Versioneando: las mejores versiones de Motörhead

Lemmy

Iconos del rock, monstruos adorados, lo mismo encantan a nietos que a abuelos, a roqueros de medio pelo que a heavies de negras sotanas, a punkarras de viejo puño que a enamorados del metalcore. Algo tiene esta banda, único: Lemmy Kilminster. En su larga discografía de cuarenta y pico años han dejado numerosas versiones, algunas sorprendentes, arrastradas a su particular Universo.

Aquí os dejamos nuestra pequeña selección.

Leaving here (1976)

Una cover de Eddie Holland original de 1963 que Lemmy retomó para editarlo como primer single de Motörhead.

Heroes (2017)

La última, publicada poco antes de la muerte de Lemmy, con David Bowie como homenajeado. Por si alguien no lo recuerda, la original se editó en el álbum del mismo título cuarenta años antes.

The train kept a-rollin’ (1977)

En su primer álbum se atrevieron con un tema que acumula ya más de cincuenta versiones diferentes. La grabó por primera vez Tiny Bradshaw en 1951.

Beer drinkers & hellraisers (1980)

Se montaron un EP con el título de esta canción que se acompañaba, también, de otra versión de John Mayall. Esta que los ZZ Top grabaron para su Tres hombres de 1973 se lleva el premio.

Enter sandman (1998)

Una de las curiosas. Metallica se hicieron multimillonarios con este single del álbum “negro” en 1991 y Lemmy se la apropió para el recopilatorio ECW-extreme music.

Hoochie Coochie man (1983)

En el breve periodo que Brian Robertson formó parte de la banda grabaron este corte original de Willie Dixon (1954 nada menos) que acompañó al single Shine.

Breaking the law (2008)

Se vinieron arriba para homenajear a uno de sus cohetáneos, Judas Priest, para el disco de tributo Hell bent forever. Uno de los más famosos temas del British steel de 1980.

Jumpin’ Jack Flash (1993)

Grabado durante las sesiones del Bastards, apareció de manera oficial en la re-edición en cedé del 2001. Los algo famosos The Rolling Stones consiguieron con ella un número 1 en 1968.

God save the queen (2000)

Homenaje a unos irreverentes Sex Pistols y la vorágine punk del 77 para el cambio de milenio en el álbum We are Motörhead.

 

 

 

 

 

https://secondhandsongs.com/artist/306/originals#nav-entity

 

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Música moderna: junio 2018

A veces resulta difícil encontrar buena música nueva, otras, como en esta ocasión, es una gozada poder compartir siete propuestas diversas y emocionantes, cada una en su propio estilo. Me ha quedado bastante heavy en general, aunque creo que los amantes del ruido menos ruidoso podréis gozar de un poco de blues y algo de rock patrio bien hecho. Un poco de música moderna para orejas inquietas.

Dale al play…

  Amorphis – Queen of time

No sé cómo lo han hecho, pero lo han hecho: un pedazo de álbum, impresionante. Quizá estamos hablando de rozar la perfección dentro del estilo, con esa mezcla de agresividad, folclore, melodía y romanticismo metalero. Como si Queensryche y Judas Priest hubieran estado de orgía con una banda de elfos en la casa de Katatonia. Excelente producción; a pesar de las capas de sonido y la complejidad compositiva todo suena limpio. Escucha del tirón The bee, Daughter of hate (qué guitarras), Grain of sand (cuasi comercial, perfecto estribillo), Pyres of the coast, la hiperfolk Message in the amber o la delicadeza de  Amongst the stars. No tiene un minuto malo.

Angelus Apatrida – Cabaret de La Guillotine  

Otros que también han vuelto a hacerlo, y ya suman seis disparos certeros (unos más que otros, por supuesto). Han desarrollado un Universo sonoro propio que viaja en un pentágono mágico conformado por Megadeth, Pantera, Annihilator, Judas Priest y Slayer como principales influencias. Nada de caña sin sentido. Las líneas melódicas y las armonías se agarran a la base rítmica regalando un viaje a la altura, con letras centradas en los problemas de hoy en día. Fantásticas Betrayed, la acelerada One of us o Downfall of the nation.También saben salir de su zona mágica y componer temas como Martyrs of Chicago (con aroma metalcore yanqui), Farewell (curiosa balada) o el estribillo de The die is cast. Un disco que se hace corto.

 Lance Lopez – Tell the truth

Siempre nos gusta recomendar por aquí algún disco de blues roquero. En esta ocasión Lance Lopez (sin tilde, por supuesto) con un compendio de guitarreo, voz rasgada, armónicas y mucha pasión titulado Tell the truth. El manejo del fraseo y las armonías destaca sobre el resto, con unos músicos de apoyo muy cumplidores (ese piano eléctrico), y, por supuesto, un poco de air guitar blusero: Lopez maneja con buen gusto una colección de canciones basadas en su pericia guitarrera, un sorprendente slide, pero con espacio para desarrollar completamente las canciones, que también canta con gusto. A destacar la suavidad de Blue moon rising, el rollo Faces de Cash my check,  la divertida Down to one bar, la rabia rock de Never came easy to me o la musculada versión de John Lee Hooker Mr Lucky.

Doctor Voltaje – Doctor Voltaje  

No hace falta una güija para saber que esta maravillosa propuesta de hard rock lleno de sonrisas y mensajes es excelente. El quinteto valenciano vuela con una mano anclada en los clásicos que tanto amamos y otra en hacer lo que les da la gana. No puedo parar de cantar La bebida y el amor (“me están dejando seco”), Noches de rock and roll (esos The Who), el rollo blues rock de He bajado al infierno (“hay mucho polvo en mi nariz”) o la vacilona Un tipo con suerte. Una producción muy limpia y acertada para hacer accesible la experiencia de Doctor Voltaje, llena de detalles. Unos rebeldes que no siguen el guión pactado, como ellos mismos cantan.

Crisix – Against the odds

El género duro (y sus influencias) goza de otra gran parada en este último trabajo de Crisix, bien centrado en las estructuras clásicas del género pero con un sonido actualizado, y lo mismo se arriman a Overkill o Anthrax como a Gojira o Machine Head. Lo mejor del álbum es la homogenidad de los temas, muy anclados en los cambios de ritmo y tono y el trabajo de melodías gruesas. Leech breeder, Xenomorph blood, Technophiliac y Get out of my head reventarán tu cuello con sus veloces propuestas. Pincha la más melódica Prince of Saiyans, el salto continuo de Cut the shit, la sorprendente The North remembers o Leave your God behind para tener el cuadro completo. Para fans del género.

Judas Priest – Firepower  

No sé si decir que resulta el mejor disco desde Painkiller es decir mucho o poco, pero no dudo que esta colección de canciones, con sus puntos álgidos y menos acertados, está, por fin, a la altura de lo que fueron. Contiene grandes canciones, buenos riffs, algunos solos logrados, los cambios y la producción no parecen un recorta y pega y, desde luego, te hace disfrutar. Claro que se homenajean a sí mismos en muchos momentos, pero ¿por qué no van a hacerlo precisamente ellos? Para mi gusto, Lightning strike, Traitor’s gate, Firepower, Never the heroes (con ese rollito Turbo lover), Children of the sun (¡qué regusto a Black Sabbath!), la épica Rising from ruins, la breve y melódica No surrender, la calma de Sea of red son lo mejor de Firepower, quizá demasiado largo, pero, en cualquier caso, una delicia.

 Whisky Caravan – La guerra contra el resto

La propuesta musical de Whisky Caravan pecaba de parecidos y continuos recuerdos demasiado evidentes pero siempre con un poso de música bien hecha que me hacía hincarles la oreja. El cambio de productor y estudio (Dani Alcover y Estudios Revi) les ha sentado muy bien, dotando a esta tercera entrega de un sonido más personal y directo, alejado de connotaciones pasadas: por fin una colección de canciones grandes, profundas, personalísimas y directas. La inicial La guerra contra el resto  y la final ¿A qué tienes miedo? me parecen lo mejor de esta ¿nueva? propuesta, una épica que puede llevarles lejos. Suenan cerca Naufragio, Si vas a disparar (regusto al debut), la balada Aviones (clasicazo ochentero) o el rock de Aléjate de mí (dedicada a sus críticos: “no soy héroe de leyenda”). A tener en cuenta.

Ñu – Vamos al lío!! – 1988

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Jose Carlos Molina, dios de Ñu, pasa por ser un loco, un pasado, un mago, un genio… En cualquier caso, un personaje único que con su flauta, su particular voz y esa manera de fabricar melodías ha dejado una huella indestructible en la historia del rock patrio. Dejó en los ochenta una colección de discos obligatoria para cualquier amante del género.

En 1988 unió fuerzas con Mariano García, histórico personaje de la movida heavy rock madrileña, director y presentador de uno de los programas radiofónicos punteros, Discocross, empresario de la noche (Barrabás, Canciller), promotor, representante y hasta productor. Labor que ejerció en este caso con el trabajo de Ñu que hoy traemos, este Vamos al lío!!. La verdad, las sesiones de grabación debieron ser, cuando menos, curiosas.

No se puede negar que este álbum de Ñu tiene un sonido “de época”, es decir, digno del año en que fue grabado: baterías y bajo programados o sintetizados, presencia de teclados por doquier, cuidadosos arreglos y armonías, canciones sencillas, alejadas de experiencias anteriores de Molina. Un artefacto pensado para agradar a los oídos en las emisoras de radiofórmula, vaya. Lo bueno es que contaron con músicos de lujo: Eduardo Pinilla a las guitarras, Miguel Ángel Collado a los teclados y la programación, Enrique Ballesteros a la batería y Jose Luis Rodríguez al bajo (colabora el violinista Enrique Valiño). Jose Carlos Molina se encargó de flauta, programación, teclados, armónica y otros desmanes.

Comienza a mostrar sus cartas con No te dejes ganar, donde teclados y guitarras cobran protagonismo y la flauta no se oye; arreglos cercanos al hard comercial de la época y un estribillo muy pegadizo. Tras el breve instrumental Fuga… sin modales (pedazo guitarra de Pinilla), Molina se luce, por fin, en Que alguien nos pare, con la flauta sobre un buen riff de guitarra; la letra, sin desperdicio: “que alguien nos pare, queremos estar dentro de la ley”. Fuera de juego suena a los Ñu de discos anteriores, más duro, más centrado en la melodía de su flauta. Además, escuchamos uno de los mejores solos de guitarra del álbum.

Es Yo para ti, a mi entender, una rareza en la discografía de la banda hasta entonces: una canción con un tempo lento en las que teclas y voz ocupan el espectro evolucionando hacia una melodía poprock extraña, con demasiado protagonismo del teclado y violines. Lo raro es que el estribillo funciona y el final de la canción resulta más que interesante. El solo de guitarra no pega nada. En El tren azul, Molina y compañía se marcan una versión del viejo tema que compusiera el flautista con Rosendo y que hiciera famoso Leño. En el conjunto global, los teclados y los sonidos electrónicas desentonan un poco (aunque, cuestión de gustos), pero la flauta y la interpretación de Jose Carlos rayan a buen nivel.

La antigua cara B comenzaba con el tema estrella, La granja del loco: buena melodía basada en la flauta, línea vocal made in Molina, letra visceral y crítica y tema muy bien arreglado. La siguiente El mejor no puede ser más sencilla: un ritmo clásico, una melodía de voz y guitarra accesible y un tema bailón. Trovador de ciudad nos devuelve a los Ñu que me gustan. En Nada me detendrá, Pinilla borda con su guitarra un tema con buena estructura y un estribillo bien conseguido; el arreglo de violín sobra un poco, pero el impass de teclado y guitarra está muy bien. Para cerrar, mi favorita: Tocaba correr, tema que vale por todo un álbum: buena letra, interpretación genial de Jose Carlos, bien arreglada. La versión de La taberna encantada (1997) es otra pasada.

Quizá no sea un imprescindible de Ñu pero, sin duda, uno de los grandes discos de finales de los ochenta, que no es poco, y uno de los trabajos más desenfadados de Jose Carlos Molina, artistazo para bien y para mal. A disfrutarlo.

 

Sexo en el Rock (15): la canción del pene.

peruvian-torch-cactus-zaden-trichocereus-peruvianus-2-1Había pensado titular este post algo así como “rock around the cock” emulando la iniciática canción de Bill Halley titulada Rock around the clock. Después le di vueltas a poner un nombre onomatopéyico, mal sonante, pero por aquí venís gentes de muy diversos lugares del mundo y ¿cuál era el adecuado?: falo, verga, bálano, polla, chimbo, garrote, huasca, callampa, chafarote, grifo, pichula, bimbín, churra, rabo, garomba, picha. ¿Cómo se llama en tu ciudad? Al final me he decidido por el término más científico. A lo peor me censuran en la red que ahora hay mucho miramiento con esto del bienquedar, el buenismo y el aparentar.

Pues sabed que nuestros roqueros hacen gala de un extenso vocabulario para referirse a sus miembros viriles o a los de sus allegados. Aquí os pego una selección que, como decimos por aquí, es la polla. Salud y rocanrol.

KISS – Love gun

“Tú pulsas el gatillo de mi pistola del amor”, no se puede ser más romántico que Paul Stanley en este tema del álbum que en 1977 editó la banda con el mismo título.

P J Harvey – Long snake moan

En esta oda a la largura, P J Harvey pide “trae, amor, todo tu poder”. Así está el tema. Del álbum de 1995 titulado To bring you my love.

Alice Cooper – Feed my Frankstein

Nunca había oído llamar al propio miembro viril con un nombre tan monstruoso, pero Alice Cooper lo hace en su Hey stoopid de 1992. Steve Vai y Joe Satriani comparten las guitarras, por cierto. El monstruo que viene…

Lujuria – Esta noche manda mi polla

“Un nuevo Cid Campeador” en busca de fiesta: esta noche mando yo, dice la personalísma letra de Lujuria para el EP del mismo título editado en 2015.

Peter Gabriel – Sledgehammer

Quisiera yo saber si Gabriel compuso un superhit a su miembro por una apuesta o por circunstancias poéticas. Un “sledgehammer” es una especie de mazo alargado para romper rocas, que en nuestro idioma se traduce como “almádena” o “macho”. El caso es que en 1986 copó las listas de medio mundo y se hartó de recoger reconocimientos con este tema de su álbum So. Déjame tu martillo pilón…

ZZ Top – Tube snake boogie

La historia de los barbudos más marchosos del rock sobre una vecina que adoraba marcarse un boogie con su serpiente-trompa apareció en el álbum de 1981 El loco.

Mago de Oz – Polla dura no cree en dios

Tal cual nos explican, cuando la sangre se concentra entre las piernas uno ya no sabe ni en qué cree, así está el tema. Mago de Oz en su aclamado Finisterra lo dejan claro: iba para señorito pero… ¡a vivir!

WASP – L.O.V.E. machine

No podía faltar en esta colección Blackie Lawless: “todo lo que necesito es mi máquina del A.M.O.R. esta noche” cariño, ¿no soy tu sueño más húmedo? Del imprescindible debut de la banda allá por 1984.

Lou Reed – My red joystick

Curiosa canción de Lou Reed suplicando que, al menos, le dejen su “pequeño joystick rojo”. Repleto de referencias bíblicas y dedicado a alguien que se marcha, Reed lo grabó en 1984 para su álbum New sensations.

 

Así queda la lista, pero hay muchas más. El tema no tiene fin en un mundo tan “macho” como este del rock. De regalo, y para compartir una sonrisa, os pego este vídeo que ilustra muy bien la diversidad de vocabulario, formas e inspiraciones del pene.

 

 

La máquina del tiempo 1981: una Historia del Rock a través de sus canciones.

 La máquina del tiempo: 40 años de rock.

Una memoria de canciones publicadas entre la muerte del rey blanco del rock, Elvis Presley, en 1977, y la del rey negro del rock, Chuck Berry, en 2017.

1981

Las listas de ventas a ambos lados del Atlántico nos dejan una curiosidad. Mientras en singles seguía primando el pop, la canción melódica y otros estilos ajenos a nuestro rollo, en las listas de ventas de discos los chicos malos comienzan a tomar el poder. En Estados Unidos alcanzaron el número uno Hi-Infidelity (REO Speedwagon), Paradise Theater (Styx), Escape (Journey) o For those about to rock (AC/DC). En el Reino Unido suben a lo más alto No sleep ‘til Hammersmith (Motorhead), Dead ringer (Meat Loaf) o el Greatest hits de Queen. Junto a ellos, Pat Benatar, The Rolling Stones y The Police. Las canciones más populares fueron Bette Davis eyes de Kim Carnes, Tainted love de Soft cell y el tema de Phil Collins In the air tonight. Pat Benatar, Billy Joel, Bob Seger y The Police se repartieron los Grammy roqueros.

Un segundo dato importante. La MTV comienza sus emisiones en agosto. Aunque aún no lo sabían, comenzaba una nueva era en el negocio musical. Adiós a los setenta, bienvenidos los ochenta. La MTV se lanzó a cuchillo con la New Wave (que se pondrá de moda en los próximos meses), antes de hacerlo con el hip-hop y, a mitad de década, el hard rock y el hair metal. Esas historias ya las contaremos.

Algunas estrellas de la década anterior hicieron su aparición con fuerza. El retorno de rock 81 1981 TC280Genesis, The Rolling Stones (con, quizá, su último álbum grande), Rush comenzando su ascenso al Olimpo Billboard con Movin pictures, The Who (ya sin Keith Moon), Tom Petty (con el enorme Hard promises) o Journey ocuparon muchas horas de radiofórmula. Tuvieron que competir con jovenzuelos buscando reafirmarse, futuros clásicos como  Mötley Crüe o U2.

La NWOBHM siguió dando guerra y creciendo, sobre todo en Europa, pero poco a poco impregnando el sonido del hard y el heavy yanqui. Así, destacan los discos de Iron Maiden (Killers), Tygers of Pan Tang (Spellbound), Saxon (Denim and leather) y Praying Mantis (Time tells no lies). Siguiendo con el lado más duro, Venom alumbraron Welcome to hell y Raven su All systems go! La particular guerra entre Black Sabbath (con Dio) y Ozzy nos regaló dos discazos; los primeros con Mob rules y el segundo con Diary of a madman. Rainbow propuso su ¿comercial? Difficult to cure, Gillan se despachó Future shock, Van Halen su Fair warning y UFO lo intentó con The wild, the willing and the innocent mientras Michael Schenker sacaba su segundo largo a las órdenes de Ron Nevison. En cuanto a los directos, se lleva la palma Motorhead y su No sleep ‘til Hammersmith. En el Monster of Rock de aquel año tocaron AC/DC, Whitesnake, Blue Öyster Cult, Slade, Blackfoot y More.

Quizá no fue un año inolvidable pero hay una buena colección de canciones. Aquí os dejo mi personal lista de singles, canciones y temas escondidos. Dale al play y disfruta.

Petty (la biografía autorizada)

Cub. Petty.indd Petty (la biografía autorizada) – Warren Zanes – Editorial Neo Person

No creo que debas leer este libro si no te gusta Tom Petty, pero, sobre todo, si no tienes interés en que te guste. Su música, claro. Debo reconocer que antes de abrir la primera página de la biografía (autorizada) de Warren Zanes  apenas conocía la mitad de la discografía de Petty y The Heartbreakers, y casi nada de su vida. Y no lo tenía entre mis artistas de cabecera. Pero, vaya, esa manía de escuchar los discos a medida que se cuentan las historias hace que asocies irremediablemente la música a la vida del artista, a las razones por las que compuso, por las que reía o lloraba. Y página a página, disco a disco, canción a canción, Tom Petty y sus secuaces, casi siempre arropados bajo el manto de The Heartbreakers, iluminaron mi cerebro. Y ahora, casi 400 páginas después, un par de cientos de canciones después, debo reconocer que me he enganchado a estos tipos.

El libro viene precedido de enormes elogios de fuentes dispares, lo cual suele prepararme en contra. No suelo acertar con el gusto común, prefiero las minorías, la basurilla, lo raro. Pero Zanes se ha marcado un gran relato. Lo divide en tres partes asociadas a tres momentos de su relación con Petty: cuando escuchó su música por primera vez en la radio, cuando en una fiesta en su casa le presentó a Jeff Lynne y George Harrison justo en mitad del plan maestro para formar The Traveling Wilburys y el día que hablaron de escribir una biografía. En medio, narra de manera apasionada, concreta, engarzando la parte artística con la personal con delicadeza, sin sangre, eso sí, no sea que no nos autoricen el libro al final, pero sin callar lo esencial. Las páginas vuelan, las canciones vuelan. La edición, bien encuadernada, incluye una parte central con fotografías de diferentes épocas y un índice onomástico que hace fácil la consulta.

Así que si no eres fan de Tom Petty y The Heartbreakers no leas este libro, sálvate. Y si eres fan y aún no lo tienes aparta de la iglesia del santo Tom y deja tu sitio a los nuevos fieles.

Arriba os dejo el riff principal de Refugee en la página amiga Riffstory y una selección de nuestros temas favoritos de Tom Petty. Y si queréis más, el amigo Rock’n’talk se marcó un especial en vinilo de Tom en este enlace.

 

El arte del plagio en el rock (2)

descargaEs tiempo de volver a revisar algunas grandes imitaciones de la Historia del Rock. No mal interprete nadie mis palabras, pues, como decía en la primera parte de El arte del plagio en el rock, copiar, en cierto modo, ha sido una de las maquinarias de la evolución artística. Pero hay quien lo hace con acierto, reinventando, regenerando ideas, y quien lo hace de manera vulgar, “fusilando” el original sin vergüenza ninguna.

Aquí, nuestra segunda oferta de plagios más o menos disimulados en el rock. En primer lugar el copiador y después el copiado.

Iron Maiden  contra Beckett

Pues sí, la (quizá) banda más grande del heavy metal tiene sobre sus hombros una historia de plagio. Después de años de litigio resolvieron (con dinero) la demanda por la canción Hallowed be thy name. Al parecer reproduce partes casi idénticas de un tema de Beckett titulado Life’s shadow. Por si hay dudas, Rod Smallwood, manager de Iron Maiden, lo fue antes de Beckett.

Mago de Oz contra Labanda

Los archifamosos Mago de Oz han sido acusados de hacer homenajes más o menos discretos en casi todos sus discos. Entre eso y las versiones parece que se hayan olvidado de componer sus propias canciones. Sin quitarles mérito alguno (por aquí nos gustan), la canción Molinos de viento, de La leyenda de La Mancha, no disimula su ¿inspiración? desmedida en Un camino de cerveza del Fiesta campestre (rockmería) de Labanda (a partir de los 30 segundos).

Pink Floyd contra Van Morrison

Parece una blasfemia acusar de plagio a Pink Floyd, pero debéis escuchar las dos canciones. Difícil entender que David Gilmour (responsable del riff de guitarra) no hubiera escuchado Almost Independence Day de Van Morrison cuando componía Wish you were here más o menos a medias con Roger Waters. Aunque el tema de Van Morrison evoluciona de manera distinta al de Pink Floyd hay de dónde sacar “parecidos razonables”. Ahí dejo las dos.

Nirvana  contra Killing Joke

Uno de los singles más vendidos en su año, Come as you are, de Nirvana, se basa en un riff de guitarra y un arreglo bastante ¿similar? al tema Eighties de Killing Joke. Tras un poco de polémica (y quizá un arreglo económico) la versión oficial de Nirvana defendía que Kurt Cobain se había inspirado en Eighties para lograr el riff de Come as you are pero dándoles un pulso lento, una inspiración, vaya. Aquí os los dejo.

Sam Smith contra Tom Petty

El cantante Sam Smith no es precisamente conocido por estas páginas, pero tuvo varios números uno y alcanzó a ganar un Grammy por su canción Stay with me. Grammy que tuvo que compartir con Tom Petty y Jeff Lynne meses después porque, efectivamente, su canción estaba “inspirada” en I won’t back down (¿nadie se había dado cuenta antes?). Al final Tom y Jeff acabaron registrados como co-autores de Stay with me. ¡El único Grammy ganado por Tom Petty!

Radiohead contra The Hollies

Este es curioso. La canción que hiciera populares a Radiohead en 1992, Creep, la que, posiblemente, les dio el sustento para desarrollar su carrera los siguientes años, acabó en los tribunales. Albert Hammond y Mike Hazlewood, miembros de The Hollies, encontraron similitudes con su The air that I breathe. Tom Yorke se vio obligado a compartir los créditos de Creep con ellos. Algo habría de cierto, ¿no?

The Beatles contra Chuck Berry

No se escapa nadie. Chuck Berry encontró similitudes entre su canción You can’t catch me y la compuesta por John Lennon titulado Come together. Después de un tira y afloja, Lennon acabó reconociendo su culpabilidad. Como parte del acuerdo, acabó grabando Rock N’Roll en 1975 con versiones de Berry, incluida, curiosamente, ese You can’t catch me.

Miguel Bosé contra T-Rex

Esta también resulta curiosa. Un jovencísimo Miguel Bosé bailó y cantó hasta la saciedad Super Superman en 1979 haciéndose famoso. El trampolín, vaya, de su larga carrera. Pues resulta ciertamente parecida a Telegram Sam de T-Rex (que a su vez se parece a su propia Get it on, todo hay que decirlo). Ese ritmo, esa melodía, ese arreglo…

 

 

Y aún hay más, ¡advertimos que habrá tercera parte!

J. J. Cale – Cocaine – 1976

 

JJ Cale CocaineLa letra de Cocaine siempre ha tenido su polémica. ¿Una canción alabando el consumo de drogas y el escapismo? ¿Una canción anti-droga? No deja de ser ambigua: “if you got bad news, you want to kick them blues, cocaine/when your day is done and you got to run, cocaine/ she don’t lie, she don’t lie, she don’t lie, cocaine”. Ambas interpretaciones son posibles. Si atendemos al propio autor, la canción intenta poner el dedo en la facilidad con la que el adicto se justifica, volviendo una y otra vez a la droga. Ante cualquier problema, cuando las cosas van bien, cuando no hay nada que hacer, siempre hay cocaína.

Cocaine fue compuesta y grabada en 1976 por J. J. Cale para su álbum Troubador y se editó unos meses después en un single junto al tema Hey baby, su último pequeño éxito al alcanzar el puesto 96 de singles en Estados Unidos. La primera versión tenía una base jazz con toques swing, pero el productor le sugirió que simplificara el tema en un tono rock. Cale deshizo el trabajo en una tarde y acabó dando forma al tema que finalmente se editó. Un sencillo ejercicio de guitarra con un overdub a tres cuerdas en el riff. El propio artista grabó el bajo y dejó al músico de sesión Reggie Young que metiera el solo de guitarra. La batería, por cierto, la tocó Kenny Buttrey. La construcción es sencilla como el riff: tres grupos de estrofas de tres versos dodecasílabos terminados todos en la palabra “cocaine”, repitiendo en las tres estrofas el último verso. El solo se introduce tras la segunda estrofa y la canción acaba pasados poco más de dos minutos.

En realidad, la canción ha pasado a la Historia de la música gracias a la versión de Eric eric-clapton-cocaine-rso-4.jpgClapton. Apenas unos meses después, en 1977, cambió el tono de la canción, agregó un solo más elaborado, adornó las estrofas y dejó una obra maestra en su álbum Slowhand. Tras el éxito de Eric, Cale recibió mucha atención y comenzó a llenar sus conciertos. Un éxito efímero, él nada tenía que ver con el estilo de Clapton. De todos modos, nunca llevó bien estar de gira o tener un calendario de grabaciones. Lo suyo fue más el underground, la vida tranquila.

Respecto a la elección de Clapton, él sabía mucho de drogas: había estado a punto de morir años antes a causa de la heroína y cuando por fin salió fue para caer en el alcohol y ¡sorpresa! la cocaína. En 1977 Clapton consumía a diario grandes cantidades de ambas: con esta canción intentaba fortalecer su creencia de que podía dejar el vicio cuando quisiera, jugando con la hipocresía y el autoengaño. En cualquier caso, no cabe duda que la canción adquiere un marcado tono triste en la interpretación de J. J. Cale, menos acentuado en la de Eric. En este enlace de la página amiga Riffstory podéis recrearos con el riff de Cocaine.

Además de esta archifamosa cover, recomendamos otras dos versiones. Los escoceses Nazareth la recuperaron en 1980 para su álbum The fool circle con un cambio de ritmo y tono espectacular y Puddle of Mudd la recrearon a su grueso estilo para el single digital de 2011 Re(disc)overed. Por aquí os dejamos los vídeos.

Versioneando: Thin Lizzy en diez versiones

Thin Lizzy es una de las bandas habituales de este blog. Nos encanta su música y hasta hemos alabada la biografía que de su alma y principal compositor, Phil Lynott, hizo Graeme Thomson. Así que, al final, teníamos que rendir un homenaje en nuestra sección de versiones. Y, ¿qué manera mejor que recrear su música en la voz y la creatividad de otros músicos favoritos? Fans, al fin y al cabo, de Thin Lizzy. La selección no ha sido nada fácil, por cierto.

Dale al play y disfruta…

Iron Maiden – Massacre

Esta canción tiene todos los ingredientes que hicieron grandes a Thin Lizzy: dobles guitarras armonizadas, una línea melódica pegadiza, un buen solo y una letra con gancho. Iron Maiden, hijos bastardos suyos, no se lo pensaron en 1988 como cara B del single Can I play with madness?. La original en Johnny the Fox (1976).

Anthrax – Cowboy song

El álbum Jailbreak de 1976 fue el momento de mayor popularidad y éxito del grupo. De ese disco encontramos varias covers aquí. Esta, con un tinte de far west, la clavaron a su estilo Anthrax como parte del single Black lodge de 1993.

Bon Jovi – The boys are back in town

Precisamente el single más popular de ese Jailbreak (1976) fue este tema, llevado al terreno eighties por Bon Jovi para el recopilatorio Starway to heaven/Highway to hell de 1989. Pierde parte del rollo roquero pero gana en la interpretación vocal.

Raven – The rocker

Sin duda la banda de Dublín supo llegar a los corazones y las orejas de artistas variopintos. Los británicos Raven se marcan su particular viaje en el tiempo marcándose The rocker en su álbum Glow de 1994. La original fue single y apareció en el álbum Vagabounds of the western world de 1973.

Sodom – Cold sweat

Hasta una banda en apariencia tan alejada del Universo de Phil Lynott y sus secuaces como los alemanes Sodom se dejaron engañar para hacer esta versión incluida en su cuarto largo Better off dead (1990). La original podemos escucharla en el último largo de la banda, Thunder and lightning (1983).

John Norum & Glenn Hughes – Opium trail

La pareja formada por el guitarrista sueco John Norum y el hiperactivo Glenn Hughes se marcaron un extraordinario trabajo titulado Face the truth en 1992. Incluye esa joya, tema emblemático y polémico sobre drogas que aparece en el imprescindible Bad reputation de 1977.

Tesla – Bad reputation

De ese mismo álbum se marcaron Tesla un homenaje, exactamente del tema título, para su primer álbum de versiones titulado Real to real del 2007. Tan buena que da miedo. Menudo riff. Y ojito al solo.

Def Leppard – Don’t believe a word

Y solo un año antes los británicos Def Leppard editaron su álbum de versiones titulado Yeah! en la que también se permitieron el lujo de redondear su propia visión de una canción emblemática de Thin Lizzy. En esta ocasión, famosa también en la voz y la guitarra de Gary Moore, la original se escucha en Johnny the Fox (1976).

Ace Frehley y Slash – Emerald

No podía faltar una de mis favoritas de Thin Lizzy, también del álbum Jailbreak de 1976, en las guitarras de dos cracks como Slash y Ace Frehley. La grabaron para el disco de versiones de este último, titulado Origins, vol.1 y publicado en 2016.

Gamma Ray – Angel of death

Curiosa elección la de los germanos Gamma Ray para acompañar el single del tema Heaven or hell de 2001. Tema de un disco menor del grupo, Renegade (1981), cobra una nueva vida en las manos y la voz de Kai Hansen.

Y con esto completamos las diez canciones de una difícil selección. Para redondear nuestro trabajo, os dejamos la inevitable y archifamosa versión del Whiskey in the jar de Metallica. Aunque los arreglos y la cover de Phil se ha convertido en el estándar del que todos tiran, no es suya, si no una canción tradicional irlandesa.

Metallica – Whiskey in the jar

 

Opeth – Ghost reveries – 2005

Siempre me ha parecido Ghost reveries una obra de creación artística tremenda, con un trabajo casi de orfebre en su composición y ejecución. Sea o no el mejor de Opethcontiene todos los elementos que les han convertido en uno de los clásicos de este siglo. Además, narra una historia digna del mejor King Diamond o un jovenzuelo Stephen King: el sentimiento de culpa y arrepentimiento del hijo (¿esquizofrénico?) que asesina a su madre en un momento de enajenación, sostenido por historias de posesión demoníaca, una loca combinación de voces guturales y líneas melódicas limpias sobre un entramado compositivo complejo, con numerosos cambios. El asesino es tentado por sus fantasmas, asesina a su madre y, pasado el hechizo, toma conciencia de sus actos, huye, se arrepiente, pero acaba volviendo a la posesión infernal de sus demonios (¿del mismo Satán?).

Mikael Akerfeldt, cantante, guitarrista y compositor principal, demuestra que es un poeta del ultramundo, un contador de los males oscuros del ser humano. A su lado, casi perfectos, Peter Lindgren a la guitarra, Martin Mendez al bajo, Per Wiberg a las teclas (piano, órgano, de todo) y Martin Lopez a las percusiones. La propia banda lo produce junto a Jens Bogren.

El proceso de iluminación maligna comienza en Ghost of perdition, con numerosos cambios de registro en tonos y voces a lo largo de diez minutos y medio, pasando de los agresivos pasajes apoyando la voz gutural de Mikael a delicados pasajes acústicos para “ver a un hijo amado prepararse para lo que va a venir”. De los mejores temas del álbum, la joya es un excelente interludio instrumental justo en la parte central, una constante de Ghost reveries. En la siguiente The baying of the hounds encontramos la semilla con la que Opeth comenzó a evolucionar en los siguientes años, con un Mellotron y un ritmo de guitarra de tufazo retro (incluso el solo del minuto siete suena añejo). La posesión ha tenido lugar, el hijo transtornado se enfrenta a sus miedos y se acerca al momento del crimen: “soy demasiado débil para resistir”. En Beneth the mire el sacrificio del esclavo al maestro tiene lugar, el loco a su propia locura, en una “escena que recuerda al holocausto” donde “sacrifica más de lo que tiene”. Corte dividido en cinco partes con una introducción basada en una melodía oriental, una parte central calmada con piano y un final in crescendo que desemboca en un ritmo machacón y una pequeña coda. De lo más destacado el trabajo de batería.

Tras estos temas duros, aparece Atonement (literalmente, expiación), con su atmosférica calmada, sus armonías dulces y una melódica guitarra como guía. Cuando “el humo que me cegaba” desaparece “no puedo justificar el acto que he cometido”. Sigue otra de las joyas del disco, Reverie/Harlequin forest, en otros diez minutos largos de huida, buscando “una semilla de esperanza” entre los árboles del bosque. Pasajes seductores (como el que escuchamos entre el minuto seis y el ocho) luchan contra las voces que amenazan. El final anticipa la calma de Hours of wealth, con guitarras acústicas tomando el control, los teclados acompañando la melodía y un arreglo orquestal sencillo pero efectivo. Un momento de soledad donde “encontrarse limpio de dolor” e intentar alzarse de nuevo. Una guitarra blusera cierra el tema.

Y, de la nada, rompe el silencio el enorme riff de The grand conjuration y su progresión casi maligna, otro de los puntos álgidos de Ghost reveries. El demonio nunca olvida a sus pecadores y los fantasmas de la locura vuelven. Tema denso, con numerosos cambios y cada vez mayor protagonismo de las voces guturales para confirmar que el mal ha triunfado. De extra, Isolation years nos trae un punto de calma y reflexión sobre la soledad y la pérdida.

Ghost reveries no resulta una escucha fácil, un disco que poner en el coche mientras vas al trabajo. Requiere atención, leer la letra, entender el sentido de las atmósferas y los cambios. Para disfrutarlo como un demonio, vaya.