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Mercyful Fate – Melissa – 1983

Los muchachos que formaban Mercyful Fate durante la grabación de este álbum en los estudios Easy Sound de Copenhague (Dinamarca) no eran conscientes del verdadero alcance de su obra. Seguro que ni en sus sueños más ambiciosos visionaban la trascendencia de su música. En 1983, cuando se publicó, no llamó la atención más allá de los países escandinavos; de hecho, giraron unos cuantos meses, principalmente por Dinamarca, hasta meterse de nuevo en el estudio. Sin embargo, Melissa se ha convertido con los años en un álbum fundamental para entender la evolución del metal desde entonces, quizá a la altura de otros debús publicados por entonces: el Black metal de Venom, el Kill’em all de Metallica, el primero de Bathory o el Show no mercy de Slayer.

La mezcla del lirismo satánico y las referencias constantes a prácticas ocultistas y a la muerte se enredan con unas composiciones musicales muy basadas en el hard rock de finales de los setenta y el emergente heavy metal de principios de los ochenta. Escuchamos dobles guitarras armonizadas, riffs cortantes, solos melódicos y un esfuerzo por apoyar las historias en la interpretación vocal única, a medio camino entre un Rob Halford subido de tono y un Bruce Dickinso cabreado.

La banda que grabó este icono del metal la comandaban King Diamond a la voz y escribiendo los textos y Hank Shermann a la guitarra y componiendo la música. Junto a ellos, Michael Denner se encarga también de las guitarras, Timi Hansen del bajo y Kim Ruzz de la batería.

El comienzo con Evil no puede ser mejor. Una canción con un riff bestial y un trabajo melódico ejemplo del género. Un disco que comienza diciendo “nací en un cementerio bajo el signo de la Luna, levantado de mi tumba por los muertos” no puede dejar indiferente. Se introducen en el mundo del Egipto Antiguo con uno de los temas más NWOBHM del conjunto, pues Curse of the Pharaons comienza con una intro muy hard&heavy y sigue un patrón similar, con varios solos intercalados entre las estrofas-estribillo. Into the coven empieza con una imitación de clavicordio, aires medievales, para meternos en un convento; el riff y la primera parte recuerdan un poco al Fight fire with fire de Metallica. Tema de construcción trabajada, varios cambios, ritmo más lento y bastante tenebroso. Su blasfemia le hizo aparecer en las canciones más despreciables de la Historia (por aquí lo podéis comprobar).

At the sound of the demon bell quizá pincha en comparación con las otras o es que repite el esquema y ya no sorprende tanto. Sin embargo, esa interpretación tortuosa de Diamond sigue poniendo los pelos de punta. Black funeral, el más corto de Melissa, posee otra letra sin desperdicio: “traed la caja negra al altar, ahora alzad vuestras manos y haced el signo, todos alabad a Satán, sí, alabad a Satán”. Continúa la más larga y, quizá, mi favorita. Satan’s fall pasa de un solo a otro, de un pasaje oscuro a otro con absoluta maestría, un collage de guitarra, bajo y batería enorme. La forma en que King Diamond cambia de voz para llamar al Demonio anticipa lo que será su personaje a lo largo de los siguientes años de la década. Y para cerrar otra joya, la que da el título, Melissa, con su larga intro melódica, paz al final del viaje, para continuar con esa voz que desgarra y canta “Melissa, eras la reina de mis noches, Melissa, tú eras mi luz. Juro vengarme del sacerdote, él debe morir en el nombre del Infierno”. La cosa se pone turbia y los graves se apoderan de los altavoces, llenando la habitación con la horrible muerte.

En total, cuarenta minutos dura el viaje. Viaje que hay que tomarse como un entretenimiento, un juego de provocación lleno de inspirados pasajes musicales y, en su conjunto, uno de los referentes en su género. A rescatar.

 

 

 

 

 

 

 

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Patti Smith – Éramos unos niños

Patti Smith 2 Cuando abro un libro espero encontrar una buena historia. Algo emocionante. Y cuando se trata de una autobiografía, con más motivo. No decepciona Patti Smith: escribe con sinceridad, con la certeza absoluta de contar algo que merece la pena ser contado. Patti nos regala un cuento veraz sobre su relación con Robert Mapplethorpe, amante, mentor y gran amigo, un cuento de creación y de amor y de un mundo irrepetible, el del Nueva York de vanguardia de finales de los sesenta y primeros setenta. Ambos compartieron una relación carnal, sentimental y artística más allá de lo comprensible: “era el artista de mi vida”. Ella intenta acercarnos sus miedos, sus alegrías, el desarrollo de dos chiquillos viajando al mundo loco de los adultos artistas y golfos.

No se limita, pues, a enumerar un montón de anécdotas. Este libro va más allá de juntar  fotografías y recortes mentales: en este libro Patti nos cuenta cómo se convirtió en la mujer que canta y posa desafiante en Horses, su primer disco. Porque ella no quería cantar, ni dedicarse al rocanrol, nada de eso. Ella quería ser pintora, poeta, ilustradora, musa, fotógrafa. Quería triunfar al lado de Robert.

Me parece goloso el capítulo dedicado a sus años viviendo en el Hotel Chelsea. Cómo conoció a Jimmi Hendrix o a Janis Joplin y su relación con ella (y la canción que le compuso y cantó). La forma en la que se introdujo poco a poco en el rock and roll desde la poesía, a través de un simple recital. Curiosa su labor de vigilante de William Burroughs: le esperaba en el vestíbulo del hotel hasta que salía borracho del pub anexo y le acompañaba hasta un taxi, asegurándose de que llegara a casa.Patti Smith 1

Y descubre Patti sus influencias iniciáticas. Su primer concierto de The Doors o de The Velvet Underground. La relación con las bandas de los primeros setenta (New York DollsBlue Oyster Cult). Y, sobre todo, cómo montó su primera banda: la elección de los músicos, de las canciones, su experiencia alucinante en el CBGB. Llamaban a su música “tres acordes fusionados con el poder de la palabra”.

En fin, un libro de amistad, amor y creación de una artista de los setenta, un texto muy recomendable, sobre todo si eres fan de Patti (no podrás dejar de leer el libro). Está lleno de ternura, de dolor y de alegría. Y de mucha pasión por la música. Como ella misma dice recordando la grabación en los Electric Lady de su primer álbum: “desde el momento en que entré en la cabina de voz tenía estas cosas en mi mente: mi gratitud al rock and roll por haberme ayudado a pasar una adolescencia difícil, la alegría que experimentaba cuando bailaba, la fuerza moral que adquirí al responsabilizarme de mis actos”.

descubre el secreto tras la fotografía que inmortaliza a Patti Smith en la portada de Horses.

Patti Smith Horses

Sexo en el Rock (17): caliente como un volcán

 En ocasiones nos sentimos excitados, nerviosos, inquietos, emocionados, insatisfechos. Nos sube la temperatura desde algún sitio interior ocupando todos los pensamientos. Lujuria, fuego, carne. Nos sentimos calientes. Muy calientes. Como un volcán a punto de estallar. Fiebre ardiente.

Y rebuscando canciones sobre el tema he descubierto que los años ochenta debieron ser muy “calurosos” y “febriles”. La selección de hoy se centra exclusivamente en el mal de amores de esa década. Así que acomódate en tu sitio y descubre qué artistas se ponen verriondos, tórridos, flamígeros.

Van Halen – Hot for teacher

El primero no podía ser otro que el más provocador y gigoló de toda la década de los ochenta. David Lee Roth se siente atraído por su nueva profesora, se pregunta porqué perdió tantas clases. Ahora quiere clases extras: “I brought my pencil/Gimme something to write on”. Está calentito y preparado para su lección… Del archifamoso 1984 del mismo año.

Burning – Una noche sin tí

Hasta los hombres más viriles tienen sus momentos de soledad y deseo.  “No puedo hablar con nadie y que se yo, si estoy tan solo, necesito tu amor”. Ni siquiera la música consigue traer el sueño. Del álbum Noches de rock&roll de 1984 (qué casualidad).

Bruce Springsteen – I’m on fire

Incluso el Boss sufre de calenturas hasta el punto de empapar sus sábanas blancas. “At night I wake up with the sheets soaking wet/(…)/only you can cool my desire/I’m on fire”. Corría el año 1984 (¿otra vez?) y el disco se titulaba Born in the U.S.A.

Foreigner – Urgent

Esta vez viajamos a 1981 (vaya con los ochenta) para escuchar del álbum 4 su primer single en estado emergencia: “I’m not looking for a love that will last/ I know what I need and I need it fast”. Si de calor y necesidad se trata, no hay nadie como Lou Gramm.

Sangre Azul – Sediento de sangre

Estos no se cortan. “Salvaje (salvaje) en la noche (en la noche)/Sediento (de sangre) Buscaré…/Mi víctima en la noche, un cuerpo de mujer”.  Si hay fiebre, hay que buscar la medicina. Parte de su debut, Obsesión, allá por 1987.

Judas Priest – Fever

Ni los más duros se escapan. El Metal God está solo en su cuarto, nervioso, porque siente un calor que no aplaca la noche. “Fever. You set my soul on fire/Fever. You fill me with desire”. Una fiebre llena de deseo y necesidad. Parte del álbum de 1982 Screaming for vengeance.

Mudhoney – Touch me I’m sick

La banda inspiradora de la generación grunge también pasó sus necesidades: “Wow! I won’t live long/And I’m full of rot/I’m gonna give you, girl/Everything I got”. Pasean con su calentura por el año 1988 en el primer single que grabaron para SubPop.

Twisted Sister – I’m so hot for you

No hace falta disimular, quererte igual no, pero te voy a dar todo lo que tengo: “Say I’m in love, babe, it’s much too soon/But you know I’d give you everything that I have”. Dee Snider no puede aguantar sus ganas, no te resistas, nena “I got to have you, girl, you know you’re driving me mad”. Del último coletazo de la banda, Love is for suckers, de 1987.

Barricada – Tan fácil

Abriendo su Pasión por el ruido de 1989, “El Drogas” confiesa su necesidad calenturienta tras una noche de consumos excesivos: “Echo en falta llegar detrás/agarrar tus tetas sin avisar/notar ese culo junto a mí/dejar caer mi lengua por tu espalda/¡Cómo me enseñaste a amar el vicio!”. A quién no le ha pasado.

Blue Oyster Cult – Burning for you

Aunque a veces las canciones admiten muchos significados, para mí es claro el de esta tonada del Fire of unknown origin de 1981, me quemo por tu culpa: “I’m burning for you(…)/Burn out the day/Burn out the night/I can’t see no reason to put up a fight/I’m living for giving the devil his due”.

 

Y aún hay más. De esta década y de cualquier época. Porque el rock es lo que tiene: a veces se gana, a veces se pierde. Pero siempre se cuenta (o se canta más bien). ¿Alguna sugerencia?

Por cierto, quizá estas fiebres se curen con estos doctores del amor y sus medicinas.

 

 

Versioneando: las mejores versiones de David Bowie

Ya tardaba en aparecer por esta sección el amigo Bowie. Y lo hace con una colección de canciones muy de nuestro gusto, aquellas que consideramos sus mejores versiones. Mucho decir de un tipo que acumuló a lo largo de su carrera más de ochenta homenajes entre grabaciones de estudio y directos oficiales. Así que, repasa nuestra lista y dinos cuál nos hemos dejado fuera.

Dale al play…

Across the Universe – 1975

Rescató este tema de The Beatles para su álbum Young americans. La original, compuesta, cómo no, por Lennon y McCartney, la grabaron los de Liverpool en 1968.

Let’s spend the night together – 1973

En este caso se mete en la piel de Mick Jagger, co-autor, junto a Keith Richards, de esta canción. La original se editó como single en 1966 y la de Bowie formó parte del fantástico Aladdin Sane.

God only knows – 1984

Se atreve con The Beach Boys en su álbum Tonight, y nada menos que con un tema incluido en uno de sus mejores discos: Pet sounds (1966).

Pictures of Lily – 2001

Se mete en el papel del “mirón de fotos” que The Who retrató en 1967, para un recopilatorio homenaje a los británicos de título Substitute: the songs of The Who.

I feel free – 1993

Estupenda lectura de un tema de Cream, compuesto por Jack Bruce y Pete Brown, y editado en 1966 dentro de su Fresh Cream. Bowie lo grabó para Black tie White noise.

Waterloo sunset – 2003

Encaja en esta canción de The Kinks a la perfección. Grabada en las sesiones de Reality, apareció como regalo en la edición especial de la gira. La original, compuesta por Ray Davis, la escuchamos por primera vez en 1965, como single y formando parte del Something else by The Kinks.

Friday on my mind – 1973

Dedicó un álbum de versiones al que tituló Pins up y dejó en el tintero el proyecto de un segundo disco. Rescatamos este corte original de The Easybeats y compuesto por George Young y Harry Vanda en 1966.

I’ve been waiting for you – 2002

Un grande suplantando la voz de otro grande. Neil Young la compuso en 1968 para su debut y Bowie la re-compuso para su Heathen.

Dancing in the street – 1985

No podía faltar. Cantada a medias con Mick Jagger, se editó como single de éxito mundial. Un tema con más de cien versiones grabada por primera vez en 1964 por Martha & The Vandellas.

Marea – Revolcón – 2000

  Marea pasa por ser uno de los últimos grupos de rock nacional en conseguir un éxito digamos masivo, es decir, estar en boca de todos, vender discos suficientes para entrar en las listas oficiales y hacer giras multitudinarias, llenando espacios grandes (pabellones y algún recinto al aire libre importante). Estrellas de festivales a lo largo de la primera década del siglo, comenzaron a forjar su estilo con este segundo largo de título Revolcón, consagrado en su siguiente obra y alargado hasta el cansancio en los siguientes años. Tal es el estilo definido de la banda que se dice “esto suena a Marea”.
El grupo lo formaban Kutxi Romero (de profesión bandolero) a la voz y las letras, Kolibrí Díaz y César Ramallo a las guitarras, Edu Beaumont “Piñas” al bajo y Alén Ayerdi a la batería. Lo produjo la banda con la ayuda del jefe Marino Goñi y la pareja formada por Javier y Juan Antonio San Martín (que grabaron, mezclaron y masterizaron el asunto).
Basta con escuchar tres de las canciones de Revolcón para resumir la totalidad del álbum. La primera, Barniz, una composición con un fraseo de Kutxi en las estrofas sobre un riff cortado a destiempo y un puente-estribilo pegadizo que da paso a un primer solo de Kolibrí; la estructura se repite con una  parte instrumental más larga y cierra con reiteración de estrofa y estribillo. Un clásico del rocanrol de cualquier época. Lo generoso de la entrega sonora de la banda, con la guitarra rápida y aguerrida y la excelente letra da ese punto de personalidad a la canción. La segunda sería Corazón de mimbre, con un comienzo acústico (“yo me quedo aquí a tender mi pena al sol/en la cuerda de tender desolación”) que desemboca en un rock cañero (“le hizo un trato al colchón/con su espuma se forró el corazón/anoche era de piedra y al alba era de mimbre/que se dobla antes de partirse”). La tercera en discordia se titula Canto de tierra seca y juega con la (relativa) influencia del cante andaluz y sus letras reivindicativas sobre la gente del campo y los trabajadores mal parados, una tendencia que fue en aumento en las siguientes obras.
Alrededor de estos tres palos se teje una obra con claros y oscuros donde destacan un par de clásicos de la banda como El perro verde o Duerme conmigo. En El perro verde participan El Drogas e Iker Piedrafita y marca muy bien cómo se siente Kutxi en este mundo, como un bicho raro, el que intenta sin éxito mezclar agua con aceite, un tema clásico en su estilo con una letra de contrastes que consigue mantener el pulso de principio a fin. A su lado, Duerme conmigo nos muestra al suplicante enamorado “duerme conmigo/si eres piedra da igual/yo seré pedregoso camino” y tiene un gran trabajo de guitarras.
El resto del disco mantiene el pulso en IncandescenteAmor temporero y Prima tristeza, tríptico tipista del “estilo Marea”. Un par de temas más flojos, quizá también por lo acusado de la repetición del estilo o porque no siempre la fórmula va a funcionar, como pasa en Mojama o Si viene la pestañí.
En cualquier caso, uno de los mejores de la banda, salvaguarda de su estilo y primera piedra del camino hacia su éxito.

Rock y poesía (2). Otros diez poemas pasados por la guitarra.


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En cierto modo es inevitable. La poesía y la música se tocan muy de cerca. Muchas de nuestras vivencias están asociadas a letras de canciones. Así que desde aquí volvemos a explorar la asociación entre escritores de poemas y compositores de canciones que comenzamos en la primera parte de Rock y poesía (dedicado a poemas y músicos de habla hispana: aquí tenéis el enlace.

Esta segunda parte recoge diez canciones en inglés basadas en otros tantos poemas. Como de costumbre, dale al play y disfruta.

Derek & The Dominos – I am yours

Basado en el poema The story of Layla and Majnum, que, de paso, inspiró la canción Layla. La mayoría de la letra la escribió el poeta persa Nizami, y así se acredita en la propia canción. Aparece en el imperdible Layla and other assorted love songs de 1970.

Celtic Frost – Sorrows of the moon

Tom G Warrior canta la versión en inglés de este poema de Charles Baudelaire. Aparece en el álbum Into the Pandemonium de 1987.

Roger Waters – Wait for her

Waters grabó para su Is this the live we really want? de 2017 una versión del poema Lesson from the Kama Sutra (wait for her) del poeta palestino Mahmoud Darwish. El músico se quedó prendado del valor trascendental del amor e intentó reproducirlo con su música.

Nightwish – Song of myself

Tuomas Holopainen escribe su propia versión del poema homónimo de Wal t Whitman en un intento de mezclar la épica musical con la épica lírica. Del álbum Imaginaerum (2011).

Wishbone Ash – Stand and deliver

Jugando con el antagonismo del poema de Alfed Noyes The Highwayman la banda realizó su propia versión para el disco de 1978 No smoke without fire.

Iron Maiden – Rime of the ancient mariner

No podía faltar. Catorce minutos gloriosos de la Historia del Metal basado en el poema de Samuel Taylor Coleridge. Steve Harris compuso la música para el álbum de 1984 Powerslave.

Steve Nicks – Annabel Lee

Aunque apareció en su disco de 2011 titulado In your dreams, Nicks asegura que tenía la canción escrita desde sus 17 años. Los productores de su disco, Dave Stewart y Glen Ballard, le animaron a terminarla. Basada en el poema de Edgar Allan Poe.

Peter Gabriel – Mercy street

Basada en el poemario de Anne Sexton, en especial en 45 Mercy Street, una mujer enferma mental cuya historia impresionó a Gabriel hasta el punto de contar en esta canción con las propias palabras de Anne. Aparece en So (1986).

Rush – Out of the cradle

De nuevo un poema de Walt Whitman sirve de base para una canción. La reflexión profunda sobre la pérdida y el amor acabó en el disco Vapor trails de 2002.

Judas Priest – Sea of red

Rob Halford hizo su propia versión del poema In Flanders fields de John McCrae acerca de la devastadora imagen de los campos de batalla durante la I Guerra Mundial. Lo escuchamos en su último Firepower (2018).

 

 

 

 

La máquina del tiempo 1983: una Historia del Rock a través de sus canciones.

La máquina del tiempo: 40 años de rock.

Una memoria de canciones publicadas entre la muerte del rey blanco del rock, Elvis Presley, en 1977, y la del rey negro del rock, Chuck Berry, en 2017.

1983

El año 1983 fue, sin duda, de Michael Jackson y su álbum Thriller; copó las listas de ventas a lo largo a ambos lados del Atlántico casi la mitad de las semanas con temas como Billie Jean, Beat it o The girl is mine. Dejó hueco para que le acompañaran en el trono de singles el pop bailable de Cindy Lauper (Girls just want to have fun), Irene Cara (con la banda sonora de Flashdance), David Bowie (Let’s dance, con la colaboración de Steve Ray Vaughan) y Culture Club (Karma Chamaleon), junto a Every breath you take, single por excelencia de The Police. En cuanto a discos, además del susodicho Thriller, se arrimaron al top roqueros jóvenes como Def Leppard y su Pyromania, U2 y su War o Quiet Riot y su Metal health, junto a tipos más veteranos como ZZ Top y un sorprendente Eliminator, Pink Floyd con The final cut (éxito efímero), David Bowie con Let’s dance o los propios The Police con su disco final, Synchronicity. A toda esta música le acompañó la revolución definitiva de la venta musical: el videoclip se convirtió en arte. La incipiente MTV, cada vez más poderosa, y la introducción del formato cinematográfico y su difusión a través del cable hizo que en Estados Unidos se consumiera cada vez más  música visual.

En cuanto a lo más roquero, podemos considerar a 1983 el Año del Debut. La lista de grupos que editaron su primer trabajo, y que ocuparán parte de esta Historia del Rock en futuras entregas, es sorprendentemente larga. Alcatrazz, REM, Marillion, Pantera, Queensryche, Europe, Dokken, Ratt, Suicidal Tendencies, Metallica, Slayer o Mercyful Fate, por ejemplo. Durante este mismo periodo comienzan sus primeros pasos otras formaciones que serán igual de importantes: Megadeth, Bon Jovi, Poison, Death, Helloween o Stryper. Casi nada. Como curiosidad, Bon Jovi consiguió un éxito veraniego en la costa este, con una primigenia versión de Runaway, que le facilitó su primer contrato discográfico.

El mundo del  metal está al borde de otra revolución. Si desde 1980 la NWOBHM había cambiado los hábitos sonoros de Europa y Estados Unidos, su declive será compensado por dos discos que conformarán un nuevo estilo desde San Francisco: Metallica y su Kill ‘em all y Slayer y su Show no mercy. Las legiones metálicas están de enhorabuena. ¿Qué hay de las bandas de la NWOBHM? Iron Maiden publican Piece of mind acrecentando su leyenda con giras mastodónticas y Saxon despachan más de un millón de copias de Power & Glory. Para el recuerdo, uno de los conciertos más memorables de la Historia: el US’83.

Como curiosidad, Gary Moore editó nada menos que cuatro álbumes. Dos directos, el Live at the Marquee y el Rockin’ every night – Live in Japan, y dos en estudio, el Victims of the future, grabado este año, y Dirty fingers, grabado originalmente en 1981.

¿Qué olvidamos? El éxito de Bryan Adams con Cuts like a knife y Straight from the heart, el adiós al maquillaje de KISS con su Lick it up, la revolución sonora (breve) de Motörhead al ficha a Brian Robertson para su Another perfect day, el paso de Ian Gillan por Black Sabbath para el álbum Born again y Thin Lizzy editando su último trabajo en estudio, Thunder & Lightning. Con todo esto, debemos recordar dos discos que trascienden su importancia en la Historia de nuestro rollo. El primero en solitario de DIO, titulado Holy diver, y el más heavy de los Mötley Crüe, Shout at the devil.

Por aquí os dejo nuestra particular playlist. Varios jovenzuelos con ganas de éxito, algunos veteranos en forma y mucha buena música.

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Música Moderna: septiembre 2018

Estas últimas semanas hemos disfrutado de buena música (más o menos) reciente, alguna ya con meses rondando por el hiperespacio, incluso por nuestra discoteca virtual o física. Hay un poco de todo: hard rock nacional, algo de ruido y protesta, el toque blues-rock habitual y, como de costumbre, alguna sorpresa.

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El número de Shannon

 El número de Shannon – Carpe Diem

Un álbum excelente. Hard rock bien hecho, con tintes melódicos y mucha influencia 80s, letras curradas y un combo producido con gusto. No sobra nada. Disfruta con la comercialidad de Grita al viento (con un rollo Tierra Santa en el estribillo), Lanzando monedas (“para poder vivir te tienes que mojar”) o Canta, el hard de guitarras de Un paraíso donde ir o Por amor, el rollo setentero de Solo con oír tu voz o Viejos amigos (Hammond incluido). Mención a parte para dos canciones opuestas: Carpe diem, ejercicio compositivo arriesgado del que salen muy bien parados, y Al fin libres, sencilla canción sobre las ventajas del paso del tiempo. De Madrid, por cierto. Como ellos mismos dicen, nuevas canciones para nuevos tiempos. Aquí lo puedes escuchar completo.

Dustin Douglas and the Electric Gentlemen – Break it downbreakitdown-

Como si hubieras mezclado a los hermanos Robinson con Steve Ray Vaughan una noche cualquiera. Trío de Pennsylvania con el propio Dustin Douglas comandando la nave a la voz y las guitarras, Matt Gabriel al bajo (una joya) y Tommy Smallcomb a la percusión. Blues-rock de alto voltaje anclado en lo más profundo de los setenta. Buenos riffs, algunos solos memorables y varias piezas a escuchar atentamente: arrastran influencias rock a lo Bad Company en Goodbye, Your face is stunning y Hold of me, abren los bares (o los cierran) con A little bit y su rollo up-tempo, el espíritu Vaughan bucea en Destiny y Fat cat, se dejan caer por tierras sureñas en Ain’t no denyin’ o rozan el funky en My time is precious. Compilación de alto nivel para los tiempos que corren. Por aquí puedes escucharlo.

Kilmara Kilmara – Across the realm of time

Una banda, para mi gusto, en crecimiento, a pesar de los numerosos cambios. John Portillo a la guitarra y Javi Morillo a la batería se mantienen del proyecto anterior y se suman Daniel Ponce a la voz, Didac Pla al bajo y Miguel Lais como segundo guitarrista. Mantiene su línea estilística basada en heavy melódico con toques power muy apoyado en la producción de Roland Grapow, que deja un poso ya conocido en las canciones: batería poderosa, desarrollos vocales melódicos con estribillos rompedores y guitarras rápidas. Tremendos cortes como Purging flames, The forge o The end of the world conviven con un aire sinfónico en My Haven, algo de progresivo en The silent guide, oriental y misterioso en Principles of hatred y mis dos favoritas: Disciples y la más tranquila I shall rise again. Una apuesta segura del género que podéis escuchar aquí.

sentirnos_vivos Ingravitö – Sentirnos vivos por encima de nuestras posibilidades

Otros que van para arriba, los navarros Ingravitö se han marcado un grueso disco de heavy con toques metalcore, mezcla de voces oscuras con otras más melódicas y, sobre todo, mucha libertad musical y expresiva. Tan pronto se acercan a Soziedad Alkohólica como se arriman a Habeas Corpus o donde les da la gana. Nos hablan de los migrantes en Deportado del Edén (brutal groove) o Cuánto dura tu voz con Iker Piedrafita (“ahora no es fácil volver/por miedo a explicarles que/no encontré lo que busqué/cuesta volver a empezar”), la corrupción en Vitaminas pa’ los cerdos, la influencia de los medios de comunicación en Te quieren de rehén, las condiciones laborales en Las que limpian, la diferencia de género en Los cuentos de Sara y el abuso del sistema en Desahuciando el miedo (con El Drogas). Especiales Kobane y la propia Sentirnos vivos por encima de nuestras posibilidades. Han realizado una miniserie con diez vídeos donde los protagonistas de cada canción cuenta su historia. Impagable esfuerzo artístico y comunicativo. Lo puedes descargar en su página web. Txus, Mikel, Iñaki y Xavi dan una vuelta de tuerca a la resistencia.

Halestorm – Vicious 

Metal moderno con raíces sucias y letras agresivamente sexuales, un toque de hard rock por aquí y un poco de melodía pop por allá conforman esta cuarta entrega de Halestrom. Adoro la segunda parte del disco, sobre todo Killing ourselves to live y su estribillo doblado, la melódica Heart of novocaine, la acústica The silence o la contundencia vocal de The white dress. No desentonan los riffs de Black vultures o Buzz, con un rollo eighties en puente y estribillo, ni Do not disturb, más arriesgada. Lzzy Hale no te va a dejar impasible,  desde luego.

 Riot V – Armor of light

Yo había sido (medio) fan de Riot en tiempos antiguos (aquel Thundersteel) y la reencarnación como Riot V me pareció un sacacuartos, como tantas otras, más sin la presencia del carismático Mark Reale. Sin embargo, un amigo me insistió en escuchar este Armor of light, disco que me ha acompañado a lo largo del verano y que debo recomendar. El heavy clásico de armonías improbables, estribillos grandes, solos a dos guitarras (Mike Flynz y Nick Lee) y el doble bombo a tope (cortesía de Frank Gilchriest) . Aciertos plenos en Angel’s thunder, Devil’s reing, End of the world, Messiah, Set the world alight (más moderada), la hipermelódica Ready to shine o la veloz San Antonio. Un clásico moderno vaya.

 

 

 

Música y Alzheimer: canciones contra el olvido.

Hoy se celebra (por decirlo de algún modo) el Día Mundial del Alzheimer bajo el lema “Sigo siendo yo”. El homenaje y el eslogan me llamaron poderosamente la atención, por lo que decidí unirme de la mejor manera que sé. Con música. Con rock, con country, con blues.

Así que, después de repasar mi discoteca particular, preguntarle a los buscadores habituales y a los colegas de costumbre, me decanté por esta pequeña muestra de canciones alrededor del Alzheimer, del enfermo, la enfermedad y los cuidadores. Canciones que retratan el olvido, la metamorfosis de ese “sigo siendo yo” y las consecuencias de la desmemoria.

La primera es una hermosa composición de una persona afectada por la enfermedad. Glen Campbell, músico de larga carrera, exitosa especialmente en los años 60 y 70, único tipo, si no me equivoco, en ganar el Grammy en las categorías country y pop, compartió su diagnóstico en 2011 (falleció hace poco más de un año). En 2014 compuso este I’m not gonna miss you de preciosa letra sobre cómo se sentía y qué estaba pasando: “You’re the last person I will love/You’re the last face I will recall/And best of all, I’m not gonna miss you”.

Glen Campbell – I’m not gonna miss you

Otro hermoso ejemplo lo compuso Kenny Chesney, una balada del hijo al padre, del que está fuera al que lo lleva dentro con una letra intensa: “This time I’m gonna kiss him/Instead of just shaking hands/Gonna tell him that I love him/While he still knows Who I am”

Kenny Chesney – While he still knows who I am

Y cantando un poco desde fuera y desde dentro, al padre o a la madre, a la abuela o al abuelo, incluso a la suegra (Dave Mustaine es así), un buen puñado de artistas han compartido sus emociones con todos nosotros. La pérdida, la esperanza, la espera, el dolor, el miedo. Aquí os dejamos esa pequeña selección.

Como siempre, dale al play…

El Drogas – Cordones de mimbre

Megadeth – Forgot to remember

El número de Shanon – Ladrón de recuerdos

Elvis Costello – Veronica

Rulo y la Contrabanda – La reina del barrio

David Gilmour – Faces Of Stone

Mago de Oz – Sueños dormidos

Calexico – The vanixing mind

Marcelo Calabria “Valdés” – Recuerdos olvidados

 

Michael Chapman – Fully qualified survivor – 1970

 Michael Chapman – Fully qualified survivor – 1970

Este álbum de Michael Chapman tiene el honor de haber unido a Elton John y David Bowie al inicio de sus carreras, tanto por las influencias sonoras y compositivas de este Fully qualified survivor como por los personajes que acompañan al cantante, compositor y guitarrista: tenemos al productor, Gus Dudgeon, y al arreglista, Paul Buckmaster, de Elton John y al futuro guitarrista y alma fuerte de David Bowie, Mick Ronson. Junto a ellos, el bajista Rick Kemp y el batería Barry Morgan.

La mezcla del estilo virtuoso de la guitarra acústica de Chapman con los arreglos de cuerda de Buckmaster y el toque blues-rock de la guitarra eléctrica de Ronson, alrededor de una voz armoniosa y fluida, consigue fabricar un collage sonoro de difícil acople, pero que funciona a la perfección, gracias sobre todo al trabajo de Dudgeon. Las letras contribuyen a ese tono introspectivo, centradas en la reflexión, la pérdida, la memoria y el paso del tiempo.

El comienzo con Aviator no puede ser más arriesgado y apoteósico. Una canción de nueve minutos con una estructura repetitiva en la que se van sumando instrumentos y armonías. Comienza con violín, cello y acústica para crecer en densidad; el ritmo y la estructura mantiene la coherencia, como en casi todo el disco; el bajo de Kemp se escapa y vuelve en aparente desobediencia frente a esas cuerdas brillantes. La letra sobre los buenos y los malos momentos vividos encaja a la perfección. En esa misma línea viaja Postcards of Scarborough, quizá el tema más conocido, con su pequeña introducción acústica y ese desarrollo sobre los recuerdos, dulces y amargos. No puedo evitar pensar en Bowie cuando canta Chapman “Postcards from Scarborough to keep in my mind/to hide from where I’ve been/to help remind/of time passed and time passing”. Las canciones melifluas, las baladas, son ciertamente protagonistas del álbum. Rabbit hills, por ejemplo, o March rain, con uno de los mejores arreglos de violín.

En otro espectro, el rock de Robson asoma protagonista en Soulful Lady, un riff arrastrado que conjuga con la acústica de Chapman y el bajo de manera armoniosa, un impass vocal y el estribillo para volver a lucir músculo, con un delicado solo, vuelta a repetir el bloque y cierre con otro solo, más crudo esta vez. También en Stranger in the room escuchamos esa mezcla folk-rock sobre la experiencia de Chapman al confiar en una mujer que le dejó en medio de una habitación algo colocado, sintiéndose extraño; estupendo crescendo. Y el genial slide de Kodak ghosts da vida a una canción de por sí oscura sobre el amor perdido (¿el fantasma de las fotos?).

Un imprescindible trabajo, sin arrugas, sin desperdicio, para escuchar (y disfrutar) atentamente. Bowie lo hizo.