Rock y poesía (2). Otros diez poemas pasados por la guitarra.


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En cierto modo es inevitable. La poesía y la música se tocan muy de cerca. Muchas de nuestras vivencias están asociadas a letras de canciones. Así que desde aquí volvemos a explorar la asociación entre escritores de poemas y compositores de canciones que comenzamos en la primera parte de Rock y poesía (dedicado a poemas y músicos de habla hispana: aquí tenéis el enlace.

Esta segunda parte recoge diez canciones en inglés basadas en otros tantos poemas. Como de costumbre, dale al play y disfruta.

Derek & The Dominos – I am yours

Basado en el poema The story of Layla and Majnum, que, de paso, inspiró la canción Layla. La mayoría de la letra la escribió el poeta persa Nizami, y así se acredita en la propia canción. Aparece en el imperdible Layla and other assorted love songs de 1970.

Celtic Frost – Sorrows of the moon

Tom G Warrior canta la versión en inglés de este poema de Charles Baudelaire. Aparece en el álbum Into the Pandemonium de 1987.

Roger Waters – Wait for her

Waters grabó para su Is this the live we really want? de 2017 una versión del poema Lesson from the Kama Sutra (wait for her) del poeta palestino Mahmoud Darwish. El músico se quedó prendado del valor trascendental del amor e intentó reproducirlo con su música.

Nightwish – Song of myself

Tuomas Holopainen escribe su propia versión del poema homónimo de Wal t Whitman en un intento de mezclar la épica musical con la épica lírica. Del álbum Imaginaerum (2011).

Wishbone Ash – Stand and deliver

Jugando con el antagonismo del poema de Alfed Noyes The Highwayman la banda realizó su propia versión para el disco de 1978 No smoke without fire.

Iron Maiden – Rime of the ancient mariner

No podía faltar. Catorce minutos gloriosos de la Historia del Metal basado en el poema de Samuel Taylor Coleridge. Steve Harris compuso la música para el álbum de 1984 Powerslave.

Steve Nicks – Annabel Lee

Aunque apareció en su disco de 2011 titulado In your dreams, Nicks asegura que tenía la canción escrita desde sus 17 años. Los productores de su disco, Dave Stewart y Glen Ballard, le animaron a terminarla. Basada en el poema de Edgar Allan Poe.

Peter Gabriel – Mercy street

Basada en el poemario de Anne Sexton, en especial en 45 Mercy Street, una mujer enferma mental cuya historia impresionó a Gabriel hasta el punto de contar en esta canción con las propias palabras de Anne. Aparece en So (1986).

Rush – Out of the cradle

De nuevo un poema de Walt Whitman sirve de base para una canción. La reflexión profunda sobre la pérdida y el amor acabó en el disco Vapor trails de 2002.

Judas Priest – Sea of red

Rob Halford hizo su propia versión del poema In Flanders fields de John McCrae acerca de la devastadora imagen de los campos de batalla durante la I Guerra Mundial. Lo escuchamos en su último Firepower (2018).

 

 

 

 

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La máquina del tiempo 1983: una Historia del Rock a través de sus canciones.

La máquina del tiempo: 40 años de rock.

Una memoria de canciones publicadas entre la muerte del rey blanco del rock, Elvis Presley, en 1977, y la del rey negro del rock, Chuck Berry, en 2017.

1983

El año 1983 fue, sin duda, de Michael Jackson y su álbum Thriller; copó las listas de ventas a lo largo a ambos lados del Atlántico casi la mitad de las semanas con temas como Billie Jean, Beat it o The girl is mine. Dejó hueco para que le acompañaran en el trono de singles el pop bailable de Cindy Lauper (Girls just want to have fun), Irene Cara (con la banda sonora de Flashdance), David Bowie (Let’s dance, con la colaboración de Steve Ray Vaughan) y Culture Club (Karma Chamaleon), junto a Every breath you take, single por excelencia de The Police. En cuanto a discos, además del susodicho Thriller, se arrimaron al top roqueros jóvenes como Def Leppard y su Pyromania, U2 y su War o Quiet Riot y su Metal health, junto a tipos más veteranos como ZZ Top y un sorprendente Eliminator, Pink Floyd con The final cut (éxito efímero), David Bowie con Let’s dance o los propios The Police con su disco final, Synchronicity. A toda esta música le acompañó la revolución definitiva de la venta musical: el videoclip se convirtió en arte. La incipiente MTV, cada vez más poderosa, y la introducción del formato cinematográfico y su difusión a través del cable hizo que en Estados Unidos se consumiera cada vez más  música visual.

En cuanto a lo más roquero, podemos considerar a 1983 el Año del Debut. La lista de grupos que editaron su primer trabajo, y que ocuparán parte de esta Historia del Rock en futuras entregas, es sorprendentemente larga. Alcatrazz, REM, Marillion, Pantera, Queensryche, Europe, Dokken, Ratt, Suicidal Tendencies, Metallica, Slayer o Mercyful Fate, por ejemplo. Durante este mismo periodo comienzan sus primeros pasos otras formaciones que serán igual de importantes: Megadeth, Bon Jovi, Poison, Death, Helloween o Stryper. Casi nada. Como curiosidad, Bon Jovi consiguió un éxito veraniego en la costa este, con una primigenia versión de Runaway, que le facilitó su primer contrato discográfico.

El mundo del  metal está al borde de otra revolución. Si desde 1980 la NWOBHM había cambiado los hábitos sonoros de Europa y Estados Unidos, su declive será compensado por dos discos que conformarán un nuevo estilo desde San Francisco: Metallica y su Kill ‘em all y Slayer y su Show no mercy. Las legiones metálicas están de enhorabuena. ¿Qué hay de las bandas de la NWOBHM? Iron Maiden publican Piece of mind acrecentando su leyenda con giras mastodónticas y Saxon despachan más de un millón de copias de Power & Glory. Para el recuerdo, uno de los conciertos más memorables de la Historia: el US’83.

Como curiosidad, Gary Moore editó nada menos que cuatro álbumes. Dos directos, el Live at the Marquee y el Rockin’ every night – Live in Japan, y dos en estudio, el Victims of the future, grabado este año, y Dirty fingers, grabado originalmente en 1981.

¿Qué olvidamos? El éxito de Bryan Adams con Cuts like a knife y Straight from the heart, el adiós al maquillaje de KISS con su Lick it up, la revolución sonora (breve) de Motörhead al ficha a Brian Robertson para su Another perfect day, el paso de Ian Gillan por Black Sabbath para el álbum Born again y Thin Lizzy editando su último trabajo en estudio, Thunder & Lightning. Con todo esto, debemos recordar dos discos que trascienden su importancia en la Historia de nuestro rollo. El primero en solitario de DIO, titulado Holy diver, y el más heavy de los Mötley Crüe, Shout at the devil.

Por aquí os dejo nuestra particular playlist. Varios jovenzuelos con ganas de éxito, algunos veteranos en forma y mucha buena música.

Dale al play…

 

Música Moderna: septiembre 2018

Estas últimas semanas hemos disfrutado de buena música (más o menos) reciente, alguna ya con meses rondando por el hiperespacio, incluso por nuestra discoteca virtual o física. Hay un poco de todo: hard rock nacional, algo de ruido y protesta, el toque blues-rock habitual y, como de costumbre, alguna sorpresa.

Dale al play…

El número de Shannon

 El número de Shannon – Carpe Diem

Un álbum excelente. Hard rock bien hecho, con tintes melódicos y mucha influencia 80s, letras curradas y un combo producido con gusto. No sobra nada. Disfruta con la comercialidad de Grita al viento (con un rollo Tierra Santa en el estribillo), Lanzando monedas (“para poder vivir te tienes que mojar”) o Canta, el hard de guitarras de Un paraíso donde ir o Por amor, el rollo setentero de Solo con oír tu voz o Viejos amigos (Hammond incluido). Mención a parte para dos canciones opuestas: Carpe diem, ejercicio compositivo arriesgado del que salen muy bien parados, y Al fin libres, sencilla canción sobre las ventajas del paso del tiempo. De Madrid, por cierto. Como ellos mismos dicen, nuevas canciones para nuevos tiempos. Aquí lo puedes escuchar completo.

Dustin Douglas and the Electric Gentlemen – Break it downbreakitdown-

Como si hubieras mezclado a los hermanos Robinson con Steve Ray Vaughan una noche cualquiera. Trío de Pennsylvania con el propio Dustin Douglas comandando la nave a la voz y las guitarras, Matt Gabriel al bajo (una joya) y Tommy Smallcomb a la percusión. Blues-rock de alto voltaje anclado en lo más profundo de los setenta. Buenos riffs, algunos solos memorables y varias piezas a escuchar atentamente: arrastran influencias rock a lo Bad Company en Goodbye, Your face is stunning y Hold of me, abren los bares (o los cierran) con A little bit y su rollo up-tempo, el espíritu Vaughan bucea en Destiny y Fat cat, se dejan caer por tierras sureñas en Ain’t no denyin’ o rozan el funky en My time is precious. Compilación de alto nivel para los tiempos que corren. Por aquí puedes escucharlo.

Kilmara Kilmara – Across the realm of time

Una banda, para mi gusto, en crecimiento, a pesar de los numerosos cambios. John Portillo a la guitarra y Javi Morillo a la batería se mantienen del proyecto anterior y se suman Daniel Ponce a la voz, Didac Pla al bajo y Miguel Lais como segundo guitarrista. Mantiene su línea estilística basada en heavy melódico con toques power muy apoyado en la producción de Roland Grapow, que deja un poso ya conocido en las canciones: batería poderosa, desarrollos vocales melódicos con estribillos rompedores y guitarras rápidas. Tremendos cortes como Purging flames, The forge o The end of the world conviven con un aire sinfónico en My Haven, algo de progresivo en The silent guide, oriental y misterioso en Principles of hatred y mis dos favoritas: Disciples y la más tranquila I shall rise again. Una apuesta segura del género que podéis escuchar aquí.

sentirnos_vivos Ingravitö – Sentirnos vivos por encima de nuestras posibilidades

Otros que van para arriba, los navarros Ingravitö se han marcado un grueso disco de heavy con toques metalcore, mezcla de voces oscuras con otras más melódicas y, sobre todo, mucha libertad musical y expresiva. Tan pronto se acercan a Soziedad Alkohólica como se arriman a Habeas Corpus o donde les da la gana. Nos hablan de los migrantes en Deportado del Edén (brutal groove) o Cuánto dura tu voz con Iker Piedrafita (“ahora no es fácil volver/por miedo a explicarles que/no encontré lo que busqué/cuesta volver a empezar”), la corrupción en Vitaminas pa’ los cerdos, la influencia de los medios de comunicación en Te quieren de rehén, las condiciones laborales en Las que limpian, la diferencia de género en Los cuentos de Sara y el abuso del sistema en Desahuciando el miedo (con El Drogas). Especiales Kobane y la propia Sentirnos vivos por encima de nuestras posibilidades. Han realizado una miniserie con diez vídeos donde los protagonistas de cada canción cuenta su historia. Impagable esfuerzo artístico y comunicativo. Lo puedes descargar en su página web. Txus, Mikel, Iñaki y Xavi dan una vuelta de tuerca a la resistencia.

Halestorm – Vicious 

Metal moderno con raíces sucias y letras agresivamente sexuales, un toque de hard rock por aquí y un poco de melodía pop por allá conforman esta cuarta entrega de Halestrom. Adoro la segunda parte del disco, sobre todo Killing ourselves to live y su estribillo doblado, la melódica Heart of novocaine, la acústica The silence o la contundencia vocal de The white dress. No desentonan los riffs de Black vultures o Buzz, con un rollo eighties en puente y estribillo, ni Do not disturb, más arriesgada. Lzzy Hale no te va a dejar impasible,  desde luego.

 Riot V – Armor of light

Yo había sido (medio) fan de Riot en tiempos antiguos (aquel Thundersteel) y la reencarnación como Riot V me pareció un sacacuartos, como tantas otras, más sin la presencia del carismático Mark Reale. Sin embargo, un amigo me insistió en escuchar este Armor of light, disco que me ha acompañado a lo largo del verano y que debo recomendar. El heavy clásico de armonías improbables, estribillos grandes, solos a dos guitarras (Mike Flynz y Nick Lee) y el doble bombo a tope (cortesía de Frank Gilchriest) . Aciertos plenos en Angel’s thunder, Devil’s reing, End of the world, Messiah, Set the world alight (más moderada), la hipermelódica Ready to shine o la veloz San Antonio. Un clásico moderno vaya.

 

 

 

Música y Alzheimer: canciones contra el olvido.

Hoy se celebra (por decirlo de algún modo) el Día Mundial del Alzheimer bajo el lema “Sigo siendo yo”. El homenaje y el eslogan me llamaron poderosamente la atención, por lo que decidí unirme de la mejor manera que sé. Con música. Con rock, con country, con blues.

Así que, después de repasar mi discoteca particular, preguntarle a los buscadores habituales y a los colegas de costumbre, me decanté por esta pequeña muestra de canciones alrededor del Alzheimer, del enfermo, la enfermedad y los cuidadores. Canciones que retratan el olvido, la metamorfosis de ese “sigo siendo yo” y las consecuencias de la desmemoria.

La primera es una hermosa composición de una persona afectada por la enfermedad. Glen Campbell, músico de larga carrera, exitosa especialmente en los años 60 y 70, único tipo, si no me equivoco, en ganar el Grammy en las categorías country y pop, compartió su diagnóstico en 2011 (falleció hace poco más de un año). En 2014 compuso este I’m not gonna miss you de preciosa letra sobre cómo se sentía y qué estaba pasando: “You’re the last person I will love/You’re the last face I will recall/And best of all, I’m not gonna miss you”.

Glen Campbell – I’m not gonna miss you

Otro hermoso ejemplo lo compuso Kenny Chesney, una balada del hijo al padre, del que está fuera al que lo lleva dentro con una letra intensa: “This time I’m gonna kiss him/Instead of just shaking hands/Gonna tell him that I love him/While he still knows Who I am”

Kenny Chesney – While he still knows who I am

Y cantando un poco desde fuera y desde dentro, al padre o a la madre, a la abuela o al abuelo, incluso a la suegra (Dave Mustaine es así), un buen puñado de artistas han compartido sus emociones con todos nosotros. La pérdida, la esperanza, la espera, el dolor, el miedo. Aquí os dejamos esa pequeña selección.

Como siempre, dale al play…

El Drogas – Cordones de mimbre

Megadeth – Forgot to remember

El número de Shanon – Ladrón de recuerdos

Elvis Costello – Veronica

Rulo y la Contrabanda – La reina del barrio

David Gilmour – Faces Of Stone

Mago de Oz – Sueños dormidos

Calexico – The vanixing mind

Marcelo Calabria “Valdés” – Recuerdos olvidados

 

Michael Chapman – Fully qualified survivor – 1970

 Michael Chapman – Fully qualified survivor – 1970

Este álbum de Michael Chapman tiene el honor de haber unido a Elton John y David Bowie al inicio de sus carreras, tanto por las influencias sonoras y compositivas de este Fully qualified survivor como por los personajes que acompañan al cantante, compositor y guitarrista: tenemos al productor, Gus Dudgeon, y al arreglista, Paul Buckmaster, de Elton John y al futuro guitarrista y alma fuerte de David Bowie, Mick Ronson. Junto a ellos, el bajista Rick Kemp y el batería Barry Morgan.

La mezcla del estilo virtuoso de la guitarra acústica de Chapman con los arreglos de cuerda de Buckmaster y el toque blues-rock de la guitarra eléctrica de Ronson, alrededor de una voz armoniosa y fluida, consigue fabricar un collage sonoro de difícil acople, pero que funciona a la perfección, gracias sobre todo al trabajo de Dudgeon. Las letras contribuyen a ese tono introspectivo, centradas en la reflexión, la pérdida, la memoria y el paso del tiempo.

El comienzo con Aviator no puede ser más arriesgado y apoteósico. Una canción de nueve minutos con una estructura repetitiva en la que se van sumando instrumentos y armonías. Comienza con violín, cello y acústica para crecer en densidad; el ritmo y la estructura mantiene la coherencia, como en casi todo el disco; el bajo de Kemp se escapa y vuelve en aparente desobediencia frente a esas cuerdas brillantes. La letra sobre los buenos y los malos momentos vividos encaja a la perfección. En esa misma línea viaja Postcards of Scarborough, quizá el tema más conocido, con su pequeña introducción acústica y ese desarrollo sobre los recuerdos, dulces y amargos. No puedo evitar pensar en Bowie cuando canta Chapman “Postcards from Scarborough to keep in my mind/to hide from where I’ve been/to help remind/of time passed and time passing”. Las canciones melifluas, las baladas, son ciertamente protagonistas del álbum. Rabbit hills, por ejemplo, o March rain, con uno de los mejores arreglos de violín.

En otro espectro, el rock de Robson asoma protagonista en Soulful Lady, un riff arrastrado que conjuga con la acústica de Chapman y el bajo de manera armoniosa, un impass vocal y el estribillo para volver a lucir músculo, con un delicado solo, vuelta a repetir el bloque y cierre con otro solo, más crudo esta vez. También en Stranger in the room escuchamos esa mezcla folk-rock sobre la experiencia de Chapman al confiar en una mujer que le dejó en medio de una habitación algo colocado, sintiéndose extraño; estupendo crescendo. Y el genial slide de Kodak ghosts da vida a una canción de por sí oscura sobre el amor perdido (¿el fantasma de las fotos?).

Un imprescindible trabajo, sin arrugas, sin desperdicio, para escuchar (y disfrutar) atentamente. Bowie lo hizo.

¿Y si… Rob Halford se hubiera unido a Black Sabbath?

En noviembre de 1992 Rob Halford, cantante de Judas Priest como ya sabéis por aquí, se unió en dos conciertos a Black Sabbath, formado entonces por el inmortal Tony Iommi a las guitarras, Geezer Butler al bajo, Vinny Appice a la batería y Geoff Nicholls a los teclados. Los shows, de poco más de una hora, quedaron inmortalizados en bootlegs y vídeos caseros, que podéis repasar por aquí. Por entonces Halford pasaba una crisis existencial a la que se sumaba la distancia musical con sus compañeros de banda, en la ola del éxito tras un formidable Painkiller. Así que, de algún modo, los rumores que ya habían sobre la separación de Judas Priest se acrecentaron. ¿Se uniría Rob a Iommi y compañía? Al fin y al cabo, Black Sabbath estaban sin cantante…

Pero no sucedió. No llegó a existir Black Priest.

La causa de estos conciertos fue curiosa. Por un lado, tenemos a Ozzy Osbourne (cantante de los primeros años del grupo, ya sabéis) en la gira que, supuestamente, acababa con su carrera en los escenarios. A Ozzy (y señora) se les ocurrió contratar a la banda para telonear dos fechas de esta gira y, quizá, subirse al final del show para tocar juntos. En su cabeza ya estaban preparando una reunión que acabaría ocurriendo varios años después. Por otro lado, tenemos a Black Sabbath con Dio al frente girando con su disco Dehumanaizer. Cuando Iommi aceptó tocar con Ozzy el pequeño gran Dio declinó viajar: él ya se olía la tostada. Así que, deprisa y corriendo, contactaron con Rob Halford, sustituto de oro. Y, efectivamente, al final del segundo concierto los Black Sabbath “casi originales” se unió Ozzy a sus excolegas tocando cuatro canciones.

Lo curioso es que Rob Halford volvió a unirse a Black Sabbath en el año 2004 sustituyendo al propio Ozzy Osbourne. El loco se había quedado afónico y ya sabéis que la máquina nunca para, así que en New Jersey volvieron a disfrutar del Metal God junto a Iommi.

Y tampoco hubo continuidad. Rob Halford acababa de volver a Judas Priest tras casi doce años de separación y los Sabbath con Ozzy tenían una gira que cubrir.

Pero… ¿cómo hubiera sonado esa unión demoníaca? Nunca lo sabremos. O quizá sí. Porque hay rumores de una posible colaboración este año. Quién sabe…

 

¿Y si… Eddie Van Halen se hubiera unido a Kiss?

¿Y si… David Coverdale se hubiera unido a Michael Schenker?

 

Dare – Out of the silence – 1988

Dare – Out of the silence 

La voz de Darren Wharton y la guitarra de Vinny Burns comandan este álbum sin relleno que juega entre los sonidos AOR de la época, el hard rock melódico y cierto aroma celta en algunos pasajes. Junto a ellos, Brian Cox a los teclados (labor que comparte con Wharton), James Rosson en la batería y Shelley al bajo. Producido por Larry Klein, tipo poco habitual del género, y Mike Shipley (Def Leppard, Winger, The Cars, Nickelback), consiguió un acabado sonoro distintivo, bien mezclado, muy melódico, sin caer en el exceso de azúcar, más bien guardando cierta elegancia y misterio.

El álbum comienza con la atmosférica Abandon, de melodía meliflua sobre el teclado, ritmo cortante hasta un puente-estribillo cargado de energía y el primer buen solo de Burns. Into the fire resulta más dulce, con gran protagonismo de los teclados, estribillo sencillo de voces dobladas. Gran trabajo vocal en la balada Nohing Is Stronger Than Love con su arrebato goloso de autoafirmación. Las baladas son un punto fuerte del disco, cómo no, y, junto a ésta, la final Don’t let go, cercana a unos Journey inspirados, con uno de los mejores teclados del álbum y una parte instrumental en el centro que sabe a poco.

A estas alturas del disco ya tenemos los elementos principales que dan mérito a este Out of the silence: la cálida voz de Darren en arrebatadores lineas, armonías y atmósferas que las adornan, un gran guitarrista del género, camas de teclados y una producción en beneficio del conjunto y el propio Wharton. Añadamos un toque atlántico-celta descarado en The raindance y King of spades, muy en la línea de lo que Thin Lizzy desarrollaron en Black Rose (a rock legend) o Gary Moore en Wild frontier.

Las guitarras toman protagonismo en The heartbreaker, uno de los mejores cortes, donde Burns demuestra lo bueno que es, muy en la línea de lo que años después escucharíamos en Ten. Una de mis favoritas, Runaway, también viene cargada de potencia en las guitarras, optimista melodía, estupenda letra, con un rollo Bryan Adams en los coros. Con las mismas influencias, aunque en este caso más suaves, tenemos Under the sun , con un impresionante riff de la guitarra y el mejor solo del disco, y Return the heart, sentido, denso, genial combinación de teclado, voz y guitarra.

Un disco que cumple treinta años ya y que supone una joya (semi)oculta del género melódico, primero de una brillante trayectoria de sus dos máximos responsables, Darren Wharton y Binny Burns. Siéntate con una buena cerveza, pon los pies en alto y dale al play…

Versiones extrañas, extrañas parejas.

images.jpgLa inspiración de un músico, su gusto musical, tan propio, tan personal, a veces nos regala gratas sorpresas en forma de inspiración, cover o versión extraña. ¿Qué hace un metalero  clavando una canción melódica de los setenta? ¿Y unos punkarras arremangándose para cantar una balada gitana? ¿Y esos aguerridos deathmetaleros acogiéndose a las rimas del hair metal de cardados ochenteros? Muchas grandes canciones grabadas por distintas razones con una historia común: extrañas versiones, extraños compañeros de viaje.

Attaque 77 – Jeanette y José Luis Perales – Por qué te vas…

La canción original compuesta por un joven José Luis Perales la interpretó Jeanette en 1974 con poco éxito. Dos años más tarde alcanzó el número uno en Francia, Alemania y España como parte de la banda sonora de Cría cuervos (1976). Se calcula que ha vendido seis millones de copias. El propio autor la grabó en 1987.

Los argentinos Attaque 77, alejados de este rollo por edad y por estilo musical, la metieron en su coctelera particular en 1992 para el álbum Ángeles Caídos.

Disturbed – Simon & Garfunkel – The sound of silence

Originalmente compuesta como un número acústico, solo voces y guitarra, para su debut en 1964, fue reconstruida por el productor Tom Wilson y editada como single un año después, alcanzando el número uno en Estados Unidos. Paul Simon se inspiró en el asesinato de J. F. Kennedy. Su aparición en la película El graduado le dio una segunda vida y un nuevo éxito.

Y curiosamente cincuenta años después Disturbed consiguió entrar en las listas de ventas con su propia cover, arrastrada en lo emocional y arreglada a su rollo. Aparece en el álbum Immortalized de 2015. Por cierto, su quinto número uno consecutivo, algo que en nuestro rollo solo había conseguido Metallica.

Saxon – Christopher Cross – Ride like the wind

¿Qué hacen unos iconos del New Wave of British Heavy Metal como Saxon con una canción de soft rock? Magia. Christopher Cross la publicó en su álbum homónimo a finales de 1979, un disco que ganó el Grammy del año 1981 a los mismísmos Pink Floyd y su The wall, casi nada. La canción fue un éxito permaneciendo cuatro semanas en el segundo escalón de ventas, solo por detrás de Blondie.

Los británicos Saxon la grabaron para su álbum Destiny intentando mantener las ventas y el estrellato en una época en la que el heavy de principios de década había dejado de importar.

Medina Azahara – Las Grekas – Te estoy amando locamente

Las hermanas Muñoz, Carmela y Tina, Las Grekas, se montaron en 1974 un álbum lleno de eso que se llamó fusión y consiguieron gran éxito con canciones como esta, que alcanzó en su época en medio millón de copias vendidas y se mantuvo semanas en el top.

Para su álbum Origen y leyenda del 2009 los cordobeses Medina Azahara se marcaron una versión metalera (a su estilo) con la participación de la propia Carmela. Juzguen ustedes el resultado.

Children of Bodom – Poison – Talk dirty to me

¿No parece antinatural que una banda finlandesa emblema del death metal melódico elija una canción de un grupo de hair metal lleno de cardados y maquillaje para redondear la edición japonesa de un disco? Exactamente del Are you dead yet? de 2005.

Los californianos la grabaron para su disco debut Look what the cat dragged in de 1987 y la compañía lo editó como single. Como cuirosidad, la cadena de música VH1 la incluyó entre las 40 mejores canciones de todos los tiempos. ¿Será por eso que la eligieron Children of Bodom?

Trivium – R.E.M. – Losing my religion

Igual de sorprendente encontrar a unos metaleros de pro como Trivium metiéndose en los pantalones de una banda de rock y pop como R.E.M. y con uno de los temas que les lanzaron a la popularidad allá por 1991. De hecho, se mantuvieron más de cien semanas en las listas de ventas a ambos lados del Atlántico con Out of time y singles como este hasta acaparar varios premios Grammy.

La banda metalera la incluyó como bonus en una de las múltiples ediciones de su disco de 2013 Vengeance falls, en concreto, cómo no, en Japón. ¿Qué les dan allí para regalarles siempre algo distinto?

Boikot – Junco – Hola mi amor

Pues llegan unos roqueros como Boikot y se meriendan una versión del primer éxito de Ricardo Gabarre, Junco, apodado el “mayor representante de la balada gitana” (en los años 80). La canción dio título, además, a su primer disco de 1986.

Boikot le dan un rollo ská al tema, con la participación del propio Junco, por cierto. La grabaron para la película Cuerpo de Élite de 2016.

Foo Fighters – Prince – Darling Nikki

Ya sabemos del eclectismo de Dave Grohl, pero rescatar un tema en el que Prince está masturbándose con una revista tiene su miga. Más aún cuando aparece en el álbum Purple rain de 1984, uno de los más vendidos de la Historia con cerca de 25 millones de copias certificadas. De hecho, aparece como la tercera “banda sonora” más vendida. Pero a quién le importa cuánto vende un disco.

Foo Fighters la arrastró a su mundo extraño y metalero, casi death desesperado, para acompañar al single Have it all de 2003. Una experiencia muy curiosa.

Reincidentes – Silvio Rodríguez – Playa Girón

Silvio Rodríguez viajó con la flota cubana de pesca unos meses, una experiencia vital que, entre otras, inspiró esta canción dedicada a los hombres que ganaban su vida día a día en estos barcos. La canción se dedica a los ocupantes de un buqe con el nombre de “Playa Girón”, sitio emblemático en Cuba. La letra no puede ser más comprometida: ¿dónde están los límites de la realidad? ¿De lo aceptado? ¿Del sufrimiento? ¿Son estos pescadores peores? ¿Quién debe contar la verdad?

Reincidentes escogió esta canción que Silvio grabó en 1975 en su álbum de versiones America, publicado en 2008, rellenando los espacios acústicos y melifluos del tema de Silvio con una querencia rock muy interesante.

Alien Ant Farm – Michael Jackson – Smooth criminal 

¿Qué hace una banda emergente yanqui de principios de siglo homenajeando al rey del por? ¡Y en horas bajísimas por aquellas fechas! Pues fabricarse un hit, tal cual, la única canción del grupo que llamó significativamente la atención. Quizá surgió en una de estas conversaciones de altas horas ¿a que no hay albóndigas a grabar esto? Incluido en su ANThology del 2001. Una llamada de atención.

El polémico y fabuloso Michael Jackson compuso el tema para su obra Bad de 1987 acompañado con un excelente vídeo-clip. Por cierto, séptimo single de un disco que generó diez sencillos. La verdad es que AAF lo lleva a su rollo con muco estilo.

Limp Bizkit – George Michael – Faith

Para su debut, la banda de Fred Dust se marcó una sorprendente reinvención de este superéxito de George Michael. El bueno de George, que se hizo de oro en 1987 con este single (y otros del álbum homónimo), declaró públicamente su bochorno y rechazo a la versión de Limp Bizkit. No es para menos.

Los bravos yanquis tuvieron el valor de sacarlo como sencillo en 1998, un año después de su grabación en el disco Three dollar bill, Y’all.

Avantasia – ABBA – Lay all your love on me 

Los suecos ABBA se han convertido en un recurso para roqueros de diverso pelaje a la hora de rescatar canciones. Tobias Sammet aprovechó el proyecto Lost in space dentro de su vorágine creativa para recuperar este tema y marcarse una cover muy a su estilo, con una producción redonda.

Lay all your love on me se grabó en 1980 para el álbum Super Trooper y salió el año siguiente como single de moderado éxito.

 

Hay muchas más, algunas terribles, otras adorables… ¿Cuál nos dejamos?

Thin Lizzy – Whiskey in the jar – 1972

Una de las canciones más famosas del ideario sonoro de Thin Lizzy surgió de casualidad. En una fiesta Phil Lynnot comenzó a tocar canciones irlandesas para pasar el rato con una Telecaster y llegó a Whiskey in the jar. Eric Bell se lió a acopañarle con su guitarra. Brian Downey, un poco borracho, empezó a tocar la batería. Fue divertido pero ahí quedó, sin más. Cuando semanas después entraron a grabar un nuevo single (Black boys on the corner) no había nada para la cara B, por lo que tomaron el tema como alternativa. Lynott cambió la letra, la melodía y el tempo, sobre todo en el estribillo, y Bell añadió la introducción y el riff principal. Decidieron grabarlo con batería y dos guitarras acústicas, sin guitarras eléctricas ni bajo. Y a otra cosa.

Pero el director de su compañía, Decca, al escuchar los dos nuevos temas, cara A y cara B, decidió que Whiskey in the jar fuera el single. La canción se editó, recortándolo en más de dos minutos. Finalmente se lanzó el 3 de noviembre de 1972; vendió dieciocho copias en sus primeras veinticuatro horas, pero consiguió alcanzar las listas de ventas tres meses después, llegando al número seis durante febrero de 1973. Se mantuvo once semanas en el top 40.

Una canción elegida por casualidad, arreglada de manera desenfadada, abrió las puertas del éxito a Thin Lizzy. A Lynnot y Eric Bell les llevaban los demonios, ellos querían ser reconocidos por sus propias composiciones, pero disfrutaron de la atención, el dinero y éxito que Whiskey in the jar les facilitó. Pero tan pronto como pudieron la sacaron de sus conciertos, de hecho no aparece en ninguno de sus directos oficiales. Jamás volvieron a tocarla.

La letra de la canción, como sucede con muchas canciones populares, sufrió modificaciones a lo largo del tiempo, pero siempre cuenta una misma historia. La de una amante (irlandés) que atraca a un capitán (inglés); tras ello, visita a su amada, que le traiciona y se queda con su dinero; nuestro protagonista acaba en la cárcel lamentando su “mala suerte”. A Lynnot le atraía ese perdedor con su sueño pisoteado.

Tras una breve introducción de Eric Bell, el riff principal, que da verdadero empaque a esta versión, aparece por primera vez para dar paso a la voz de Phil. La canción se articula en grupos de una estrofa de cuatro versos (que desarrolla la acción) y un estribillo, también de cuatro versos. Tras cada estribillo se repite el riff principal. En la versión extendida encontramos cuatro grupos y un solo justo tras el segundo estribillo. En la versión abreviada hay tres grupos y el solo está recortado. Al final, el cantante clama por su amor bebiendo  whiskey.

La versión de Thin Lizzy se convirtió, con los años, en un estándar para cualquier grupo que quisiera darle una clave de rock a esta canción. Versiones interesantes basadas en esta realizaron Metallica, U2 o Simple Minds. Os dejo esta última, la original de Thin Lizzy y la que Gary Moore y Eric Bell se marcaron en el homenaje al fallecido Lynnot.

Ozzy Osbourne – No more tears – 1991

Sexto album de Ozzy Osbourne, segundo con Zakk Wylde, publicado en septiembre de 1991, tras casi dos años de grabaciones y problemas del loco, resultó, para mí, su última obra maestra y uno de sus dos mejores álbumes (ya le ponéis al lado el que os apetezca). Surtió a las radios de cinco singles y en menos de un mes despachó un millón de copias, alcanzando los cuatro millones en Yanquiland allá por el año 2000. Solamente Blizzard of Ozz ha vendido más.

La construcción de No more tears fue algo compleja. Junto a Ozzy en las labores vocales estaba su joven guitarrista Zakk Wylde, el batería Randy Castillo y el bajista Bob Daisley, quien fue despedido, entrando Michael Inez en su lugar a tiempo para aparecer en los vídeos, las fotos promocionales y hacer la gira. Por si no lo sabéis, la relación de amor-odio de Bob Daisley con Ozzy y señora da para una miniserie que ya comentamos por aquí. Después de echarle, al poco  de entrar al estudio volvieron a (re)contratarle para ayudar a terminar las canciones, meter letras, arreglos; después le llevaron al estudio a grabar los bajos; cuando faltaban unas semanas para finalizar, fue despedido de nuevo. Michael Inez, que ya andaba por allí, entró en su lugar. Lo bueno o lo malo es que ya le había pasado en otras ocasiones. Curioso trío. Junto a ellos metió teclados John Sinclair.

La composición de todos los temas recayó en Ozzy, Wylde y Castillo, con la colaboración de Lemmy Kilmister en cuatro cortes (seis hicieron en total, dos se quedaron fuera). El propio Inez junto al productor John Purcell colaboraron en el tema título.

Así todo, la labor de Duane Baron y Joh Purdell como productores resulta impecable, logrando un sonido grueso pero dejando protagonismo al trabajo melódico de voces y guitarras. Se nota la evolución como guitarrista de Zakk Wylde, con esos maravillosos riffs y los depurados solos, y en eso también tiene que ver el sonido final y las mezclas de Michael Wagener.

La cara A me parece perfecta, con Mr Tinkertrain abriendo y esas cuatro maravillas de seguido: I don’t want to change the worldMama, I’m coming home (dedicada a su mujer), Desire y No more tears (en estas tres ayuda en la composición Lemmy).  La cara B contiene otros tres trayazos, Road to nowhere, Hellraiser y Time after time, junto a las correctas S.I.N., Zombie stomp y A.V.H., quizá un poco más flojas, relleno del bueno en cualquier caso.

La inicial Mr. Tinkertrain es un buen ejemplo del sonido general de la obra, ideal como inicio. El riff de Zakk marca el tema que juguetea con las armonías y el tempo de Castillo, sencillo estribillo y feroz solo para la historia de un abusador, un depredador sexual. En esta misma línea sonora crece I don’t want to change the world, con un mejor fraseo de Ozzy. Curiosamente, se llevó un Grammy. Una de las perlas del disco en forma de balada aparece ahora. Mama, I’m coming home, con un toque southern en la guitarra acústica, una línea melódica muy sencilla pero efectiva y la letra de amor a cargo de Lemmy, impagable. Alcanzó el número 2 en las listas de ventas.

El disco contiene otras dos piezas lentas. Road to nowhere me parece excelente, quizá la mejor de las tres, con un ancla en los tiempos de Randy Rhoads y otra en el enorme talento de Wylde, que se vuelve hermosamente melódico. El Madman también interpreta con ímpetu redondeando el corte. La tercera balada en discordia se titula Time after time, algo más previsible, pero con un delicado arpegio inicial, las voces dobladas en el estribillo y una estructura simple que la hacen encantadora; el solo de Zakk, imperdible.

En la parte más aguerrida nos queda por escuchar mucha tralla. Sin salirse del patrón que engloba el disco, Desire se acerca al trabajo de No rest for the wicked, un corte muy Wylde donde Ozzy canta con desgarro. Con la misma energía, S.I.N. se deshace en la melodía de puente-estribillo mientras que Hellraiser loa a la vida del rock and roll más canalla, da todo el protagonismo al narrador, con una letra “autobiográfica” (la escribe de nuevo Lemmy). Por cierto, impresionante la versión de los propios Motörhead. El tema título, con un gran vídeo, No more tears, el más largo, juguetea con los teclados, el ritmo de bajo y la guitarra, los cambios, los silencios y el up-tempo, con una parte instrumental en el centro de lo mejorcito del combo. Cerramos con los, quizá, temas más flojos. Zombie stomp da un largo protagonismo a los instrumentos, con un patrón que va repitiéndose los primeros minutos, pero luego flojea en la parte vocal y melódica, demasiado previsible. A.V.H. nace con un aire southern de nuevo pero luego ofrece poco más, al menos en comparación con el resto de canciones.

La portada y el artwork general lo realizaron Nancy Donald y David Coleman con fotografías de Matt Hahurin. No es su mejor portada, desde luego, pero resulta curioso identificar a Ozzy con esas alas.
En resumen, un disco imprescindible de Osbourne, de Wylde y, en general, del rock y el metal de finales de los ochenta y principios de los noventa. Un pequeño tesoro a recuperar.