Savoy Brown – Looking in – 1971

Siempre me resulta curioso, al explorar la historia de una banda, ese momento en el que parece que todo se va a ir al fondo de la alcantarilla más profunda para, en realidad, poco después, resurgir con llameante impulso hacia el estrellato. Y esto, más o menos, sucedió alrededor de este álbum de Savoy Brown. La banda debutó en 1967 con un discreto disco de versiones y al año siguiente con su primer largo de composiciones propias, Getting to the point (1968). Poco a poco fueron conformando la banda, digamos, clásica: Kim Simmonds, jefe supremo, a las guitarras y los teclados, Chris Youlden a la voz principal, Bob Hall al piano, Dave Peverett como guitarrista y cantante, Roger Earl a la percusión y Tony Stevens al bajo. Juntos editaron tres discazos: Blue matter y A step further en 1969 y Raw Sienna en 1970. Si en su Inglaterra natal no tenían mucho éxito, su constante girar por Estados Unidos les convirtió en una de las bandas más significativas y apreciadas del british blues rock. Y justo en ese momento, Youlden y Hall se marchan del grupo. Simmonds y los colegas, sin cortarse un pelo, deciden tirar para adelante como cuarteto, encargándose Peverett de todas las voces y Kim del piano, y marcarse este Lookin in. El álbum vendió mejor que los anteriores ¡salvados de la desgracia! Pero, oh, infortunio, el simpático Simmonds se queda unos meses después sin amigos: Peverett, Earl y Stevens le dejaron tirado para formar Foghat. Algo tendría el muchacho. Para solucionarlo, reclutó a Dave Walker a la voz y robó la línea de flotación de Chicken Shack: Paul Raymond a la guitarra y los teclados, Andy Silvester al bajo y Dave Bidwell a la batería. Editaron dos discos juntos que tuvieron más éxito aún que los anteriores: Street corner talking (1971) y Hellbound train (1972) y tras un pequeño pinchazo con Lion’s share (1972) la banda volvió a romperse (Walker se marchó a Fleetwood Mac). Los siguientes años fueron de progresiva decadencia comercial y numerosos cambios de line-up, con Simmonds como único miembro perpetuo.

Así pues, en mitad de esto, compusieron y grabaron como cuarteto Looking in en los Recorded Sound Studios de Londres, encargándose Simmonds de la producción con Paul Tregurtha y Eric Holand ayudando en los mandos. Curiosamente, mis dos canciones favoritas las firma Stevens. Poor girl es el cuento de una muchacha del campo que tiene una vida licenciosa en la ciudad “every night about the same time she’d go and put her glad rags on/go to the place where eveyone goes to Boogallo all night long” pero la chica se cansa de todo y regresa al campo “the fast life she was living took her as it’s prey/now she’s back in the country getting fatter every day”. Las guitarras de Simmonds y Stevens juegan todo el tiempo con el bajo, dejando dos cambios de ritmo para sendos solos fantásticos. En los ocho minutos y pico de Leavin’ again escuchamos un ejercicio brutal de blues rock donde se demuestra lo importante que eran Earl y Stevens en el “sonido Savoy”, marcando un ritmo pegajoso, con un solo de Stevens incluido. La canción fluye de manera instrumental en la mayoría intercalando solos de guitarra, arreglos rítmicos y efectos. Una historia de huida, de segundas oportunidades “I’m leaving again, help me pack my case”. La caña roquera se mantiene en Looking in, esta ya compuesta por Simmonds con la ayuda de Peverett, y ambos se salen, tanto en la línea vocal como en los guitarrazos que el jefe se marca. La canción sigue un patrón de estrofa-solo-estrofa hasta el final: “if I could get an answer/if someone would give me a clue/I know I’d feel much better/but I can’t find anyone/to put my question on”.

La preciosista Take it easy da el contrapunto relajado con su toque de bar humeante, arrastrando su boogie y creciendo: “if you don’t slow down pretty son/your good days will have passed/so take it easy baby”. Aroma que conserva uno de los cortes más famosos del álbum, Money can’t save your soul, donde un wah-wah y el aroma más oscuro se apodera de la banda; la voz doblada de Peverett a lo largo de todo el corte y el repetitivo piano dan un aire misterioso, casi de la pantanosa Nueva Orleans. La letra, en primera persona, es una súplica del amado despechado a la mujer que le ha abandonado por otro con más dinero: “you’ve got a new man and that’s good for you/ and you got a lot of money/but what good will that do/when he leaves you on the side/and the money falls away”. Entonces, cuando te quedes sin dinero, querrás venir a casa de nuevo, nena, así que “you better leave now/while it’s still ain’t old”. Para qué esperar. El disco se completa con cuatro instrumentales, dos muy breves que hacen de entrada (Gypsy) y salida (Romanoff), un intenso Sunday night, una barbaridad, suave pero a la vez salvaje, como un cuchillo acariciando tu espalda, y Sitting an’thinking, más alegre, con un deje country y un buen slide.

Savoy Brown supieron mezclar esa base de british blues rock con salidas hard y mucha mezcla, añadiendo ritmos o arreglos derivados del soul, el funk e, incluso, el jazz. Sus canciones enredaban los riffs aguerridos con ritmos muy percusivos, brillantes solos y letras sencillas. Acústicas, piano, bottleneck, lo que hiciera falta para engrandecer la canción. La fantástica presentación corrió a cargo de Jim Baikie y David Anstey. La portada, como se observa en las fotos, es doble, con dos calavéricos dibujos diferentes en portada y contraportada. Un lujazo de disco.

11 canciones sobre París.

El personaje de Leonardo DiCaprio decía en la película Titanic (1997): “es lo bueno de París, muchas mujeres quieren desnudarse”. Humphrey Bogart, en Sabrina (1954), afirma que “París es para los enamorados; tal vez por esa razón solo estuve allí 35 minutos”. Ciudad del amor, de las fantasías sexuales, de la libertad y la cultura, ciudad con un fantástico escaparate donde la vida transcurre de modo parecido a cualquier otra gran urbe del mundo. Pero, oh, el mito que tiene a su alrededor. Ese no se lo puede quitar nadie. El propio Bogart, en la escena final de Casablanca (1942), junto a Ingrid Bergman, dejó una de las frases antológicas de la ciudad y del cine: “Siempre nos quedará París”. Siempre tendremos el recuerdo.

Y un poco de todo esto hay en la selección de canciones sobre la ciudad de la luz (y de las sombras, pues). Hay amor perdido, amor encontrado y amor no correspondido. Pero también hay algo de historia (que “París bien vale una misa”), alguna epopeya personal y hasta una de espías.

Como de costumbre… dale al play.

Gary Moore – Parisienne walkways

Tenía que ser la primera. Canción romántica, llena de nostalgia, rememorando los paseos por París con la persona amada. En la versión primigenia cantaba Phil Lynnot (también tocaba el bajo) y la batería corrió a cargo de Brian Downey, ambos compañeros de Moore en Thin Lizzy. Se editó en 1979 como single alcanzando el número 8 en las listas británicas.

Ben Harper – Paris sunrise #7

¿Y por qué no rememorar el pasado con un tema instrumental? Increíble interpretación, sentida melodía. Recibió una nominación a los Grammy. Harper la grabó con sus Innocent Criminals para el álbum del 2007 titulado Lifeline. En el vídeo toca seguidas Paris sunrise #7 y la propia Lifeline, dando un hermoso sentido a la canción: “I don’t want to wait a lifetime/not yours, not mine/can you see me reaching/for the lifeline”.

Stephen Stills – Midnight in Paris

Compuesta por la (entonces) esposa de Stills, Véronique Sanson, cantante y compositora nacida en París, rememora una cita romántica una noche de otoño: “I want to tell you ‘bout all I see/Stars in my eyes that you would not believe/I’m a little funky wearin’ out my shoes/Don’t mean anything unless I’m dancin’ with you/Midnight, midnight in Paris”. Parte del álbum Illegal Stills (1976).

Dokken – Paris is burning

Una ruptura amorosa en la ciudad del amor: “I can’t believe/You’d throw it all away/You know you played me for a fool”. La canción tuvo una primera versión en la edición original europea del álbum Breakin’ the chains (1981) titulada, simplemente, Paris. Para la reedición de 1983 en Estados Unidos, con el título alargado, se sustituyó por una fantástica versión en directo grabada en Berlín en 1982.

Tako – París 1968

Pero no todo va a ser amor y nostalgia. En la ciudad de París también se anclan hechos históricos, y a uno de ellos viajan los zaragozanos Tako en su álbum El club de los inquietos (1999), al mes de mayo de 1968. Mezclando una letra en francés y en inglés, pasean con su guitarra y su música dando paz y amor.

Rush – Bastille day

Los canadienses Rush viajan a otro de esos momentos: la revolución francesa. “And we’re marching to Bastille Day/The guillotine will claim her bloody prize”. Camino de La Bastilla a cortar algunas cabezas y hacer un poco de justicia (más o menos). Abría el tercer y definitorio Caress of steel (1975).

Streetheart – Action

Y otros canadienses, Streetheart, disfrutaron de las mieles del éxito locales con este single que abría su debut Meanwhile back in Paris de 1978. En la banda figuraba Paul Dean a las guitarras, quien daría el salto poco después a Loverboy. Una historia de agentes secretos: “I’m afraid now, I’m going to phone the base now/Yeah maybe the master really gonna pay, yeah”.

Dark Moor – Bells of Notredame

En su muy recomendable The Hall of the olden dreams (2000) hacen una semblanza del mítico jorobado y campanero de Notredame:”We see the hunchback in Notre Dame/Dancing on the tallest towers”. Un personaje despreciado por la sociedad que encuentra entre las torres de la iglesia la soledad “Looking at the bells he thinks about his tragic fate/Wants to be a rock or metal like his souless mates”.

Queensrÿche – Last time in Paris

Una (supuesta) historia real que le ocurrió a Geoff Tate, cantante de la banda, en un concierto en París. La noche se complicó, una cosa llevó a la otra y acabó durmiendo más de la cuenta. Al llegar al concierto no le dejaron entrar: “took the metro out to Avignon/Man at the backstage, didn’t know my name/Said hey, I’m with the band!/You and everyone today”. Alguien le reconoció y pudo entrar al backstage. Corte grabado en la época del Empire (1990), que no formó parte de la edición original, y debutó en la banda sonora de The Adventures of Ford Fairlan.

Elton John – Paris

Tercer single del álbum de 1986 Leather jackets. Para Elton no todas las ciudades son iguales y en Paris puede pintar el cuadro más colorido con su amor: “But when I get to Paris/We’ll paint all our portraits/In brush-strokes of yellow/And christen the canvas”.

Place Vendome – Place Vendome

Y para cerrar, banda, canción y disco con nombre parisino: “So just hold my hand and I’ll show you my second home/Down at the Place Vendome”. Plaza célebre del París clásico, lugar de paseos y, por lo visto en la canción, algo más que besos. La banda, fabricada en un despacho de Frontiers Records, editó su estupendo debut en el año 2005.

Band of brothers (3): hermanos del rock

Un repaso a la curiosa relación de hermanos musicales a lo largo de la larga Historia del Rock.

Los Davies

Ray (el mayor) y Dave Davies pasaran a la Historia de la música por ser miembros fundamentales de una de las más grandes e influyentes bandas de pop rock: The Kinks. Juntos y casi siempre revueltos mantuvieron la nave durante treinta y dos años, despachando más de 50 millones de discos, conseguir meter cinco singles en el Top-10 estadounidense y cinco álbumes entre los más vendidos en el Reino Unido. Cifras aparte, su calidad compositiva desde los inicios a mitad de los sesenta hasta principios de los setenta valen ya un monumento. Fuera de la nave nodriza, Ray ha editado seis discos en solitario, comenzando con Return to Waterloo en 1985 (incluyendo una película que él mismo dirigió) hasta Our country: American act II del 2018. Ha compuesto canciones para bandas sonoras (Absolute beginners) y ha participado en varios musicales: Chorus Girls (1981) o Around the world in 80 days (1988) son dos de ellos. Le nombraron caballero en 2017 por su labor artística. El pequeño Dave editó varios singles en solitario durante 1967; Death of a clown y Susannah’s still alive vendieron bien, pero no llegó a grabar un álbum completo y no fue hasta 1987 (The album that never was) y 2011 (Hidden treasures) cuando se recopilaron estos singles junto a caras B y canciones “perdidas” por la discografía de The Kinks compuestas por Dave. Ya en los ochenta se decidió a grabar de verdad, debutando con AFL1-3603 (toca todos los instrumentos). Hasta su último Rippin’ up time (2014) ha editado siete discos. Dave sufrió un ictus en 2004, por cierto, pero ahí sigue. Ambos hermanos fueron incluidos en el Rock and Roll Hall of Fame en 1990 por sus trabajos con The Kinks. Larga vida.

Los Bachman

Tres hermanos, los de la foto, famosos por su carrera musical al frente de Bachman-Turner Overdrive (BTO). Tim, el mediano, y Robbie, el pequeño, acompañaron a Randy en su intento de crear una nueva banda tras abandonar The Guess Who, primero como Brave Belt y después, cuando se les unió Fred Turner, como Bachman-Turner Overdrive. Estos tipos grabaron juntos dos álbumes en 1973 que alcanzaron el disco de oro en Estados Unidos. Justo en ese momento Tim recibió la patada por sus excesos (él dice que ese largó en busca de mejor vida) y fue sustituido por Blair Thorton. Consiguieron su mayor éxito al año siguiente con el álbum Not fragile. Robbie y Randy siguieron en la banda juntos hasta 1977; Randy se piró a intentar una carrera en solitario y el grupo permaneció un par de años más en la carretera y desapareció. Desde entonces han habido varias reuniones: la mala relación entre los hermanos (especialmente entre Tim y Robbie) ha imposibilitado que pudieran trabajar de manera constante: en 1983 se reunieron Randy y Tim para grabar un álbum y girar; en 1988 fue Robbie quien se juntó con Randy para girar, pero fueron incapaces de grabar un disco; Randy se largó y Robbie comandó BTO hasta el 2005 solo para conciertos. Randy se juntó en 2009 con Fred Turner (este hombre quiere a todos los hermanos), grabaron un disco (Bachman & Turner) y se fueron de gira, pero Robbie no les dejó usar el nombre de BTO. Y así siguen. Fuera de la banda madre, ni Tim ni Robbie han tenido proyectos. Randy, más inquieto, presenta un largo currículum que le convierte en uno de los músicos más famosos de Canadá. Comenzó en The Guess Who entre 1965 y 1970, consiguiendo alcanzar el número 1 en Estados Unidos con la canción American woman; siete discos en cinco años y se fue. Grabó su debut en solitario, Axe (1970), repitió con Survivor (1978), tras abandonar BTO, y volvió a retomarla en los años noventa, terminando, por ahora, con Heavy blues (2015) y el homenaje a George Harrison titulado By George By Bachman (2018). Creo que estos no se juntan ni en Navidad.

La máquina del tiempo 1986: una Historia del Rock a través de sus canciones

La máquina del tiempo: 40 años de rock.

Una memoria de canciones publicadas entre la muerte del rey blanco del rock, Elvis Presley, en 1977, y la del rey negro del rock, Chuck Berry, en 2017.

1986

Dos records curiosos se dieron en las ventas de este año. Por un lado, el álbum True Blue de Madonna fue el más vendido en 28 países, consiguiendo, a la vez, vender más que ninguno en el mundo. Por otro lado, el single The final countdown de Europe acaparó el primer puesto en 26 países, hito nunca antes y nunca después igualado. Esta polaridad se refleja en la lista de ventas de sencillos y discos, pues la mayoría de los superventas se meten en el saco del pop moderno de Madonna o en el rock de estadio de Europe, más un puñado de artistas de R&B. En cuanto a canciones, las más despachadas fueron Take my breath away (Berlin), Rock me Amadeus (Falco), Papa don’t preach (Madonna), West end girls (Pet Shop Boys), Walk like an egyptian (The Bangles) y Sledgehammer (Peter Gabriel). En el saco roquero, además de Europe, encontramos la relectura de Walk this way a cargo de Run DMC con los propios Aerosmith, a Survivor con Burning heat (de la banda sonora de Rocky IV) y a Bon Jovi con Livin’ on a prayer y You give love a bad name. Entre los discos más vendidos apuntamos el Graceland de Paul Simon, el debut de Whitney Houston y el Licenced to kill de Beastie Boys, junto a los imbatibles True Blue (Madonna), Slippery when wet (Bon Jovi) y So (Peter Gabriel). Si nos centramos en nuestro rollo, qué menos que nombrar el debut de Sammy Hagar en Van Halen con 5150, el regreso de Boston con Third stage, la caja recopilatoria en directo de Bruce Springsteen titulada Live 1975-1985 o al fantástico David Lee Roth y Eat’em & smile.

A lo largo de 1986 se editaron muchos discos hoy considerados básicos en el hard rock, una lista que irá creciendo en los meses siguientes. ¿Comenzamos? Iron Maiden experimentaron con sonidos sintetizados en Somewhere in time, AC/DC editaron su recopilatorio Who made who, Ozzy Osbourne subió como la espuma con su pelo enlacado y Ultimate sin, Judas Priest asustó y enamoró a partes iguales con Turbo, Stryper editó su mejor álbum titulado To hell with the devil, Ratt despachó Dancing undercover, Triumph consiguió su mayor éxito de ventas con The sport of kings, Saxon plegó velas en Rock the nation y Accept en Russian roulette, sin olvidar la aventura en solitario de Tony Iommi en Seventh star.

Si miramos a la cara más heavy, escuchamos dos de los mejores (si no los mejores) discos del género: Master of puppets de Metallica y Reign in blood de Slayer. Ambos fueron responsables de sacar del ostracismo a muchas bandas malditas. “El Master” alcanzó el puesto 29 en las listas de ventas y “el Reign” el 94, impensable unos meses antes para grupos de este sonido. Las compañías de discos vieron el filón y se pusieron a rebuscar. Había donde elegir. Megadeth editó otra joya con Peace sells… but who’s buying?, Mötorhead se marcaron una de sus últimas obras maestras, Orgasmatron y Kreator reventó en Pleasure to kill.

En 1986 dio comienzo de manera mediática un fenómeno característico de la segunda mitad de los ochenta: los superguitarristas, el reino del shred, los velocistas de las seis cuerdas. Los álbumes instrumentales (o casi) comenzaron a ponerse de moda. Destacan el Trilogy de Malmsteen, el Mind’s eye de Vinnie Moore, el Edge of insanity de Tony McAlpine o el Not of this earth de Joe Satriani.

No podemos olvidarnos de algunos debutantes ilustres. Sepultura (Morbid visions), Sodom (Obsessed by cruelty), Cinderella (Night songs), Poison (Look what the cat dragged in), Tesla (Mechanical resonance) o King Diamond, huido de Mercyful Fate, con Fatal Protrait. En la parte de pérdidas, sin embargo, no podemos más que llorar. Fallecieron Phil Lynnot, víctima de sus incontrolables adicciones, desapareciendo con él Thin Lizzy, y Clive Burton, bajista de Metallica, este en un accidente de autobús. Dejaron de publicar discos de manera (más o menos) oficial Asia, The Clash, ELO, Journey y Rainbow. Estos dos se despidieron con Raised on radio y Finyl Vinyl, respectivamente. Y, por contra, en la parte de futuribles, dieron sus primeros pasos Alice in Chains, Goo Goo Dolls, Manic Street Preachers, Skid Row o Rosette.

No fue un año de grandes acontecimientos, pero cabría destacar dos claros. Se formó e inauguró por todo lo alto el Rock and roll Hall of Fame, con una sonora fiesta el 30 de enero. Y comenzó a editarse una de las biblias del género metálico, la revista Metal Hammer. Ese año el cartel del Monsters of Rock incluyó a Ozzy Osbourne, Scorpions, Def Leppard y Mötorhead.

Como de costumbre, la lista de discos es imposible de reflejar aquí, y, por ello, hacemos y compartimos una estupenda playlist. Viejales de regreso, jovenzuelos con ganas, algunos one hit wonder y mucha buena música.

Dale al play…

“La Creedence” en diez versiones.

Creedence Clearwater Revival, Creedence o CCR, dio su primer concierto como tal en enero de 1968; cuatro años después dejaron de grabar y girar. En ese tiempo editaron siete discos que les auparon a los primeros puestos de la música popular estadounidense. Pocos artistas pueden presumir del éxito conseguido por ellos. Su legado ha traspasado los años y hoy en día, en nuestra época de revival, sigue muy vivo. Y nosotros hemos decidido contribuir a perpetuar su música seleccionando diez versiones de otros tantos artistas, cada una diferente de la otra y todas con su punto original.

Como siempre… dale al play.

Clutch – Fortunate son

Una de las más famosas canciones de Willy and the poor boys (1969) cincuenta años después en las manos del particular estilo de Clutch. Ruidosos y fantásticos. Parte de la colección de singles de título Weathermaker Vault Series.

Jeff Healey Band – Run through the jungle

El mágico guitarrista escogió esta para Cover to cover publicado en 1995. Da otro aire con las seis cuerdasal tema, un fantástico solo, nueva vida para este single adelanto del Cosmo’s factory (1970).

Molly Hatchet – Penthouse pauper

Los sureños más salvajes se marcaron esta para su tercer largo de 1980 titulado Beatin’ the odds. Adorables y rudos a la vez. Casi mejor que la original del Bayou Country (1969).

Goo Goo Dolls – Down on the corner

De mis favoritas. Llevan a su terreno este clásico que formara parte de Willy and the poor boys (1969). Lo grabaron para su segundo álbum Jed veinte años después del original. Sube el volumen y baila.

Rival Sons – Long as I can see the light

Editado en 2015 para el Record Store Day, formaba un single de 7″ con el tema Black coffee de Ike & Tina Turner. La personal voz de Jay Buchanan revive el original de Cosmo’s factory (1970).

Ramones – Have you ever seen the rain

¿Y qué decir de esta revisión? Personalísima, se editó en 1993 en su disco de versiones Acid eaters, penúltimo de su carrera. Una de las más famosas del álbum Pendulum (1970).

Status Quo – Proud Mary

Ese rollo Quo con unos vientos al fondo y un coro femenino, qué puede salir mal. Lo grabaron para el recomendable álbum de versiones Don’t stop (1996). Uno de los cortes más populares de Bayou Country (1969).

Gov’t a mule – Effigy

Monumental cover que se marcaron para su The deep end vol. 1 (2001) alargándola más de nueve minutos. La original conformó Willy and the poor boys (1969).

Social Distortion – Up around the bend

¿Una versión de Social Distortion para una película de dibujos animados? Así fue. Formó parte de la banda sonora de la película Free Birds (2013). Quién se lo iba a decir a los Fogerty y compañía cuando la grabaron en 1970 para el Cosmo’s factory.

Foo Fighters – Born on the Bayou

Grabada para el single Resolve del 2005, Dave Grohl hace un trabajo muy bueno a las voces para acercarse a Fogerty. Buen rollo. La original se gravó para Bayou Country (1969).

La resurrección de Glenn Hughes (1991-1996)

La década de los ochenta fue un continuado descenso a los infiernos para Gelnn Hughes, el niño prodigio del rock apenas unos años antes. Enganchado a diversas sustancias atravesó todos los estadíos del buen yonqui: cualquier cosa por la siguiente dosis. En 1985 grabó cuatro canciones para Gary Moore y su fantástico Run for cover, pero fue incapaz de girar con él. Unos meses después, Toni Iommi le reclutó para su proyecto en solitario, que acabaría titulándose Seventh star y se publicó bajo el paraguas de Black Sabbath en enero de 1986. Iommi intentó sacar adelante la gira con Glenn, pero tras cuatro conciertos le sustituyó Ray Gillen. Desaparecieron los proyectos ¿formales? Un buen manager y muchos amigos le llevaron a hacer coros aquí y allá; en 1987, con su colega Mel Galley, consiguió completar las voces de tres cortes del álbum Phenomena II y una canción más para la banda sonora de The Highlanders II ya en 1990. El resto, vacío profesional. Ese tobogán acabó una mañana de 1991 con Hughes mirando a un desconocido en el espejo sucio de un motel: la paranoia se le quedó grabada, como un aviso. Horas después sufrió un ataque al corazón que casi acaba con su vida. Tenía, exactamente, cuarenta años. Al salir del hospital, Glenn decidió que había acabado su matrimonio con los excesos. Y, aunque le costó sudor, dinero, dolor y tiempo, el hombre resucitó. Y este fue el camino de la redención musical.

A finales de ese mismo año, grabó una de las voces de la canción America: what time is love? del grupo dance y electrónico The KLF. Unos meses más tarde esa canción sería un éxito de ventas en el Reino Unido. A comienzos de 1992 otro amigo, el guitarrista Pat Thrall, le reclutó para el proyecto cooperativo L.A. Blues Authority, donde cantó Messin’ with the kids, una versión de Junior Wells. En ese proyecto conoció a Mike Varney, fundador de Shrapnel Records y admirador de Glenn. Tan buena impresión le causó que decidió financiarle un disco. Llamó a un hombre de su confianza, el guitarrista Craig Erickson, para componer y dirigir esta apuesta. El álbum se tituló L. A. Blues Authority II: Glenn Hughes – Blues. Nuestro protagonista cantó con fuerza, con convicción, tocó el bajo en la mitad de los cortes. Se sintió de nuevo músico. Varney, además de componer dos canciones, tiró de agenda, y completó con numerosos invitados el trabajo: Warren DeMartini, Richie Kotzen, Tony Franklin, Mick Mars y John Norum.

La química entre Norum y Hughes les llevó a colaborar en el siguiente escalón hacia el cielo en forma de nuevo disco. Para Face the truth (1992) compusieron siete canciones juntos, que cantó Glenn, más una versión de su época en Hughes/Thrall titulada Still the night (grabada por primera vez en el debut de Phenomena). Más allá del éxito o la calidad (enorme) de este álbum, a Glenn le permitió abrir una puerta por la que seguir creciendo: su conexión sueca.

Sin embargo, 1993 resultó un año de transición. Colaboró con varios músicos: Marc Bonilla le llamó para una versión de A whiter shade of pale para su American Matador, con George Lynch grabó dos cortes en Sacred groove y no faltó en el álbum de versiones de Stevie Salas titulado The electric Pow Wow. Todos estos meses los dedicó a preparar su próximo movimiento, el que le limpiara definitivamente el lastre del pasado. Y lo hizo en Suecia. Allí había conseguido cierto éxito con Face the truth y su nombre resultaba muy conocido. Su colega Norum le recomendó unos estudios y varios músicos. Las guitarras de Thomas Larsson y Eric Bojfeld y los colegas de Europe alrededor: John Levén al bajo, Mic Michaeli a los teclados y Ian Haughland a la batería.

El disco se llamó, significativamente, From now on… (de ahora en adelante). Recién comenzado 1994 se editó en Suecia y Europa a través de Empire Records y unos meses después en Japón, donde Zero Corporation se tomó en serio el regreso de Glenn. Los dos mercados que le dieron el impulso económico. El éxito en Japón le llevó a una gira con llenazos que grabó y publicó bajo el título Burning Japan Live ese mismo verano. Glenn tira de archivo para el setlist, con siete cortes de Deep Purple, tres de Trapeze y cuatro de su reciente álbum y demuestra que su recuperación como cantante había sido total. Los colegas suecos le hacen un acompañamiento brutal también. Un directo definitivo en aquel momento: no solo compone, produce y canta; ahora también es un torbellino en directo, sólida máquina de hacer dinero. Esta doble conexión Suecia-Japón le mantendría durante muchos años. Músicos de Suecia le ayudarían y acompañarían en directo y en estudio y el público japonés siempre le trató como a una estrella. En este vídeo él mismo explica qué significaba ese momento de su vida.

Con las cosas más claras, Glenn llama a su amigo Pat Thrall para el siguiente escalón. El disco, que se tituló Feel y salió en el verano de 1995, se revuelca en el soul, el funk, el rock y el pop, con Hughes desatado. Como curiosidad, es el primer disco en que toca el bajo en todas las canciones desde 1977. De nuevo se publica en Europa (SPV) y Japon (Zero) y gira por ambos territorios. Además, sigue colaborando en otros proyectos (Live and learn de Brazen Abbot). Sin embargo, son meses duros en lo personal, pues aunque va encauzando su vida, queda el paso definitivo: reconocer, hablar, compartir, renunciar, liberarse de las últimas sombras.

Y estas sombras son iluminadas con rabia casi metalera en la composición, grabación y edición de Addiction en 1996. Exactamente como indica el título, Hughes, con la ayuda de Joakim Marsh (compañero los siguientes veinte años) y Marc Bonilla en las guitarras y la composición (este último además produce), se lanza a hablar de su pasado y los monstruos que aún entonces le devoraban. El misil liberador final. Ese mismo año sucede otro hecho discográfico paralelo: se publica el recopilatorio The voice of Rock a lo grande.

Cinco años le costó a Hughes retornar a la primera línea musical, a volver a ser respetado, a ganarse la confianza de músicos, público y promotores, pero, lo más importante, dejar atrás un pasado que le conducía a la muerte prematura y comenzar una segunda vida de la que lleva disfrutando desde entonces.

Larga vida a la voz del rock…

Miguel Ríos – Rocanrol bumerang – 1980

Escuchando Rocanrol bumerang me di cuenta que, a pesar de los cuarenta años transcurridos, sigue de actualidad, para bien y para mal, tanto por sus temáticas como por su excelente sonido. Porque esto es un clasicazo y, en cierto modo, el disco que lo comenzó todo en el subidón comercial del rock de los ochenta en España. Miguel Ríos se rodeó de un grupo fantástico de músicos. En la máquina de creación tenía a Carlos Narea y a Tato Gómez. De la mano de Narea vino Roque Narvaja y dos composiciones importantes para el éxito del disco. De la mano de Tato vinieron sus compañeros del grupo Santiago, el guitarrista galés John Parsons, Serge Maillard y Mario Argandoña. Súmale dos excelentes guitarristas más: Javier Vargas y Salvador Domínguez. Juntos y un poco revueltos completaron las nueve canciones que forman Rocanrol bumerang en Madrid (estudios Eurosonic) y Colonia (Sound Studio N) duante febrero y marzo de 1980. El álbum triunfó y la fórmula se repitió en los siguientes tres discos, incluyendo el imprescindible directo Rock & Ríos (1982).

El contenido sonoro y las letras giran alrededor del rocanrol y de la nueva vida, de la generación que comenzaba una inocente democracia. La inicial Rocanrol bumerang reivindica la fuerza del rock como elemento vital, enfrentándolo a las modas sonoras del final de los setenta y el abandono que había sufrido: “el rock es un bumerang/por eso siempre volverá”. Quizá imaginaba que, gracias a él, y a otros como él, se vivirían años de gloria en el rock nacional muy pronto “algunos lo enterraron en este país/ahogándolo entre modas/y como el ave fénix de la imaginación/se nos presenta ahora”. ¿Igual que hoy, cuarenta años después? Salvador hace un magnífico trabajo y tiene un arreglo de metales brutal. Siguiendo la estela guitarrera, suenan varios cortes. Lua, lua, lua la compuso Miguel en honor a su hija, insistiendo en la transmisión generacional “cuando crezcas algo/llena tu cabeza de rock/será como un juego/para conocernos mejor”. Un rock’n’roll de vieja escuela con Vargas a tope y un piano grande tocado por Rafael Guillermo. “No harán falta palabras/si conectamos con el rock”.

Los neones que inundaban la noche protagonizan dos canciones bien distintas. En La ciudad de neón nos cuenta la historia de un joven que pasa por la cárcel tras un robo y piensa en las noches que se pierde “se emborrachaban de neón/y de fumar con las tías/y sobre todo se flipaban/con la caña de un rock and roll”. Otra lección de guitarra de Salvador, por cierto. Y más neón en Nueva ola, con un rollo “moderno” para tratar la creciente normalidad favorecida por intereses “una mano luminosa de neón de color rosa/se ha acercado a la ciudad/y por las calles, las aceras, los tejados y las cuevas/neón de color rosa se hace cargo de las cosas” porque “aquí alguien controla en forma de nueva ola lo que va a suceder”. El último ramalazo de caña lo escuchamos en El laberinto, reivindicando las pocas oportunidades que tienen los jóvenes de la ciudad “hay gente joven/que tiemblan ante el porvenir/se sienten atrapados/en medio de un ambiente hostil”. ¿Han pasado cuarenta años? “Sin curro y sin dinero/trapicheando para subsistir/algunos cuelgan/como salidos de un mal trip”. Vida precaria, drogas, desesperanza.

Mezcladas entre tanto guitarrazo suenan baladas y medios tiempos, quizá el estilo por el que Miguel Ríos se ha hecho tan famoso. La primera que suena, y la canción que justifica por sí sola la fama de este disco, la compuso Narvaja y se titula Santa Lucía, uno de los cortes más importantes del poprock nacional. Una canción de necesidad y amor, de oportunidades y deseos “me pregunto si algún día te veré/ya se todo de tu vida y sin embargo/no conozco ni un detalle de ti”. Con un fantástico crescendo, una gran acústica, la percusión muy bien trabajada y un arreglo de cuerda sencillo pero clave en el sonido final, todo encaja “abre las puertas/cierra los ojos/vamos a vernos/poquito a poco”. ¿Quién no conoce a esta santa? Como curiosidad: cuando iban a editar el disco hicieron dos versiones; la primera, para el mercado europeo, incluía Santa Lucía; la segunda, para el mercado nacional, la dejaba fuera. Por lo visto Miguel Ríos no quería volver a “triunfar” con una canción “al estilo del Himno a la alegría” y sí por su vertiente más “dura”. Afortunadamente para él, se decidió hacer una sola versión. Otro gran corte es La canción de los 80, un medio tiempo, compuesto también por Narvaja junto a Miguel, con protagonismo de la acústica y el piano eléctrico. Obviamente, reflexiona sobre la década que empieza “el mundo seguirá su curso antiguo/pero a velocidades de futuro” porque la incertidumbre del presente y el porvenir es grande “la gente angustiada mira al cielo/en busca de algo de amor/la vida cotidiana se reduce/a una carrera sin valor” y siempre hay esperanza “pero en medio de la noche estas tú/con tu fuerza, tu belleza, con tu luz/ayudándome a seguir”. En el fondo, una canción de esperanza amarga que tiene pleno significado cuatro décadas después.

No hay mucho espacio para el amor al uso; ahí suena Compañera, balada sencilla de piano y buenos arreglos de cuerda y vientos, con la que agradecer la vida en pareja “tan solo quiero que estemos juntos/que seas mi viento para navegar”. Y el disco se cierra con la sorprendente Sueño espacial, emparejada, quizá, con sus composiciones más experimentales, y una doble interpretación: por un lado, los extraterrestres te han elegido para un viaje interestelar y admirar el futuro de la Humanidad, pero, por otro lado, un canto al futuro del individuo, al futuro de un país que se desperezaba “relájate y sé feliz/porque no estás solo/en el Universo hay más/hijos de la energía” y al final “vivirás tus sueños/porque el hombre vencerá/ya sabes ¡no estás solo!”.

La portada la diseñó Juanjo Díaz y la realización de la funda corrió a cargo de Orestes. El sonido es excelente; no todo el rock de los ochenta sonaba mal. Aquí hay dinero: grabado, mezclado y masterizado en Alemania. Disfrutad de este discazo por el que no pasan los años…

Clon Zeppelin: los imitadores de Led Zeppelin

¿Qué mejor homenaje que un tatuaje?

Led Zeppelin son la banda referente universal del hard rock. No digo los mejores, no digo los más. Digo “la banda referencia cuando uno define el hard rock”. Un amigo cercano dice que The Beatles son los Led Zeppelin del pop. Y ¡qué curioso! han sido acusados de numerosos plagios, copias e imitaciones. Algunos confirmados en los tribunales y otros arreglados en acuerdos entre las partes. Pero, ¿quién está libre de plagio? Yo no. Robert Plant llamaba a David Coverdale “David Cover” por su costumbre de “copiar” sus canciones. En cualquier caso, aprender de los mejores, extraer su esencia, desbordar tu imaginación sobre esas bases y crear tu propio estilo es el mantra ideal de cualquier músico. Y si no puedes, o no te sale: ¿qué pasa por copiar un poco al maestro? Y, vaya, a veces se nos va la mano con la copia, el productor se despista y la compañía piensa “esto lo vendemos fácil” y nos encontramos canciones, discos o artistas que acaban sonando exactamente igual que el maestro. Y hoy rescatamos algunos discos que, podríamos decir, hunden con fuerza sus raíces en la tierra fértil de Led Zeppelin.

Al respecto, en 1989, Gary Moore compuso para su disco After the war la canción Led clones, que cantó con Ozzy Osbourne, mosqueado por esa falta de carácter de las bandas jóvenes y, en especial, por el mega éxito del debut de Kingdom Come (del que luego hablamos): “You’ve stolen from the houses of the holy/You’ve rolled into the kingdom of the sain”.

No son todas, ni pretendemos hacer un “best of” ni nada por el estilo, pero sí traemos a nuestros copistas favoritos: en el estilo medieval, aquellos que escribían una y otra vez las obras de Aristóteles o Platón, dejando su propia marca en cada copia, modificando un poco las frases y los significados para que, en el conjunto, nada cambiara.

Y, como siempre, dale al play...

Wolfmother – Wolfmother (2005)

El estilo vocal de Andew Sockdale hace imposible separar su arte del original, por mucho que, en ocasiones, nada tiene que ver la composición. Sin embargo, se aprovecha un poco de ese parecido en cortes como Woman, Joker and the thief o Mind’s eye (qué buen Hammond, por cierto).

Greta Van Fleet – Anthem of the peaceful army (2018)

Los hermanos Kiszka han sido los últimos en subirse al carro. Con muy buen gusto y ciertos personalismos que se agradecen, por supuesto. La esencia está ahí: The cold wind, When the curtain falls, Lover/leaver o Mountain of the sun. Esa batería y esa voz… Qué buen disco.

Great White – Hooked (1991)

Igual nos valdría el siguiente, Psycho City (1992), aunque este juega en la producción con los sonidos de la época. Los tiburones evolucionaron del heavy rock de sus inicios hacia un hard rock que, en la voz de Jack Russell, acabó recordando enormemente a Ledzep. Grabaron incluso un disco de versiones en 1998 al que titularon Great Zeppelin. En este Hooked (enorme álbum) suenan a los maestros en Call it rock and roll, Congo Square o Desert moon.

Jet – Get born (2003)

Un disco debut demasiado bueno. Se han llevado muchos palos por los claros homenajes a bandas como The Beatles, Iggy Pop o Led Zeppelin. Cuando roquean, quién mejor que Page y compañía: Last chance, Get me outta here, Cold hard bitch o su mega single Are you gonna be my girl, una mezcla de Black dog (Led Zeppelin) y Lust for life (Iggy Pop). El disco funciona muy bien y merece una escucha con los altavoces bien altos.

Kingdom Come – Kingdom Come (1988)

Los responsables de esta colección. Su álbum debut consiguió que muchas personas llamara a las radios de la época preguntando si era un regreso de “los zeppelin”. Seguramente, el mejor disco homenaje de esta lista. Desde la inicial Living out of touch, pasando por el single Get it on o la balada What love can be. Consiguieron fama y fortuna y un año después se quitaron la mortaja zeppeliana en un enorme álbum de hard rock titulado In your face.

The White Stripes – White blood cells (2001)

Jack White es el hijo bastardo de Robert Plan y Jimmy Page. No hay otra. A lo largo de su carrera ha rebozado y recreado como nadie su garganta y su guitarra por el catálogo Ledzep, fabricando un inventario personal como pocos en este siglo. Pero, quizá, en White blood cells es más clara su adoración zeppeliana. Canciones como Dead leaves and the dirty ground, Fell in love with a girl o I’m finding it harder to be a gentleman narran esas raíces.

Black Mountain – In the future (2008)

Si en su debut se dejaban arrastrar a las profundidades de la psicodelia y dejaban ese poso hard rock un poco al libre albedrío, en su segundo largo abren con un tema tan Ledzep que asusta, a pesar de esa producción stoner: Stormy high, Angels, la espacial Wucan o Stay free (puro Ledzep III) . Las épicas Tyrant o Bright lights (con sus más de dieciseis minutos) suben un escalón el nivel general del álbum.

Rival Sons – Pressure & time (2011)

La actitud y la técnica vocal de Jay Buchannan hace que muchas canciones de la banda se emparejen con Ledzep, aunque las estructuras a veces no tengan similitud. Sin embargo, este disco, más que ninguno, encaja en esta selección. Escucha Pressure and time, Gypsy heart, Only one, Get mine o All over the road. Canela fina esta gente.

Y si quieres más clonación, dale a la playlist que te proponemos. Hay muchas sorpresas: grupos que se deslizaron con algunos riffs, algunos estribillos o, vaya, algunas historias muy zeppelianas.

Canciones para el recuerdo: los que se han ido.

Estos últimos meses muchos hemos sufrido pérdidas y llorado amargamente. El dolor, la distancia, la impotencia. Siempre la muerte es un clavo que se pega en lo más sensible de nosotros. Y sangramos. A veces toda la vida. Hoy hemos querido recoger algunas canciones que rememoran esa pérdida, el momento del adiós, la necesidad del reencuentro o, simplemente, traen un trozo de pena y lo comparten con los demás.

Excelentes canciones tristes. Como siempre, dale al play.

Dream Theater – Take away my pain

John Petrucci, guitarrista de la banda, compuso esta canción en memoria de su padre: “You can take away my heroes/Can you take away my pain/Take away my pain/Leave the cold outside”. Las horas de espera junto a la cama, el desenlace lento e inevitable, las últimas palabras. Aparece en Falling into infinity (1999).

Duff McKagan’s Loaded – Mother’s day

Sobre otra muerte repentina, Duff habla en esta canción: “Monday, I saw you smile/And then Tuesday/We talked awhile/By Wednesday something’s wrong/By weekend, you were gone”. Tiene un rollo muy Lou Reed, por cierto. Aparece en Sick (2009).

Iron Maiden – Blood brothers

Una reflexión de Steve Harris sobre el recuerdo de su padre y lo que significa en su vida: “And in the river reflections of me/Just for a second a glimpse of my father I see/And in a movement he beckons to me/And in a moment the memories are all that remain/And all the wounds are reopening again”. La influencia de nuestros antecesores en nuestro mundo, incluso cuando ya no están. Una de las mejores canciones del Brave new world del año 2000.

Metallica – Mama said

Pero no siempre esos recuerdos son buenos. James Hetfield, cantante y guitarrista, comparte la difícil relación con su madre, quien murió cuando él tenía 16 años, y el arrepentimiento años después. Se marchó de casa joven, huyendo “Never I ask of you/But never I gave/But you gave me your emptiness/that I’ll take to my grave”. Confiesa, ya adulto, “I need your arms to welcome me/But, a cold stone’s all I see”. Single del álbum Load (1996).

John Lennon – Mother

John Lennon compuso varias canciones sobre la relación con su madre, fallecida tras un atropello cuando él aún tenía 17 años. En esta, lamenta “Mother, you had me/but I never had you/I wanted you/You didn’t want me”. La tristeza, la soledad y la desesperación: “Mamma, don’t go/ Daddy come home”. Formó parte del álbum Joh Lennon/Plastic Ono Band (1970).

Bob Dylan – Roll on John

Y la pena de un amigo cantando a otro amigo: Dylan compuso en memoria de John Lennon esta canción “He turned around and he slowly walked away/They shot him in the back and down he went”. El dolor de la pérdida repentina ” you’re about to breathe your last/Lord, you know how hard that it can be” y de la larga recuperación “You burned so bright/Roll on, John”. Lo curioso es, a pesar del dolor, que no fueron amigos al uso; apenas se vieron en vida y la canción se grabó y editó treinta años después de la muerte de Lennon, para el álbum Tempest (2012)

Poison – Something to believe in

La amistad, a veces, crea lazos tan profundos que no pueden romperse tras la muerte. Bret Michaels, cantante, desahoga su pena por la pérdida de una amigo y compañero de trabajo, que se quitó la vida “My best friend died a lonely man/In some Palm Springs hotel room”. Aunque no logra entenderlo (“You take the high road/And I’ll take the low road”) y siente la soledad, en el fondo tiene un mensaje de esperanza, porque el sacrificio le da algo en lo que creer para seguir. Preciosa balada del Flesh & blood de 1990.

Pearl Jam – Light years

Eddie Vedder, cantante, y Mike McCready, guitarrista, compusieron esta canción de queja y, en cierto modo, súplica por el fallecimiento de una amiga común de manera inesperada: “I’ve understood feelings/And I’ve understood words/But how could you be taken away”. Porque “We were but stones/Your light made us stars”. Parte de Binaural (2000).

Journey – When I think of you

Steve Perry, cantante, compuso esta canción sobre la pérdida y el recuerdo, que vale igual para un hermano o una amiga o un viejo amor: “I try to forget the night that you left/It’s all so unreal, with you gone”. Por un lado, quiero olvidar aquel día, pero, por otro, cada vez que pienso en ti vuelvo a sentirte cerca, a revivir los buenos momentos: “And I see your face/Young and so free, smiling at me/In your eyes I walk without fear/We’re together again”. Aparece en Trial by fire (1996).

Steelheart – Mama don´t you cry

Michael Matijevic, cantante de la banda, se pregunta si será capaz de seguir adelante solo: “I fight the tears since you’ve been gone/And I stand in fear, can I make it on my own/Without your love to guide me through my life”. Precioso piano, hermosa melodía. “Oh I tried so hard but I could never say goodbye/You’ll always be in my heart, oh Mama don’t you cry”. Apareció en el álbum Tangled in rains (1992).

Manic Street Preachers – Ocean spray

A veces uno se aferra a un recuerdo, a un momento muy concreto: “Oh please stay awake/And then we can drink some Ocean Spray”. Compuesta por James Dean Bradfield recordando las semanas en que su madre permaneció ingresada en el hospital hasta morir a consecuencia de un cáncer. Cada día le llevaba un zumo que se llamaba Ocena Spray. Fue single del álbum Know your enemy (2001).

Eric Clapton – Tears in heaven

Dicen que no hay una pérdida tan dolorosa como la de un hijo. Que lo natural es ver morir a tus mayores, no a tus menores. La desgraciada muerte de Connor, hijo de Eric Clapton, acabó inspirando esta sentida balada “Would you hold my hand/If I saw you in heaven?/Would you help me stand/If I saw you in heaven?”. No hay mucha esperanza en las palabras de Clapton: “I must be strong and carry on/’Cause I know I don’t belong here in heaven”. Apareció por primera vez como parte de la banda sonora de Rush en 1992.

Barclays James Harvest – Back to earth

Y es que, a veces, simplemente, no se puede o no se quiere “superar” la pérdida y uno espera, sin más, un (imposible) reencuentro: “I’ve been so sad since you went away/I’ve been so lost without you/I wanted to be there/I wanted to hold on and tell you/How much, how much I loved you”. A veces, todo se resume en cosas muy simples: “I wanted to hold on and tell you/How much, how much I loved you”. Del álbum Caught in the light (1993).

Nunca tendrían que desaparecer de nuestra vida las personas que nos aman…

Lo mejor de Barricada… De la okupación al blanco y negro.

Recordamos el ascenso comercial de Barricada entre la publicación del álbum No hay tregua en 1986 (vendió, por entonces, algo más de 10.000 copias) y la consecución en 1991 del disco de platino con Por instinto (más de 100.000 copias) . ¿Qué pasó aquellos cinco años para que cuatro tipos de un barrio de Pamplona se convirtieran en la banda de rock más importante del país? Los mismos músicos que cantaban para un puñado de adeptos Okupación cantaban para miles de personas En blanco y negro, tras tres discos de estudio y un doble directo. Todos estos años, Barricada fueron: Enrique Villarreal, “El Drogas”, al bajo y la voz; Alfredo Piedrafita a la guitarra y la voz; Javier Hernández, “Boni”, a la guitarra y la voz; Fernando Coronado, a la batería.

En 1986, tras grabar, con Rosendo en la producción, su No hay tregua, la compañía RCA y la banda decidieron romper su contrato. Numerosas polémicas con el contenido de las canciones, intentos de censura, mala distribución, entre otros, hicieron que la relación no saliera adelante. Y ficharon por Polygram: una multinacional apostando por una banda de barrio con letras críticas con el sistema social y político, pero no tan descaradas ni tan explícitas como para dar miedo o no tener un buen nicho de mercado. Tuvieron ojo. Les mandaron a grabar a Ibiza, a los estudios Mediterráneo, lo más en tecnología. Allí ocurrieron dos cosas que serían fundamentales en los años de camino al éxito: medios y Dennis Herman. Tuvieron los medios para desarrollar su trabajo, en forma de tiempo y tecnología; por primera vez grababan en un estudio disponible 24 horas con toda clase de ayudas para sonar bien, y eso permitió a la banda, sobre todo a Enrique y a Alfredo, los más curiosos, experimentar y adornar las canciones. En segundo lugar, conocieron a Dennis Herman, ingeniero del estudio, que ya en esta grabación, junto a Rosendo, no lo olvidemos, pulió el sonido de la banda, dotando de una personalidad a las canciones que antes no acababan de tener. Así se editó No sé qué hacer contigo: el sonido limpio y preciso de las canciones, con un aire pop rock, la portada sobria, la introducción de temáticas más personales que sociales, sin olvidar el factor protesta, convirtió a Barricada en los niños nuevos del rock. Aunque no gustó a la parroquia habitual, consiguió abrirles muchas puertas, alcanzar escenarios antes vetados y salir en la televisión, vender más y ganar algo de dinero. Las canciones juegan con su rock urbano habitual, aún con dejes punk, claras en Todos mirando, Una lata de gasolina o De refilón, y comienzan a sonar influencias más amplias, como el toque “rolling” de No sé qué hacer contigo, los arreglos anglosajones, incluyendo una estupenda acústica, de En la esquina del zorro, el tufillo new age del bajo y la voz de Con el izquierdo o los ramalazos metaleros de Tentando a la suerte o A toda velocidad (ese bombo). Buscan, prueban.

Las buenas ventas les permiten volver a los estudios Mediterráneo, con más tiempo y Denis Hermann al mando de la producción, junto a los propios Barri. Lo que había empezado de manera tímida, se convierte en una vorágine de experimentación, pruebas y regrabaciones, nada hay prohibido. Las temáticas de las letras también se amplían: hablan de la violencia de género en Obsesión, de prostitución en Abrir y cerrar, del SIDA en Tiempos que arden, del genocidio en La hora del carnaval, de la (in)justicia (cada vez más lenta) en El último vagón, del (ab)uso de armas en Cuidado con el perro o de tauromaquia en Rojo. La paleta sónica se abre con mucha influencia anglosajona, nada del viejo aroma barriobajero, excelente trabajo de guitarras (hasta seis suenan en algunos cortes) y algunos aciertos melódicos brillantes, como Bajo control, Animal caliente o Esta noche. El álbum, titulado Rojo, se editará con una portada curiosa: la palabra “rojo” ocupando todo el espacio y la sombra de un toro en ella, con un matiz sangriento. Y consiguieron el éxito. Duplicaron las ventas, el merchandising de la banda empezó a generar beneficios y los escenarios crecieron; cada vez se encontraban más chavales con camisetas de la banda, cada vez más gente abarrotando los conciertos.

En febrero de 1989 entran de nuevo a los Estudios Mediterráneo con Dennis Herman casi como quinto miembro. Componen, arreglan y tocan su disco de sonido más americano, con una producción excelente y variada, con arreglos de teclado y hasta un coro femenino. Las drogas cobran protagonismo en Dentro del espejo y Tan fácil, hablan de la guerra en Invitación a la pesadilla (obligada), se vuelven oscuros en General (sobre las dictaduras, en concreto la del paraguayo Stroessner), hacen un homenaje a sus fans en Pasión por el ruido y retoman el rollo rocanrolero en Yo soy quien tú necesitas esta noche. Para la portada escogen una foto hecha en un paseo por la isla y, como es habitual, el título coincide con el de una canción: Pasión por el ruido supera las ventas del anterior (rozan el disco de oro), vuelven a la primera línea de los medios, graban su primer videoclip oficial para Correr a ciegas y llenan casi cualquier recinto (en verano tocan en campos de fútbol y grandes espacios al aire libre).

Pero la cara b del éxito comienza a hacerles daño: más dinero, más fiesta. Aumenta la dependencia de la cocaína y el speed, provocando que las relaciones sean difíciles, que los conciertos a veces se hagan cuesta arriba y que vivan más pendientes de la fiesta que de lo artístico. El Drogas cuenta una anécdota de la época: retó a cuchillo a un directivo de la compañía por censurarles una canción. En ese mundo vivían. La gira se retoma a final de año para grabar el primer directo de la banda. Con esa idea ensayan a mediados de diciembre en Donosti y llenan dos noches el Palacio de los Deportes de Madrid y una el Palau de Esports de Barcelona. En total, noventa canciones, de las que seleccionaron veinticinco para mezclarlas en el mes de enero en Madrid, apareciendo veintitrés en una obra que se llamó Doble directo, en audio y vídeo, pero que en la portada se dejó únicamente el nombre de la banda. Rápidamente se convirtió en disco de oro, en un icono del rock nacional, el disco que les dio el empujón definitivo.

Y eso lleva al final de esta historia y al comienzo del éxito multitudinario de Barricada. Por instinto (1991) fue el mayor reto compositivo y musical del grupo, la oportunidad que supieron aprovechar, gracias, sobre todo, a la canción Blanco y negro, que llegó a sonar insistentemente en las radiofórmulas y se convirtió en un indispensable de las madrugadas fiesteras. Se marcharon mes y medio a un estudio en medio de Las Landas francesas, Du Manoir, ya sin Hermann; ellos se encargaron de la producción con la ayuda de otro ingeniero/productor que volverá a ayudarles en el futuro, Laurent Lozahic. Pero esto, como dicen por ahí, es otro cuento que ya contaremos.

Y, como de costumbre, aquí tenéis una pequeña selección musical.