Diez canciones sobre músicos callejeros

 La figura del músico callejero ha existido desde siempre, como se suele decir. Los juglares, los trovadores medievales, el flautista de Hamelin, actores de cuento y contadores de Historia. Una hilera de personas que por necesidad o por oficio han paseado su cuerpo por calles, bosques, túneles o jardines. Hoy, nos acercamos a la figura del músico que se arraiga, por necesidad la mayor parte de las veces, en una esquina, en la parada del Metro, en la plaza de tu barrio: cantante maldito, juglar de asfalto, el suburbano como pozo de los deseos incumplidos, el parque como auditorio constante.

Diez canciones sobre músicos de calle, de parque, de Metro.

Topo – Cantante urbano

En 1982, abriendo el imprescindible Marea negra, Topo compartió esta historia del músico de suburbano “sin un duro en el bolsillo” que ha probado con todo y no encuentra “con qué vivir en la gran ciudad”. Le pilla la noche cantando en el Metro…

Creedence Clearwater Revival – Down on the corner

A la hora de cenar, cuatro chicos comienzan a tocar en la calle: “down on the corner, out in the street/Willy and the poor boys are playing”. No hace falta pagar para escucharles, pero si te sobra algo será bienvenido, porque “over on the corner, there’s a happy noise/people come from all around to watch the magic boys”. Abría el álbum Willy and the poor boys de 1969, en cuya portada se hacía homenaje a esta letra.

Los Suaves – Pardao

Yosi y su gente traen la historia de quien vive, pobre, en la calle sin ninguna solución. Pardao llega a “una esquina no muy frecuentada/de una ciudad sucia y olvidada” para comenzar su jornada a la guitarra, ignorado por la gente que “pasa apresurada”. No se marcha nunca, llueva o haga frío. Al final unas monedas y una pensión barata: “su patria y su hogar es una acera”. Aparece en el magnífico Maldita sea mi suerte de 1991.

Queen – Sleeping on the sidewalk

Brian May compuso y cantó este blues para el News of the world de 1977 hablando, en realidad, de lo efímero del éxito y con cierta crítica al negocio musical. El protagonista  toca su instrumento y duerme en la acera “I’ve been blowin’ my horn/ince I knew I was born/(…)/I’ve been sleepin’ on the sidewalk/
Rollin’ down the road” hasta que le descubre un cazatalentos, le mete en un estudio y le hace de oro “I was a legend all through the land/I was blowin’ to a million fans”. Lamentablemente, nuestro héroe acaba volviendo a las calles.

Saurom – Músico de calle

De su reciente Sueños (2015), una excelente canción en el estilo de rock con aires de juglar de Saurom. El músico que con su violín y mucha imaginación canta hasta llenar el sombrero: “estoy aquí en tu ciudad/acércate voy a tocar/fabrico sueños con mi voz/regalo sentimientos en clave de sol”. Una tonada luminosa y optimista

Ñu – Trovador de ciudad

Y también con esa inspiración de juglar y la flauta como protagonista, Jose Carlos Molina en su Vamos al lío!! de 1988 nos cuenta que “en medio de la calle/he puesto mi sombrero/hacerme millonario no espero”. Y seguirá cantando las “cosas que nadie quiere publicar” hasta que le eche un municipal. Porque “trovador de ciudad/canto lo que quiero”.

Paul McCartney – Move over busker

McCartney se pone en la piel de un músico ambulante (busker) para relatar una extravagante historia de apariciones: Nell Gwynne, Mae West, Errol Flyn hablan con nuestro protagonista, quien al final recibe el desprecio de la pandilla y se queda solo. “Move over busker/don’t bang your drum/move over busker/your time will come”. Del álbum Press to play de 1986.

Origen – Suena la guitarra

Los malagueños en su excelente álbum Cenizas de 2017 meten este homenaje a un tipo de corazón roto que “canta por las calles y en alguna estación” un músico que consigue con su mágica guitarra emborrachar el corazón de quien le escucha: “suena la guitarra y empieza la canción/la gente que le escucha se agolpa a su alrededor/(…)/alegra corazones cuando canta su canción”.

Dire Straits – Walk of life

Una de las más conocidas de esta selección, se editó como single del álbum Brothers in arms (1985). Knopfler canta al músico del metro que intenta sacar el dinero a los viajeros con su guitarra: “Here comes Johnny singing oldies, goldies/Be, bop, a, lula, baby, what I say/Here comes Johnny singing I gotta woman/Down in the tunnels, trying to make it pay”.

La Fuga – Miguel

Rulo y sus colegas de La Fuga dan una vuelta de tuerca a la historia de músico callejero añadiendo un tinte dramático. Miguel “duerme en la calle” y “por la tarde lo verás tocando en la principal” hasta que fallece. A su entierro “no fue ningún rey/nadie lloró por él”, aunque su guitarra “aún la puedo oír por la calle Mayor”. ¿Cuántos de estos anónimos personajes aparecen y desparecen sin que a nadie le importe? La versión acústica apareció en el álbum A golpes de rock and roll del año 2000 y una recreación eléctrica de la propia banda en el Calles de papel tres años más tarde.

 

Diez canciones sobre músicos de calle, de parque, de Metro.

 

Anuncios

Versioneando: las mejores versiones de Johnny Winter

 Mister Jon Dawson Winter III, conocido como Johnny Winter, el albino del blues, el Hendrix blanco, mostró una increíble maestría en la reconversión de canciones a su propio Universo musical. Más de un centenar de covers jalonan su discografía en estudio y en directo. Seleccionar unas pocas resulta muy difícil y siempre injusto, pero alguien tenía que hacerlo. Sin más, unas cuantas joyas imprescindibles de este mago de la guitarra.

Dale al play…

Highway 61 revisited (1969)

Del maestro Bob Dylan, quien la había publicado apenas cuatro años antes en el álbum de mismo título. La escogió para su Second Winter, un doble elepé con tres caras llenas de originales y versiones y una cuarta, curiosamente, vacía.

Sweet sixteen (2014)

En su último álbum en estudio, una barbaridad titulada Step back, colaboró con numerosos colegas de profesión, entre ellos Joe Bonamassa, con quien hizo a medias esta recreación que ya fuera popular en las manos de otro bicho, B. B. King. La original data de 1952.

Jumpin’ jack flash (1971)

Una de mis favoritas formó parte del álbum Live Johnny Winter and donde compartió guitarras con Rick Derringer. La original, otro clásico de The Rolling Stones, single de éxito en 1968.

No time to live (1970)

Y de la misma colaboración, con Rick Derringer, pero esta vez en estudio, dentro del Johnny Winter And, esta canción compuesta por Jim Capaldi y Steve Winwood, original del álbum de Traffic del mismo nombre, y editado tan solo dos años antes.

Rock and roll people (1974)

Comenzó su séptimo álbum, de portada muy formal y usando su nombre completo, Johh Dawson Winter III, con esta cover de John Lennon.  Curiosa historia: Lennon la compuso en 1970 y la grabó en varias ocasiones, pero nunca llegó a formar parte de un álbum oficial estando vivo. Durante las sesiones de Mind Games uno de los ingenieros, Shelly Yakus, sugirió que la cediera a Winter. Así que la versión de nuestro hombre acabó siendo, en realidad, la primera publicación oficial de Rock and roll people.

The sky is crying (1997)

Alguna vez habrá que hacer un especial de Versioneando solo de esta canción. Johnny Winter nos regaló su propia interpretación en el directo Live in NYC’97. Original de Elmore James, quien la editó como single en 1959.

Rock and roll medley (1976)

Con su hermano Edgar Winter, en el directo Together: Edgar Winter and Johnny Winter Live, grabó este medley de clásicos del rocanrol, habitual en los directos del albino. Las autorías son múltiples, así que te dejo que las adivines escuchando el tema.

Dust my broom (2011)

Se marcó un revival de canciones que marcaron sus inicios, lo que él tituló acertadamente Roots (raíces). Entre ellas destacamos esta que Robert Johnson grabara allá por 1937 bajo el título I believe I dust my broom.

Thirty days (1974)

Y una de Chuck Berry tenía que aparecer por aquí. Con Rick Derringer a los mandos y su hermano Edgar tocando sintetizadores y saxo, grabó el álbum Saints & Sinners, donde incluye, entre otras, esta cover. El rey Berry la popularizó, como single, en 1955.

Aquí lo dejamos. Como ves, la colección resulta impresionante, y muchas excelentes se han quedado fuera. Johnny Winter tenía un toque especial, una forma de arreglar e interpretar melodías única. Un blusero transgénero con manos de psicópata musical.

John Miles – Music – 1976

Poco más de cinco minutos y dos estrofas necesitó John Miles para resumir su amor y su compromiso con la música: “la música fue mi primer amor/y será el último/La música del futuro/y la música del pasado/Vivir sin mi música/sería imposible/En este mundo de problemas/la música me empuja a seguir”. ¿Alguien se siente identificado? Unas palabras sencillas, un sentimiento profundo.

La canción se grabó en 1975 junto a Alan Parsons en la producción y Andrew Powell en los arreglos orquestales, claves ambos del sonido bombástico, profundo, emotivo. Miles compuso en poco más de media hora la letra y la melodía de esta canción, curiosamente durante un momento de inspiración surgido cuando no estaba con su compañero habitual de composición, Bob Marshall. La canción se editó como single poco después y formó parte del álbum Rebel de 1976.

Como single, alcanzó el número uno en Holanda y Alemania, el número 3 en el Reino Unido y un nada despreciable 80 en los Estados Unidos. Este fugaz éxito le llevó a girar con Elton John y a ser una de las futuras estrellas del pop-rock británico, pero no logró jamás alcanzar las cotas de inspiración y popularidad a las que trepó con Music.

En cuanto a la estructura de la canción destaca poderosamente el patrón 7/4 que se sale del típico estándar radiofónico o comercial de la época, dotando a la melodía sencilla de un ritmo particular.

La letra refleja el amor por la música y el sentimiento de pertenencia común con todos los que comparten ese sentimiento. Dos estrofas de cuatro versos que se repiten al principio y al final de la canción y una estrofa central, basada en la primera, de seis versos.

Music was my first love
And it will be my last.
Music of the future
And music of the past.

To live without my music
Would be impossible to do.
In this world of troubles,
My music pulls me through.

Las primeras estrofas suenan sobre un piano. El arreglo de cuerdas va cubriendo el fondo y la orquesta sube hasta  que entran bajo, batería, guitarra y piano en una coda rompedora. Tras un breve solo de guitarra, corta una galopante batería y vuelven los violines, primero veloces, luego calmados sobre un piano que repite la línea inicial de la canción y Miles vuelve a cantar:

Music was my first love
And it will be last.
Music of the future
And music of the past
And music of the past
And music of the past.

Un nuevo intermedio instrumental de orquesta, mastodóntico, y retorno con los violines, las violas y los vientos hasta que, de nuevo, batería, bajo, guitarra y piano recobran el protagonismo. De fondo, un coro lejano. Cambio para el final, con Miles emocionado sobre el enorme colchón sinfónico, repitiendo las dos estrofas iniciales.

Una obra de arte comprimida, de esas que surgen no se sabe de dónde y acaban volviéndose universales. La píldora que todos tomamos a diario para seguir adelante.

 

 

La música clásica en clave de rock y heavy metal.

Ya lo cantaban Barón Rojo allá por 1985: “el gran Beethoven hoy tocaría rock”. Y es que la relación entre la música sinfónica, la música orquestal, con el rock y, sobre todo, el metal ha sido descrita y avalada en numerosas ocasiones. Lejos de hacer un tratado sobre ello, nos apetecía acercarnos a esas influencias a través de las recreaciones que algunos artistas de diverso pelaje han realizado a lo largo de la Historia de nuestro rollo. La lista es interminable, por cierto, en especial si nos zambullimos en el mundo del virtuosismo guitarrero.

Como de costumbre, dale al play y disfruta.

Emerson, Lake & Palmer – Nutrocker 

Una de las bandas que más veces y mejor ha introducido composiciones clásicas en sus discos y directos. Como ejemplo, la actualización de  “Cuadros de una exposición” del ruso Músorgski o este Nutrocker, un favorito de los conciertos que editaron como single en 1972, a su vez deudor de B. Bumble and the Stingers (quienes la grabaron diez años antes). Versión de la marcha de “El Cascanueces” (Nutcracker) de Tchaikovsky.

Dark Moor – Swan Lake

Y del mismo compositor no podía faltar una recreación de “El lago de los cisnes”. Curioso que Tchaikovsky sea, junto a Beethoven, uno de los más habituales en esto del rock y el metal. Qué mejor que esta sorprendente versión que grabaron los madrileños Dark Moor para su Autumnal del 2009. La banda bucea a lo largo de su discografía en otros compositores clásicos, por cierto, como en la excelente Vivaldi’s winter.

Mekong Delta – Pictures at an exhibition

Y como antes hemos hablado de Mussorgsky y sus “Cuadros en una exposición”, por aquí dejamos un fragmento del trabajo de esta banda de thrash metal alemana formada en los ochenta. Aparece en su disco de 1996  del mismo título.

Jethro Tull – Bourée 

Ian Anderson recreó para el segundo Lp de su grupo, Stand up, de 1969, esta versión del “Bourée in E minor” de Bach. A pesar de la obvia copia u homenaje, sin duda el arreglo y la interpretación del flautista dan un toque muy personal al tema.

Sinfonity – Toccata & Fugue in Dm

Y siguiendo con el barroco de Bach, una versión de esta particular banda madrileña que presume de ser la única orquesta del mundo compuesta exclusivamente por guitarras eléctricas. La experiencia en directo es increíble.

Manowar – Sting of the bumblebee

En su álbum de 1988 Kings of metal grabaron esta versión del interludio “Flight of the bumblebee” (El vuelo del abejorro) que Rimsky-Korsakov compusiera para su ópera “El cuento del zar Saltan”. La originalidad de este corte reside en que está interpretada al bajo por Joey DeMaio.

The Great Kat – Funeral March

Todo un personaje esta tipa. De formación clásica al violín se pasó a la guitarra eléctrica y dio una lección de velocidad y preciosismo en sus discos y directos. La imagen de agresividad y dominación seguramente le alejó del gran público, pero, sin duda, una bestia a las seis cuerdas. Entre sus muchas recreaciones de clásicos escogemos esta marcha sacada del disco Beethoven on speed (1990) que recrea la “Sonaba en B Menor para piano” del propio Beethoven.

Rainbow – Difficult to cure (Beethoven’s nine)

Claro, no podía faltar. Es inevitable acordarse de la recreación de Rainbow para el álbum del mismo título, allá por 1981. Sobre la partitura clásica Ritchie Blackmore, Roger Glover y Don Airey crean una canción que encaja en el imaginario sonoro roquero de la banda.

Miguel Ríos – Himno a la alegría

Para terminar el ciclo homenaje a Beethoven, de nuevo tiramos de la “novena” en esta versión de Waldo de los Ríos y Amado Regueiro que de manera preciosista cantó Miguel Ríos en su segundo disco, Despierta, de 1970. Un exitazo en Europa y Estados Unidos.

Uli Jon Roth & Sky Orchestra – Venga la primavera

Y si de relación entre “lo clásico” y “lo moderno” hablamos quién mejor que Uli Jon Roth, uno de los guitarristas que mejor ha introducido arreglos y estructuras orquestales en el rock. En 2003 editó Metamorphosis of Vivaldi’s four seasons con una orquesta de quince músicos y su guitarra como protagonista. La primera parte de este trabajo es una recreación de “Las cuatro estaciones” de Vivaldi.

Los Canarios – Ciclos

Y del mismo compositor y la misma obra, Los Canarios hicieron una asombrosa revisión en 1974. Arreglos e interpretación colocan este Ciclos en la cumbre musical progresiva de cualquier época para unos y en un ejercicio de nada para otros. Sea como fuere, el álbum original, doble, incluía una estación en cada cara y no se puede negar la ambición de Teddy Bautista y los suyos.

Therion – O Fortuna

Otro compositor habitual de las recreaciones metaleras es Carl Orff y su “Carmina Burana”, y entre todas, cómo no traer a Therion, banda que mezcla death y thrash metal con influencias operísticas y sinfónicas, haciendo el fragmento más famoso de la cantata de Orff. Grabado en el año 2000 para su álbum Deggial.

 

Música Moderna: noviembre 2018

En las recomendaciones de este Música Moderna encontraréis  varias sorpresas. Y es que venimos muy blanditos, repartiendo orejas y aplausos por el country, el rock americano e incluso el bluegrass. No falta el hard rock y el heavy de costumbre, por supuesto.

Seguro que alguno te falta por escuchar, así que dale al play y disfruta.

 Baja California – Horizontes

Lo de estos tipos es para tener muy en cuenta. Ya destacamos su álbum anterior La cara B del rock hace tiempo y volvemos encantados a recomendar la escucha de este Horizontes. Mejor producción y sonido más duro, acercándose mucho al rollo Uzzhüaia (Trozos de cristal, Polvos mágicos ) y remedando a los últimos Sangre Azul (el estribillo de Buscando más, la caña de Blanco y negro, las armonías de Años atrás, de mis favoritas ). Además, y esto es lo mejor, comienzan a tener su impronta propia, su estilo; como muestra Blanca (fantástica entrada y gran construcción), Horizonte o la deliciosa Al otro lado. En Reina de Hielo tienen un aroma The Who fantástico. Gran trabajo.

 Band of rascals – Tempest 

Siete estupendas canciones conforman esta entrega de los canadienses Tempest. Sonido y guitarreo deudor de Jimmy Page con algún ramalazo a Alvin Lee, como en Seas coming down (quizá la mejor). Se acercan al blues rock más descarado en Altitude y meten un rollo folk en la emotiva Fell into the love of you, de tesitura acústica. Excelentes cuando corren en Control o Holler, para mover culos y cabezas a la par (con recuerdos a los hermanos Robinson).

 The devil makes three – Chains are broken

¿Un grupo de bluegrass entre los preferidos por aquí? Pues sí, un excelente disco de bluegrass, country, folk y rock (a migajas) con energía, buen rollo, estupendas armonías y melodías vocales a cargo de Pete Bernhard, y canciones excelentes. Me enganchan Bad idea, la tranquila All is quiet, el oscuro ritmo de Can’t stop o la desértica Need to lose. Junto a Pete, que también toca la guitarra, la bajista Lucia Turino, el guitarrista Cooper McBean y el batería Stefan Amidon. Letras personales en ocasiones, como en Deep down (“deep in my heart/I’m a terrible man”) o Native son (“I ain’t nowher/I’m right where I belong”). Un disco que entra a la primera y se queda a vivir contigo.

Wurdalak – 6  

Lo primero que me enganchó de su anterior Como si no hubiera un mañana fue la voz de María José Romero y, de seguido, el trabajo de guitarras. Y al entrar en las siete canciones (más intro) de esta nueva entrega es lo primero que busco. Y ahí están, enormes en canciones como Tenemos elección, El rock volverá o la rápida Resistir, la más power del conjunto. Rubén Muñoz a la batería hace un gran trabajo también. Pasean por el Universo Lord/Blackmore en Listos para el R’n’R y más cercanos al heavy melódico en El quinto elemento. Si pasan por tu ciudad no te los pierdas.

 Will Courtney – Crazy love

Cómo resistirse a esta colección de canciones, un compendio de rock americano que lo mismo navega entre las garras de Neil Young y sus Crazy Horses en el pelotazo guitarrero de Too high now y en la cover Look all the things, se acerca a la sensibilidad de Tom Petty en Coming on strong,  el rollo country de Drunk on your songs again o el rock tabernario de Crazy love, de excelente factura, por cierto. Gozadas con slide a tope como Loaded y momentos para el piano (Take you away) y las acústicas  (When will I find my love). Incluso cuando se pone más pop (Finally) consigue enganchar. De lo mejorcito que he escuchado.

Bourbon – Fuente vieja 

Pues se han hecho mayores. En el buen sentido. Los gaditanos entregan una obra madura (qué palabreja), complicada en composición y arreglos, que profundiza y agranda su sonido, en especial esas guitarras limpias en canciones que lo mismo se hunden en la psicodelia al estilo Pink Floyd (Si veis la luz, corred), como en el rock setentero (El sendero, gran riff, una melodía muy Leño), como que se marcan un desarrollo más prog (Destierro) o incluso con dejes de rock andaluz (A punto de arder, La triste realidad). Un acierto el uso de los teclados. Recuerdos a Asfalto y a Topo me vienen en la propia Fuente vieja o en la balada Hacia el sol.

 Michael Romeo – War of the worlds pt1

Conocido por su trayectoria a las cuerdas de Symphony X, a Michael Romeo se le ocurrió la idea de actualizar la historia de “La guerra de los mundos” en un ejercicio enorme de ego guitarrero y compositivo, con un ojo puesto en los modos en que se articula una banda sonora para una película. Ocho canciones, más una intro y un interludio, donde con acierto mezcla momentos de tensión, velocidad, partes más oscuras y capas de guitarras y riffs. Black, Djinn, Fucking robots y Fear the unknown son quizá las más destacables. La voz del desconocido Rick Castellano cuadra a la perfección.

Mercyful Fate – Melissa – 1983

Los muchachos que formaban Mercyful Fate durante la grabación de este álbum en los estudios Easy Sound de Copenhague (Dinamarca) no eran conscientes del verdadero alcance de su obra. Seguro que ni en sus sueños más ambiciosos visionaban la trascendencia de su música. En 1983, cuando se publicó, no llamó la atención más allá de los países escandinavos; de hecho, giraron unos cuantos meses, principalmente por Dinamarca, hasta meterse de nuevo en el estudio. Sin embargo, Melissa se ha convertido con los años en un álbum fundamental para entender la evolución del metal desde entonces, quizá a la altura de otros debús publicados por entonces: el Black metal de Venom, el Kill’em all de Metallica, el primero de Bathory o el Show no mercy de Slayer.

La mezcla del lirismo satánico y las referencias constantes a prácticas ocultistas y a la muerte se enredan con unas composiciones musicales muy basadas en el hard rock de finales de los setenta y el emergente heavy metal de principios de los ochenta. Escuchamos dobles guitarras armonizadas, riffs cortantes, solos melódicos y un esfuerzo por apoyar las historias en la interpretación vocal única, a medio camino entre un Rob Halford subido de tono y un Bruce Dickinso cabreado.

La banda que grabó este icono del metal la comandaban King Diamond a la voz y escribiendo los textos y Hank Shermann a la guitarra y componiendo la música. Junto a ellos, Michael Denner se encarga también de las guitarras, Timi Hansen del bajo y Kim Ruzz de la batería.

El comienzo con Evil no puede ser mejor. Una canción con un riff bestial y un trabajo melódico ejemplo del género. Un disco que comienza diciendo “nací en un cementerio bajo el signo de la Luna, levantado de mi tumba por los muertos” no puede dejar indiferente. Se introducen en el mundo del Egipto Antiguo con uno de los temas más NWOBHM del conjunto, pues Curse of the Pharaons comienza con una intro muy hard&heavy y sigue un patrón similar, con varios solos intercalados entre las estrofas-estribillo. Into the coven empieza con una imitación de clavicordio, aires medievales, para meternos en un convento; el riff y la primera parte recuerdan un poco al Fight fire with fire de Metallica. Tema de construcción trabajada, varios cambios, ritmo más lento y bastante tenebroso. Su blasfemia le hizo aparecer en las canciones más despreciables de la Historia (por aquí lo podéis comprobar).

At the sound of the demon bell quizá pincha en comparación con las otras o es que repite el esquema y ya no sorprende tanto. Sin embargo, esa interpretación tortuosa de Diamond sigue poniendo los pelos de punta. Black funeral, el más corto de Melissa, posee otra letra sin desperdicio: “traed la caja negra al altar, ahora alzad vuestras manos y haced el signo, todos alabad a Satán, sí, alabad a Satán”. Continúa la más larga y, quizá, mi favorita. Satan’s fall pasa de un solo a otro, de un pasaje oscuro a otro con absoluta maestría, un collage de guitarra, bajo y batería enorme. La forma en que King Diamond cambia de voz para llamar al Demonio anticipa lo que será su personaje a lo largo de los siguientes años de la década. Y para cerrar otra joya, la que da el título, Melissa, con su larga intro melódica, paz al final del viaje, para continuar con esa voz que desgarra y canta “Melissa, eras la reina de mis noches, Melissa, tú eras mi luz. Juro vengarme del sacerdote, él debe morir en el nombre del Infierno”. La cosa se pone turbia y los graves se apoderan de los altavoces, llenando la habitación con la horrible muerte.

En total, cuarenta minutos dura el viaje. Viaje que hay que tomarse como un entretenimiento, un juego de provocación lleno de inspirados pasajes musicales y, en su conjunto, uno de los referentes en su género. A rescatar.

 

 

 

 

 

 

 

Patti Smith – Éramos unos niños

Patti Smith 2 Cuando abro un libro espero encontrar una buena historia. Algo emocionante. Y cuando se trata de una autobiografía, con más motivo. No decepciona Patti Smith: escribe con sinceridad, con la certeza absoluta de contar algo que merece la pena ser contado. Patti nos regala un cuento veraz sobre su relación con Robert Mapplethorpe, amante, mentor y gran amigo, un cuento de creación y de amor y de un mundo irrepetible, el del Nueva York de vanguardia de finales de los sesenta y primeros setenta. Ambos compartieron una relación carnal, sentimental y artística más allá de lo comprensible: “era el artista de mi vida”. Ella intenta acercarnos sus miedos, sus alegrías, el desarrollo de dos chiquillos viajando al mundo loco de los adultos artistas y golfos.

No se limita, pues, a enumerar un montón de anécdotas. Este libro va más allá de juntar  fotografías y recortes mentales: en este libro Patti nos cuenta cómo se convirtió en la mujer que canta y posa desafiante en Horses, su primer disco. Porque ella no quería cantar, ni dedicarse al rocanrol, nada de eso. Ella quería ser pintora, poeta, ilustradora, musa, fotógrafa. Quería triunfar al lado de Robert.

Me parece goloso el capítulo dedicado a sus años viviendo en el Hotel Chelsea. Cómo conoció a Jimmi Hendrix o a Janis Joplin y su relación con ella (y la canción que le compuso y cantó). La forma en la que se introdujo poco a poco en el rock and roll desde la poesía, a través de un simple recital. Curiosa su labor de vigilante de William Burroughs: le esperaba en el vestíbulo del hotel hasta que salía borracho del pub anexo y le acompañaba hasta un taxi, asegurándose de que llegara a casa.Patti Smith 1

Y descubre Patti sus influencias iniciáticas. Su primer concierto de The Doors o de The Velvet Underground. La relación con las bandas de los primeros setenta (New York DollsBlue Oyster Cult). Y, sobre todo, cómo montó su primera banda: la elección de los músicos, de las canciones, su experiencia alucinante en el CBGB. Llamaban a su música “tres acordes fusionados con el poder de la palabra”.

En fin, un libro de amistad, amor y creación de una artista de los setenta, un texto muy recomendable, sobre todo si eres fan de Patti (no podrás dejar de leer el libro). Está lleno de ternura, de dolor y de alegría. Y de mucha pasión por la música. Como ella misma dice recordando la grabación en los Electric Lady de su primer álbum: “desde el momento en que entré en la cabina de voz tenía estas cosas en mi mente: mi gratitud al rock and roll por haberme ayudado a pasar una adolescencia difícil, la alegría que experimentaba cuando bailaba, la fuerza moral que adquirí al responsabilizarme de mis actos”.

descubre el secreto tras la fotografía que inmortaliza a Patti Smith en la portada de Horses.

Patti Smith Horses

Sexo en el Rock (17): caliente como un volcán

 En ocasiones nos sentimos excitados, nerviosos, inquietos, emocionados, insatisfechos. Nos sube la temperatura desde algún sitio interior ocupando todos los pensamientos. Lujuria, fuego, carne. Nos sentimos calientes. Muy calientes. Como un volcán a punto de estallar. Fiebre ardiente.

Y rebuscando canciones sobre el tema he descubierto que los años ochenta debieron ser muy “calurosos” y “febriles”. La selección de hoy se centra exclusivamente en el mal de amores de esa década. Así que acomódate en tu sitio y descubre qué artistas se ponen verriondos, tórridos, flamígeros.

Van Halen – Hot for teacher

El primero no podía ser otro que el más provocador y gigoló de toda la década de los ochenta. David Lee Roth se siente atraído por su nueva profesora, se pregunta porqué perdió tantas clases. Ahora quiere clases extras: “I brought my pencil/Gimme something to write on”. Está calentito y preparado para su lección… Del archifamoso 1984 del mismo año.

Burning – Una noche sin tí

Hasta los hombres más viriles tienen sus momentos de soledad y deseo.  “No puedo hablar con nadie y que se yo, si estoy tan solo, necesito tu amor”. Ni siquiera la música consigue traer el sueño. Del álbum Noches de rock&roll de 1984 (qué casualidad).

Bruce Springsteen – I’m on fire

Incluso el Boss sufre de calenturas hasta el punto de empapar sus sábanas blancas. “At night I wake up with the sheets soaking wet/(…)/only you can cool my desire/I’m on fire”. Corría el año 1984 (¿otra vez?) y el disco se titulaba Born in the U.S.A.

Foreigner – Urgent

Esta vez viajamos a 1981 (vaya con los ochenta) para escuchar del álbum 4 su primer single en estado emergencia: “I’m not looking for a love that will last/ I know what I need and I need it fast”. Si de calor y necesidad se trata, no hay nadie como Lou Gramm.

Sangre Azul – Sediento de sangre

Estos no se cortan. “Salvaje (salvaje) en la noche (en la noche)/Sediento (de sangre) Buscaré…/Mi víctima en la noche, un cuerpo de mujer”.  Si hay fiebre, hay que buscar la medicina. Parte de su debut, Obsesión, allá por 1987.

Judas Priest – Fever

Ni los más duros se escapan. El Metal God está solo en su cuarto, nervioso, porque siente un calor que no aplaca la noche. “Fever. You set my soul on fire/Fever. You fill me with desire”. Una fiebre llena de deseo y necesidad. Parte del álbum de 1982 Screaming for vengeance.

Mudhoney – Touch me I’m sick

La banda inspiradora de la generación grunge también pasó sus necesidades: “Wow! I won’t live long/And I’m full of rot/I’m gonna give you, girl/Everything I got”. Pasean con su calentura por el año 1988 en el primer single que grabaron para SubPop.

Twisted Sister – I’m so hot for you

No hace falta disimular, quererte igual no, pero te voy a dar todo lo que tengo: “Say I’m in love, babe, it’s much too soon/But you know I’d give you everything that I have”. Dee Snider no puede aguantar sus ganas, no te resistas, nena “I got to have you, girl, you know you’re driving me mad”. Del último coletazo de la banda, Love is for suckers, de 1987.

Barricada – Tan fácil

Abriendo su Pasión por el ruido de 1989, “El Drogas” confiesa su necesidad calenturienta tras una noche de consumos excesivos: “Echo en falta llegar detrás/agarrar tus tetas sin avisar/notar ese culo junto a mí/dejar caer mi lengua por tu espalda/¡Cómo me enseñaste a amar el vicio!”. A quién no le ha pasado.

Blue Oyster Cult – Burning for you

Aunque a veces las canciones admiten muchos significados, para mí es claro el de esta tonada del Fire of unknown origin de 1981, me quemo por tu culpa: “I’m burning for you(…)/Burn out the day/Burn out the night/I can’t see no reason to put up a fight/I’m living for giving the devil his due”.

 

Y aún hay más. De esta década y de cualquier época. Porque el rock es lo que tiene: a veces se gana, a veces se pierde. Pero siempre se cuenta (o se canta más bien). ¿Alguna sugerencia?

Por cierto, quizá estas fiebres se curen con estos doctores del amor y sus medicinas.

 

 

Versioneando: las mejores versiones de David Bowie

Ya tardaba en aparecer por esta sección el amigo Bowie. Y lo hace con una colección de canciones muy de nuestro gusto, aquellas que consideramos sus mejores versiones. Mucho decir de un tipo que acumuló a lo largo de su carrera más de ochenta homenajes entre grabaciones de estudio y directos oficiales. Así que, repasa nuestra lista y dinos cuál nos hemos dejado fuera.

Dale al play…

Across the Universe – 1975

Rescató este tema de The Beatles para su álbum Young americans. La original, compuesta, cómo no, por Lennon y McCartney, la grabaron los de Liverpool en 1968.

Let’s spend the night together – 1973

En este caso se mete en la piel de Mick Jagger, co-autor, junto a Keith Richards, de esta canción. La original se editó como single en 1966 y la de Bowie formó parte del fantástico Aladdin Sane.

God only knows – 1984

Se atreve con The Beach Boys en su álbum Tonight, y nada menos que con un tema incluido en uno de sus mejores discos: Pet sounds (1966).

Pictures of Lily – 2001

Se mete en el papel del “mirón de fotos” que The Who retrató en 1967, para un recopilatorio homenaje a los británicos de título Substitute: the songs of The Who.

I feel free – 1993

Estupenda lectura de un tema de Cream, compuesto por Jack Bruce y Pete Brown, y editado en 1966 dentro de su Fresh Cream. Bowie lo grabó para Black tie White noise.

Waterloo sunset – 2003

Encaja en esta canción de The Kinks a la perfección. Grabada en las sesiones de Reality, apareció como regalo en la edición especial de la gira. La original, compuesta por Ray Davis, la escuchamos por primera vez en 1965, como single y formando parte del Something else by The Kinks.

Friday on my mind – 1973

Dedicó un álbum de versiones al que tituló Pins up y dejó en el tintero el proyecto de un segundo disco. Rescatamos este corte original de The Easybeats y compuesto por George Young y Harry Vanda en 1966.

I’ve been waiting for you – 2002

Un grande suplantando la voz de otro grande. Neil Young la compuso en 1968 para su debut y Bowie la re-compuso para su Heathen.

Dancing in the street – 1985

No podía faltar. Cantada a medias con Mick Jagger, se editó como single de éxito mundial. Un tema con más de cien versiones grabada por primera vez en 1964 por Martha & The Vandellas.

Marea – Revolcón – 2000

  Marea pasa por ser uno de los últimos grupos de rock nacional en conseguir un éxito digamos masivo, es decir, estar en boca de todos, vender discos suficientes para entrar en las listas oficiales y hacer giras multitudinarias, llenando espacios grandes (pabellones y algún recinto al aire libre importante). Estrellas de festivales a lo largo de la primera década del siglo, comenzaron a forjar su estilo con este segundo largo de título Revolcón, consagrado en su siguiente obra y alargado hasta el cansancio en los siguientes años. Tal es el estilo definido de la banda que se dice “esto suena a Marea”.
El grupo lo formaban Kutxi Romero (de profesión bandolero) a la voz y las letras, Kolibrí Díaz y César Ramallo a las guitarras, Edu Beaumont “Piñas” al bajo y Alén Ayerdi a la batería. Lo produjo la banda con la ayuda del jefe Marino Goñi y la pareja formada por Javier y Juan Antonio San Martín (que grabaron, mezclaron y masterizaron el asunto).
Basta con escuchar tres de las canciones de Revolcón para resumir la totalidad del álbum. La primera, Barniz, una composición con un fraseo de Kutxi en las estrofas sobre un riff cortado a destiempo y un puente-estribilo pegadizo que da paso a un primer solo de Kolibrí; la estructura se repite con una  parte instrumental más larga y cierra con reiteración de estrofa y estribillo. Un clásico del rocanrol de cualquier época. Lo generoso de la entrega sonora de la banda, con la guitarra rápida y aguerrida y la excelente letra da ese punto de personalidad a la canción. La segunda sería Corazón de mimbre, con un comienzo acústico (“yo me quedo aquí a tender mi pena al sol/en la cuerda de tender desolación”) que desemboca en un rock cañero (“le hizo un trato al colchón/con su espuma se forró el corazón/anoche era de piedra y al alba era de mimbre/que se dobla antes de partirse”). La tercera en discordia se titula Canto de tierra seca y juega con la (relativa) influencia del cante andaluz y sus letras reivindicativas sobre la gente del campo y los trabajadores mal parados, una tendencia que fue en aumento en las siguientes obras.
Alrededor de estos tres palos se teje una obra con claros y oscuros donde destacan un par de clásicos de la banda como El perro verde o Duerme conmigo. En El perro verde participan El Drogas e Iker Piedrafita y marca muy bien cómo se siente Kutxi en este mundo, como un bicho raro, el que intenta sin éxito mezclar agua con aceite, un tema clásico en su estilo con una letra de contrastes que consigue mantener el pulso de principio a fin. A su lado, Duerme conmigo nos muestra al suplicante enamorado “duerme conmigo/si eres piedra da igual/yo seré pedregoso camino” y tiene un gran trabajo de guitarras.
El resto del disco mantiene el pulso en IncandescenteAmor temporero y Prima tristeza, tríptico tipista del “estilo Marea”. Un par de temas más flojos, quizá también por lo acusado de la repetición del estilo o porque no siempre la fórmula va a funcionar, como pasa en Mojama o Si viene la pestañí.
En cualquier caso, uno de los mejores de la banda, salvaguarda de su estilo y primera piedra del camino hacia su éxito.