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Música moderna: marzo 2017

¿Qué se cuece por el mundo musical de hoy en día? ¿Qué me llevo a las orejas de buena mañana? En esta sección nos gusta compartir la música actual: por si no lo sabes, el rock está (otra vez) muriéndose, así que bien vale disfrutarlo mientras dure. Este mes vengo más blandito. Traigo la última propuesta de Steven Wilson, un poco de blues rock, algo de hardcore y unos locos arrimados desde Canadá.

Dale al play.

Blackfield_V Blackfield – V (2017)

No somos conscientes del legado musical que está dejando Steven Wilson en todas sus aventuras. ¿De dónde saca tanta inspiración? En esta quinta entrega de Blackfield, junto a Aviv Geffen, ha completado un delicioso ejercicio de composición y sensibilidad, con melodías alegres, optimistas, canciones concisas pero elaboradas. En ocasiones me recuerda en extremo a la época de Stupid dreams, lo cual es muy bueno. A destacar Family man, We’ll never be apart (especial interpretación de Aviv), Life is an ocean (qué sencilla belleza en poco más de tres minutos), Undercover heart, con sus violines y esa mezcla de voces, el rock de Lately, la blusera The Jackal o la balada How was your ride. Una gozada.

Scotty Bratcher – That album (2016)thatalbum-300x300

Una fiesta del riff blues rock y la guitarra pentatónica se marca Scotty Bratcher en este disco. Magia en cada solo, y lo mismo se va al blues más clásico (As the years go passing by, That’s alright mama), al southern (Tables turn and bridges burnWhipping post) o coquetea con el hard rock (Hard to feel). Escucha del tirón los tres primeros cortes y ya te habrás enganchado: Ain’t no way I’m coming, Disappointing Ourselves y Worry me no more, llenos de guitarras roqueras y buenos estribillos. Además, Scotty deja claro que también canta bien, marcando el tempo y la melodía. Y no podían faltar canciones de (des)amor: fantástica Without hope, más predecible All and nothig more. Un disco para amantes de la guitarra y el blues rock en su espectro más amplio.

Sinaia – Presente (2016)

sinaia-presente-web.jpgUn sonido espectacular de principio a fin para un álbum rápido, agresivo pero clavado en pasajes melódicos seductores, más metal (Hamlet, Soziedad Alcohólica) que rock, más hardcore (Desakato) que punk. Aparecen canciones complejas como Por el suelo o Enero junto a otras más directas como  Vesania, la final Hierro o la inicial Pulso, e incluso potenciales singles roqueros como Ojos cerrados o Intento perfecto. Curiosa la letra de Mil nombres: un homenaje a “los viejos sabios” anclados al pasado desde los que “arriesgarse” a tener la propia identidad “como un hijo”. Valentín Domínguez hace un gran trabajo vocal. La banda suena compacta, precisa, aunque nadie destaca especialmente. Muy chula la portada. A tener en cuenta en el panorama actual.

 

Bocanada – Libres (2017) BOCANADA-libres

No soy imparcial con Bocanada. Me encanta. Les he visto en directo y escucho regularmente sus anteriores discos. Así que esta recomendación viene envenenada. Libre es un disco donde siguen ahondando en sus influencias de rock más clásico y en las complejas referencias de las letras de Martín Romero, un artista de la palabra, aunque a veces se recrea demasiado en su imaginería propia. El álbum suena muy bien gracias, supongo, a la producción de Kolibrí Díaz (Marea). Todo queda en familia. Esta vez prefiero los cortes más duros, con las guitarras como protagonistas. Ahí suenan Más animal, Ya pasarás por mi puerta, De raíz y Otro mañana. Juegan con acentos melódicos en Llenos los bolsillos, Solo humo y la final Me sobran dedos. Un ladrillo más en su particular camino amarillo del rock.

Rival - Tales From The Bluesy Tomb (2017).jpg Rival – Tales from the bluesy tomb (2017)

La verdad, no tengo aún claro si estos tipos son unos genios o unos magos del recorta y pega. O me han pillado despistado. Debut del cuarteto canadiense marcado por el hard rock de hace cuarenta años, mucho blues sucio y toques locos por todos lados: cambios de ritmo, cambios de tono, cambios de melodía, gritos, fuzz, en fin, un disco para escuchar atento. Recomendables en estado salvaje, su punto óptimo: Gone too far, Dead money (pedazo de riff y guapo Hammond), el rollo cinematográfico de Orpheus (play a tune for me), el doble bombo de Assembly line. Pero también saben bajar revoluciones y regalarnos la historia de Jackie Dee o una How bad blues con armónica incluida. A veces se les va mucho la cabeza (Time out, Maybe death, maybe more) pero seguro te van a sorprender. Quizá para bien.

 

 

Hot Tuna – America’s choice – 1975

Hot Tuna

Corría caluroso el verano de 1974 cuando Jorma Kaukonen (voz y guitarra), su colega Jack Casady (bajista), compañero en Jefferson Airplain, y el batería Bob Steeler se metieron en los estudios Wally Heider de San Francisco con el ingeniero Mallory Earl y parieron esta mezcla de blues y hard rock loco. Ocho temas (siete compuestos por Kaukonen más una versión de Robert Johnson) en los que la guitarra te va a destripar las orejas con sus riffs alocados, llenos de fuzz y wah-wah, y la sección rítmica te va a poner a dar botes: Casady maneja musculosos patrones armónicos que juegan y refuerzan la guitarra mientras Steeler machaca los parches en perfecto equilibrio rellenando los espacios con estilo bronco. Todo el álbum se desarrolla en largos pasajes instrumentales que serían alargados más aún en directo con estupendas jams.

Como ejemplo, en la inicial Sleep song escuchamos tres guitarras superpuestas, una acústica en primer plano, una rítmica en segundo y la guitarra solista por encima: ahí está la magia de estos tipos, saber enrollar de manera compleja sus ideas musicales creando temas directos con mucho feeling. Funky #7 trae calor y un tufo a garito con otro estupendo riff y una de las mejores baterías del disco; atención al wah-wah del solo. La versión de Johnson Walkin’ blues se llena de distorsión y suena diferente. Jorman no es para nada un buen cantante, pero en Invitation se suelta con una melodía muy buena y bien sostenida. El tema, de casi siete minutos, redunda en la alternancia de pasajes rítmicos cambiantes y solos, con una larga jam al final.

De engañoso título, Hit single #1 maneja otro patrón de batería soberbio y una guitarra distorsionada con Jorman esforzándose por estar a la altura vocal con cierto éxito. Sin duda, uno de mis favoritos, un poco loco, un poco sucio. Cambia el tempo y el estilo con Serpent of dreams, con un aire psicodélico y un sonido acolchado sobre un sueño ácido, lo más parecido a una balada que hay en el disco, incluida su paranoia central. Creo que la mejor interpretación de Casidy se escucha en I don’t wanna go, tanto por la progresión como por la entrega y el ataque del instrumento, compartiendo el protagonismo con Steeler en una canción con un groove bestial. También destaca un riff wah-wah que marca la canción de principio a fin y, sorpresa, un estribillo comercial (o casi). La final Great divide: revisited mantiene ese wah-wah y revuelve las ideas musicales que hemos ido gozando en las canciones anteriores, con un mix sonoro de guitarras que vienen y van, y un puente-estribillo realmente sorprendente.
El concepto de la portada no deja de ser curioso. Asemeja un paquete de detergente. En un lateral se advierte: este álbum debe escucharse al máximo volumen para un efecto completo. En otro lateral aparecen los músicos como componentes activos. Se le ocurrió y la desarrolló Frank Mulvey.
America’s Choice inauguró una trilogía mágica de hard rock blues en Hot Tuna, junto a Yellow fever (1975) y Hoppkorv (1976). La banda permaneció en activo hasta 1979. Volvieron a juntarse a mediados de los ochenta y se mantuvieron activos durante buena parte de los noventa. Hace unos años volvieron con disco de estudio, el recomendable Steady as she goes (2011) y próximamente estarán de gira.

Iron Maiden – Rebuscando en la basura de “No prayer for the dying”- 1990

¿Son tan malos los discos malos de nuestros músicos favoritos?

Hoy rebuscamos en la basura de Iron Maiden y su álbum No prayer for the dying de 1990

En una discografía tan mítica y mitificada como la de Iron Maiden todos tenemos nuestras filias y nuestras fobias. A pesar de que es una de mis bandas favoritas no adoro con ceguera sus discos míticos, plagados de enormes canciones y algunos fiascos igual de memorables, ni trago la basura que han desarrollado con mejor o peor criterio en obras menos lúcidas. Así que a la hora de traer un disco a rescatar a esta sección ninguno mejor que No prayer for the dying, el peor de la primera época de Bruce Dickinson, el que marcó el debut de Janick Gers y el adiós temporal de Adrian Smith. Uno de los más vendidos de la banda, por cierto, y su último pelotazo en los Estados Unidos. Vaya, casi siempre se coloca al final de la lista de favoritos junto a The final frontier o Virtual XI

A esta obra se le ha acusado de falta de inspiración, de reciclar ideas, de una producción plana o de traicionar, directamente, el propio legado. Cierto es que las canciones son cortas, nada pretenciosas, con riffs sencillos y progresiones más simples, buscando, supongo ampliar el mercado hacia orejas menos metálicas y más roqueras. El gran cambio lo entendemos a través de  la interpretación de Dickinson, que roza el hard rock y abandona en la mayoría de las melodías su bombástico estilo y se vuelve rasposos, oscuro, un poco setentero. Giro estilístico que explotaría en sus primeros pinitos en solitario. Así, las composiciones se aligeran en un intento de “volver a los primeros discos”, según muchos entendidos, pero yo no lo creo así: Harris y compañía intentaron sacar tajada del último subidón hard-roquero de finales de los ochenta con canciones como el single Bring your daughter… to the slaughter, un saca-cuartos musical sin mucha chicha, pero mejores que The assassin, Public enema number one o la infumable Tailgunner.

Pero ¿qué rebuscamos en la basura de este No prayer for the dying?

En contra de la opinión tan generalizada, y sin venirme arriba, creo que no es malo. Su principal defecto es la ausencia de un tema cañón que haya perpetuado en la iconografía sonora y los directos de la banda, que sí pasa en Fear of the dark, por ejemplo, o incluso Factor X. Los temas buenos no son la bomba y los malos no son tan malos.

Si rebusco bien, Mother russia es Maiden en su mejor versión, mantiene la complejidad, la estructura, los solos, los cambios. También No prayer for the dying se acerca a ese clasicismo, con la, quizá, mejor interpretación de Dickinson y excelentes arreglos de teclado y cuerdas (y un bajo mastodóntico). Es curioso que Bruce cante mejor en los temas que no compone, con un estilo más ochentero. Hooks in you y su historia sadomasoquista gusta sobre todo en el estribillo, los cambios me parecen acertados. Igual rollo hard-rock que el single Holy smoke, buen riff, directo, sin más historia ni ambición pero bien acabado y pegadizo (sí, hablamos de Iron Maiden) Y, aunque parezca increíble, creo que Fates warning es de lo mejorcito del disco.

Suficiente basura rescatada para darle una escucha a este disco.

Pero si aun así queréis más “basura made in Maiden” probad con estos enlaces:

El arte del plagio (en el rock)

Y el título no es un error: el arte es un plagio y el plagio es un arte. También en el rock. La Historia de la música ha evolucionado mediante el copieteo, el reciclaje, la revisión de métodos y estructuras anteriores y, claro, la creación absolutamente original. El plagio surgió con la propiedad privada y los derechos de autor. Dicho esto, hay algunos “homenajes” casuales, otros “robados” y la mayoría indiscretos, cuando menos. Pero ¿qué es plagio? dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul… plagio ¡eres tú!

En fin, como listas de plagios hay muchas yo aquí he seleccionado algunos curiosos, raros o tan indisimulados que dan hasta pena. ¿Qué hace un roquero de pro copiando a un cantante brasileiro? ¿Y un grupo de moda adolescente fusilando un éxito masivo de los ochenta? Espero que te lleves alguna sorpresa. Primero pongo el vídeo copiado y luego el copiador.

Agrega en los comentarios tus plagios preferidos del rock.

Y recuerda: robar está muy feo.

Metallica contra Excel 

Las similitudes entre el mega-éxito Enter sadman y le tema Tapping into the emotional void de una banda undergruound como Excel llaman mucho la atención: riff principal, entrada y parte del puente.

Rod Stewart contra Jorge Ben

Que el bueno de Rod se apoderara de la melodía vocal de un tema desconocido de un cantante brasileño de título Taj Mahal hubiera quedado en una fruslería si la canción no se hubiera conocido en todo el mundo. Si comparáis la de Jorge Ben a partir del segundo 50 queda todo dicho.

One Direction contra Def Leppard

En la búsqueda de plagios raros o poco conocidos he encontrado que la banda pop de moda One Direction está a la cabeza de los últimos homenajes no autorizados. Me quedo con este, donde fusilan de manera poco disimulada el éxito Pour some sugar on me de los también británicos Def Leppard en su canción Midnight memories. Si hasta el vídeo le da un homenaje…

Tom Petty contra Red Hot Chili Peppers

Si la copia se toma con humor y se arregla con unos eurillos fuera de las cámaras y las redes sociales, tanto mejor. El bueno de Dani California se inspiró en Mary Jane’s last dance. Aunque intentaron arreglarlo, la melodía y el ritmo se parecen mucho, mucho.

Buckcherry contra KISS

Para qué componer un riff bueno para Lit up si podemos copiarlo. Descarado homenaje a la guitarra de Ace Frehley en Shock me.

Green Day contra The Kinks

Si coges el ritmo y el riff de Picture book y le cambias la letra y la melodía vocal compones un tema nuevo, por ejemplo Warning. Casi da risa. A veces el problema está en la poca oreja y en la cada vez más lamentable incultura musical. Del oyente, digo.

Coldplay contra Joe Satriani

De verdad, en todos lados hay donde rascar. Se libran pocos grupos. Los archi-admirados Coldplay se sacaron de la manga un single de título Viva la vida que se pega a la melodía y al ritmo de If I could fly de Joe Satriani. Vaya, que le han puesto letra al instrumental del virtuoso guitarrista.

Jet contra Iggy Pop

Esta no iba a ponerla por que resulta muy conocida pero me ayudó a ganar una apuesta. Iggy Pop renacido en Trainspotting no se olvida fácilmente. El riff y parte de la estrofa coinciden, además del descaro del ritmo inicial y la línea de bajo. Inspiración.

Led Zeppelin contra el mundo

Una de las bandas siempre bajo sospecha, llena de pleitos por sus continuos homenajes. Algunos temas han cambiado de autores tras las decisiones de los jueces, otras no. La (quizá) banda más grande del rock pasa por ser la gran plagiadora (por ahí anda Oasis midiéndose de igual a igual). Os dejo este pequeño vídeo que explica bien la diferencia entre plagiar sin arte y el arte del plagio.

Sexo en el rock (12): mujer de pubis rojo

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Sexo en el rock (12): mujer de pubis rojo. Pelirrojas en el rocanrol.

Dicen que para gustos, colores. Y para colores el rojo. Y para rojos, los pubis, los labios, el largo o corto cabello de una mujer pelirroja. Algunos de nuestros artistas favoritos se han obsesionado con esas mujeres distintas, fogosas, de aspecto misterioso, sensuales, simplemente unos cuantos devaneos sexuales o una desventura amorosa.

Bruce Springsteen – Red headed woman

Las rubias son divertidas pero aquella pelirroja era lo mejor para un trabajo sucio. La primera grabación aparece en el In concert/MTV plugged de 1993.

Baja California – Atrápame

En su extraordinario La cara B del rock los asturianos regalan esta canción de pasión y ansiedad amorosa hacia una amiga pelirroja. Esta noche hay sitio para dos en mi habitación.

Kix – Pants on fire

Uno no se puede confiar… Tú , pelirroja, dijiste que yo era el único para ti pero vi dónde pusiste tus manos. Te pillé, mentirosa. Del álbum de 1991 Hot wire.

The White Stripes – Fell in love with a girl

Riff  directo y una muchacha de pelo rojo liándose un cigarro. Una canción insana. Jack White era tan joven por aquel 2001 en que grabó White blood cells.

R.E.M. – Redhead walking

La loca atracción de esa pelirroja que camina hacia ti. Esa necesidad de besarla. Ten cuidado que romperá tu corazón como si fuera un diamante… pon tierra de por medio. Cover de Beat Happening grabada durante las sesiones de Supernatural Superserious (2008).

Guille Dinnbier – Pelirroja

Del 2015 es este tema que Dinnbier metió en su tercer trabajo Temporal. Se disparan todas las alarmas… Pelirroja, peligrosa, te quieres enredar conmigo.

Bob Dylan – Tangled up in blue

El bueno de Bob se despierta temprano y quiere saber si la chica que duerme a su lado sigue teniendo el pelo rojo. Era 1975 y el álbum se tituló Blood on the tracks.

The Presidents of the USA – Stranger

Carla, la stripper, con su pelo de color naranja salvaje y su sombrero vaquero sentada frente a mí en una nevada noche de sábado. Del álbum de 1995 The Presidents of the USA.

 

 

Música moderna: febrero 2017

¿Qué se cuece por el mundo musical de hoy en día? ¿Qué me llevo a las orejas de buena mañana? Nunca está de más compartir la música que pasa por mi cerebro, recomendaciones que otros buenos oyentes me han hecho o que, directamente, he robado de páginas amigas (y no tanto). Entre todo lo caído este mes, me quedo con un par de propuestas heavies (incluyendo unos clásicos del thrash), un poco de power metal fiestero, algo de hard rock de por aquí y una agradable sorpresa de souther country rock (más o menos).

Dale al play.

Need – Hegaiamas: a song for freedom (2017)

front Se sale de mis escuchas habituales, pero este enorme álbum de los griegos Need merece ser escuchado y recomendado. Metal de corte progresivo en una propuesta sólida, elaborada, compleja: una hora de pensamientos y frustraciones sobre la libertad, el individuo y la sociedad. Casi nada. Rememory contiene una hermosa melodía que se retuerce en la parte central, con un voceras (Jon V.) en plena forma, mezclando tonos agudos con cambios más graves. En Alltribe se acercan a los Dream Theater de principio de siglo. En Tilikum escuchamos un teclado excelente y, quizá, el tema más elaborado, lleno de matices y cambios. Una canción de casi 22 minutos (llenando la cara B del vinilo fijo) de título Hegaiamas da una idea del tipo de músicos que son Need. El álbum suena de muerte, bien mezclado. Una experiencia gozosa. Su cuarto largo, por cierto.

Whiskey Myers – Mud (2016) whiskey-myers-mud-73-1480276345

¿Esto es un disco de country? ¿De southern rock? ¿De blues? En realidad, Whiskey Myers se mueven con increíble habilidad entre estos palos dejando caer la guitarra o la melodía o el ritmo de uno a otro sin inmutarse. Cody Cannon (frontman, cantante, compositor) ha sido todo un descubrimiento para mí y a partir de este Mud he entrado en su particular mundo sonoro. Pincha On the river y disfruta del slide, el violín y el pulso que bajo y batería mantienen de principio a fin. La oscuridad emocional de Trailer we call home constrasta con la música, deliciosa, sencilla en lo superficial pero de complejos arreglos. En Some of your love se acercan a Bad Company mientras que en Stone se acercan a los Allman, pasión blues, pasión rock. Rich Robinson (The Black Crowes) participa en Frogman (ya sabes a qué suena). Buen, buen rock.

kreator_gods-of-violence-500x500 Kreator – Gods of violence (2017)

Me encantó el anterior Phantom Antichrist (2014) y esperaba con curiosidad el nuevo de Kreator. Y no me ha decepcionado. Thrash al estilo de la casa: riffs veloces sobre una batería brutal, melodías mezcladas con rabia y rudeza, todo metido en un paquete sangriento de letras salvajes e interpretaciones no aptas para todos los oídos. Ahí están World war now, Totalitarian terror, Gods of violence (qué trabajo increíble de guitarras) o Army of storms. Sin embargo, en este trabajo se acercan a territorios sonoros dispares. Suenan inspirados o cercanos a Iron Maiden en Hail to the hordes, a Accept en Fallen brother, a Judas Priest en Death becomes a light o a unos Manowar acelerados en Side by side. A mí me parece otra joya en su catálogo. Y llevan catorce.

Atlas – Nuevos tiempos viejas costumbres (2016) atlas

Un disco de hard rock con buenas melodías, guitarrazos muy currados y algunos estribillos pegadizos, muchos recuerdos a grupos de los setenta, en especial Deep Purple (Vete al infierno), y los ochenta, Niagara y Sangre Azul (Mil y un pedazos) y la hornada hard angelina (Somos una misma voz). La excelente producción de V. M. Arias junto a Carlos Lillo y el trabajo de post-producción de Mika Jussila han conseguido un sonido equilibrado alternando el protagonismo a partes iguales de la voz de Ignacio Prieto y de las guitarras, sin esconder ninguna interpretación. Me gustan especialmente Esperaré, Vete al infierno (“es el momento de que cierres la boca y no mientas más”) y su riff, el guitarreo de Un sueño cumplido y el rollo Cinderella de Gritaremos no. Mención a parte para el medio tiempo Llueva o salga el sol. Recomendable trabajo de estos veteranos.

Freedom Call – Master of light (2016)

freedomalbum1A pesar de la horrible portada, debo reconocer que este álbum me encanta con su rollo entre Helloween, Stratovarius y Blind Guardian, lleno de canciones fiesteras de puño en alto y siempre dentro de un power metal azucarado e insensible donde priman las melodías, los arreglos recargados, las voces dobladas y el doble bombo. Vaya, un disco más de Freedom Call, sin nada original, pero que me ha entrado hasta el fondo. Solos veloces en Kings rise and fall y Riders in the sky, estribillos a doble bombo en Hammer of the gods y Masters of light, temas para saltar y comerse la noche en Rock the nations y High up o estribillos imposibles como en Ghost ballet y Emerald skies. Lo dicho, pasará de moda en breve pero mientras tanto, que cunda.

Tommy Bolin – Teaser – 1975

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Tommy Bolin – Teaser – 1975

Tommy Bolin es un músico semi-desconocido para el seguidor medio del rock (no digamos para el gran público). Estoy convencido de que si no hubiera formado parte de Deep Purple y aquel Come taste the band ni siquiera hablaríamos hoy en día de él. Por mi parte, considero que este álbum, Teaser, es una gran obra de rock de guitarras lleno de fusión e influencias rítmicas, pleno de momentos fantásticos, al que voy y vuelvo de vez en cuando.

La composición recayó en el propio Bolin junto a Jeff Cook y John Tesar. Él mismo produjo junto a Lee Kiefer en una grabación que duró unas pocas semanas de julio (justo antes de grabar con Deep Purple).

Comienza el disco con un número de época. En la inicial The grind parece como si Mick Jagger y Mick Ronson se hubieran hecho una canción a pachas, ese juego de la melodía vocal con el desenfreno guitarrero del final es esencia misma del glam rock de autor. El bajo de Stanley Sheldon y la batería de Jeff Porcaro le dan a Homeward strut un rollo funky divertido. Solo faltaría haber invitado a Glenn Hughes para poner una hipotética letra. Tommy mezcla una guitarra limpia con un sintetizador dando una lección de buen gusto en un sencillo y eficaz instrumental, con un toque de slide elegante. No me cabe duda de que Tommy demuestra ser mejor cantante que muchos otros guitar-heroes. En Dreamer maneja bien el fraseo y mantiene la melodía llegando a adornar el tema, por otra parte excelente. Gran piano de Dave Foster. Y vaya solo final del jefe. descarga

El humo de la bossa nova se cuela en Savannah woman, con una guitarra que recuerda vagamente a Santana y la percusión de Phil Collins (por entonces en Genesis) y Prairie Prince (que al año siguiente formaría Journey). Casi nada las compañías. Teaser, el tema más famoso, título del álbum y cover años después de unos tal Mötley Crüe, se maneja con un riff a lo Jimmy Page y una estructura boogie. Quizá el mejor estribillo del álbum. Aparentemente sencilla pero de elaborada armonía. People, people se baña en las aguas del reggae sin ningún tipo de vergüenza. El saxo de David Saborn suena a gloria y su juego sonoro con la guitarra de Tommy se mete en las entrañas. Mueve las caderas, baby.

De nuevo Saborn se crece protagonista en el instrumental Marching powder, esta vez en un ritmo rock con tintes latinos. El sintetizador lo pone Jam Hammer (asiduo de Jeff Beck y Al Di Meola, le escucháis en los temas de la serie ochentera Miami Vice). El solo central vuelve a ser excelente, variando en una escala jazzy, y la inercia de mantener una melodía central con continuas rupturas sobre una cama rítmica gruesa es para oídos inquietos y atentos hasta el segundo último, locura musical. La deliciosa balada Wild dogs incluye algunos elementos de clara influencia Bowie en la construcción y en los arreglos. Lotus, de mis favoritos, contiene uno de las mejores interpretaciones de Bolin en sus más de once minutos, ese largo solo central es extraordinario y la psicodelia hard del final no le desmerece. Algunos de los más sentidos licks se desarrollan de extremo a extremo del tema.

Poco más de un año después Tommy Bolin falleció por sus excesos con la heroína y el alcohol, pero en ese tiempo grabó y giró con Deep Purple y dejó otro álbum de estudio, Private eyes. Este Teaser es una joya (casi)secreta. Un álbum imprescindible. Un pequeño tesoro de un (no)guitar hero.

 

91 suite – 91 suite – 2001

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91 Suite – 91 Suite

Sin duda, uno de los mejores discos de hard rock melódico hecho en España, una joya de principio a fin con todos los clichés del género (AOR, softrock, como queráis): potente presencia de los teclados, riffs machacones de guitarra, voces melódicas con estribillos elaborados, historias de amor y desamor y unos cuantos solos de manual. Y son de Murcia.

La banda la conformaron para el álbum Jesús Espín a la voz, Paco Cerezo e Ivan González a las guitarras, Antonio Ruiz al bajo, Mario Martínez a la batería y Dani Marata a las teclas. La propia banda hizo la producción y lo masterizó Carlos Creator, otro mago de la guitarra, músico y productor con largo historial (Obús, Vhäldemar, Brecha).

El álbum se caracteriza por unas composiciones redondas, quizá más cercanas al medio tiempo, con arreglos y armonías muy currados y una concreción técnica sin lujos pero siempre correcta, en especial algunas interpretaciones de Dani a los teclados o las guitarras de González y Cerezo.

Quizá mi canción favorita sea Hard rain, con guitarras rudas, cambios de ritmo y estribillo bofetada, es decir, directo y te marca de un golpe. Además, el doble guitarreo del solo me encanta (un poco breve). Pincharía después Hurt and pain, por unas guitarras a lo Vito Bratta con excelentes teclados, donde destaca el fraseo algo más agresivo de Jesús hasta un estribillo que me recuerda a Journey. Y la que cerraría mi terna de favoritos lleva por título Give me the night  y perfectamente la podría cantar Joey Tempest; buena batería.

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No hay que dejar el resto del disco de lado, ni mucho menos. El riff inicial de The day she left nos introduce a la elegancia de 91 suite, un tema ideal para comenzar con una gran aportación vocal. Down to you, tras un inicio de teclas suave, se acelera con un gran estribillo y se adorna con un solo genial, muy armónico, con intercambio de guitarras.  Destacan también las guitarras, algo más gruesas, en Time to say goodbye y una gran interpretación de Jesús. Algo más popera, All is love me recuerda a Survivor, sobre todo en la parte central y el estribillo, con un ataque vocal a lo Jimi Jamison. Chances se pega armoniosa sobre un ritmo cortante, un poco stacatto, con un final guitarrero. Apetece cantar el largo estribillo de I will stand by you hasta cansarse, qué lujo.

No podían faltar las baladas. Lost in the silence, de los más largos del disco, donde destaca de nuevo la labor de Dani y Jesús mantiene la melodía con soltura, pero resulta algo melosa.  Quizá más conseguida, Chance of a lifetime recuerda en la composición a los “viejos” Bon Jovi con una parte inicial tranquila que se llena de musicalidad en el puente y el estribillo, violines incluidos.

Lo editó Vinny Records, responsable de otras joyas del género como Hardreams o Airless. Hubo una edición europea y otra japonesa, ambas con sus correspondientes bonus tracks. Incluso hay por ahí un par de versiones en castellano de algunos temas, línea que igual podrían explorar.

Rescaté el álbum hace poco, al saber que seguían dando guerra por los escenarios. Espero que se decidan a grabar nuevo material. Mientras tanto, yo voy a darle al play otra vez.

 

La dictadura del videoclip – Jon E. Illescas – Editorial El Viejo Topo

la-dictadura-del-videoclip-de-jon-e-illescas-portada-rgbJon E. Illescas ha escrito un libro que yo necesitaba leer, sin saberlo. Una obra donde explica de manera unívoca y diáfana cómo nos manipulan a través de los medios de comunicación, en este caso a través del videoclip. Como él mismo aclara al inicio de las 600 páginas de que consta La dictadura del videoclip: “los videoclips dominantes son un instrumento mediante el cual la oligarquía capitalista mundial consigue el consenso político de la juventud asalariada internacional”. ¿Parece otro libro paranoico sobre otra teoría conspiracionista? Nada de eso. Jon Illescas fundamenta cada una de sus propuestas con numerosos ejemplos y lleva, a través de un denso proceso lógico, a una conclusión (para mí evidente). Cuando Britney Spears (por ejemplo) invita a varios cientos de millones de video-oyentes a trabajar duro como única manera de ser rico y aclara que esa es la única manera de ser feliz, no está haciendo más que repetir la ideología que los “aparatos privados de hegemonía” quieren. Y como ya anticipó hace años Howard Gardner (Premio Príncipe de Asturias 2011), los adolescentes “pasan más tiempo consumiendo lo que les ofrecen en los medios que en la escuela” por lo que la influencia de los contenidos multimedia supera, más que nunca, cualquier otra influencia en la formación de la persona. Solo hay que fijarse y leer La dictadura del videoclip para entenderlo.

A lo largo del libro el autor desmenuza el mundo del videoclip, en especial el que denomina hegemónico, aquel financiado, reproducido, controlado por las majors del mercado “de entretenimiento”. Ya sabéis: Warner, Universal y Sony principalmente. ¿Por qué unos contenidos sobre otros? ¿Es casual que los 25 vídeos más vistos de Youtube versen sobre unos temas concretos y tengan un estilo musical parecido? ¿Por qué el rock, el rap e incluso el pop de carácter social nunca suenan en la radio? Solo por eso ya merece la pena el libro. Después hace un análisis de la dominación cultural y en qué modo los videoclips que tantos millones de reproducciones tienen en youtube nos influyen y modifican nuestra forma de pensar, nuestra perspectiva, y consiguen un consenso pasivo para generar una (no)ideología común de corte conservador y consumista. Cierra el libro recomendando, analizando, repartiendo videoclips alternativos, porque, aunque sean menos visibles, también los hay.

En definitiva, un libro para valientes (por su volumen y su contenido) que no dejará indiferente a nadie, de donde obtendrás herramientas nuevas para clarificar dónde y cómo te la están metiendo. Igual ayuda a tomar conciencia y cambiar la música de consumo, quién sabe.

Por lo pronto, os dejo el enlace al artículo que dedicamos nosotros a los videoclips contrahegemónicos, por si os da el venazo antisistema. Y, de regalo, el videoclip censurado de Michael Jackson. La historia, en La dictadura del videolip.

Pink Floyd – Rebuscando en la basura de “A momentary lapse of reason” – 1987

¿Son tan malos los discos malos de nuestros músicos favoritos?

Hoy rebuscamos en la basura de Pink Floyd y su álbum A momentary lapse of reason de 1987

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A este disco le han caído críticas de todo tipo. Que si es un disco en solitario de David Gilmour (¿acaso no era The final cut un disco “en solitario” de Roger Waters?), que si la producción es muy comercial, que si desprecia el trabajo de Nick Mason y Richard Wright (de hecho participan otros teclistas y baterías en el disco y usan percusión programada) y así unas cuantas más.

Lo cierto: no está en mi top de Pink Floyd. Gilmour recurre a compositores externos (especialmente a Anthony Moore) y no mantiene un tema central, inspiratorio o una historia común en el álbum, si no que ofrece una colección de canciones sin mucha ambición. El sonido se llena de programaciones, samplers y efectos, no siempre acertados, a veces demasiado protagonistas.

Pero ¿qué rebuscamos en la basura de este A momentary lapse of reason?

Lo primero rescatar obligatoriamente algunas grandes canciones. Learning to fly maneja una melodía Gilmour con una acertada guitarra y buenos coros, muy pegadizo. On the turning away me parece una de las últimas joyas de la banda, tanto en su versión estudio como en las acertadas recreaciones del directo; vaya, un poco moña, claro, pero menudo solo de Mr. David. The dogs of war tiene fuerza y un trabajo rítmico que da profundidad al tema sosteniendo la letra crítica. La inspiración de un tema como Sorrow, expresivo, cuidado.

Además, la producción, a cargo de Bob Ezrin y el propio Gilmour, si bien peca un poco del ambiente soft rock de la época, ha sobrevivido bien a los años, no suena viejuna, maneja con maestría la mezcla de instrumentos. La voz de David mantiene muy bien el tipo, desarrolla algunos fraseos acertados y siempre suena cálida. Tony Levin al bajo cumple con creces y el trabajo de baterías (con invitados como Carmine Appice o Steve Forman) merecen también la pena.

Y, cómo no, la portada, del desaparecido Storm Thorgenson con el diseño gráfico de Andrew Ellis.

Suficiente basura para pasar el rato.