Las mejores colaboraciones de Carlos Tarque (M-Clan)

Una de las voces más distinguibles del panorama nacional, alma de M-Clan, hijo del rocanrol, veterano en pabellones, tugurios, listas de ventas, estudios de grabación y festivales. Carlos Tarque es un tipo que ha dejado su arte a numerosos colegas, arrimando su buen hacer a ascuas sonoras diversas. Nosotros queremos hacerle aquí un pequeño homenaje a través de todas esas colaboraciones. Nos permitirás que obviemos las más obvias, esos buenos momentos con Fito, La Fuga, El Drogas, Miguel Ríos. Preferimos seleccionar otras más raras o menos conocidas. Y este es el resultado.

Muerdo – La mano en el fuego

Tarque colaboró con Muerdo, alias de Pascual Cantero, en su disco La mano en el fuego (2018). He aquí una versión acústica (ellos la llaman agustica). Una preciosa canción.

Aurora & The Betrayers – Don`t waste more time

Se atreve con el inglés en esta fiera canción de Aurora & The Betrayers, aparecida en su tercer largo de título Tune out the noise (2018). Esta gente tiene más feeling en un compás que diez horas de radio fórmula.

La Trampa – Tras las huellas de mis pies

Qué bien empastan las voces de Carlos Tarque y Pablo Perea en este tema de Las botas gastadas (2012). Como dicen ellos: “cantando canciones que no están de moda”.

Jarabe de Palo – Avisa a tu madre

En el sexto disco de Jarabe de Palo, su alma mater, Pau Donés, contó con varias colaboraciones, entre ellas la voz de Tarque en este rock desatado “no quiero comprarte”. El disco se llamó Adelantado (2007).

Rebeca Jiménez – Despertarme contigo

En esta ocasión, Tarque comparte con Pereza esta canción de Rebeca Jiménez, emotiva e intensa, incluida en la reedición de Todo llegará (2008).

Inconscientes – Con mis pies

De la mano de Iñaki “Uoho” Antón y sus Inconscientes, Tarque se marca este corto y directo tema para No somos viento (2018). Un rollo muy Platero y Tú.

Sôber – Coge la vida

Curiosa colaboración, por estilo, esta con Sôber en un tema editado en 2016 y originario de las sesiones de Reddo (2004). La alternancia de voces con Carlos Escobedo y el sonido más hard rock dan un especial interés a la canción: “pienso recorrer el planeta entero sin parar/buscando libertad en lo hondo de mi ser”.

Capitán Cobarde – El no murió

Con un rollo Nick Cave & The Bad Seeds se arrastra el vozarrón de Carlos en esta sabrosa composición sobre el toro que no murió. En el disco Capitán Cobarde del (2015).

SuA – El amor & no la guerra

“De qué sirve la violencia/si la paz ha perdido la paciencia”. Si hacía falta, después de los dos ejemplos anteriores, de la versatilidad casi única de este tipo, aquí se une a SuA en un corte hipRock reivindicando el esfuerzo por la paz. Publicado en Alguien llamado yo (2012).

Los Perros del Boogie – De nada sirve hacerse mayor

En su debut Con desprecio y entrega (2009) metieron estos perracos a Tarque en su registro más popular, una rola rock en honor a la juventud, la desesperación por el carpe diem y la rebelión: “te vas ahogando, vas ahogándote/de nada sirve hacerse mayor/ir tras el dinero y el amor/sentir a todas horas la obligación/por eso no quiero hacerme mayor”.

Rodriguez – Autumn rain

Una nueva colaboración en inglés para este disco de sonidos retros muy actualizados. Hermosas acústicas y una línea melódica atrayente. El álbum 5340 se publicó en 2017.

Mr. Black – Sé

Más acústicas y un rollo country en el álbum Oso (2017) de estos madrileños. Tarque se resbala como pez en agua clara entre las armonías y los ritmos de este tema. Podría formar parte de cualquier disco de M-Clan.

Aún hay más. Si falta alguna de tus favoritas no dudes en pasearte por los comentarios y dejar el enlace.

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La máquina del tiempo 1984: una Historia del Rock a través de sus canciones

La máquina del tiempo: 40 años de rock.

Una memoria de canciones publicadas entre la muerte del rey blanco del rock, Elvis Presley, en 1977, y la del rey negro del rock, Chuck Berry, en 2017.

1984

El año comenzó con Michael Jackson resistiendo en lo alto de las listas con su Thriller, prácticamente hasta el mes de abril, para dejar poco a poco sitio a otros dos monstruos: Bruce Springsteen, con Born in the U.S.A. (siete semanas de verano), y Prince, con Purple rain, que estuvo un total de veintidós semanas en el top. Entre ellos dejaron apenas sitio para la banda sonora de Footloose en lo más alto. En cuanto a singles, la cosa estuvo más peleada: Madonna se metió en las últimas semanas del año con Like a virgin; Van Halen con Jump consiguió su único número uno y estuvo cinco semanas en total; Owner of a lonely heart de Yes se coló directamente a lo más alto; incluso The Cars con su Drive se asomaron por ahí. Tina Turner regresó a los cuarenta y cuatro años por la puerta grande con Private dancer, alcanzando el número dos en álbumes y el número uno en singles con What’s love got to do with it. También regresaron a los estudios Deep Purple con su famoso Mark II y Perfect strangers. Y para cerrar el año, Do they know it’s Christmas? de Band Aid hizo restregarse inquietas a las conciencias anglosajonas, que se rascaron el bolsillo para comprar esta idea altruista de Bob Geldof (The Boomtown Rats) y Midge Urge (Ultravox); para los más pequeños del lugar, organizaron un grupo y grabaron el single con el fin de recaudar dinero con objeto de paliar la hambruna de Etiopía. Pronto hablamos del Live Aid.

Fue un año de bandas sonoras. No había productora que no buscara rascar unos dólares, o unas libras, con unas cuantas canciones con gancho acompañando sus películas. La musical Footloose se llevó la mejor parte, pero no debemos olvidar a Ghostbusters o The woman in red, con Steve Wonder haciendo uno de sus últimos éxitos.

Otros no menos conocidos por estas páginas, que ya comenzaban a asomarse a las listas de ventas y a los pabellones poco a poco, dan ese pasito adelante. Hablamos, por ejemplo, de Bryan Adams y su Reckless, U2 y su The unforgettable fire, Whitesnake con Slide it in o Scorpions con Love at first sting. Y, claro, Van Halen se encumbraron de nuevo con 1984 y Foreigner con Agent provocateur y su megaéxtio I want to know what love is. Algo menos de suerte, en lo monetario, pero con mucho arte, llamaron la atención y aparecieron en escenarios cada vez más grandes Twisted Sister (Stay hungry), Yngwie Malmsteen junto a Joe Lynn Turner (Odissey) o Judas Priest (Defenders of the faith).

Dentro de nuestro rollo debutaron algunas bandas que serán grandes protagonistas en próximas entregas: The Cult, Icon, Stryper, Bon Jovi, W.A.S.P. o Red Hot Chili Peppers entre otros. Veteranos en plena explosión creativa también encontramos. Así, Don Henley entrega Boys on summer, Dio hace lo propio con The last in line, Queen presentan The Works y Iron Maiden su vertiginoso Powerslave. En el lado más heavy, esa revolución que se anunciaba meses antes comienza a tomar forma; escuchamos el imprescindible At war with Satan de Venom, el Fistful of metal de Anthrax, el no menos influyente Morbid tales de Celtic Frost, el grandioso Don’t break the oath de Mecyful Fate y, por supuesto, el Ride the lightning de Metallica. El Monsters of Rock de Donington con un cartel espectacular: AC/DC, Van Halen, Accept, Mötley Crüe, Gary Moore, Y&T y Ozzy Osbourne. Casi nada.

Y algunas de nuestras debilidades: Ratt (Out of cellar), Kiss (Animalize), Triumph (Thunder seven), Europe (Wings of tomorrow), el directo Alchemy de Dire Straits o el Tooth & Nail de Dokken.

Por aquí os dejo nuestra particular playlist. Varios jovenzuelos con ganas de éxito, algunos veteranos en forma, unos clásicos imperecederos y mucha buena música. Dale al play.

¿Las peores versiones del rock?

Advertencia: tus oídos van a sangrar. Esta entrada resulta algo perversa, casi masoquista. ¿De verdad hace falta rebuscar en lo más infame de los archivos sonoros para encontrar canciones malas? Canciones que asesinan gatitos cada vez que suenan. Y que, para dolor máximo, intentan servir de homenaje a buenas, excelentes composiciones de nuestro rollo. A este ¿arte? yo lo denomino perversiones.

Pues hace unos días me dediqué a preguntar a colegas y amigos de Twitter y Facebook por su “peor versión”. El resultado está aquí; he seleccionado una pequeña muestra. El horror no tiene fin.

Seguro que tú conoces una peor. O igual de (im)prescindible. 

Bertín Osborne vs. Kansas 

Paulina Rubio vs. KISS

Hilary Duff vs. The Who

Azúcar Moreno vs. The Rolling Stones

Maremágnum vs. Queen

Mexrrissey vs. Morrissey

Baccara vs. The Doors

Los Planetas vs. Roxy Music

All Saints vs. Red Hot Chili Peppers

Miley Cyrus vs. Led Zeppelin

Ya no tengo valor para poner más…

Bonfire – Point blank -1989

Uno de los discos más infravalorados del hard rock melódico (sí, también hablaremos en el futuro de Hardline o Tyketto), este Point blank se editó en noviembre de 1989 con la producción de Michael Wagener. Durante la grabación se despidió su fundador, guitarrista y principal compositor, Hans Ziller, por eso que dicen de las diferencias artísticas. El resto de la banda acabó el trabajo contando con compositores externos de moda, como Jack Ponti, Desmond Child o Bob Halligan Jr. Angel Schleifer grabó las guitarras, Edgar Patrik la batería, Joerg Deisinger el bajo y Claus Lessmann cantó estupendamente. Registraron, según dicen, treinta canciones de las que quince acabaron en la versión vinilo y dos bonus track redondearon el cedé y la casé. Un viaje por el lado luminoso del hard rock.

La apertura con Bang down the door y su riff agresivo marcando la líne amelódica principal, las estrofas dejándose caer hasta el estribillo directo, un breve pero correcto solo: “if you keep me waiting babe/I won’t just be knocking anymore” porque ¡voy a tirar la puerta abajo! Mantienen el tipo en Waste no time, con un tufillo al debut de Skid Row (lo produjo meses antes Wagener); destaca las armonías y el ritmo trepidante. La melodía se hace protagonista en las guitarras de Hard on me desde esa intro, pasando por el estribillo (donde dobla a la voz principal) y acabando en el solo. Qué pena que por duración o por enfoque comercial no desarrollaran más las partes instrumentales. Una letra curiosa: el hombretón reconociendo que no puede con la chica y “when I see you coming I gotta get to running”. Y en este descenso emocional y melódico llegamos a Why is it never enough, con su inicio acústico y calmado, el crescendo hasta el puente y el estribillo desgarrado: “Tell me why is it never enough/must be another dream that i´m dreaming of”.

A estas alturas resultan claros los puntos fuertes de Point blank: una producción “de época”, preciosista y ruda, unas composiciones variadas y sentidas, interpretaciones instrumentales correctas en las que destaca la voz de Lessmann y unos cuantos estribillos fáciles de recordar. Todo muy bien acabado.

Otro corte que ha perdurado en los conciertos de los alemanes cuenta la historia de Tony y su ruleta del amor: “You’re young and free and you wnat to have fun” pero no sabes si hoy buscas el amor de tu vida o solo un rollo pasajero. Un riff muy George Lynch y gran estribillo, que abre Tony’s roulette, y una parte final excelente. De los temas más duros, You’re back reclama a gritos que uno debe levantarse una y otra vez, volver a la calle, al calor y luchar, con una potencia incontestable. Un exquisito medio tiempo con una guitarra digna de Richie Sambora nos espera en Look of love. Todo buen disco que quisiera vender a finales de los ochenta tenía que contar con letras de amor y de desamor, tipos rudos y tipos llorosos; si Tony salía en busca de carnaza, en este tema el protagonista, con la fotografía de la chica en la mano, clama “I don’t want to hide/There’s nothing more/ It’s a love so true”. El riff machacón de Freedom is my belief marca este homenaje a los motoristas, a los que viven “under clear blue skies” y tienen por libertad cabalgar día y noche.

Con un recuerdo, de nuevo, a los primeros Skid Row suena Gimme some, toda una declaración de intenciones: “you’re the queen I gotta try”. Los chicos andan calientes, vaya. Corto pero vibrante solo. Aflojan la apisonadora en Never surrender, con unas estrofas iniciales suaves, con acústicas y teclado, para acelerar en el puente y subir en el estribillo. Funciona el reclamo a la unidad (¿de la banda? ¿del público en el concierto?) para enfrentarse a las adversidades: todos juntos seremos más fuertes y nunca nos rendiremos frente a este frío y malvado mundo. No falta el himno por la juventud, por la rebeldía adolescente “we never play your stupid dreams” porque son la (20th Century) Youth patrol. Uno de los mejores solos y un buen final. Otra de las favoritas de título Know right know suena a continuación; vuelta al predominio de la melodía con una línea vocal bien elaborada hasta desencadenar en un sentido estribillo, con la guitarra armonizando perfectamente. Y los contrastes de los que antes hablábamos: si en la anterior dejaban claro que la relación había terminado (“you should turn and walk the door”) en la siguiente Who’s foolin’ who claman por la contrariedad de no compartir el amor. Quizá una cosa llevó a la otra. Sencilla balada acústica con las olas de mar del fondo y una letra un tanto manida, pero funciona: “if we don’t stay together we’re fooling”

Dos bonus se incluyeron en el cedé y en la casé. The price of loving you suena nítidamente a Desmond Child, y aunque no es malo desentona un poco en el conjunto. El propio Child lo aprovechó para abrir su álbum Discipline. Compuesto por Ziller y Lessmann, Say goodby encaja más, muy melódico, con un recuerdo a Bon Jovi y el teclado cobrando protagonismo en puente y estribillo.

Todos tenemos álbumes que adoramos sin importarnos su calidad objetiva, lo que vendió, su valor en la Historia de la música o si sus propios autores lo detestan. Nos gusta. Y este Point blank me gusta.

Canciones del Lejano Oeste: cowboys y llaneros solitarios.

La imagen del vaquero que cabalga solo en la pradera o en el desierto, al atardecer, esperando que llegue la noche para tumbarse en la tierra y tapar su cara con el sombrero. El misterio, el romanticismo, la épica del héroe anónimo que se busca la vida, que busca su destino, que huye de la injusticia o que, simplemente, no tiene a dónde ir. El cine ayudó a crear este mito moderno y nuestros músicos lo han adaptado a su estilo; algunos han creado cowboys de hoy en día mientras que otros, los que hoy traemos, han narrado historias ambientadas en el Lejano Oeste.

Once canciones sobre cowboys, justicieros, llaneros solitarios y el Salvaje Oeste.

Bad Company – Bad company

Una de las canciones clásicas del rock atemporal. Un desertor que se declara una mala compañía: “Oh I was born 6-gun in my hand/Behind a gun I’ll make my final stand”. Dicen que Paul Rodgers grabó la canción en una fría noche de noviembre para dar el tono. Del debut del mismo nombre de la banda, allá por 1974.

Volbeat – Pearl Hart

La hermosa Pearl Hart está en la cárcel: se vistió con ropa de hombre, cogió su Colt y paró una diligencia, robando a sus tres ocupantes. Uno de los temas extraído como single del álbum de 2003 Outlaw gentlemen & shady ladies.

Christopher CrossRide like the wind

La historia del que huye de la horca, el forajido camino de México en mitad de la noche: “ride like the wind/To be free again”. El mayor éxito de Christopher Cross, single de 1979 de su álbum debut.

Thin Lizzy – Cowboy song

El vaquero solitario que recuerda entre aullidos de coyote una aventura amorosa, allá en Texas, cerca de la frontera. Porque ” Lord, those southern girls all seem the same”. Del clásico Jailbreak de 1976.

The Eagles – Desperado

Otra rola sobre la soledad del vaquero. The Eagles hablan del paso del tiempo y la soledad representado en la figura de cowboy que envejece solo: “Your pain and your hunger, they’re drivin’ you home”. Da título al álbum de 1973.

Jon Bon Jovi – Blaze of glory

La tierra como cama y un viejo abrigo como manta, huyendo siempre, el buscador de éxito: “I’m a devil on the run/A six gun lover”. ¿Alguna vez llegará esa llamarada de gloria? Primer sencillo del primer disco en solitario de Jon Bon Jovi (1990) para la película Young Guns II (Arma joven II). Se llevó un Globo de Oro y una nominación al Oscar. Por cierto, Jeff Beck a la guitarra.

Styx – Renegade

Lejos de la poética del buscador, del fugitivo, Styx se marcan una letra desesperada, el renegado que clama a su madre por su vida: “Oh, Momma, I been years on the lam/And had high price on my head/Lawman said, Get ‘em dead or alive!”. El sheriff finalmente le captura y su vida pende, literalmente, de un hilo. Del álbum Pieces of eight de 1978.

Aerosmith – Back in the saddle

Como no todo es cabalgar, el vaquero llega, alguna vez, a un pueblo: “Ridin’ into town alone by the light of the moon/I’m lookin’ for old Sukie Jones, she crazy horse saloon”. En este caso (siendo Aerosmith qué menos) a tomar unas copas, juguetear con unas chicas y meterse en alguna pelea. Parte del clásico Rocks de 1976.

Ratt – Wanted man

Y otra de peleas: ” I’ll make you feel like a/Human target, in my eyes “. Aquí el único cuello que va a romperse es el que rompa la pandilla Ratt. Sencillo del Out of the cellar (1984).

Bob Dylan – Knockin’ on heaven’s door

A veces llega el final. Casi siempre. La historia del fugitivo, del vaquero fronterizo, acaba con sus huesos en el suelo y enfrentado a la muerte: “It’s gettin’ dark, too dark to see/I feel I’m knockin’ on heaven’s door”. Tema perteneciente a la banda sonora de Pat Garret and Billy the Kid (1973).

Billy Joel – The ballad of Billy the Kid

La mística de algunos personajes atrajo a muchos de nuestros músicos. En este caso, Joel reseña la vida de enfrentamiento y soledad de Billy el Niño: “Well he never travelled heavy/yes he always rode alone”. Grabada para el álbum Piano man (1973).

  Y aún hay más…

Lo mejor de Mötorhead… en el siglo XXI.

Ilustración de Óscar Giménez

A veces perdemos la perspectiva con lo grande que es REALMENTE un grupo. Nos quedamos en sus años de gloria, en esos discos imprescindibles, casi siempre del comienzo de su carrera, y dejamos de lado las novedades. Algo así me sucedió con Mötorhead y el legado de Lemmy; dejé de escuchar sus discos editados desde la mitad de los noventa. Y como no hay pecado peor que la ignorancia he decidido ponerle remedio con una escucha de sus obras de este siglo. Y este es el resultado, incluyendo una selecta playlist que al final os regalo.

Desde el año 2000, justo veinte después de su (quizá) mejor obra, hasta el 2015 publicaron ocho trabajos, más o menos cada dos años en un ritmo que ya habla claramente del compromiso y la necesidad de Mötorhead. Canciones para construir un Universo propio contando historias sobre lo malvada e injusta que es la vida, la obsesión por la muerte (y los asesinatos y la guerra), la necesidad de fiesta y sexo y los líos en los que te metes y, por fin, las reflexiones sobre la música y la vida del músico. Cuatro pilares sobre los que sustentar veintidos discos de estudio, casi doscientas cincuenta canciones.

Además de Lemmy al bajo y a la voz, sus inseparables Phil Campbell a la guitarra y Mikkey Dee a la batería, junto con algunas colaboraciones puntuales, graban toda la música de la que aquí hablamos.

Tres de esos discos me parecen imprescindibles. We are Mötorhead (2000) suena directo, con una producción magnífica comandada por Bob Kulick (W.A.S.P., Meat Loaf, Kiss) mantiene un equilibrio entre la parte más punk y la más roquera: Slow dance, Wake up dead, One more fucking time o la mejor We are Mötorhead. Junto a él, Inferno (2004) vuelve al nivel de inspiración, variedad y acierto del trío; no hay canción mala: Terminal show (colabora Steve Vai), Killers, Suicide, Life’s a bitch, el excelente toque hard de In the black, el riff de In the year of the wolf o la acústica Whorehouse blues. El tercero sería Aftershock (2013), equilibrado de principio al final, con un toque más roquero que punk o metal: Lost woman blues, Do you believe, Going to Mexico, Silence when you sepak to me o Paralyzed, aunque, de nuevo, no hay tema flojo.

Un escalón por debajo escuchamos los otros trabajos. Campbell tiene un papel especial en Hammered (2002) haciendo uno de sus mejores guitarreos: Brave new world, Voices frome the war o la thrashy Red raw, junto a Mine all mine (con piano de Deeze Reed) y Walk a crooked mile destacan. Kiss of death (2006) es otra colección de canciones muy bien acabada pero menos inspirada, es decir, todo suena correcto pero falta chispa y variedad, quizá demasiado metido en “lo de siempre”. La producción de Cameron Webb (también produjo el anterior Inferno y todos los siguientes) limpia la voz de Lemmy. A destacar: R.A.M.O.N.E.S. cómo no, la balada God was never on your side, el rock de Christine, Living in the past o la tremenda Trigger. El problema de Motorizer (2008) es el mismo del disco anterior, que suena bien pero todo demasiado plano, quizá con Campbell destacando de nuevo en One short life o Sing the blues y Lemmy clavando English rose o Buried alive. En The world is yours (2011) suenan algo más oscuros en Brotherhood of man, con muchos guiños hard y buenas melodías (Rock’n’roll music, Bye bye bitch bye bye) y la caña de siempre de Born to lose o Get back in line.

El disco final, Bad magic (2015), tiene el aliento de despedida de Lemmy: su voz se nota cansada, aviejada, pero su esfuerzo lo compensa y mantiene su gloria. La versión del Sympathy for the devil está muy bien enterrada en el mundo Mötorhead, junto a Thunder & lightning, When the sky comes looking for you, Electricity o Shoot out all of your lights. No debes perderte la letra de Till the end, una reflexión (¿final?) de Lemmy sobre su vida.

Una escucha necesaria para cualquier roquero, punkarra o metalero que necesite el ruido de una buena guitarra. Lemmy y sus Mötorhead, formara quien formara a su lado, consiguieron un sonido atemporal reconocido y reconocible en cualquier parte del mundo. Y eso, amigo, amiga, está al alcance de un puñado.

Iggy Pop – Lust for life – 1977

La vida artística en solitario de Iggy Pop comenzó cuando debió haber terminado, cuando terminó la de muchos coetáneos suyos. Tras el último concierto de The Stooges en 1974, Iggy desaparecio del mapa; vivía en una vorágine de drogas de todo tipo y desfase permanente que acabó con sus huesos en una institución psiquiátrica, de dónde salió todo lo cuerdo que se podía salir y todo lo limpio que se podía ser. Durante aquellos años, David Bowie estuvo pendiente de él, visitándole y ayudando al flaco económicamente. Tras ciertos problemas con la policía y sus posesiones de autoconsumo acabaron conviviendo los dos en un apartamento de Berlín. Era el año 1977 y Bowie componía y grababa a todas horas. Por entonces, Iggy firmó un contrato con RCA y mano a mano con Bowie compuso y grabó en unos pocos meses sus dos primeros discos: The Idiot y este Lust for life.

Contaron para la producción con Colin Thurston (Bewlay Bros se llamaron los tres) y como músicos colaboraron Hunt Sales a la batería, su hermano Tony al bajo y Carlos Alomar y Ricky Gardiner a las guitarras. El propio Bowie se encargó del piano. El proceso de composición y grabación apenas llevó ocho dias; querían un disco barato para poder quedarse el dinero de la discográfica. Además, al comenzar solo tenían parte de las letras y la mayoría de las melodías y los arreglos sin construir. ¿Qué podía salir mal? Afortunadamente para ellos la magia de las letras, la capacidad de improvisación y la musicalidad de Iggy y Bowie junto a la soberbia interpretación de los músicos, en especial esa sección rítmica, nos regaló una obra definitiva.

Contiene dos de sus canciones más conocidas. The passenger tiene una melodía sencilla con un fraseo de seis versos repetidos a lo largo de la canción sobre una guitarra compuesta por Gardiner. Pop es el pasajero de la vida, contemplando cómo pasan las cosas de copiloto, de espectador. En el estribillo pegajoso escuchamos el famoso la-la-la-la con Bowie y Pop cantando a destiempo. Dicen que se inspiró en un poema de Jim Morrison (The Doors). Lust for life, que abre el disco, se basa en un ritmo endiablado de batería que Hunt Sales improvisó sobre el riff de David Bowie, repetitiva a lo largo del tema. El bajo y la guitarra completan el cuadro sonoro del lujurioso que vive a base de drogas y sexo su vida, dinero fácil y drogas. En 1996 el director Danny Boyle la rescató para Trainspotting: un jovencísimo Ewan McGregor huye de la policía mientras suena esta canción a todo volumen. Una semblanza de los años con Bowie y supuestamente basada en un amigo de ambos: “Here comes Johnny Yen again/with the liquor and drugs/and the flesh machine”.

Uno de los puntos fuertes del disco es la capacidad de variar y añadir detalles sobre composiciones en apariencia simples, alargando los temas sin desgastarlos o reforzando con fluidez el mensaje. Eso ocurre en el final de Lust for life y en Sixteen, la única firmada en solitario por Iggy, la más roquera, con la distorsión en la voz y la guitarra, una historia de amor desesperado. El resto de la cara A original la completan dos canciones compuestas a medias por Bowie y Pop. En Some weird sin el rock alegre y brillante toma posesión de otro estupendo ritmo para confesar sin tapujos la necesidad de un pecado extraño, diferente, prohibido: “I feel stuck/stuck on a pin/(…)/and the sight of it all/makes me sad and ill/that’s when I want/some weird sin”. En Tonight, una de las más misteriosas, por su temática y por su desarrollo, volvemos al tema de las drogas, a los años de heroína: “I saw my baby(…)everything will be alright tonight/no one moves/no one talks/no one thinks/no one walks/tonight”. Desarrollada con un sentimiento lapidario, la voz de Iggy se acuerda de Ziggy Stardust. Incluye un estupendo solo de Alomar.

En la otra mitad del disco encontramos el único single editado, el tema Success. La letra se enfrasca en la condena y la contradicción del éxito: “here comes the zoo/here comes success/(…)/I’m moved, man, i’m widged/(…)/i’m gonna go crazy/(…)/i’m gonna hop like a frog”. El coro va devolviendo las frases principales y la repetición de versos (“here comes…”) y palabras da un ritmo pegajoso a la canción. Los detalles, como las palmas o el punteo de guitarra, adornando la melodía vocal se va complicando hacia el final de la canción. Por necesidad, o por convicción, rescataron un corte que intentaron terminar y, en cierto modo, grabaron en 1975. Turn blue, con música de Bowie y Warren Peace y letra de Iggy y Walter Lacey, resurge de las tinieblas de la heroína. “Jesus: this is Iggy” y allá voy. Melodiosa a la par que oscura y terriblemente desnuda, una epopeya de más de seis minutos.

Ricky Gardiner participa en la composición de Neighborhood threat, dando a la guitarra un endiablado protagonismo en la fluidez del tema y en el final con ese solo distorsionado que ocupa la coda final. Quizá el tema más amargo, con Iggy sintiendo el aislamiento social. El cierre con Fall in love with me es curioso, pues se basa en una improvisación en el estudio sobre una idea de Bowie; la mayoría de la letra está cantada en directo y retocada después. Aunque en apariencia está dedicada a su por entonces novia, la letra habla de la necesidad de sentirse querido por las personas con las que compartes tu vida: “fall in love with me/I wish you would/you look so good/when you’re young at heart”.

Un viaje breve pero intenso de dos genios en lo suyo en plena hecatombe creativa. Pudo ser un fiasco, una bala perdida, pero quedó como el disco definitivo de Iggy Pop, el que permitió al flaco cantante desarrollar cuarenta años de carrear musical.

Algunos Discos que sigo escuchando (13): Power Metal

Resulta difícil definir el Power Metal: subgénero del Heavy Metal, rama propia dentro de un saco enorme que llamaríamos Metal o invento de las discográficas para vendernos, como tantas veces, en un mismo cajón grupos de diversa índole. A mí me gusta imaginar que muchas de estas canciones surgen de una mente en la que se sientan juntos Steve Harris (Iron Maiden), Jim Steinman (Meat Loaf) y Freddy Mercury (Queen) a componer, y que un loco productor le mete coros imposibles, acelera las canciones e inventa docenas de adornos, o se para a borrar todo lo grabado y deja un piano y una guitarra para después creerse Wagner y acabar con una orquesta y cincuenta voces haciendo coros. Porque lo bueno de la etiqueta Power Metal es que cabe (casi) de todo: tiernos momentos de pérdida y dolor, largas progresiones épicas, directos puñetazos melódicos.

En la sección Algunos discos que sigo escuchando no intentamos ser los más listos. Sirve para compartir obras que se han quedado en nuestras orejas por diversas razones y a las que volvemos de vez en cuando. Y servidor se aficionó al género en la segunda mitad de los noventa, cuando se me aflojó el empujón del grunge y volví la oreja otra vez al heavy, muy decadente por entonces con géneros extraños y olvidables. En esas aparecieron los discos que a continuación rescato. No tienen por qué ser los mejores del género, ni siquiera de sus protagonistas. Son, simplemente, algunos discos de Power Metal que sigo escuchando muchos años después.

Dale al play…

Edguy – Theater of salvation – 1999

Una canción como Babylon define lo que fue el movimiento Power Metal en los noventa: velocidad, arreglos melódicos, técnica instrumental y coros bombásticos. Tobías Sammet graba aquí, a mi gusto, su primera gran obra llena de referencias al heavy y al speed clásico pero con su toque personal, tanto por su forma de cantar como de componer. El ritmo y el riff de The headless game, la melodía (que me recuerda a los Yes setenteros) con protagonismo del piano en Land of the miracle (o su gemela Another time) y los coros de Wake up the king, sobre ese doble bombo heredero del thrash, ya explican la grandeza de Theater of salvation. No dejes de pinchar Holly shadows (muy Dickinson) o Arrows fly.

Blind Guardian – Imagination from the other side – 1995

Pilar básico del nacimiento como estilo propio del Power Metal y su popularización, estos germanos fueron introduciendo progresivamente distintos elementos a su música (arreglos orquestales, instrumentos clásicos) hasta llegar a este álbum, a mi parecer el más equilibrado de todos aquellos grandes discos de los noventa. Destacan sus letras cercanas al bardo medieval, con recuerdos a Rush o Dio, la épica de arreglos y coros y los estupendos pasajes instrumentales. Con su poderoso estribillo y una guitarra enorme, I’m alive por sí misma justifica el álbum junto a la inicial Imagination from the other side. La delicadeza rabiosa de A past and future secret y la emotividad (ese medievo) de Mordred’s song. Y mis favoritas: The script for my requiem y And the story ends, con las mejores interpretaciones vocales de Hansi.

HammerFall – Legacy of kings – 1998

Quizá los más enraizados en el heavy metal clásico, cualquiera de los cuatro o cinco primeros discos de los suecos HammerFall podría estar aquí. Con la temática de las Cruzadas y los caballeros Templarios como principal referente, engarzan riffs bestiales, voces dobladas y cambios de ritmo sobre una base metalera. Oscar Dronjak y Stefan Elmgren (guitarras) salen triunfadores de cada corte. Los gritos de guerra comienzan en Heeding the call, continúan en una de las mejores de la banda, Legacy of kings, y se gira al heavy de Accept en Let the hammer fall o la balada Remember yesterday. El guitarreo de Dreamland y la velocidad de Warriors of faith te revientan la cabeza.

Stratovarius – Fourth dimension – 1995

En cierto modo Stratovarius inventó su propio subgénero. Dejó de lado las influencias más thrash y metió teclados y arreglos orquestales más clásicos, menos velocidad, más armonías. La entrada de Timo Kotipelto a la voz inaugura la época dorada de la banda finlandesa. Las composiciones de Timo Tolkki suenan perfectas. Solo Against the wind, Galaxies, Distant skies y Winter, cada una rozando un palo distinto de Stratovarius, nos hacen una idea de lo bueno que este disco es: power, prog, heavy, sumado, restado, mezclado. Un excelente estribillo y un emocional solo dan brillo a Nightfall mientras que la épica más neoclásica inspira Twilight Symphony y las raíces oscuras del power crecen en We hold the key.

Gamma Ray – Land of the free – 1995

En cierto modo, Kai Hansen lo comenzó todo. Aquel Walls of Jerycho (1985) de Helloween puede calificarse como el primer artificio consciente de Power Metal y ese Keeper of the seven keys (1987) el primero en tener éxito. Su espantada para formar Gamma Ray nos permitió disfrutar de álbumes fantásticos entre los que escucho aún con frecuencia Land of the free. Comienza fuerte, con una tremenda Rebellion in dreamland de nueve minutos, que ha que tener valor y descaro para comenzar así un disco, pero cuando uno compone una exquisitez perfecta no le tiene miedo a nada. Y aunque, para mi gusto, Hansen falla en las baladas y “las lentas”, Farewell (con Hansi Küsh de Blind Guardian a la voz) suena perfecta también. El disco se mantiene en los parámetros genuinos de Power Metal, con Hansen luciéndose en Man on a mission, All the damned o Gods of deliverance. Detalle dedicar el tema Afterterlife a su excompañero Ingo Schwichtenberg, quien se suicidó. Y otro ex, Michael Kiske, pone voz a Land of the free. Imprescindible.

Angra – Fireworks – 1998

A veces las consecuencias de las malas relaciones entre los miembros de una banda acaban con un futuro más que prometedor. Porque si en malas relaciones estos tipos consiguiero armar una colección de canciones como esta, si hubieran mantenido su cohesión quizá hubieran entrado en ese Olimpo reservado a unos pocos. Los brasileños Angra tomaron las raíces europeas del Power Metal y le dieron su propia vuelta de tuerca, aportándole un sonido algo más oscuro y teatral y menos bombástico. Andre Matos está preciso, exacto, emocional. Las guitarras de Bittencourt y Loureiro desarrollan pasajes muy técnicos. La producción de Chris Tsangarides y sus arreglos, sobre todo esa orquesta, acaban de redondear el producto. Canciones como Lisbon, Metal Icarus, Petrified eyes o Extreme dream y las más tranquilas Gentle chane o Fireworks dan en la diana.

Symphony X – The divine wings of tragedy – 1998

Otra vuelta de tuerca dieron al género estos estadounidenses con su metal progresivo a caballo entre el power y el heavy clásico; la capacidad de Michael Romeo para elaborar complejos licks y riffs, la voz de Russell Allen y una de las mejores secciones rítmicas del género parieron una tragedia clásica para el cercano siglo XXI. La inicial Of sins and shadows basta como ejemplo: esos coros de iglesia acelerados, el solo intercambiando protagonismo de guitarra y teclado, el ataque melódico de la voz. Canciones épicas, soberbias, técnicas: Out of the ashes muestra lo mejorcito de Romeo, más neoclásico, The eyes of Medusa nos permite alucinar con el teclado de Michael Pinnela y en Sea of lies Allen literalmente hace un trabajo perfecto. Los veinte minutos del corte The divine wings of tragedy son para escucharlos con calma.

Sexo en el rock (19): strippers, bailarinas y otras danzas exóticas

El arte del baile en barra fija no se inventó en un bar de luces llamativas y señores acodados al escenario. Su origen como elemento del mundo del espectáculo comienza en el cabaret y formaba parte, más o menos frecuente, de cualquier revista picarona de principios del siglo XX. ¿Alguien recuerda a Mata Hari? Lo curioso es que las bailarinas digamos exóticas abundaron en cualquier época, pero parece que su cenit musical en nuestra Historia del rock se alcanza en los años 80. Por aquí os dejamos una muestra de lo tentadora que ha sido la stripper para nuestros artistas.

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Rosie – Richie Sambora

La más traidora de las mujeres, según Sambora, bailaba en un escenario: “Rosie, Rosie, I want to make you mine some day/Rosie I went with you for that rose tattoo/You promised no-one else would see”. Pero la muchacha le enseñaba el tatuaje a mucha gente. Incluida en el álbum Stranger in this town (1991).

Bad girlfrind – Theory of a Deadman

¿Qué tendrán las bailarinas? En su Scars and souvenirs de 2008 estos fornidos tipos caen enamorados ante los encantos de esta chica que adora “mover su culo” en el escenario. Porque “you know what she is, no doubt about it/she’s a bad, bad girlfriend”.


Pornstar dancing – My Darkest Days

En el debut de estos canadienses allá por 2010, Zakk Wylde presta su guitarra para esta confesión amorosa: ninguna de mis amantes ha sido tan buena y ninguna pena puede durar, porque “I got a girl who can put on a show/The dollar decides how far you can go”. Si tienes dinero, tienes su amor y su fidelidad. El vídeo se grabó en el Hard Rock de Las Vegas con unas cuantas amigas.

Gardenia – Iggy Pop

En su último Post pop depression (2016) el bueno de Iggy nos cuenta su aventura con una stripper de color a la que se llevó a la cama; él se creía que era amor; ella quería drogas. Una canción que convirtió a este álbum en el más exitoso de su carrera. Curioso.

House of lies – Adrenaline Mob

Y solo un par de años antes, la panda formada por Russell Allen (cantante), Mike Orlando (guitarra) y Mike Portnoy (batería) se confiesan seguidores de estas casas de la mentira donde te hacen sentir bien. ¡Miénteme, cariño! Ese baile: “Your moves they hypnotize me/I wanna fuck you till you scream”. Del álbum Men of honor.

Stripper girl – Steel Panther

En su carrera por ser la mejor reencarnación del Sunset Strip de los ochenta, Steel Panther confiesan su historia de amor con una bailarina: “Stripper girl I love you, all my friends really love you too”. Bizarra y multitudinaria. Del Feel the steel de 2009.

Stripper- Alcatrazz

Desconozco si Graham Bonnet era realmente aficionado a los clubes de bailarinas, pero en su segundo álbum, Disturbing the peace (1985), ya con Steve Vai a las guitarras, canta esta oda al amor por una muchacha especial: “She walks on the stage(…) Her sweet cheap perfume, reminds them that/She’s why they came”.

Girls, girls, girls – Mötley Crüe

La canción homenaje a los locales de baile sin ropa por excelencia. Hasta siete strip clubs se nombran en la canción; el vídeo promocional se grabó en uno de ellos, The Seventh Veil, y la fiesta presentación del álbum Girls, girls, girls (1987) se realizó en otro, The Body Shop. Unos incondicionales.

Y por aquí os dejo a Mata Hari…

Versioneando: Ramones en diez versiones

Catorce discos a lo largo de veinticinco años de carrera hicieron de Ramones una de las bandas más icónicas del Universo sonoro del siglo XX, tanto su particular imagen, el logo y, cómo no, las canciones. No es de extrañar que diversos y pintorescos artistas de nuestro rollo se hayan marcado cientos de versiones, entre las que hemos querido destacar estas.

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Mötorhead – Rockaway beach

Los de Lemmy se marcaron una buena versión de este clásico del Rocket to Russia de 1977 en su último álbum de versiones Under Cöver (2017)

U2- I remember you

También del mismo año, 1977, es el original de The Ramones, en esta ocasión del Leave home. La banda irlandesa lo tocó en la gira del All that you can’t leave behind y formó parte del single Elevation en 2001.

Vince Neil – I wanna be sedated

El bueno de Vince probó con varias versiones para su debut en solitario Exposed (1993). Hay que reconocer que esta canción del Road to ruin (1978) suena totalmente diferente en la voz de Neil y la guitarra de Steve Stevens. Acompañó al single Sister of pain.

Kiss – Do you remember rock and roll radio

El cambio de los setenta a los ochenta regaló uno de los discos más cuiosos y hasta polémicos de la banda, el End of the century con producción de Phil Spector. De dicho álbum escogieron los también neoyorquinos Kiss este tema para el recopilatorio tributo We’re a happy family (2003)

Attaque 77 – Beat on the brat

El séptimo álbum de los argentinos, titulado Otras canciones (1998), se dedicó a versionear todo tipo de temas, y entre ellos este que formó parte del debut de The Ramones, titulado como la banda y publicado en 1976.

Metallica – Commando

Una de las bandas del Universo Heavy que más gustosas versiones han grabado en su larga carrera se animaron con este petardazo del Leave home (1977) para completar el single St. Anger (2003).

Backyard Babies – Pet sematary

Una de mis favoritas de los años 80 la recreó Backyard Babies para otro tributo a la banda, en este caso de título The song Ramones the same (2002). La original, en el Brain drain de 1989.

Clawfinger – The KKK took my baby today

Que una banda ruda elija una canción del disco más pop de la banda, el Pleasant dreams de 1981, ya resulta interesante. Si además le dan ese toque tan personal solo puede salir bien. Para el curioso A norwegian tribute to The Ramones (2005).

Sodom – Blitzkrieg bop

No podía faltar una de mis favoritas incluida en el debut de la banda allá por 1976. Los thrasher alemanes se pusieron a ello para su directo Live in Zeche Carl (1994).

Morrissey – Judy is a punk

También escogió un tema del debut un tipo tan poco habitual por aquí como Morrissey para completar el single Spend the day in bed (2016).

Y como regalo, os dejo un enlace con 400 canciones en las que se nombra a Ramones. ¿Quién da más?

https://sabotagetimes.com/music/400-songs-that-mention-the-ramones