Archivo de la categoría: Crítica: Ahora estoy escuchando…

Música Moderna: febrero 2019

La intensidad con la que 2019 se llena de estrenos es asombrosa. No da tiempo a escuchar y asimilar todas las novedades. Como, además, somos de carácter perezoso, van pasando por delante tantos como van quedando. Igual no son los mejores, quién sabe, pero son algunos que han sonado reiteradamente por nuestras orejas y han demostrado caber en nuestro buen gusto. En esta ocasión venimos muy metidos en el blues y en el hard rock seventies. Por aquí os dejamos una selección de la música que más nos ha gustado estas últimas semanas.

Dale al play…

Kris Pohlmann – Feel like going home

Si disfrutas con gentuza como Gary Moore, Rory Gallagher o los Status Quo setenteros no dejes de prestar tu oreja a este tipo. Buen guitarrista, voz rasgada pero no carente de técnica y melodía, composiciones muy acertadas y sinceras sobre su vida en la calle (fue un sin hogar una temporada) y su crecimiento como artista. A destacar las más contundentes: Not your only one, So damn easy, Worried mind (la más setentera), Close to you baby (con su sección de vientos) o Love won’t last. El resto de los cortes se mueven en el blues más clásico, con toques roqueros y hermosos solos, tales como Upside down (de lo mejor), Revelations o Volatile skies. Un puntazo del género hoy en día.

Los DelTonos – Fuego

Hay grupos que van ganando adeptos con los años a base de mantener una sólida carrera tanto en estudio como en directo. Y así Los DelTonos llegan a este Fuego (el número catorce de su catálogo) con su innegable líder Hendrik Röver a la cabeza. Y es una gozada sentir el poder de la creación, la necesidad de decir cosas siempre en la boca y las manos de artistas con talento. Trece canciones nombradas con una sola palabra que se mueven entre el rock “de raíces” (léase aquí Led Zeppelin, ZZ Top, Aerosmith, Lynnyrd Skynnyrd, lo que queráis), un toque de funk (Limpio) y un poco de lo que “me da la gana”, como ese rollo Josele (Los Enemigos) en Sinceramente. Crítica abrasiva en Águilas (esa derecha viejuna), Vergüenza (políticos ladrones) o Majestad (monarquía chupasangre); reflexiones vitales en Doctor, Fuego, Correcto (“es lo que había que hacer”) o Rutina. Una escucha obligada.

Brian Barnhouse – Sign of life

Un tipo curioso. Lo intentó en los noventa con poco éxito y se dedicó a trabajar como músico de sesión y compositor hasta que hace pocos años comenzó una discreta carrera en solitario. Hace unos meses editó esta maravilla de AOR/Hard Rock melódico lleno de texturas y matices adorables. Una voz con semejanzas a Darren Warton y Jeff Porcaro, que sabe moverse entre los sonidos más elaborados de One in a million o Best for you y los más sencillos y directos de Your song o All is fair. Una gozada ese ramalazo Brian Adams (el bueno) en Wrapped up with you o a los propios Toto en Sign of life. Un álbum a destiempo.

Rival Sons – Feral roots

Siempre me sorprende cómo algunas bandas de larga trayectoria solo consiguen dar con la tecla en contadas ocasiones. Rival Sons han fluctuado alrededor de esa diana en sus últimos discos, siempre con calidad, aunque quizá faltos de ese puntito de genialidad. Por fin, en este Feral roots, se caen en la marmita de la inspiración y presentan un álbum redondo (a pesar de alguna experiencia extraña). El mejor desde Pressure and Time. Guitarreos de calidad y grandes melodías vocales: Do you worst, Stood by me, Back in the Woods, Look away o la impresionante Too bad (esto sería un clásico de otra época). Y lo que marca la gran diferencia: los ruidos acústicos, el folk, el góspel, los coros majestuosos de Feral roots, Imperial joy, All directions o la final y genial Shooting star. Qué buenos.

Dilemma – Random acts of liberation

Una banda comandada por el batería (Collin Leijenaar) y el teclista (Robin Z) ya apunta a un sonido distinto. Si añades un buen cantante (Dec Burke) y un guitarrista técnico y melódico a la par (Paul Crezee) el conjunto seguro que no defrauda. Random acts of libertion tiene un espíritu positivo que nada en el rock progresivo pero con toques muy pop en las melodías y preocupación por lograr la atención del público con buenos estribillos. Canciones muy sólidas, rock de guitarras y teclados: The space between the waves, Pseudocomaphobia (y su toque Queen) o Play with sand. Elegancia rock en The inner darkness, All that matters, Prodigal son (cierto toque eighties) y Openly. Para echar el rato con una buena copa en la mano.

Inglorious – Ride to nowhere

Tercer largo de estos británicos mandados por la voz Nathan James. Potente hard rock con Coverdale y Bonnet como referencias inmediatas, bien elaborado, buena producción y esas guitarras que tanto nos gustan. En principio, nada nuevo bajo el sol, pero, en la práctica , una colección de sonidos, canciones, guiños llenos de rabia, de ímpetu, de dedicación. Una gozada escuchar Freak show, Tomorrow, Never alone, Time to go o Where are you now? Juegan con el espíritu Bettencourt (Extreme) en Queen, el toque Van Halen en Liar o la balada íntima en Glory days. Para quienes desean perpetuar el espíritu del hard rock auténtico.

Música moderna: enero de 2019

La primera entrega de “Música moderna” sirve para recoger discos que no fueron alabados o recomendados en meses anteriores y alguna escucha de estas semanas finales de año. En esta ocasión venimos suavitos pero con mucha clase. Hard rock nacional, buen blues de guitarrazos salvajes y un par de propuestas que parecen de otros tiempos.

A darle al play…

The Electric Alley – Turning wheels

De la Baja Cadiz-fornia vienen estos tipos con uno de los mejores discos de hard rock que me he echado a las orejas en meses. Buenas composiciones, buen sonido, guitarras con riff rugosos y algunos buenos solos, estribillos pegadizos, adornos de piano y vientos y, como premio, no podía ser de otro modo, un fantástico disco. No dejo de mover el culo con Keep the beat on the highway, Celebration o Wildfire. En Find the key y You give me something se aparecen los mismísimos Mötley Crüe versión Girls, girls, girls. Y emocionan con Goodby, In the name o la fantástica Rusty. De diez.

The Temperance Movement – A deeper cut

Tercer largo de estos escoceses, joyita de hard rock blues. Comenzan con Caugh in the middle, aguerrida, Built in forgetter, salvaje, y Love and devotion, vacilona al estilo Black Crowes, para caer en la acústica y sensible A deeper cut. Solo con eso ya han enganchado tu atención. Pero aún faltan los mejores temas. Blackwater zoo y Beast nation con su inspiración southern, Another spiral y Children con ese poso blues acústico, o la fantástica There’s still time. Que sigan empapándose de buenas influencias y componiendo barbaridades como esta.

Anthony Gomes – Peace, love & loud guitars  

Pues exactamente como indica el título, este nuevo trabajo de Anthony Gomes está lleno de guitarras ruidosas: excelso álbum de hard rock blues basado en riffs musculosos, punteos y solos de categoría y un eficaz trabajo melódico y lírico, buscando el efectismo de estribillos. Si, además, el acompañamiento de la banda es del mismo nivel se redondea el conjunto. Roquea con mucho estilo en White trash princess, Hard road easy, Blues in the fist degree o en la propia Peace, love & loud guitars. Rinde tributo a B. B. King en la inicial Come down (pide que regrese a iluminarnos, un crack) y a Robert Johnson en Stealin’ from the devil. Y se vuelve tierno en Take me back home o Amazing. Una colección muy divertida de canciones por un tipo en estado de gracia.

Whiskey Lies – Against the odds

La propuesta de estos tipos de Barcelona es elegante y de una calidad pasmante. Recogen el espíritu rock de la inicial Lift U up (versión de Gotthard), lo arrastran por Wonderful thundering sound o Cross the line, lo bañan con funk en Moonwalk o la genial Bitch please y lo abrazan con soul en Trial by fire y Out of your league. Cantar como Manu Soria es muy difícil y tener una banda como esta que grabe un disco tan completo, mucho más. Adoro el romanticismo casi meloso de Us two. Un disco y una banda a tener muy en cuenta.

The Soulbreaker Company – Sewed whit light

No es fácil digerir este trabajo. Requiere escuchar con atención, un poco de paciencia y dejarse embargar por las atmósferas y las estructuras sonoras que tan bien han construido y pulido estos tipos. Una gozada. Quizá más protagonismo de teclados y sintetizadores que en entregas anteriores, un poco más de oscuridad en muchos temas, algo menos de músculo guitarrero, como en Persephone o Inner dark. Más roqueros en Together, Avoid the crash o You shook you tail. Más íntimos o nostálgicos, quién sabe realmente, en You guess but you don’t understand o In the beginnng. Ecos a discos de finales de los sesenta y principios de los setenta.

Lo más y lo mejor de 2018: un año de canciones

Rock is yet to come

Hay fechas propias para la reflexión. Las más comunes: el cumpleaños, un aniversario o el final de un año. Siempre se da la vuelta a los ojos para observar el camino recorrido. Y en este caso a las orejas también, para recuperar sonidos que nos invadieron desde el lejano uno de enero hasta prácticamente el final de 2018. Muchas horas entre las que escoger lo más y lo mejor, un año repleto de canciones.

Y debo decir que por aquí ando muy feliz con la música que he descubierto estos doce meses. La que poco a poco voy recuperando de años anteriores (hay tantos miles de excelentes canciones por ahí sueltas en sesenta años de rock…). La que se va editando nueva. Porque, aunque le rock, y el metal, como fenómeno cultural y artístico no está muerto, conviene recordar que económica y socialmente hace muchos años que desapareció del mapa. No pasa nada. Mientras grupos nuevos y viejos se esfuercen en ofrecer sus canciones al mundo y queden orejas como tú y yo que les presten atención (y un poco de dinero)el rock, y el metal, no morirán, realmente, nunca.

Este año he escuchado hasta el aburrimiento varias obras de gente joven (más o menos). Destacaría a los gaditanos The Electric Alley (Turning wheels) y a sus paisanos Bourbon (Fuente vieja), a los asturianos Baja California (Horizontes) y Soldier (The sleeping of reason), a los madrileños Whisky Caravan (La guerra contra el resto), los barceloneses Whiskey Lies (Against the odds) o dos de mis favoritos, los castellonenses Dry River (2038) y los vitorianos The Soulbreaker Company (Sewed with light). Todos parte de una gran cosecha nacida, criada y compuesta muy cerca de nuestras casas. Añadamos otros grandes discos, como Gritando en Silencio (Sácame de aquí), Angelus Apatrida (Cabaret de la guillotine), Crisix (Get out of my head), o las sorpresas de Elisma (Somos nosotros los que hacemos rock) y la genialidad de El número de Shannon (Carpe diem).

Una felicidad extra para mí es volver a escuchar a bandas clásicas con nuevos buenos trabajos. Por aquí han desfilado Saxon (Thunderbolt), Uriah Heep (Living the dream ), Phil Campbell (Age of absurdity), Tako (Hilo de cobre), Ankhara (Sinergia) y los que se han llevado la palma: Judas Priest (y su enorme Firepower).

También de fuera de nuestras fronteras hemos cantado la sangre joven de los impresionantes The Temperance Movement (A deeper cut), Band of Rascals (Tempest), City of Thieves (Beast reality) o Khemmis (Desolation). Y ha habido sitio para descubrimientos alejados de gustos habituales; sirvan de ejemplo First Aid Kit (Ruins) y The Devil Makes Three (Chains are broken).

En fin, junto con otro puñado de buenas canciones he elaborado (en Spotify y en Deezer) una playlist sin desperdicio, llena de chicha buena, un caldo jugoso con todos los ingredientes necesarios para comer buen rock y metal durante un largo rato. Abre una cerveza, llena un vaso de bourbon, móntate un gin tonic planetario y prepárate para bailar.

Ha sido un año excelente… ¡viva el rock! ¡viva el metal! ¡viva la puta música!

Música Moderna: noviembre 2018

En las recomendaciones de este Música Moderna encontraréis  varias sorpresas. Y es que venimos muy blanditos, repartiendo orejas y aplausos por el country, el rock americano e incluso el bluegrass. No falta el hard rock y el heavy de costumbre, por supuesto.

Seguro que alguno te falta por escuchar, así que dale al play y disfruta.

 Baja California – Horizontes

Lo de estos tipos es para tener muy en cuenta. Ya destacamos su álbum anterior La cara B del rock hace tiempo y volvemos encantados a recomendar la escucha de este Horizontes. Mejor producción y sonido más duro, acercándose mucho al rollo Uzzhüaia (Trozos de cristal, Polvos mágicos ) y remedando a los últimos Sangre Azul (el estribillo de Buscando más, la caña de Blanco y negro, las armonías de Años atrás, de mis favoritas ). Además, y esto es lo mejor, comienzan a tener su impronta propia, su estilo; como muestra Blanca (fantástica entrada y gran construcción), Horizonte o la deliciosa Al otro lado. En Reina de Hielo tienen un aroma The Who fantástico. Gran trabajo.

 Band of rascals – Tempest 

Siete estupendas canciones conforman esta entrega de los canadienses Tempest. Sonido y guitarreo deudor de Jimmy Page con algún ramalazo a Alvin Lee, como en Seas coming down (quizá la mejor). Se acercan al blues rock más descarado en Altitude y meten un rollo folk en la emotiva Fell into the love of you, de tesitura acústica. Excelentes cuando corren en Control o Holler, para mover culos y cabezas a la par (con recuerdos a los hermanos Robinson).

 The devil makes three – Chains are broken

¿Un grupo de bluegrass entre los preferidos por aquí? Pues sí, un excelente disco de bluegrass, country, folk y rock (a migajas) con energía, buen rollo, estupendas armonías y melodías vocales a cargo de Pete Bernhard, y canciones excelentes. Me enganchan Bad idea, la tranquila All is quiet, el oscuro ritmo de Can’t stop o la desértica Need to lose. Junto a Pete, que también toca la guitarra, la bajista Lucia Turino, el guitarrista Cooper McBean y el batería Stefan Amidon. Letras personales en ocasiones, como en Deep down (“deep in my heart/I’m a terrible man”) o Native son (“I ain’t nowher/I’m right where I belong”). Un disco que entra a la primera y se queda a vivir contigo.

Wurdalak – 6  

Lo primero que me enganchó de su anterior Como si no hubiera un mañana fue la voz de María José Romero y, de seguido, el trabajo de guitarras. Y al entrar en las siete canciones (más intro) de esta nueva entrega es lo primero que busco. Y ahí están, enormes en canciones como Tenemos elección, El rock volverá o la rápida Resistir, la más power del conjunto. Rubén Muñoz a la batería hace un gran trabajo también. Pasean por el Universo Lord/Blackmore en Listos para el R’n’R y más cercanos al heavy melódico en El quinto elemento. Si pasan por tu ciudad no te los pierdas.

 Will Courtney – Crazy love

Cómo resistirse a esta colección de canciones, un compendio de rock americano que lo mismo navega entre las garras de Neil Young y sus Crazy Horses en el pelotazo guitarrero de Too high now y en la cover Look all the things, se acerca a la sensibilidad de Tom Petty en Coming on strong,  el rollo country de Drunk on your songs again o el rock tabernario de Crazy love, de excelente factura, por cierto. Gozadas con slide a tope como Loaded y momentos para el piano (Take you away) y las acústicas  (When will I find my love). Incluso cuando se pone más pop (Finally) consigue enganchar. De lo mejorcito que he escuchado.

Bourbon – Fuente vieja 

Pues se han hecho mayores. En el buen sentido. Los gaditanos entregan una obra madura (qué palabreja), complicada en composición y arreglos, que profundiza y agranda su sonido, en especial esas guitarras limpias en canciones que lo mismo se hunden en la psicodelia al estilo Pink Floyd (Si veis la luz, corred), como en el rock setentero (El sendero, gran riff, una melodía muy Leño), como que se marcan un desarrollo más prog (Destierro) o incluso con dejes de rock andaluz (A punto de arder, La triste realidad). Un acierto el uso de los teclados. Recuerdos a Asfalto y a Topo me vienen en la propia Fuente vieja o en la balada Hacia el sol.

 Michael Romeo – War of the worlds pt1

Conocido por su trayectoria a las cuerdas de Symphony X, a Michael Romeo se le ocurrió la idea de actualizar la historia de “La guerra de los mundos” en un ejercicio enorme de ego guitarrero y compositivo, con un ojo puesto en los modos en que se articula una banda sonora para una película. Ocho canciones, más una intro y un interludio, donde con acierto mezcla momentos de tensión, velocidad, partes más oscuras y capas de guitarras y riffs. Black, Djinn, Fucking robots y Fear the unknown son quizá las más destacables. La voz del desconocido Rick Castellano cuadra a la perfección.

Música Moderna: septiembre 2018

Estas últimas semanas hemos disfrutado de buena música (más o menos) reciente, alguna ya con meses rondando por el hiperespacio, incluso por nuestra discoteca virtual o física. Hay un poco de todo: hard rock nacional, algo de ruido y protesta, el toque blues-rock habitual y, como de costumbre, alguna sorpresa.

Dale al play…

El número de Shannon

 El número de Shannon – Carpe Diem

Un álbum excelente. Hard rock bien hecho, con tintes melódicos y mucha influencia 80s, letras curradas y un combo producido con gusto. No sobra nada. Disfruta con la comercialidad de Grita al viento (con un rollo Tierra Santa en el estribillo), Lanzando monedas (“para poder vivir te tienes que mojar”) o Canta, el hard de guitarras de Un paraíso donde ir o Por amor, el rollo setentero de Solo con oír tu voz o Viejos amigos (Hammond incluido). Mención a parte para dos canciones opuestas: Carpe diem, ejercicio compositivo arriesgado del que salen muy bien parados, y Al fin libres, sencilla canción sobre las ventajas del paso del tiempo. De Madrid, por cierto. Como ellos mismos dicen, nuevas canciones para nuevos tiempos. Aquí lo puedes escuchar completo.

Dustin Douglas and the Electric Gentlemen – Break it downbreakitdown-

Como si hubieras mezclado a los hermanos Robinson con Steve Ray Vaughan una noche cualquiera. Trío de Pennsylvania con el propio Dustin Douglas comandando la nave a la voz y las guitarras, Matt Gabriel al bajo (una joya) y Tommy Smallcomb a la percusión. Blues-rock de alto voltaje anclado en lo más profundo de los setenta. Buenos riffs, algunos solos memorables y varias piezas a escuchar atentamente: arrastran influencias rock a lo Bad Company en Goodbye, Your face is stunning y Hold of me, abren los bares (o los cierran) con A little bit y su rollo up-tempo, el espíritu Vaughan bucea en Destiny y Fat cat, se dejan caer por tierras sureñas en Ain’t no denyin’ o rozan el funky en My time is precious. Compilación de alto nivel para los tiempos que corren. Por aquí puedes escucharlo.

Kilmara Kilmara – Across the realm of time

Una banda, para mi gusto, en crecimiento, a pesar de los numerosos cambios. John Portillo a la guitarra y Javi Morillo a la batería se mantienen del proyecto anterior y se suman Daniel Ponce a la voz, Didac Pla al bajo y Miguel Lais como segundo guitarrista. Mantiene su línea estilística basada en heavy melódico con toques power muy apoyado en la producción de Roland Grapow, que deja un poso ya conocido en las canciones: batería poderosa, desarrollos vocales melódicos con estribillos rompedores y guitarras rápidas. Tremendos cortes como Purging flames, The forge o The end of the world conviven con un aire sinfónico en My Haven, algo de progresivo en The silent guide, oriental y misterioso en Principles of hatred y mis dos favoritas: Disciples y la más tranquila I shall rise again. Una apuesta segura del género que podéis escuchar aquí.

sentirnos_vivos Ingravitö – Sentirnos vivos por encima de nuestras posibilidades

Otros que van para arriba, los navarros Ingravitö se han marcado un grueso disco de heavy con toques metalcore, mezcla de voces oscuras con otras más melódicas y, sobre todo, mucha libertad musical y expresiva. Tan pronto se acercan a Soziedad Alkohólica como se arriman a Habeas Corpus o donde les da la gana. Nos hablan de los migrantes en Deportado del Edén (brutal groove) o Cuánto dura tu voz con Iker Piedrafita (“ahora no es fácil volver/por miedo a explicarles que/no encontré lo que busqué/cuesta volver a empezar”), la corrupción en Vitaminas pa’ los cerdos, la influencia de los medios de comunicación en Te quieren de rehén, las condiciones laborales en Las que limpian, la diferencia de género en Los cuentos de Sara y el abuso del sistema en Desahuciando el miedo (con El Drogas). Especiales Kobane y la propia Sentirnos vivos por encima de nuestras posibilidades. Han realizado una miniserie con diez vídeos donde los protagonistas de cada canción cuenta su historia. Impagable esfuerzo artístico y comunicativo. Lo puedes descargar en su página web. Txus, Mikel, Iñaki y Xavi dan una vuelta de tuerca a la resistencia.

Halestorm – Vicious 

Metal moderno con raíces sucias y letras agresivamente sexuales, un toque de hard rock por aquí y un poco de melodía pop por allá conforman esta cuarta entrega de Halestrom. Adoro la segunda parte del disco, sobre todo Killing ourselves to live y su estribillo doblado, la melódica Heart of novocaine, la acústica The silence o la contundencia vocal de The white dress. No desentonan los riffs de Black vultures o Buzz, con un rollo eighties en puente y estribillo, ni Do not disturb, más arriesgada. Lzzy Hale no te va a dejar impasible,  desde luego.

 Riot V – Armor of light

Yo había sido (medio) fan de Riot en tiempos antiguos (aquel Thundersteel) y la reencarnación como Riot V me pareció un sacacuartos, como tantas otras, más sin la presencia del carismático Mark Reale. Sin embargo, un amigo me insistió en escuchar este Armor of light, disco que me ha acompañado a lo largo del verano y que debo recomendar. El heavy clásico de armonías improbables, estribillos grandes, solos a dos guitarras (Mike Flynz y Nick Lee) y el doble bombo a tope (cortesía de Frank Gilchriest) . Aciertos plenos en Angel’s thunder, Devil’s reing, End of the world, Messiah, Set the world alight (más moderada), la hipermelódica Ready to shine o la veloz San Antonio. Un clásico moderno vaya.

 

 

 

Música Moderna: julio 2018

El verano suele ser época de pereza y tiempo libre, lo que da, por un lado, ocasión a escuchar mucha música, pero, por otro, pocas ganas de escribir o pasar el rato delante de una pantalla. Sin embargo, me puede el compartir la música que llama mi atención. Y en esta ocasión viene muy variadito: buen blues, un par de propuestas bien heavies, un poco de fuzz, algo de rock patrio y una sorpresa.

Dale al play…

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Dry River – 2038

Increíble trabajo. Una coctelera que recuerda por momentos a Dream Theater, a Topo, a Queen, a Rush, a Asfalto. Buenas composiciones, letras inteligentes, unas interpretaciones no solo al servicio de la canción si no con momentos para la gloria personal y todo bajo un acabado sonoro en donde todo cuadra. Una canción como Peán con sus casi once minutos justifica ya el arte de estos tipos. Pero también han sabido concretar el mensaje en temas como Fundido a negro, Perder el norte, la favorita Me va a faltar el aire, la curiosa Me pone a cien (con su crítica al mass media musical) o Al otro lado (otros ocho minutazos de gloria). Todo el disco merece la pena. Uno de los grandes del año.

Parkway Drive – Reverence Parkway Drive

Cuando no has seguido a una banda y de repente encuentras un disco que te gusta puede que comiences por “lo peor” para sus fans. Pero a quién le importa. Sexto de estos australianos, obra cargada de músculo, riffs agresivos mezclados con una trabajo rítmico a medio camino entre el metalcore y el heavy, un dedo puesto siempre en las armonías y, sobre todo, un intento de abarcar las influencias sonoras de las últimas dos décadas. A destacar la brutalidad de Prey (con estribillo pegadizo), el toque Pantera de Absotlute Power, el aroma de principios de siglo de Shadow boxing, la progresión de Cementery bloom, The void y el esfuerzo compositivo de Chronos.  Unas voces más limpias habrían dado un puntito grande a Reverence.

 Robert Jon & The Wreck – Robert Jon & The Wreck

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Ya dimos cuenta de su álbum anterior por aquí y es un placer compartir su nueva obra. Más influenciados por el folk y el blues que por los guitarrazos roqueros en esta ocasión, quizá un pasito por debajo, ganan las joyas suaves como Shine on o Forever isn’t long enough (gran slide). Dan caña sureña en dos potenciales hits del género como Old friend y Let it go. Demuestran un gran gusto melódico en I know it’s wrong y High time. Y un instrumental de ocho minutos para recordar, Witchcraft. Un granito más en su discografía.

 Taliesyn – Heridas  

A estos sevillanos he llegado de casualidad, por el nombre similar a otra banda (estos se llaman como aquel álbum de Deep Purple). Y me he llevado una agradable sorpresa. Cuarto trabajo en ¡quince años! Unos clásicos, vaya, y yo sin conocerlos. Esa mezcla de hard rock en las bases con elementos más metaleros, un teclado muy seventies y una labor vocal acertada son lo mejor conseguido, aunque quizá han intentado tocar demasiados palos. Falta un estilo definido. A destacar Instinto (“chocan las caderas/en la danza del amor”), Elegía con Manuel Ibáñez (Medina Azahara) a las teclas y Glory (Guadaña) a la voz, el gran trabajo de guitarras de Ni un paso atrás y el aire 90s de Quise Seguiré sin ti (esos Alice in Chains). Una experiencia curiosa.

 The Black Rainbows – Pandaemonium

Sin ser un gran fan del stone o el psycho-heavy, no me niego algún placer de vez en cuando en forma de disco viejuno o nueva publicación, como es el caso de este Pandaemonium de los italianos The Black Rainbows. Sexto disco comandado por la voz y la guitarra de Gabriele Fiori lleno de fuzz, efectos, riffs machacones, una delicia en Riding fast ‘til the end of timeGrindstone o The sacrifice. No desmerecen Supernova & asteroids, I just wanna fire o High to hell. Para amantes de Monster Magnet, Kyuss o, cómo no, los primigenios Black Sabbath.

Khemmis – Desolation 

Los yanquis se han marcado un excelente disco de heavy metal, con sus melódicas líneas vocales, las guitarras armonizadas a lo Iron Maiden o Thin Lizzy y un punto de doom y ruido más oscuro que le da personalidad. Isolation es una gozada, incluyendo un estupendo estribillo y trabajo vocal. El punto épico de Flesh to nothing y su parte central, el equilibrio entre agresividad y seda de la inicial Bloodletting y los más de nueve minutos de From ruin deberían pasar por tus orejas. Un disco breve (seis canciones, poco más de cuarenta minutos) de una banda joven que, ojalá, siga progresando.

 Elisma – Somos nosotros los que hacemos rock and roll

Este trío de Girona se ha comprado una máquina del tiempo, ha paseado palmito por Londres, se han colado a aporrear su arte en los estudios Kingsway durante el otoño de 1981 y han parido una jodida obra retro de hard & heavy. Son claras esas influencias Barón Rojo en temas como Negocio de guerra, Vampiro o Son insaciables, pero se salen un pasito en algunas de mis favoritas, como El enemigo soy yo mismo, Echa a volar o Voy a montar una banda tributo. Muy buenos músicos, por cierto.

 

Música moderna: junio 2018

A veces resulta difícil encontrar buena música nueva, otras, como en esta ocasión, es una gozada poder compartir siete propuestas diversas y emocionantes, cada una en su propio estilo. Me ha quedado bastante heavy en general, aunque creo que los amantes del ruido menos ruidoso podréis gozar de un poco de blues y algo de rock patrio bien hecho. Un poco de música moderna para orejas inquietas.

Dale al play…

  Amorphis – Queen of time

No sé cómo lo han hecho, pero lo han hecho: un pedazo de álbum, impresionante. Quizá estamos hablando de rozar la perfección dentro del estilo, con esa mezcla de agresividad, folclore, melodía y romanticismo metalero. Como si Queensryche y Judas Priest hubieran estado de orgía con una banda de elfos en la casa de Katatonia. Excelente producción; a pesar de las capas de sonido y la complejidad compositiva todo suena limpio. Escucha del tirón The bee, Daughter of hate (qué guitarras), Grain of sand (cuasi comercial, perfecto estribillo), Pyres of the coast, la hiperfolk Message in the amber o la delicadeza de  Amongst the stars. No tiene un minuto malo.

Angelus Apatrida – Cabaret de La Guillotine  

Otros que también han vuelto a hacerlo, y ya suman seis disparos certeros (unos más que otros, por supuesto). Han desarrollado un Universo sonoro propio que viaja en un pentágono mágico conformado por Megadeth, Pantera, Annihilator, Judas Priest y Slayer como principales influencias. Nada de caña sin sentido. Las líneas melódicas y las armonías se agarran a la base rítmica regalando un viaje a la altura, con letras centradas en los problemas de hoy en día. Fantásticas Betrayed, la acelerada One of us o Downfall of the nation.También saben salir de su zona mágica y componer temas como Martyrs of Chicago (con aroma metalcore yanqui), Farewell (curiosa balada) o el estribillo de The die is cast. Un disco que se hace corto.

 Lance Lopez – Tell the truth

Siempre nos gusta recomendar por aquí algún disco de blues roquero. En esta ocasión Lance Lopez (sin tilde, por supuesto) con un compendio de guitarreo, voz rasgada, armónicas y mucha pasión titulado Tell the truth. El manejo del fraseo y las armonías destaca sobre el resto, con unos músicos de apoyo muy cumplidores (ese piano eléctrico), y, por supuesto, un poco de air guitar blusero: Lopez maneja con buen gusto una colección de canciones basadas en su pericia guitarrera, un sorprendente slide, pero con espacio para desarrollar completamente las canciones, que también canta con gusto. A destacar la suavidad de Blue moon rising, el rollo Faces de Cash my check,  la divertida Down to one bar, la rabia rock de Never came easy to me o la musculada versión de John Lee Hooker Mr Lucky.

Doctor Voltaje – Doctor Voltaje  

No hace falta una güija para saber que esta maravillosa propuesta de hard rock lleno de sonrisas y mensajes es excelente. El quinteto valenciano vuela con una mano anclada en los clásicos que tanto amamos y otra en hacer lo que les da la gana. No puedo parar de cantar La bebida y el amor (“me están dejando seco”), Noches de rock and roll (esos The Who), el rollo blues rock de He bajado al infierno (“hay mucho polvo en mi nariz”) o la vacilona Un tipo con suerte. Una producción muy limpia y acertada para hacer accesible la experiencia de Doctor Voltaje, llena de detalles. Unos rebeldes que no siguen el guión pactado, como ellos mismos cantan.

Crisix – Against the odds

El género duro (y sus influencias) goza de otra gran parada en este último trabajo de Crisix, bien centrado en las estructuras clásicas del género pero con un sonido actualizado, y lo mismo se arriman a Overkill o Anthrax como a Gojira o Machine Head. Lo mejor del álbum es la homogenidad de los temas, muy anclados en los cambios de ritmo y tono y el trabajo de melodías gruesas. Leech breeder, Xenomorph blood, Technophiliac y Get out of my head reventarán tu cuello con sus veloces propuestas. Pincha la más melódica Prince of Saiyans, el salto continuo de Cut the shit, la sorprendente The North remembers o Leave your God behind para tener el cuadro completo. Para fans del género.

Judas Priest – Firepower  

No sé si decir que resulta el mejor disco desde Painkiller es decir mucho o poco, pero no dudo que esta colección de canciones, con sus puntos álgidos y menos acertados, está, por fin, a la altura de lo que fueron. Contiene grandes canciones, buenos riffs, algunos solos logrados, los cambios y la producción no parecen un recorta y pega y, desde luego, te hace disfrutar. Claro que se homenajean a sí mismos en muchos momentos, pero ¿por qué no van a hacerlo precisamente ellos? Para mi gusto, Lightning strike, Traitor’s gate, Firepower, Never the heroes (con ese rollito Turbo lover), Children of the sun (¡qué regusto a Black Sabbath!), la épica Rising from ruins, la breve y melódica No surrender, la calma de Sea of red son lo mejor de Firepower, quizá demasiado largo, pero, en cualquier caso, una delicia.

 Whisky Caravan – La guerra contra el resto

La propuesta musical de Whisky Caravan pecaba de parecidos y continuos recuerdos demasiado evidentes pero siempre con un poso de música bien hecha que me hacía hincarles la oreja. El cambio de productor y estudio (Dani Alcover y Estudios Revi) les ha sentado muy bien, dotando a esta tercera entrega de un sonido más personal y directo, alejado de connotaciones pasadas: por fin una colección de canciones grandes, profundas, personalísimas y directas. La inicial La guerra contra el resto  y la final ¿A qué tienes miedo? me parecen lo mejor de esta ¿nueva? propuesta, una épica que puede llevarles lejos. Suenan cerca Naufragio, Si vas a disparar (regusto al debut), la balada Aviones (clasicazo ochentero) o el rock de Aléjate de mí (dedicada a sus críticos: “no soy héroe de leyenda”). A tener en cuenta.

Música moderna: abril 2018

 

Qué vamos a hacer. Músicos de siempre y nuevos talentos haciendo lo que mejor saben: cantar, tocar, bailar y alegrarnos los corazones. Una pequeña selección, con tufillo a clásicos por doquier, de algunos trabajos que nos han llenado las orejas.

Dale al play…

The White Buffalo – Darkest darks, lightest lights

Jake Smith, alias The White Buffalo, fue uno de los varios descubrimientos musicales que hice viendo (y escuchando) la serie Son of Anarchy y su increíble banda sonora. El nuevo trabajo de este personaje ahonda en “más de lo mismo”. Pero de qué manera. Rock, country y blues de guitarras y piano en Hide and seek, la fantástica Avalon y su historia de desesperanza (“this ain’t living it’s waiting around to die”), los malos tipos de la tremenda Nightstalker blues (a mover el culo con pistolas y cuchillos, tremenda armónica), el rollo bailable (palmas incluidas) en The heart and soul of the night o la narración de un atraco en Robbery. La producción de Ryan Dorn y Bruce Witkin destaca la voz sobre el resto, da fuerza a las historias y al sentimiento. Pelos de punta en las baladas If I lost my eyes y The observatory. Un disco completo, personalísimo, que le encumbra como el gran compositor y cantante que es.

Tako – Hilo de cobre 

Lo de estos tipos es impresionante. No tienen álbum malo. Y a estas alturas de la Historia que sigan fabricando canciones tan potentes como Sopa de perro, Hierro negro (“con el alma envuelta en papel de arroz y a veces en plata pura”) o Mala fe resulta hasta sobrecogedor. Fieles a su estilo, pero siempre con una vuelta de tuerca, armonías logradas, estribillos deliciosos y gran trabajo de batería para adornar y soportar canciones tan bien hechas como Prohibido fingir (“cuanta vida sin vivir/cuanta muerte sin morir/(…)/la falsa moralidad”), el toque punk de Resilencia (“hacer un fuego cada noche/por si alguien lo ve”) o El desván de mi raíz. Hay también momentos para la reflexión calmada, como en La flor de la sinceridad (y su rescate emocional), La niebla o el baile pegado de Hilo de cobre (“yo que también tengo cuerdas/ando buscando un buen lutier/que me de un cuartillo de vuelta/me quite el mal roce y el desafinar”). Canciones que hablan de lo que sientes.

 Ultraligeros – Ella elige

Lo hemos dicho muchas veces por aquí. Parece fácil hacer un disco con sonidos clásicos y no sonar una mera copia. Pero no lo es. Y Ultraligeros han conseguido con este Ella elige emular a lo mejor de Burning, Loquillo y sus Trogloditas, Tequila o Barricada incluso. Breves, directas composiciones con ritmos marcados, riffs cortantes, armonías a doble guitarra, algunos pasajes sonoras especialmente brillantes, letras de canallas, amores y protestas personales y, al final, grandes canciones. A destacar: Pesadilla, El tiempo se detieneSoy de acero, Ella elige, A quemarropa y la versión de Alarma!!! titulada Preparado para el rocanrol. Una sorpresa.

Heaven & Earth – Hard to kill 

Más Blackmore que el mismo Blackmore, más Coverdale, más Dio, más Cozy Powell, más Jon Lord que nunca, este Hard to kill rescata lo que más me gusta del Universo compuesto e interpretado por estos artistas a través de un viaje atemporal. No hay aquí un simple homenaje, si no una reconstrucción en toda regla del legado de algunos imprescindibles del hard rock. Joe Retta a la voz y Stuart Smith a las guitarras han fabricado otro clasicazo. Y con Kenny Aronoff a la batería nada menos. Directos en Hard to kill, Hellfire (armónica incluida) o Walk away (excelente armonía y teclados),  más pausados en Bleed me dry o Bad man y hasta comerciales (se eso es posible) en Anthem y la rítmica Monster. Todos los músicos cumplen a la perfección su papel, con huecos para su lucimiento. Muy ameno, bien hecho, sonido perfecto.

Black Stone Cherry - Family tree Black Stone Cherry – Family tree

Por fin Black Stone Cherry han completado un disco a la altura de sus dos primeras obras. Duro y melódico a la vez, con la voz de Chris Robertson en plena forma (canta de diez en My last breath), riffs de guitarra gordos y un trabajo armónico muy fresco y pegadizo (escucha el tema título Family tree). Mucho rollo southern con una variada influencia de estilos. Grandes momentos en Bad Habit, Burnin’ o Southern fried friday night (talkbox ochentero incluido), un toque de piano y soul en New kinda feeling, un poco de blues con Carry me on down the road o Dancin’ in the rain y momentos “mueveculos” en Ain’t nobody o James Brown.

Música moderna: febrero 2018

Como siempre, en Música moderna compartimos contigo algunas escuchas espectaculares de discos publicados en los últimos meses. En esta ocasión nos hemos dejado inundar de blues rock,  un poco de hard rock, alguna propuesta nacional y una brutalidad de metal noruego. Variadito.

Dale al play y disfruta…

 King King – Exile and gracKingKing exile and grace.jpge

No puedes no prestar atención a King King, una de las bandas más en forma del panorama rock actual. Exile and grace tiene todo lo necesario para hacerte disfrutar: un cantante y guitarrista especial, inspiradas composiciones, una banda compacta como un iceberg frente al Titanic, algunos estribillos pegajosos y mucha mala influencia hard rock y blues. Alan Nimmo cada vez es mejor cantante, acercando el registro al David Coverdale de principios de los ochenta (Betrayed me) o al Paul Rodgers de Bad Company (I don’t wanna lie) Mucho rock viejuno. Solo con los dos singles (She don’t) gimme no lovin’ y Long time running , ya hay materia para alucinar. Tiene la sensibilidad para dejar la correctísima balada Find your way home y un inspirado uptempo de título Broken. Un tema como Heed the warning anuncia por dónde van a ir los tiros en el futuro.

Supernatural – Nada que fingir Supernatural

Excelente proyecto del guitarrista Fran Almodóvar con la voz de Thais Suki, lo mejorcito de Supernatural. Les acompañan bien el batera Suso Valcárcel y el bajista Dani Lemos, cumpliendo su cometido con creces pero sin lujos. Hard rock bien producido con momentos más melódicos, algún ramalazo ochentero (Decir no) y un toque moderno (Sé lo que quiero, Su sombra). Thais recuerda en ocasiones a Aurora Beltrán (Interminable) y en otras a Lilith (Nada que fingir), aunque bien es cierto que su personalidad arrasa a lo largo de todo el álbum. Buen trabajo compositivo y un mezcla final de lujo con algunos momentos álgidos, como Tu medicina, Nada va a cambiar (preciosista), No volveré a por ti (rollo Zeppelin, el mejor guitarreo del disco) y Las 13 rosas. Una propuesta que si consigue sumar kilómetros (de carretera) y horas (de ensayo) nos ofrecerá sorpresas agradables en el futuro.

Tinsley Ellis Tinsley Ellis – Winning hand

Un disco casi perfecto de raíces bien clavadas en el blues de mitad del siglo XX. Ellis demuestra su magistral manejo del fraseo, el wah-wah y los tempos apoyado por un colosal pianista/teclista (Keven McKendree). Juega en la liga de The Allman Brothers en Saving grace (quizá la mejor, con sus más de ocho minutos), se arrima al funk en Sound of a broken man y I got mine, parece el mismo Albert King en Don’t turn off the light, se pasea por Chicago en Gamblin’ man y roquea de verdad en Kiss the world y Satisfied (pianísimo). Tremendo solo final en Autumn run. Completo viaje a las raíces del blues rock.

Naipes – Quattro 

No es fácil para una banda nueva hacerse escuchar entre la infinita oferta musical a la que hoy tenemos acceso. Naipes han juntado diez canciones de género ambiguo mezclando estructuras de hard rock y metal con ramalazos de rock “andaluz” y arreglos melódicos cuidados. Sobre todo, escuchas un excelente trabajo de guitarras a cargo de Guti (quien también canta) y Sara. Fantásticas Pólvora con su arabesco y excelente estribillo, el riesgo modernista que asumen en Miedo, la final Antes de disparar, con un riff tremendo, el ritmo mueve-cuellos de El imán (bien Darío a la batería y David al bajo), la delicadeza acústica de Volveré a ser uno más o la mezcla de melodía y rudeza en Hubo una vez.

Ensalved – E Ensalved

Vaya por delante que no soy un fan del black metal ni los sonidos oscuros escandinavos y que las voces guturales suelen atascarse en mi cerebro. Pero este álbum de Ensalved me ha gustado. Tiene un rollo prog en las composiciones más allá del clásico black noruego,  la mezcla de guturales y voces limpias está bien equilibrado, hay un acertado giro hacia la melodía como protagonista de las canciones y han conseguido un muro sónico tentador, con un buen teclista (Hakon Vinje). Feathers of Eolh es un ejemplo perfecto, con sus cambios de ritmo y su constante ir y venir entre el black y el prog metálico. Storm son comienza con una intro casi esotérica para desarrollar diez minutos atmosféricos de rock sin etiquetas: acertadas guitarras (inspirado Arve Isdal) y baterías. Destacan también Axis of the worlds y The river’s mouth, riffs y groove tremendos en cortes de construcción más clásica. Un trabajo para escuchar tranquilito y atento.

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 Jay Jesse Johnson Band – Down the hard road

Excelente álbum de blues rock guitarrero, con ocho temas originales y dos covers (Born under a bad sign y The Messiah will come again). La inicial Down the hard road, con un slide bestial y su historia de carretera, Anyway the wind blows, The blues is a damn sad thing y Bull in the barn (instrumental) demuestran el talento de este tipo con la guitarra y la composición y lo buena que es la banda de acompañamiento. No hay desperdicio. Se arrima al blues del delta en Guilty of the blues y regala un temazo de título Tears of the angels, baladón bluesero con la mejor interpretación vocal (Johnson es un cantante correcto). Un viaje de apenas 50 minutos inspirador y recurrente.

 Malos Tragos – Back to the past

No somos amigos de traer por aquí recopilatorios o discos de versiones al uso, pero Malos Tragos se han marcado un auténtico revival muy original (y casi siempre acertado). Han seleccionado éxitos de artistas tan dispares como Duran Duran, The Cure, Madonna, Sigue Sigue Sputnik o Cindy Lauper y los han pasado por su trituradora personal, dotándoles de una segunda vida rock y hardcore. Además, el álbum está lleno de guiños, con frases de películas y “homenajes” a temas míticos de nuestro rollo (Offspring, Iron Maiden, Ramones). Me quedo con Love misssile F1-11 y su toque Barricada, la increíble Friday, I’m in love y la fiestera Like a prayer de Madonna pasada por Iron Maiden. Curioso y divertido.

 

Música moderna: diciembre 2017

Nuestra pequeña selección de discos aparecidos estos últimos meses. Un paseo por los extremos de la música rock, con un ramalazo country y una bestialidad power metal. Muchos nórdico y mucho de por aquí estas últimas semanas por nuestras orejas y así ha quedado este “top 6”.

Como de costumbre, dale al play y disfruta con nosotros.

Corazones ElectricosCorazones Eléctricos – Corazones Eléctricos

Reconozco mi filia hacia Pau Monteagudo. Con eso por delante, es normal que disfrute de esta aventura en plan power trío con Kako Navarro (bajo) y Víctor Través (batería). Un disco muy trabajado, ruidoso, con poco espacio para el descanso. Influencia de rock seventies en Cama de faquir (riff Page) o Quién salvará el rock and roll, con un piano estupendo (“se quedó colgado el viejo poster de los Rolling Stones”) . Se vuelven profundos y modernos en los arpegios de Vover a empezar o la rítmica Kamikazes, se acercan al blues latino en Bailes de salón y rocanrolean con estilo en Intentando respirar Océanos de flores (“que se queman por amor”). Mis preferidas: El coleccionista de fronteras, Camino al sur y Fuera de sí.

SOLANAS-CD-INVENCIBLES 2016_400x400Solanas – Invencibles

Un tipo que no deja indiferente, un cantautor eléctrico que no oculta sus influencias pero está desarrollando un estilo original y pegajoso. Letras inesperadas en Huelga de pereza (“me he apuntado a los mundiales para batir el record en pesadez”),  Buscando enfermerasUnderground (“no me des más la plasta con tu rollito alternativo”) o El cazador (“siempre estoy buscando inspiración de contrabando”). Entre lo mejor, el pop-rock bien servido de Invencibles, Mi luz, Por ti (“me pegaría la noche entera haciendo el perro por ahí si no fuera por ti”) o Flores (con un regusto a Calamaro) que contrasta con los ritmos de El circoPaula. Un tipo y un disco muy interesante e inspirado.

Martina Edoff - We will align Martina Edoff – We will align

La vocalista sueca Martina Edoff ha editado un álbum muy sueco. Con lo bueno y lo malo que tiene un producto tan característico, se beneficia de una producción y una mezcla excelentes (Tobias Lindell a cargo), una impresionante interpretación vocal y composiciones buenas que por momentos rozan la grandeza. No en vano pasan por aquí Jon Tee (HEAT), Eric Matesson (Eclipse) o Billy Sheehan (Mr Big). Me gusta más cuando se queda en el rock melódico, con sus riffs y estribillos llenos de poder, como en Champions, We will align, Turn our pages o Lay down your arms. Le sienta bien el rollo más hard de I’m invincible, Truth came knocking o Set you free. Falla en las baladas y los medio tiempos, demasiado empalagosos incluso para el estilo. Si tuviera una banda que se luciera un poco más, en vez de dedicarse a cumplir, algunas canciones hubieran sido excelentes. Un disco para gentuza (como yo) que guste de HEAT, Eclipse, Treat y demás basura sueca.

Los Lügers – Slasher Los-Lügers-Slasher-2017-300x300

Ya han pasado Los Lügers por aquí con Ritual y Lucifer. Y, de nuevo, es de admirar su entrega y su buen hacer. Estos tipos siguen a lo suyo disco tras disco con su rock metalero lleno de recuerdos a Motörhead, Misfits y Hellacopters. Sonido brutal, limpio y directo, una producción de lujo para un trabajo en apariencia sencillo. El álbum es un homenaje a las películas de terror (en VHS, esa es la estética visual del álbum) y las letras cuentan las mismas historias. Jack y El resplandor en Redrum (breve e intenso solo, “abre la puerta cielo, solo quiero aplastar tus sesos”), Freddy y sus pesadillas en 1428 Elm Street, Jason y su campamento en Lago de cristal (de mis favoritas) o Scream en Sidney. Buenos riffs, algunos solos estupendos (aunque siempre cortos), una batería que no para de moverte el cuello y estribillos para gritar… de terror.

Beast-In-Black-Berserker Beast in black – Berserker

Más Accept que Accept, más Dio que Dio, más Helloween que Helloween, Beast in black han debutado con pelotas y un gusto por los clásicos envidiable. Encabezados por el guitarrista Anton Kabanen (productor y principal compositor) y el cantante griego Yannis Papadopoulos, han grabado un álbum, para mi gusto, extraordinario, de lo mejor del género. Temas como Blind and frozen, Blood of the lion, Hell for all eternity, Born again o la inicial Beast in black no tienen defectos: buenos estribillos, riffs metaleros, bien arreglados, con el toque melódico justo y su punto de mala leche. Kabanen mezcla con gusto sus solos, con cierto tufillo Malmsteen por momentos, con unos teclados bombásticos y arreglos percusivos acertados. Este tipo sabe qué hace, aunque no esperes sorpresas, tan solo buen heavy con aromas power. Se aceleran en Zodd the Inmortal, Go to hell y The fifth angel. Un poco para incondicionales pero con un puntito para novatos que quieran disfrutar de un álbum sin complicaciones, donde todo está colocado en su sitio.

Chris Stapleton – From a room from-a-room-volume-1

Tenía que pasar, y, sobre todo, por culpa de Eduardo Frutos y su blog. Discazo de country lleno de folk, rock y toques bluseros, con una increíble interpretación vocal (a veces recuerda a White Buffalo, a veces a Paul Rodgers) y algunos pasajes melódicos tremendos. La primera parte (Volume 1) se editó en mayo y la segunda (Volume 2) en este mes de diciembre. Me arrimo más a la rudeza rítmica de Hard’ livin, el southern carcelario de Midnight train to Memphys, el aroma rock de Second one to know, la cadencia de Them stems, la excelente interpretación vocal de I was wrong, el alma perdida de Millonaire o las guitarras y la redención de Tryin’ to untangle my mind. Cuando uno desconoce un género, descubrir un artista como este emociona, sobre todo porque llena las orejas de otras tonalidades y eso siempre gusta.