day like it’s my last/I live for rock and roll I never look back”). Incluso Come and get it, con un estribillo facilón pero pegajoso, contiene buenas guitarras. La autocomplaciente Monster of rock, con su rollo Black Sabbath en la construcción, te arrastra a una sonrisa de complicidad.

Es obvio que Ram it down no está entre los cinco mejores trabajos de Judas Priest. Pero es que Judas tienen mucho nivel. Quizá si se hubieran metido en el estudio con Chris Tsangarides (por ejemplo) y estas canciones hoy no estaríamos rescatando este disco del olvido metalero, quién sabe.

Suficiente basura para que te pongas a escuchar como se merece este Ram it down. Y si ya lo amabas antes, para recrearte una vez más. Aquí os dejo, de regalo, un enlace a un bootleg de la gira correspondiente.

Y si quieres más basura de Judas Priest, pincha por aquí…

Las portadas de Judas Priest

Las mejores versiones de Judas Priest

Guerra de décadas: Judas Priest (¿fueron mejores los 70 o los 80?)

Edgar Allan Poe en trece canciones

Uno de los escritores más famosos, creador por sí mismo de un estilo de terror romántico que ha sido copiado hasta el infinito, vividor, adicto al opio, enamoradizo de muchachitas, un genio de la pluma. Se acaban de cumplir 210 años de su nacimiento y nos ha parecido una excelente razón para dedicarle un hueco en el blog. Cómo no, haciendo una selección de canciones inspiradas en sus cuentos.

Dale al play y disfruta…

Queen – Nevermore

Aparece en el álbum Queen II (1974) como parte del “Lado negro” del álbum, la cara B compuesta en su totalidad por Mercury. La canción Nevermore está inspirada en el poema “El cuervo”.

Lou Reed & David Bowie – Hop frog

En el año 2003 Lou Reed dedicó un álbum, The raven, a la obra de Poe. La edición doble contenía treina y seis cortes y la sencilla veintiuno. En ambos se incluye la historia del enano Hop-Frog en la que colabora David Bowie.

The Alan Parsons Proyect – The cask of amontillado

Tales of mystery and imagination, el debut de Alan Parsons no pudo encontrar mejor inspiración. Un álbum dedicado por entero al Universo Poe. Lúgubre, maravilloso, terrible. Cualquier tema sería bienvenido en esta selección, y nosotros nos quedamos con The cask of amontillado.

Iron Maiden – Murders in the Rue Morgue

Una de los personajes más populares de Poe, C. Auguste Dupin, protagonista de” Los crímenes de la calle Morgue”, inspiró esta canción de unos inciáticos Iron Maiden. Parte de su segundo largo de 1981 titulado Killers.

Annihilator – Ligeia

En su fantástico disco debut, Alice in hell (1989), los canadienses Annihilator encontraron inspiración en este cuento macabro para componer Ligeia, y su historia de “reencarnación”.

Crimsom Glory – Masque of the red death

Una de las historias más populares de Poe en el mundo del rock y el metal, “La máscara de la muerte roja”, formó parte con esta canción del segundo largo de Crimson Glory, Transcendence (1988).

The White Stripes – Red death at 6:14

También inspirada en La máscara de la muerte roja, un jovenzuelo Jack White, en el dúo famosos The White Stripes, se atrevió a contar su propia versión del cuento. En el Sympathetic sounds of Detroit del 2000.

Metal Church – Of unsound mind

Con letra de John Marshall y música de Craig Wells, los metaleros Metal Church se marcaron una versión muy particular de “El corazón delator” para su trabajo de 1989 titulado Blessing in disguise.

Soda Stereo – Corazón delator

Como el propio título indica, también está inspirada en “El corazón delator”. Aparece en el disco de 1988 titulado Doble vida.

Radio Futura – Annabel Lee

Otro de los relatos más populares en el circo musical es la triste historia de “Annable Lee”. En este caso, la versión de Radio Futura en su excelente La canción de Juan Perro (1987)

Symphony X – King of terrors

Michael Romeo, mente pensante de Symphony X, ha tirado de la inspiración Poe en varias ocasiones; de hecho, compuso un álbum instrumental (The dark chapter) con varias canciones inspiradas en su obra. Aquí rescatamos King of terrors, del álbum The Odyssey, basada en “El pozo y el péndulo”.

Nightwish – The poet and the pendulum

Igual que la anterior, se basa en “El pozo y el péndulo”. Tuomas Holopainen, líder del grupo, reconoce su adoración por la obra de Poe y, además de en este tema, se ha inspirado en algunas ideas y temáticas del genio para sus composiciones. Aparece en Dark passion play (2007).

Y no podemos terminar este repaso sin nombrar una obra mastodóntica hecha con amor y mucho ingenio: Legado de una tragedia. Ópera rock compuesta por Joaquín Padilla (con la ayuda de Jacobo García) y que cuenta con grandes colaboraciones del rock y el metal en español. Concebida como una trilogía, la primera parte narra la vida tras la muerte de Edgar Allan Poe (reencarnado en un gato negro) y repasa algunas de sus narraciones más famosas.

Hay muchas más, incluso canciones inspiradas en sus personajes o en el propio autor, como Bob Dylan en Just like Tom Thumb’s blus, The Beatles en I am the Walrus o Tool en Sweat.

Música moderna: enero de 2019

La primera entrega de “Música moderna” sirve para recoger discos que no fueron alabados o recomendados en meses anteriores y alguna escucha de estas semanas finales de año. En esta ocasión venimos suavitos pero con mucha clase. Hard rock nacional, buen blues de guitarrazos salvajes y un par de propuestas que parecen de otros tiempos.

A darle al play…

The Electric Alley – Turning wheels

De la Baja Cadiz-fornia vienen estos tipos con uno de los mejores discos de hard rock que me he echado a las orejas en meses. Buenas composiciones, buen sonido, guitarras con riff rugosos y algunos buenos solos, estribillos pegadizos, adornos de piano y vientos y, como premio, no podía ser de otro modo, un fantástico disco. No dejo de mover el culo con Keep the beat on the highway, Celebration o Wildfire. En Find the key y You give me something se aparecen los mismísimos Mötley Crüe versión Girls, girls, girls. Y emocionan con Goodby, In the name o la fantástica Rusty. De diez.

The Temperance Movement – A deeper cut

Tercer largo de estos escoceses, joyita de hard rock blues. Comenzan con Caugh in the middle, aguerrida, Built in forgetter, salvaje, y Love and devotion, vacilona al estilo Black Crowes, para caer en la acústica y sensible A deeper cut. Solo con eso ya han enganchado tu atención. Pero aún faltan los mejores temas. Blackwater zoo y Beast nation con su inspiración southern, Another spiral y Children con ese poso blues acústico, o la fantástica There’s still time. Que sigan empapándose de buenas influencias y componiendo barbaridades como esta.

Anthony Gomes – Peace, love & loud guitars  

Pues exactamente como indica el título, este nuevo trabajo de Anthony Gomes está lleno de guitarras ruidosas: excelso álbum de hard rock blues basado en riffs musculosos, punteos y solos de categoría y un eficaz trabajo melódico y lírico, buscando el efectismo de estribillos. Si, además, el acompañamiento de la banda es del mismo nivel se redondea el conjunto. Roquea con mucho estilo en White trash princess, Hard road easy, Blues in the fist degree o en la propia Peace, love & loud guitars. Rinde tributo a B. B. King en la inicial Come down (pide que regrese a iluminarnos, un crack) y a Robert Johnson en Stealin’ from the devil. Y se vuelve tierno en Take me back home o Amazing. Una colección muy divertida de canciones por un tipo en estado de gracia.

Whiskey Lies – Against the odds

La propuesta de estos tipos de Barcelona es elegante y de una calidad pasmante. Recogen el espíritu rock de la inicial Lift U up (versión de Gotthard), lo arrastran por Wonderful thundering sound o Cross the line, lo bañan con funk en Moonwalk o la genial Bitch please y lo abrazan con soul en Trial by fire y Out of your league. Cantar como Manu Soria es muy difícil y tener una banda como esta que grabe un disco tan completo, mucho más. Adoro el romanticismo casi meloso de Us two. Un disco y una banda a tener muy en cuenta.

The Soulbreaker Company – Sewed whit light

No es fácil digerir este trabajo. Requiere escuchar con atención, un poco de paciencia y dejarse embargar por las atmósferas y las estructuras sonoras que tan bien han construido y pulido estos tipos. Una gozada. Quizá más protagonismo de teclados y sintetizadores que en entregas anteriores, un poco más de oscuridad en muchos temas, algo menos de músculo guitarrero, como en Persephone o Inner dark. Más roqueros en Together, Avoid the crash o You shook you tail. Más íntimos o nostálgicos, quién sabe realmente, en You guess but you don’t understand o In the beginnng. Ecos a discos de finales de los sesenta y principios de los setenta.

El heavy poppy de los años ochenta.

Aquellos años en los que las bandas de cualquier tipo comenzaron a parecerse sospechosamente: una fotografía llena de cardados, unas cuantas baladas (“los heavies, las mejores baladas”), un montón de tipos medio vestidos, o medio desnudos, con una mezcla de cuero y encajes, el sonido a caja y lata en las baterías, las guitarras por debajo de los platillos, los coros infinitos y edulcorados, el reverb a tope y muchos teclados y sintetizadores. Esa es la imagen que los no aficionados al género se han quedado de los años ochenta, injustamente quizá.

Esta imposición del mercado, sobre todo yanqui, afectó a bandas de todo origen, creándose una cantidad de discos curiosos a cargo de músicos más o menos consagrados y más o menos originarios del heavy metal. Algunos aceptaron los sintetizadores y dieron protagonismo a los teclados. Otros directamente se gastaron un pastón en peluquería, cambiaron de productor, de país, de gustos sexuales y hasta de barra de labios. Otros aceptaron compositores externos que edulcoraran sus letras y sus escalas. Otros iban tan drogados que les daba igual. Algunos lo hicieron una vez y se arrepintieron. Otros se cebaron en el drama. Y los hay que aprovecharon la ausencia del líder para pastar en otros estilos.

Es difícil determinar cuándo comenzó este cruce de sonidos. La influencia del éxito del AOR, la explosión disco y la irrupción de la new wave puso de moda los sonidos sintetizados a finales de los setenta y comienzo de los ochenta. El auge del videoclip dio cada vez más importancia a la imagen. Las mejoras técnicas, con mesas de grabación más complejas y el acceso a secuenciadores y efectos cada vez más diversos, tuvieron mucho que ver también, así como el hecho de que grupos con trayectoria hard rock como Rainbow o Rush se atrevieran a experimentar con éxito sintetizadores, teclados y coros comerciales animó a las compañías a invertir en sus viejas nuevas glorias.

Sin embargo, lejos de despreciar esta colección de discos, venimos a defenderlos. Algunos están entre nuestros favoritos. Y son mejores que otros muy aclamados, más heavies, más aguerridos, más virtuosos. Azúcar metalero, heavy poppy. Allá vamos con nuestra pequeña selección de discos de bandas hard&heavy (más o menos) metidos en el sintetizador, la sobreproducción o, directamente, en el bote de laca.

Rush – Moving pictures – 1981

Quizá uno de los primeros en lograr un éxito viniendo del hard rock en este nuevo mundo del sinth-metal. Los canadienses, que ya habían comenzado la década simplificando su propuesta en Permanent waves, ahondaron más aún en este casi perfecto álbum. Los teclados, la percusión y ese sonido característico destacan en Tom Sawyer, The camera eye o Limelight, por ejemplo. El éxito de ventas (más de cuatro millones de copias en Estados Unidos) animó a la banda a continuar experimentando esta senda y a las majors del negocio a intentar emularles.

Z Z Top – Eliminator – 1983

A estos se les fue la mano con los sintetizadores, las piernas largas y la sobreproducción de estudio. Claro, que consiguieron vender más de diez millones de copias y, así, cualquiera no repite. Y dos años después se plagiaron, con menos fortuna y menos calidad, en Afterburner. Cinco singles, con Gimme all your lovin quedando como himno de época, o ese vídeo sonrojante para promocionar Legs. Los barbudos dieron lo mejor de sí, a pesar de ellos, y salieron victoriosos. Cuidado con I need you tonight, synthblues eighties.

Saxon – Destiny – 1988

Lo de Saxon comenzó, principalmente, con el cambio de compañía discográfica. Ya desde Innocent is no excuse (1985) dieron muestras de “debilidad” aunque mantuvieron la tensión (un poco) en Rock the nation (1986). Y se lanzaron al vacío. Destiny está lleno de azúcar, desde la versión de Christopher Cross (Ride like the wind), el protagonismo de los teclados en Song for Emma y Calm before the storm o la melodísima I can’t wait anymore. Adiós motos británicas, hola descapotables de California.

Ozzy Osbourne – The ultimate sin – 1986

Al Madman se le fue la mano con la laca y aparece en fotos y vídeos de disco y gira a guisa de ama de casa fumada. La producción de Ron Nevison resultó clave para el sonido final junto con esa mezcla un tanto plana donde destacaba la voz (demasiado melódica) de Ozzy. El mayor éxito, Shot in the dark, lo proporcionó un “externo” del que hablamos ya por aquí, Phil Soussan. Sin su contribución esto hubiera vendido bien poco. La guitarra de Jake E. Lee no vuela, está encorsetada y la esconden tras los teclados y la batería en ocasiones. Canciones como Killer of giants, la propia The ultimate sin o Thank God for the bomb sirvan de ejemplo.

Dio – Sacred heart – 1985

Quizá de los mejores de esta selección, Dio pasó de esconder a su teclista a un lado del escenario a darle protagonismo, de roncar himnos míticos a melodear historias para todos los públicos. Consiguió cierto equilibrio con sus obras anteriores en truenos enmascarados con el sonido moderno: Rock’n’roll children o Hungry for heaven, incluso la misma Sacred heart; pero la fórmula no da más de sí en Shoot shoot o Like a beat of a heart. Una pena que el último álbum con Vivian Campbell no le dejara brillar como en anteriores entregas.

Judas Priest – Turbo – 1986

Después del éxito de Defenders of the faith (1984) se enmarcaron en el megaproyecto: un álbum doble con teclados, baterías sintéticas y guitarras sonando juntas sobre historias de amor, sexo y corazones solitarios. La compañía les cortó las alas y editó uno de sus discos más vendidos y aclamados, a pesar del cambio de look, no solo musical, si no también estético. La portada, las fotos de promoción. La dimensión del cambio se aprecia desde la inicial Turbo lover, la comercial Private property, con su riff y su coro de estadio, el hard rock previsible de Rock you all around the world o la cama de teclados de Out in the cold. Quedan momentos de antaño como la rabia de Reckless.

Iron Maiden – Somewhere in time – 1986

La fiebre alcanzó a una banda llena-estadios como Iron Maiden en mitad de los ochenta. El líder supremo, Steve Harris, entendió que necesitaban otro estilo, otro aire, y arrimó los sintetizadores y los trucos sonoros de estudio a sus huestes. El resultado, algo desigual, nos regaló momentos casi bíblicos, como Heaven can wait, Sea of madness o Wasted years, junto a otros algo más duros. La banda, a pesar del cambio, supo mantener la esencia, el estilo, además de adornarse con una imagen futurista que justificaba, en cierto modo, el cambio (ese Eddie cyborg). Los sintetizadores acabaron quedándose en el siguiente Seventh son of a seventh son (1988).

Van Halen – 5150 –  1986

Ya hablamos de este álbum por aquí. Eddie llevaba unos años dirigiendo su propuesta musical hacia sonidos más “comerciales”, con grupos como Foreigner o Journey en su ideario. Los teclados y las melodías cobraban cada vez más protagonismo y el éxito de Jump con sus teclados míticos le acabó de convencer. La fuga de David Lee Roth fue la consecuencia o la razón para acabar produciendo un álbum como 5150. Baladas poderosas (Why can’t this be love, Love walks in), mucho teclado y armonía amable (Dreams) y alguna licencia roquera (Best of both worlds). El tercer álbum más vendido de Van Halen (casi ocho milloncejos despachados).

Y&T – Down for the count – 1985

Después de intentarlo con diferentes productores de éxito en el metal y el hard rock, como Chris Tsangarides (Mean streak) y Tom Allom (In rock we trust), los de Meniketti se dejaron invadir por la producción fácil, los sintetizadores, las letras tontas y los coros overdubs. Esta vez tampoco tuvieron suerte. Incluso tiraron de versiones, todos quería ser Quiet Riot: All american boy y You’re mama don’t dance como gancho de un disco que apenas alcanzó a vender lo que sus hermanos anteriores. El productor elegido, que hizo multiplatino a REO Speedwagon, fue un habitual de este sonido (Saxon, MSG, Keel). Curiosamente la balada Hands of time resulta excelente en el ideario de Y&T, como la inicial In the name of rock o (salvemos la letra) Don’t tell me what to wear. Lo dicen ellos mismos: Anything for money.

Sirva esta pequeña selección de muestra. Hay más. Se extendió a lo largo de toda la década. Podríamos nombrar a Accept (Eat the heat) aunque fuera solo por esa portada hiperlaqueada, a Uriah Heep y su Head first, a Alice Cooper, con su retorno mainstream de la mano de Desmond Child enThrash, o la conversión de KISS desde el heavy de Lick it up hasta el azúcar de Crazy nights. Al final, fueron las bandas jóvenes, nacidas al calor del heavy de principios de década mezclado con los sonidos más sintetizados y las letras hedonistas, las que se hicieron la segunda mitad de década con la MTV y el mercado: Mötley Crüe, Bon Jovi, Poison, Cinderella, Warrant y tantos otros.

Una gozada. Un infierno. Tú decides.

Lo más y lo mejor de 2018: un año de canciones

Rock is yet to come

Hay fechas propias para la reflexión. Las más comunes: el cumpleaños, un aniversario o el final de un año. Siempre se da la vuelta a los ojos para observar el camino recorrido. Y en este caso a las orejas también, para recuperar sonidos que nos invadieron desde el lejano uno de enero hasta prácticamente el final de 2018. Muchas horas entre las que escoger lo más y lo mejor, un año repleto de canciones.

Y debo decir que por aquí ando muy feliz con la música que he descubierto estos doce meses. La que poco a poco voy recuperando de años anteriores (hay tantos miles de excelentes canciones por ahí sueltas en sesenta años de rock…). La que se va editando nueva. Porque, aunque le rock, y el metal, como fenómeno cultural y artístico no está muerto, conviene recordar que económica y socialmente hace muchos años que desapareció del mapa. No pasa nada. Mientras grupos nuevos y viejos se esfuercen en ofrecer sus canciones al mundo y queden orejas como tú y yo que les presten atención (y un poco de dinero)el rock, y el metal, no morirán, realmente, nunca.

Este año he escuchado hasta el aburrimiento varias obras de gente joven (más o menos). Destacaría a los gaditanos The Electric Alley (Turning wheels) y a sus paisanos Bourbon (Fuente vieja), a los asturianos Baja California (Horizontes) y Soldier (The sleeping of reason), a los madrileños Whisky Caravan (La guerra contra el resto), los barceloneses Whiskey Lies (Against the odds) o dos de mis favoritos, los castellonenses Dry River (2038) y los vitorianos The Soulbreaker Company (Sewed with light). Todos parte de una gran cosecha nacida, criada y compuesta muy cerca de nuestras casas. Añadamos otros grandes discos, como Gritando en Silencio (Sácame de aquí), Angelus Apatrida (Cabaret de la guillotine), Crisix (Get out of my head), o las sorpresas de Elisma (Somos nosotros los que hacemos rock) y la genialidad de El número de Shannon (Carpe diem).

Una felicidad extra para mí es volver a escuchar a bandas clásicas con nuevos buenos trabajos. Por aquí han desfilado Saxon (Thunderbolt), Uriah Heep (Living the dream ), Phil Campbell (Age of absurdity), Tako (Hilo de cobre), Ankhara (Sinergia) y los que se han llevado la palma: Judas Priest (y su enorme Firepower).

También de fuera de nuestras fronteras hemos cantado la sangre joven de los impresionantes The Temperance Movement (A deeper cut), Band of Rascals (Tempest), City of Thieves (Beast reality) o Khemmis (Desolation). Y ha habido sitio para descubrimientos alejados de gustos habituales; sirvan de ejemplo First Aid Kit (Ruins) y The Devil Makes Three (Chains are broken).

En fin, junto con otro puñado de buenas canciones he elaborado (en Spotify y en Deezer) una playlist sin desperdicio, llena de chicha buena, un caldo jugoso con todos los ingredientes necesarios para comer buen rock y metal durante un largo rato. Abre una cerveza, llena un vaso de bourbon, móntate un gin tonic planetario y prepárate para bailar.

Ha sido un año excelente… ¡viva el rock! ¡viva el metal! ¡viva la puta música!

Tom Petty & The Heartbreakers – Into the great wide open – 1991

No se puede dudar que la conexión Tom Petty – Jeff Lynne dio grandes frutos. Entre ellos, este maravilloso Into the great wide open, de producción perfecta (a veces demasiado) y de escucha sencilla. Doce canciones que han sido pasto de la crítica en muchas ocasiones al compararlo con sus “grandes” obras o el propio Full moon fever que Petty y Lynne pergeñaran un par de años antes. A mí me parece de sus discos más apetecibles, un disco completo, bien empacado y con acertadas composiciones, donde la banda luce un buen nivel.

Además de Tom Petty, a la voz y las guitarras, y el propio Jeff Lynne metiendo de todo (teclados, guitarras, percusión, bajo, lo que sea), contó con The Heartbreakers: Mike Campbell a la guitarra y al bajo, Stan Lynch a la percusión y Benmort Tench a las teclas (y el acordeón). El disco lo produjeron a pachas Lynne, Petty y Campbell en los estudios Rumbo Recorders de California. El artwork corrió a cargo de Tiny Bouchet y los Awes Brass Ring Circus Studios. La portada es un detalle de la obra Landscape de Jan Matulka.

La mayoría de los temas los componen Petty y Lynne y se enmarcan en un estilo similar al de obras anteriores, un poco mezcla de los Heartbreakers con ramalazos de los últimos ELO y capas de guitarras y teclados y voces dobladas para las armonías. Salvo Out in the cold, más rápida, más aguerrida en la voz, todos los temas tienen un particular sonido pop-rock. Into the great wide open contiene enormes arreglos, un gran estribillo y una interpretación casi perfecta de la banda. Learning to fly, desde su sencilla y efectista letra (“I’m learning to fly buy I ain’t got wings/Coming down is the hardest thing”) hasta su pegadiza melodía, se convierte en un tema imprescindible en la carrera de Petty. The dark of the sun contiene otra estructura marca de esta pareja, de apariencia simple pero de profunda construcción, rock de primera línea. Los acordes de apertura de All the wrong reasons son grandes.

Por otro lado, Petty firma solito cuatro temas: Kings highwayYou and I will meet againToo good to be true y Two gunslingers. No son temas menores, ni mucho menos, y, sobre todo el primero, más rítmico, contiene un buen trabajo de batería y una guitarra estupenda.

Y Mike Campbell mete mano en la composición de dos de mis favoritos: All or nothin’ y Makin some noise. Las mejores guitarras las encontramos en estas dos, sin duda, más aguerridas (dentro del universo Heartbreakers, claro). La interpretación vocal de Tom es fantástica en All or nothin’.

En definitiva, un disco que no alcanzará a sus grandes pelotazos pero que no se arruga ante ellos. De hecho, la banda volvía una y otra vez en los directos a distintas versiones de canciones contenidas en Into the great wide open. A disfrutarlo.

Canciones para dejar a tu pareja

Podría ser que leyeras esto buscando una canción, una rola, un temita, que insinúe una intención: quieres dejar a tu pareja y no sabes cómo hacerlo, por dónde empezar.  Ya no os aguantáis, murió la pasión, le huelen los pies, ronca como un mamut o has encontrado a alguien. Da igual el motivo. Como tú, algunos de nuestros héroes musicales han pasado por ese lance y han compuesto y compartido con nosotros sus problemas y sus soluciones. Quizá no debas ser tan agresivo/a como alguno de ellos.

Una pequeña selección de canciones para invitar a tu pareja a pirarse bien lejos.

Skid Row – Get the fuck out

En su álbum Slave to the grind (1991) metieron esta punkarra canción bárbara que deja bien claro su mensaje: deja de hablar como un televisor y trágate mi semen. El título puede traducirse como “vete de aquí, hostias” o “vete a tomar por culo”, a gusto de cada uno. Arquetipo de la canción de mal gusto para echar a la pareja: “the party is over so get the fuck out”

Ramoncín – Déjame!

“Me encadenaste a tus desdichas” por eso ¡déjame! que “nadie recuerda conocerme” porque hasta “el color de mis camisas” has cambiado. Todo comenzó en la calle y en la calle vas a acabar. Ya no oigo tus reproches. Rocanrol del bueno en la imprescindible versión del Al límite, vivo y salvaje (1990).

Mötley Crüe – Don’t go away mad (just go away)

Parece una balada romántica más, no te dejes engañar. Los macarras por excelencia de los años ochenta se marcan una canción muy amable para una pareja que no quería entender. Vale, éramos dos enamorados buscando nuestro camino, pero los chicos han llamado y van a jugar al billar toda la noche. Así que, literalmente, no te vuelvas loca y pírate. Parte de Dr. Feelgood (1989).

Thin Lizzy – Get out of here

El enorme Phil Lynnot también tuvo sus desengaños. En esta canción incluída en Black rose – A rock legend (1979) dice a su pareja “haz las maletas, he tenido bastante, lo dejo”. Y por si no ha quedado claro añade “no hope there’s no hope for you”. A por una segunda oportunidad.

Platero y Tú – Si tú te vas

Un jovencísimo Fito, allá por 1990, cantaba a su (ya no) amada algo muy sencillo. Me harté de ti, coge las cosas que te regalé porque “yo ya no sigo tu juego, un caramelo un castigo”. Además, he encontrado a otra mujer: “si tú te vas, nena no imaginas lo bien que lo voy a pasar”. 

Bob Dylan – It’s all over now, Baby Blue

Dylan tiene varias canciones para dar la espantada a tu pareja. Nos quedamos con esta favorita del Bring it all back home (1965). Tienes que largarte, dice, coge lo que necesites: “you think will last but whatever you wish to keep, you better grab it fast”. Aunque en algún momento muestra cierta duda triste, al final no hay más remedio. Se terminó, Baby Blue.

Pat Benatar – You better run

La canción del momento difícil. Te quiero, pero eres un mentiroso, has estado usándome, así que “you better run, you better hide, you better leave from my side”. Que te pires, que te difumines, que desaparezcas de mi vista y rápido. Era el año 1980 y el álbum Crimes of passion.

Sangre Azul – No eres nadie

Muy clarito lo tienen también estos madrileños. Calla y escúchame, dicen, “me cansé detrás de ti y ya no puedo seguir persiguiéndote y buscándote”. Y nunca vuelvas porque “es tarde ya”. En su segundo largo, Cuerpo a cuerpo (1988)

Guns N’Roses – Back off, bitch

Estos tampoco se andan por las ramas. “Mantente fuera de mi cabeza, si ésto es amarte prefiero morirme. Aléjate, puta, al fondo del charco, muérete en una zanja”. Excelente riff de Slash y el lado más misógino de Axl dándolo todo. Forma parte del Use your illusion de 1991.