Canciones sobre mitos y leyendas

¿Qué sería de la humanidad sin sus mitos, sus religiones, sus leyendas? Caminos de vida, historias llenas de esperanza y terror, de lecciones falsas y verdaderas, muchas de ellas han trascendido hasta nosotros de infinitos modos. Nuestros músicos se han inspirado en numerosas ocasiones de manera más o menos directa en las aventuras de personajes emblemáticos, estereotipos de las cualidades mejores y peores de cada uno de nosotros. Aunque hay cientos de canciones, nos hemos permitido seleccionar, por ahora, estas, diversas.

Como de costumbre, dale al play…

Tierra Santa – Las walkirias

Las damas que acompañan al guerrero caído hacia el más allá, hacia la eternidad feliz: “Ellas te conducirán/Al reino de los muertos/Viajaras hacia el lugar/De la inmortalidad”. Canción que escuchaos en el álbum de 2003 titulado Indomable.

Amon Amarth – Death in fire

La discografía de estos suecos gira en torno a la mitología vikinga, de la que se consideran fieles seguidores. Como curiosidad, su nombre deriva de una lengua élfica “inventada” por J.R.R. Talkien. En esta ocasión, nos hablan del final de los tiempos, del Ragnarok: “Storm of lethal flames/Only death remains/Ragnarok is closing in/Die for honor, glory, death in fire”. Parte del álbum Versus the world (2002).

Anthrax – Medusa

En su ascenso a los cielos metaleros, los neoyorquinos grabaron este homenaje a la monstruosa Medusa, que convertía en piedra a quienes osaban mirarla a los ojos. Y de eso trata la canción: “cannot move, no eyes to see, a statue now/For all eternity Medusa laughs at you/And you’re her slave”. La escuchamos en el segundo álbum, de 1985, titulado Spreading the disease.

Warcry – El guardián de Troya

Los asturianos recuerdan el episodio de la conquista de Troya a través de uno de los guardianes de la ciudad, y su triste final: “siento llegar la oscuridad/muero tranquilo, he luchado hasta el final/por mi hogar doy la vida/no puedo, dar más”. Uno de los cortes más logrados de Alea Jacta Est (2004).

Cream – Tales of brave Ulisses

Clasicazo narrando otro clasicazo: el viaje de regreso a casa de Ulises. Las dificultades y las aventuras que corrieron. “How his naked ears were tortured/By the sirens sweetly singing/For the sparkling waves are calling you/To kiss their white-laced lips”. Era el año 1967 y el álbum Disraeli gears.

Avalanch – Cambaral

Pero no solo de mitología nórdica y helénica vive el roquero. Otros asturianos rescatan una leyenda de su tierra. Cambaral, cruel pirata que asolaba las costas asturianas, se enamoró en presidio de la hija de su captor. Al huir, este les encontró en el puerto y, mientras se besaban, les decapitó. El beso eterno. “Dicen que ella escapó con su joven ladrón/Pero el rey les halló/Y con furia y dolor, ante un beso de amor/A los dos con su espada atravesó”. Del Llanto de un héroe de 1999.

Saurom – La leyenda de Gambrinus

Y hasta centroeuropa nos llevan los gaditanos Saurom para compartir la leyenda del inventor de la cerveza, del semidiós que, según la región, adquiere diversos poderes sobre las cosechas, el ánimo de las personas o la fabricación de diversos productos. “Te enseñaré a disfrutar/bebe para olvidar/luego el corazón dejará de suspirar”. Se incluyó en el álbum Vida del 2012.

Caifanes – La llorona

El espectro de una mujer que sufre, un alma en pena que ahogó a sus propios hijos y los busca arrepentida lamentándose noche tras noche. Aparece en el folclore de centroamérica y los estados sureños de Estados Unidos y se le supone un origen prehispánico. Los mexicanos Caifanes utilizaron la tristeza de este espectro para grabar una canción de amor perdido “no quiero amarte/no quiero llorar contigo/déjame ver tu piel/déjame ser tu piel”. Cerraba su disco El nervio del volcán (1994).

Judas Priest – Halls of Valhalla

La llamada del Valhalla durante la batalla, el paraíso de los guerreros caídos en combate: “The storm in the night takes us there/on an unrelenting tide/as the wind drives us ashore/Halls of Valhalla”. Escuchamos a Rob Halford tronar este estribillo en Redeemer of souls (2014), en el que, por cierto, hay otras referencias a mitos y leyendas.

Zenobia – Ícaro

En toda religión y mitología encontramos un personaje que infringe las leyes sagradas, se enfrenta a los dioses, a los reyes, y cae en el abismo, el sufrimiento o la perdición. El mito de Ícaro, por ejemplo, hijo de Dédalo, quien osó huir de su encierro para acabar muerto por su inconsciencia o su arrogancia, según. Zenobia lo recrean en el álbum Alma de fuego (2010).

Black Sabbath – The battle of Tyr/Odin’s court/Valhalla

Y cerramos con un dios germánico. Curiosidad: la palabra viene de una palabra del idioma protoindoeuropeo que también dio origen a Zeus y Júpiter (máximos dioses de la cultura griega y romana). En algún momento Tyr perdió protagonismo frente a Odín en las mitologías nórdicas, pero su influjo se mantuvo en los pueblos germánicos. Black Sabbath dedicaron el título de este álbum de 1990 y un instrumental al dios, aprovechando para narrar odiseas y mitos nórdicos en Odin’s court y Valhalla. Por cierto, el martes sajón es el día de Tyr (tuesday=día de Tiw, el mismo nombre en inglés antiguo).

¿Qué canción de qué mito nos hemos dejado en la papelera?

Metal Church – Blessing in disguise – 1989

¿Puede un álbum imprescindible pasar desapercibido, caer en el olvido de cualquier lista “best of” de su género, perderse en las estanterías cogiendo polvo? Sucede muchas veces y todos tenemos vinilos que adoramos, que defendemos a muerte, que consideramos necesarios en su estilo, pero que el mundanal mundo ignora. Y eso me sucede con Metal Church y su Blessing in disguise. Un disco (casi) perfecto de principio a fin, un álbum que combina como pocos el heavy metal y el thrash de los ochenta.

La banda había sido formada por el guitarrista Kurdt Vanderhoof en 1980; Metal Church era el apodo de su apartamento en San Francisco. No fue hasta 1984 cuando editaron su debut con Elektra Records y dos años después un fantástico The Dark. Con la atención del género y cierto éxito underground, Vanderhoof decide dejar su propia banda al mismo tiempo que el cantante David Wayne abandona la formación. Dos ausencias más que significativas que no hicieron decaer a la banda. El propio Vanderhoof mantiene la colaboración con sus excolegas: compone la mayoría de los cortes de Blessing in disguise, toca algunas guitarras y se convierte, de algún modo, en músico de sesión para Metal Church. Su labor guitarrera oficial la suple John Marshall, técnico de guitarras de Metallica. Para las voces se ficha Mike Howe, conocido del propio Vanderhoof. El resto de la banda permanece en el tajo: Craig Wells a las guitarras y segundo compositor, Duke Erickson al bajo y Kirk Arrington a la batería. Con esta original reunión se ponen a las órdenes de Terry Date, el mismo que se haría amo del metal de principios de los noventa con su labor para Pantera, Overkill y Soundgarden, entre otros.

El sonido deriva de las bases más thrash hacia un heavy metal americano con elaboradas melodías, riffs brutales, aunque con ese poso de la Bay Arena adornándolo todo. Suenan en ocasiones en la liga de Queensryche o Crimson Glory más que en la de Metallica o Exodus, como intentando dar su salto mortal a la primera línea comercial. Pero, obviamente, no lo consiguieron. El disco alcanzó el puesto 75 de ventas unos meses después de su edición y la banda giró con WASP, Fair Warning, Saxon o Metallica durante aquel año; ambos hechos fueron un éxito para unos tipos que venían de los callejones del metal, pero no lo suficiente para que se renovara su contrato con Elektra.

El álbum posee varios momentos cumbre. La inicial Fake healer tiene un poderoso y original riff con una mordaz crítica al sistema sanitario de las aseguradoras, a los falsos curanderos que lo único que quieren es tu número de cuenta; intenso, vibrante. Los nueve minutos de Anthem to the estranged resultan hipnóticos: esa introducción acústica que da espíritu al tema y se repite de manera puntual, va engordando con la plegaria del hombre que lo ha perdido todo después de estar en la cumbre y que repite como un mantra “all alone again”. Howe canta con maestría y pasa de voces desgarradas a otras más melodiosas sin inmutarse. Del lado más duro suena Spell can’t be broken, fantástica, contundente batería y ese juego de guitarras, de lo mejor del álbum, con un pasaje central más suave para romper de nuevo cerrando el tema. Otra de mis favoritas ahonda en el contraste sonoro entre pasajes suaves y tralla metalera desenredando una gran línea melódica: Badlands, el hombre perdido en el páramo emocional (“will these lonely nights ever end?/will I live to see my journey’s end?”) con un espíritu incombustible y renegando de su destino.

Rest in pieces está dedicada al hundimiento del Titanic, con cierto dramatismo calculado en la voz de Howe y apoyado por la intensidad de la música (¿alguien conoce alguna otra canción dedicada al famoso crucero?). También de temática original es Of unsound mind, basada en “El corazón delator” de Edgar Allan Poe, única letra de John Marshall; brutal riff, batería con el doble bombo a toda tralla y un puntito speed. En esa misma línea, con más cambios, Cannot tell a lie recuerda de dónde vienen estos tíos, criticando el engaño del poder “hail to govermment/ hail to liberty/hail to God above/hail to me/no more war, all the peace/I am the solution to what this nation needs”. El corazón más heavy metal, sin embargo, late en The powers that be, casi un rollo NWOBHM, con una melodía muy trabajada, y en la instrumental It’s a secret, magnífica composición, compleja, acelerada.

Un discazo, vaya, que deberías escuchar si no lo has hecho aún y aunque no tengas ni idea de quienes son estos tipos. Y si ya los conoces, dale al play un rato.

Invitando a Roberto Iniesta: sus mejores colaboraciones.

Roberto Iniesta, “El Robe”, es (será, fue) uno de los músicos más aclamados y conocidos del panorama roquero español, principalmente por su labor al frente de Extremoduro. Le han concedido la Medalla al Mérito de Extremadura, por su labor artística, supongo, y por llevar con orgullo el nombre de su tierra allá donde va. Alma solitaria, tipo especialísimo, tan conocido como inaccesible, ha dedicado parte de su arte y de su tiempo a cantar y componer con amigos, conocidos y gente de lo más dispar, sembrando de ruido el mundo que él se esfuerza en retratar. Por aquí nos apetece dejar un pequeño decálogo de esas pinceladas, colaboraciones más o menos importantes, más o menos conseguidas, más o menos indispensables.

Reincidentes – Dos colegas

A dos voces, a cuatro patas, cantan Robe y Fernando este himno a las relaciones entre dos amigos charlando sobre cómo les va la vida. Aparece en el álbum Nunca es tarde… si la dicha es buena de 1994.

La Gripe – Barrancos rocosos

Curioso vídeo el de esta mezcolanza. Robe es un cartel en la pared en una ciudad mecanizada: “una ciudad en la noche/calles vacías iluminadas por la luna/como cuevas de barrancos rocosos”. Un rocanrol opresivo que formó parte de Empapado en sudor (2004).

Marea – En tu agujero

Al lado de otro prolífico colega del intercambio musical, Kutxi Romero, cantante de Marea, intercambia Iniesta fraseos de manera fantástica, haciendo suya esta canción sucia del Besos de perro (2002): “de puerta pa’ fuera se hará todo añicos/pa’ cuando te enteras yo soy tu abanico/que me hice con varas de aire pa’ no molestar”.

Poncho K – Verborrea

Claro heredero de las composiciones de Extremoduro, Poncho K se acompaña en esta hermosa canción digna de su inspirador. Se incluyó en Caballo de Oro (2013).

The Flying Rebollos – Mis amigos

“Qué fue de mis amigos/aquellos hijoputas que bebían conmigo sin parar”. Una canción sobre el paso de la vida y cómo cambia la gente; todos menos yo. Robe acompaña a Edorta Arostegui y a Fito Cabrales en este trepidante rocanrol del álbum de 1997 ¡Esto huele a pasta!

Albert Pla – Veintegenarios

Aquí se juntan tres monstruos del extrarradio cultural: Fermín Muguruza, Robe y el anfitrión Albert Pla. Una canción sobre la pasividad de la juventud: “jóvenes pero ancianos/ya nacimos cansados/somos veintegenarios”. Título y parte del álbum Veintegenarios en Alburquerque, del Señor Pla, publicado en 1997.

Boikot – Dopaje

Rocanrol punkarra de gruesas guitarras del que Robe se empapa para cerrar la historia del adicto que justifica su vicio: “vámonos a un lado/vamos hasta el culo/hasta las cejas dopados”. Cancioncilla del cuarto disco de Boikot Tu condena (1996).

Memoria de Pez – Todo tuyo

Se arregla y adapta a cualquier registro; le da igual ser protagonista o un comparsa. En este corte del álbum Tocar madera (2013) lleva la voz principal marcando con su tono indeleble la composición, muy suya, por otro lado. “No puedo recordar porqué/no sé cómo olvidar”.

Ciclonautas – Kamikaze del nido

Las guitarras de Iñaki “Uoho” Antón, colega de Extremoduro, guían este corte del debut de Ciclonautas titulado ¿Qué tal? (2014). La voz de Iniesta completa el pack. “Otra vez me abrazó/y yo sin saber que estaba tan dormido/y soñé hasta que nos dimos el pellizco”.

Platero y Tú – Juliette

Otro rocanrol de manual junto a sus colegas de Platero y Tú, con quienes pasó, juntos, revueltos, muchos años. Se marca un trío con Fito y Evaristo (La Polla) para contarnos las aventuras de Juliette, la chica artificial que se llama Andrés y se lio con un futbolista, con un señor mayor… Hay que sobrevivir.

Recordando a Les Dudek

Seguramente no sabes quién es. O quizá sí, ya que estás leyendo esto. El caso es que Les Dudek no pasa de ser un casi famoso del mundillo roquero. Aunque en su página web afronta esto diciendo “Les Dudek es un verdadero tesoro americano que es reconocido y admirado por sus iguales como un talento genuino, un músico magistral y reverenciado como un guitarrista de leyenda por los aficionados a la guitarra”. ¿Tampoco te suena? Con estas credenciales deberías postrarte a sus pies.

Sus primeros pinitos profesionales los realizó de forma casual en el álbum Brothers & sisters (1973) de The Allman Brothers Band. Toca en Ramblin’ man y en Jessica. De hecho, afirma ser co-compositor de esta última: ¡aún espera el cheque de Dickey Betts con los royalties! El joven Les, 21 años tenía, y su colega Peter (ambos en una banda llamada Power) se enteraron que Betts quería comenzar en solitario tras la muerte de Duane Allman. Se acercaron a su casa, probando suerte, y acabaron tocando todo el fin de semana con él. Encajaron. Hicieron algunas demos unos días más tarde, pero, finalmente, Gregg Allman y Betts decidieron retomar el camino de The Allman Brothers Band. Esa amistad hizo que Betts le llamara para tocar en el disco y, según Dudek, colaborar en la composición de Jessica un día de barbacoa familiar. A saber.

La vida profesional de nuestro protagonista se quedó allí atascada unos años hasta que Boz Scaggs le contrató para tocar en Silk degrees (1976) al lado de la mitad de Toto (los hermanos Porcaro y David Paich). Se fue de gira con él coincidiendo con Steve Miller Band; en esa gira acabó tocando con ambos músicos en cada concierto. Con Miller grabó en los magníficos Fly like an angel (1976) y Book of dreams (1977).

Ese año 76 resultó clave en la vida de Les: dice que recibió ofertas de The Rolling Stones y de unos aún incipientes Journey. Pero aceptó la oferta de Columbia Records para lanzarse en solitario y allá que fue. Grabó tres excelentes álbumes: Les Dudek (1976), Say no more (1977) y Ghost town (1978). Imprescindible ese debut, donde toca la batería Jeff Porcaro y el piano el colega David Paich. Aunque consiguió cierto éxito menor con algunos singles, acabó volviendo a colaborar con otros artistas de Columbia para rellenar el jornal. Tocó con Mike Finnigan, Richard Bear o Maria Muldar.

Dando vueltas por el mundo, conoció a Cher. Las casualidades de Dudek. Se presentó a la audición que la famosa cantante hacía buscando músicos que le ayudaran a relanzar su carrera. El tipo debió caerle bien: se pasaron los siguientes tres años de relación sentimental. Ambos formaron el grupo Black Rose; un álbum y una breve gira después se convencieron de que ese invento no iba a funcionar. Dudek afirma (igual empieza a parecer un poco fanfarrón) que le recomendó a la diva que se pasara al celuloide. En este periodo, el guitarrista publicó otro disco magnífico, Gypsy ride (1981) y montó un trío con Mike Finnigan y Jim Krueger, ambas aventuras con poco éxito también.

Tras la ruptura sentimental y profesional, comenzó un periodo algo oscuro para nuestro artista del que salió gracias a su ex. Participó como actor en la película Mask (1984) y compuso tres cortes para su banda sonora. Ese pequeño impulso le acercó a Steve Nicks, con quien grabó el álbum Rock a little (1985) y realizó la gira Whole lot of trouble tour.

Ni con esas consiguió ganarse la fama que creía merecer. Y decidió apartarse del ruido de los escenarios, de la ruina del rock de bandas y divas. Se reconvirtió en compositor de bandas sonoras y música para programas de televisión. Ahí sí comenzó a sonarle el teléfono: NBC, ESPN, ABC, todas las cadenas querían su toque. Diez años estuvo apartado del gusanillo de grabar un disco hasta que en 1994 lanzó el interesante Deeper shadow of blues. Desde entonces ha ido alternando su labor compositiva para la televisión con la edición de discos y breves giras. En 2003 grabó Freestyle y en 2013 el también recomendable Delta breeze.

Un guitarrista excelente y un buen compositor con varios discos en solitario recomendables y algunas colaboraciones muy jugosas. Dale un repasito a su discografía. No tiene un disco malo. Ni abuela que le tenga que alabar: se autodenomina “una leyenda de la guitarra cuyo trabajo ha influenciado la Historia del Rock and Roll”. Casi nada.

REO Speedwagon – Nine Lives – 1979

REO Speedwagon no serían apenas conocidos hoy en día si no hubieran logrado el mega-éxito en 1980 con el álbum Hi-Infidelity (a día de hoy, más de 15 millones de discos despachados). Hasta llegar a aquellas fuentes doradas, a ese maná, atravesaron un largo océano de creación y suerte. Llevaban dando vueltas por los escenarios desde 1967 bajo diferentes nombres y combinaciones de músicos, hasta que en 1977 ocurrieron dos hechos significativos que alumbraron la escalera al cielo: consiguen vender un millón de copias del directo Live: you get what you play for y se mudan a Los Angeles amparados por su compañía EPIC. Las cartas comenzaron a pintar bien. Solo faltaba que los músicos hicieran música para que los ejecutivos la pudieran vender. En 1978 editaron You can tune a piano but you can’t tuna fish y un año después este Nine lives (exacto, el noveno álbum de la banda). Justo unos meses después se meterían en el estudio a por ese Hi-Infidelity.

En 1979 la banda la formaban Kevin Cronin como cantante principal y guitarrista ocasional, Gary Richrath a las guitarras, Neal Doughty a los teclados, Bruce Hall al bajo y las voces y Alan Gratzer a la batería. Kevin y Gary componían la mayoría de las canciones y se encargaron de la producción junto a Kevin Beamish (un tipo que alcanzaría con “la REO” el Olimpo y trabajaría con Saxon, Schenker o Y&T entre otros). 

El sonido general de Nine lives se apoya en melodías pegadizas, buenas guitarras, en ocasiones con un toque hard rock, un fantástico teclista y, cómo no, estribillos fáciles de cantar y recordar. Drop it (an old disguise) es un perfecto ejemplo: un riff aguerrido apoyado en un piano rápido con un rollo honky tonk y una línea de bajo muy rítmica; un solo de piano y otro de guitarra; un estribillo fácil. Only the strong survive rebaja la velocidad y basa su encanto en la melodía vocal jugando con las guitarras y un ritmo machacón hasta otro estribillo alargado con una excelente armonía “but we’ll come back alive/´cause only the strong survive”. Heavy on your love, que abre el disco, aporta otro gran riff y un Hammond para delicia del personal, quizá la canción más heavy, y una voz agresiva (a lo Speedwagon, ojo). Otra de mis favoritas es Meet me on the mountain, donde Neal mete un Hammond y un Moog para adornar una sencilla melodía que va engordando a medida que suena la canción, recuerdos de una escapada invernal a la montaña: “we were two lonely people living out a dream”; brutal solo de Richrath. 

Steve Forman mete percusiones y efectos sonoros (esas castañuelas) para darle un rollo latino a Easy money, en realidad un clásico rocanrol con el que menear el culo un rato, y dar cierta localización a esta historia de engaño al sur, en la frontera, donde “Sweet Carmelita betrayed me”; podría pasarle a cualquiera, cierto, ten cuidado “it´s just my luck/it had to happen to me”. El tipo acabó desplumado y solo. Ahonda en ese rollo rocanrol la versión del rey Chuck Berry, Rock and roll music, bastante bien conseguida, aunque algo innecesaria en el contexto del álbum; el guitarreo que se marca Kevin es antológico. Bruce Hall compone y canta la final Back on the road again, sonando a lo que por entonces hacían bandas como Toto o Foreigner, con las que tantas veces se ha emparentado a REO Speedwagon; el amigo Bruce cumple muy bien (me recuerda a Lou Gramm por momentos) y fabrica un gran tema. Esa misma inspiración la escuchamos en Take me, canción de entrega (“I only thirst for you to share my cup”), otro punto álgido de Kevin. Aunque no hay una balada como tal, sirva de momento azúcar I need you tonight, más un medio tiempo de digestión fácil, con unas acústicas muy presentes y una voz melosa y aguda; esta vez Neal adorna con un piano el tema, dando un toque particular a esta melodía con recuerdos country en su composición.

El artwork del álbum tiene su miga. Tom Drennon se hace responsable como director artístico y le ayuda en el diseño Ginger Canzoner (que dibuja los gatos de la contraportada). Ese rollo animal mezclando el estampado, las pintas de malote de garito vip y las muchachas disfrazadas de gatitas da muy mal rollo. Pero, por razones que desconozco, ese rojo invadiéndolo todo y esa perspectiva me gustan. Por cierto, las gatitas se llaman Candy, Lindy, Shyanne y Karen. ¿Qué habrá sido de ellas?

Estos tipos estuvieron aquellos años inspirados y, afortunadamente, el éxito les llenó los bolsillos y el ego. A darles una vueltita.

12 canciones con un solo de batería.

Siempre caracterizamos el hard rock y el heavy metal como una música basada en guitarras, y es cierto, pero también es una música percusiva, con patrones rítmicos característicos. Y detrás de eso, siempre hay un baterista. El minimalismo de algunas propuestas no les olvida; ahí tenemos a The White Stripes como ejemplo reciente (podemos incluir a The Black Keys o Royal Blood, entre otros). Hoy queremos destacar a varios de nuestros pega-parches favoritos, y añadimos alguna sorpresa, rescatando canciones con un solo de batería en su interior. Una pequeña y jovial selección para, como siempre, darle al play y disfrutar.

Led Zeppelin – Moby Dick

Una de las más legendarias de la lista. Instrumental donde John Bonham se luce, con sus compañeros y solo a partir del minuto 1. Formó parte del imprescindible Led Zeppelin II (1969).

Chicken Shack – Telling your fortune

El poder de la batería en Chicken Shack está por encima de toda duda, y el trabajo que hace Paul Hancox en Imagination Lady (1972) resulta abrumador. En este corte de más de once minutos se marca un extenso solo para muestra.

Golden Earring – Radar love

Pocas canciones con solo de batería tan populares para el gran público como esta, aunque en la versión single recortaran la parte instrumental. Alcanzó el puesto 13 en Estados Unidos y se coló en el top de varios países europeos en 1973. Apareció en el álbum Moontan del mismo año. El responsable de esta joya percusiva se llama Cesar Zuiderwijk, quien maneja el ritmo de maravilla y hace dos pequeños pasajes solistas.

Santana – Soul sacrifice

El debut de Carlos Santana allá por 1969 se cerraba con esta barbaridad de canción. El trabajo percusivo de Mike Shrive y Dave Brown es alucinante, destacando la intro y ese solo que comienza en 1:30.

Cactus – Feel so good

Los años pioneros del hard rock, como se muestra en esta lista, daban para grabar sin prejuicios. Una banda fantástica y poco valorada como Cactus cerró su debut de 1970 con este tema que incluía un solo de Carmine Appice a partir del minuto 2. Grande el tipo, le dedicamos un artículo que puedes leer en este enlace.

Asia – Wildest dream

Otro máquina del instrumento, Carl Palmer, se marca un trabajazo en el debut de Asia (1982). Esta canción abría la cara B del disco y me parece de lo mejor de Palmer en la banda, con un pequeño solo incluido en el minuto 4.

The Smashing Pumpkins – Tibute to Johnny

Es extraño escuchar canciones con un solo de batería en grupos sin un batería “mítico”. Jimmy Chamberlin se marca uno en este instrumental de rollo muy setentero que The Smashing Pumpkins grabaron durante las sesiones de su enorme Mellon Collie and the infinity sadness (1995). Apareció con el single Zero y en la caja The aeroplane files high al año siguiente.

Queen – Dragon attack

Nunca se valora lo suficiente el trabajo tras los parches de Roger Taylor. Demuestra su magia en este corte del álbum The Game (1980) donde marca la canción de principio a fin, haciendo un pequeño solo en el 1:40.

Cream – Toad

No podía faltar otro magnífico pionero del rock endurecido, Ginger Baker. Compuso este instrumental, básicamente un solo de batería con arreglos de guitarra, para lucirse en Fresh Cream (1966). Una barbaridad que extendía más de diez minutos en directo.

The Who – My generation

Otro favorito por estas pantallas, Keith Moon, ya hacía de las suyas en los inicios de The Who. En 1965 alcanzaron el segundo puesto en ventas con My generation, una canción muy percusiva (incluso en su patrón de guitarra y en la voz) que incluía una sección final donde Moon se marca un solo explosivo (2:20) que continúa en la coda final.

Iron Butterfly – In-a-gadda-da-vida

Esta canción lo tiene todo y en exceso. Icono de la experimentación de los primeros años del rock duro, con ese tufazo psicodélico, los más de diecisiete minutos de esta canción dan para todo. La parte vocal se escucha al principio y al final (se editó una versión más corta como single), y el resto es un largo instrumental donde Ron Bushy graba un potente solo (a partir del 6:30).

Deep Purple – The mule

Imposible no incluir a Ian Paice. De todas sus estelares aportaciones, me quedo, oh, sorpresa, con esta barbaridad que sonaba en Fireball (1971) y cuya versión en directo en Made in Japan (1972) es de obligatoria escucha para cualquier aficionado.

¿Alguna sugerencia?

KISS en diez versiones.

O los amas o los odias. Pocas bandas son capaces de polarizar el sentimiento roquero con tanta baba como los neoyorquinos KISS: te empapas de su parafernalia, su pirotecnia, las plataformas y el merchandaisin o les expulsas del Olimpo musical por su (supuesta) poca calidad musical. Por aquí adoramos sus contoneos y su rocanrol all nite (and party everyday, ya sabes) y hemos decidido dedicarles un homenaje a través de los artistas y músicos que han perdido su tiempo haciendo una versión de sus (malas) canciones. Ahí os dejamos esta pequeña selección de diez cortes diversos y divertidos.

Racer X – Detroit Rock City

Paul Gilbert a la guitarra y Scott Travis a la batería, ¿qué puede salir mal? Se marcaron esta contundente versión en su directo Extreme volume II (1992). La original, una de las más conocidas e interpretadas por la banda, abría el álbum Destroyer (1976), uno de los más aclamados de toda su discografía. Ojo al solo.

Bathory – Deuce

Y si de contundencia hablamos, Bathory se llevan la palma al llevar a Kiss a su terreno. Cerraban con Deuce su álbum de 1995 titulado Octagon. La original formó parte del debut en 1974 de los “carapintada”.

Dimebag Durrel & Vinnie Paul (Pantera) – Fractured mirror

Con sus modestas dotes técnicas y su fantástico feeling, Ace Frehley enganchó a muchos guitarristas de diversos estilos. El brutal Dimebag Darrel (Pantera) le rinde homenaje en este instrumental con la ayuda de su hermano Vinnie Paul a la batería. Apareció en el álbum Spacewalk: a salute to Ace Frehley (1996). La original sonó en el álbum Kiss/Ace Frehley de 1978.

Axel Rudi Pell – Love gun

Ya que estamos con virtuosos de la guitarra, rescatamos la transformación total que hizo Axel Rudi Pell para su álbum de versiones Diamonds unlocked (2007). Fabrican una balada que va creciendo en la voz de Johnny Gioeli. Un tal Mark Terrana se encarga de la percusión. La original, uno de los himnos de la banda, abría la cara B del álbum Love gun (1977).

Cher – A world without heroes

Otra personalísima versión realizó Cher, con la producción y las guitarras de Steve Lukather y la colaboración de Michael Landau y David Paich (Toto), en su Love hurts (1991), de su etapa más hard roquera. La original, en cuya composición colaboró Lou Reed, apareció en el Music from “The Elder” de 1981.

Girlschool- Do you love me?

Seguimos con mujeres roqueras. Las británicas Girlschool patean un par de culos con esta versión, pegajosa, ochentera y llena de encanto y personalidad. La grabaron para su quinto disco titulado Runnig wild (1985). El corte original cerraba Destroyer (1976). Una canción de amor desesperado, en el fondo.

Skid Row – C’mon and love me

Otra historia de amor (más o menos) por otros tipos malos. Sebastian Bach pone su poderosa voz al servicio de uno de los más veloces temas de los primeros años de la banda. El original pertenece al Dressed to kill (1975) y la versión completó el single Slave to the grind (1991) del álbum de igual título.

Anthrax – Parasite

Y otra extraña pasión: la que Scott Ian (guitarrista) y sus colegas de Anthrax tienen por Kiss. Han colado versiones siempre que han podido, las adoran. Esta, que les pega más que ninguna, con ese fabuloso riff de Mr. Frehley, la grabaron durante las sesiones de State of Euphoria (1988) y la editaron en su EP del siguiente año Penikufesin. Kiss la metieron en su segundo largo titulado Hotter than hell (1974).

Helloween – I stole your love

Andaban en eso de la reconversión los germanos Helloween después de perder al fundador y guitarrista Kai Hansen, al batería Ingo Schwintenberg y al cantante Michael Kiske. Con Andy Deris a la voz grabaron este pedazo de cover en las sesiones del Master of the rings (1994). Se editó como parte del single Sole survivor. La original abría el álbum Love gun (1977). Si quieres más caña, escucha esta de Lost Society.

White Zombie – God of thunder

Otro que no oculta su pasión por Kiss es Rob Zombie, polifacético del siglo XXI. Antes de ser famoso, allá por 1989, grabó esta rotunda versión para un EP de igual título. No se imaginaban los compositores originales cuando la metieron en Destroyer (1976) que llegarían a escuchar esto.

Y de regalo dejo por aquí esta versión a violines del single más vendido de la banda, I was made for lovin’ you, del álbum Dynasty (1979), a cargo del cuarteto ruso Silenzium.

Twisted Sister – Rebuscando en la basura de “Love is for suckers” – 1987

¿Son tan malos los discos malos de nuestros artistas favoritos?

Hoy rebuscamos en la basura de Twisted Sister y su álbum de 1987 Love is for suckers.

Tras el éxito de Stay Hungry (1984), que alcanzó el doble platino en los Estados Unidos, la lucha mediática contra las damas censoras del PMRC, que te contamos aquí, y la edición de Come out and play (1985), que consiguió el disco de oro, el cantante Dee Snider estaba cansado de su vida roquera en la banda. Quería parar, un paréntesis, y recobrar la mala leche de Twisted Sister con sus colegas unos años después. Compuso canciones para un disco en solitario: buscó a músicos distintos y por allí aparecieron Kip Winger, Reb Beach, Steve Whiteman (Kix) . Beau Hill se encargó de producir unas canciones ya medio hechas donde el toque pop que Snider siempre había tenido se imponía a los ganchos metaleros de las producciones anteriores. Pero, qué le vamos a hacer, la compañía le obligó a editarlo bajo el nombre de la banda. Y se armó el lío.

De este álbum se ha dicho de todo. Abandonaron la rudeza, las pintas agresivas, los malos rollos y compraron todos los clichés de la época: baladas de amor, himnos tabernarios, teclados en primer plano, overdubs y ecos por todos lados. Han dicho que es un “insípido disco de pop-metal” o que “está lleno de sonidos copiados de sus contemporáneos” o que “ningún fan de la banda cantaría esos estribillos”. Al que sería último disco y pasaporte a la ruptura durante casi veinte años se le ha calificado como flojo, pomposo y popero. Que no hay buenas canciones. En definitiva, un disco olvidable.

Pero, ¿qué rebuscamos en la basura de este Love is for suckers?

No se puede negar que la producción y la forma de componer y arreglar las canciones no sigue el camino trazado por Twisted Sister en sus discos anteriores: Dee y Beau Hill querían sonar, precisamente, pomposos y mezclar las melodías pop y los estribillos pegadizos con guitarras y baterías más duras. De hecho, Twisted Sister ya lo habían hecho antes, pero dejando el peso mayor en la parte metalera. Aquí se invierte.

En primer lugar, Snider canta con una convicción y una entrega entusiástica, y todas las canciones cuentan con una línea melódica trabajada y pegadiza. El comienzo con Wake up (the sleeping giant) podría estar en sus discos anteriores, quizá la más ruda, igual que la canción Love is for suckers, que corre con un buen riff y un estribillo con mala leche. Un rollo similar, aunque ya más adornadas, encontramos en Tonight y la final Yeah! Right! con esas estrofas de voz-batería cortadas por las guitarras y los gritos.

Las más melódicas ya suenan a otra cosa, y ahí está, quizá, el lastre del álbum; que queremos escuchar a Twisted Sister y ya no aparece más. ¿Y son malas? El single Hot love presume de unas fantásticas guitarras con otro conseguido estribillo, Me and the boys roquea al estilo de Leader of the pack, por ejemplo, y I want this night to last forever es un estupendo ejercicio de pop rock. ¿Falta azúcar? La balada You are all that I need la tiene toda, con una letra manida y teclados repetidos en cien cortes iguales; pero Snider la canta con tanto ¿amor? ¿énfasis? ¿entrega? que resulta adorablemente pegajosa.

La banda se separó un par de meses después, hasta el 2004. En todos estos años de gira tan solo han rescatado algún tema suelto. Snider contó en sus memorias “quería hacer un álbum en solitario, un disco más comercial, quitarme de encima el arsenal de Twisted Sister y tocar con músicos de fuera”. Y vaya si lo logró. La aventura le salió torcida y la competencia MTV de aquellos años acabó con cualquier segunda oportunidad.

Suficiente basura para que te pongas a escuchar como se merece este Love is for suckers. Y si ya lo amabas antes, para recrearte una vez más.

Lo mejor de Bad Company: los años con Brian Howe (1986-1994)

Brian Anthony Howe falleció el pasado mes de mayo del 2020 de un paro cardíaco. Contaba 67 años y su legado musical está vivo en cuatro álbumes en estudio y un directo de Bad Company. Howe llegó a formar parte de la banda por pura casualidad. Cantante amateur, uno de tantos, tuvo su primera oportunidad profesional de la mano de la productora de Ted Nugent; cantó en el disco Penetrator (1984) y realizó la gira posterior. A partir de ahí, el ambicioso Brian quiso montárselo en solitario y llegó a colaborar con Mick Jones (Foreigner), pero la cosa no salió adelante. En ese proceso, Mick le presentó a Simon Kirke y Mick Ralphs, quienes intentaban montar un nuevo grupo tras la desbandada de Bad Company en 1982. Sus aventuras en solitario fueron bastante poco exitosas y eso de tocar en salas pequeñas por poco dinero no les sentaba nada bien. Los dos músicos no arrancaban ningún proyecto y la compañía de discos (Atlantic Records) les “sugirió” recuperar Bad Company. En el año 1986 el cantante Paul Rodgers andaba montado en el grupo The Firm junto a Jimmy Page, Chris Slade y Tony Franklin sin ganas de abandonar tan sabroso barco para retornar a “quién sabe qué” futuro-pasado. Así que, de nuevo, la compañía les “sugirió” trabajar con Brian Howe.

Fame and fortune se editó en octubre de 1986 con la producción de Keith Olsen y la colaboración de Mick Jones. Con estos nombres está claro que la deriva sonora hacia los sonidos vendedores del AOR de principios de los ochenta estaba servida, en un viraje que otras bandas ya habían hecho en eso que llamamos heavy poppy (ese año se publicaron, entre otros, el 5150 de Van Halen o el Turbo de Judas Priest). Howe se encargó de la voz, Kirke de la batería y Ralphs de las guitarras, contratando para el estudio a Steve Price al bajo y Gregg Dechert a los teclados. El álbum contiene buenos momentos, como Fame and fortune, la más parecida a los “viejos” Bad Company, Tell it like it is (fantásticas guitarras), la inicial Burning up, con ese toque Jones, la final If i’m sleeping o el sintetizador y los coros pegajosos de Valerie. Howe canta más por Lou Gramm que por Paul Rodgers, cierto, y el disco, en general, parece de una banda con otro nombre (pongan aquí Foreigner o Toto). No vendió lo esperado y los jefes Kirke y Ralphs tuvieron que pensar mucho el siguiente paso.

Intentaron convencer al bajista Boz Burrell para que se uniera al proyecto. El tipo había decidido no volver a una banda de rock tras la primera desaparición de Bad Company, pero allá que fue a ayudar a los colegas. Apenas aguantó la gira. La compañía “sugirió” un colaborador externo y Terry Thomas apareció en escena. Al principio iba a componer con Howe y Ralphs y acabó siendo el productor, el compositor principal y el segundo guitarrista en el estudio. Dangerous age se publicó en el verano de 1988 y, esta vez sí, alcanzó un digno éxito, sobre todo por que tres singles vendieron muy bien: One night y Shake it up se auparon al top 10 y No smoke without fire alcanzó el cuarto lugar. El álbum lo grabaron como cuarteto dotándolo de un sonido más guitarrero, con buenos riffs y arreglos rítmicos, y resulta un gran álbum de rock. Escucha Bad man, Dangerous age (la más blusera), Rock of America (simple y sencilla, con un rollo Bryan Adams inconfundible) y The way that it goes. El éxito comercial (alcanzó el disco de oro) reñía con las vivencias de la banda durante la gira: Brian viajaba solo; Ralphs y Kirke no le soportaban, sobre todo por su “estilo de vida”.

En la gira incluyeron a Larry Oakes como segundo guitarra y teclista (vaya, el tipo ya había tocado con Foreigner, qué casualidad) y Steve Price se encargó del bajo. Ambos acabaron fuera de la banda. Estamos en otra encrucijada: buenas ventas, mal ambiente. Tanto Ralphs como Kirke intentaron que Rodgers volviera al grupo. Ni la compañía se lo permitió (con lo que había costado) ni él puso mucho empeño. No en vano tenía en los juzgados a sus ex-colegas por el uso del nombre de la banda. La solución única era continuar con la máquina y en junio de 1990 salió al mercado Holy water. Y fue su mayor éxito. Alcanzó el millón de copias y colocó tres single en lo más alto: la balada If you needed somebody, Holy water (número uno en los charts roqueros) y la (semi)acústica Boys cry tough. Con Felix Krish al bajo, la ayuda en la producción de Andrew Scarth y Tony Harris y una buena publicidad, se convirtieron en una de las últimas atracciones mediáticas del rock melódico. El disco no carece de recursos: Walk through fire engancha, Stranger stranger suena contundente, Fearless y Dead of the night recuerdan a unos AC/DC melódicos, buenos el estribillo de I don’t care y el tufillo a Lou Gramm en Never too late. Cierra el disco una breve canción acústica cantada por Simon.

Resulta curioso cómo la fama y la fortuna hacen de pegamento en ocasiones. Claro, que todo tiene un límite entre el éxito de ventas y la lucha interna. Howe pensaba que sería su último trabajo en Bad Company. En los créditos agradece a Terry Thomas los dos años juntos y a Mick Jones por darle la oportunidad y animarle (curiosidad: por entonces, ambos, Jones y Thomas, andaban grabando el álbum Unsusual heat bajo el nombre de Foreigner). En estas, Ralphs abandonó su propio grupo argumentando la falta de oportunidades para colar sus composiciones (aunque hubo asuntos familiares por medio), mientras Brian le recriminaba su falta de compromiso y su poca contribución; llegó a decir que el guitarrista vivía muy bien a su costa. Aquella gira la realizaron Howe y Kirke, como único miembro “original”, junto a los guitarristas Geoffrey Whitehorn y Dave Colwell y el propio Krish al bajo. Ralphs lo pensó bien, o solucionó sus problemas personales, y acabó entrando en el final de la gira.

El último esfuerzo en estudio de estos caballeros se llamó (¿irónicamente?) Here comes trouble. Publicado en septiembre de 1992 tuvo ventas más modestas. Aún así, alcanzó el disco de oro y colocó dos singles en listas: How about that (de lo mejor) y la propia Here comes trouble. El trío Kirke-Ralphs-Howe firmó como productores y contaron con Thomas en la composición y como músico de apoyo. Grabaron también Colwell (guitarras) y Krish (bajo). Aunque la línea musical resultó continuista e intentaron esconder sus malos rollos, hay claras diferencias entre las canciones “Howe” y las canciones “Ralphs”. Both feet in the water o Little angel suenan más clásicas, mientras el resto tiene un deje más melódico, con otros buenos momentos en Brokenhearted, de excelente guitarreo, el medio tiempo What about you o Take this town.

La historia no se podía estirar más. Un contrato a punto de finalizar con Atlantic y todo el rencor acumulado a lo largo de estos años, con la desidia de la rutina de las giras, Brian Howe y Bad Company separaron sus caminos. Para cerrar las obligaciones contractuales la compañía publicó What you hear is what you get: the best of Bad Company live. Un digno directo con un reparto equilibrado entre las canciones de los setenta y las de la “nueva” era.

Quizá si se hubieran llamado de otro modo no habría tanta inquina y polémica con estos años en los que Brian Howe estuvo al frente de Bad Company. Puedo afirmar que es lamentable el olvido de esta época por parte del aficionado y los propios componentes del grupo. Sin entrar en comparaciones, que podríamos, como si todo lo parido en los años de Paul Rodgers fuera épico, esta reencarnación de la banda supo mantener la estrella mediática y dejó algunas excelentes canciones y cuatro álbumes de los que sentirse orgulloso (unos más de mi gusto que otros, claro). Si nunca te has arrimado a esta música ya estás tardando.

Savoy Brown – Looking in – 1971

Siempre me resulta curioso, al explorar la historia de una banda, ese momento en el que parece que todo se va a ir al fondo de la alcantarilla más profunda para, en realidad, poco después, resurgir con llameante impulso hacia el estrellato. Y esto, más o menos, sucedió alrededor de este álbum de Savoy Brown. La banda debutó en 1967 con un discreto disco de versiones y al año siguiente con su primer largo de composiciones propias, Getting to the point (1968). Poco a poco fueron conformando la banda, digamos, clásica: Kim Simmonds, jefe supremo, a las guitarras y los teclados, Chris Youlden a la voz principal, Bob Hall al piano, Dave Peverett como guitarrista y cantante, Roger Earl a la percusión y Tony Stevens al bajo. Juntos editaron tres discazos: Blue matter y A step further en 1969 y Raw Sienna en 1970. Si en su Inglaterra natal no tenían mucho éxito, su constante girar por Estados Unidos les convirtió en una de las bandas más significativas y apreciadas del british blues rock. Y justo en ese momento, Youlden y Hall se marchan del grupo. Simmonds y los colegas, sin cortarse un pelo, deciden tirar para adelante como cuarteto, encargándose Peverett de todas las voces y Kim del piano, y marcarse este Lookin in. El álbum vendió mejor que los anteriores ¡salvados de la desgracia! Pero, oh, infortunio, el simpático Simmonds se queda unos meses después sin amigos: Peverett, Earl y Stevens le dejaron tirado para formar Foghat. Algo tendría el muchacho. Para solucionarlo, reclutó a Dave Walker a la voz y robó la línea de flotación de Chicken Shack: Paul Raymond a la guitarra y los teclados, Andy Silvester al bajo y Dave Bidwell a la batería. Editaron dos discos juntos que tuvieron más éxito aún que los anteriores: Street corner talking (1971) y Hellbound train (1972) y tras un pequeño pinchazo con Lion’s share (1972) la banda volvió a romperse (Walker se marchó a Fleetwood Mac). Los siguientes años fueron de progresiva decadencia comercial y numerosos cambios de line-up, con Simmonds como único miembro perpetuo.

Así pues, en mitad de esto, compusieron y grabaron como cuarteto Looking in en los Recorded Sound Studios de Londres, encargándose Simmonds de la producción con Paul Tregurtha y Eric Holand ayudando en los mandos. Curiosamente, mis dos canciones favoritas las firma Stevens. Poor girl es el cuento de una muchacha del campo que tiene una vida licenciosa en la ciudad “every night about the same time she’d go and put her glad rags on/go to the place where eveyone goes to Boogallo all night long” pero la chica se cansa de todo y regresa al campo “the fast life she was living took her as it’s prey/now she’s back in the country getting fatter every day”. Las guitarras de Simmonds y Stevens juegan todo el tiempo con el bajo, dejando dos cambios de ritmo para sendos solos fantásticos. En los ocho minutos y pico de Leavin’ again escuchamos un ejercicio brutal de blues rock donde se demuestra lo importante que eran Earl y Stevens en el “sonido Savoy”, marcando un ritmo pegajoso, con un solo de Stevens incluido. La canción fluye de manera instrumental en la mayoría intercalando solos de guitarra, arreglos rítmicos y efectos. Una historia de huida, de segundas oportunidades “I’m leaving again, help me pack my case”. La caña roquera se mantiene en Looking in, esta ya compuesta por Simmonds con la ayuda de Peverett, y ambos se salen, tanto en la línea vocal como en los guitarrazos que el jefe se marca. La canción sigue un patrón de estrofa-solo-estrofa hasta el final: “if I could get an answer/if someone would give me a clue/I know I’d feel much better/but I can’t find anyone/to put my question on”.

La preciosista Take it easy da el contrapunto relajado con su toque de bar humeante, arrastrando su boogie y creciendo: “if you don’t slow down pretty son/your good days will have passed/so take it easy baby”. Aroma que conserva uno de los cortes más famosos del álbum, Money can’t save your soul, donde un wah-wah y el aroma más oscuro se apodera de la banda; la voz doblada de Peverett a lo largo de todo el corte y el repetitivo piano dan un aire misterioso, casi de la pantanosa Nueva Orleans. La letra, en primera persona, es una súplica del amado despechado a la mujer que le ha abandonado por otro con más dinero: “you’ve got a new man and that’s good for you/ and you got a lot of money/but what good will that do/when he leaves you on the side/and the money falls away”. Entonces, cuando te quedes sin dinero, querrás venir a casa de nuevo, nena, así que “you better leave now/while it’s still ain’t old”. Para qué esperar. El disco se completa con cuatro instrumentales, dos muy breves que hacen de entrada (Gypsy) y salida (Romanoff), un intenso Sunday night, una barbaridad, suave pero a la vez salvaje, como un cuchillo acariciando tu espalda, y Sitting an’thinking, más alegre, con un deje country y un buen slide.

Savoy Brown supieron mezclar esa base de british blues rock con salidas hard y mucha mezcla, añadiendo ritmos o arreglos derivados del soul, el funk e, incluso, el jazz. Sus canciones enredaban los riffs aguerridos con ritmos muy percusivos, brillantes solos y letras sencillas. Acústicas, piano, bottleneck, lo que hiciera falta para engrandecer la canción. La fantástica presentación corrió a cargo de Jim Baikie y David Anstey. La portada, como se observa en las fotos, es doble, con dos calavéricos dibujos diferentes en portada y contraportada. Un lujazo de disco.