The Rolling Stones en diez versiones.

No vamos a perder el tiempo con presentaciones. “Los rolin” son una de las bandas más icónicas de la música contemporánea y un referente para varias generaciones. ¿Alguno de los tipos de la foto se hubieran creído el alcance de su creación musical? Hoy hemos querido hacer un pequeño homenaje a sus satánicas majestades a través de la voz y la música de diez propuestas diferentes, algunas, sorpresa, aparentemente alejadas del rock clásico de los británicos.

A disfrutar…

Exodus – Bitch

Lejos de su sonido habitual, Exodus llevan a su campo esta canción que los británicos incluyeron en su Sticky fingers (1971). La versión, en el álbum Force of habit (1992).

Thunder – Gimme shelter

En 1993 se editó un single del mismo título en la que Thunder, Little Angels y Hawkwind rinden homenaje a este tema incluido en Let it bleed (1969).

The Who – The last time

Editado como single en 1967 junto a Under my thumb. El original fue número 1 en las lista de singles del Reino Unido apenas dos años antes.

Kiss – 2000 man

Los neoyorquinos tiraron de cover para completar su Dynasty de 1979. Personal revisión de un corte grabado para Their satanic majesties request (1967).

Johnny Winter – Jumpin’ Jack Flash

El albino era experto en mejorar las canciones de otros, y no se quedó atrás en el directo Johnny Winter And Live (1971) con esta canción que grabaran “los rollin” en 1968.

Buckcherry – Best of Burden

Escoger uno de los cortes emblemáticos de Some girls (1978) para una versión es de valientes, y Buckcherry lo metieron en The covers: volume I (2014)

Gov’t mule – Can’t you hear me knocking

Estos no podían faltar por aquí. Y hemos escogido esta personalísima elección del Sticky fingers (1971) que podemos escuchar en su Stoned side of the mule (2015).

Muddy Waters – Let’s spend the night together

El maestro revisando a sus alumnos. Para Electric mud (1968) escogió este single editado en enero de 1967 que formó parte del álbum Flowers, editado ese mismo año.

Tesla – Mother’s little helper

Se remontan al Aftermath de 1966 en su disco en directo Five man acoustical jam (1990) con una estupenda y personal versión.

Manic Street Preachers – Start me up

Uno de los riffs más conocidos e imitados de la banda inspira a Manic Street Preachers en su participación en el álbum colectivo Sounds of the 80s (2014). La original arrancó como single el Tattoo you de 1981.

Por supuesto, aún hay más. ¿Qué versión echas de menos?

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Cantautores del rock: poetas eléctricos de hoy.

Comentó Rulo, cuando dio el paso de abandonar La Fuga para comenzar su carrera en solitario: “soy bipolar, tengo un cantautor y un cantante de rock dentro de mí”. Y de esa reflexión reflexiono yo lo difícil que resulta definir la frontera entre el músico que lidera una banda y el cantautor roquero que se rodea de una banda (¿rockautor?). Rulo se fabricó La Contrabanda, Fito hizo lo propio con Los Fitipaldis. Como ellos, muchos cantantes y compositores pisan sin vergüenza ninguna a ambos lados de esa frontera: Bunbury, Cristina Rosenvinge, Quique González, Robe Iniesta, Kutxi y hasta El Drogas, por poner algunos nombres conocidos y con mayor o menor éxito. Hasta cantautores punk tenemos aquí; recordemos a Manolo Kabezabolo si hace falta. Quizá salgamos del prejuicio que la etiqueta cantautor aún tiene “de aburrido” si recordamos algunos songwriters de habla anglosajona; Johnny Cash, Neil Young, Tom Waits o un tal Bob Dylan. Allí se idolatra, aquí se vilipendia.

Bailando en este concepto de cantautor del rock (¿cantaurock?), además de los nombrados y otros famosillos, hay un puñado de excelentes propuestas que, por diversos motivos, no llegan al gran público. El estilo, la continuidad, el dinero, la calidad, la temática. Da igual. Hoy queremos rescatar a algunos cantantes y compositores que lo mismo se suben al escenario a pecho descubierto con una guitarra o un piano que se rodean de músicos amigos para formar una big band roquera.

Malos Pelos – Malos Pelos

Cuatro años han pasado desde que editara este álbum, tras su experiencia, más o menos mediática, al mando de Señor Trepador. En 2018 publicó un directo muy recomendable: Yo también pensé que eran molinos y resultaron ser gigantes. La capacidad interpretativa de Óscar Linares, el hombre tras el cantante, es el punto más destacado de esta propuesta. Si añadimos su buen gusto por las melodías, algunos aciertos compositivos sobresalientes, letras sencillas y directas pero con un poso poético intenso, tenemos un álbum redondo. Juega con estribillos jugosos en Hagamos más el amor y menos la guerra, Postal sideral, Fumando bajo la lluvia o A veces; letras simpáticas en Prometo o Que te vaya todo bien (“un todo incluido no es muy bueno en Alhaurín”); confesiones e historias desnudas en Como las lombrices, Soy un desastre o Tengo miedo (“Tengo miedo de la letanía que deja un te quiero”). Buenas guitarras en Amores de carretera y Como lo hiciste ayer. Una escucha gustosa.

Rafa Pons – La guerra del sexo

Reconozco cierta debilidad por este tipo aparecida después de escuchar Disimula (2015). A finales del 2018 editó este La guerra del sexo con un sonido acústico a medio camino entre el rock, el folk, algún ramalazo country y su habitual genialidad en las letras. Una frase que me cayó como un martillo: “no necesito libro de autoayuda/para eso ya está el Playboy”. Deja poco hueco al aburrimiento. Historias de amor hermoso en Los reyes del mundo o Imposible, despecho y rabia en Como un hombre (“como coño supera tantas cosas la gente”) o No te guardo rencor, un poco de crítica social en Capullo Tonic y algunas épicas personales en Podré soportarlo (“me acusas de perder tu juventud/…/si nadie va a quererme como tú/tienes que comprender amor/que yo podré soportarlo”), Reina o Niño viejo (“me camuflo con el barro/y pongo rumbo al rock and roll”). Un grande.

Solanas – Invencibles

Un “antihéroe de sí mismo” que dice tener mucho que aprender, y en ello está, confeccionando mientras tanto discos impecables, inspirados, donde encontrar sonrisas y lágrimas. Pincha la modernez de Mi luz, la (hiper)positiva Invencibles (“nada nos puede parar/solo podemos ganar/que juntos somos invencibles”), el rock de Por ti o El cazador, el agradable tufo buenosaires de Flores, las divertidas y certeras Buscando enfermeras o Huelga de pereza (“me he apuntado a los mundiales para batir el récord de pesadez”), el toque reggae de El circo (“tú que eras una estrella ahora te acuerdas de mí, de este payaso”), la crítica mordaz de Underground. Y si no tienes bastante, revisa el anterior Gigantes, otra joyita de Fernando Solanas.

Víctor Rojo – Entelequias

Un alumno aventajado, un ejemplo de cantaurock. Autoproducido. Grabado con amigos y familia. Sencillo, profundo, acústico, eléctrico, triste, positivo. Mezcla de emociones e influencias en trece canciones personalísimas que bailan entre el rock íntimo, el punk y el sentido callejero no carente de inteligencia. Predominan los acústicos, quizá por “el presupuesto”, como en La vida buena (“Que viva la vida buena/que viva y que muera la rutina de ayer/que nadie te diga lo que debes hacer”), Tormenta de verano (con un toque aflamencado), Mi nueva trampa, de excelente estribillo, o Ni vino ni rosas. Se salen del tono habitual con Por que siempre salga el sol (“Si no fuera por las drogas, por el sexo y el rocanrol/Habría muchas mañanas en que no saldría el sol”) o Tan perdido como… Ojalá tenga suerte para desarrollar la carrera que promete.

Luter – 333

Si antes hablábamos del alumno, ahora hablamos del maestro. El cantautor más auténtico del underground musical: un clásico con más de veinte años de arte en su garganta. Su cuarta entrega, 333, ancla su alma en los sonidos de los setenta pasados por la producción de Kolibrí Díaz (Marea), con una atmósfera limpia en cada detalle. La melodía y las guitarras son protagonistas en Hagamos que pase, con buen estribillo, en Veterano de Vietnam, con un Hammond interesante (“verás que algún día de aquellos/que prometí quererte de por vida/mostrarán su cicatriz”) o en No hay quien me gobierne (“yo quisiera definirme pero no puedo/en este mundo la contradicción tiene más peso”). Me acuerdo del Ramoncín ochentero en la preciosa balada Perseguir estrellas. Se atreve con un tango en La orquesta de la libertad (“no habrá más realidades que las que podamos tocar/siempre serás en mi vida la orquesta de la libertad”). Preciosas acústicas en Anda de pie. Buen blues de título El crucigrama (“mi madre desguaza la vida al reír”). Preciosa Buffalo Bill sigue vivo con un gran slide. Ahora está en plena publicación de un nuevo álbum que va regalando a cuentagotas; por ahora conforma un EP de título Héroe.

Jairo Martín – Hombres mejores

Un canario madrileño con una musicalidad asombrosa. Lo suyo es el piano locomo demuestra en su último directo (La resistencia bohemia, 2018) y las buenas compañías. Se desangra en arreglos y letras particulares mientras baila con las semillas de Sabino Méndez, Jaime Urrutia o Andrés Calamaro entre noches de humo y buenas (o malas) compañías. Aires roqueros en Las mieles del éxito (“con las velas raídas en una deriva de días, apuntándome a cualquier tipo de sarao”), Miles de hijos y Si quieres; un toque glam para En mi coche; surge el macarra en Hombres mejores; historias de mujeres particulares en Barbie, Barbie, Bárbara y Puntos de break; adorable la poesía de El olor de tu pijama (versión de Alberto Urrutia) y Todos nuestros peores amigos (“todo el mundo sabe lo que pasa/pero no hay nada en mi casa/que explique el sentido”). Incluso su gato tiene una canción estupenda: Canción de Bobo/La colina de los gatos. Una pena que no se prodigue más.

Txema Benítez – Autopsia

Hijo y hermano de Marea (Kutxi), La Fuga (Rulo) o Forraje (Lulu), Txema grabó quince cortes de preciosistas guitarras: el uso de las acústicas, como protagonistas (Como no llovió jamás, Sangre de mil corazones) o como apoyo; los puentes y los solos a doble guitarra; y en todos los arreglos, en muchas ocasiones escuchas tres guitarras. Sirvan de ejemplo Reflexión ( más que humo) o Sed. Junto al buen uso a las seis cuerdas, otro acierto es el aporte de Beatriz Pastor en los coros y las armonías vocales, dando el contrapunto; me gusta especialmente Locos, Otra batalla y Esa noche (“esta noche será menos puta si cuento tus lunares”). Para mover el culo añado Qué quieres que diga. Un piano y arreglos de cuerda en Ni contigo, ni sin ti para redondear la propuesta. A esperar un segundo envite.

Sin duda, hay muchos más. Y estás invitado a añadir a quien más te guste.

12 Canciones sobre el suicidio.

Siembra la polémica y muchas veces, incluso, resulta un tema tabú. Quitarse la vida. Por soledad, por una enfermedad incurable, por depresión, por desesperación. El dolor del que se queda, preguntando si pudo hacer algo. El sufrimiento del que está a punto de saltar por una ventana, de dispararse en la sien. Hemos seleccionado un puñado de canciones sobre el suicidio, sus consecuencias y algunas pequeñas reflexiones. Por cierto, tema no ajeno a nuestros músicos y a los que dedicamos ya un post que puedes leer en este enlace.

Dale al play…

Metallica – Fade to black

Una de sus mejores canciones incluida en Ride the lightning (1984). Narrada en primera persona por un suicida: “I have lost the will to live/Simply nothing more to give”. Sin esperanza, solo, decide que no merece la pena “Death greets me warm/Now I will just say goodbye”.

Pearl Jam – Jeremy

Para su debut (Ten, 1991) Eddie Vedder compuso esta letra impresionado por una historia real, la de Jeremy, el niño que se suicidó delante de sus compañeros de instituto. La forma en que Vedder interpreta el tema y canta el estribillo dota de cierto dolor mórbido a la música.

Ramoncín – Putney Bridge

El suicidio del “último punk” desde Putney Bridge: “su cuero negro lleva el nombre de los Clash/se ha tirado sin mirar atrás”. Porque si muere el punk y vuelve el pop “es que algo anda mal”. Del iniciático e imprescindible Arañando la ciudad (1980).

Uriah Heep – Suicidal man

La reflexión de un hombre asomado a la ventana, pensando qué hacer con su vida, preguntando “Why won’t you help me/Or give me hand/’cause I’m close to becoming”. Una canción entre la esperanza de una oportunidad, de alguien que acuda a evitar el suicidio y la pena por haber llegado hasta ahí. Formó parte del álbum de 1974 titulado Wonderworld.

Manic Street Preachers – 3 ways to see despair

Parte del álbum Rewind the film (2013), una canción sobre la desesperación y la falta de oportunidades, la incapacidad para enfrentarse con el dolor: “There are three ways to see despair/I’ve seen them all, I’m scared to say/…/The fourth way is coming, so prepare for the fall”. ¿Puedes salvar este alma oscura de las profundidades? Sería tan bello…

Gritando en Silencio – Con dos copas de más

Los sevillanos cantan en su debut Contratiempo (2009) al amigo muerto el día de su funeral: “el corazón, es lo único que se ha roto/y has dejado caras tristes/observando un pie de foto”. Las penas se llevan de otra manera con dos copas de más…

The White Buffalo & The Forest Rangers – Come join the murder

Un pájaro negro al otro lado de la ventana llamando a unirse a la muerte. “Come join the murder/Come fly with black/We’ll give you freedom/From the human trap”. La liberación en sus alas para eliminar el sufrimiento. Formó parte de la banda sonora de la serie Sons of Anarchy, adornando la escena final del último capítulo.

La Polla Records – El suicida

Con su irónica manera de contar la realidad, Evaristo y los suyos presentan al suicida como espectáculo, un rato de telediario directamente al salón de muestra casa: “en el suelo quedan restos
sangre seca y el olvido”. Una forma de afrontar la indiferencia en la que vivimos. Incluida en el disco de 1990 Ellos dicen mierda nosotros amén.

Slipknot – Everything ends

“What the hell am I doing?/…/Where the hell am I going?/Do I even need a reason to hide?/I am only betrayed/I am only conditioned to die” clama Corey Taylor desesperado. Parte de Iowa (2001), la solución de la no solución y la perspectiva de la muerte como esperanza para acabar con la soledad.

Ozzy Osbourne – Suicide solution

Un clásico. Ozzy Osbourne denunciado por que un chaval se pegó un tiro en la cabeza, supuestamente, por esta canción. Ozzy, siempre tan atento, lo primero que respondió al enterarse fue:  “¿Cree que quiero que mis fans se suiciden?¿Y cómo coño cree que voy a seguir vendiendo discos?”. La canción en sí, parte de su debut Blizzard of Oz de 1980, habla de beber hasta morir; la “solución suicida” a los problemas es beber sin límite y la canción, irónicamente, trata de prevenir contra ello. Viniendo de Ozzy resulta un tanto hipócrita.

The Answer – Why’d you change your mind

La letra está inspirada en la historia de un amigo del guitarrista Paul Mahon, una reflexión intentando entender qué pasa por la cabeza de una persona que se quita la vida: “Honey can you tell me, why’d you change your mind?/So you walked the other way/I saw you walk the other way/Now you’ll never tell me”. Grabada para su segundo álbum Everyday demons (2009).

Queen – Don’t try suicide

“You need help/Look at yourself, you need help/You need life/So don’t hang yourself”. Freddy Mercury suplica a alguien que no intente suicidarse, que no lo haga ni para llamar la atención ni para solucionar sus problemas, que él se encargará de estar ahí. Un canto que escuchamos en The game (1980).

Lo mejor de Uriah Heep: los años con John Lawton.

La banda británica Uriah Heep se formó hace ya cincuenta años en Londres y ha editado veinticinco álbumes en estudio con cinco cantantes diferentes. Uno de esos cinco fue John Cooper Lawton, conocido artísticamente como John Lawton, quien se ocupó del micrófono entre los años 76 y 79. El cantante de los primeros nueve discos, David Byron, fue despedido por sus graves problemas de alcoholismo (que acabarían con su vida en 1985), comenzando una búsqueda por lo más valioso y disponible del mercado roquero. La capacidad vocal de Lawton se enfrentó a otros candidatos; entre los que probaron con Uriah Heep destacan David Coverdale o Ian Hunter.

Una vez en el puesto, la banda se metió en el estudio Roundhouse Recording de Londres para grabar su décimo largo, Firefly (1977). Junto a Lawton a la voz, los clásicos Mick Box a la guitarra, Ken Hensley a los teclados y Lee Kerslake a la batería. Debutó un nuevo bajista, Trevor Bolder, tras su paso por los Spiders from Mars (junto a Mick Ronson o David Bowie). Producido (como de costumbre) por Gerry Bron, avanzaron en su mezcla de baladas, medios tiempos, temas roqueros buscando el gancho comercial y un toque de heavy metal arrastrado de sus primeros discos. La inclusión de Lawton y el toque de Bolder hacen de esta obra la primera de una trilogía más hard que heavy, sin las notas elevadas de Byron y con el protagonsimo compositivo de Hensley. Así, el inicio con The hanging tree no puede ser más clarificador: una línea de bajo comandando la canción sobre la que Lawton recuerda mucho al estilo de Coverdale, un primer puente con un pequeño solo de teclado, el segundo lo tendrá de guitarra, y un estribillo a varias voces muy sencillo. La final Firefly, por contra, suena a “clásico” de la banda, con sus diferentes pasajes y una construcción progresiva. El single Sympathy juega con guitarras dobles sobre otra línea de bajo magistral, una construcción repetitiva de estrofa-pasaje instrumental, sin estribillo. Contrasta con el tempo tranquilo de Been away too long, con su crescendo, y la historia del tipo que regresa a casa tras una larga ausencia, coronado por un buen solo de Box. Intentan sonar épicos, tanto en la calma de Wise man como en los más de seis minutos de Rollin’ on, quizá más lograda. La garra no la han perdido, y en la veloz Who needs me (compuesta por Kerslake) y en Do you know, protagonizada por el teclado de Hensley, dan rienda suelta al rocanrol. Geil Clarke diseñó el artwork con una pintura de Martin White en la portada. En las diferentes rediciones aparecieron hasta cuatro temas extra grabados en aquellas sesiones, destacando Crime of passion (que fue cara B del single).

Tras una densa gira, vuelven el verano siguiente al mismo estudio con el mismo equipo para grabar Innocent victim (1977). Canciones más rápidas, más directas, con predominio del hard rock, buenos riffs de guitarra y estribillos fáciles para una delicia de obra sonora. En la composición colabora Jack Williams: una canción a medias con Hensley (Keep on ridin’) y dos en solitario (The dance y Choices); Williams, guitarrista y músico de flok y country, se labró una reputación en el mundillo como compositor de la mano de Hensley, quien contó con él en sus discos en solitario y en su paso por Blackfoot. El propio Ken Hensley se yergue como jefe de Uriah Heep al comandar la producción junto a Gerry Bron y dejar en Innocent victim solo dos canciones compuestas por los otros miembros de la banda (Roller, por Bolder, y Free’n’easy, por Lawton y Box). El single elegido para debutar se tituló Free me, un medio tiempo de ritmo marcado con buenas guitarras y Lawton comedido pero muy correcto. Los mejores cortes, sin duda, son los más roqueros. Keep on ridin’ y Flyin’ high, que abren el disco, te ponen a cien sin ningún truco; canciones sencillas, rápidas, con buenos riffs y estribillos con gancho, como Cheat’n’lie o Free’n’easy. No puede faltar la tranqulidad en un disco de Uriah Heep, y en eso Illusion lo borda, con la final Choices, grandilocuente, a su lado.

Los británicos podían presumir en sus poco más de ocho años de vida de haber llenado pabellones y haberse codeado con lo mejorcito del panorama roquero de la época. Nunca les faltó un concierto. Aunque en Estados Unidos se resistieran, a pesar de buenos llenos en sus giras, y de perder popularidad en el Reino Unido, fueron los países escandinavos y centro europeos, en especial Alemania, los que sostuvieron sus ventas. Pero en este año 1977 se llevaron la sorpresa de subir en las listas de ventas de sitios hasta entonces ajenos a ellos: Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica.

Fallen Angel (1977) fue el tercero y último con John Lawton (quien se despediría poco después junto con el batería Lee Kerslake, otro clásico de la banda). Hensley vuelve a ser el protagonista del disco, pues, además de componer seis de los diez temas, se encarga de la producción de nuevo junto al imprescindible Gerry Bron. Volvieron a apostar por canciones muy rápidas y directas, con mucho rollo hard rock e, incluso, AOR (de moda ya por esos años), con una excelente interpretación instrumental, buenos coros y curradas armonías. En Save it se desmadran incluyendo un saxo y un final épico, la guitarra de Box se sale en Woman of the night, Lawton lo borda en I’m alive y la sesentera Love or nothing, se dejan de ruidos y bajan las revoluciones en Put your lovin’ on me (con un rollo poppy) y Come back to me (un éxito en los países helados europeos), rinden al máximo en One more night (last farewell), meten excelentes armonías en Fallen Angel y te menean el culo en Falling in love (con el rock and roll). No sé qué más se le puede pedir a un disco. Escucha la reedición de 2004, que incluye tres descartes muy interesantes, en especial las caras B de los singles (Gimme love y Cheater). El dibujo de la portada lo realizó Chris Achilleos, una impresionante amazona con los pechos al aire (¿hoy lo editarían?) y el diseño corrió a cargo de Chess Creative.

John Lawton tuvo una carrera musical muy movida antes y después de esta odisea por los océanos de Uriah Heep. Comenzó su carrera compartiendo banda (Stonewall) con John Miles y Paul Thomson (Roxy Music). En los primeros setenta alternó su tiempo con la banda de heavy alemana Lucifer’s Friend y el grupo vocal Les Humphries Singers (con los que participó en Eurovisión, allá por 1976). Después de Uriah Heep volvió a Lucifer’s Friend y se enroló en numerosas aventuras con poco éxito. Incluso prestó su voz a diferentes anuncios publicitarios alemanes en los ochenta (Harley Davidson, Colgate Gel). Hoy mezcla canciones viejas y nuevas en sus conciertos con la John Lawton Band (JLB).

Bruce Dickinson – The Chemical wedding – 1998

La historia de The chemical wedding comienza con la fuga de Bruce Dickinson buscando vida más allá de de Iron Maiden, la banda que le hizo famoso. Después de unos años de jugar con diferentes estilos y empaparse de sonidos alternativos de los noventa, Bruce llamó a Adrian Smith, ex-colega de Maiden, para retomar la senda del heavy metal, pero desde una perspectiva “actual” (hablamos de la segunda mitad de los noventa). Tras un excelente Accident of birth llegaron a 1998 con la banda rodada en los escenarios y una idea: realizar un álbum duro, mezclando riffs, estribillos, arreglos y armonías clásicas con la particular idea metálica de Roy Z en el estudio (productor de cinco de sus seis discos en solitario). El resultado, este The chemical wedding, uno de los mejores trabajos de Dickinson desde 1990, si no el mejor, aún a día de hoy. La mezcla de guitarras de Adrian y Roy, con estilos diferentes, y el trabajo rítmico de Eddie Casillas al bajo y David Ingraham a la batería consigue una colección de canciones tremenda.

Basado en la mitología romántica y oscura de William Blake, con una de sus pinturas como portada, las letras, como parte de la música, juega con el ocultismo, el fondo del pozo humano y la épica dramática de la existencia. Algunos cortes (The Book of Thel, Gates of Urizen, Jerusalem) se basan directamente en poemas o textos de Blake mientras que otros hacen referencia o utilizan sus trabajos. Bruce comenzó con la idea de dedicar la lírica a la alquimia y los alquimistas, como ejemplo de personas que buscan algo imposible y dedican su vida a ello. Pero decidió desarrollar más aún la idea a medida que descubría los significados de la obra de Blake, abarcando, en cada canción, un tema central, una leyenda humana.

La inicial King in crimson es la muestra perfecta, con su riff pesado, metal oscuro, el excelente estribillo y el solo de Roy. Y a partir de ahí no hay desperdicio. The chemical wedding presenta un trabajo melódico imaginativo, casi un medio tiempo, con un primer solo clásico que evoluciona en un ambiente de tragedia, el hombre que ha perdido su esencia, su sombra, pero que busca una nueva esperanza: “all my dreams that were outside/In living colour, now alive”. El ritmo sincopado de The tower, con otro gran puente-estribillo (muy Maiden, por cierto), un gran trabajo rítmico y las dobles guitarras en la intro y el puente le dan un gran carácter en el conjunto. La rudeza de  Killing floor (“Satan has left his killing flor” canta), la primera compuesta junto a Adrian de las dos que contiene el álbum, empapa los altavoces con su riff bárbaro y la agresividad de Dickinson. Y una de mis favoritas, los más de ocho minutos de The book of Thel, con sus dos solos y un interludio donde destaca una gran línea de bajo (Casillas firma como compositor), nos introduce en el templo para abrir el libro de Thel “stand inside the temple/as the book of Thel is opening/the priestess stands before you/offering her hand out, she’s rising”. Un estilo de canción que Iron Maiden, ya con Bruce y Adrian, compondrían de diferente manera en años venideros.

At the gates of Urizen es una balada contundente, con un toque moderno, sobre la sinrazón de la lógica tecnológica. Urizen, en la mitología de William Blake, representa la razón y el orden del ser humano. La canción especula con la imposibilidad de alcanzar esa puerta (“the ladders falls away”). Así, Jerusalem, épica, con una de las mejores interpretaciones de Bruce (en años) y ese rollo Jethro en la melodía, nos lleva a otro poema de Blake (quien figura como coautor, de hecho) en el que recoge un supuesto viaje de Jesús a tierras inglesas. Tras un comienzo acústico, la batería y las armonías juegan con la tensión del tema, finalizando con unos solos fantásticos. El metal de finales del siglo XX se cuela en Trumpets of Jericho para tratar el tema de la derrota. En la Biblia las murallas de Jericho caían cuando los judíos tocaban sus trompetas, pero en la canción esto no ocurre. ¿Qué haces cuando por mucho que lo intentas no logras tu objetivo, tu necesidad? Buen, buen estribillo. Sigue Machine men con ese áurea metalera, aunque con un puente/estribillo más clásico; quizá la participación de Adrian Smith en la composición sea la causa. Aunque hay una clara referencia a las consecuencias negativas de la industrialización en el propio ser humano, hay quien interpreta la canción sustituyendo “machine men” por “iron maiden”, a modo de crítica a su, por entonces, antigua banda. Aquí os dejo un enlace muy interesante al respecto. La final The alchemist, origen de la idea del álbum, nos acerca, con un riff cortado, un poco hard, a escapar de lo físico, como metáfora de huir del presente y evadirse a través de la mente. Los alquimistas no solo buscaban hacer oro de otros metales, si no encontrar la esencia de las cosas, incluso de la propia existencia, explicar su construcción y su deconstrucción.

En la reedición de 2001 se incluyeron tres descartes: Return of the king, compuesta con Adrian, Real world, con una estructura muy similar a The tower, y Confeos, la más seventies, con un riff cercano a Blackmore. Sinceramente, ninguna hubiera desentonado en el álbum, tres excelentes composiciones.

Un enorme disco que poco a poco va recibiendo el mérito y el reconocimiento que se merece por parte de los aficionados al heavy metal. Imprescindible en cualquier edición y formato. Siguió una gira exitosa de la que se extrajo Scream for me Brazil (1999). Otro premio para cualquier oreja metalera. A disfrutar.

De músico a músico: recuerdos, homenajes y caricaturas.

Los músicos de los que hablamos hoy cantan a sus amigos músicos, a sus amigos fallecidos, a los compañeros huidos, a los colegas a los que admiran. Es digno reconocer la labor de un maestro también, aquel que inspiró o que, simplemente, estuvo ahí cuando hacía falta. Y recordar al músico casi anónimo que acompañó en algún momento. En fin, personajes del recuerdo, homenajes y hasta alguna caricatura hemos seleccionado. De músico a músico.

Barón Rojo – Concierto para ellos

Tenía que ser la primera. Homenaje a los caídos en el camino. Porque “en cada concierto de rock and roll las campanas doblan por Bon Scott, por Janis, Lennon, Allman, Hendrix, Bolan, Bonham, Brian y Moon”. Uno de los cortes más famosos de Volumen Brutal (1982).

Elton John – Empty garden (Hey Hey Johnny)

Tras la muerte de John Lennon la tristeza se apoderó de Elton John; quería dedicarle una canción, pero no acertaba con el tono. Bernie Taupin recordó que una de las últimas apariciones de Lennon fue en el Madison Square Garden con Elton, y de ahí surgió la canción: “Oh, hey hey Johnny/Can’t you come out, can’t you come out to playJohnny/can’t you come out to play in your empty garden”

Roger Daltrey – Under a raging Moon

Homenaje a otro amigo caído. En esta ocasión, Roger Daltrey en su disco en solitario Under a raging moon (1985) canta al desaparecido batería de The Who, Keith Moon. Nada menos que siete baterías participan en el tema, incluyendo a Cozy Powell, Carl Palmer o Zak Starkey, siguiente en ocupar el puesto de The Who.

Syd Barret – Bob Dylan blues

En 1970 dedicó Barret un simpático homenaje a Dylan jugando con la imagen, las canciones y la situación del entonces joven músico: “Cause I’m a poet, don’t ya know it/And the wind, you can blow it/Cause I’m Mr. Dylan, the king/And I’m free as a bird on the wing”

Los Enemigos – An-Tonio

No solo merecen recuerdo y homenaje los músicos famosos. Josele Santiago en su álbum Nada (1999) dedica este corte a un amigo personal suyo, cantante con un único álbum en el mercado (An-tonio, 1997) que dedicó su vida a cantar por las calles de Sevilla, Londres o su Algeciras natal. Canta Josele: “Me ha dicho el Antonio que hoy no va a cantar/se le habrán quitao las ganas, que no va a cantar más ná/Si hoy no canta el Antonio, ¿quién nos va a cantar?”. Pues eso.

Uriah Heep – Between two worlds

El tema de la pérdida de los compañeros de armas siempre acaba apareciendo. En Sonic origami (1998) hacen los británicos un doble homenaje al ex-cantante David Byron y al bajista Gary Thain, ambos fallecidos a consecuencia del abuso de sustancias, uno en 1975 y el otro diez años más tarde.

Sonic Youth – Tunic (Song for Karen)

En el álbum Goo (1990) pusieron voz a Karen Carpenter: “Hello Janis, Hello Dennis/Elvis and all my brand new friends/I’m so glad you’re all here with me, until the very end”. Enfoca los problemas alimenticios de la cantante como anticipo de su fallecimiento.

Sínkope – Agradecidos a ti

Dedicadas a Rosendo hay varias canciones entre las que hemos seleccionado esta de Sínkope. “Con un colega de Iruña” escuchando en un casé a Leño comenzó el amor de Vito por Rosendo Mercado y, a la vez, por el rock. Una sincera historia de amor musical que, desde ese casé, acabó compartiendo escenario: “mil gracias, maestro Rosendo Mercado/mil gracias, mil gracias por tu legado” y una ristra de canciones imprescindibles de la música popular en español. De su Museo de rejas limadas (2015).

Tesla – Song & emotion

Tesla rindió homenaje a Steve Clark, guitarrista de Def Leppard. Las dos bandas habían girado juntas meses antes y el fallecimiento les pilló en plena grabación de Psychottic supper: “Song and emotion/You can hear him play/You can still hear him say/Better run for cover, ‘cause it looks like rain again!”

Drive-By Truckers – Carl Perkins’ Cadillac

En 2004, dentro del álbum The dirty south, las huestes de Patterson Hood y Mike Cooley cantan al Cadillac que Carl Perkins le “robó” a Elvis: “Carl drove his brand new Cadillac to Nashville and he went downtown”. Un repaso a las relaciones y las promesas de Nashville “the money came in sacks/New contracts and Carl Perkins’ Cadillac”.

Megadeth – In my darkest hour

Tras la muerte de su amigo y ex-compañero de Metallica, Cliff Burton, el bueno de Dave Mustaine compuso esta canción aparecida en So far, so good… So what! (1988): “Alone, I call to ease the pain/Yearning to be held by you/Alone, so alone, I’m lost/Consumed by the pain”.

Black Hat – Soñar

En otras ocasiones el homenaje se hace de manera global, a los ídolos que marcaron el camino. Black Hat, en su álbum de 2003 Eclipse (producido por Jorge Salán), sueñan con la magia del heavy metal y poder cantar “al lado de Gary o Dio/y soñar, y soñar/que los Maiden tocan conmigo”.

Bruce Springsteen – Johnny Bye-Bye

“With a whole lotta trouble running through his veins/Bye bye johnny, Johnny bye bye/You didn’t have to die”. Homenaje de The Boss a Elvis Presley recordando el día que escuchó en la radio la noticia de su muerte. Grabado en las sesiones de Born in the USA (1985).

Gabinete Caligari – Tócala, Uli

Cuarto corte de uno de los mejores discos de pop-rock de los ochenta, Camino Soria (1987), compuesto en homenaje a Ulises Montero, saxofonista de la banda, fallecido por sobredosis de heroína unos meses antes: “Con salero y sin papeles/te paseabas por el foro/una caña de Mahou/y una de rabo de toro, con decoro”.

Y si comenzábamos este post con una canción a los héroes muertos, de regalo este corte que Kreator grabaron en su Gods of violence (2017) en recuerdo a los “hermanos caídos” en las mil batallas del rock y el metal…

Las mejores colaboraciones de Carlos Tarque (M-Clan)

Una de las voces más distinguibles del panorama nacional, alma de M-Clan, hijo del rocanrol, veterano en pabellones, tugurios, listas de ventas, estudios de grabación y festivales. Carlos Tarque es un tipo que ha dejado su arte a numerosos colegas, arrimando su buen hacer a ascuas sonoras diversas. Nosotros queremos hacerle aquí un pequeño homenaje a través de todas esas colaboraciones. Nos permitirás que obviemos las más obvias, esos buenos momentos con Fito, La Fuga, El Drogas, Miguel Ríos. Preferimos seleccionar otras más raras o menos conocidas. Y este es el resultado.

Muerdo – La mano en el fuego

Tarque colaboró con Muerdo, alias de Pascual Cantero, en su disco La mano en el fuego (2018). He aquí una versión acústica (ellos la llaman agustica). Una preciosa canción.

Aurora & The Betrayers – Don`t waste more time

Se atreve con el inglés en esta fiera canción de Aurora & The Betrayers, aparecida en su tercer largo de título Tune out the noise (2018). Esta gente tiene más feeling en un compás que diez horas de radio fórmula.

La Trampa – Tras las huellas de mis pies

Qué bien empastan las voces de Carlos Tarque y Pablo Perea en este tema de Las botas gastadas (2012). Como dicen ellos: “cantando canciones que no están de moda”.

Jarabe de Palo – Avisa a tu madre

En el sexto disco de Jarabe de Palo, su alma mater, Pau Donés, contó con varias colaboraciones, entre ellas la voz de Tarque en este rock desatado “no quiero comprarte”. El disco se llamó Adelantado (2007).

Rebeca Jiménez – Despertarme contigo

En esta ocasión, Tarque comparte con Pereza esta canción de Rebeca Jiménez, emotiva e intensa, incluida en la reedición de Todo llegará (2008).

Inconscientes – Con mis pies

De la mano de Iñaki “Uoho” Antón y sus Inconscientes, Tarque se marca este corto y directo tema para No somos viento (2018). Un rollo muy Platero y Tú.

Sôber – Coge la vida

Curiosa colaboración, por estilo, esta con Sôber en un tema editado en 2016 y originario de las sesiones de Reddo (2004). La alternancia de voces con Carlos Escobedo y el sonido más hard rock dan un especial interés a la canción: “pienso recorrer el planeta entero sin parar/buscando libertad en lo hondo de mi ser”.

Capitán Cobarde – El no murió

Con un rollo Nick Cave & The Bad Seeds se arrastra el vozarrón de Carlos en esta sabrosa composición sobre el toro que no murió. En el disco Capitán Cobarde del (2015).

SuA – El amor & no la guerra

“De qué sirve la violencia/si la paz ha perdido la paciencia”. Si hacía falta, después de los dos ejemplos anteriores, de la versatilidad casi única de este tipo, aquí se une a SuA en un corte hipRock reivindicando el esfuerzo por la paz. Publicado en Alguien llamado yo (2012).

Los Perros del Boogie – De nada sirve hacerse mayor

En su debut Con desprecio y entrega (2009) metieron estos perracos a Tarque en su registro más popular, una rola rock en honor a la juventud, la desesperación por el carpe diem y la rebelión: “te vas ahogando, vas ahogándote/de nada sirve hacerse mayor/ir tras el dinero y el amor/sentir a todas horas la obligación/por eso no quiero hacerme mayor”.

Rodriguez – Autumn rain

Una nueva colaboración en inglés para este disco de sonidos retros muy actualizados. Hermosas acústicas y una línea melódica atrayente. El álbum 5340 se publicó en 2017.

Mr. Black – Sé

Más acústicas y un rollo country en el álbum Oso (2017) de estos madrileños. Tarque se resbala como pez en agua clara entre las armonías y los ritmos de este tema. Podría formar parte de cualquier disco de M-Clan.

Aún hay más. Si falta alguna de tus favoritas no dudes en pasearte por los comentarios y dejar el enlace.

La máquina del tiempo 1984: una Historia del Rock a través de sus canciones

La máquina del tiempo: 40 años de rock.

Una memoria de canciones publicadas entre la muerte del rey blanco del rock, Elvis Presley, en 1977, y la del rey negro del rock, Chuck Berry, en 2017.

1984

El año comenzó con Michael Jackson resistiendo en lo alto de las listas con su Thriller, prácticamente hasta el mes de abril, para dejar poco a poco sitio a otros dos monstruos: Bruce Springsteen, con Born in the U.S.A. (siete semanas de verano), y Prince, con Purple rain, que estuvo un total de veintidós semanas en el top. Entre ellos dejaron apenas sitio para la banda sonora de Footloose en lo más alto. En cuanto a singles, la cosa estuvo más peleada: Madonna se metió en las últimas semanas del año con Like a virgin; Van Halen con Jump consiguió su único número uno y estuvo cinco semanas en total; Owner of a lonely heart de Yes se coló directamente a lo más alto; incluso The Cars con su Drive se asomaron por ahí. Tina Turner regresó a los cuarenta y cuatro años por la puerta grande con Private dancer, alcanzando el número dos en álbumes y el número uno en singles con What’s love got to do with it. También regresaron a los estudios Deep Purple con su famoso Mark II y Perfect strangers. Y para cerrar el año, Do they know it’s Christmas? de Band Aid hizo restregarse inquietas a las conciencias anglosajonas, que se rascaron el bolsillo para comprar esta idea altruista de Bob Geldof (The Boomtown Rats) y Midge Urge (Ultravox); para los más pequeños del lugar, organizaron un grupo y grabaron el single con el fin de recaudar dinero con objeto de paliar la hambruna de Etiopía. Pronto hablamos del Live Aid.

Fue un año de bandas sonoras. No había productora que no buscara rascar unos dólares, o unas libras, con unas cuantas canciones con gancho acompañando sus películas. La musical Footloose se llevó la mejor parte, pero no debemos olvidar a Ghostbusters o The woman in red, con Steve Wonder haciendo uno de sus últimos éxitos.

Otros no menos conocidos por estas páginas, que ya comenzaban a asomarse a las listas de ventas y a los pabellones poco a poco, dan ese pasito adelante. Hablamos, por ejemplo, de Bryan Adams y su Reckless, U2 y su The unforgettable fire, Whitesnake con Slide it in o Scorpions con Love at first sting. Y, claro, Van Halen se encumbraron de nuevo con 1984 y Foreigner con Agent provocateur y su megaéxtio I want to know what love is. Algo menos de suerte, en lo monetario, pero con mucho arte, llamaron la atención y aparecieron en escenarios cada vez más grandes Twisted Sister (Stay hungry), Yngwie Malmsteen junto a Joe Lynn Turner (Odissey) o Judas Priest (Defenders of the faith).

Dentro de nuestro rollo debutaron algunas bandas que serán grandes protagonistas en próximas entregas: The Cult, Icon, Stryper, Bon Jovi, W.A.S.P. o Red Hot Chili Peppers entre otros. Veteranos en plena explosión creativa también encontramos. Así, Don Henley entrega Boys on summer, Dio hace lo propio con The last in line, Queen presentan The Works y Iron Maiden su vertiginoso Powerslave. En el lado más heavy, esa revolución que se anunciaba meses antes comienza a tomar forma; escuchamos el imprescindible At war with Satan de Venom, el Fistful of metal de Anthrax, el no menos influyente Morbid tales de Celtic Frost, el grandioso Don’t break the oath de Mecyful Fate y, por supuesto, el Ride the lightning de Metallica. El Monsters of Rock de Donington con un cartel espectacular: AC/DC, Van Halen, Accept, Mötley Crüe, Gary Moore, Y&T y Ozzy Osbourne. Casi nada.

Y algunas de nuestras debilidades: Ratt (Out of cellar), Kiss (Animalize), Triumph (Thunder seven), Europe (Wings of tomorrow), el directo Alchemy de Dire Straits o el Tooth & Nail de Dokken.

Por aquí os dejo nuestra particular playlist. Varios jovenzuelos con ganas de éxito, algunos veteranos en forma, unos clásicos imperecederos y mucha buena música. Dale al play.

¿Las peores versiones del rock?

Advertencia: tus oídos van a sangrar. Esta entrada resulta algo perversa, casi masoquista. ¿De verdad hace falta rebuscar en lo más infame de los archivos sonoros para encontrar canciones malas? Canciones que asesinan gatitos cada vez que suenan. Y que, para dolor máximo, intentan servir de homenaje a buenas, excelentes composiciones de nuestro rollo. A este ¿arte? yo lo denomino perversiones.

Pues hace unos días me dediqué a preguntar a colegas y amigos de Twitter y Facebook por su “peor versión”. El resultado está aquí; he seleccionado una pequeña muestra. El horror no tiene fin.

Seguro que tú conoces una peor. O igual de (im)prescindible. 

Bertín Osborne vs. Kansas 

Paulina Rubio vs. KISS

Hilary Duff vs. The Who

Azúcar Moreno vs. The Rolling Stones

Maremágnum vs. Queen

Mexrrissey vs. Morrissey

Baccara vs. The Doors

Los Planetas vs. Roxy Music

All Saints vs. Red Hot Chili Peppers

Miley Cyrus vs. Led Zeppelin

Ya no tengo valor para poner más…

Bonfire – Point blank -1989

Uno de los discos más infravalorados del hard rock melódico (sí, también hablaremos en el futuro de Hardline o Tyketto), este Point blank se editó en noviembre de 1989 con la producción de Michael Wagener. Durante la grabación se despidió su fundador, guitarrista y principal compositor, Hans Ziller, por eso que dicen de las diferencias artísticas. El resto de la banda acabó el trabajo contando con compositores externos de moda, como Jack Ponti, Desmond Child o Bob Halligan Jr. Angel Schleifer grabó las guitarras, Edgar Patrik la batería, Joerg Deisinger el bajo y Claus Lessmann cantó estupendamente. Registraron, según dicen, treinta canciones de las que quince acabaron en la versión vinilo y dos bonus track redondearon el cedé y la casé. Un viaje por el lado luminoso del hard rock.

La apertura con Bang down the door y su riff agresivo marcando la líne amelódica principal, las estrofas dejándose caer hasta el estribillo directo, un breve pero correcto solo: “if you keep me waiting babe/I won’t just be knocking anymore” porque ¡voy a tirar la puerta abajo! Mantienen el tipo en Waste no time, con un tufillo al debut de Skid Row (lo produjo meses antes Wagener); destaca las armonías y el ritmo trepidante. La melodía se hace protagonista en las guitarras de Hard on me desde esa intro, pasando por el estribillo (donde dobla a la voz principal) y acabando en el solo. Qué pena que por duración o por enfoque comercial no desarrollaran más las partes instrumentales. Una letra curiosa: el hombretón reconociendo que no puede con la chica y “when I see you coming I gotta get to running”. Y en este descenso emocional y melódico llegamos a Why is it never enough, con su inicio acústico y calmado, el crescendo hasta el puente y el estribillo desgarrado: “Tell me why is it never enough/must be another dream that i´m dreaming of”.

A estas alturas resultan claros los puntos fuertes de Point blank: una producción “de época”, preciosista y ruda, unas composiciones variadas y sentidas, interpretaciones instrumentales correctas en las que destaca la voz de Lessmann y unos cuantos estribillos fáciles de recordar. Todo muy bien acabado.

Otro corte que ha perdurado en los conciertos de los alemanes cuenta la historia de Tony y su ruleta del amor: “You’re young and free and you wnat to have fun” pero no sabes si hoy buscas el amor de tu vida o solo un rollo pasajero. Un riff muy George Lynch y gran estribillo, que abre Tony’s roulette, y una parte final excelente. De los temas más duros, You’re back reclama a gritos que uno debe levantarse una y otra vez, volver a la calle, al calor y luchar, con una potencia incontestable. Un exquisito medio tiempo con una guitarra digna de Richie Sambora nos espera en Look of love. Todo buen disco que quisiera vender a finales de los ochenta tenía que contar con letras de amor y de desamor, tipos rudos y tipos llorosos; si Tony salía en busca de carnaza, en este tema el protagonista, con la fotografía de la chica en la mano, clama “I don’t want to hide/There’s nothing more/ It’s a love so true”. El riff machacón de Freedom is my belief marca este homenaje a los motoristas, a los que viven “under clear blue skies” y tienen por libertad cabalgar día y noche.

Con un recuerdo, de nuevo, a los primeros Skid Row suena Gimme some, toda una declaración de intenciones: “you’re the queen I gotta try”. Los chicos andan calientes, vaya. Corto pero vibrante solo. Aflojan la apisonadora en Never surrender, con unas estrofas iniciales suaves, con acústicas y teclado, para acelerar en el puente y subir en el estribillo. Funciona el reclamo a la unidad (¿de la banda? ¿del público en el concierto?) para enfrentarse a las adversidades: todos juntos seremos más fuertes y nunca nos rendiremos frente a este frío y malvado mundo. No falta el himno por la juventud, por la rebeldía adolescente “we never play your stupid dreams” porque son la (20th Century) Youth patrol. Uno de los mejores solos y un buen final. Otra de las favoritas de título Know right know suena a continuación; vuelta al predominio de la melodía con una línea vocal bien elaborada hasta desencadenar en un sentido estribillo, con la guitarra armonizando perfectamente. Y los contrastes de los que antes hablábamos: si en la anterior dejaban claro que la relación había terminado (“you should turn and walk the door”) en la siguiente Who’s foolin’ who claman por la contrariedad de no compartir el amor. Quizá una cosa llevó a la otra. Sencilla balada acústica con las olas de mar del fondo y una letra un tanto manida, pero funciona: “if we don’t stay together we’re fooling”

Dos bonus se incluyeron en el cedé y en la casé. The price of loving you suena nítidamente a Desmond Child, y aunque no es malo desentona un poco en el conjunto. El propio Child lo aprovechó para abrir su álbum Discipline. Compuesto por Ziller y Lessmann, Say goodby encaja más, muy melódico, con un recuerdo a Bon Jovi y el teclado cobrando protagonismo en puente y estribillo.

Todos tenemos álbumes que adoramos sin importarnos su calidad objetiva, lo que vendió, su valor en la Historia de la música o si sus propios autores lo detestan. Nos gusta. Y este Point blank me gusta.