Bruce Springsteen – The river – 1980

¿Puede un recuerdo feliz convertirse en un mal recuerdo?

Bruce Sprinsteen hace un ejercicio fantástico de literatura en The river al conseguir una canción de pérdida y fracaso mezclando una historia personal emotiva sobre el fondo de la crisis económica.

En agosto de 1979 Springsteen decidió parar las sesiones de estudio del álbum sucesor de Darkness on the edge of town, casi completadas. Ni su vida privada ni la música que estaba grabando le hacían feliz, y tras una larga noche de reflexión decidió componer sobre el matrimonio y el amor perdido. Y nadie como Springsteen narra la desesperación de la pérdida en el “sueño americano”. The river ofrece una lamentable historia en primera persona. El protagonista recuerda las noches de escapada en coche a la orilla del río con su novia, momentos de felicidad juvenil que acabaron con un embarazo indeseado y una boda prematura: “then i got Mary pregnant (…) and for my nineteenth birthday I got a union card and a wedding coat”. Años después pierde su trabajo en la construcción y se encuentra sin dinero, con una mujer y una familia que no quiere: “Now all them things that seemed so important (…) them vanished right into the air/Now I just act like I don’t remember Mary acts like she don’t care”. Ni siquiera el recuerdo de aquellas escapadas al río le consuelan. Ahora representan el inicio de esta vida deprimente y nunca deseada: “those memories come back to haunt me (…) is a dream a lie if it don’t haunt me or is it somethig worse that sendes me down to the river”.

La canción se enmarca en  lo peor de la crisis de la construcción de los setenta y la forma en que afectó a las familias americanas, como la de su hermana, en quien se basa The river. Bruce canta en la voz de su cuñado el embarazo indeseado de Virginia Springsteen (en la canción Mary), la boda obligada, la pérdida de amor y esperanzas. El propio compositor explica que decidió dar una voz narrativa a un personaje masculino, joven, que se imaginaba en un bar explicando su historia a un desconocido sentado al lado, con unas cervezas. “Observé a mi cuñado perder su bien remunerado empleo y trabajar duro sin quejarse para sobrevivir”. Cuando su hermana la escuchó por primera vez, le abrazó y dijo “esa es mi vida”.

El ritmo es muy importante en la composición y la épica de The River. La canción comienza con la armónica y la guitarra recreando el tema principal e inmediatamente se oye a Springsteen cantar con intensidad y dramatismo. Tan solo tras seis versos aparece el estribillo, que se repetirá otras dos ocasiones. El ritmo narrativo varía en la siguiente estrofa, de siete versos, donde aparece otra vez el estribillo, modificado. Los versos riman de manera aleatoria, en apariencia, pero siempre remarcando partes importantes de la narración. Tras una larga estrofa final, cierra con la repetición del estribillo y una coda vocal sin letra “uuuh” hasta el fade final.

Tras aquellas semanas de descanso, lo primero que hizo Bruce fue grabar con la E Street Band The river en los Power Station del 26 al 29 de agosto producida por Jon Landau y con Neil Dorfsman y Bob Clearmountain como ingenieros. Acabó cerrando la cara B del primer vinilo y dando nombre al álbum que se publicó el 17 de octubre de 1980. Como single se editó en Europa en mayo de 1981.

 

 

Anuncios

Diez canciones sobre el Metro

metrorock_logoRemedio al transporte colectivo, el tren subterráneo se ha extendido con diferentes aspectos, estructuras y  pirotecnias arquitectónicas por ciudades grandes y menos grandes del planeta, siempre con el común de las personas que transitan día y noche por sus vagones. No podía ser de otro modo, muchos de nuestros artistas favoritos se han inspirado en su transitar por el Metro y aquí compartimos una pequeña selección.

Dale al play…

Barón Rojo – Travesía urbana (1988)

Atravesar “las inquietas aguas de una dura ciudad” donde “en la corriente subterránea y gris” los “gusanos locos escupiendo luz” engullen a la multitud. Un viaje real y metafórico por el subterráneo de la ciudad y sus estaciones “travesía de Ventas hacia Colón, Callao, Retiro y Bilbao”. Lo escuchamos en el No va más.

New York Dolls – Subway train (1973)

Aparece en su álbum debut, un lamento durante el trayecto de Metro en plena crisis existencialista: “I can’t ever understand/Why my life’s, been cursed, poisoned, condemned”.

Amaral – La barrera del sonido (2008)

Amaral, haciendo referencia a estaciones del Metro de Madrid, canta “otra mañana en el Metro/que me he cruzado contigo/(…)/este vagón de sombras/sigue y sigue su camino/hasta el puente de Vallecas tú/y yo hasta Cuatro Caminos”. Del álbum Gato negro, dragón rojo.

Boikot – Esperando en el Metro (1990)

En la primera canción de su debut Los ojos de la calle se marcan este medio tiempo “esperando en el Metro/hasta que salga el sol”. Canción de un hombre cansado que lamenta su situación “qué bien se ve desde la ventana/qué bien se ve desde el televisor”.

Tom Waits – Downtown train (1985)

Con su estilo característico (a este tipo lo odias o lo amas), narra una historia sobre el deseo y la soledad con las chicas del Metro como necesidad: “the downtown trains are full/With all those Brooklyn girls/They try so hard to break out of their little worlds”. Waits se dirige a una de ellas: “Will I see you tonight/On a downtown train/Every night its just the same/You leave me lonely, now”. De su álbum Rain dogs.

Kaka de Luxe – Viva el Metro (1978)

Una irónica letra con la subida del precio del Metro de Madrid como fondo: “qué ilusión, qué ilusión que tengo/qué ilusión, ha subido el Metro”. Es una alegría, una celebración “qué felicidad que sea tan caro/el Metro más feo de Europa” para poder gastar todo el dinero “de Portazgo a Plaza Castilla/me gasté más de veinte duros” porque “he abandonado todos mis vicios/(…)/el Metro todo lo suplirá”. De su inciático EP llamado como la banda.

Los Suaves – El último Metro (1993)

En Malas noticias incluyen esta triste canción “dónde vas, dónde vas/viajando en el último Metro/(…)/y sola regresas a casa/tirada en el asiento de atrás”. El Metro como escenario de la tristeza al final del día.

Beastie Boys – Stop that train (1989)

Haciendo el gamberro en el Metro de Nueva York (“D-train raid to Coney Island”) rompiendo ventanas y puestos hasta arriba de cocaína. De su álbum Paul’s boutique.

Ramoncín y W.C.? – Ponte las gafas(1978)

Irreverente y juvenil, en su debut Ramoncín canta la historia de un vicio del suburbano: “ponte las gafas/ríete de ellos/(…)/mastúrbate en el Metro/nadie te verá”. Una canción de desfase y con un toque surrealista delicioso.

 

 

…Y de regalo, una sonrisa.

 

Chinnichap: la máquina de éxitos de los 70

La máquina de componer éxitos que formaron Mike Chapman y Nicky Chinn consiguió A-376350-1335823235.jpeg.jpgcolocar más de treinta temas en el top 10 británico en la década de los setenta. En una semana de 1974 tuvieron tres canciones copando las ventas de singles: Tiger feed (Mud), Tinage rampage (The Sweet) y Devilgate drive (Suzy Quatro), que, además, copó el número uno la siguiente semana. En total vendían casi una cuarta parte de los éxitos aquellos meses.

A pesar de su éxito, o precisamente por ello, su estilo fue menospreciado por la crítica sesuda, ya sabéis, metiéndolo en el cajón de bubblegum music (música chicle), música de mascar y tirar, música cuyo encanto o sabor dura lo que un chicle. El estilo Chinnychap: melodías pegajosas, letras sencillas con dobles sentidos, ritmos bailables, armonías simples, notas repetitivas, estribillos a varias voces. Sin embargo, el tiempo ha mantenido aquellas canciones en la memoria del rock y el pop como parte fundamental del éxito glam. Grupos como Sweet o Suzi Quatro mantenían la esencia de Bowie o Bolan sin su aire andrógino o su mística, pero con una simplicidad adorable.

Cuando el glam se desinfló en las Islas Británicas, justo cuando llegó el punk, se mudaron a los Estados Unidos y, como compositores o productores, juntos o por separado, se encargaron de elevar a los altares (principalmente Chapman) a Blondie (Hanging on the telephone y su álbum superventas Parallel lines), The Knack (My Sharona), Pat Benatar (Love is a battlefield) o Tina Turner (The best).  Su último éxito, en este caso de Chinn, data de 2010 y lo cantó Selena Gomez.

Así pues, la máquina que formaron Chapman y Chinn creó un estilo multiventas que alcanzó las listas de ambos lados del Atlántico. Vamos con nuestro pequeño homenaje a estos rompelistas.

The Sweet – The ballroom blitz – 1973

Arrows – Touch too much – 1974

Smokie – Needles and pins – 1977

Suzi Quatro – Can the can – 1973

New World – Living next door to Alice – 1972

Mud – Tiger feed – 1974

Tina Turner – (Simply) the best – 1990

Exile – Kiss you all over – 1978

Pat Benatar – Love is a battlefield – 1983

Buenas Noches Rose – Buenas noches Rose – 1995

Buenas noches Rose

La portada del álbum ya anticipa qué hay dentro. Porque Buenas noches Rose es, ante todo, un disco directo, revuelto y sudoroso, dominado por las guitarras expresivas de Alfredo Fernández “Alfa” (Le Punk) y Rubén Pozo (Pereza) con buenos riffs, cambios de ritmo y algunos solos brillantes, sucias cuando la canción lo pide, limpias y emocionadas en otras ocasiones, sin virtuosismos innecesarios. Suma lo que cualquier disco de rock necesita: una pareja rítmica que meta fuerza y relleno, con Juan Pablo Otero “Juanpa” al bajo percutor y Roberto Aracil “Robe” manejando el tempo de la batería como si llevara cincuenta años en ello. Pero la gloria del álbum se consigue al mezclar esta inspiración instrumental con unas letras siempre distintas y la interpretación vocal entregada de Jordi Skywalker. Parece nada del otro mundo, pero difícil de conseguir. Aquí encuentras mezcladas influencias nacionales, como Extremoduro, Rosendo y sus Leño o Burning, con otras sajonas, por ejemplo Tom Petty, The Rolling Stones o The Black Crowes. En esa amalgama de influencias hay canciones que caen de un lado más sucio, otras de un lado, digamos, más comercial o amable, pero, a la vez, con letras rebeldes, desafiantes, y otras sacan el corazoncito roto en forma de balada o medio tiempo.

Entre las más amables, la propia Buenas noches Rose o Los chicos del coro (de mis favoritas) con su letra irreverente (más hierba para los chicos del coro/más tiempo para gastar/siéntate a hablar con nosotros/o déjanos en paz), sus cambios de ritmo y ese pedazo de solo. Ambas canciones forman una especie de declaración de principios de la banda, un “esto es a lo que nos dedicamos”. Como single se editó Sentado en el barro, otro ejemplo de rock and roll clásico más cercano a Burning, por ejemplo, de estribillo fácil.

No podían faltar las canciones de corazones rotos. Original melodía y trabajo de arreglos en Del mismo modo, con un delicado slide y acústicas al fondo (del mismo que la flor a la raíz/del mismo modo que el camino a su fin/yo me encuentro prisionero de ti). También de pérdida amorosa trata Diez palabras de amor, aunque en un tono más roquero, macho-man desgarrado que pierde el control. El tema más blues de todos trata de una mujer, Flor de espinas (donde vas tan sola flor de espinas cuando tus ojos brillan), anhelo del trovador que la mira pasar por la calle; no pierdas el final acelerado (y nunca te encontraste tan bien como en tu esquina).

Entre los temas oscuros o sucios, destacan la inicial La leyenda del lobo cantor y su riff a doble mástil, apoyado en una batería grande, y la extraña La granja, distorsión casi lisérgica. Apareció en la banda sonora de la película Territorio comanche, por cierto. Una noche más (otra de mis favoritas) atufa a blues desde el segundo uno, canción de (más que) amor desesperado (mueve el cuerpo en la oscuridad/esta noche, una noche más, esta noche/sexo duro en la oscuridad) donde Jordi se sale cantando y hay un pedazo de guitarra al final del tema cual premio orgiástico. En cambio, Tiempo perdido comienza con unas acústicas roqueras y una interpretación con un rollo Robe Iniesta chulo. El duende del fuego mantiene un poco ese mismo aire pero con unas guitarras más variadas y roqueras, con buenos cambios de nuevo y un toque jam en la parte central. La final Hablando con las plantas baila en una locura de riffs, solos, una letra fumeta y una de las mejores baterías del álbum.

Aunque tuvieron cierta repercusión y llegaron a formar parte del mainstream comercial de la época (recopilatorio de Coca-Cola incluido), su éxito efímero acabó al fichar por una compañía grande y grabar un segundo álbum, curiosamente cuando los descubrí en un concierto. No había sitio para el rock de Buenas noches Rose en las listas de ventas y poco después desaparecieron (aún cayó un tercer largo), dejando como su obra cumbre este debut que hoy rescatamos.

Música moderna: octubre 2017

Una vez más traemos por aquí unos cuantos discos editados estos últimos meses que han caído por nuestras orejas estas semanas y las han hecho felices. Algunos de estos llevan varias vueltas pa’trás y pa’lante. Mucha influencia viejuna, rock de carretera mezclado con prog íntimo y un toque de estibillos para todos los públicos. Vamos, como de costumbre, variadito.

Dale al play y disfruta…

BCCIV

 Black Country Communion – BCCIV

Es impresionante lo de estos tipos. Un disco puro Led Free Purple. Sin más. Un trabajo vocal alucinante (eterno Glenn Hughes), unas guitarras de diez (el gran Joe Bonamassa), un teclista que cobra por fin protagonismo (Derek Sherinian) y un batería al mismo nivel (Jason Bonham). Todo el álbum roza a gran altura, pero mis favoritas son The last song for my resting place (la única compuesta y cantada por Bonamassa), el riff de Sway o el de Awake, The crow y su intenso nervio roquero, los ocho minutos de Wanderlust (qué teclado, qué solo de guitarra) o la final When the morning comes, otros siete minutos largos de pasión, arte y música atemporal. Y lo grabaron en una semana. Imperdible trabajo.

Schizophrenic Spacers – It better be good Squizophrenic Sapacers

Sergio Martos es una especie de roquero renacentista: biógrafo (aquí comentamos su trabajo sobre Alice Cooper), articulista, músico. Su último álbum con Schizophrenic Spacers es una gozada, un viaje transiberiano a lo mejor del rock con mayúsculas, lleno de influencias mágicas. It better be good lo componen veintidós canciones, casi nada, con poco margen a la desidida o el relleno. Seguro que cada uno tiene sus favoritas, y yo me quedo con el aire funky (me recuerda a Tom Jones) de Physiotherapist, la bestial Montpellier con su coro final, Anyhow con esas armonías vocales, la final Space ballons (viva Bowie), Night’s squirrel o From here en un rollo más ¿comercial?, la emotiva The long goodby o el rollo blues de Ode to a fat man. Un pelotazo de lo que ellos llaman Gordorock.

Coldspell Coldspell – A new world arise

Voy a tener que mirarme esto que me pasa últimamente con las bandas nórdicas, que me engancho a algún disco cada mes. Pero lo cierto es que Coldspell han presentado un álbum de AOR/Rock melódico, de claras influencias yanquis, muy completo: buenas composiciones, solos clásicos y melódicos (mucho arpegiado), estribillos bombásticos y unos arreglos muy acertados. Niclas Svedenport a la voz y Michael Larsson a la guitarra se llevan el premio gordo. Estupendas Call of the wild, Love me like you do, This is me (quizá la mejor guitarra), la efervescente Forevermore o Losing my mind. Bonita portada además. Un “no perdérselo” si te va el género.

The Insomnia Night – The Hallway vol. 1 OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Supongo que exagero al recordar a David Gilmour en la guitarra de la inicial A day in the world, y a David Bowie en la siguiente Bad news o a Rush en In the blood, pero The Insomnia Night han facturado un elaborado repertorio que cabalga por esas tesituras. Manuel García de la Mata encabeza este proyecto con la ayuda de diversos músicos, como el batería Antonio Iglesias o los guitarristas Yamil Zaidan y Eduardo Cuezva. En solo siete cortes ha creado una emotiva experiencia sonora donde recrearse en melodías, arreglos y diferentes tesituras cercanas al prog de Pink Floyd o Genesis lleno de toques poprock. Un rara avis en nuestro panorama musical.

51-300x400 51 grados – Destino

Una apuesta por el hard rock moderno con aromas metaleros y una producción excelente. No puedo evitar acordarme de Eldorado, en muchas guitarras, y de Uzzhuaia, quizá por el trabajo vocal de Carlos González, cercano en ocasiones al de Pau Monteagudo. Se caen del lado más clásico en Estigma o Destino, alumbran con metal fogoso en Invencible, Redentor o Soga y equilibran a la perfección en DesconexiónDéjame. Buenas guitarras y algunas letras acertadas destacan en un conjunto muy bien equilibrado que te lleva de la mano hasta el final del álbum, donde Nueve mundos y Faro ponen la guinda. No te fíes de la portada, lo bueno está en el interior.

Jared James Nichols – Black Magic blackmagic-300x300

El segundo trabajo de Jared James Nichols rebosa blues, rock y mucho ruido del bueno.  Este tipo reinterpreta la música, la recrea en su molde propio y nos lanza a una vorágine de riffs, solos e historias de amor y carretera. Canciones como Last chance o The gun son auténticos hits de guitarras y estribillos pegajosos. Escucha Honey forgive me o Keep your light on mama. Este tipo adora los ochenta. Su ambición juvenil puede darnos grandes sorpresas en el futuro, pero por ahora hay que pinchar entero este Black magic y gozar.

 

 

Versioneando: las mejores versiones de Mark Knopfler

Las mejores versiones de Mark Knopfler

Músico eternamente popular por sus años al frente de Dire Straits, Mark Knopfler ha desarrollado una productiva carrera más allá de su banda recorriendo diversos caminos sonoros. Se ha acercado al blues, al jazz, al bluegrass y hasta al rock’n’roll más clásico. Un genio con un estilo único. Estos años de viaje solitario ha grabado un puñado de versiones repartidas entre tributos y directos. Bob Dylan, Buddy Holly, John Lennon o el mismísimo Elvis Presley han sido “víctimas” de su guitarra.

Ahí va nuestra pequeña selección. Dale al play…

Restless farewell (2012)

Para el álbum Chimes of Freedom, que celebraba los 50 años de Amnistía Internacional, se marcó esta versión de Bob Dylan, cuyo original aparece en el álbum The times they are a-changin’ de 1964.

Learning the game (1996)

Para el homenaje a Buddy Holly titulado Not fade away colaboró con Waylon Jennings en este tema que originalmente se grabó en 1958 y podemos encontrar en el álbum The Buddy Holly Story, Vol. II

Imagine (1987)

En su primera colaboración formal con Chet Atkins se marcó una versión de John Lennon. La grabaron para otro proyecto de Amnistía Internacional de título The secret poliseman’s third ball – The music. La original en el álbum Imagine de 1971.

You better move on (1994)

Adios Amigo – A tribute to Arthur Alexander contiene esta colaboración con Chuck Jackson. El tema original se editó como single en 1961.

Red dirt girl (2006)

Junto a Emmylou Harris grabó un directo de título Real live roadrunning en la que despachaban canciones de ambos. En este caso una canción original de Harris publicada en el año 2000.

Atlantis (1996)

Otro álbum de tributo, esta vez a Hank Marvin & The Shadows, permitió a Mark grabar este tema que originalmente fue single de The Shadows en 1963.

Baby, Let’s play house (2006)

Aparece en el tributo a Elvis Presley titulado A tribute to the King y la grabó junto a Scotty Moore, artífice del homenaje. Aunque la popularizó Elvis, la original, de 1954, editada como single, pertenece a Arthur Gunter.

 

La máquina del tiempo 1977

La máquina del tiempo: 40 años de rock.

Una memoria de canciones publicadas entre la muerte del rey blanco del rock, Elvis Presley, en 1977, y la del rey negro del rock, Chuck Berry, en 2017.

1977

 

El año 1977 fue de Dancing Queen de Abba y Hotel California de The Eagles, las dos canciones más vendidas y escuchadas a ambos lados del océano Atlántico. Junto a ellas famosos números uno como Tonight’s the night (Rod Stewart), Dreams (Fleetwood Mac) o I feel love (Donna Summer). ¿Quién no ha movido el culo con Boney M y su Ma Baker o el Rockin’ all over the world de Status Quo? El propio Elvis Presley alcanzó el top en el Reino Unido con Way down. Los Grammy premiaron sobre todo a Stevie Wonder y su álbum Songs in the key of life y dieron el Best Pop Performance al tema If you leave me now de Chicago.

Aunque el año 1977 será recordado por la emergente ola punk que acabó estallando en la costa este de Estados Unidos y en pleno Londres con discos de grupos hoy míticos como The Clash, Television, The Sex Pistols o los propios The Ramones con su Rocket to Russia. Asistimos al debut de Elvis Costello y Talking Heads y a los primeros coletazos en forma de conciertos de futuras estrellas: Dire Straits, The Police o Toto. Y nos dijeron adiós el rey blanco, Elvis Presley, un tal Marc Bolan y la mitad de Lynnyrd Skynnyrd tras un accidente de aviación. Y fuera de la música, perdimos a dos de los últimos genios del humor: Groucho Marx y Charlie Chaplin. Por cierto, nacieron Joe Bonamassa, Kenny Wayne Shepherd… y Shakira.

Si nos centramos exclusivamente a nuestro rollo roquero y repasamos la lista de canciones podemos adivinar que el hard rock y los sonidos duros no pasaban por momentos especialmente populares. Eso no significa que 1977 no nos diera clásicos. Además de Fleetwood Mac y The Eagles encontramos canciones de UFO (Lights Out), Queen (Somebody to love), Rush (Cinderella Man), AC/DC (Let there be rock) o Judas Priest (Diamonds & rust).

Por cierto, en enero de este año la venta de casetes igualó por primera vez a la de vinilos.

Como resumen y colofón de toda esta parrafada, aquí os dejo mi pequeña selección de canciones, singles y coplas editadas y escuchadas a lo largo de 1977.

Hasta el año que viene…

 

 

Tom Petty – I won’t back down – 1989

Tom Petty I wont back down

La composición de este tema supuso para Tom Petty una liberación, una expresión artística de su sentimiento de victoria en la lucha contra sí mismo y contra el pirómano que prendió fuego a su casa en mayo de 1987 con su familia dentro. Los siguientes meses Tom los pasó en casas de amigos, de habitación en habitación de hotel, enfrentándose al miedo que la muerte cercana le había dejado y al hecho de que el pirómano nunca fuera descubierto. Él decidió reconstruir la casa en el mismo sitio, continuar donde estaba, el leiv motiv de I won’t back down: “I will stand my ground/and I won’t back down”. Se dirige al pirómano: me quedo en mi sitio, no me rendiré (literalmente, “no me echaré para atrás”) y añade: “You can stand me up at the gates of hell/but I won’t back down”.

El propio músico reconoce una vinculación muy especial con esta canción, afirmando que sintió un escalofrío durante el proceso compositivo, y que el hecho de estar tan unido a su vida real le permitió dejarla desnuda, sencilla, directa. Sin embargo, en el estudio tuvo muchas dudas, precisamente por esa simpleza, por referirse a algo tan concreto. Fue el coautor del tema, Jeff Lynne, quien le animó a perseverar con ella; la arreglaron y el toque mágico de Mike Campbell, guitarrista de los Heartbreakers, hizo el resto.

La canción no puede ser más sencilla (y eso estando Jeff Lynne por ahí ya es mucho decir). Apenas tres versos y un estribillo. El primer verso ya contiene el tema principal “Well, I won’t back down/no, I won’t back down/You can stand me up at the gates of hell/but I won’t back down”. En el segundo verso Petty se reafirma: “No, I’ll stand my ground/won’t be turned around” para recordar en el estribillo el esfuerzo: “I won’t back down/Hey baby, there ain’t no easy way out”. El tercer verso redondea la idea añadiendo: “I got just one life/in a world that keeps on pushin’ me around/but I stand my ground/and I won’t back”. Cierra el tema una variante del estribillo tras un acertadísimo solo de Campbell con un slide tan emocionante y simple como la propia canción.

Tom Petty I wont back down 2A pesar de basarse en una historia tan personal se convirtió en referente para mucha gente en los años sucesivos, por su espíritu de lucha ante la adversidad, la resilencia que nos permite enfrentarnos a nuestros miedos y seguir nuestra vida. Tras los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, mucha gente se agarró al lema de I won’t back down. Petty la tocó con su banda en uno de los conciertos de homenaje a las víctimas, de hecho.

Nunca debe menospreciarse el poder de una pequeña obra de arte de apenas tres minutos.

La canción tiene otra curiosa historia. Petty y Lynne ganaron un Grammy gracias a ella… pero 26 años después. El artista Sam Smith llegó al número uno de ventas en medio mundo con Stay with me y ganó un Grammy a la mejor canción en 2015. Resulta que estaba “inspirada” en I won’t back down y acabaron registrados Tom y Jeff como “co-autores”, recibiendo su correspondiente Grammy.

La compañía decidió editarlo como primer single del álbum Full moon fever de 1989 grabando un vídeo en el que aparecen junto a Tom Petty el productor y co-compositor del tema Jeff Lyne, los guitarristas Mike Campbell y George Harrison y el batería Ringo Starr. En el álbum tocó la batería Phil Jones y metió coros Howie Epstein. Como single alcanzó ventas modestas (llegó al número 12 en Estados Unidos y al 28 en el Reino Unido) pero abrió la puerta al disco más vendido de Tom Petty.

Algunos discos que sigo escuchando (10): heavy del siglo XXI

 

Para esta nueva edición de Algunos discos que sigo escuchando he querido compartir algunos clásicos recientes de mi discoteca, cuatro títulos duros, a caballo entre el heavy clásico, el power y el metal americano. Cuatro obras que no deberían caer en el olvido de nuestro rollo.

Si no los conocías es buen momento para disfrutar de ellos y si ya les habías hincado la oreja no te importará revisarlos de nuevo.

Dale al play…

Dark Illusion Dark Illusion -Beyond the shadows (2005)

Enorme álbum de hard rock lleno de matices heavies, grandes riffs, buenos estribillos y una historia de caballeros, demonios y salvavidas medievales. La sombra de Blackmore es alargada, aunque saben escaparse por otros territorios (suenan a Van Halen, a Malmsteen, a la NWOBHM, a Dio, cómo no, y a Judas Priest por momentos). No hay relleno, todo muy bien acabado. Pincha Child of the night, Power of the Evil, Leave no traces, Weeper deeper, Runaway on the loose o Tragedy. Guitarras (casi) perfectas y un doble bombo que no par. Impresionante Thomas Vikström a las voces. A recuperar.

 

Coheed & Cambria – Good Apollo: I’m burnig star IV, vol I (2005) Good_Apollo_1_(Booklet)

Detrás de este largo título se enmarca la historia de ciencia ficción que el cantante Claudio Sanchez desarrolló en varios cómics y discos (este es el tercero). Coheed & Cambria fueron la gran esperanza del progresivo yanqui, alcanzando el número 7 en el Billboard. Este fabuloso disco, complejo, elaborado, más allá del concepto y la coherencia de la narración, contiene acertadas canciones que pasan por la emotividad de Always and never (enormes acústicas), la técnica de Welcome home, con sus cambios de tempo y tono, y la comercialidad roquera de The sufferingTen speed (of God’s blood and burial) y Once upon your dead body. Un mucho de Rush, un poco de Pink Floyd, otro toque Queensrÿche, unas gotitas de Led Zeppelin. Travis Stever se sale con las guitarras y Claudio con su variable voz (una mezcla de Geddy Lee y James LaBrie). Solo con The final cut ya merecería la pena el álbum.

 

Demons and wizards Demons & Wizards – Demons & Wizards (2000)

Jon Schaffer (Iced Earth) y Hansi Kürsch (Blind Guardian) pusieron los cuernos a sus respectivas bandas para montarse esta colección de canciones mezcla de sus respectivos estilos y gustos: Kürsh se encarga de las letras y Schaffer de la música. Comparten protagonismo colegas de batallas como Jim Morris en las guitarras y Mark Prattor en las baterías. Enormes riffs, baterías aceleradas, bombásticos coros. A destacar Heaven denies, Poor man’s crusade, Winter of souls, The whistler (¿cuántas canciones conoces sobre el flautista de Hamelin?), la inspirada Blood on my hands o el medio tiempo Fiddler on the green. Un álbum coherente, elaborado con inspiración y buen gusto, digno competidor de las bandas madre.

 

Black Tide – Light from above (2008) Black Tide

Un jovencísimo cantante y guitarrista (apenas contaba 15 años entonces) llamado Gabriel García canta, toca la guitarra y compone los temas de este Light from above. Deudor del mejor heavy metal de los ochenta, recorre en una vorágine de solos, pasajes veloces, riffs a doble bombo y estribillos con mala leche su amor por Ozzy Osbourne (con Rhandy Rhoads), Iron Maiden, Metallica, Y&T y Judas Priest. Aunque lo más destacado del álbum es, en sí, el conjunto heterogéneo de canciones, podemos destacar Warriors of time, Show me the way, Black abyss, Light from above, Enterprise y la revisión de Hit the lights. La banda, otra gran promesa, no llegó en trabajos posteriores a este nivel. Una pena. Merece, en cualquier caso, una escucha esta joyita.

 

KISS – Rebuscando en la basura de “Hot in the shade” – 1989

 

¿Son tan malos los discos malos de nuestros músicos favoritos?

Hoy rebuscamos en la basura del  álbum número 23 de KISS, editado en 1989: Hot in the shade. Allá vamos.

Hot_in_the_shade_cover

No fue muy acertada la salida de este álbum en octubre de 1989: una portada extraña, una campaña visual y unos vídeos ajenos al contexto comercial de la época y la falta de un tema comercial que llamara la atención del público. Hasta que la balada Forever se editó como single en enero del año siguiente para alcanzar el número 8 en las listas de ventas. El álbum recibió atención, comenzaron a llenar los conciertos hasta el punto de ampliar las fechas de la gira y consiguieron salvar, un año más, sus cuentas corrientes. Aún así, el álbum que menos vendió de KISS en los ochenta.

Gene Simmons y Paul Stanley decidieron retornar a sus sonidos clásicos (los setenta) con una producción menos elaborada en un estudio pequeño, recurrieron a compositores externos (Vini Poncia, Tommy Thayer, Desmond Child, Bob Halligan) y buscaron tocar varios palos con sus canciones. Y el resultado fue desigual. Además de la falta de una gran canción, el álbum contiene temas de relleno e incluso descartes de otros discos.

Y le llovieron muchos palos.

Pero ¿qué rebuscamos en la basura de este Hot in the shade?

Lo primero rescatar obligatoriamente algunas buenas canciones. Hide your heart maneja una melodía con gancho, comercial, y un estribillo pegadizo, con una acertada guitarra y buenos coros. Read my body tiene otro buen estribillo, un patrón de batería excelente, engancha. Little Caesar, en la voz de Eric Carr, es resultona. La influencia blues de Rise to it y Cadillac dreams resulta original en el cancionero de la banda y esa sección de vientos al final de la segunda queda muy bien. El rollo soul de Silver spoon con su coro góspel sale adelante con acierto. El riff de Betrayed y su rápido estribillo, con un Bruce Kulick demostrando (un poco) que también sabe tocar la guitarra.

Aunque la producción recibió muchas críticas, a mí ese rollo maqueta sin tanto adorno ni sobreproducción me gusta, incluso hoy en día. La batería de Eric Carr suena potente y a veces salva el partido, aunque en algunos temas suena la máquina (una pena). Las guitarras pecan de irregulares, más por la mezcla que por otra cosa, pero la mayoría de las canciones arriba mencionadas tienen buenos riffs, arreglos correctos y algunos solos destacables. Simmons, por fin, se involucra en un disco aportando algo más de calidad que en años anteriores. Hay que seleccionar ocho o nueve temas de los quince que contiene Hot in the shade para juntar un disco que hubiera sido realmente recomendable, aunque…

Suficiente basura para pasar el rato.

 

Rebuscando en la basura de Pink Floyd.

Rebuscando en la basura de AC/DC.

Rebuscando en la basura de Iron Maiden.