Thin Lizzy – Whiskey in the jar – 1972

Una de las canciones más famosas del ideario sonoro de Thin Lizzy surgió de casualidad. En una fiesta Phil Lynnot comenzó a tocar canciones irlandesas para pasar el rato con una Telecaster y llegó a Whiskey in the jar. Eric Bell se lió a acopañarle con su guitarra. Brian Downey, un poco borracho, empezó a tocar la batería. Fue divertido pero ahí quedó, sin más. Cuando semanas después entraron a grabar un nuevo single (Black boys on the corner) no había nada para la cara B, por lo que tomaron el tema como alternativa. Lynott cambió la letra, la melodía y el tempo, sobre todo en el estribillo, y Bell añadió la introducción y el riff principal. Decidieron grabarlo con batería y dos guitarras acústicas, sin guitarras eléctricas ni bajo. Y a otra cosa.

Pero el director de su compañía, Decca, al escuchar los dos nuevos temas, cara A y cara B, decidió que Whiskey in the jar fuera el single. La canción se editó, recortándolo en más de dos minutos. Finalmente se lanzó el 3 de noviembre de 1972; vendió dieciocho copias en sus primeras veinticuatro horas, pero consiguió alcanzar las listas de ventas tres meses después, llegando al número seis durante febrero de 1973. Se mantuvo once semanas en el top 40.

Una canción elegida por casualidad, arreglada de manera desenfadada, abrió las puertas del éxito a Thin Lizzy. A Lynnot y Eric Bell les llevaban los demonios, ellos querían ser reconocidos por sus propias composiciones, pero disfrutaron de la atención, el dinero y éxito que Whiskey in the jar les facilitó. Pero tan pronto como pudieron la sacaron de sus conciertos, de hecho no aparece en ninguno de sus directos oficiales. Jamás volvieron a tocarla.

La letra de la canción, como sucede con muchas canciones populares, sufrió modificaciones a lo largo del tiempo, pero siempre cuenta una misma historia. La de una amante (irlandés) que atraca a un capitán (inglés); tras ello, visita a su amada, que le traiciona y se queda con su dinero; nuestro protagonista acaba en la cárcel lamentando su “mala suerte”. A Lynnot le atraía ese perdedor con su sueño pisoteado.

Tras una breve introducción de Eric Bell, el riff principal, que da verdadero empaque a esta versión, aparece por primera vez para dar paso a la voz de Phil. La canción se articula en grupos de una estrofa de cuatro versos (que desarrolla la acción) y un estribillo, también de cuatro versos. Tras cada estribillo se repite el riff principal. En la versión extendida encontramos cuatro grupos y un solo justo tras el segundo estribillo. En la versión abreviada hay tres grupos y el solo está recortado. Al final, el cantante clama por su amor bebiendo  whiskey.

La versión de Thin Lizzy se convirtió, con los años, en un estándar para cualquier grupo que quisiera darle una clave de rock a esta canción. Versiones interesantes basadas en esta realizaron Metallica, U2 o Simple Minds. Os dejo esta última, la original de Thin Lizzy y la que Gary Moore y Eric Bell se marcaron en el homenaje al fallecido Lynnot.

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Ozzy Osbourne – No more tears – 1991

Sexto album de Ozzy Osbourne, segundo con Zakk Wylde, publicado en septiembre de 1991, tras casi dos años de grabaciones y problemas del loco, resultó, para mí, su última obra maestra y uno de sus dos mejores álbumes (ya le ponéis al lado el que os apetezca). Surtió a las radios de cinco singles y en menos de un mes despachó un millón de copias, alcanzando los cuatro millones en Yanquiland allá por el año 2000. Solamente Blizzard of Ozz ha vendido más.

La construcción de No more tears fue algo compleja. Junto a Ozzy en las labores vocales estaba su joven guitarrista Zakk Wylde, el batería Randy Castillo y el bajista Bob Daisley, quien fue despedido, entrando Michael Inez en su lugar a tiempo para aparecer en los vídeos, las fotos promocionales y hacer la gira. Por si no lo sabéis, la relación de amor-odio de Bob Daisley con Ozzy y señora da para una miniserie que ya comentamos por aquí. Después de echarle, al poco  de entrar al estudio volvieron a (re)contratarle para ayudar a terminar las canciones, meter letras, arreglos; después le llevaron al estudio a grabar los bajos; cuando faltaban unas semanas para finalizar, fue despedido de nuevo. Michael Inez, que ya andaba por allí, entró en su lugar. Lo bueno o lo malo es que ya le había pasado en otras ocasiones. Curioso trío. Junto a ellos metió teclados John Sinclair.

La composición de todos los temas recayó en Ozzy, Wylde y Castillo, con la colaboración de Lemmy Kilmister en cuatro cortes (seis hicieron en total, dos se quedaron fuera). El propio Inez junto al productor John Purcell colaboraron en el tema título.

Así todo, la labor de Duane Baron y Joh Purdell como productores resulta impecable, logrando un sonido grueso pero dejando protagonismo al trabajo melódico de voces y guitarras. Se nota la evolución como guitarrista de Zakk Wylde, con esos maravillosos riffs y los depurados solos, y en eso también tiene que ver el sonido final y las mezclas de Michael Wagener.

La cara A me parece perfecta, con Mr Tinkertrain abriendo y esas cuatro maravillas de seguido: I don’t want to change the worldMama, I’m coming home (dedicada a su mujer), Desire y No more tears (en estas tres ayuda en la composición Lemmy).  La cara B contiene otros tres trayazos, Road to nowhere, Hellraiser y Time after time, junto a las correctas S.I.N., Zombie stomp y A.V.H., quizá un poco más flojas, relleno del bueno en cualquier caso.

La inicial Mr. Tinkertrain es un buen ejemplo del sonido general de la obra, ideal como inicio. El riff de Zakk marca el tema que juguetea con las armonías y el tempo de Castillo, sencillo estribillo y feroz solo para la historia de un abusador, un depredador sexual. En esta misma línea sonora crece I don’t want to change the world, con un mejor fraseo de Ozzy. Curiosamente, se llevó un Grammy. Una de las perlas del disco en forma de balada aparece ahora. Mama, I’m coming home, con un toque southern en la guitarra acústica, una línea melódica muy sencilla pero efectiva y la letra de amor a cargo de Lemmy, impagable. Alcanzó el número 2 en las listas de ventas.

El disco contiene otras dos piezas lentas. Road to nowhere me parece excelente, quizá la mejor de las tres, con un ancla en los tiempos de Randy Rhoads y otra en el enorme talento de Wylde, que se vuelve hermosamente melódico. El Madman también interpreta con ímpetu redondeando el corte. La tercera balada en discordia se titula Time after time, algo más previsible, pero con un delicado arpegio inicial, las voces dobladas en el estribillo y una estructura simple que la hacen encantadora; el solo de Zakk, imperdible.

En la parte más aguerrida nos queda por escuchar mucha tralla. Sin salirse del patrón que engloba el disco, Desire se acerca al trabajo de No rest for the wicked, un corte muy Wylde donde Ozzy canta con desgarro. Con la misma energía, S.I.N. se deshace en la melodía de puente-estribillo mientras que Hellraiser loa a la vida del rock and roll más canalla, da todo el protagonismo al narrador, con una letra “autobiográfica” (la escribe de nuevo Lemmy). Por cierto, impresionante la versión de los propios Motörhead. El tema título, con un gran vídeo, No more tears, el más largo, juguetea con los teclados, el ritmo de bajo y la guitarra, los cambios, los silencios y el up-tempo, con una parte instrumental en el centro de lo mejorcito del combo. Cerramos con los, quizá, temas más flojos. Zombie stomp da un largo protagonismo a los instrumentos, con un patrón que va repitiéndose los primeros minutos, pero luego flojea en la parte vocal y melódica, demasiado previsible. A.V.H. nace con un aire southern de nuevo pero luego ofrece poco más, al menos en comparación con el resto de canciones.

La portada y el artwork general lo realizaron Nancy Donald y David Coleman con fotografías de Matt Hahurin. No es su mejor portada, desde luego, pero resulta curioso identificar a Ozzy con esas alas.
En resumen, un disco imprescindible de Osbourne, de Wylde y, en general, del rock y el metal de finales de los ochenta y principios de los noventa. Un pequeño tesoro a recuperar.

11 canciones sobre doctores del amor y sus medicinas.

¿Sientes fiebre repentina al caer la noche? ¿Abandono? ¿Un hueco en tu alma que no te imagespuede rellenar otra persona? O, por el contrario, tienes tú el remedio para el mal ajeno… Seas de los que sufren por amor o un sabio con un ungüento casero, puedes encontrarte en esta pequeña selección de canciones sobre doctores, curanderos, medicamentos y remedios de todo tipo para las fiebres del corazón. Porque el rock y el metal todo lo solucionan.

Dale al play…

Whitesnake – Medicine man (1979)

Lo tiene claro David Coverdale, nena “Now don’t you ever worry/
If you feel the fever rise/(…)/I’m the medicine man/Your doctor of love”. No explica si atiende a domicilio pero supongo que así será. De guardia 24 horas en su álbum Lovehunter.

John Mayall & The Bluesbreakers (1965)

Compuesto y cantado por John Mayall, producido por Jimmy Page y con la guitarra de Eric Clapton. Casi nada. Single caliente donde Mayall se ofrece como curandero (o brujo): “Gonna teach you love at the midnight hour/Gonna feel you burning like a passion flower”. El trío calabera.

KISS – Calling Doctor Love (1976)

No podía faltar Gene Simmons repartiendo su medicina. En este tema del Rock and roll over se autoproclama experto, así que, nena, “so if you please get on your knees/there are no bills, there are no fees/baby, I know what your problem is/the first step of the cure is a kiss”. Por lo menos no te va a cobrar…

George Thorogood & The Destroyers – Love Doctor (2006)

¿Quién necesita estudiar para tener un título por aquí? Porque Thorogood aclara que “I never went to doctor school/I’m a love doctor/(…)/If you need love, I’d love to operate on you”. A pecho descubierto y sin anestesia, vaya. Escuchada en el álbum The hard stuff.

Jackyl – She loves my cock (1992)

¿Y si yo soy la medicina? Eso creía Jesse Dupree en el debut de Jackyl, pues ella ha intentado curarse, ha ido al médico, pero no tiene remedio porque “she loves my cock”. Censurada en la edición original “limpia” y cerrando la edición “sucia”. ¿De qué hablo? Pincha aquí.

Van Halen – Somebody get me a doctor (1979)

El bueno de David Lee Roth se siente enfermo y necesita urgentemente una cura. No creo que se refiera a ninguno de los doctores anteriores, pero sería curioso si en medio de sus fiebres aparece un melenudo Coverdale o Simmons con su remedio de arrodillarse. De su segundo álbum Van Halen II.

J. J. Cale – Call me a doctor (1972)

En su álbum Naturally también reclama la ayuda de un profesional, porque una dama “took all my bread/ravished my body, lord/and messed with my head”. Una semana lleva así el tipo y ya no puede más.

Bon Jovi – Bad medicine (1988)

Y si Roth y Cale andaba buscando un médico, Jon Bon Jovi se resigna a su enfermedad crónica: “I ain’t got a fever, got a permanent disease/And it’ll take more than a doctor to prescribe a remedy”. Y es que no hay ningún médico que le pueda curar porque “your kisses is the drug”. Del multiplatino New Jersey.

UFO – Doctor Doctor (1974)

Quién iba a imaginar en aquel debut de Michael Schenker con UFO que los dolores y las fiebres de Phil Mogg iban a ser tan legendarios. Un clásico que reclama al médico de guardia porque “she walked up to me/and really stole my heart”, vamos que según se arrimó destrozó mi cuerpo y mi alma.

B. B. King – Bad case of love (1961)

Y la cosa sigue empeorando. Un hombre sabio como King decide ir al médico porque se siente enfermo. El doctor en cuestión le diagnostica su mal de amor, pero le advierte “Son, I know just how you feel/you love your baby and you always will/but your wind is short, your pulse is weak/it won’t be long before you’re six feet deep”. Un caso incurable.

Robert Plant – Bad case of loving you (1979)

Y el mismo mal padece Robert Palmer, así que insiste a su médico: “Doctor Doctor, gimme the news/I got a bad case of lovin’ you/no pill’s gonna cure my ill/I’ve got a bad case of lovin’ you”. Pero Robert no se va a morir como King y pone remedio a su enfemedad “Shake my fist, knock on wood/I’ve got it bad, and I got it good”. Un caballero.

 

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Música Moderna: julio 2018

El verano suele ser época de pereza y tiempo libre, lo que da, por un lado, ocasión a escuchar mucha música, pero, por otro, pocas ganas de escribir o pasar el rato delante de una pantalla. Sin embargo, me puede el compartir la música que llama mi atención. Y en esta ocasión viene muy variadito: buen blues, un par de propuestas bien heavies, un poco de fuzz, algo de rock patrio y una sorpresa.

Dale al play…

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Dry River – 2038

Increíble trabajo. Una coctelera que recuerda por momentos a Dream Theater, a Topo, a Queen, a Rush, a Asfalto. Buenas composiciones, letras inteligentes, unas interpretaciones no solo al servicio de la canción si no con momentos para la gloria personal y todo bajo un acabado sonoro en donde todo cuadra. Una canción como Peán con sus casi once minutos justifica ya el arte de estos tipos. Pero también han sabido concretar el mensaje en temas como Fundido a negro, Perder el norte, la favorita Me va a faltar el aire, la curiosa Me pone a cien (con su crítica al mass media musical) o Al otro lado (otros ocho minutazos de gloria). Todo el disco merece la pena. Uno de los grandes del año.

Parkway Drive – Reverence Parkway Drive

Cuando no has seguido a una banda y de repente encuentras un disco que te gusta puede que comiences por “lo peor” para sus fans. Pero a quién le importa. Sexto de estos australianos, obra cargada de músculo, riffs agresivos mezclados con una trabajo rítmico a medio camino entre el metalcore y el heavy, un dedo puesto siempre en las armonías y, sobre todo, un intento de abarcar las influencias sonoras de las últimas dos décadas. A destacar la brutalidad de Prey (con estribillo pegadizo), el toque Pantera de Absotlute Power, el aroma de principios de siglo de Shadow boxing, la progresión de Cementery bloom, The void y el esfuerzo compositivo de Chronos.  Unas voces más limpias habrían dado un puntito grande a Reverence.

 Robert Jon & The Wreck – Robert Jon & The Wreck

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Ya dimos cuenta de su álbum anterior por aquí y es un placer compartir su nueva obra. Más influenciados por el folk y el blues que por los guitarrazos roqueros en esta ocasión, quizá un pasito por debajo, ganan las joyas suaves como Shine on o Forever isn’t long enough (gran slide). Dan caña sureña en dos potenciales hits del género como Old friend y Let it go. Demuestran un gran gusto melódico en I know it’s wrong y High time. Y un instrumental de ocho minutos para recordar, Witchcraft. Un granito más en su discografía.

 Taliesyn – Heridas  

A estos sevillanos he llegado de casualidad, por el nombre similar a otra banda (estos se llaman como aquel álbum de Deep Purple). Y me he llevado una agradable sorpresa. Cuarto trabajo en ¡quince años! Unos clásicos, vaya, y yo sin conocerlos. Esa mezcla de hard rock en las bases con elementos más metaleros, un teclado muy seventies y una labor vocal acertada son lo mejor conseguido, aunque quizá han intentado tocar demasiados palos. Falta un estilo definido. A destacar Instinto (“chocan las caderas/en la danza del amor”), Elegía con Manuel Ibáñez (Medina Azahara) a las teclas y Glory (Guadaña) a la voz, el gran trabajo de guitarras de Ni un paso atrás y el aire 90s de Quise Seguiré sin ti (esos Alice in Chains). Una experiencia curiosa.

 The Black Rainbows – Pandaemonium

Sin ser un gran fan del stone o el psycho-heavy, no me niego algún placer de vez en cuando en forma de disco viejuno o nueva publicación, como es el caso de este Pandaemonium de los italianos The Black Rainbows. Sexto disco comandado por la voz y la guitarra de Gabriele Fiori lleno de fuzz, efectos, riffs machacones, una delicia en Riding fast ‘til the end of timeGrindstone o The sacrifice. No desmerecen Supernova & asteroids, I just wanna fire o High to hell. Para amantes de Monster Magnet, Kyuss o, cómo no, los primigenios Black Sabbath.

Khemmis – Desolation 

Los yanquis se han marcado un excelente disco de heavy metal, con sus melódicas líneas vocales, las guitarras armonizadas a lo Iron Maiden o Thin Lizzy y un punto de doom y ruido más oscuro que le da personalidad. Isolation es una gozada, incluyendo un estupendo estribillo y trabajo vocal. El punto épico de Flesh to nothing y su parte central, el equilibrio entre agresividad y seda de la inicial Bloodletting y los más de nueve minutos de From ruin deberían pasar por tus orejas. Un disco breve (seis canciones, poco más de cuarenta minutos) de una banda joven que, ojalá, siga progresando.

 Elisma – Somos nosotros los que hacemos rock and roll

Este trío de Girona se ha comprado una máquina del tiempo, ha paseado palmito por Londres, se han colado a aporrear su arte en los estudios Kingsway durante el otoño de 1981 y han parido una jodida obra retro de hard & heavy. Son claras esas influencias Barón Rojo en temas como Negocio de guerra, Vampiro o Son insaciables, pero se salen un pasito en algunas de mis favoritas, como El enemigo soy yo mismo, Echa a volar o Voy a montar una banda tributo. Muy buenos músicos, por cierto.

 

Sexo en el Rock (16): amor con la novia cadáver.

Necrofilia. ¿Mito o realidad?

Durante muchos años creí que era un mito, algo de cuentos de terror, una leyenda nacida de la ignorancia que había traspasado los siglos por su morbo y el rollo macabro. Pero no, gente. La necrofilia lejos de ser una rareza oculta es una realidad, vicio oculto que sucede en más ocasiones de las que creemos. Ignoro si alguien por aquí practica este hobby.

En cualquier caso, muchos de nuestros artistas favoritos han dedicado alguna canción a la temática, supongo que más por llamar la atención, provocar o cierto sentido macabro del humor que, de verdad, por ejercer el amor frío. Como de costumbre, aquí seleccionamos unas cuantas: historias de sexo, rock y… necrofilia.

Dale al play.

Alice Cooper – I love the dead

El pervertido de Alice grabó unas cuantas canciones sobre el tema: Refrigerator heaven, Cold ethyl y esta I love the dead. No en vano, Cooper y sus chicos crearon el shock rock. Los directos de aquella gira debieron ser épicos. Del inmenso Billion dollar babies de 1973.

Tom Petty – Mary Jane last dance

Para el recopilatorio de 1993 que terminaba su contrato con MCA compuso esta joyita de letra ambigua pero vídeo explícito. Kim Basinger en el papel de novia muerta siendo atendida por su chico como si estuviera aún caliente. ¿Cuál será el último baile de Mary Jane? “Last dance with Mary Jane/One more time to kill the pain”.

Savatage – Necrophilia

Si nos tomamos de manera literal esta tonada de 1985, aparecida en Power of the night, la banda de Jon Oliva lo tiene claro: “Necrofilia/Velas negras ardiendo/en su altar de hielo/Ella no lucha/Doncella de metal/en su camino a través de la noche/aléjate/Tus manos están frías/Ojos de cadaver/Almas malditas”

Lujuria – Levántate y anda

“El sexo levanta a un muerto/ahora sé que es realidad”. El vicioso abusador de cadáveres se llevó una sorpresa al resucitar a una muerta mientras se la beneficiaba. Del disco El poder del deseo y supuestamente basada en una historia real.

Avenged Sevenfold – A little piece of heaven

Lo normal. Tu novia no quiere casarse contigo, la matas y convives con ella como si tal cosa. “Cause I really always knew that my little crime/Would be cold that’s why I got a heater for your thighs/(…)/Now an angry soul comes back from beyond the grave/To repossess a body with which I’d misbehaved”. Aparece en el álbum homónimo de 2007.

Parálisis Permanente – Adictos a la lujuria

Ni muerto le dejan a uno en paz. “Llevo treinta días sin luz/encerrado en este ataúd” y miran con deseo “mi piel fría y morbosa”. Y es que las mentes sucias amigas de la obscenidad encuentran dónde saciarse en quien no puede escapar. Del único álbum de la banda, El acto, publicado en 1982.

The 69 Eyes – Dead girls are easy

Si tienes dudas, si te cuesta encontrar tema, si no sabes ya qué hacer para tener sexo, escucha los consejos de estos finlandeses: cuando la noche llega, todo lo que quieren hacer las chicas muertas es “roquear”. Una forma de ligue fácil, vaya, porque las muertas nunca dicen que no. A tumba abierta.

Type O Negative – All hallow’s eve

Canción inspirada en el cuento Ligeia, de Edgar Allan Poe, donde se describe un acontecimiento amoroso que sucede puntualmente el día previo a Halloween de manera reiterativa. Y es que “ella viste la muerte maravillosamente/más impresionante ahora que en su vida/en una cama de hojas de otoño”. Aparece en el World coming down de 1999.

Lobos Humanos – Johnny el nekrofíliko

Los murcianos Lobos Humanos cuentan la historia verídica (o no) de Johnny, apodado el nekrofíliko, por su vicio de visitar los cementerios, vamos, “el don Juan del ataúd” nada menos. Y es que el mundo de ultratumba es más generoso para este tipo marginal: “para mí ir al cementerio es como ir al puticlub”. No apta para orejas sensibles, desde luego.

Slayer – Necrophiliac

Como todas las letras de Slayer (o muchas de ellas), no debe interpretarse a modo de experiencia real. Pero en el brutal Hell awaits de 1985 comparten la necesidad de desenterrar cadáveres impuros: “siento el impulso de la creciente necesidad/para follar este cadáver pecaminoso”. Amigos de Satán.

 

Y según en qué lado del espectro de los vivos y los muertos te encuentres, a veces la necrofilia es genial. O la única solución. Una sonrisa cadáver.

La máquina del tiempo 1982: una Historia del Rock a través de sus canciones.

La máquina del tiempo: 40 años de rock.1982 d

Una memoria de canciones publicadas entre la muerte del rey blanco del rock, Elvis Presley, en 1977, y la del rey negro del rock, Chuck Berry, en 2017.

1982

 El año 1982 vimos el estreno de ET, Tootsie y Blade Runner, el comienzo de series míticas como Cheers, El coche fantástico (Knight rider) o Enredos de familia (Family Ties) y un buen puñado de música. En cierto modo fue un año de transición en los gustos mayoritarios y en el negocio musical. Respecto al negocio, el videoclip se adueña de la mercadotecnia, empujado por genios como Michael Jackson. En cuanto a las ventas, la mezcla de estilos copa las listas. En singles, se llevó la palma Survivor con Eye of the tiger (de la película Rocky III), seguido por el rock comercial de Joan Jett & the Blackhearts (I love rock and roll), el pop new wave de The human league (Don’t you want me) y el pop más clásico de Paul McCartney a dúo con Steve Wonder (Ebony & Evory). En cuanto a álbumes, a pesar de aparecer muy avanzado el año, Michael Jackson comenzó a batir records con Thriller (el año que viene aparecerá en singles, ya veréis), Men at Work (Business as usual), Paul McCartney de nuevo (Tug of war) y Toto (IV) coparon lo más alto, con algunos de nuestros favoritos cerca: el debut de Asia y el Love over gold de Dire Straits. Y, por curiosidad, los Grammy roqueros ese año recayeron en Pat Benatar, Rick Springfield y The Police.

La NWOBHM alcanza su apogeo y, de seguido, comienza su hundimiento: muerte por éxito. El álbum más vendido en el heavy metal ese año es el clásico The number of the beast de Iron Maiden, con su nuevo vocalista Bruce Dickinson. Ese éxito se une al single You’ve got another thing coming de Judas Priest en Estados Unidos, su mayor éxito. Los sonidos rudos, las dobles guitarras, los estribillos acerados se escuchan en las radios de medio mundo junto a las estrellas del pop y el r&b, animando a una nueva generación de jóvenes a subirse a los escenarios y acostumbrando al oído yanqui a lo que vendrá a partir del próximo año.

Otra banda clave en el futuro del metal publica uno de los imprescindibles: Venom y su Black metal dará el pistoletazo de salida a toda una saga de salvajes que dieron un paso más allá en la evolución del género. Accept editaron su obra maestra Restless and wild, Motörhead su último con el trío clásico (Kilmister, Clarke y Taylor) y dos directos imprescindibles asombran al mundo: Live evil de Black Sabbath y The Eagle has landed de Saxon. Los maquillados Kiss se volvieron heavies para su último disco maquillados (Creatures of the night) y Whitesnake comenzaron a demostrar sus posibilidades comerciales en el mercado yanque con Saint & sinners. Por todo esto, el ruido de las guadañas metaleras siega cualquier duda sobre su futuro.

El AOR también goza de una salud envidiable. Obras maestras de Toto (IV), con canciones emblemáticas como Africa o Rossana,  y el debut de Asia, con Heat of the moment o Sole survivor, copando las listas y llenando escenarios junto a los coletazos del IV de Foreigner (Break it up) o los habituales REO Speedwagon (Keep the fire burning) y Chicago (Hard to say I’m sorry).

En cuanto a los debut, encontramos  a  Manowar (Battle Hymns), Twisted Sister (Under the blade), Misfits, con su propuesta inclasificable de punk y metal (Walk among us) o Night Rangers (Dawn patrol). Se nos fueron John Belushi, Randy Rhoads y el mecenas Neil Bogart. Led Zeppelin se despidieron del mundo creativo con su final Coda.

Algunos clásicos, mucho ajetreo, ruido y los escenarios y las radios de medio mundo rendidas a las guitarras veloces. Lo mejor está aún por llegar. Por cierto, este año se editó una de mis canciones favoritas, el Forever de Y&T.

Por aquí os dejamos la playlist que ha quedado muy variadita esta vez.

 

 

 

Accept – Rebuscando en la basura de “I’m a rebel” – 1980

¿Son tan malos los discos malos de nuestros músicos favoritos?

Hoy rebuscamos en la basura de los alemanes Accept y su álbum de 1980 I’m a rebel

Accept - Cover_-_i'm_a_rebel

Cuando se repasa la discografía de cualquier banda longeva siempre encontramos discos que adoramos frente a otros que nos repelen. Si se trata, además, de una banda mítica en el Universo Heavy Metal con tantos cambios como Accept el debate se vuelve más visceral. Claro que hay una serie de discos imprescindibles (esos maravillosos años ochenta), pero, ¿y el resto? En Rebuscando en la basura presumimos de rescatar esos álbumes a nuestro juicio injustamente vapuleados por crítica y público, música adorada por estas pantallas, y de Accept reivindicamos hoy su segundo álbum, el iniciático I’m a rebel de 1980.

Grabado a finales de 1979 por una banda joven en proceso de formación y bajo las órdenes de Dirk Steffens, un productor con poca experiencia, muestra una gran influencia del hard rock de los setenta, cierta falta de coherencia en algunos momentos y una indefinición de estilos. De este álbum se ha destacado su “poca inspiración”, que presenta una “mezcla de experimentos inconclusos” o que es “un intento fallido de conseguir un buen trabajo”. El propio Udo Dirkschneider (cantante) confesó que había “mucha gente intentado manipular a la banda” para, al final, impedir el desarrollo de sus ideas en favor de la “comercialidad” del producto. Querían hacer de ellos unos Scorpions de estadio.

Pero ¿qué rebuscamos en la basura de este I’m a rebel?

Para empezar, el trabajo de dos míticos miembros del grupo como Wolf Hoffman n(guitarrista) y Peter Baltes (bajista y cantante). Hoffmann comienza a mostrar unos riffs estupendos, muy influenciados por Judas Priest y Michael Schenker, algunos solos bien clavados y una labor compositiva que anuncia los futuros éxitos en canciones como China Lady o Thunder & Lightning. Baltes, además de marcarse un ejemplo de acompañamiento hard/metal al bajo, canta estupendamente en las dos baladas del disco, The king y No time to lose (por cierto, con una parte principal de guitarra sencilla pero genial). Junto a ellos el ya mencionado Udo afila su garganta en la propia China Lady, en Save us, otro punto alto del disco, y en la más comedida I wanna be no hero (con ese toque amable en el ritmo y el estribillo). Se editó como single la canción que da título al álbum, I’m a rebel, curiosamente una canción compuesta por Alexander Young, hermano mayor de unos tal George, Malcolm y Angus Young. Como premio, tiene, por lo menos, dos portadas, lo cual también tiene su gracia, la original alemana y la re-edición para el mercado anglosajón, donde cambiaron, además, el título (se denominó como la banda).

Suficiente basura rescatada para darle una escucha a este disco.

 

 

Bad Company – Bad Company – 1974

No tengo ninguna duda en señalar a Paul Rodgers como uno de los cantantes más carismáticos y particulares de la Historia del rock, uno de mis favoritos, desde luego, y componente de dos bandas imprescindibles como Free o Bad Company (si hace falta recordamos su paso por Queen). Este primer álbum de Bad Company se fraguó en el otoño de 1973 de la unión de Paul y Simon Kirke (batería y compañero en Free) con Mick Ralphs (guitarrista tremendo que tocara en Mott the Hoople) y Boz Burrell (bajista, entre otros, de King Crimson). Un buen cuarteto, una reunión de genios rebotados de otras aventuras.

La banda contó con la ayuda de Ron Nevison en la grabación y las mezclas, que se hicieron en los estudios Headley Grange en Hampshire con la unidad móvil de Ronnie Lane. El artwork lo realizó Hypgnosis. Con este cuadro, solo faltaban unas buenas canciones para triunfar. Al fin y al cabo, estamos hablando de música.

Pocas canciones tan míticas como I can’t get enough, de reconocible riff, grandioso solo y gran estribillo, un clasicazo rock donde la magia de Ralphs y Kirke se mantiene imperecedera más de cuarenta años después. El feeling blues se cuela en Rock steady, con una fantástica interpretación de Rodgers. La figura de guitarra se repite a lo largo de toda la canción apoyada en otra buena batería. Brutal final. Ready for love trae una calmada tonada a lo largo de un medio tiempo de energía contenida. Burrell destaca en el conjunto y el piano que va y viene a lo largo del corte marca un punto melódico y rítmico interesante. La canción fue rescatada por Ralphs del All the young dudes (1972) de Mott the Hoople, consiguiendo darle una nueva vida, otro de los grandes de este álbum. No puedo dejar de acordarme de The Beatles en Don’t let me down. Quizá por el parecido al corte de mismo título de los de Liverpool, quizá por los arreglos melódicos. Sorprende el saxo en el interludio tras el primer estribillo, efectivo, seguido de un sentido solo de Ralphs.

Otro de los puntos fuertes abría la cara B del vinilo, este Bad Company. La mejor interpretación de Rodgers, sobresaliendo en un corte con mucha tensión, lleno de detalles (el piano, los adornos de batería, el toque preciso del bajo, los cambios de tempo) y rematado con otro estupendo solo de Ralphs, el rey de este disco. Una de las grandezas de Bad Company radica en los cambios que protagonizan cortes como The way I choose, otra balada arrastrada por el fango blues (por momentos parece un vals), muy emocional, donde su aparente sencillez agarra nuestra atención con el ritmo, un delicado puente y un largo estribillo, y otro acertado arreglo de viento. Tras la calma otra tormenta rítmica con Movin’ on, de mis favoritos. Esa batería alucinante, el riff machacón, el puente y el estribillo, otra historia de vida en la carretera, genialidad la parte central con Burrel muy inspirado también. Y cerramos con otra joya acústica. Seagull mantiene una sencillez melódica base sobre la que Rodgers se sale, por técnica y sentimiento: “here is a man asking the question/is this really the end of the world”. Un toque folk para cerrar esta obra maestra.

Alcanzó el número uno en Estados Unidos y despachó un millón de copias en poco tiempo, gracias a dos singles tan exitosos como Can’t get enough y Movin on (ambas compuestas por Ralphs). Desde entonces ha recibido cinco discos de platino en el mercado yanqui y se calcula que ha despachado otros tantos en el resto del planeta. Una burrada bien merecida, un clásico, una obra maestra del género.

 

Contaminación y rock: once canciones verdes.

 

¿Qué clase de mundo queremos? ¿Nos preocupamos de verdad por nuestra huella en el planeta? Vivimos contaminando, al menos en el mundo occidental. Muchos de nuestros roqueros han recogido estas inquietudes en sus canciones y aquí os dejamos una selección variada de canciones conocidas y desconocidas poniendo el dedo en el apocalíptico problema de la suciedad sin fin que generamos.

Topo – Marea negra (1982)

En el disco del mismo título la banda madrileña nos regalan un himno clásico: “alzo mi voz contra la polución/que nos invade y/está canción antidegradación”. Pero de nada sirve alzar la voz “si no la cantas tú”. El problema de la contaminación como un problema “de todos”.

A.N.I.M.A.L. – Sabia naturaleza (1996)

La banda argentina nos obliga a reflexionar sobre las consecuencias de romper las reglas de la Naturaleza, pues “en ese supuesto evolucionar/quebraron tan vitales reglas/ya verán cómo se caen los pilares del equilibrio/provocando desastres”. Del álbum El nuevo camino del hombre.

Asfalto – La paz es verde (1983)

Incluida en Más que una intención, esta apocalíptica canción sobre el final de los tiempos avisa de las consecuencias de nuestro desvarío industrial: “el mar se reventaba/entre tinieblas y radioactividad/mientras una voz me decía/este es el fin de la Humanidad”.

Dry River – Fundido a negro (2018)

En su excelente 2038 de reciente edición escuchamos esta alegórica pieza avisando que “ciencia oscura destruye lo natural/hombre ingenuo no la podrás controlar/fundido a negro punto final/nuestra Historia no se contará”

Gillman – Contaminación (2003)

Desde Venezuela, más de ocho minutos dirigidos al planeta, preguntando “mundo dime porqué te hundes en basura/(…)/oye, mundo, dime porqué Dios creó al hombre/y este pronto en un dios se convirtió”. La escuchamos en el disco Cuauhtemoc.

Platero y Tú – Contaminamos (1992)

A ritmo de rocantol, un jovencísimo Fito canta “es el infierno que trabajamos/día tras día contaminamos” porque todos somos responsables de que “un mal presagio me invade a mí”: nos quedaremos viviendo entre “montañas de basura y mares de alquitrán”.

Bersuit Vergarabat – Madre hay solo una (2005)

Entre lo emotivo y lo salvaje, la banda se aferra a la defensa de La Tierra: “vos sos mi única madre/con alma y vida yo defiendo tú jardín/te agradezco, aunque me voy avergonzado/por ser parte de la especie/que hoy te viola en un patético festín”.

Sparto – Un futuro verde (1992)

Entre tanto Apocalipsis, una canción que invita a la esperanza porque “nada está perdido, todo con esfuerzo se podrá solucionar”, y es que aún estamos a tiempo de dejar el planeta limpio.

Mago de Oz – La costa del silencio (2003)

Single de su álbum Gaia e imprescindible en sus directos, ponen el dedo en el egoísmo humano: “donde se acomoda la usura/nacen la ambición y el poder/y este germina en la tierra/que agoniza por interés”.

Maná – ¿Dónde jugarán los niños? (1992)

Los mexicanos Maná han tocado el tema en numerosas ocasiones. Elegimos esta, de carácter global, reflexionando, con un toque reggae, sobre el planeta que heredarán nuestros hijos: “cuenta mi abuelo/de un cielo muy azul/en donde voló papelotes/que él mismo construyó”

Barón Rojo – Herencia letal (1989)

De nuevo la avaricia y la sobre-explotación como causa del exceso de polución: “eres un hombre de habilidad, piensas con vanidad/y contaminas para aumentar la rentabilidad”. Aunque esta versión apareció en el disco Obstinato, apareció primero en formato single en 1983 como regalo del Metalmorfosis (por problemas de espacio, se quedó fuera del disco).

 

Versioneando: las mejores versiones de Motörhead

Lemmy

Iconos del rock, monstruos adorados, lo mismo encantan a nietos que a abuelos, a roqueros de medio pelo que a heavies de negras sotanas, a punkarras de viejo puño que a enamorados del metalcore. Algo tiene esta banda, único: Lemmy Kilminster. En su larga discografía de cuarenta y pico años han dejado numerosas versiones, algunas sorprendentes, arrastradas a su particular Universo.

Aquí os dejamos nuestra pequeña selección.

Leaving here (1976)

Una cover de Eddie Holland original de 1963 que Lemmy retomó para editarlo como primer single de Motörhead.

Heroes (2017)

La última, publicada poco antes de la muerte de Lemmy, con David Bowie como homenajeado. Por si alguien no lo recuerda, la original se editó en el álbum del mismo título cuarenta años antes.

The train kept a-rollin’ (1977)

En su primer álbum se atrevieron con un tema que acumula ya más de cincuenta versiones diferentes. La grabó por primera vez Tiny Bradshaw en 1951.

Beer drinkers & hellraisers (1980)

Se montaron un EP con el título de esta canción que se acompañaba, también, de otra versión de John Mayall. Esta que los ZZ Top grabaron para su Tres hombres de 1973 se lleva el premio.

Enter sandman (1998)

Una de las curiosas. Metallica se hicieron multimillonarios con este single del álbum “negro” en 1991 y Lemmy se la apropió para el recopilatorio ECW-extreme music.

Hoochie Coochie man (1983)

En el breve periodo que Brian Robertson formó parte de la banda grabaron este corte original de Willie Dixon (1954 nada menos) que acompañó al single Shine.

Breaking the law (2008)

Se vinieron arriba para homenajear a uno de sus cohetáneos, Judas Priest, para el disco de tributo Hell bent forever. Uno de los más famosos temas del British steel de 1980.

Jumpin’ Jack Flash (1993)

Grabado durante las sesiones del Bastards, apareció de manera oficial en la re-edición en cedé del 2001. Los algo famosos The Rolling Stones consiguieron con ella un número 1 en 1968.

God save the queen (2000)

Homenaje a unos irreverentes Sex Pistols y la vorágine punk del 77 para el cambio de milenio en el álbum We are Motörhead.

 

 

 

 

 

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