Versioneando: Ramones en diez versiones

Catorce discos a lo largo de veinticinco años de carrera hicieron de Ramones una de las bandas más icónicas del Universo sonoro del siglo XX, tanto su particular imagen, el logo y, cómo no, las canciones. No es de extrañar que diversos y pintorescos artistas de nuestro rollo se hayan marcado cientos de versiones, entre las que hemos querido destacar estas.

Dale al play…

Mötorhead – Rockaway beach

Los de Lemmy se marcaron una buena versión de este clásico del Rocket to Russia de 1977 en su último álbum de versiones Under Cöver (2017)

U2- I remember you

También del mismo año, 1977, es el original de The Ramones, en esta ocasión del Leave home. La banda irlandesa lo tocó en la gira del All that you can’t leave behind y formó parte del single Elevation en 2001.

Vince Neil – I wanna be sedated

El bueno de Vince probó con varias versiones para su debut en solitario Exposed (1993). Hay que reconocer que esta canción del Road to ruin (1978) suena totalmente diferente en la voz de Neil y la guitarra de Steve Stevens. Acompañó al single Sister of pain.

Kiss – Do you remember rock and roll radio

El cambio de los setenta a los ochenta regaló uno de los discos más cuiosos y hasta polémicos de la banda, el End of the century con producción de Phil Spector. De dicho álbum escogieron los también neoyorquinos Kiss este tema para el recopilatorio tributo We’re a happy family (2003)

Attaque 77 – Beat on the brat

El séptimo álbum de los argentinos, titulado Otras canciones (1998), se dedicó a versionear todo tipo de temas, y entre ellos este que formó parte del debut de The Ramones, titulado como la banda y publicado en 1976.

Metallica – Commando

Una de las bandas del Universo Heavy que más gustosas versiones han grabado en su larga carrera se animaron con este petardazo del Leave home (1977) para completar el single St. Anger (2003).

Backyard Babies – Pet sematary

Una de mis favoritas de los años 80 la recreó Backyard Babies para otro tributo a la banda, en este caso de título The song Ramones the same (2002). La original, en el Brain drain de 1989.

Clawfinger – The KKK took my baby today

Que una banda ruda elija una canción del disco más pop de la banda, el Pleasant dreams de 1981, ya resulta interesante. Si además le dan ese toque tan personal solo puede salir bien. Para el curioso A norwegian tribute to The Ramones (2005).

Sodom – Blitzkrieg bop

No podía faltar una de mis favoritas incluida en el debut de la banda allá por 1976. Los thrasher alemanes se pusieron a ello para su directo Live in Zeche Carl (1994).

Morrissey – Judy is a punk

También escogió un tema del debut un tipo tan poco habitual por aquí como Morrissey para completar el single Spend the day in bed (2016).

Y como regalo, os dejo un enlace con 400 canciones en las que se nombra a Ramones. ¿Quién da más?

https://sabotagetimes.com/music/400-songs-that-mention-the-ramones

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Nick Cave and The Bad Seeds – Let love in – 1994

Tras muchos años y mucha guerra Nick Cave y sus secuaces The Bad Seeds habían conseguido cierto éxito internacional: podían llevar una vida acomodada sin renunciar a su propio estilo (si eso existía para esta tropa). Dos años de interludio tras Henry’s dream donde la vida de Cave había cambiado radicalmente. Casado, con hijos, residente en Brasil, alejado de su viejo mundo de drogas y oscuridad. ¿Qué hacer? ¿De qué hablar? Tras unos pocos ensayos y conciertos por Europa, Nick comienza a componer en un pub de Portobello sin una idea fija, pero seguro de querer dar un paso adelante. Siente que la vida se escapa, que la muerte se escapa, pero el amor entra para contar historias oscuras en las que retozar: amar en tiempos difíciles de modos difíciles. La música y las letras de Let love in se muestran intensas, más que salvajes, sucias, aún más que oscuras, con una opresión controlada que desborda a raudales cuando menos lo esperas. Estos tipos mezclan el post-punk de sus inicios, rabioso, con un blues-rock gótico y pianos mimosos que se quiebran en baladas intensas de cantautor crecido en una esquina infecta. No hay autocomplacencia ni reverencias aquí, si no letras cínicas, irónicas a veces, con dobles mal ententidos, ardientes en ocasiones, conmovedoras. Pero siempre deslumbrante.

Así, el álbum presenta tabajados arreglos, capas de instrumentos y cuidadosas interpretaciones llenas de detalles. Una agudeza oscura y terrible empaña las canciones, una inteligencia que se arrastra entre el mal y el bien. Aunque este disco, a nivel sonora, resulta algo menos oscuro, quizá con un punto de esperanza en sus surcos, endiablada esperanza.

Nick Cave and The Bad Seeds lo formaban en este álbum Blixa Bargeld y Mick Harvey a las guitarras (este último también toca piano, órgano, marimba, lo que sea), Conway Savage al piano, Martyn P. Casey al bajo, Thomas Wydler a la batería y, cómo no, Nick Cave cantando y dándole a las teclas.

Resulta inevitable comenzar el contenido del disco por una de sus canciones más populares: Red right hand. Ha formado parte de numerosas bandas sonoras: de Scream y dos de sus secuelas, de la serie Peaky Blinders, de los créditos finales de Hellboy o Expediente-X. Artistas diversos han hecho sus propias versiones: Artic Monkeys, P. J. Harvey o Iggy Pop entre otros. La estadística dice, además, que es la canción más veces tocada en sus directos. Y, para rematar, sonó en el anuncio del tequila El Jimador. La canción presenta a un personaje siniestro en una dinámica ciertamente cinematográfica. Ese órgano de línea aparentemente sencilla y esos arreglos sonoros le dan profundidad y endiablan el mensaje. El codicioso que ansía poseer todo a cualquier precio, el que cree traer la justicia divina, el que se arriesga al todo o nada. Red right hand nos lleva a un mágico viaje a lo más siniestro del disco.

Esta canción queda, como el resto, emparedada entre las dos versiones de Do you love me?, que abre y cierra el disco en dos pulsiones paralelas y complementarias. Una desde la perspectiva del que abusa, el que explota, el que fuerza; otra, la otra, la opuesta, desde los ojos del que sufrió el agravio, la vergüenza. La primera con su aire gótico y opresivo y ese grito de rabia “¿me amarás?” nos presenta la necesidad de sentirse amado, de meterse en la vida de la persona ansiada a la fuerza si hace falta para exigir ese amor. La segunda resulta más dramática si cabe, más desnudada, con un piano que parece levitar al otro lado del precipicio emocional: la voz del que avanza sin querer parar, perseguido por los recuerdos de un amor forzado, la juventud robada. ¿Me amas? como eco permanente.

Enganchando con la disfunción emocional escuchamos Loverman, segundo single, poderosa canción que regrabaron Metallica en su Grage Inc. (1998). Una canción sobre el deseo en la voz de un tipo peligroso, un abyecto corazón que aguarda al otro lado de tu puerta: aquí está tu demonio, tu amante, tu yo diabólico, el ansia y la necesidad. Por momentos parece que una iglesia con sus órganos y sus campanas se te meta en la cabeza. Esos versos casi susurrados que se rompen con un estribillo rabioso. Da miedo.

No todo es tensión elaborada. Jangling Jack y Thirsty dog comparten una rabia punk conducida por la guitarra. En la primera, tres minutos de torbellino multi-instrumentlas en el que Jangling Jack acaba muerto a balazos en un charco de sangre. En Thirsty dog un exagerado poeta pide perdon desde su asiento del bar por el mal que ha causado, quizá arrepentido pero mas bien conforme con las consecuencias de sus terribles actos.

Si por algo se caracteriza este disco también es por su capacidad para emocionar desde la balada o la canción, digamos, lenta. Nobody’s baby now, con una hermosa linea de piano y guitarra, fue compuesta pensando en Johnny Cash. Arrepentimiento con cierto deje sureño. Ain’t gonna rain anymore comienza con un hermoso pasaje. Una vez cayó una tormenta con forma de mujer, luego mi amada se marchó y nunca más volverá a llover. Un lamento aciago. I let love in vuelve al tema de la pérdida, con una tristeza descarnada que difícilmente deja impasible: la decepción permanente. “Es peor ser el amante que ama que el amante despreciado”. Hermosa melodía que destaca en la figura de guitarra. Lay me low suena tremendamente a Bowie y recoge la intensidad de sus Spiders. La canción de un hombre que atisba su propia muerte y ve o imagina que pasará en un crescendo rabioso. De las interpretaciones vocales que más me gustan.

Un álbum completo e intenso de principio a fin, quizá su mejor obra, una perfecta introducción al enrevesado universo de Cave y sus semillas.

Las mejores colaboraciones de El Drogas

No creo que haya un personaje tan carismático como Enrique Villarreal, alias El Drogas, alma y catalizador musical de Barricada y mosca cojonera en cualquier proyecto que se precie. Los suyos propios: La Venganza de la Abuela, Txarrena o su aventura como El Drogas. O los de otros: incontables. Y lo he intentado. Pero quién se resiste a invitar a uno de los grandes a cantar a su lado, a tocar a su lado, a subirse al escenario o a arrimarse al estudio.

Nuestra pequeña selección de los temas más apetitosos de El Drogas en los discos y las composiciones de todos los demás.

Hortaleza – Porretas y El Drogas

Del disco 20 y serenos (2011). “Ahí Dios se echó la siesta pero no pudo dormir” Qué curioso oír a un tipo tan de su Iruña cantar a un barrio de Madrid, el “barrio de la juerga”. Rocanrol sin concesiones.

Desahuciando el miedo – Ingravitö y El Drogas

Por aquí tenemos debilidad por Ingravitö y no podía faltar su colaboración con Enrique: “porque el Estado vendió hace ya tiempo a los mercaderes tu derecho a un techo”. Un intento de reconstruir nuestra propia voz en contra del desahucio. Del imperdible Sentirnos vivos por encima de nuestras posibilidades (2018).

A la espera – Forraje y El Drogas

Entre acústicas canta “arrancas de mañana y recorres ninguna parte, andas nada piensas poco, a punto de explotar”. Una canción con el consumidor de heroína como protagonista. Lo que duele es controlar. En Estoy que muerdo (2003).

Zorra cruel – Lilith y El Drogas

En el segundo largo de Lilith, madame genuina del rock, titulado Sal si puedes (2009), nuestro colega hace sus pinitos en los coros y en las estrofas centrales.

Y es que tú – Estrago y El Drogas

Lo de Estrago y las colaboraciones da para un capítulo aparte. En este caso, una adorable y terrible canción sobre la prostituta que “recorre la ciudad gritando guapo” y llenando su bolso de dinero y “ganas de llorar” cada noche. Del álbum Cabeza loca (2004).

Los carniceros – Poncho K y El Drogas

Una declaración de intenciones “todos los cuentos me metían miedo”. Una clara reivindicación a renegar de la falsa herencia. A pachas con Poncho K en su 11 palos (2017). Enrique no pudo grabar el vídeo, parece ser.

Duelo de titanes – Dinero y El Drogas

En su autohomenaje A 10 años luz (2018) celebrando su década en los escenarios, la banda Dinero contaron con Enrique para dar un aire nuevo a esta canción. Fantástica.

El perro verde – Marea y El Drogas

Las querencias de Kutxi Romero y Los Marea con El Drogas y sus Barricada son más que evidentes. Una muestra de la adoración común la encontramos, entre otros, en esta canción de Revolcón (2000).

La fiesta en paz – Iratxo y El Drogas

El cantautor madrileño contó con nuestro protagonista para darle caña a este temazo. Un estribillo pegajoso y callejero que debió merecer mejor suerte. Del álbum Amor y otras guerras (2014).

Sembrar la verdad – Insolenzia y El Drogas

Qué sencilla realidad: “en cada silencio hay un muerto y en cada lamento hay un vendaval”. Hermosa reflexión. Aparece en La boca del volcán (2010).

El charco – Karkoma y El Drogas

Una joya oculta, un desconocido tema recogido en A cuatro patas (2014). Dale al play y disfruta.

Baja por diversión – La Fuga y El Drogas

Qué ociosa posibilidad, una baja por diversión. En su álbum de 2005 Negociando gasolina los de Reinosa contaron con la voz de nuestro protagonista para reclamar un poco de fiesta cuando sea necesario.

Que corra el aire – Ciclonautas y El Drogas

“Cansado de la burla y de tanta potestad que acá los mismos culos vuelven a sangrar” y así seguimos. Reivindicando “que corra el aire” y que sufran otros en el álbum de 2014 Qué tal?

Cervecita y caldouva – Sínkope y El Drogas

“No seremos nunca mansos” clama El Drogas en esta canción. Reflexión sobre los que aprenden de los libros y de la vida para mejorar su vida y saber estar. Hay que ser valiente para compartir micrófono con Vito y sus complejas letras. En Museo de rejas limadas (2015).

Otra luz – Cero a la izquierda y El Drogas

En el más que recomendable No ha dejado de llover (2015) encontramos esta tonada: “y no quiero canciones tampoco poesías, todo lo que quedaba murió en la travesía”. Nada de sucedáneos.

Siete pecados – 4 de copas y El Drogas

Y también del 2015 este descarado texto sobre la pecaminosa vida que nos gastamos, siete pecados que “me llevan hacia ti”. Cambiar el alma con el del tridente para disfrutar de un calvario lleno de pecaminosas tentaciones. Del álbum El cuento se acabó.

Nunca dudes en llamar a El Drogas si tienes una buena canción y algo que decir. Que dure muchos años.

13 canciones con intro A Capella

El recurso de comenzar una canción con unas estrofas cantadas sin música, es decir, a capella, se extiende desde los inicios del rock y fue muy popular en los años sesenta y setenta. Los mismos The Beatles la usaron en numerosas ocasiones. A veces una breve frase, en otras ocasiones una anticipación del estribillo, en otras un pequeño discurso premonitorio. Escuchando el muy recomendable programa semanal dedicado a este mismo tema del amigo Lemmy Rock (aquí el enlace) decidí plagiar su idea para elaborar mi propia lista de canciones que comienzan con la voz lanzada al aire sin más paracaídas que la oreja del oyente. Trece piezas diversas, diferentes y exageradamente buenas.

Humble Pie- 30 days in the hole

Extraordinaria canción del extraordinario Smokin’ de 1972. Breve intro con intercambio de voces y un rollo “improvisado” fraseando el estribillo.

Queen – I want it all

Recurso habitual de la banda, aparece en Bohemian Rhapsody, Mustapha, Fat bottomed girls o este I want it all, primer single del álbum de The Miracle (1989).

Kiss – I just wanna

Paul Stanley comienza a capella la primera estrofa de la canción, definitoria del resto de la letra: “tengo un cuerpo hecho para el pecado y apetito por la pasión”. Del álbum Revenge (1992).

The Eagles – Seven bridges road

Versión de Steve Young, quien la grabara en 1969, aparece en el Eagles Live de 1980. Una canción donde predomina el trabajo a capella sobre el instrumental, mero acompañamiento de las armonías vocales.

Bruce Springsteen – Ain’t got you

Abriendo el Tunnel of love (1987), igual que la canción anterior, la voz cobra protagonismo y la instrumentación es un acompañamiento para desarrollar la melodía vocal. Un sencillo ejercicio de genialidad.

Tigertailz – Love bomb baby

En el año 1990 los hiperlaqueados Tigertailz desde la fría Inglaterra nos regalaron esta bombástica canción con intro recogiendo el estribillo. Armonía pegajosa. Parte de Bezerk (1990)

Kansas – Carry on wayward son

Esta canción entraría en el top ten de cualquier colección de canciones a capella. Parte del álbum clásico Leftoveture (1976). Más de cuarenta versiones lleva acumulada y ninguna tan genial como la de Kansas.

Riot V – End of the world

Clásicos de segunda división reconvertidos, grabaron un disco fantástico en 2018 de título Armor of light lleno de canciones heavies arquetipo del género. Y no podía faltar la intro a capella anticipando el estribillo.

Yngwie Malmsteen – Heaven tonight

El irreductible sueco Malmsteen concedió esta loa vocal a Joe Lynn Turner para el primer y mágico single de su obra más popular, Odissey. Un clásico del género, la línea principal del estribillo.

Yes – I’ve seen all good people

Arquetipo de la intro a capella. Presentación impecable armonizada a varias voces del tema que reinará en el estribillo o al final de la canción. Una gozada del tercer disco de Yes, el que les alzó a la fama, titulado The Yes album (1971).

Led Zeppelin – Black dog

Otro clásico del género. Robert Plant comienza su historia mientras la banda aguarda presta para hacer su parte. La voz queda sola en varias ocasiones, un detalle característico de Black dog. Abre el mítico IV (1971).

Ghost – Year Zero

Cuando uno quiere parecer un clásico qué mejor que utilizar sus recursos. Y en una discografía que rescata lo mejor de los sonidos heavies y rock de las últimas tres décadas y los pasa por su máquina santificada no podía faltar una intro a capella. Aparece en Infestissuman (2013). Muy maldito.

Millenium – Power to love

Un disco por el que tengo debilidad, Hourglass (2000), contiene esta estupenda intro a modo de primera estrofa (larga) del tema. De lo mejorcito de Jorn Lande.

Lo mejor de Blackfoot

En el año 1982 se editó Highway Song Live, quizá uno de los mejores directos de southern (hard) rock, un compendido de canciones que resumen los primeros cinco discos de Blackfoot y trece años de esfuerzo continuado. Aunque la Historia musical del grupo comienza en 1969, cuando cuatro amigos de Jacksonville, Florida, deciden formar una banda, no fue hasta 1975 cuando grabaron en los estudios Muscle Shoals un estupendo debut de southern, blues y rock a partes iguales de título No reservations. Los cuatro amigos eran la dupla guitarrera de Rickey Medlocke y Charlie Hargrett, como protagonistas, la batería de Jackson Spires y el bajo de Greg Walker. La influencia del sonido Lynnyrd Skynnyrd se hace notar (no en vano Medlocke y Walker formaron un tiempo con ellos). A destacar I stand alone, Railroad song y Born to rock.

El grupo insistió al año siguiente. Flyin’ high, que así se llamó su segundo largo, viaja en los mismos caminos pero con menos inspiración, y aunque Medlock canta con ímpetu las guitarras suenan menos atronadoras. Island of life, Flyin’ high, Try a little harder o las dobles guitarras de Stranger on the road destacan sobre el conjunto. En esta época pudieron girar con gente de alto rango y tocar ante multitudes acompañando a Kiss o Ted Nudgent. Pero ni por esas consiguieron vender bien. Decidieron tomarse un tiempo fuera del estudio, madurar su propuesta en ensayos y más conciertos.

Strikes (1979) se llamó el tercer disparo y esta vez sí dieron en la diana, subiendo al número 42, alcanzando el disco de oro y comandando su propia gira. Quizá su mejor obra, que ya rescatamos por aquí, con su tema más conocido, Highway song, hard rock melancólico sobre la vida en la carretera, de concierto en hotel, alejado de la amada. Contaron con varias colaboraciones, como el teclista Pat McCaffrey, el percusionista Henry Blind Baby y las armónicas de Cub Koda y Shorty Medlocke, padre de Rick y compositor del primer single de Strikes, una de sus más conocidas canciones, por otro lado: Train, train. Junto a ellas, cómo no destacar Left turn on the red light o las versiones Wishing well (Free) y Pay my dues (Blues Image).

Los buenos resultados les animaron a mantener a los productores y a insistir en la misma línea, aunque quizá algo más endurecidos, más volcados al hard rock. Temazos como Gimme, gimme, gimme, Warped, Fox chase, la blusera Spendin’ Cabbage o el slide de Every man should know (Queenie) hacen que merezca la pena cada minuto de Tomcattin (1980). Poco después se lanzaron a por Marauder (1981) haciendo una trilogía imprescindible del souther y el hard rock. Contiene su single de mayor éxito, Fly away. Momentos rabiosos en Good morning, Searching o Dry county junto a otros más calmados como la balada Diary of a workingman.

Lamentablemente la buena vida se acabó con aquella gira de 1982. Tensiones en la banda, cambios de intenciones y estilos musicales hicieron muy duro permanecer en Blackfoot. Para empezar, añadieron a un teclista de renombre, Ken Hensley (Uriah Heep), y dieron un cambio a su estilo. Había que vender más, ser más grandes, más jóvenes. Eso del rock sureño estaba pasado de moda. La obra se editó en 1983 y se llamó Siogo; se aleja de esa raíz southern para adentrarse en el hard y el AOR. Parecen unos Survivor de Jacksonville en Teenage idol o Goin’ in circles, resultones, pero mantiene su fuerza en Heart’s grown cold (de Nazareth), We’re goin’ down o Send me an angel.

Charlie Hargrett es el primero en abandonar el barco antes del siguiente y, a la postre, último álbum de Blackfoot, titulado Vertical smiles (1984), con una portada horrorosa y una propuesta musical llena de sintetizadores, característico de la época (ya os hablamos por aquí de ello, el heavy poppy). Aunque suenan extraños, hay que rescatar Get it on, In for the kill, Heartbeat and Heels o Young girl . La falta de éxito y más tensiones hicieron que la banda se deshiciera, quedando Medlocke como único “miembro”. En realidad decidieron dejarlo, pero el cantante retomó el nombre y giró como Rickey Medlocke and Blackfoot, hasta el momento que se unió a Lynnyrd Skynnyrd.

Un legado de veinte años con un trío de ases en estudio (Strikes-Tomcattin-Marauder) que pocas bandas pueden presumir de poseer en su discografía. Han llenado pabellones con su propia gira, han vivido muy bien de su arte y se han codeado con algunos de los grandes. No está mal para unos chavales que comenzaron tocando en un bar de topless llamado Dub’s.

Algunos discos que sigo escuchando(12): especial PROG

Ni soy un entendido en rock o metal progresivo ni vengo a dar lecciones de ello; tan solo compartir algunos discos, quizá de bandas menos conocidas, que de un modo directo o indirecto caen en el subgénero que se ha dado en llamar progresivo. Es curioso, como el oyente profano de rock o metal tiende a dejar de lado estas experiencias por considerarlas complejas y, a veces, poco agradables, pues requieren una escucha atenta y larga. Y, en ocasiones, no nos engañemos, los músicos buscan más el lucimiento, la creación enrevesada, el virtuosismo que el entretenimiento o la emotividad que debe acompañar cualquier experiencia artística.

Unos cuantos discos que sigo escuchando. Disfrutad.

Magic Pie – The suffering joy – 2011

Estos noruegos editaron un álbum increíble en su ya excelente discografía. Las voces de Eirikur Hauksson y Eirik Hanssen (y el apoyo de Maria Bentzen) hacen de cada canción una experiencia armónica fantástica. Si le añades un guitarrista (Kim Stenberg) que lo mismo suena a Petrucci como a Hackett y un teclista, Gilbert Marshall, que se pasea por lo más inspirado de Yes o Asia, una producción elegante y equilibrada, unas composiciones inteligentes, ¿qué tienes? Un gran disco del género. Comienza con una canción de 25 minutos, A life’s work, dividida en cuatro partes, y continúa con otros cinco temas “menos extensos”, destacando Headlines (ese Hammond), Slightly mad (unos Deep Purple modernos) y Tired (épica sin concesiones).

Threshold – March of time – 2012

Tras la pérdida de su vocalista un año antes, reclutaron a Damian Wilson para fabricar el, quizá, mejor álbum de Threshold. March of time navega entre el metal melódico, el rock progresivo al estilo clásico y un toque pop en las melodías vocales, con pocos excesos innecesarios. La inicial Ashes regala ese excelente estribillo en medio de una maraña de riffs guitarreros, una batería colosal y buenos cambios; accesible, comercial, pero sin perder la rudeza. En la misma liga juegan Don’t look down y Coda (recuerdos de Dio). Al lado, Return of the thought police mantiene el estilo, pero con un tempo más moderado, y en Staring at the sun y Colophon son más arriesgadas, al menos en lo instrumental y en los arreglos. Algo más moderna suena The hours y bestial final con Rubicon. Karl Groom y Pete Morten hacen un gran trabajo con las guitarras y Johanne James se sale en la batería.

Riverside – Shine of new generation slaves – 2013

Aunque sin abandonar ese fondo metálico que nos gusta, Riverside navegan más por el prog melancólico y con cierto deje tranquilo que por el heavy o los riffs rudos. El rollo Opeth de Deprived (irretrievably lost imagination) o The depth of self-delusion junto con Celebrity touch y, quizá, Feel like falling, donde roquean al viejo estilo, destacan sobre los demás cortes. En Escalator shrine el Hammond hace magia. Muy enfocado en las melodías, donde Mariusz Duda a la voz se sale, tiene puntos fuertes instrumentales en los teclados de Michal Lapaj y en el equilibrio rítmico de guitarras y bajos. Sinceramente, estos polacos no enseñan nada nuevo, ni siquiera puede decirse que intenten ser ambiciosos, pero grabaron un completo álbum de obligada escucha.

Redemption – Snowfall on Judgement Day – 2009

Una banda poco conocida a pesar de su innegable calidad. Se arriesgan con su heavy moderno lleno de matices transtemporales y lo mismo te fabrican un excelente single con un riff eighties y un Hammond en medio como Peel que pasean once minutos por diversos pasajes emotivos en Love kills us all/life in one day. Un disco técnico pero no carente de emoción y buen gusto. Comandado por Nick Van Dyck a las guitarras (principal compositor) y con los ex-Fates Warning Ray Alder (voz) y Bernie Versailles (guitarra) a su lado, suenan directos en Walls (otro excelente teclado de Greg Hosharian) y Leviathan rising, se alargan en un mid-tempo en Black and white world, hacen un estribillo potente en What will you say y reconducen una balada metalera a final feliz en Keep breathing. James Labrie (Dream Theater) canta en Another day dies.

Flying Colors – Flying colors – 2013

Flying Colors aparecieron como una aventura temporal con su aire pop-rock en melodías, arreglos y estribillos y pasajes instrumentales emotivos. Pero el resultado fue tan espectacular que tuvieron que quedarse. Steve Morse (guitarras), Neal Morse (teclados y voces) y Mike Portnoy (baterías) como estrellas y la sorprendente versatilidad vocal de Casey McPherson pasean por caminas transitados muchas veces por gentes diversas: suenan a Supertramp, a Queen, a ELO, a Muse. Melodías vocales y estribillos pegajosos en Kayla, Blue ocean y The Storm, grandes guitarras en Shoulda coulda woulda, Infinite fire (qué teclado) y All fall down y la emotividad de Love is what I’m waiting for y Everything changes. Parece mentira que compusieran y grabaran esta música en menos de dos semanas. Una historia que aún hoy continúa.

En este enlace te dejo una pequeña selección en modo playlist para que lo disfrutes.

Versioneando: las mejores versiones de Stevie Ray Vaughan

Comentaba esta semana con amigos de las redes sociales lo importante que era hace muchos años la opinión de la crítica para encumbrar o hundir a un artista, cuando interné no ponía a nuestro alcance cada nota musical grabada y teníamos que fiarnos del boca a boca, del locutor de radio o del opinador de las revistas.

Y me acordé de Stevie Ray Vaughan a cuenta de su actuación en Montreaux de 1982. La mitad de la sala le aplaudió y la otra mitad le abucheó por su anómala forma de interpretar el blues. Si hubiéramos hecho caso a los segundos habríamos perdido a un genio. Afortunadamente David Bowie estaba allí y se alistó en el primer bando, le dio sitio en su disco Let’s dance y, de manera indirecta, le abrió las puertas a un gran contrato discográfico.

Como buen bluesman, Stevie se arremangó para recuperar clásicos (y no tanto) y pasarlos por la batidora de seis cuerdas que tocaba con ese deje Hendrix mezclado con el más salvaje King. Y de esa colección de versiones seleccionamos un puñado para deleitarnos juntos.

Dale al play…

Close to you – 1985

En su álbum póstumo The sky is crying se incluyeron varias versiones, algunas rescatadas de viejas sesiones. Esta que Muddy Waters editó en 1958 por primera vez, y uno de sus temas más populares, tiene un gusto especial en la guitarra de Stevie. Hay versiones grabadas desde 1983.

Little wing/Third stone from the sun – 1985

Little wing fue otra canción que le acompañó a lo largo de los años. Hendrix la hizo grande en su The Jimi Hendrix Experience (1967). Incluida en el álbum Soul to soul, donde la completa con Third stone from the sun. Una delicia.

Superstition – 1986

Escoger una canción de Stevie Wonder no estaba en el ideario de un guitar hero bluesero. Pero cuando escuchas lo que este tipo hace con el tema no se pueden poner objeciones. Stevie Wonder la grabó para Talking book (1972) y Stevie la editó por primera vez en Live Alive.

Mary had a little lamb – 1985

Uno de sus primeros clásicos, transformado de la versión de Buddy Guy (1968). Acompañó sus primeros pasos y dejó una versión tremenda en el Live at Montreaux de 1985.

The sky is crying – 1985

Cómo no incluirla. Una de las canciones de Elmore James más recuperada en el mundo del blues desde que la editara en 1960; casi todos los grandes la han tocado alguna vez: Eric Clapton, Albert King, Johnny Winter o George Thorogood. Esta la grabó en 1985 y aparece en su póstumo The sky is crying.

Criminal world – 1983

David Bowie cayó encantado bajo la magia de Vaughan y decidió darle protagonismo en su álbum Let’s dance (1983). En él se recoge esta cover de Metro, editada seis años antes. La guitarra de Stevie y la voz de Bowie.

Tin Pan Alley – 1984

De mis favoritas. En su segundo largo Couldn’t stand the weather clavan y alargan este tema de Jimmy Wilson compuesto por Bob Geddins. El original se editó como single en 1953. En el vídeo la versión en directo con Johnny Copeland.

Let me love you baby – 1989

Y de pronto Willie Dixon. Para su último disco en estudio empaquetó este temazo en su propio estilo y de qué manera. La original data de 1961. A Stevie le gustaban los más clásicos.

I’m leaving you (commit a crime) – 1986

El que no podía faltar: Howling’ Wolf. Y con una canción que también intentaron The Rolling Stones o Kenny Wayne Shepherd. Wolf grabó dos versiones de este tema. Una editada en 1971 en el álbum London sessions y otra, grabada cinco años antes, que no vio la luz hasta 1979. Aquí, Vaughan en su Live Alive.

Música Moderna: febrero 2019

La intensidad con la que 2019 se llena de estrenos es asombrosa. No da tiempo a escuchar y asimilar todas las novedades. Como, además, somos de carácter perezoso, van pasando por delante tantos como van quedando. Igual no son los mejores, quién sabe, pero son algunos que han sonado reiteradamente por nuestras orejas y han demostrado caber en nuestro buen gusto. En esta ocasión venimos muy metidos en el blues y en el hard rock seventies. Por aquí os dejamos una selección de la música que más nos ha gustado estas últimas semanas.

Dale al play…

Kris Pohlmann – Feel like going home

Si disfrutas con gentuza como Gary Moore, Rory Gallagher o los Status Quo setenteros no dejes de prestar tu oreja a este tipo. Buen guitarrista, voz rasgada pero no carente de técnica y melodía, composiciones muy acertadas y sinceras sobre su vida en la calle (fue un sin hogar una temporada) y su crecimiento como artista. A destacar las más contundentes: Not your only one, So damn easy, Worried mind (la más setentera), Close to you baby (con su sección de vientos) o Love won’t last. El resto de los cortes se mueven en el blues más clásico, con toques roqueros y hermosos solos, tales como Upside down (de lo mejor), Revelations o Volatile skies. Un puntazo del género hoy en día.

Los DelTonos – Fuego

Hay grupos que van ganando adeptos con los años a base de mantener una sólida carrera tanto en estudio como en directo. Y así Los DelTonos llegan a este Fuego (el número catorce de su catálogo) con su innegable líder Hendrik Röver a la cabeza. Y es una gozada sentir el poder de la creación, la necesidad de decir cosas siempre en la boca y las manos de artistas con talento. Trece canciones nombradas con una sola palabra que se mueven entre el rock “de raíces” (léase aquí Led Zeppelin, ZZ Top, Aerosmith, Lynnyrd Skynnyrd, lo que queráis), un toque de funk (Limpio) y un poco de lo que “me da la gana”, como ese rollo Josele (Los Enemigos) en Sinceramente. Crítica abrasiva en Águilas (esa derecha viejuna), Vergüenza (políticos ladrones) o Majestad (monarquía chupasangre); reflexiones vitales en Doctor, Fuego, Correcto (“es lo que había que hacer”) o Rutina. Una escucha obligada.

Brian Barnhouse – Sign of life

Un tipo curioso. Lo intentó en los noventa con poco éxito y se dedicó a trabajar como músico de sesión y compositor hasta que hace pocos años comenzó una discreta carrera en solitario. Hace unos meses editó esta maravilla de AOR/Hard Rock melódico lleno de texturas y matices adorables. Una voz con semejanzas a Darren Warton y Jeff Porcaro, que sabe moverse entre los sonidos más elaborados de One in a million o Best for you y los más sencillos y directos de Your song o All is fair. Una gozada ese ramalazo Brian Adams (el bueno) en Wrapped up with you o a los propios Toto en Sign of life. Un álbum a destiempo.

Rival Sons – Feral roots

Siempre me sorprende cómo algunas bandas de larga trayectoria solo consiguen dar con la tecla en contadas ocasiones. Rival Sons han fluctuado alrededor de esa diana en sus últimos discos, siempre con calidad, aunque quizá faltos de ese puntito de genialidad. Por fin, en este Feral roots, se caen en la marmita de la inspiración y presentan un álbum redondo (a pesar de alguna experiencia extraña). El mejor desde Pressure and Time. Guitarreos de calidad y grandes melodías vocales: Do you worst, Stood by me, Back in the Woods, Look away o la impresionante Too bad (esto sería un clásico de otra época). Y lo que marca la gran diferencia: los ruidos acústicos, el folk, el góspel, los coros majestuosos de Feral roots, Imperial joy, All directions o la final y genial Shooting star. Qué buenos.

Dilemma – Random acts of liberation

Una banda comandada por el batería (Collin Leijenaar) y el teclista (Robin Z) ya apunta a un sonido distinto. Si añades un buen cantante (Dec Burke) y un guitarrista técnico y melódico a la par (Paul Crezee) el conjunto seguro que no defrauda. Random acts of libertion tiene un espíritu positivo que nada en el rock progresivo pero con toques muy pop en las melodías y preocupación por lograr la atención del público con buenos estribillos. Canciones muy sólidas, rock de guitarras y teclados: The space between the waves, Pseudocomaphobia (y su toque Queen) o Play with sand. Elegancia rock en The inner darkness, All that matters, Prodigal son (cierto toque eighties) y Openly. Para echar el rato con una buena copa en la mano.

Inglorious – Ride to nowhere

Tercer largo de estos británicos mandados por la voz Nathan James. Potente hard rock con Coverdale y Bonnet como referencias inmediatas, bien elaborado, buena producción y esas guitarras que tanto nos gustan. En principio, nada nuevo bajo el sol, pero, en la práctica , una colección de sonidos, canciones, guiños llenos de rabia, de ímpetu, de dedicación. Una gozada escuchar Freak show, Tomorrow, Never alone, Time to go o Where are you now? Juegan con el espíritu Bettencourt (Extreme) en Queen, el toque Van Halen en Liar o la balada íntima en Glory days. Para quienes desean perpetuar el espíritu del hard rock auténtico.

Canciones sobre el Antiguo Egipto

La magia y el misterio que aún hoy en día emanan las historias, las leyendas, los mitos del Antiguo Egipto resulta asombroso. Quizá sea la civilización cuya imagen más se ha difundido en el mundo occidental, con sus pirámides, sus faraones, sus dioses, sus jeroglíficos.

Esta magia, este misterio, ha inspirado a multitud de artistas a lo largo de los siglos. Y nuestros músicos no iban a ser menos, claro. En esta selección que aquí traemos aparece el faraón, el esclavo, la misma maldición personificada, el renacido, el condenado, el que huye.

Una maravillosa colección de canciones sobre el Antiguo Egipto y sus mitos.

Gamma Ray – Valley of the Kings

El dios que resurge de su tumba en el Valle de los Reyes para conquistar el mundo. Aparece en el EP de 1997 del mismo título.

Nightwish – Sahara

La ira del faraón y una huída a través del desierto. Del álbum de 2007 Dark passion play

Tierra Santa – La momia

En su Tierra de leyenda (2000) incluyeron la historia del faraón muerto que, convertido en momia, no se pudo salvar y está condenado a permanecer en su tumba para siempre.

Mercyful Fate – Curse of the pharaohs

King Diamond advirtiendo: “no rompas los sellos ni disturbes su paz” o te caerá la maldición de los faraones. La escuchamos en el álbum Melissa de 1983.

Metallica – Creeping death

La décima plaga de Egipto hecha música. James Hetfield es la muerte que se arrastra para acabar con los primogénitos del faraón. Single editado en 1984 que forma parte del álbum Ride the lightning.

Iron Maiden – Powerslave

El tema que da título al disco de 1984 nos cuenta en primera persona la impotencia y el lamento del faraón en el momento de su muerte, cómo se resiste a ser un esclavo del poder de la muerte y amenaza con esperar el paso de los siglos para emerger de nuevo de su tumba.

Dio – Egypt (the chains are on)

Del mismo año, 1984, también otro lamento, pero esta vez del esclavo que vive con las cadenas puestas y solo desea que su día se acabe. Pertenece al álbum The last in line.

Nile – Those whom the gods detest

Una banda de death metal que dedica toda su música a narrar historias ambientadas en el Antiguo Egipto. Y con asombrosos resultados. Este tema que traemos, del álbum de igual título, editado en 2009, pone voz al impenitente, al blasfemo, al que ofende a los dioses.

Perseveranth – Pirámide

Una canción de 2017 por una banda de Álava en su disco debut Creador. El nacimiento de un nuevo dios, inmortal, que resucita de su pirámide para combatir a sus enemigos.

Alice Cooper – Love it to death – 1971

El álbum con el que empezó todo, el álbum con el que pudo acabar todo. En el año 1970 Alice Cooper y su banda estaban perdidos. Con dos discos sin ningún éxito, un contrato de poco futuro, decidieron mudarse de Los Ángeles a Detroit, ciudad donde la movida estaba creciendo con gente como MC5, The Stooges, Ted Nudgent o Grand Funk Railroad haciendo ruido. Y tuvieron suerte. Su “jefe”, Frank Zappa, vendió el catálogo de su compañía, Straight Records, a Warner, dejaron de estar desamparados y recibieron su última oportunidad. Un todo o nada. Solo necesitaban un productor.

Ellos querían a Jack Richardson (The Guess Who) para su “todo o nada” . Pero el tipo no les tomó en serio y recomendó a un novato: Bob Ezrin. Y comenzó la leyenda. De Ezrin y de Cooper. Bob tenía por entonces cero experiencia y 22 años y quedó impresionado con la locura musical de estos tipos: ambos comenzando casi de cero hasta el infinito (y más allá). Hicieron una maqueta de cuatro temas. Ahí comenzó la Historia.

Michael Bruce (guitarrista) y Dennis Dunaway (bajista) compusieron extraordinarios riffs y melodías, Alice Cooper (cantante) engrandeció con interpretaciones alucinantes, Bob Ezrin como productor y miembro extra metió arreglos, teclados, lo que hiciera falta, la batería de Neal Smith mantiene y modifica los ritmos y los cambios y los solos de Glen Buxton simplemente anticipan lo que va a venir.

En cierto modo, a partir de aquí Alice Cooper fue un pionero, no porque inventara, pues ya había bandas que usaban ropajes, teatro y maquillaje, si no por darle un contexto coherente a la música y la actuación, dotanto a sus actuaciones de un espectacular dramatismo. Y, además, estaba basado en canciones excelentes. El gran Cooper defiende que Love it to death y su gira por el Reino Unido parieron a Ziggy Stardust y a la parafernalia de Bolan y su Electric Warrior, que Paul Stanley y Gene Simmons comenzaron a maquillarse y a fabricar sus personajes a partir de un concierto en Nueva York aquella misma gira (luego le “robaron” a Ezrin) y que el mismísimo Lou Reed se mimetizó con su personaje para crear el animal de Transformer y Berlin (también le “robó” a Ezrin).

En Love it to death se da la habitual dicotomía de los siguientes años; canciones directas y en apariencia sencillas mezcladas con otras más complejas y largas. I’m eighteen será su primer éxito. Todo encaja en esta canción: el riff de cuatro acordes sobre la batería, la armónica al inicio, el solo de Glen, el órgano al final de la canción, la letra existencialista del hombre que duda entre la adolescencia y la edad adulta: “I’m a boy and I’m a man/I’m eighteen and I don’t know what I want”. Les puso en el top y en todas las radios y sus conciertos comenzaron a llenarse. Caugh in a dream, que abre el álbum, tiene un aire muy british, con un piano dando fondo al riff de Bruce y Alice mostrando su particular voz, mitad cantando, mitad recitando, hasta un estribillo melodioso. Los chicos lo tienen claro, sus sueños les atrapan (“You know I need a houseboat and I need a plane/I need a butler and a trip to Spain/I need everything”). La excelente Long way to go, compuesta por Bruce, corre rápida por los oídos, con el bajo y las guitarras a la par, y Alice gimiendo “no podemos parar” tenemos que seguir porque hay un largo camino por recorrer ¡Y tanto!

Aparece la primera canción larga del disco, más de nueve minutos, en la que se mostraría la silla eléctrica durante los conciertos. Black Juju, compuesta por Dunaway, comienza con una larga intro de batería, sigue apoyada en el ritmo de Smith y Dunaway, una canción muy cruda, oscura, donde Alice da rienda suelta a su personaje y se adueña de los silencios y los contrastes hasta el épico y distorsionante final.

De seguido aparece el sonido Detroit en dos composiciones ruidosas. Is it my body vuelve a la tierra para regalar un riff básico con otra letra explosiva, quizá el mejor estribillo del disco; el joven Alice le pregunta a sus fans ¿quieres esto que soy o quieres lo que parezco que soy?: “is it my body/or someone I might be/or somethin’ inside me”. Otro clásico de la banda. Sin respiro nos ofrecen un poco de redención en Hallowed be my name, otro corte directo: bendito sea mi nombre, pecadores, venid a mí, yo escucharé vuestras historias sucias. Bárbaro riff, por cierto. Contrastan con Second coming, su agradable piano, el misterioso tono vocal, la supersticiosa desazón “quiero andar sobre las aguas, hablar de nuevo con los ángeles” y no sentir que el diablo calienta y es más listo cada día.

Como penúltimo corte, The ballad of Dwight Fry, locura desde su misma concepción. Alice quiso narrar la historia de un actor del mismo nombre que hacía un personaje enloquecido en una versión de Drácula. Con la ayuda de Ezrin se imaginó a sí mismo cantando con una camisa de fuerza en un hospital mental. Y ese mismo número lo trasladaron al escenario, para romper en el clímax final la camisa y gritar “I want to get out of here”. ¿No escucháis al futuro Bowie y a sus Spiders from Mars en esta canción? Y para terminar una versión circular, hipnótica casi, Sun arise, que pone una guinda sixties a un álbum que catapultó a los escenarios de medio mundo a la Alice Cooper Band.

Como curiosidad, la portada fue censurada tras la primera edición. Alice aparece mostrando su dedo corazón en donde podría estar su pene y eso no gustó. Las siguientes ediciones muestra una foto similar de la misma sesión o incluso, en las más recientes, la misma foto con un poco de photoshop tapando la mano. Los ofendiditos.

Ese mismo año, tras una densa gira, editaron otro imprescindible, Killers, del que también hablaremos otro día aquí, quizá su mejor obra, depende del día. En cualquier caso, Love it to death arrancó la carrera de Alice Cooper y sus chicos y sirvió de espejo para otros muchos artistas. Poco más de treinta y cinco minutos de rock. A disfrutarlo.