Kreator – Extreme aggression – 1989

Igual exagero al considerar a Kreator la más influyente banda de thrash metal (y aledaños) de Europa. Quizá no exagero al señalar a la banda germana como una de las grandes del género, que ha cultivado con mayor o menor acierto desde su iniciático Endless pain allá por 1985. Apenas cuatro años después, y tras otras dos joyas metaleras, pulidos tocando lo más duro posible por los escenarios más variados, editaron este Extreme aggression. Como dijo Mille Petrozza, cantante y guitarrista, en aquellos momentos: “Siempre hemos tratado de sonar heavies. La gente puede tocar más rápido que nosotros, pero solo sonará más rápido, no más poderoso. Kreator es poderoso sin ninguna competencia”.

Y de eso va este álbum. Del poder de la música, del poder del odio, del poder del sufrimiento, del poder del inconformismo social, del poder de la soledad, del poder de revelarse.

La banda la componían el nombrado Mille Petrozza a la voz y la guitarra, acompañado de Joerg Trize a las seis cuerdas, Rob Fioretti al bajo y Juergen “Ventor” Reil a la batería. Producido por Randy Burns, se grabó una primera vez en septiembre de 1988 en Berlín, pero al productor le pareció tan malo el sonido que propuso mudarse a un estudio de su gusto en California. Así, con presupuesto extra, en los meses de enero y febrero de 1989 se marcharon a Hollywood . Y el tipo acertó de lleno; el sonido es limpio pero a la vez brutal, con todos los instrumentos bien definidos y el punto de reverb y de ingeniería justo. Petrozza, por cierto, tuvo que hacerse cargo de todas las guitarras, pues Trize no viajó con ellos .

El álbum finalmente se publicó en junio bajo el sello Noise en Europa y Epic en el resto del mundo. La alianza con Epic les dio un empujón internacional y les permitió girar de manera extensa por Estados Unidos. Fueron años en los que las grandes compañías comenzaban a echar el ojo a bandas de metal extremo para hacerlas “vendibles”; había un nicho por explotar, joven y con ganas de gastar dinero. Y Kreator tuvieron su oportunidad.

La aventura comienza con Extreme aggressions (de donde deriva el título del álbum), quizá el más violento o poderoso, como dicen ellos. Habla de un asesino que disfruta torturando a sus víctimas bajo los efectos de la cocaína. El riff principal está inspirado en un tema de la banda Batmobile. Otro tipo malo protagoniza uno de los momentos más horribles. Oscuro y sucio, Bringer of torture se basa en la historia de Joser Fritzi, quien raptó y violó a su hermana durante más de veinte años. Tema breve, con poco más de dos minutos de duración, de excelente riff.

Las emociones, la frustración, la dureza de vivir inspira parte de este viaje. La depresión es el referente de No reason to exist: el canto desesperado de un adolescente “existing like the rest/in endless emptiness/(…)/against your will”. El ritmo, complejo, y el sonido de la guitarra muestra la influencia de lo que Megadeth hacía por entonces. Stream of consciousness trata de la pérdida del individualismo en la sociedad, la imposibilidad de separarse de la corriente de pensamiento en la que te ves obligado a participar para no quedar alienado. Y por la traición de un amigo, de un ser querido, se compuso Betrayer, de la que se grabó un vídeo en la Acrópolis de Atenas. Otro de los imprescindibles del álbum y de Kreator. Resulta casi el más ¿cantable? con ese puente/estribillo a voz en grito, muy Metallica (pre-And justice), y un solo grande.

La tercera pata de las temáticas de Extreme aggression tiene que ver con los problemas globales, que, treinta años después, siguen entre nosotros. La conciencia medioambiental brota en Some pain will last: “intense devastation of nature/construting a future for man/the world is sold dirt cheap/for promises no one can ever keep”. Un mundo de polución y enfermedades que traerán dolor al ser humano. La canción se convirtió en uno de los imprescindibles de los directos del grupo con esas armonías bestiales y el excelente trabajo dinámico a lo largo de todo el corte. Don’t trust tiene un riff con un aire Overkill y otra gran batería, un tema complejo en la estructura rítmica con una letra sobre el aislamiento y la falta de confianza, quejándose de la muerte de la inteligencia y las emociones en un mundo frío, en el que es difícil convivir. Y, en los ochenta, pocos miedos tan globales como la amenaza nuclear: “the human race destroyed/destroyed by the fatal energy”. Fatal energy es otra guinda en este pastel de lo más brutal del ser humano, con un sonido más heavy clásico que el resto del disco, siempre en la honda Kreator, y una guitarra poderosa.

Y nos queda otro de los platos fuertes para cerrar este resumen. Y el título, la verdad, lo dice todo. Compuesta como rechazo a la poca atención que los medios daban al estilo musical por su carácter antisistema y agresivo, Love us or hate us no deja indiferente a nadie y clama contra las canciones comerciales, “sounds without feeling/energy or aggression/from money hungry brains”. Poco después Metallica cambió las reglas del juego y la MTV “compró” metal agresivo.

Un disco corto (37 minutos) donde destaca la calidad compositiva y el cuidado de cada pasaje, tanto en los arreglos como en la producción. Las canciones son retorcidas y muchas veces cambian, se transforman para volver al tema principal (riff o melodía o patrón rítmico). Tanto las voces agresivas de Petrozza como sus punteos y guitarrazos marcan el devenir de la obra, apoyado en un Ventor fantástico. Era imposible que pasara desapercibido. Tan solo necesitaba una buena promoción y muchos conciertos para convertirse en un clásico del género y, por extensión, del metal (mal llamado) extremo.  Treinta años han pasado.

12 canciones sobre coches

Quizá sea un tema demasiado obvio, o no, el de la carretera, los coches, las motos en el glosario de roquero. Hay músicos que, además, compiten en sus ratos libres; otros se aficionan a coleccionarlos; muchos añoran poder comprarse ese fantástico carro de sus sueños. Infinidad de canciones tratan el tema de manera más o menos directa y nosotros hemos querido hacer una pequeña selección de aquellas canciones dedicadas a los coches (y a su buen y mal uso).

Dale al play…

Steve Miller Band – Mercury blues

“Had my money, I tell you what I’d do/I would go downtown, Buy a Mercury or two/Cause I’m crazy ‘bout a Mercury”. Steve Miller clama su devoción por “los Mercury” hasta el punto de robar uno (según la canción). Coches de capricho desde 1938 hasta 2011 que sobreviven en los sueños clásicos de algunos fanáticos.  Cover de una composición de KC Douglas y Robert Geddins grabada por pimera vez en 1948, aparece, en la voz de Miller, en un documental (Revolution) de 1967.

Bruque – Velocidad

Corría el año 1988 cuando Pedro Bruque grabó esta canción con la voz de Domingo Gallardo y la flauta de Jose Carlos Molina (Ñu). “No sabes como acabarás/tampoco a qué lugar llegarás/te ciega la velocidad” y tanto correr acaba en un accidente donde “la gente observa con horror/después te contarán tu accidente/sin saber qué sucedió”. Una llamada de atención a los excesos de confianza al volante hace más de treinta años. Parte del álbum En mitad del camino.

Metallica – Fuel

Y con la misma temática se marcaron Metallica este corte en Reload (1997): “Oh, no I burn,/Fuel is pumping engines,/Burning hard, loose and clean”. La adicción es un tema clave en las letras de Hetfield; en esta ocasión la necesidad de pisar el acelerador a fondo hasta quemarse, literalmente.

Chuck Berry – Maybellene

El rey negro del rock mezcla motor, velocidad y flirteo en una persecución hot-rod de un hombre con su ocho cilindros tras una chica a bordo de un Cadillac. ¿Acoso en la autopista? Elvis Presley se marcó una versión de este tema. Berry lo editó como single en 1958.

Barricada – Písale

“Los barri” tienen prisa por llegar a casa : “nervio en la carretera, corre, corre/cómete las señales, pisa más, corre/estamos llegando a mi barrio, corre, corre”. Uno los imagina llegando a las tantas después de un concierto (“la ciudad dormida tiene algo especial”). Corto pero intenso, lo escuchamos en el No hay tregua de 1986.

Lonnie Mack – Me and my car

Un tipo curioso. Tras saborear cierto éxito comercial en los sesenta, desapareció casi veinte años hasta que a mitad de los ochenta reanudó su discografía animado, entre otros, por Steve Ray Vaughan. El segundo de esta segunda época, titulado con acierto Second sight (1987), comenzaba con esta oda a su amor siempre fiel por su coche: nada puede interponerse entre ellos.

Pearl Jam – MFC

Eddie Vedder (cantante) realizó una escapada vital por Europa durante, más o menos, un año hasta acabar viviendo en Roma. De sus viajes en un pequeño coche por Italia surgió la melodía y la idea de este tema, cuyo título significa Mini Fast Car. La protagonista huye en un coche dejando atrás una vida que ya no quiere mantener, buscando el horizonte. La historia acabó formando parte del álbum Yield de 1998. “This wheel will be turning right, then straight/Off in the sunset she’ll ride”.

Obús – Autopista

“Voy quemando gasolina/la autopista me pone a cien”. Las autopistas como símbolo del (mal) progreso, de las prisas, de la necesidad de recorrer kilómetros en coche “a toda velocidad”, cayendo en “su trampa” hasta que “me domina la autopista”. Del álbum de 1984 El que más.

Quiet Riot – Slick black Cadillac

Cuando aún no habían saltado a la fama metalera y dormían en pisos de amigos o en apartamentos okupados, Kevin DuBrow (cantante) y Randy Rhoads (guitarrista) compusieron esta oda a uno de sus mayores deseos: un precioso Cadillac negro “you know I got a fully-equipped rock ‘n’ roll machine/at speeds that take me high, high, high” con el que “I’m gonna drive all night/spin my wheels all night”. Abría el álbum Quiet Riot II (1979). La regrabaron para el multiplatino Metal health cuatro años después.

Deep Purple – Highway star

Qué más se puede decir: “I love it and I need it”. Pasión verdadera por el propio coche, máquina para convertirse en el rey de la autopista. “It’s a killing machine/it’s got everything/like a driving power big fat tires”. Tema veloz, con dos fantásticos solos de Richie Blackmore a la guitarra y Jon Lord a los teclados (ambos de inspiración clásica). Imprescindible y eterna canción del álbum Machine head (1972).

Banzai – Coche rápido en la noche

“Si se mosquean voy a acelerar” con mis veinte años mal tratados por la sociedad. El coche es la herramienta para distinguirse, para huir de la policía o para, simplemente, escapar de los tiempos “actuales”. La escuchamos en el disco imprescindible Banzai de 1983.

Sangre Azul – Velocidad

Y la misma inspiración para esta canción de Sangre Azul, pero en esta ocasión desde un punto de vista más amoroso y festivo: “compartimos el placer de libertad/en la noche juntos recorriendo la ciudad”. El coche como compañero de aventuras, su juego como símbolo de fuerza y libertad. Aparece en su debut Obsesión, allá por 1987.

Golden Earring – Radar love

Y para cerrar esta colección, una de las más famosas y, a la vez, curiosas. Escrita desde el punto de vista del conductor que viaja a casa de su novia, con la que tiene un sistema de comunicación único: el radar del amor. Cuando ella le llama, él acude: “I’ve been drivin’ all night, my hand’s wet on the wheel/there’s a voice in my head that drives my heel” para acabar al amanecer en su casa “No more speed, I’m almost there/(…)/last car to pass, here I go”. Protagonista absoluto del álbum Moontan (1973)

Por supuesto, hay muchas más. ¿Cuál de tus favoritas hemos dejado fuera?

Lo mejor de Neal Schon: más allá de Journey

Famoso por sus “años dorados” en Journey al lado del cantante Steve Perry, los que transcurrieron, más o menos, entre 1978 y 1987, donde vendieron algo así como 50 millones de discos (¡vaya!), Neal Schon, guitarrista, cantante, compositor, arreglista, productor, tiene una colección enorme de discos. Si hacemos caso a su página web, hablamos de ochenta en total. Nos hemos planteado, por qué no, hacer un viaje por esta colección rescatando los que, a nuestro entender, son los más interesantes. Desde aquellos inicios a principios de los setenta han pasado (casi) cincuenta años…

La aventura profesional de Neal comenzó al lado de Carlos Santana en 1971, a la edad de diecisiete años. Un tipo que marcó claramente el devenir artístico de nuestro protagonista. Con él grabó Santana III (que llegó al número 1) y al año siguiente Caravanserai. Poco después dejó la banda para formar Journey, tras un paso por el rock latino de Azteca. Nunca abandonó la influencia de esta experiencia primeriza. El mismo Santana le reclamó en 2016, junto a otros compañeros de época, para el álbum Santana IV. Esa mezcolanza de rock, jazz y ritmos latinos aparece y desaparece en la propia carrera en solitario de Schon, como en su Electric world (1997).

En esta aventura iniciática se forjó una larga relación con el cantante y teclista Gregg Rolie. Juntos formaron la primera encarnación de Journey, intercambiando composición y protagonismo vocal hasta que “descubrieron” a Steve Perry en 1978 y comenzó su historia de éxito comercial. Gregg dejó la banda en 1981, pero colaborarían juntos en los proyectos en solitario del teclista (Gregg Rolie, 1985) y del propio Neal. Como curiosidad, junto con los miembros de los primeros discos de Santana (Mike Carabello, Michael Shrieve) formaron, allá por 1997, el grupo Abraxas Pool; compusieron y grabaron un álbum homónimo.

Otro buen amigo en sus aventuras se llamó Jonathan Cain, quien sustituyó en los teclados a Rolie en Journey. Estos dos personajes se volvieron inseparables desde entonces. Cuando la banda madre se desbandó a finales de los ochenta formaron Bad English. Dos discos, Bad english (1989) y Backlash (1991), duró la aventura, con una onda AOR/hard rock melódico fantástica. Cain colaboró con la carrera en solitario de Neil numerosas veces, como en Beyond the thunder (1995), donde compone, produce y toca, o Piranha blues (1999), y juntos metieron mano a algunas placas buenas, como el Freight train heart (1987) de Jimmy Barnes.

El tercer amigo que encontramos en esta historia se llama Sammy Hagar. Tras una primera colaboración en el álbum Danger zone (1980) del rubio cantante se juntaron con el bajista Kenny Aaronson (Rick Derringer, Blue Oyser Cult) y el batería Michael Shrieve (otra vez por aquí) para componer y grabar un álbum que acabó llamándose Through the fire (1984); el grupo se denominó HSAS (Hagar Schon Aaronson Shrieve). No dio para más. En diversas ocasiones estuvieron tentados de comenzar una aventura musical juntos, que casi cuaja en el 2004 cuando formaron Planet US; grabaron varias canciones con Deen Castronovo a la batería y Michael Anthony al bajo. Sin embargo la reunión de Van Halen aquel mismo año llevó al cajón de los imposibles aquella aventura. No fue hasta 2008 cuando por fin volvieron a juntarse en otro disco en solitario de Sammy, titulado Cosmic universal fashion: recuperaron dos canciones de aquel proyecto, Pshyco vertigo y Peephole.

Otro amiguete con el que pasó buenos ratos fue Paul Rodgers. En 1993 grabó las guitarras en dos cortes de Muddy Waters Blues (homenaje de Rodgers al famoso músico) y produjo y tocó en The Hendrix set (homenaje, obviamente, al famoso guitarrista). Su relación volvió a retomarse en el álbum Now (1997). Y si seguimos recordando cantantes con los que colaboró de un modo u otro, aumentamos la lista con Joe Cocker (Cocker, 1986), Eric Martin (Eric Martin, 1985; Mr Rock vocalist, 2012) o Michael Bolton: compuso y prestó su guitarra en The hunger (1987).

Pero no solo de amigos se nutre la aventura musical de Neal. A principios de los noventa endureció su propuesta sonora (un poco) al formar Hardline con sus “cuñados”, los hermanos Gioeli: Johnny (cantante) y Joey (guitarrista). Reclutó a Deen Castronovo (compañero en Bad English que acabaría tocando la batería en Journey) y a Todd Jensen (bajista de David Lee Roth y Ozzy Osbourne, entre otros). Al artefacto lo llamaron Double eclipse (1991) y se convirtió en una referencia en el hard rock melódico. En su apuesta por formar un grupo consistente (lo intentó con Bad English o con Hardline) montó Soul SirkUS; rebotado del fiasco de Planet Us conoció a Jeff Scot Soto en un clinic y se le encendió la bombilla. Con Soto a la voz (vaya colección de cantantes buenos) y su inseparable Castronovo a la batería hicieron World play (2004).

Y si todo este arte no fuera suficiente, podríamos añadir alguno más de sus nueve discos en solitario; sus dos álbumes con Jan Hammer (Untold pasion, 1981; Here to stay, 1982); el excelente All one people (1997) de Just if I junto al cantante de Loverboy, Mike Reno; o una de sus treinta y cinco colaboraciones (según su página web). No ha dejado de buscar dinero, fama y arte melódico, ya sea con amigos, con discos instrumentales, bajándose al jazz o al latin rock, regalando solos preciosistas o como músico de estudio.

Larga vida a Neal Schon.

Grand Funk – Closer to home – 1970

En el verano de 1971 la revista The Rolling Stones describió a Grand Funk (Railroad) como la “mayor banda americana de rock”. Quizá sea una exageración, aunque por entonces acabaran de llenar el Shea Stadium (algo que solo habían conseguido The Beatles), y dos noches seguidas el Madison Square Garden, despachando las entradas en apenas 72 horas. En los dos años y medio que distan de sus primeras grabaciones a esos conciertos, editaron cinco discos en estudio y un directo. Y buena culpa de ese éxito masivo lo tuvo este álbum, Closer to home; el primero en ponerles en grandes recintos y en conseguir el millón de copias.

¿Qué hizo especial a este disco? Quizá la mezcla de melodía, cambios de ritmo, brutalidad roquera y cierto blues indomable. Quizá supieron captar con sus letras ese espíritu de rebeldía social, de rechazo a la guerra y la violencia, de establecer unos principios de supervivencia. Quizá, como escribió en su día Terry Knight, productor y mánager (y, en cierto modo, propietario), habían madurado, habían pulido su sonido en los garajes de Flint, Michigan.

La certeza absoluta de su magistral sonido está en los mandos del nombrado Terry Knight, que supo plasmar en el plástico negro las bárbaras líneas melódicas del bajo de Mel Schacher, la soberbia y nunca modesta batería de Don Brewer, los riffs cíclicos o rastreros de la guitarra de Mark Farner y sus ajustados y preciosistas solos, todo bien equilibrado en cada una de las composiciones del álbum. Añadieron arreglos de cuerda por aquí y por allí, unos coros femeninos…

El comienzo casi perfecto con Sin’s a good man’s brother. Excelente riff, buen fraseo vocal, el bajo acompañando y duplicando la guitarra y una letra espiritual: reniega de Dios, la ley y el hombre y propone “a revolution, it’s seem to be the only solution”. El bajo de Schacher domina Aimless Lady, con uno de los mejores estribillos, un blues duro sobre cómo tratar a una mujer. En una de mis favoritas, Nothing is the same, despachan solos, cambios de ritmo y una batería de manual en apenas cinco minutos enmarcando las dificultades de entrar en la edad adulta (“opportunity only knocks once/If you shut it out it’s a sin”).

Bajamos de vueltas para el corazón roto de Mean mistreater; buen teclado con su parte central desarrollando el tema principal, precioso. Get it together, un corte principalmente instrumental, tiene un rollo sixties en su introducción de piano, rítmica y melódica a la par, con un toque soul en las guitarras y en el coro final.

La búsqueda del amor ocupa los dos siguientes cortes. Schacher vuelve a desatarse en I don’t have to sing the blues a la par que Mark Farner hace una de sus mejores interpretaciones vocales explicando cómo encontrar a la mujer idónea: “please don’t tell me that’s the way that it goes/’Cause I’ve tried hard and I know/(…)/Cause I got my baby and she loves me so”. Un coro (casi) gospel anima ese encuentro con el amor en Hooked on love, donde “los Funk” demuestran su dominio de los tempos medios, sin prisa, sin melaza, contenida contundencia.

La final I’m your captain/closer to home encierra, en sí misma, todo lo bueno de estos tipos. Desarrollan en casi diez minutos y en dos partes la historia de un capitán de barco que ve como se hunde su nave; Farner aprovecha para hacer una reflexión sobre el final de la vida y sobre la pérdida y las consecuencias decisiones que tomamos. Cambios de ritmo y tono, mezclando eléctricas (ese wah wah) y acústicas, con otra melódica interpretación de Mel Schacher. A mitad de tema el fantasma del capitán se despide (“I’m getting closer to my home…). La segunda mitad, desarrolla ese tránsito, con violines, violas y una flauta acompañando a la banda, al estilo The Moody Blues. Terry Knight alquiló los servicios de la Orquesta de Cleveland para tan magno final. Pura paranoia de época.

Y acabó. Aunque es difícil decantarse por un disco de estos tipos, o poner en valor en un año tan brutal para la música popular como 1970 una sola obra, este Closer to home resulta imprescindible para entender el desarrollo posterior del rock.

The Rolling Stones en diez versiones.

No vamos a perder el tiempo con presentaciones. “Los rolin” son una de las bandas más icónicas de la música contemporánea y un referente para varias generaciones. ¿Alguno de los tipos de la foto se hubieran creído el alcance de su creación musical? Hoy hemos querido hacer un pequeño homenaje a sus satánicas majestades a través de la voz y la música de diez propuestas diferentes, algunas, sorpresa, aparentemente alejadas del rock clásico de los británicos.

A disfrutar…

Exodus – Bitch

Lejos de su sonido habitual, Exodus llevan a su campo esta canción que los británicos incluyeron en su Sticky fingers (1971). La versión, en el álbum Force of habit (1992).

Thunder – Gimme shelter

En 1993 se editó un single del mismo título en la que Thunder, Little Angels y Hawkwind rinden homenaje a este tema incluido en Let it bleed (1969).

The Who – The last time

Editado como single en 1967 junto a Under my thumb. El original fue número 1 en las lista de singles del Reino Unido apenas dos años antes.

Kiss – 2000 man

Los neoyorquinos tiraron de cover para completar su Dynasty de 1979. Personal revisión de un corte grabado para Their satanic majesties request (1967).

Johnny Winter – Jumpin’ Jack Flash

El albino era experto en mejorar las canciones de otros, y no se quedó atrás en el directo Johnny Winter And Live (1971) con esta canción que grabaran “los rollin” en 1968.

Buckcherry – Best of Burden

Escoger uno de los cortes emblemáticos de Some girls (1978) para una versión es de valientes, y Buckcherry lo metieron en The covers: volume I (2014)

Gov’t mule – Can’t you hear me knocking

Estos no podían faltar por aquí. Y hemos escogido esta personalísima elección del Sticky fingers (1971) que podemos escuchar en su Stoned side of the mule (2015).

Muddy Waters – Let’s spend the night together

El maestro revisando a sus alumnos. Para Electric mud (1968) escogió este single editado en enero de 1967 que formó parte del álbum Flowers, editado ese mismo año.

Tesla – Mother’s little helper

Se remontan al Aftermath de 1966 en su disco en directo Five man acoustical jam (1990) con una estupenda y personal versión.

Manic Street Preachers – Start me up

Uno de los riffs más conocidos e imitados de la banda inspira a Manic Street Preachers en su participación en el álbum colectivo Sounds of the 80s (2014). La original arrancó como single el Tattoo you de 1981.

Por supuesto, aún hay más. ¿Qué versión echas de menos?

Cantautores del rock: poetas eléctricos de hoy.

Comentó Rulo, cuando dio el paso de abandonar La Fuga para comenzar su carrera en solitario: “soy bipolar, tengo un cantautor y un cantante de rock dentro de mí”. Y de esa reflexión reflexiono yo lo difícil que resulta definir la frontera entre el músico que lidera una banda y el cantautor roquero que se rodea de una banda (¿rockautor?). Rulo se fabricó La Contrabanda, Fito hizo lo propio con Los Fitipaldis. Como ellos, muchos cantantes y compositores pisan sin vergüenza ninguna a ambos lados de esa frontera: Bunbury, Cristina Rosenvinge, Quique González, Robe Iniesta, Kutxi y hasta El Drogas, por poner algunos nombres conocidos y con mayor o menor éxito. Hasta cantautores punk tenemos aquí; recordemos a Manolo Kabezabolo si hace falta. Quizá salgamos del prejuicio que la etiqueta cantautor aún tiene “de aburrido” si recordamos algunos songwriters de habla anglosajona; Johnny Cash, Neil Young, Tom Waits o un tal Bob Dylan. Allí se idolatra, aquí se vilipendia.

Bailando en este concepto de cantautor del rock (¿cantaurock?), además de los nombrados y otros famosillos, hay un puñado de excelentes propuestas que, por diversos motivos, no llegan al gran público. El estilo, la continuidad, el dinero, la calidad, la temática. Da igual. Hoy queremos rescatar a algunos cantantes y compositores que lo mismo se suben al escenario a pecho descubierto con una guitarra o un piano que se rodean de músicos amigos para formar una big band roquera.

Malos Pelos – Malos Pelos

Cuatro años han pasado desde que editara este álbum, tras su experiencia, más o menos mediática, al mando de Señor Trepador. En 2018 publicó un directo muy recomendable: Yo también pensé que eran molinos y resultaron ser gigantes. La capacidad interpretativa de Óscar Linares, el hombre tras el cantante, es el punto más destacado de esta propuesta. Si añadimos su buen gusto por las melodías, algunos aciertos compositivos sobresalientes, letras sencillas y directas pero con un poso poético intenso, tenemos un álbum redondo. Juega con estribillos jugosos en Hagamos más el amor y menos la guerra, Postal sideral, Fumando bajo la lluvia o A veces; letras simpáticas en Prometo o Que te vaya todo bien (“un todo incluido no es muy bueno en Alhaurín”); confesiones e historias desnudas en Como las lombrices, Soy un desastre o Tengo miedo (“Tengo miedo de la letanía que deja un te quiero”). Buenas guitarras en Amores de carretera y Como lo hiciste ayer. Una escucha gustosa.

Rafa Pons – La guerra del sexo

Reconozco cierta debilidad por este tipo aparecida después de escuchar Disimula (2015). A finales del 2018 editó este La guerra del sexo con un sonido acústico a medio camino entre el rock, el folk, algún ramalazo country y su habitual genialidad en las letras. Una frase que me cayó como un martillo: “no necesito libro de autoayuda/para eso ya está el Playboy”. Deja poco hueco al aburrimiento. Historias de amor hermoso en Los reyes del mundo o Imposible, despecho y rabia en Como un hombre (“como coño supera tantas cosas la gente”) o No te guardo rencor, un poco de crítica social en Capullo Tonic y algunas épicas personales en Podré soportarlo (“me acusas de perder tu juventud/…/si nadie va a quererme como tú/tienes que comprender amor/que yo podré soportarlo”), Reina o Niño viejo (“me camuflo con el barro/y pongo rumbo al rock and roll”). Un grande.

Solanas – Invencibles

Un “antihéroe de sí mismo” que dice tener mucho que aprender, y en ello está, confeccionando mientras tanto discos impecables, inspirados, donde encontrar sonrisas y lágrimas. Pincha la modernez de Mi luz, la (hiper)positiva Invencibles (“nada nos puede parar/solo podemos ganar/que juntos somos invencibles”), el rock de Por ti o El cazador, el agradable tufo buenosaires de Flores, las divertidas y certeras Buscando enfermeras o Huelga de pereza (“me he apuntado a los mundiales para batir el récord de pesadez”), el toque reggae de El circo (“tú que eras una estrella ahora te acuerdas de mí, de este payaso”), la crítica mordaz de Underground. Y si no tienes bastante, revisa el anterior Gigantes, otra joyita de Fernando Solanas.

Víctor Rojo – Entelequias

Un alumno aventajado, un ejemplo de cantaurock. Autoproducido. Grabado con amigos y familia. Sencillo, profundo, acústico, eléctrico, triste, positivo. Mezcla de emociones e influencias en trece canciones personalísimas que bailan entre el rock íntimo, el punk y el sentido callejero no carente de inteligencia. Predominan los acústicos, quizá por “el presupuesto”, como en La vida buena (“Que viva la vida buena/que viva y que muera la rutina de ayer/que nadie te diga lo que debes hacer”), Tormenta de verano (con un toque aflamencado), Mi nueva trampa, de excelente estribillo, o Ni vino ni rosas. Se salen del tono habitual con Por que siempre salga el sol (“Si no fuera por las drogas, por el sexo y el rocanrol/Habría muchas mañanas en que no saldría el sol”) o Tan perdido como… Ojalá tenga suerte para desarrollar la carrera que promete.

Luter – 333

Si antes hablábamos del alumno, ahora hablamos del maestro. El cantautor más auténtico del underground musical: un clásico con más de veinte años de arte en su garganta. Su cuarta entrega, 333, ancla su alma en los sonidos de los setenta pasados por la producción de Kolibrí Díaz (Marea), con una atmósfera limpia en cada detalle. La melodía y las guitarras son protagonistas en Hagamos que pase, con buen estribillo, en Veterano de Vietnam, con un Hammond interesante (“verás que algún día de aquellos/que prometí quererte de por vida/mostrarán su cicatriz”) o en No hay quien me gobierne (“yo quisiera definirme pero no puedo/en este mundo la contradicción tiene más peso”). Me acuerdo del Ramoncín ochentero en la preciosa balada Perseguir estrellas. Se atreve con un tango en La orquesta de la libertad (“no habrá más realidades que las que podamos tocar/siempre serás en mi vida la orquesta de la libertad”). Preciosas acústicas en Anda de pie. Buen blues de título El crucigrama (“mi madre desguaza la vida al reír”). Preciosa Buffalo Bill sigue vivo con un gran slide. Ahora está en plena publicación de un nuevo álbum que va regalando a cuentagotas; por ahora conforma un EP de título Héroe.

Jairo Martín – Hombres mejores

Un canario madrileño con una musicalidad asombrosa. Lo suyo es el piano locomo demuestra en su último directo (La resistencia bohemia, 2018) y las buenas compañías. Se desangra en arreglos y letras particulares mientras baila con las semillas de Sabino Méndez, Jaime Urrutia o Andrés Calamaro entre noches de humo y buenas (o malas) compañías. Aires roqueros en Las mieles del éxito (“con las velas raídas en una deriva de días, apuntándome a cualquier tipo de sarao”), Miles de hijos y Si quieres; un toque glam para En mi coche; surge el macarra en Hombres mejores; historias de mujeres particulares en Barbie, Barbie, Bárbara y Puntos de break; adorable la poesía de El olor de tu pijama (versión de Alberto Urrutia) y Todos nuestros peores amigos (“todo el mundo sabe lo que pasa/pero no hay nada en mi casa/que explique el sentido”). Incluso su gato tiene una canción estupenda: Canción de Bobo/La colina de los gatos. Una pena que no se prodigue más.

Txema Benítez – Autopsia

Hijo y hermano de Marea (Kutxi), La Fuga (Rulo) o Forraje (Lulu), Txema grabó quince cortes de preciosistas guitarras: el uso de las acústicas, como protagonistas (Como no llovió jamás, Sangre de mil corazones) o como apoyo; los puentes y los solos a doble guitarra; y en todos los arreglos, en muchas ocasiones escuchas tres guitarras. Sirvan de ejemplo Reflexión ( más que humo) o Sed. Junto al buen uso a las seis cuerdas, otro acierto es el aporte de Beatriz Pastor en los coros y las armonías vocales, dando el contrapunto; me gusta especialmente Locos, Otra batalla y Esa noche (“esta noche será menos puta si cuento tus lunares”). Para mover el culo añado Qué quieres que diga. Un piano y arreglos de cuerda en Ni contigo, ni sin ti para redondear la propuesta. A esperar un segundo envite.

Sin duda, hay muchos más. Y estás invitado a añadir a quien más te guste.

12 Canciones sobre el suicidio.

Siembra la polémica y muchas veces, incluso, resulta un tema tabú. Quitarse la vida. Por soledad, por una enfermedad incurable, por depresión, por desesperación. El dolor del que se queda, preguntando si pudo hacer algo. El sufrimiento del que está a punto de saltar por una ventana, de dispararse en la sien. Hemos seleccionado un puñado de canciones sobre el suicidio, sus consecuencias y algunas pequeñas reflexiones. Por cierto, tema no ajeno a nuestros músicos y a los que dedicamos ya un post que puedes leer en este enlace.

Dale al play…

Metallica – Fade to black

Una de sus mejores canciones incluida en Ride the lightning (1984). Narrada en primera persona por un suicida: “I have lost the will to live/Simply nothing more to give”. Sin esperanza, solo, decide que no merece la pena “Death greets me warm/Now I will just say goodbye”.

Pearl Jam – Jeremy

Para su debut (Ten, 1991) Eddie Vedder compuso esta letra impresionado por una historia real, la de Jeremy, el niño que se suicidó delante de sus compañeros de instituto. La forma en que Vedder interpreta el tema y canta el estribillo dota de cierto dolor mórbido a la música.

Ramoncín – Putney Bridge

El suicidio del “último punk” desde Putney Bridge: “su cuero negro lleva el nombre de los Clash/se ha tirado sin mirar atrás”. Porque si muere el punk y vuelve el pop “es que algo anda mal”. Del iniciático e imprescindible Arañando la ciudad (1980).

Uriah Heep – Suicidal man

La reflexión de un hombre asomado a la ventana, pensando qué hacer con su vida, preguntando “Why won’t you help me/Or give me hand/’cause I’m close to becoming”. Una canción entre la esperanza de una oportunidad, de alguien que acuda a evitar el suicidio y la pena por haber llegado hasta ahí. Formó parte del álbum de 1974 titulado Wonderworld.

Manic Street Preachers – 3 ways to see despair

Parte del álbum Rewind the film (2013), una canción sobre la desesperación y la falta de oportunidades, la incapacidad para enfrentarse con el dolor: “There are three ways to see despair/I’ve seen them all, I’m scared to say/…/The fourth way is coming, so prepare for the fall”. ¿Puedes salvar este alma oscura de las profundidades? Sería tan bello…

Gritando en Silencio – Con dos copas de más

Los sevillanos cantan en su debut Contratiempo (2009) al amigo muerto el día de su funeral: “el corazón, es lo único que se ha roto/y has dejado caras tristes/observando un pie de foto”. Las penas se llevan de otra manera con dos copas de más…

The White Buffalo & The Forest Rangers – Come join the murder

Un pájaro negro al otro lado de la ventana llamando a unirse a la muerte. “Come join the murder/Come fly with black/We’ll give you freedom/From the human trap”. La liberación en sus alas para eliminar el sufrimiento. Formó parte de la banda sonora de la serie Sons of Anarchy, adornando la escena final del último capítulo.

La Polla Records – El suicida

Con su irónica manera de contar la realidad, Evaristo y los suyos presentan al suicida como espectáculo, un rato de telediario directamente al salón de muestra casa: “en el suelo quedan restos
sangre seca y el olvido”. Una forma de afrontar la indiferencia en la que vivimos. Incluida en el disco de 1990 Ellos dicen mierda nosotros amén.

Slipknot – Everything ends

“What the hell am I doing?/…/Where the hell am I going?/Do I even need a reason to hide?/I am only betrayed/I am only conditioned to die” clama Corey Taylor desesperado. Parte de Iowa (2001), la solución de la no solución y la perspectiva de la muerte como esperanza para acabar con la soledad.

Ozzy Osbourne – Suicide solution

Un clásico. Ozzy Osbourne denunciado por que un chaval se pegó un tiro en la cabeza, supuestamente, por esta canción. Ozzy, siempre tan atento, lo primero que respondió al enterarse fue:  “¿Cree que quiero que mis fans se suiciden?¿Y cómo coño cree que voy a seguir vendiendo discos?”. La canción en sí, parte de su debut Blizzard of Oz de 1980, habla de beber hasta morir; la “solución suicida” a los problemas es beber sin límite y la canción, irónicamente, trata de prevenir contra ello. Viniendo de Ozzy resulta un tanto hipócrita.

The Answer – Why’d you change your mind

La letra está inspirada en la historia de un amigo del guitarrista Paul Mahon, una reflexión intentando entender qué pasa por la cabeza de una persona que se quita la vida: “Honey can you tell me, why’d you change your mind?/So you walked the other way/I saw you walk the other way/Now you’ll never tell me”. Grabada para su segundo álbum Everyday demons (2009).

Queen – Don’t try suicide

“You need help/Look at yourself, you need help/You need life/So don’t hang yourself”. Freddy Mercury suplica a alguien que no intente suicidarse, que no lo haga ni para llamar la atención ni para solucionar sus problemas, que él se encargará de estar ahí. Un canto que escuchamos en The game (1980).

Lo mejor de Uriah Heep: los años con John Lawton.

La banda británica Uriah Heep se formó hace ya cincuenta años en Londres y ha editado veinticinco álbumes en estudio con cinco cantantes diferentes. Uno de esos cinco fue John Cooper Lawton, conocido artísticamente como John Lawton, quien se ocupó del micrófono entre los años 76 y 79. El cantante de los primeros nueve discos, David Byron, fue despedido por sus graves problemas de alcoholismo (que acabarían con su vida en 1985), comenzando una búsqueda por lo más valioso y disponible del mercado roquero. La capacidad vocal de Lawton se enfrentó a otros candidatos; entre los que probaron con Uriah Heep destacan David Coverdale o Ian Hunter.

Una vez en el puesto, la banda se metió en el estudio Roundhouse Recording de Londres para grabar su décimo largo, Firefly (1977). Junto a Lawton a la voz, los clásicos Mick Box a la guitarra, Ken Hensley a los teclados y Lee Kerslake a la batería. Debutó un nuevo bajista, Trevor Bolder, tras su paso por los Spiders from Mars (junto a Mick Ronson o David Bowie). Producido (como de costumbre) por Gerry Bron, avanzaron en su mezcla de baladas, medios tiempos, temas roqueros buscando el gancho comercial y un toque de heavy metal arrastrado de sus primeros discos. La inclusión de Lawton y el toque de Bolder hacen de esta obra la primera de una trilogía más hard que heavy, sin las notas elevadas de Byron y con el protagonsimo compositivo de Hensley. Así, el inicio con The hanging tree no puede ser más clarificador: una línea de bajo comandando la canción sobre la que Lawton recuerda mucho al estilo de Coverdale, un primer puente con un pequeño solo de teclado, el segundo lo tendrá de guitarra, y un estribillo a varias voces muy sencillo. La final Firefly, por contra, suena a “clásico” de la banda, con sus diferentes pasajes y una construcción progresiva. El single Sympathy juega con guitarras dobles sobre otra línea de bajo magistral, una construcción repetitiva de estrofa-pasaje instrumental, sin estribillo. Contrasta con el tempo tranquilo de Been away too long, con su crescendo, y la historia del tipo que regresa a casa tras una larga ausencia, coronado por un buen solo de Box. Intentan sonar épicos, tanto en la calma de Wise man como en los más de seis minutos de Rollin’ on, quizá más lograda. La garra no la han perdido, y en la veloz Who needs me (compuesta por Kerslake) y en Do you know, protagonizada por el teclado de Hensley, dan rienda suelta al rocanrol. Geil Clarke diseñó el artwork con una pintura de Martin White en la portada. En las diferentes rediciones aparecieron hasta cuatro temas extra grabados en aquellas sesiones, destacando Crime of passion (que fue cara B del single).

Tras una densa gira, vuelven el verano siguiente al mismo estudio con el mismo equipo para grabar Innocent victim (1977). Canciones más rápidas, más directas, con predominio del hard rock, buenos riffs de guitarra y estribillos fáciles para una delicia de obra sonora. En la composición colabora Jack Williams: una canción a medias con Hensley (Keep on ridin’) y dos en solitario (The dance y Choices); Williams, guitarrista y músico de flok y country, se labró una reputación en el mundillo como compositor de la mano de Hensley, quien contó con él en sus discos en solitario y en su paso por Blackfoot. El propio Ken Hensley se yergue como jefe de Uriah Heep al comandar la producción junto a Gerry Bron y dejar en Innocent victim solo dos canciones compuestas por los otros miembros de la banda (Roller, por Bolder, y Free’n’easy, por Lawton y Box). El single elegido para debutar se tituló Free me, un medio tiempo de ritmo marcado con buenas guitarras y Lawton comedido pero muy correcto. Los mejores cortes, sin duda, son los más roqueros. Keep on ridin’ y Flyin’ high, que abren el disco, te ponen a cien sin ningún truco; canciones sencillas, rápidas, con buenos riffs y estribillos con gancho, como Cheat’n’lie o Free’n’easy. No puede faltar la tranqulidad en un disco de Uriah Heep, y en eso Illusion lo borda, con la final Choices, grandilocuente, a su lado.

Los británicos podían presumir en sus poco más de ocho años de vida de haber llenado pabellones y haberse codeado con lo mejorcito del panorama roquero de la época. Nunca les faltó un concierto. Aunque en Estados Unidos se resistieran, a pesar de buenos llenos en sus giras, y de perder popularidad en el Reino Unido, fueron los países escandinavos y centro europeos, en especial Alemania, los que sostuvieron sus ventas. Pero en este año 1977 se llevaron la sorpresa de subir en las listas de ventas de sitios hasta entonces ajenos a ellos: Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica.

Fallen Angel (1977) fue el tercero y último con John Lawton (quien se despediría poco después junto con el batería Lee Kerslake, otro clásico de la banda). Hensley vuelve a ser el protagonista del disco, pues, además de componer seis de los diez temas, se encarga de la producción de nuevo junto al imprescindible Gerry Bron. Volvieron a apostar por canciones muy rápidas y directas, con mucho rollo hard rock e, incluso, AOR (de moda ya por esos años), con una excelente interpretación instrumental, buenos coros y curradas armonías. En Save it se desmadran incluyendo un saxo y un final épico, la guitarra de Box se sale en Woman of the night, Lawton lo borda en I’m alive y la sesentera Love or nothing, se dejan de ruidos y bajan las revoluciones en Put your lovin’ on me (con un rollo poppy) y Come back to me (un éxito en los países helados europeos), rinden al máximo en One more night (last farewell), meten excelentes armonías en Fallen Angel y te menean el culo en Falling in love (con el rock and roll). No sé qué más se le puede pedir a un disco. Escucha la reedición de 2004, que incluye tres descartes muy interesantes, en especial las caras B de los singles (Gimme love y Cheater). El dibujo de la portada lo realizó Chris Achilleos, una impresionante amazona con los pechos al aire (¿hoy lo editarían?) y el diseño corrió a cargo de Chess Creative.

John Lawton tuvo una carrera musical muy movida antes y después de esta odisea por los océanos de Uriah Heep. Comenzó su carrera compartiendo banda (Stonewall) con John Miles y Paul Thomson (Roxy Music). En los primeros setenta alternó su tiempo con la banda de heavy alemana Lucifer’s Friend y el grupo vocal Les Humphries Singers (con los que participó en Eurovisión, allá por 1976). Después de Uriah Heep volvió a Lucifer’s Friend y se enroló en numerosas aventuras con poco éxito. Incluso prestó su voz a diferentes anuncios publicitarios alemanes en los ochenta (Harley Davidson, Colgate Gel). Hoy mezcla canciones viejas y nuevas en sus conciertos con la John Lawton Band (JLB).

Bruce Dickinson – The Chemical wedding – 1998

La historia de The chemical wedding comienza con la fuga de Bruce Dickinson buscando vida más allá de de Iron Maiden, la banda que le hizo famoso. Después de unos años de jugar con diferentes estilos y empaparse de sonidos alternativos de los noventa, Bruce llamó a Adrian Smith, ex-colega de Maiden, para retomar la senda del heavy metal, pero desde una perspectiva “actual” (hablamos de la segunda mitad de los noventa). Tras un excelente Accident of birth llegaron a 1998 con la banda rodada en los escenarios y una idea: realizar un álbum duro, mezclando riffs, estribillos, arreglos y armonías clásicas con la particular idea metálica de Roy Z en el estudio (productor de cinco de sus seis discos en solitario). El resultado, este The chemical wedding, uno de los mejores trabajos de Dickinson desde 1990, si no el mejor, aún a día de hoy. La mezcla de guitarras de Adrian y Roy, con estilos diferentes, y el trabajo rítmico de Eddie Casillas al bajo y David Ingraham a la batería consigue una colección de canciones tremenda.

Basado en la mitología romántica y oscura de William Blake, con una de sus pinturas como portada, las letras, como parte de la música, juega con el ocultismo, el fondo del pozo humano y la épica dramática de la existencia. Algunos cortes (The Book of Thel, Gates of Urizen, Jerusalem) se basan directamente en poemas o textos de Blake mientras que otros hacen referencia o utilizan sus trabajos. Bruce comenzó con la idea de dedicar la lírica a la alquimia y los alquimistas, como ejemplo de personas que buscan algo imposible y dedican su vida a ello. Pero decidió desarrollar más aún la idea a medida que descubría los significados de la obra de Blake, abarcando, en cada canción, un tema central, una leyenda humana.

La inicial King in crimson es la muestra perfecta, con su riff pesado, metal oscuro, el excelente estribillo y el solo de Roy. Y a partir de ahí no hay desperdicio. The chemical wedding presenta un trabajo melódico imaginativo, casi un medio tiempo, con un primer solo clásico que evoluciona en un ambiente de tragedia, el hombre que ha perdido su esencia, su sombra, pero que busca una nueva esperanza: “all my dreams that were outside/In living colour, now alive”. El ritmo sincopado de The tower, con otro gran puente-estribillo (muy Maiden, por cierto), un gran trabajo rítmico y las dobles guitarras en la intro y el puente le dan un gran carácter en el conjunto. La rudeza de  Killing floor (“Satan has left his killing flor” canta), la primera compuesta junto a Adrian de las dos que contiene el álbum, empapa los altavoces con su riff bárbaro y la agresividad de Dickinson. Y una de mis favoritas, los más de ocho minutos de The book of Thel, con sus dos solos y un interludio donde destaca una gran línea de bajo (Casillas firma como compositor), nos introduce en el templo para abrir el libro de Thel “stand inside the temple/as the book of Thel is opening/the priestess stands before you/offering her hand out, she’s rising”. Un estilo de canción que Iron Maiden, ya con Bruce y Adrian, compondrían de diferente manera en años venideros.

At the gates of Urizen es una balada contundente, con un toque moderno, sobre la sinrazón de la lógica tecnológica. Urizen, en la mitología de William Blake, representa la razón y el orden del ser humano. La canción especula con la imposibilidad de alcanzar esa puerta (“the ladders falls away”). Así, Jerusalem, épica, con una de las mejores interpretaciones de Bruce (en años) y ese rollo Jethro en la melodía, nos lleva a otro poema de Blake (quien figura como coautor, de hecho) en el que recoge un supuesto viaje de Jesús a tierras inglesas. Tras un comienzo acústico, la batería y las armonías juegan con la tensión del tema, finalizando con unos solos fantásticos. El metal de finales del siglo XX se cuela en Trumpets of Jericho para tratar el tema de la derrota. En la Biblia las murallas de Jericho caían cuando los judíos tocaban sus trompetas, pero en la canción esto no ocurre. ¿Qué haces cuando por mucho que lo intentas no logras tu objetivo, tu necesidad? Buen, buen estribillo. Sigue Machine men con ese áurea metalera, aunque con un puente/estribillo más clásico; quizá la participación de Adrian Smith en la composición sea la causa. Aunque hay una clara referencia a las consecuencias negativas de la industrialización en el propio ser humano, hay quien interpreta la canción sustituyendo “machine men” por “iron maiden”, a modo de crítica a su, por entonces, antigua banda. Aquí os dejo un enlace muy interesante al respecto. La final The alchemist, origen de la idea del álbum, nos acerca, con un riff cortado, un poco hard, a escapar de lo físico, como metáfora de huir del presente y evadirse a través de la mente. Los alquimistas no solo buscaban hacer oro de otros metales, si no encontrar la esencia de las cosas, incluso de la propia existencia, explicar su construcción y su deconstrucción.

En la reedición de 2001 se incluyeron tres descartes: Return of the king, compuesta con Adrian, Real world, con una estructura muy similar a The tower, y Confeos, la más seventies, con un riff cercano a Blackmore. Sinceramente, ninguna hubiera desentonado en el álbum, tres excelentes composiciones.

Un enorme disco que poco a poco va recibiendo el mérito y el reconocimiento que se merece por parte de los aficionados al heavy metal. Imprescindible en cualquier edición y formato. Siguió una gira exitosa de la que se extrajo Scream for me Brazil (1999). Otro premio para cualquier oreja metalera. A disfrutar.

De músico a músico: recuerdos, homenajes y caricaturas.

Los músicos de los que hablamos hoy cantan a sus amigos músicos, a sus amigos fallecidos, a los compañeros huidos, a los colegas a los que admiran. Es digno reconocer la labor de un maestro también, aquel que inspiró o que, simplemente, estuvo ahí cuando hacía falta. Y recordar al músico casi anónimo que acompañó en algún momento. En fin, personajes del recuerdo, homenajes y hasta alguna caricatura hemos seleccionado. De músico a músico.

Barón Rojo – Concierto para ellos

Tenía que ser la primera. Homenaje a los caídos en el camino. Porque “en cada concierto de rock and roll las campanas doblan por Bon Scott, por Janis, Lennon, Allman, Hendrix, Bolan, Bonham, Brian y Moon”. Uno de los cortes más famosos de Volumen Brutal (1982).

Elton John – Empty garden (Hey Hey Johnny)

Tras la muerte de John Lennon la tristeza se apoderó de Elton John; quería dedicarle una canción, pero no acertaba con el tono. Bernie Taupin recordó que una de las últimas apariciones de Lennon fue en el Madison Square Garden con Elton, y de ahí surgió la canción: “Oh, hey hey Johnny/Can’t you come out, can’t you come out to playJohnny/can’t you come out to play in your empty garden”

Roger Daltrey – Under a raging Moon

Homenaje a otro amigo caído. En esta ocasión, Roger Daltrey en su disco en solitario Under a raging moon (1985) canta al desaparecido batería de The Who, Keith Moon. Nada menos que siete baterías participan en el tema, incluyendo a Cozy Powell, Carl Palmer o Zak Starkey, siguiente en ocupar el puesto de The Who.

Los Suaves – ¿Sabes? ¡Phil Lynott murió!

El título lo dice todo: las impresiones de Yosi (cantante y compositor) tras la muerte de Phil Lynott (Thin Lizzy), del que era fan confeso y al que el grupo rinde inspiración en muchas ocasiones. “Y es que hoy en la madrugada se paró su reloj/se durmió, sueña para siempre sueños de algodón”. Aparece en el imprrescindible Ese día piensa en mí de 1989.

Syd Barret – Bob Dylan blues

En 1970 dedicó Barret un simpático homenaje a Dylan jugando con la imagen, las canciones y la situación del entonces joven músico: “Cause I’m a poet, don’t ya know it/And the wind, you can blow it/Cause I’m Mr. Dylan, the king/And I’m free as a bird on the wing”

Los Enemigos – An-Tonio

No solo merecen recuerdo y homenaje los músicos famosos. Josele Santiago en su álbum Nada (1999) dedica este corte a un amigo personal suyo, cantante con un único álbum en el mercado (An-tonio, 1997) que dedicó su vida a cantar por las calles de Sevilla, Londres o su Algeciras natal. Canta Josele: “Me ha dicho el Antonio que hoy no va a cantar/se le habrán quitao las ganas, que no va a cantar más ná/Si hoy no canta el Antonio, ¿quién nos va a cantar?”. Pues eso.

Anthony Gomes – Come Down

Lo tiene claro Anthony Gomes: “Come from heaven B. B. King/’cause this kingdom has no King/there’s no one here”. Reclama a ángeles y santos que liberen al maestro para que rehaga este mundo perdido. Abre magistralmente su gran álbum de 2018 Peace, love & loud guitars.

Uriah Heep – Between two worlds

El tema de la pérdida de los compañeros de armas siempre acaba apareciendo. En Sonic origami (1998) hacen los británicos un doble homenaje al ex-cantante David Byron y al bajista Gary Thain, ambos fallecidos a consecuencia del abuso de sustancias, uno en 1975 y el otro diez años más tarde.

Sonic Youth – Tunic (Song for Karen)

En el álbum Goo (1990) pusieron voz a Karen Carpenter: “Hello Janis, Hello Dennis/Elvis and all my brand new friends/I’m so glad you’re all here with me, until the very end”. Enfoca los problemas alimenticios de la cantante como anticipo de su fallecimiento.

Sínkope – Agradecidos a ti

Dedicadas a Rosendo hay varias canciones entre las que hemos seleccionado esta de Sínkope. “Con un colega de Iruña” escuchando en un casé a Leño comenzó el amor de Vito por Rosendo Mercado y, a la vez, por el rock. Una sincera historia de amor musical que, desde ese casé, acabó compartiendo escenario: “mil gracias, maestro Rosendo Mercado/mil gracias, mil gracias por tu legado” y una ristra de canciones imprescindibles de la música popular en español. De su Museo de rejas limadas (2015).

Tesla – Song & emotion

Tesla rindió homenaje a Steve Clark, guitarrista de Def Leppard. Las dos bandas habían girado juntas meses antes y el fallecimiento les pilló en plena grabación de Psychottic supper: “Song and emotion/You can hear him play/You can still hear him say/Better run for cover, ‘cause it looks like rain again!”

Drive-By Truckers – Carl Perkins’ Cadillac

En 2004, dentro del álbum The dirty south, las huestes de Patterson Hood y Mike Cooley cantan al Cadillac que Carl Perkins le “robó” a Elvis: “Carl drove his brand new Cadillac to Nashville and he went downtown”. Un repaso a las relaciones y las promesas de Nashville “the money came in sacks/New contracts and Carl Perkins’ Cadillac”.

Megadeth – In my darkest hour

Tras la muerte de su amigo y ex-compañero de Metallica, Cliff Burton, el bueno de Dave Mustaine compuso esta canción aparecida en So far, so good… So what! (1988): “Alone, I call to ease the pain/Yearning to be held by you/Alone, so alone, I’m lost/Consumed by the pain”.

Black Hat – Soñar

En otras ocasiones el homenaje se hace de manera global, a los ídolos que marcaron el camino. Black Hat, en su álbum de 2003 Eclipse (producido por Jorge Salán), sueñan con la magia del heavy metal y poder cantar “al lado de Gary o Dio/y soñar, y soñar/que los Maiden tocan conmigo”.

Bruce Springsteen – Johnny Bye-Bye

“With a whole lotta trouble running through his veins/Bye bye johnny, Johnny bye bye/You didn’t have to die”. Homenaje de The Boss a Elvis Presley recordando el día que escuchó en la radio la noticia de su muerte. Grabado en las sesiones de Born in the USA (1985).

Gabinete Caligari – Tócala, Uli

Cuarto corte de uno de los mejores discos de pop-rock de los ochenta, Camino Soria (1987), compuesto en homenaje a Ulises Montero, saxofonista de la banda, fallecido por sobredosis de heroína unos meses antes: “Con salero y sin papeles/te paseabas por el foro/una caña de Mahou/y una de rabo de toro, con decoro”.

Y si comenzábamos este post con una canción a los héroes muertos, de regalo este corte que Kreator grabaron en su Gods of violence (2017) en recuerdo a los “hermanos caídos” en las mil batallas del rock y el metal…