Canciones basadas en 1984 de George Orwell

Algunas obras literarias trascienden sus propias páginas y se convierten en mitos incluso para quienes jamás se acercaron a ellas. Algunas, como 1984 de George Orwell, siembran un poso de obsesión entre sus lectores, aquellos que creyeron a lo largo de los años que sus vaticinios se harían realidad. No acertó del todo Orwell con la fecha, pero sí con los hechos fundamentales. Lo curioso es que, publicada en 1949, el autor trataba de compartir su visión del absolutismo de los regímenes comunistas y fascistas, a la vez que avistaba el futuro de cualquier sociedad que dejase el poder en manos de una élite. El control de unos pocos sobre el comportamiento y los pensamientos del resto: la erradicación de la propia persona, del amor, de las decisiones, del individualismo. Al fin y al cabo, una novela sobre la libertad y la condición humana. Una fábula de lo que el mundo es, en cierto modo, hoy en día.

Esta narración anticipatoria caló en las cabezas de muchos de nuestros artistas. Algunos se obsesionaron con 1984 dedicándole canciones de manera más o menos directa. Otros escogieron personajes, frases o escenas emblemáticas de la novela como lema o razón de sus propios mensajes. Y aquí os presentamos una pequeña selección de canciones inspiradas en la obra de George Orwell, 1984.

David Bowie – We are the dead

En 1973 Bowie estaba enfrascado en musicar el libro con (hasta) una veintena de canciones. Por motivos legales, el proyecto no salió adelante y el cantante decidió grabar un álbum “tradicional” que acabó titulándose Diamond dogs (1974). Sin embargo, al inicio iba a llamarse como esta canción, We are the dead. Junto a 1984 y Big Brother salieron de ese fallido proyecto. En esta, Bowie toma una frase de Winston Smith, personaje que trabaja en el Ministerio de la Verdad corrigiendo el pasado.

Spirit – 1984

La banda de Randy California editó este single en 1969 y lo incluyó en su álbum Clear del mismo año. Reflexionan sobre la pérdida de la libertad, del propio pensamiento, tan presente en el libro: “Oh just where will you be when your freedom is dead/Won’t you listen tonight?” para implorar en el estribillo a modo de advertencia “1984/Knockin’ on your door/Will you let it come?”.

Muse – Resistance

Muse dedicaron buena parte de su álbum The Resistance (2009) a las historias de la novela. El tema Resistance nos sitúa en una escena íntima y prohibida donde dos amantes (Winston y Julia) esconden sus sentimientos “Is our secret safe tonight/And are we out of sight/Or will our world come tumbling down?”. Un amor prohibido, pero, a la vez, su única forma de resistir “Love is our resistance/They’ll keep us apart and they won’t stop breaking us down”.

Rage Against the Machine – Testify

En esta ocasión, los RATM utilizan la idea de control total de la obra (“We found your weakness/And it’s right outside your door”) y la acercan a la realidad de su época. Parte del éxito hoy en día de 1984 radica en la fuerza de algunas de sus imágenes y lo cercanas que son a nuestra propia vida. Utiliza el lema de el Partido (The Party) como colofón y resumen: “Who controls the past now, controls the future/Who controls the present now, controls the past”. ¿Una idea descabellada?

Elton John – Restless

Supongo que no fue casual en en el año 1984, el de la publicación de esta canción en el álbum Breaking hearts, Bernie Taupin y Elton John hicieran un alegato anticomunista utilizando el ideario de la novela de Orwell: “The walls have ears, Big Brother’s watching/They tell us that we’re poisoned from everything that we’re touching”. La canción se inspiró, también, en la situación de Alemania, por entonces dividida, y la tensión producida por el debilitamiento paulatino del bloque comunista: “they’re breaking down doors in foreign countries”.

Incubus – Talk shows on mute

En su álbum de 2004 A crow left of the murder… reflexionan sobre la importancia del control y la imagen “Come one, come all/Into nineteen-eighty four/Yeah, three, two, one…/Lights! camera! Yeah!” y cómo condicionan nuestros gustos, una pesadilla “Gran Hermano” dentro de nuestras cabezas. Muy curioso el vídeo.

Todd Rundgren – Sons of 1984

Relectura del mito de la obra. Rundgren avisa a los jóvenes que el control y la falta de libertades ya está aquí: “Open your eyes and see/the world I couldn’t change for you” y les invita a revelarse “You are the only ones/there is nobody left but you”. Ellos son los hijos del control, de 1984, pero tienen la oportunidad de cambiarlo “but the brothers broke stride, the sisters cried/now you have to start all over again”. Grande Rundgren.

Judas Priest – Electric eye

Los británicos usaron el nombre y la idea del ojo omnipresente de la obra que vigila constantemente a la población: “Up here in space/I’m looking down on you/my lasers trace/everything you do”. Nadie puede escapar al control “I am perpetual/I keep the country clean/I’m elected electric spy”. El Gran Hermano que todo lo controla. Del Screaming for vengeance de 1982.

Thrice – Doublespeak

En el imaginario de 1984, una élite de personas fingen ignorar lo que ocurre alrededor, toleran la situación para conservar su estatus a expensas de otros: “Honey if think you have seen a crime/you just look the other way”. Mira para otro lado, organiza tu cabeza, aquí no pasa nada “I slowly cut my soul away/and piece by piece I sacrificed/tTo comfort and piece of mind”. Montaña de feedback sobre una progresión de piano en el séptimo álbum de Thrice titulado Beggars (2009).

Radiohead – 2+2=5

En Hail to the thief (2003) Radiohead siguen con la misma idea, los que conocen y no se oponen porque creen que así no hacen nada malo. No creo que haya un ejemplo más clarividente de los falsos dogmas impuestos por la élite gobernante en 1984. ¿Es posible negar la razón lógica más básica? Esta expresión matemática irracional debe ser creída como si fuera cierta. Por que así es el mundo que os proponemos, un tiempo y un espacio donde todo será como nosotros queramos, porque todo fue como nosotros queremos.

Bad Religion – Boot stamping on a human face forever

El título está extraído literalmente de una frase de la obra: “If you want a picture of the future, imagine a boot stamping on a human face… FOREVER!”. La canción enfoca la dificultad del individuo para decidir libremente en una sociedad tan controladora, el miedo a ser un ente individual. “Sometimes it’s never a crime to spend the day in bed” y eso es exactamente lo que Winston y Julia hacían cuando fueron detenidos. En el álbum The Empire strikes first (2004), al que pertenece esta canción, utiliza varias referencias de la obra de Orwell.

Riot – Narita – 1979

La historia de estos muchachos resulta muy curiosa y será contada en otra ocasión; por el momento, baste decir, para contextualizar este Narita, que se fundaron a mitad de los setenta y editaron su debut en 1977, con muy poco éxito. La banda se mantuvo unida en una primera versión hasta 1983, tras cinco discos. Su (mínimo) éxito comercial lo alcanzaron en una segunda reencarnación en 1988 con Thundersteel

Entonces, ¿qué es Narita? Pues un producto underground del heavy metal americano de finales de los setenta. De hecho, se editó exclusivamente en Japón a través de la discográfica Victor; por eso el rollo del nombre y las letras de la portada: Narita es el nombre de un aeropuerto nipón que, parece ser, construyeron sobre terreno sagrado; de ahí la bizarra portada con el aguilucho, el avión y las calaveras. Toda esta parafernalia corrió a cargo de Marcia Loeb, pareja del productor y manager de la banda, Steve Loeb, con una ilustración de Steven Weiss. El álbum, por entonces, estuvo disponible como importación en Estados Unidos y Canadá hasta que Capitol Records lo editó en diferentes países como parte del pago por realizar una gira teloneando a Sammy Hagar, estrella aquel año de la disquera. Permaneció descatalogado desde principios de los ochenta y apareció en cedé en 1989 para, cómo no, el mercado japonés. Vivió en el olvido hasta que en el año 2005 la magnífica Rock Candy le dio una segunda vida digna en cedé (¿os he dicho que podéis regalarme el catálogo completo de Rock Candy?) y en el 2016, por eso del 40 aniversario de la banda, Metal Blade se encargó de ponerlo de nuevo en vinilo con una remasterización y una cuidada parafernalia, a la altura del contenido musical.

El contenido musical encaja perfectamente en el rollo que se comenzaba a hacer a finales de la década y acabó convirtiéndose en el Reino Unido en la New Wave of British Heavy Metal y en la New Wave de heavy norteamericano, poco después: canciones basadas en riffs de guitarras rápidos y armonizados, con numerosos solos, una batería con pegada en bombos y platillos, líneas de bajo apoyando las melodías y buenos y sólidos estribillos. De hecho, Riot se convirtió en los primeros ochenta en una especie de grupo británico honorífico, con un sonido más parecido a las bandas británicas y con más éxito en Europa en que sus estados natales. 

Las canciones fueron compuestas por el guitarrista y líder Mark Reale y el cantante Guy Speranza, con la ayuda puntual de Rick Ventura, segundo guitarrista. Junto a ellos participaron el bajista Jimmy Iommi y el baterista Peter Bitelli, quienes desaparecerían poco después de la historia de la banda. Lo produjo el nombrado Steve Loeb junto a Billy Arnell en los Big Apple Recording Studios de Nueva York. Aquí una foto de los muchachos.

Waiting for the taking abre con la voz de Speranza como protagonista sobre la batería y las guitarras cortantes, buen ritmo y una letra que anima a la esperanza, a no tirar la toalla: “when you feel you’ve grown apart/you’ve gotta scratch and bite”. Reale y Ventura intercambias solos, otra constante de Narita. Adoro esos momentos en que suben y bajan las guitarras, una por cada canal. Dos minutos de solazo final para rematar. Del mismo patrón está cortada 49er, quizá más hard seventies, con buenos recuerdos a Montrose, banda de la que hacían por entonces versiones en directo, rondando la letra el tema de los sueños rotos y los soñadores que cuentan sus historias “some never made their dreams come to life/many men fell from a gun or a knife”. Contundente comienza Kick down the wall que contiene hasta tres solos de guitarra (comienza, parte central y final) y un trabajo de Iommi fantástico, subiendo y bajando por el mástil en constante apoyo a las seis cuerdas. La letra ahonda en el placer de la música “we’ll keep the music playin’/kick it on down” y en compartirlo con los muchachos “the boys down at Johnny D’s/they’re lookin’ for love to tend/music and language tapes”. Uno de los mejores estribillos. La versión acertada y acelerada del Born to be wild y el instumental Narita (¿no escuchas a los futuros Iron Maiden en él?) cierran la cara A.

La cara B sigue con la misma mierda metalera, amplificada por el fantástico riff de Here we come again, con un puente-estribillo típico del género, armonizando voz y línea de guitarra, para romper en un interludio pegadizo y otra barbaridad de guitarreo a cargo de Reale. Venga, esos cuernos al aire “here we, here we come again”. Y sin parar movemos el culo con Do it up, rollo rocanrolero, muy fiestera, donde suenan a unos Aerosmith metalizados. A estas alturas debo reflexionar: parece increíble que con tan pocos medios y de una manera semiprofesional fueran capaces de grabar un disco tan bueno, con un sonido más que decente. La masterización, seguro, ha ayudado a darle lustre y aire a la edición original. Por cierto, quizá el mejor solo de guitarra esté en este tema. Y nunca un disco de rock&metal sin su canción de follar. Hot for love debió resultar hasta guarra para la época “the one thing that she never got a taste of was to get down in between” porque “she’s hot for love” y no perderse los efectos sonoros. Y tras el frotamiento, el himno reverencial al concierto de cada noche: “up all night, sleep all day/comes the action/when we star to play”. Ya sabéis que cada concierto es especial y si la música suena la vida es mejor, y esto se encargan de recordarnos Riot en White rock con otro estupendo riff. Y el cierre con Road racin’ no hace más que ahondar en las fantásticas cualidades metaleras de Narita, con otro bestial y acelerado riff, con el bajo doblando a las guitarras y Speranza reventando en un estribillo de puro directo. Bandaza.

Está claro que Narita pasó sin éxito por el mundo. A pesar de todo, Riot fueron teloneros de bandas como AC/DC, Rush, Judas Priest o Motorhead y participaron en el Monster of Rock de 1980 junto a Rainbow, Scorpions y Saxon. No está mal para unos muchachos sin contrato discográfico. 

Recordando a Roy Bittan: sus mejores colaboraciones.

Cuando en el verano de 1974 un veinteañero llamado Roy J. Bittan leyó en el Village Voice un anuncio reclamando un pianista que supiera tocar “desde clásico a Jerry Lee Lewis” poco podía imaginarse que aquel momento cambiaría su vida. Se presentó junto a otros muchos a las audiciones y acabó siendo elegido para acompañar al por entonces aún poco célebre Bruce Springsteen en la grabación del que sería su espaldarazo definitivo al éxito, el álbum Born to run (1975). Y se ganó su puesto a pulso; no solo tocó un sinfín de pianos y metió coros, si no que ayudó al jefe a convertir sus composiciones en inmortales canciones: escucha, por ejemplo, Jungleland o Meeting across the river. Desde entonces ha sido pieza imprescindible de la E Street Band.

Es difícil saber como hubiera sonado Springsteen sin Bittan. Lo más seguro que peor, con menos emoción. O quizá no. Su capacidad de creación y sus dotes musicales le han llevado a trabajar como músico de estudio para un buen puñado de artistas, que hoy repasamos y seleccionamos.

Como siempre… dale al play.

David Bowie

Un encuentro casual con el guitarrista Earl Slick le llevó al estudio con David Bowie. Comenzó tocando en TVC 15 y acabó llenando de teclas todo Station to station (1976). Cinco años después volvió a colaborar en tres cortes de Scary Monsters (and Super Creeps).

Meat Loaf

Con su colega Max Weinberg a la batería, su admirado Todd Rundgren a la guitarra y Kasim Sultan en el bajo montaron una buena orquesta en el álbum Bat out of hell (1977). El tono operístico, bombástico, de las composiciones de Jim Steinman cuadró bien con el piano de Bittan, y, siempre que pudo, Steinman contó con él. Así, aparece también en Dead ringer (1981) y Bat out of hell II: back into hell (1993).

Jackson Browne

En pleno éxito tras Born to run y en espera de Springsteen para meterse de nuevo en el estudio, recibió una llamada del productor Jon Landau y colaboró en el cuarto disco de Browne, titulado The Pretender y editado en 1976.

Peter Gabriel

Otra fantástica banda: además de Gabriel y Bittan escuchamos a Robbert Fripp a la guitarra y Tony Levin al bajo y el Chapman stick. Producido por el propio Fripp, Peter Gabriel II (1978) fue un álbum adelantado a su tiempo.

Dire Straits

El productor Jimmy Iovine (ingeniero en los discos de Springsteen) le reclamó para el tercero de Dire Straits, Making movies (1980), y redondear las composiciones de Mark Knopfler. Un acierto.

Stevie Nicks

Y de nuevo Jimmy Iovine le llevó a colaborar con Stevie Nicks por primera vez para el álbum Bella Donna (1981). Grabó sus partes en directo durante unos pocos días, pero se enganchó a la cantante hasta el punto de salir con ella de gira; la única vez sin Bruce. Con Nicks grabó también en The wild heart (1983) y Street angel (1994). Algo había.

Donna Summer

El décimo y homónimo álbum de la diva publicado en 1982 debe de ostentar el record de la mayor cantidad de colaboradores por segundo de canción: además de nuestro protagonista, gente como Michael Jackson, Stevie Wonder, los hermanos Porcaro, Steve Lukather, Bruce Springsteen (quien compuso el tema que aquí acompaña) y un largo etcétera, vaya.

Bob Seger

Y ese mismo año 82 (los descansos entre discos y giras con Bruce se hacían largos) colaboró con un maduro Bob Seger en dos cortes de The distance. Volvieron a trabajar juntos en The fire inside (1991) y en It’s a mistery (1995).

Bonnie Tyler

El amor que sentía Jim Steinmann por nuestro hombre le llevó a una de la producción de más éxito de Bonnie Tyler, el álbum Faster than the speed of light (1983) donde se encontraba el single Total eclipse of the heart. Roy enganchó con Tyler y produjo y tocó en otros discos, como Secret dreams and forbidden fire (1986) o Bitterblue (1991).

Patty Smyth

Roy produjo el álbum homónimo de 1992 de esta cantante estadounidense (no confundir con Patti Smith) y grabó el piano y los teclados. Consiguió cierto éxito con el single que pinchamos a continuación, aunque la carrera de Patty no fue a más.

Lucinda Williams

También como productor y como músico de sesión contribuyó a redondear el quinto de “la Williams” titulado Car wheels on a gravel road (1998) y convertirla en un éxito masivo. Además de las teclas se encarga del acordeón.

La grungificación del rock y el metal en los 90

Todas las épocas tienen su sonido rompedor, un músico, una banda o un grupo de bandas que hacen temblar lo establecido en la música popular y dan un giro de volante al mercado. En ocasiones de manera definitoria y permanente, como hicieran Cream y un tal Jimi Hendrix a finales de los sesenta o The Sex Pistols y compañía a finales de los setenta. En otras, se convierte en una moda pasajera. A comienzos de los noventa un movimiento musical (o comercial) surgió desde Seattle para copar las listas de ventas de Estados Unidos y el mundo. Un movimiento que se llamó grunge y cuyo nacimiento repasamos en este post. En 1991 se publicaron Nevermind (Nirvana), Badmotorfinger (Soundgarden), Ten (Pearl Jam) y Facelift (Alice in Chains). Entre los cuatro juntan más de treinta millones de discos vendidos. Ese mismo año ocurrió otro hecho significativo: Metallica publicó su álbum homónimo, el black album, y se comió el mercado metalero. La transición del thrash casi underground a ser la banda superventas fue un mazazo para el género. A comienzos de 1992 Pantera publicaba Vulgar display of power para poner una nueva forma de hacer metal en los hogares de millones de chavales, lo que se denominó groove metal.

Las bandas de rock y metal que habían reinado a finales de los ochenta comenzaron a tener problemas de mercado. Los fans habían girado sus orejas a estos nuevos rebeldes llenos de ira y poder sónico, mientras que las “viejas” formas se consideraban trasnochadas. Como en tantas otras ocasiones, la “industria” se frotaba las manos; puso su dinero en cualquier banda que sonara a grunge, a groove, a metal “moderno” arrebatándolo de las producciones y la promoción de los sonidos “eighties”. El hair metal, el rock arena, el thrash y el heavy de armonías guitarreras estaba muerto.

Las estrellas de aquellos años lo pasaron mal. Dee Snider dijo “fue una disociación de todo lo que se hacía en aquella era: la ropa, el pelo, el sonido, la puesta en escena”. Hasta una mega estrella curtida como Sammy Hagar afirma que se sentía inseguro y confiesa: “decía a los chicos: pongamos a esas bandas en el maldito cartel; así los fans sabrán lo buenos que somos; pero era miedo a quedarnos solos lo que nos llevó a esa decisión en realidad”.

Algunas bandas mantuvieron el tipo, su estilo, con mayor o menor suerte, a veces con cambios drásticos en sus filas, y a ellas les dedicaremos otro post en el futuro. Hoy nos centramos en bandas veteranas y noveles que aún albergaban la esperanza de triunfar y no dudaron en girar sus voces y sus guitarras a los nuevos sonidos. En unas ocasiones contratando a los productores de las nuevas estrellas; en otras incluyendo a nuevos miembros que dieran con esa tecla moderna; a veces, simplemente, imitando de la mejor manera posible. A eso le hemos llamado grungificación. Aquí seleccionamos ocho discos de esos grupos que, con mejor o peor suerte, intentaron capear el temporal que había hundido su barco del tesoro en aquellos primeros noventa. Algunos, incluso, fueron más brillantes.

Como siempre… dale al play.

Mötley Crüe – Mötley Crüe – 1994

El cambio radical de uno de los estandartes del hair metal y la superficialidad de la década anterior. Jon Corabi sustituía a Vince Neil, aportando otra voz y una segunda guitarra, pero, sobre todo, un modo de componer que Nikki Sixx aprovechó para intentar ser la banda más cool del momento. Eligieron en la producción a Bob Rock, el tipo que había llevado a Metallica a lo más alto, para sonar duros, oscuros. El disco no vendió bien, las giras se cancelaron, comenzaron a tocar en locales pequeños y la historia de Corabi acabó abruptamente pocos años después con el regreso de Vince Neil y un engendro titulado Generation swine (1997).

Winger – Pull – 1993

La banda de Kip Winger y Reb Beach había alcanzado la popularidad multiventas con sus dos primeras obras (Winger en 1988, In the heart of the young en 1990). Llenaron sus composiciones de texturas metaleras, dieron más importancia a la percusión y los cambios de ritmo y oscurecieron su propuesta de manera voluntaria, cambiando la orientación de muchas letras hacia asuntos sociales y políticos. El disco, excelente, no consiguió competir en el nuevo mundo y la banda desapareció una larga temporada.

Dangerous Toys – The Rtist 4merly known as Dangerous Toys – 1995

Fueron divertidos hasta el final. Abrazaron las sonoridades grunge y algo de metal al estilo Alice in Chains pero no perdieron la sonrisa. Incluso el libreto imita al de Facelift (1990). La portada y el título ya son una burla hacia Prince, su cambio de nombre y la portada de Lovesexy (1988), falo incluido. Como a otros, acabó siendo su canto del cisne, pero muy recomendable escucha también. Murieron con estilo.

KISS – Carnival of souls – 1997

Una historia también curiosa la de este álbum. Paul Stanley y Gene Simmons intentaron (una vez más) subirse al carro de moda para mantener el flujo de dinero. Contrataron a Toby Wright, quien había trabajado con Soul Asylum y Alice in Chains, para oscurecer el sonido. Bruce Kulick compone la mayoría de cortes y es la voz solista por primera vez en uno de ellos. El disco, grabado a finales de 1995, se aparcó ante la inminente reunión del line-up clásico de la banda. Pero los bootlegs comenzaron a distribuirse entre los fans y la compañía discográfica decidió editarlo de manera oficial con el título de The carnival of souls: the final sessions en 1997.

Skid Row – Subhuman race – 1995

Otra vez aparece Bob Rock por aquí. La banda decidió endurecerse de manera definitiva metiendo sonidos metaleros, un poco de groove y un toque modernete, con una producción oscura y algo claustrofóbica por momentos. Aunque demostraron adaptarse bien a la época, la compañía Atlantic les dio la patada y Sebastian Bach y Rob Affuso acabaron fuera del grupo. No volvieron a levantar cabeza.

Ozzy Osbourne – Ozzmosis – 1995

Este caso resulta bien curioso. Ozzy se metió en el estudio a principios de 1994 con el productor Michael Wagener y la idea de hacer un disco con Steve Vai. El asunto no funcionó. Vai abandonó el proyecto. Hicieron la preproducción con Wagener, pero la compañía no quería repetir los sonidos “antiguos”. Contrataron a Michael Beinhorn, productor de Red Hot Chili Peppers (Mother’s milk, 1989), Soul Asylum (Grave dancers union, 1992) y Soundgarden (Superunknown, 1994), para lograr canciones más “de mercado”. Músicos clásicos como Zakk Wylde, Geezer Butler o Rick Wakeman sonando a puro nineties. Les fue bien.

Slayer – Divine intervention – 1995

Las estrellas del thrash también pasaron su crisis. Los magníficos Slayer recurrieron a la mano de Toby Wright (Alice in Chains, Soul Asylum) para co-producir y mezclar este Divine intervention. Además, cambiaron su forma de componer, fueron más cercanos a los temas de su entorno en la forma de escribir las letras. La compañía cambió el estilo de la portada, en un intento de actualizar, también, la imagen. La ausencia de Dave Lombardo en la batería dejó a Paul Bostaph a los mandos del bombo, un todoterreno. La propia banda se quejó posteriormente del sonido final del disco, aunque vendió bien y mantuvo los auditorios llenos.

Anthrax – Sound of white noise – 1993

Ya dedicamos un post a los años con Jon Bush a la voz, que comienza, precisamente, con este álbum. Los neoyorquinos contaron en la producción con Dave Jerden, el tipo tras el éxito de Alice in Chains (Facelift en 1990 y Dirt en 1992) y que había trabajado con Social Distortion y Jane’s Adiction, entre otros. Letras más serias, un sonido más metalero, quizá algo oscuro por momentos, con un gran trabajo rítmico. Lo curioso es que vendió más que en su época dorada.

Versioneando: las mejores versiones de Aerosmith

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Versioneando: las mejores versiones de Aerosmith

Aerosmith han gustado de rellenar de versiones su dilatadísima discografía, a veces con vocación de dar nueva vida a canciones favoritas, otras con la sana intención de pasar un rato e, incluso, como relleno ante la falta de ideas. En cualquier caso, el estilo particular de estos tipos, sobre todo la voz de Steven Tyler, nos han dejado varias revisiones de temas más o menos conocidos al “estilo” Aerosmith. Aquí, algunas de nuestras favoritas (y no ha sido fácil).

Adelante… just push play!!

Walkin’ the dog (1973)

Formó parte de su debut homónimo. La original la compuso y grabó como single Rufus Thomas en 1963.

Remember (walking in the sand) (1979)

Con Jimmy Crespo en las guitarras en lugar de Joe Perry, se incluyó en Night in the ruts. Uno de los pocos temas rescatables. The Sangri-Las la hicieron single de éxito en el verano de 1964.

All your love (1991)

Es difícil datar la fecha en la que grabaron esta versión. Quizá 1977. Aparece en sus directos de aquellos años. La que os traemos aquí aparece, tal cual, en Pandora’s box (1991). La original es un clasicazo que Otis Rush grabó en 1959.

Stop messin’ around (2004)

Para el álbum Honkin’ on Bobo escogieron un selecto puñado de canciones y les dieron su toque personal. Buena recreación de este tema que Fleetwood Mac grabaron en 1968.

Milk cow blues (1977)

Un viejísimo blues de 1934 a cargo de Kokomo Arnold pasado por la licuadora Aerosmith. La banda grabó su versión para el álbum Draw the line (1977).

Cry me a river (1982)

En unos años duros, luchando por su propia salud, su crédito como músicos y sus vidas personales, metieron este temazo que Julie London grabara en 1955 en Rock in a hard place (1982).

Come together (1978)

Aunque más cercanos a “los Rolling” que a “los Beatles”, no hicieron ascos a aparecer en un disco homenaje a los Fab Four con una recreación de Come together. La original se escucha en el Abbey Road de 1969.

Train kept a rollin’ (1974)

Quizá la cover más famosa de los bostonianos, original de Tiny Bradshaw (1951). El cantante Steven Tyler se enamoró de la versión que The Yardbirds popularizaron a mitad de los sesenta. Una gozada.

Rockin’ pneumonia and the boogie woogie flu (1987)

Este divertido corte lo grabaron para la banda sonora de Less than Zero (1987) en plena ola de fama y reconversión. El original corresponde a Huey Smith y data de treinta años antes.

Spiderman Theme (2002)

Y para cerrar una muy curiosa. Aficionados a musicar cine, nos regalaron esta para otra banda sonora, la de Spiderman de 2002. Además, la editaron en un recopilatorio ese mismo año. La original fue grabada por Ray Ellis en 1967.

Tom Petty & The Heartbreakers – Hard Promises – 1981

El tercer álbum del de Florida, Damn the torpedos (1979), le había llevado al éxito, a codearse con lo más granado del mundillo musical, a la portada de The Rolling Stones y a ser una cara conocida. Sus canciones empezaban a calar en un mercado nacional cambiante tras una crisis, la del petróleo y la construcción, que dejó decepción y bolsillos y corazones agujereados. Tom y sus colegas del instituto, encajados en el apodo de The Heartbreakers, junto con el mismo productor del éxito, Jimmy Iovine, se metieron en los mismos estudios Sound City y Cherokee de Hollywood para repetir el mismo éxito. ¿Qué podía salir mal? Pues casi todo. No fue una producción fácil. 

Primero tuvieron problemas con dos de sus músicos: el baterista Stan Lynch y el bajista Ron Blair. Stan no era del gusto de Iovine y discutían a todas horas. De hecho, se trajo a baterías de fuera para probar, encontrar el tempo, el ritmo, la toma perfecta. Algunas canciones tenían hasta cuarenta tomas de batería, todas distintas. Al final, casi todo el trabajo volvió a caer en las baquetas de Lynch, a quién más terco. En el álbum se acredita en la percusión también a Phil Jones. Y es que hay de todo: caja china, pandereta, timbales y hasta una marimba puede que suene por ahí. El bajista Blair tenía otro problema distinto; empezaba a distanciarse de sus colegas, no se sentía parte del mundo “Heartbreaker” y su éxito. Comenzó a ser sustituido durante las grabaciones. El propio Tom o Mike Campbell agarraban el bajo y Duck Dunn está acreditado en una de las canciones. Poco después de estas sesiones Ron recibió la carta de despido, esperada por su parte, y puso rumbo a una nueva vida, montando un negocio de surf y ropa de baño en primera línea de playa.

Nos quedan los dos triunfadores. Mike Campbell comenzó a sentirse más poderoso en la toma de decisiones, empezaba a ser la mano derecha del jefe, la “otra voz”. Tres de sus composiciones, además, acabaron en este disco. Sus guitarras cobraban protagonismo. Benmont Tench dio otro paso al frente y con el piano y el Hammond, principalmente, rellenó las exquisitas melodías de las canciones, dio empaque y brillantez a este Hard promises.

La grabación se extendió varios meses buscando ese sonido definitivo. No querían una copia de su éxito anterior. ¿Acaso The Beatles grabaron dos veces Rubber soul? La obsesión de Iovine por el ritmo y la percusión y el afán perfeccionista de Petty se transformaron en docenas de tomas para cada canción, en horas decidiendo la mejor toma y en más horas rellenando y adornando cada corte. Tanto es así, que Hard promises debe escucharse con auriculares para apreciar los muchos detalles que esconde, a veces sutiles, a veces definitivos.

Tanta paja mental llevó a cierta hartura en la banda. Sin embargo, lograr la versión final de The waiting o You can still change your mind les puso una sonrisa enorme: lo tenían. Y ese impulso les llevó un pasito más arriba. Petty había compuesto letras excelentes sobre melodías muy cuidadas, comenzaba a crear personajes con los que el público se identificaría, con problemas muy cercanos a ellos. 

Y en medio de todo esto aparece Stevie Nicks. Por aquel entonces era pareja sentimental del productor, vivía en su casa. Iovine comenzó a trabajar en el disco en solitario de la cantante de Fleetwood Mac, que acabaría titulándose Bella Dona (1981), y qué mejor que contar con el amigo Tom para componer algún cantecito. El bueno de Petty se marcó en un rato una letra sobre una melodía que venía escuchando en su cabeza desde días antes, un tema que acabó titulándose Insider. Tal era la cercanía que Tom sentía con ello que no dejó a Iovine y a Nicks que la utilizaran, para, después, grabarlo él con su banda en este Hard promises. De este modo comenzó la colaboración a tres bandas, trío artístico: Nicks cantó en el álbum de The Heartbreakers y estos se apalancaron en Bella Dona: Petty y Campbell cedieron el mayor éxito del disco, Stop draggin’ my heart around, y la banda tocó por aquí y por allí. De hecho, Tench participa en la composición de otro corte y sus teclas suenan en casi todas las canciones. En cierto modo nuestros protagonistas grabaron disco y medio al mismo tiempo.

Con todo esto, el álbum terminado, la promoción preparada, surgió el conflicto del dinero. La compañía MCA creía que tenía un superventas y quiso estrujar más la vaca subiendo el precio. Lo normal entonces es que las novedades se marcaran a 8,98$ salvo que tuvieran precio de “estrellas” y salían a 9,98$. Y esto hizo MCA. Al pobretón que Petty llevaba dentro le pareció una estafa a su público y peleó para que no fuera así. De hecho, propuso llamar al disco Eight Ninety-Eight. Al final cedió la compañía. La portada es una fotografía en blanco y negro de Joel Bernstein pintada por Bennet Hall. Como curiosidad, en el plástico alrededor de la galleta central se lee “We love you JL”. Las primeras ediciones tenían este mensaje en honor a John Lennon, fallecido mientras grababan Hard promises.

¿Y el resultado final? Uno de los álbumes más inspirados de Tom Petty & The Heartbreakers, donde el intenso rock seventies se mezcla con melodías power pop y guiños a The Beatles, The Rolling Stones, Bruce Springsteen, Bob Dylan o The Who. Las guitarras suenan limpias pero agresivas cuando la canción lo requiere. Las armonías, los arreglos, la pericia técnica y la entrega en diversos registros del cantante engrandecen unas composiciones muy inspiradas. Uno de sus imprescindibles.

Comienza la obra con el primer single, la canción destinada a romper las listas de ventas y que llegó al número 19, The waiting, luminosa historia amor “Yeah, I’ve never known nothin’ quite like this” tras una vida de relaciones azarosas “I might have chased a couple women around/all it ever got me was down” hasta alcanzar el amor correspondido “you’re the only one that’s ever known how/to make me wanna live like I wanna live now”. Brillante riff de guitarra y un buen solo, breve como todos. Campbell compone en A woman in love (it’s not me), segundo single, tema melodioso que combina una estrofa (semi)acústica con un estribillo y una parte instrumental más ruidosa. Buena percusión, buen Hammond, en la queja del que es abandonado y no entiende muy bien el porqué “I don’t understand the world today/I don’t understand what she needed/I gave her everything she threw it all away”. Mike y Tom comparten composición también en Nightwatchman que con un riff roquero, buena capa de guitarrazos y cierto toque agresivo en la voz, desgrana la vida de un currante, como tantos, vigilante nocturno en este caso, que siente perder su tiempo “This ain’t no job for a man like me/I got potential, I could be just what you need” turno tras turno y que considera que su vida vale más que el salario mínimo. El tercer single fue Something big, con cierto aire sureño, tremendo el órgano, narra un ligue de domingo por la noche, un amor pasajero tras el que olvidarse de todo a la mañana siguiente: “and one said I know I’ve seen his face/I wonder who he is?”. La cara B se cierra al ritmo de Kings Road, de mis favoritas, con su aparente sencillez y una letra desenfadada sobre el chico nuevo en la oficina del rocanrol “I’m a new world boy on the old Kings Road”.

Otra de mis favoritas abre la cara B. Letting you go me parece de una brillantez obvia, tanto por la letra como por la melodía y los arreglos, pero, sobre todo, por el trabajo de producción, dotando a cada momento de su carga musical adecuada. El órgano en la estrofa, la guitarra en el estribillo, ambas al unísono en la coda final, la percusión enriqueciendo el conjunto. El rocanrol vuelve con A thing about you “Lovers hold each other tight/whisper in their anxious ears” de gran estribillo y buen solo, una canción para dar un par de botes antes de la golosina de esta lado del disco, Insider. Puede traducirse como “infiltrado” o “enterado” o “persona que trabaja dentro” (como un empleado interno) y para Petty en esta canción es el que se queda encerrado en una relación “I’m an insider, I been burned by the fire/and I’ve had to live with some hard promises/I’ve crawled through the briars”. La voz de Stevie Nicks armoniza a la perfección con la de Tom, hermosa mezcla de la bella de Arizona y el bello de Florida. El arreglo de Tench suena fantástico. Otro rocanrol para animar el cotarro, de nuevo con cierto lustre de las originarias tierras del sur, canta a un tipo malvado, The criminal kind; aunque tiene un buen solo, un pedal steel le hubiera quedado de impresión. Eso pasa en algunas partes del disco, mi corazón hard&heavy echa en falta un poco de desfase, un solaco Tench-Campbell o una pequeña jam que llenara de balas la perfección sonora de Hard promises. Cerramos con la última composición de Mike, la balada You can still change your mind y su mensaje optimista: “If you can change your mind/you can change your feeling” no esperes que ocurra, no sufras por no conseguirlo, no dejes que tu cabeza enloquezca, porque si puedes pensar de manera diferente puedes dejar de sufrir “listen to me darling, oh you don’t have to wait”.

Alcanzó el top 5 en las listas de ventas de Estados Unidos y el número 32 en las británicas. Curiosamente, fue un éxito en Oceanía (con un número uno en Nueva Zelanda y Australia) y Canadá.

Canciones inspiradas en el terror de Lovecraft

Howard Philips Lovecraft desarrolló un universo literario fantástico, oscuro y cosmológico, lleno de referencias al mal que nos posee y a lo ineludible de nuestro destino. Creó personajes míticos, dioses caídos y hasta inventó obras ficticias que han trascendido sus propios relatos, como el Necronomicón.

Todas estas historias se han arrastrado a lo largo de los años de estante en estante, de alcantarilla en alcantarilla, de boca en boca, de pantalla en pantalla, impregnando de terror y reverencia las guitarras, las baterías, las voces de numerosos artistas de nuestro gusto. Cierto es que estos mitos de terror bizarro suelen ser homenajeadas por bandas de metal extremo, pero algunas canciones de otros pozos hemos seleccionado. Si quieres la colección completa, pincha en este enlace.

La mayoría hacen referencia directa a los mitos de Cthulhu, un dios descrito como la mezcla de un pulpo, un dragón y una criatura de forma humanoide que yace en la ciudad sumergida de R´lyeh encerrado por varios sellos mágicos. Algún día escapará con la ayuda de cultos y sectas para extender su poder sobre la Tierra. En otras se nos hablan de Nyarlathotep, el caos reptante, una masa poliposa, un dios que adopta diversas formas, o de Azathoth, el motor del caos, el que espera rugiendo en el centro del universo.

Como de costumbre, dale al play… si te atreves.

Rage – Great Old Ones

Los alemanes han dedicado varias canciones a lo largo de su carrera a los mitos y personajes creados por Lovecraft. En esta tonada del álbum Soundchaser (2003) nos cuentan los orígenes y la odisea de estos abyectos seres: “long before man was born/they came from somewhere out of space/shaped the young planet’s face”.

Morbid Angel – The ancient ones

Cuya historia sigue recreándose en esta de Morbid Angel: estos personajes misteriosos y ocultos que reinaron sobre la Tierra en el pasado, malignos y llenos de poder, traerán a los viejos dioses de nuevo: “come forth Ancient Ones, Tiamat Kutulu/Rise, greet the cursed with your wrath”. Del álbum Blessed are the sick (1991).

Blue Öyster Cult – The old gods return

Los BOC son grandes fans y han hecho referencia en numerosas canciones a personajes o hechos del universo lovecraftiano. Cerramos el círculo con este corte del álbum Curse of the hidden mirror del 2001 en el que se narra el ascenso de los viejos dioses: “now is the time the old gods return/exactly when the world is not expecting it/exactly when we’re sure of ourselves”

The Great Old Ones – Nyarlathotep

¿Una banda que se autodenomina como los lacayos de los antiguos dioses? Se visten con togas y hacen rituales como si lo fueran, además. Quién sabe. En el álbum Cosmicism (2019) aparece esta oda al dios Nyarlathotep.

Dream Theater – The dark eternal night

Los virtuosos Dream Theater se basaron en las historias del mismo Nyarlathotep para este tema del álbum Systematic chaos (2007). “I am the last/born of the blood of the pharaohs/the ultimate god of my creation/sent to unleash this curse”. Uno de sus cortes más oscuros y agresivos.

Nile – Beneath eternal oceans of sand

El universo musical de Nile gira alrededor del Antiguo Egipto y no podía faltar una referencias a Nephren-Ka, el faraón corrupto adorador, precisamente, de Nyarlathotep: “now I ride with the undead/across the night-sky/and play by day/amongst the catacombs of Nephren-Ka”. El álbum se publicó en 1998 con el título Amongs the catacombs of Nephren-Ka. Que la introducción acústica no te engañe.

Black Sabbath – Behind The Wall Of Sleep

En su debut, allá por 1970, los inspiradores del metal oscuro se apuntaron esta historia basada en el cuento Beyond the wall of sleep (Al otro lado de la barrera del sueño), donde se exploran las dimensiones oscuras del ser humano a través de la telepatía y del poder de los sueños. Las dos voces de Ozzy se solapan trayendo mensajes e imágenes del cosmos.

Opeth – Pyre

Basado en el mismo cuento, los suecos nos recuerdan “what you’ve been seeing/is not all what it seems” en referecia a las alucinaciones del protagonista, Joe Slater. Porque, siempre, “familiar voices speak behind the wall of sleep”. El tono onírico de la música y la forma de cantar de Mikael Åkerfeldt hacen justicia al clima creado por la narración.

Therion – Call of Dagon

Estos pesos pesados del metal sinfónico y las canciones épicas dedicaron un tema al dios del mar en la mitología de Lovecraft, Dagón, dios de los Profundos, basándose en The shadow over Innsmouth (La sombra sobre Innsmouth): “Call of Dagon!/The Deep One is calling you/Call of Dagon!/Hear the night sky sing”. Del álbum Sirius B (2004).

Mercyful Fate – The Mad Arab/Kutulu (The Mad Arab, part II)

El escritor del libro maldito, el Necronomicón, el árabe loco Abdul Alhazred, protagoniza The Mad Arab (part I), del álbum Time (1994): “the son of a shepherd, Abdul Alhazred / traveling in the mountains, the mountains to the east”. La música emula una melodía árabe que se oscurece con la voz de King Diamond. En el siguiente disco, Into the unknown (1996), grabaron Kutulu (The Mad Arab, part II) siguiendo la misma inspiración.

Y, cómo no, Cthulu, Ktulu, Cthulhu o Kutulu.

Caravan – C’Thlu Thlu

En 1973 una banda tan alejada del oscurantismo como Caravan se marcaron esta canción de terror: “even the trees seemed to fear/there was something unreal/couldn’t see very far/and the sky had gone dark”. ¿Podrán escapar? Del álbum For girls who grow plump in the night.

Snakeyes – The Evil Dead

Los gaditanos lo explican muy claro: The Evil Dead es un homenaje a la película del mismo título de Sam Raimi (Posesión infernal) y al universo creado por H.P. Lovecraft. Todo el álbum Evil must die (2020) gira alrededor del mal en sus diferentes versiones, reales e irreales, con personajes malignos por doquier. “You can’t kill what’s already dead/you can’t kill what cannot die” y nuestro señor Cthulu rondando por ahí.

Angelus Apatrida – The rising!

Y una de las bandas que mejor thrash metal está haciendo este siglo recrea el ascenso del maligno: “it has escaped, it has heard The Call/it knows no one is free from its eternal greed/look at those terrible jaws, it’s rising!”. Ha roto los sellos que le mantenían prisionero, ha oído La Llamada y la profecía se ha cumplido tal como estaba predicha. Del genial The Call (2012).

Cradle Of Filth – Cthulu Dawn

Estos salvajes del metal extremo también dedicaron en su Midian (2000) unos versos al resurgir del nuevo dios: “promulgating the birth/of another Hell on Earth”. No hay escapatoria posible, arrodillaos porque “when the Sun goes out our powers/will extend throughout Heaven like Asphodel”.

Iced Earth – Cthulhu

No somos más que peones de un plan maestro: “dark soul of the elder gods/spawning evil from the ocean’s floor/shape shifter fools all mankind/to manipulate this world”. Del álbum Plagues of Babylon editado a comienzos del 2014.

A toda esta colección pueden añadirse un par de instrumentales famosos: The call of Ktulu de Metallica o Dweller of the threshold de Joe Satriani. Y de regalo esta irreverente y magnífica canción de nuestros Gigatrón con todo el Universo Lovecraft en pleno verano caluroso. Ojo al cthulhu piscinas… ¡y, por supuesto, lee al HP de Lovecraft!

Las historias hay que tomárselas como son, creaciones de una mente privilegiada o enferma que pueden asustarnos, divertirnos o repugnarnos. Yo, por si acaso, me aprendería de memoria las palabras que pueden salvarte si algún día gobierna sobre la Tierra nuestro buen Kutulu: “Cthulhu R’lyeh Ph’nglui mglw’nafh wgah’nagl fhtagn”.

Música moderna: enero 2021

El tiempo presente cabalga loco y sin destino para la música moderna, para los nuevos creadores (o los creadores viejos que hacen obras nuevas). Por eso, siempre es agradable compartir música con amigos y amigas. Música hecha hoy en día. Traigo aquí varias propuestas que me han llegado estas últimas semanas por diferentes medios, todos desde orejas amigas, y que, creo, deben seguir compartiéndose. Quizá alguna te guste. Allá vamos.

Sole Syndicate – Last days of Eden

Jonas Mansson comanda este grupo de buen hard & heavy, moderno en la producción y con una innegable inspiración en los años ochenta. Desarrollan excelentes melodías vocales apoyadas en riffs y partes de guitarra bien trabajadas y una batería potente con mucho groove. Dentro de este estilo general, meten los pies en muchos charcos: se acercan a Masterplan en …and the truth will set you free, dan martillazos en Brothers, suenan a rock moderno en We all fall apart y When darkness calls y navegan por pasajes arcaicos de nuestro rollo en We came to rock, en el toque acústico de Glory days o en Have you herad it all before con un aroma a radiofórmula fantástico. Una escucha muy agradable. Fred Bergqvist al bajo, David Gustafsson a las guitarras y Henrik Zetterlund a la batería acompañan a Mansson, quien canta, compone, mete guitarras y teclados.

Dada Memphis – Magnolias y melocotones

Desde el mismo título da pistas Dada sobre los caminos que va a recorrer el álbum: las magnolias del Mississippi y los melocotones de Georgia. Mucho blues (Los desacuerdos del corazón) y rock con dejes sureños (Relojes lentos) que unas veces suena potente y otras suave, unas veces enredadera que acaricia (Nicotina) y otras que estruja. Los mejores momentos vienen cuando raspa el rock en Índigo, La oruga o Ey! Todos los instrumentos los ha grabado Michel Cires y las voces y los coros Dada, intensa, tanto excelente transmisora emocional del mensaje que encierran las letras como cantante muy solvente, y no es fácil en este estilo.

Arias – No estoy para nadie

Parece mentira que hayan tenido que transcurrir cuarenta años para que Manolo Arias haya decidido, por fin, editar un disco en solitario. Al menos con su apellido en la portada, porque le acompañan dos colegas de Monterrey, Julio Gutierrez “Guty” al bajo y Julio Dávila a la voz, y Carlos Lillo en la coproducción y la batería, compañero de los tiempos en Atlas. ¿Y qué nos entrega el señor Arias? Un disco guapísimo de rock (podríamos decir) clásico, con mucho de los setenta y un poco también del hard ochentero, con un sonido que calificaría como “analógico”, limpio, con mucha técnica y pocos efectos. Preciosa balada para cerrar Ya no tengo tu amor, buen medio tiempo en Perdida en mi mente, rollo blusero en Miedo a caer y mucho rocanrol en Tú por tu lado, yo por el mío, Bailarás para mí o la fantástica No estoy para nadie. Me encanta Entre gritos. Ojalá haya ocasión de escuchar y ver estas canciones en directo.

Lex Lüger – Rey del terror

¿Un disco dedicado a las historias de Stephen King? Eso solo puede hacerlo un loco del cine de terror como Lex Lüger. En su debut repasa las narraciones más famosas de Mr. King junto algunas joyitas menos populares. Además, juega con diferentes registros, desde le rollo más desenfadado, casi glam, de Cementerio de animales, pasando por el rock moderno, con aroma a industria alemana en Carrie (guapos los teclados) o It, una balada con rollo ochentero new wave en Aviador nocturno o su ya clásico punk-rock (cada vez más personal) en Christine o La tienda. Muy chulos los sintetizadores y el trabajo vocal en Los chicos del maíz y Habitación 1408.

SomeWhereOut – Deep in the old forest

No te va a dejar indiferente esta segunda propuesta musical de Raúl Lupiañez. Un preludio, dos interludios y nueve canciones, una de ellas de casi quince minutos, basadas en cuentos populares europeos de lo más diverso con una densa construcción, llena de matices, adornos, armonías, detalles y arreglos. Le han ayudado varios amigos y amigas como Alba Bermejo (voz), Dante Martín (voz), Francisco Garoz (bajo), Eduardo Antón (guitarra), John Serrano (voz), Begoña Ramos (cuerdas), David Santana (guitarra), Israel Lupi (guitarras) o Jesús Martínez (voz). Esta variedad se adapta muy bien a los distintos registros de las canciones. El propio Raúl compone letra y música y mete guitarras, bajos y teclados. Entre mis favoritas: Bone, blood and fear (basado en el cuento ruso Baba Yaga), The fallen one (basado en el cuento polaco Pan Twardowski), la emocional You and I (basado en otro cuento ruso, María de las Muertes) y la veloz The crystal mountain (basado en otro cuento polaco, La princesa y la montaña de cristal). Una experiencia única, de verdad.

Vhäldemar – Straight to hell

Una discografía sólida con un heavy metal que, evolucionando, ha llegado a su sexta propuesta. Pedro J. Monge, compositor, productor, guitarrista y lo que haga falta, nos entrega un álbum que cruza lo mejor de Malmsteen con unos Manowar inspirados, mucho guitarreo y buenas melodías sobre un filo de guadaña. Contundentes en Straight to hell, himno de puños al aire en Death to the wizard!, un toque Accept en My spirit, velocidad y doble bombo a tope en Afterlife, de lo mejor ese Fear y para rematar ese punto hard rock de Hell is on fire. Junto al jefe Monge, Carlos Escudero a la voz, Jonkol Tera a los teclados (fantástica su labor, incluso compartiendo partes solistas con la guitarra), Jandro a la batería y Raúl Serrano al bajo.

Luter – Héroe humano

“Al libre albedrío o solo curiosidad/por este laberinto en el que ando perdido” podríamos comenzar a hablar de este último trabajo de Luter, usando sus propias palabras, porque esto es Héroe humano: la libertad y la curiosidad de un artista inconformista, poético y pleno de inspiración. Doble obra (podríamos decir que son dos EPs): Héroes grabado en 2019 y Humano a caballo entre el final del 19 y el comienzo del 20. Y aquí están juntos, para navegar por las grandezas y las miserias de las relaciones humanas, más poética y luminosa, quizá, la primera, más real y cruda la segunda. Buenas y cuidadas letras (“fue prestarle al infinito horas perdidas/dentro de una cama que en la aurora desafina/como dos caballos desbocados/que añoran la estampida”) con un acierto musical sin complicaciones pero sin sencilleces, todo muy pensado y con arreglos bien metidos. Me quedo con Mar abierto, el pop-rock de Amalur, el aroma a esquina de bar de Lo desconocido, los siete minutos rocanrol de La ocasión o la sinceridad y el buen guitarreo de La nieve.

Band of brothers (4): los Abbott y los Van Zant.

Un repaso a la curiosa relación de hermanos musicales a lo largo de la larga Historia del Rock.

Los Van Zant

Tres hermanos, tres cantantes. Ronnie, el mayor, el más famoso, a quien debemos este artículo, Donnie, el mediano, y Johnny, obviamente el pequeño. No se comieron en casa la cabeza con los nombres. Nuestro Ronnie formó a finales de los sesenta una banda que acabó llamándose Lynnyrd Skynnyrd para convertirla en uno de los grupos más famosos del southern rock desde su debut en 1973. En la compañía MCA editaron cinco álbumes de estudio hasta 1977. Ese año se produjo el “famoso” accidente: Ronnie falleció junto a otros miembros de la banda cuando el aeroplano en el que viajaban entre dos conciertos se quedó sin combustible en mitad del vuelo. El grupo permaneció en silencio hasta que en el año 1987 el pequeño de la familia, Johnny, decidió resucitarlo y convertirse en su cantante y compositor principal. Desde entonces han editado nueve discos más de estudio y giran habitualmente por el planeta Tierra. Antes, había grabado cinco discos bajo el nombre de The Johnny Van Zant Band. El mediano, Donnie, formó 38 Special en 1974 y ha permanecido de manera continua en ella hasta el año 2013, publicando doce álbumes. El grupo tuvo cierto éxito comercial durante los primeros ochenta con varios singles multiventas. Los hermanos menores colaboraron juntos de manera puntual hasta que editaron el muy recomendable Brother to brother (1998). En este siglo nos han regalado otras tres entregas de su proyecto Van Zant. Una estirpe de músicos alrededor del mito del hermano mayor, pero con una carrera de indiscutible calidad. Por cierto, puedes pasar la noche en la casa donde se criaron, en Jacksonville, Florida, por un módico precio.

Los Abbott

Darrell Lance Abbot, alias Dimebag, y Vincent Paul Abbott, conocido como Vinnie Paul, son famosos en el mundo de la música por formar parte de Pantera. A los catorce años Vinnie comenzó a tocar la batería; su hermano, dos años menor, intentó emularle, pero el bueno de Vinnie no le dejaba tocar su instrumento, así que Darrell se agenció una guitarra. Se pintaba como Ace Frehley y hacía poses delante del espejo. Unos meses más tarde, los dos tocaron su primera canción juntos: Smoke on the water (Deep Purple). Y desde entonces permanecieron unidos en lo personal y en lo musical. A principios de los ochenta formaron Pantera (Vinnie, 17 años, Dimebag, 15). Su padre, Jerry Abbot, músico country y compositor, quien tenía un estudio, les produjo sus primeros cuatro discos y les hizo de manager hasta que firmaron con Atco Records. A principios de los noventa se convirtieron en un icono del metal con Cowboys from hell (90), Vulgar display of power (92) y Far beyond driven (94). Permanecieron unidos en Pantera hasta el año 2003: los problemas de su cantante, Phil Anselmo, les empujó a formar Damageplan y editar New found power (2004). Pocos meses después un pirado asesinó a tiros en el escenario a Dimebag. Los dos hermanos colaboraron en 2000 con el cantante country David Allen Coe en un extraño proyecto al que llamaron Rebel Meets Rebel; grabaron un disco que se editó de manera póstuma en el 2006. La guitarra de Dimebag se hizo habitual en los discos de Anthrax durante los noventa. Vinnie volvió al negocio musical como baterista de Hellyeah, donde permaneció hasta su muerte en 2018 editando cinco álbumes de estudio. El amor entre ambos hermanos siempre fue profundo y sincero. Cuentan que Darrell rechazó unirse a Megadeth, antes de hacerse famoso, porque no podía llevarse a Vinnie al grupo. Descansan ambos juntos en el cementerio de Moore, en Texas.

Kansas – Point of know return – 1977

El disco que estuvo a punto de no existir. De hecho, la banda rozó su desaparición en aquel verano de 1977. Hubo dos culpables: el éxito y la mala suerte. El éxito de su cuarto álbum de estudio Leftoverture llevó a uno de los principales compositores, Steve Walsh, a intentar abandonar la nave justo antes y durante las grabaciones, en un afán protagonista de lanzar su carrera en solitario y aprovechar la ola favorable; la propia banda, en un momento dado, estuvo tentada de darle el portazo por sus continuas dudas y plantones. Y la mala suerte se cebó con la grabación: cuando llevaban varias semanas en los “Studio in the country” de Louisiana, donde habían grabado sus dos obras anteriores, una avería llevó al traste sus esfuerzos, no les permitió continuar y estropeó buena parte de lo grabado. Se mudaron a Tennessee, a los Estudios Woodland para terminar el trabajo con su eterno Jeff Glixman a los mandos. Un parto difícil. Cuando, finalmente, llegó a las tiendas ese mes de octubre comenzó a vender despacio. Pero la suerte y el éxito, de nuevo, se aunaron. A algún directivo de la compañía le pareció que una balada acústica en mitad de la cara B del álbum sería un buen reclamo. Se editó como single y catapultó este Point of know return a la primera línea de ventas. El contenido musical hizo el resto, convertirlo en una pieza maestra, en un indispensable. Como curiosidad, en la película Alta fidelidad hay una escena donde se discuten las “cinco mejores canciones: cara A, canción 1”. John Cushack hace sus propuestas y Jack Black le suelta algo así como “eso es tan obvio como decir Point of know return de Point of know return“. La canción 1 de la cara A de este discazo.

Por cierto, Kansas la formaban estos seis tipos: Phil Ehart a la batería y todo lo que se pudiera golpear; Rich Williams a las guitarras; Kerry Livgren también a las guitarras, a los teclados y a la percusión; Dave Hope al bajo; Robbie Steinhardt al violín, el celo, la viola y la voz; Steve Walsh como voceras principal, también toca teclados y algo de percusión.

El álbum se inicia con la homónima Point of know return, que juega con la melodía vocal enmarcada en un precioso violín en comunión con el piano, el hammond y la guitarra. Hace este primer corte de presentación del tema central del disco, la búsqueda de la verdad, de la sabiduría, de la realidad; el mensaje juega con las palabras “know” y “no”: el punto en el que alcanzas el conocimiento, el trasfondo que no te permite volver atrás nunca más.  Contrasta el ritmo rápido con el que arranca Paradox. Curioso corte donde se alternan tres grupos de dos estrofas de cuatro versos cada una, con un pasaje solista entre el segundo y el tercer grupo. El violín de Steinhardt se lleva el protagonismo con un mágico aporte de Williams. La paradoja de la canción está en pasar una y otra vez por el mismo sitio, hacerse las mismas preguntas desde diversos ángulos y no ser capaz de encontrar la solución a nuestros problemas, pero, cuando se tiene la llave, ese, amigos y amigas, es el mejor de los sentimientos, esa victoria. Walsh hace una interpretación soberbia. El mismo que compone el intrincado instrumental The spider para que todos los músicos se luzcan alrededor de un tema central con presencia destacada del moog y la batería. Porque Ehart contiene el edificio musical de este álbum desde una pegada contundente, pero no protagonista, ahora lejano, de fondo, ahora en primer plano, haciéndote mover la cabeza. Y eso, de nuevo, en otro gran tema titulado Portrait (he knew) se aprecia, con un feeling muy roquero y gran estribillo. “He was in search of an answer/the nature of what we are”. Albert Einstein inspira el tema, uno de los cerebros más famosos del siglo XX, en un álbum sobre el conocimiento y la sabiduría, por supuesto. Williams, de nuevo, coge protagonismo. El cierre de la cara A llega con Closet chronicles, el corte, quizá, con más corazón prog de todos en una especie de opereta donde introducir todas las habilidades del grupo para desarrollar pasajes hard rock con otros más soft y un montón de pirotecnia instrumental. El piano en la parte central, más calmada, junto a la sentida interpretación vocal, seguida de un fiero instrumental mantienen el pulso narrativo. El protagonista es Howard Hughes: piloto famoso, constructor de aeronaves, cineasta, activista, millonario, excéntrico, enfermo mental cuya muerte, meses antes de grabar el disco, y su búsqueda del conocimiento y la aventura inspiró a la banda.

La cara B se abre con la voz de Steinhard amenazando al oyente en Lightning´s hand: “run for cover/oh, your life is in vain/if you try to escape me”. Genial hard rock con dobles guitarras y riffs contundentes, rabia y noche en su interior. Lo que contrasta con Dust in the wind, el tema que les permitió meter la mano en la hucha del tío Gilito empujando hasta los seis millones de copias vendidas. Dice la leyenda que Livgren andaba jugueteando con la guitarra en casa, haciendo ejercicios, y que su mujer le animó a componer una canción con la melodía que, en ese momento, ensayaba. Tan simple resulta al lado del resto de temas que parece hasta impropio de Kansas. Y esto pensó, precisamente, el compositor cuando lo presentó al resto de la banda, que supieron ver el potencial, arreglar el tema y grabarlo con la magia que los años no le han quitado. Sencillo parece. Queda pegado a un tema de ritmo funky y sangre roquera, Sparks of the tempest, de letra oscura y con un buen solo de guitarra: “They mold you and shape you/they watch what you do” porque la vida es una lucha constante, una búsqueda “your future is managed/and your freedom’s a joke”. La epicidad se viene encima en el cierre del disco. Nobody’s home, balada de pérdida “the world that I was sent to reach/has got no future now” con una melodía pegajosa, un violín exultante y un estribillo a piano y voz emocionante. Y acabamos con otra de las joyas de Kansas, de mis favoritas, la loca Hopelessly human, un canto esperanzado al futuro donde guitarra, hammond y violín intercambian protagonismo en ese sube y baja, ahora roquero, ahora sinfónico, ahora íntimo.

El trabajo artístico del álbum también es sobresaliente. La portada ya es fantástica por sí misma, y un icono del rock setentero: el ojo de Saurom del prog. Ese barco a punto de precipitarse al infinito celestial… o justo llegando a la cúspide maldita si giramos la carátula y dejamos que el sol negro amanezca en el horizonte. En cualquier caso, un globo terráqueo en el que el punto conocido en el que ya nada va a ser lo mismo acaba de llegar. La dibujó Peter Lloyd basándose en una idea de la propia banda. La caligrafía con las legras y los créditos la realizó Bob Maile; el retrato a tinta de los miembros de la banda corrió a cargo de Mike Maloney; Rick SScirceni fotografió el conjunto para la funda interior. Y todo ello bajo la dirección artística de Tom Drennon. Sin ordenador ni nada.

Una obra de arte completa por la que los años pasan con justicia: sigue sonando tan fresca y atrevida como entonces.