Clon Zeppelin: los imitadores de Led Zeppelin

¿Qué mejor homenaje que un tatuaje?

Led Zeppelin son la banda referente universal del hard rock. No digo los mejores, no digo los más. Digo “la banda referencia cuando uno define el hard rock”. Un amigo cercano dice que The Beatles son los Led Zeppelin del pop. Y ¡qué curioso! han sido acusados de numerosos plagios, copias e imitaciones. Algunos confirmados en los tribunales y otros arreglados en acuerdos entre las partes. Pero, ¿quién está libre de plagio? Yo no. Robert Plant llamaba a David Coverdale “David Cover” por su costumbre de “copiar” sus canciones. En cualquier caso, aprender de los mejores, extraer su esencia, desbordar tu imaginación sobre esas bases y crear tu propio estilo es el mantra ideal de cualquier músico. Y si no puedes, o no te sale: ¿qué pasa por copiar un poco al maestro? Y, vaya, a veces se nos va la mano con la copia, el productor se despista y la compañía piensa “esto lo vendemos fácil” y nos encontramos canciones, discos o artistas que acaban sonando exactamente igual que el maestro. Y hoy rescatamos algunos discos que, podríamos decir, hunden con fuerza sus raíces en la tierra fértil de Led Zeppelin.

Al respecto, en 1989, Gary Moore compuso para su disco After the war la canción Led clones, que cantó con Ozzy Osbourne, mosqueado por esa falta de carácter de las bandas jóvenes y, en especial, por el mega éxito del debut de Kingdom Come (del que luego hablamos): “You’ve stolen from the houses of the holy/You’ve rolled into the kingdom of the sain”.

No son todas, ni pretendemos hacer un “best of” ni nada por el estilo, pero sí traemos a nuestros copistas favoritos: en el estilo medieval, aquellos que escribían una y otra vez las obras de Aristóteles o Platón, dejando su propia marca en cada copia, modificando un poco las frases y los significados para que, en el conjunto, nada cambiara.

Y, como siempre, dale al play...

Wolfmother – Wolfmother (2005)

El estilo vocal de Andew Sockdale hace imposible separar su arte del original, por mucho que, en ocasiones, nada tiene que ver la composición. Sin embargo, se aprovecha un poco de ese parecido en cortes como Woman, Joker and the thief o Mind’s eye (qué buen Hammond, por cierto).

Greta Van Fleet – Anthem of the peaceful army (2018)

Los hermanos Kiszka han sido los últimos en subirse al carro. Con muy buen gusto y ciertos personalismos que se agradecen, por supuesto. La esencia está ahí: The cold wind, When the curtain falls, Lover/leaver o Mountain of the sun. Esa batería y esa voz… Qué buen disco.

Great White – Hooked (1991)

Igual nos valdría el siguiente, Psycho City (1992), aunque este juega en la producción con los sonidos de la época. Los tiburones evolucionaron del heavy rock de sus inicios hacia un hard rock que, en la voz de Jack Russell, acabó recordando enormemente a Ledzep. Grabaron incluso un disco de versiones en 1998 al que titularon Great Zeppelin. En este Hooked (enorme álbum) suenan a los maestros en Call it rock and roll, Congo Square o Desert moon.

Jet – Get born (2003)

Un disco debut demasiado bueno. Se han llevado muchos palos por los claros homenajes a bandas como The Beatles, Iggy Pop o Led Zeppelin. Cuando roquean, quién mejor que Page y compañía: Last chance, Get me outta here, Cold hard bitch o su mega single Are you gonna be my girl, una mezcla de Black dog (Led Zeppelin) y Lust for life (Iggy Pop). El disco funciona muy bien y merece una escucha con los altavoces bien altos.

Kingdom Come – Kingdom Come (1988)

Los responsables de esta colección. Su álbum debut consiguió que muchas personas llamara a las radios de la época preguntando si era un regreso de “los zeppelin”. Seguramente, el mejor disco homenaje de esta lista. Desde la inicial Living out of touch, pasando por el single Get it on o la balada What love can be. Consiguieron fama y fortuna y un año después se quitaron la mortaja zeppeliana en un enorme álbum de hard rock titulado In your face.

The White Stripes – White blood cells (2001)

Jack White es el hijo bastardo de Robert Plan y Jimmy Page. No hay otra. A lo largo de su carrera ha rebozado y recreado como nadie su garganta y su guitarra por el catálogo Ledzep, fabricando un inventario personal como pocos en este siglo. Pero, quizá, en White blood cells es más clara su adoración zeppeliana. Canciones como Dead leaves and the dirty ground, Fell in love with a girl o I’m finding it harder to be a gentleman narran esas raíces.

Black Mountain – In the future (2008)

Si en su debut se dejaban arrastrar a las profundidades de la psicodelia y dejaban ese poso hard rock un poco al libre albedrío, en su segundo largo abren con un tema tan Ledzep que asusta, a pesar de esa producción stoner: Stormy high, Angels, la espacial Wucan o Stay free (puro Ledzep III) . Las épicas Tyrant o Bright lights (con sus más de dieciseis minutos) suben un escalón el nivel general del álbum.

Rival Sons – Pressure & time (2011)

La actitud y la técnica vocal de Jay Buchannan hace que muchas canciones de la banda se emparejen con Ledzep, aunque las estructuras a veces no tengan similitud. Sin embargo, este disco, más que ninguno, encaja en esta selección. Escucha Pressure and time, Gypsy heart, Only one, Get mine o All over the road. Canela fina esta gente.

Y si quieres más clonación, dale a la playlist que te proponemos. Hay muchas sorpresas: grupos que se deslizaron con algunos riffs, algunos estribillos o, vaya, algunas historias muy zeppelianas.

Canciones para el recuerdo: los que se han ido.

Estos últimos meses muchos hemos sufrido pérdidas y llorado amargamente. El dolor, la distancia, la impotencia. Siempre la muerte es un clavo que se pega en lo más sensible de nosotros. Y sangramos. A veces toda la vida. Hoy hemos querido recoger algunas canciones que rememoran esa pérdida, el momento del adiós, la necesidad del reencuentro o, simplemente, traen un trozo de pena y lo comparten con los demás.

Excelentes canciones tristes. Como siempre, dale al play.

Dream Theater – Take away my pain

John Petrucci, guitarrista de la banda, compuso esta canción en memoria de su padre: “You can take away my heroes/Can you take away my pain/Take away my pain/Leave the cold outside”. Las horas de espera junto a la cama, el desenlace lento e inevitable, las últimas palabras. Aparece en Falling into infinity (1999).

Duff McKagan’s Loaded – Mother’s day

Sobre otra muerte repentina, Duff habla en esta canción: “Monday, I saw you smile/And then Tuesday/We talked awhile/By Wednesday something’s wrong/By weekend, you were gone”. Tiene un rollo muy Lou Reed, por cierto. Aparece en Sick (2009).

Iron Maiden – Blood brothers

Una reflexión de Steve Harris sobre el recuerdo de su padre y lo que significa en su vida: “And in the river reflections of me/Just for a second a glimpse of my father I see/And in a movement he beckons to me/And in a moment the memories are all that remain/And all the wounds are reopening again”. La influencia de nuestros antecesores en nuestro mundo, incluso cuando ya no están. Una de las mejores canciones del Brave new world del año 2000.

Metallica – Mama said

Pero no siempre esos recuerdos son buenos. James Hetfield, cantante y guitarrista, comparte la difícil relación con su madre, quien murió cuando él tenía 16 años, y el arrepentimiento años después. Se marchó de casa joven, huyendo “Never I ask of you/But never I gave/But you gave me your emptiness/that I’ll take to my grave”. Confiesa, ya adulto, “I need your arms to welcome me/But, a cold stone’s all I see”. Single del álbum Load (1996).

John Lennon – Mother

John Lennon compuso varias canciones sobre la relación con su madre, fallecida tras un atropello cuando él aún tenía 17 años. En esta, lamenta “Mother, you had me/but I never had you/I wanted you/You didn’t want me”. La tristeza, la soledad y la desesperación: “Mamma, don’t go/ Daddy come home”. Formó parte del álbum Joh Lennon/Plastic Ono Band (1970).

Bob Dylan – Roll on John

Y la pena de un amigo cantando a otro amigo: Dylan compuso en memoria de John Lennon esta canción “He turned around and he slowly walked away/They shot him in the back and down he went”. El dolor de la pérdida repentina ” you’re about to breathe your last/Lord, you know how hard that it can be” y de la larga recuperación “You burned so bright/Roll on, John”. Lo curioso es, a pesar del dolor, que no fueron amigos al uso; apenas se vieron en vida y la canción se grabó y editó treinta años después de la muerte de Lennon, para el álbum Tempest (2012)

Poison – Something to believe in

La amistad, a veces, crea lazos tan profundos que no pueden romperse tras la muerte. Bret Michaels, cantante, desahoga su pena por la pérdida de una amigo y compañero de trabajo, que se quitó la vida “My best friend died a lonely man/In some Palm Springs hotel room”. Aunque no logra entenderlo (“You take the high road/And I’ll take the low road”) y siente la soledad, en el fondo tiene un mensaje de esperanza, porque el sacrificio le da algo en lo que creer para seguir. Preciosa balada del Flesh & blood de 1990.

Pearl Jam – Light years

Eddie Vedder, cantante, y Mike McCready, guitarrista, compusieron esta canción de queja y, en cierto modo, súplica por el fallecimiento de una amiga común de manera inesperada: “I’ve understood feelings/And I’ve understood words/But how could you be taken away”. Porque “We were but stones/Your light made us stars”. Parte de Binaural (2000).

Journey – When I think of you

Steve Perry, cantante, compuso esta canción sobre la pérdida y el recuerdo, que vale igual para un hermano o una amiga o un viejo amor: “I try to forget the night that you left/It’s all so unreal, with you gone”. Por un lado, quiero olvidar aquel día, pero, por otro, cada vez que pienso en ti vuelvo a sentirte cerca, a revivir los buenos momentos: “And I see your face/Young and so free, smiling at me/In your eyes I walk without fear/We’re together again”. Aparece en Trial by fire (1996).

Steelheart – Mama don´t you cry

Michael Matijevic, cantante de la banda, se pregunta si será capaz de seguir adelante solo: “I fight the tears since you’ve been gone/And I stand in fear, can I make it on my own/Without your love to guide me through my life”. Precioso piano, hermosa melodía. “Oh I tried so hard but I could never say goodbye/You’ll always be in my heart, oh Mama don’t you cry”. Apareció en el álbum Tangled in rains (1992).

Manic Street Preachers – Ocean spray

A veces uno se aferra a un recuerdo, a un momento muy concreto: “Oh please stay awake/And then we can drink some Ocean Spray”. Compuesta por James Dean Bradfield recordando las semanas en que su madre permaneció ingresada en el hospital hasta morir a consecuencia de un cáncer. Cada día le llevaba un zumo que se llamaba Ocena Spray. Fue single del álbum Know your enemy (2001).

Eric Clapton – Tears in heaven

Dicen que no hay una pérdida tan dolorosa como la de un hijo. Que lo natural es ver morir a tus mayores, no a tus menores. La desgraciada muerte de Connor, hijo de Eric Clapton, acabó inspirando esta sentida balada “Would you hold my hand/If I saw you in heaven?/Would you help me stand/If I saw you in heaven?”. No hay mucha esperanza en las palabras de Clapton: “I must be strong and carry on/’Cause I know I don’t belong here in heaven”. Apareció por primera vez como parte de la banda sonora de Rush en 1992.

Barclays James Harvest – Back to earth

Y es que, a veces, simplemente, no se puede o no se quiere “superar” la pérdida y uno espera, sin más, un (imposible) reencuentro: “I’ve been so sad since you went away/I’ve been so lost without you/I wanted to be there/I wanted to hold on and tell you/How much, how much I loved you”. A veces, todo se resume en cosas muy simples: “I wanted to hold on and tell you/How much, how much I loved you”. Del álbum Caught in the light (1993).

Nunca tendrían que desaparecer de nuestra vida las personas que nos aman…

Lo mejor de Barricada… De la okupación al blanco y negro.

Recordamos el ascenso comercial de Barricada entre la publicación del álbum No hay tregua en 1986 (vendió, por entonces, algo más de 10.000 copias) y la consecución en 1991 del disco de platino con Por instinto (más de 100.000 copias) . ¿Qué pasó aquellos cinco años para que cuatro tipos de un barrio de Pamplona se convirtieran en la banda de rock más importante del país? Los mismos músicos que cantaban para un puñado de adeptos Okupación cantaban para miles de personas En blanco y negro, tras tres discos de estudio y un doble directo. Todos estos años, Barricada fueron: Enrique Villarreal, “El Drogas”, al bajo y la voz; Alfredo Piedrafita a la guitarra y la voz; Javier Hernández, “Boni”, a la guitarra y la voz; Fernando Coronado, a la batería.

En 1986, tras grabar, con Rosendo en la producción, su No hay tregua, la compañía RCA y la banda decidieron romper su contrato. Numerosas polémicas con el contenido de las canciones, intentos de censura, mala distribución, entre otros, hicieron que la relación no saliera adelante. Y ficharon por Polygram: una multinacional apostando por una banda de barrio con letras críticas con el sistema social y político, pero no tan descaradas ni tan explícitas como para dar miedo o no tener un buen nicho de mercado. Tuvieron ojo. Les mandaron a grabar a Ibiza, a los estudios Mediterráneo, lo más en tecnología. Allí ocurrieron dos cosas que serían fundamentales en los años de camino al éxito: medios y Dennis Herman. Tuvieron los medios para desarrollar su trabajo, en forma de tiempo y tecnología; por primera vez grababan en un estudio disponible 24 horas con toda clase de ayudas para sonar bien, y eso permitió a la banda, sobre todo a Enrique y a Alfredo, los más curiosos, experimentar y adornar las canciones. En segundo lugar, conocieron a Dennis Herman, ingeniero del estudio, que ya en esta grabación, junto a Rosendo, no lo olvidemos, pulió el sonido de la banda, dotando de una personalidad a las canciones que antes no acababan de tener. Así se editó No sé qué hacer contigo: el sonido limpio y preciso de las canciones, con un aire pop rock, la portada sobria, la introducción de temáticas más personales que sociales, sin olvidar el factor protesta, convirtió a Barricada en los niños nuevos del rock. Aunque no gustó a la parroquia habitual, consiguió abrirles muchas puertas, alcanzar escenarios antes vetados y salir en la televisión, vender más y ganar algo de dinero. Las canciones juegan con su rock urbano habitual, aún con dejes punk, claras en Todos mirando, Una lata de gasolina o De refilón, y comienzan a sonar influencias más amplias, como el toque “rolling” de No sé qué hacer contigo, los arreglos anglosajones, incluyendo una estupenda acústica, de En la esquina del zorro, el tufillo new age del bajo y la voz de Con el izquierdo o los ramalazos metaleros de Tentando a la suerte o A toda velocidad (ese bombo). Buscan, prueban.

Las buenas ventas les permiten volver a los estudios Mediterráneo, con más tiempo y Denis Hermann al mando de la producción, junto a los propios Barri. Lo que había empezado de manera tímida, se convierte en una vorágine de experimentación, pruebas y regrabaciones, nada hay prohibido. Las temáticas de las letras también se amplían: hablan de la violencia de género en Obsesión, de prostitución en Abrir y cerrar, del SIDA en Tiempos que arden, del genocidio en La hora del carnaval, de la (in)justicia (cada vez más lenta) en El último vagón, del (ab)uso de armas en Cuidado con el perro o de tauromaquia en Rojo. La paleta sónica se abre con mucha influencia anglosajona, nada del viejo aroma barriobajero, excelente trabajo de guitarras (hasta seis suenan en algunos cortes) y algunos aciertos melódicos brillantes, como Bajo control, Animal caliente o Esta noche. El álbum, titulado Rojo, se editará con una portada curiosa: la palabra “rojo” ocupando todo el espacio y la sombra de un toro en ella, con un matiz sangriento. Y consiguieron el éxito. Duplicaron las ventas, el merchandising de la banda empezó a generar beneficios y los escenarios crecieron; cada vez se encontraban más chavales con camisetas de la banda, cada vez más gente abarrotando los conciertos.

En febrero de 1989 entran de nuevo a los Estudios Mediterráneo con Dennis Herman casi como quinto miembro. Componen, arreglan y tocan su disco de sonido más americano, con una producción excelente y variada, con arreglos de teclado y hasta un coro femenino. Las drogas cobran protagonismo en Dentro del espejo y Tan fácil, hablan de la guerra en Invitación a la pesadilla (obligada), se vuelven oscuros en General (sobre las dictaduras, en concreto la del paraguayo Stroessner), hacen un homenaje a sus fans en Pasión por el ruido y retoman el rollo rocanrolero en Yo soy quien tú necesitas esta noche. Para la portada escogen una foto hecha en un paseo por la isla y, como es habitual, el título coincide con el de una canción: Pasión por el ruido supera las ventas del anterior (rozan el disco de oro), vuelven a la primera línea de los medios, graban su primer videoclip oficial para Correr a ciegas y llenan casi cualquier recinto (en verano tocan en campos de fútbol y grandes espacios al aire libre).

Pero la cara b del éxito comienza a hacerles daño: más dinero, más fiesta. Aumenta la dependencia de la cocaína y el speed, provocando que las relaciones sean difíciles, que los conciertos a veces se hagan cuesta arriba y que vivan más pendientes de la fiesta que de lo artístico. El Drogas cuenta una anécdota de la época: retó a cuchillo a un directivo de la compañía por censurarles una canción. En ese mundo vivían. La gira se retoma a final de año para grabar el primer directo de la banda. Con esa idea ensayan a mediados de diciembre en Donosti y llenan dos noches el Palacio de los Deportes de Madrid y una el Palau de Esports de Barcelona. En total, noventa canciones, de las que seleccionaron veinticinco para mezclarlas en el mes de enero en Madrid, apareciendo veintitrés en una obra que se llamó Doble directo, en audio y vídeo, pero que en la portada se dejó únicamente el nombre de la banda. Rápidamente se convirtió en disco de oro, en un icono del rock nacional, el disco que les dio el empujón definitivo.

Y eso lleva al final de esta historia y al comienzo del éxito multitudinario de Barricada. Por instinto (1991) fue el mayor reto compositivo y musical del grupo, la oportunidad que supieron aprovechar, gracias, sobre todo, a la canción Blanco y negro, que llegó a sonar insistentemente en las radiofórmulas y se convirtió en un indispensable de las madrugadas fiesteras. Se marcharon mes y medio a un estudio en medio de Las Landas francesas, Du Manoir, ya sin Hermann; ellos se encargaron de la producción con la ayuda de otro ingeniero/productor que volverá a ayudarles en el futuro, Laurent Lozahic. Pero esto, como dicen por ahí, es otro cuento que ya contaremos.

Y, como de costumbre, aquí tenéis una pequeña selección musical.

Band of brothers (2): hermanos del rock

Un repaso a la curiosa relación de hermanos musicales a lo largo de la larga Historia del Rock.

Los Robinson

Muy populares últimamente por su (aparente) reencuentro y vuelta a los escenarios, Chris (el mayor) y Rich Robinson formaron a mitad de los ochenta una banda que acabó debutando en 1990 con el álbum Shake your money maker bajo el nombre de The Black Crowes. Uno de los últimas clásicos. A lo largo de poco más de una década consiguieron dinero, fama y muchas aventuras. Tras siete discos de estudio, con el nuevo siglo, decidieron dejar de aguantarse y vivir otras historias. Rich grabó en solitario, se enroló en Bad Company una temporada y formó The Magpie Salute. Chris, por su parte, grabó en solitario (The magnificient distance), formó Chris Robinson Brotherhood y acabó haciendo versiones de sí mismo con As the Crow Flies. Una primera reunión en 2005, otra en 2010 y una tercera en el 2019. Se quieren y se odian, pero lo cierto es que juntos han logrado más éxito y dinero que por separado. Igual por eso están condenados a entenderse. Larga vida a las reuniones navideñas de los hermanos Robinson.

Las Wilson

Pocas historias tan épicas en la formación y el éxito de una banda como la de estas hermanas. Ann y Nancy han compuesto y grabado todos los discos de Heart desde el debut de 1975, titulado Dreamboat Annie, hasta el último Beautiful broken (2016). Sus primeros pasos fueron tortuosos: emparejadas con los hermanos Fisher (Mike, batería, y Roger, guitarrista), acabaron exiliadas en Vancouver, Canadá. Desde allí comenzaron a tocar en locales diversos hasta que Mike Flicker y Howard Leese grabaron su primera maqueta. Al poco tenían un disco, una llave que abrió las puertas del mercado estadounidense. En un año pasaron de malvivir de sus conciertos a tener un número 3 en las listas de singles y despachar un millón de copias de su debut. Flicker produjo sus cinco primeros discos y Leese se convirtió en miembro del grupo durante más de veinte años. Desde aquel debut, han grabado dieciseis largos juntas que han sido éxito de ventas en los setenta, los ochenta y los noventa. Hasta en el Rock and Roll Hall of Fame las adoran. Nancy se casó con el cineasta Cameron Crow y colaboró en la composición musical de algunos de sus films (Almost famous, Jerry Maguire); se aficionó al cine y fue habitual de bandas sonoras a finales de los noventa (Vanilla Sky, Elisabethtown). Ann, por su parte, sufrió muchos problemas de alimentación y sus vicios con la cocaína y el alcohol arrastraron buena parte de su vida, que se tornó inestable. Más allá de Heart, editó dos discos en solitario (Hope & glory, 2007; Immortal, 2018). Las dos hermanas tuvieron una banda paralela llamada The Lovemongers: grabaron para la banda sonora de Singles y editaron el álbum Whirlygig. Debaneos a parte, escucha su arte en Little queen (1977), Heart (1985) o Brigade (1990), por escoger uno de cada época.

Los Hawkins

Otra pareja de hermanos condenada a entenderse. Juntos formaron The Darkness a comienzos del milenio: Justin se encargaba de la voz principal y de las guitarras y Dan le acompañaba a las voces y como guitarrista de apoyo. Su ascensión fue meteórica: en 2003 publicaban su debut (Permission to land) y se hicieron de platino, los chicos de moda, con más de un millón de discos vendidos en el Reino Unido. Giras y un segundo largo (One way ticket to hell… and back, 2005) que pudo catapultarles a lo más alto del Olimpo roquero. Pero Justin no podía más, dejó la banda y se esforzó en limpiarse de su dependencia, cocaína y alcohol principalmente. Sin su genio compositivo, ni la voz, Dan montó Stone Gods con el resto de los miembros de The Darkness, editaron un disco (Silver spoons & broken bones, 2008) y estuvieron de gira, pero no consiguieron dar el salto. Por su parte, Justin, ya rehabilitado, lo intentó por su cuenta con Hot Legs, editó un álbum (Red light fever, 2008), con cierto éxito, pero, igual que su hermano, acabó cerrando el quiosco. Así, en 2011 decidieron probar suerte juntos girando ese verano; el asunto funcionó y, hasta hoy, han editado cuatro discos más, siguen girando y, parece, limpios y amistosos.

Magnum – On a storyteller´s night – 1985

Todas las bandas alcanzan el punto de implosión en algún momento de su carrera, tanto si logran el éxito como si se mantienen inmersas en el fracaso. Cuando Magnum acabó su actuación en el festival de Reading en 1983 estaban acabados. Su contrato con Jet Records había sido un infierno; ninguno de los cuatro discos grabados se publicó a tiempo (hasta dos años pasaron en el cajón) o recibió publicidad. La propia banda se ofreció a pagar por publicarlos. Sin mucha perspectiva, decidieron tomarse unas vacaciones. El teclista Mark Stanway se enroló en la banda de Phil Lynott, el batería Kex Gorin probó suerte con Robin George, el cantante Bob Catley se ofreció como frontman a barias bandas y el guitarrista y compositor principal Tony Clarkin enfermó seriamente y pasó varias veces por el hospital. No había mucho futuro.

Pero la luz apareció: Jet Records canceló, visto lo visto, el contrato. Eran libres. Catley llamó al bajista Wally Lowe para hacer algo juntos y, tras deliverar, se juntaron con Clarkin para montar una nueva banda. Al final, decidieron retomar Magnum, llamar a su colega Stanway al barco de nuevo y reclutar al batería Jim Simpson. Sin compañía, sin dinero, sin canciones. Pero la luz volvió a aparecer: la independiente FM/Revolver puso el dinero encima de la mesa y en pocas semanas estaban dispuestos a meterse en el estudio Abbatoir, de su Birmingham natal, con Kit Woolven (Thin Lizzy, David Gilmour). Y la luz se apareció por tercera y última vez cuando el álbum, publicado en mayo de 1985, alcanzó el puesto 22 en ventas y les proporcionó su primer disco de oro. Antes de acabar el año tenían un generoso contrato con Polydor y un proyecto con Roger Taylor (Queen) a la producción. Pero eso será contado en otro momento.

Este salto, sin duda, nació en la fe y la calidad de Tony Clarkin como compositor. Su estilo se cimenta en melodías con gancho, pomposas incluso, con acertados arreglos y letras de mensaje sencillo. En los primeros ochenta, pasó del rock de corte más progresivo de sus primeras obras a una mezcla de AOR y soft rock. El gran trabajo de On a storyteller´s night gira alrededor de la fantástica interpretación vocal de Bob Catley sobre la guitarra efectiva de Clarkin y los excelentes teclados de Stanway.

El álbum comienza con la intensidad de How far Jerusalem, un corte que habla de las víctimas de un mundo roto a las que nadie escucha, gente que ha sido abandonada, que vaga sin consuelo o que se ha perdido: “there is no charity from where they come/there´s nothing left to be”. Una historia que se repite a lo largo del tiempo: “they are the victims of the night/ride against the wind born to lose the fight”. La música recrea esta desesperación con una larga intro de teclados, una voz distorsionada y un juego de tensión entre estrofas y estribillo. El primer single y vídeo fue Just like an arrow, quizá la composición más pensada para el oyente medio, de melodía agradable, muy roquera, un estribillo directo y un riff de guitarra reconocible. Básicamente, una confesión de amor eterno en cualquier circunstancia: “it goes deep my love only for you/just like an arrow”. El teclado, sobre todo en la parte central, marca también la canción. El vídeo (en parte) se grabó en España e incluye una plaza de toros y el desierto de Almería.

El segundo single incluyó los dos siguientes cortes del disco. On a storyteller´s night es una canción sobre pesadillas y los cuentos que compartimos. Puede interpretarse como un simple encuentro de amigos charlando y contando historias que acaban con miedos nocturnos, pero también como un aviso a las consecuencias de las cosas que contamos, cómo nos dejan sin dormir por las noches: “keep your night light burning/i´ll come through wind and rain”. Tiene un ambiente misterioso, con un piano y los sintetizadores subiendo y bajando a lo largo de la canción, imitando el viento en la noche, y un estribillo poderoso. Before first light hizo de contrapeso a ese single, más roquera, con su riff cortado y el protagonismo de la batería en la mezcla. La estructura se convirtió en recurrente en las composiciones de Clarkin: una intro y una estrofa roquera, un estribillo o un parte central pausada, un solo de guitarra y vuelta a comenzar, en este caso repitiendo incluso la letra.

En un disco lleno de clásicos del directo de Magnum aparece una de sus canciones más interpretadas, una de las más intensas de su discografía. Les morts dansant habla del momento exacto de la muerte: “what a night for the dancing dead/what a night to be called to heaven”. Se conduce con una épica cinematográfica mediante imágenes impactantes y arreglos alrededor de una melodía sencilla, como un canon medieval, simulando esa danza que se avisa en el título. La guitarra aparece discretamente en la primera parte para tomar protagonismo al final, igual que la batería. No solo la composición es excelente, si no que la producción convierte estos cinco minutos en épicos. Tras tanta intensidad, Endless love tiene una producción muy eighties, con una excelente interpretación de Lowe y una línea y unos arreglos de sinte que marcan el sonido junto a la guitarra. Parece un tema menor más cuando de seguido aparece Two hearts, otra joya del álbum con un adictivo estribillo “good love/forsaken/two hearts/one breaking”. Canto desesperado del que llama y busca sin obtener respuesta.

El álbum encierra aún otra joya: Steal your heart. Qué sencillo parece componer como Clarkin pero qué espectáculo. Una melodía y una letra encadenadas a unos instrumentos armonizados con elegancia para llegar a un estribillo breve y pegadizo. En el fondo, hubiera sido otro single de escucha amable en la radio, sin estridencias, y con quizá el mejor solo del disco. Tony siempre ha sido un guitarrista eficiente aunque nada espectacular. Esa sencillez aparece de nuevo en All England´s eyes, donde el teclado y los cambios de batería marcan el devenir de la canción. Quizá de las mejores interpretaciones de Catley también; estupenda esa parte de voces dobladas sobre la batería. Y que no falte una balada de piano, sentida. The last dance por momentos me recuerda a Meatloaf en la forma de acompañar la voz, los adornos, la melodía. La canción va in crescendo, “they walk past still no one has asked/feeling much older the evening has crashed”, se añade un arreglo de (falsos) violines “another lonely night is one too much”. Un final desesperado.

La portada merece una mención especial. La dibujó Rodney Matthews, artista gráfico dedicado a la ciencia ficción y la fantasía, colaborador habitual de Magnum desde Chase the dragon (1982) hasta el día de hoy. También ha realizado portadas y posters para Asia, Diamond Head, Nazareth o Praying Mantis. La idea del contador de historias que es la base de Magnum: ellos, siempre, quieren ser el trovador que te engancha y que no te puedes quitar de la cabeza.

Ignoro si debe considerarse el mejor disco de Magnum, lo que sería mucho decir. Lo cierto es que merece, como la banda en realidad, el mérito y el valor de otros discos que vendieron más y tienen peores composiciones y menos arte que On a storyteller´s night. Treinta y cinco años después suena tan alentador y épico como sonó entonces.

Algunos discos que sigo escuchando: hard rock 70s.

De vez en cuando rescatamos discos que, por una u otra razón, han quedado en el olvido del mass media roquero de manera inmerecida. A veces discos recientes, que insisten en seguir dando vueltas en los reproductores analógicos y digitales, a veces viejas glorias, a la altura de sus colegas más famosos.

En esta ocasión repasamos cinco discos de hard rock (y aledaños) distintos entre sí, tanto por sonoridad como por origen e influencias, pero con el común denominador de ser grandes obras injustamente olvidadas.

Como siempre, dale al play.

Moxy – Moxy – 1975

Tan solo por la inicial Fantasy este disco ya merece la pena: poder y melodía de la mano con unas guitarras perfectas. Moxy editaron un álbum de hard rock crudo con cuidados cambios y armonías. El debut de estos canadienses se grabó en apenas dos semanas con la producción de Mark Smith (Bachman-Turner Overdrive). Mientras estaban en el estudio, recibieron la visita de Tommy Bolin, que grababa su álbum Teaser justo al lado. El guitarrista colaboró con la banda, metiendo varios solos y algunas partes más de guitarra. El disco salió en Canadá ese verano y en Estados Unidos unos meses más tarde, cuando ya estaban en plena promoción de su segundo largo: el disco tuvo cierto éxito tardío en Texas y eso posibilitó que se editara en Estados Unidos; aún hoy suele escucharse en las radios “clásicas” de aquel estado. Por cierto, ese Moxy II (1975) también merece la pena. No dejes de pinchar Can’t you see I’m a star (con un rollo Grand Funk), Out of the darkness, Train, Sail on sail away (con ese inicio acústico) y Moon rider (casi parecen Black Sabbath). Buzz Sherman a la voz, Eric Johnson a la guitarra, Terry Juric al bajo y Bill Wade a la batería.

Buffalo – Volcanic rock – 1973

De estos australianos dicen que crearon el stoner rock. Ignoro si la magnitud de esto es cierto, pero escucho a Kyuss o los primeros Soundgarden sin ningún esfuerzo. Este disco suena como un bulldozer haciendo ballet: guitarras gruesas distorsionadas, batería poderosa con los platillos y el bombo a tope, un bajista que marca unas excelentes líneas haciendo puente entre batería y guitarra y un cantante agresivo que no se olvida de manejar con lujo las melodías. A veces se acercan al sonido más heavy de la época, otras se escurren a tonalidades más hard, e, incluso, cierto aire psicodélico por momentos (los nueve minutos de Freedom). Se grabó en directo en el estudio (retocando voces y algunas guitarras después). A destacar los seis cortes del disco, pero, sobre todo, el final con la dupla Pound of flesh/Shylock (inspirada en la obra El mercader de Venecia), donde claramente suenan los primeros Iron Maiden unos años antes de su debut, y la inicial Sunrise (come my way). Dave Tice canta, Jimmy Economou toca la batería, Peter Wells el bajo y John Baxter las guitarras. Ojo a la portada, que fue polémica: un individuo desnudo sosteniendo una piedra falo entre sus manos en el cráter de un volcán. Por cierto, Peter Wells formó Rose Tattoo al acabar la aventura de Buffalo.

Head East – Head East – 1978

Cuarto largo de estos roqueros de Illinois, contiene su single de mayor éxito: una cover del Since you been gone de Russ Ballard. A la voz John Schlitt (quien formara años después la banda de rock cristiano Petra), a la guitarra Mike Somerville, al bajo Dam Bimey, a la batería Steve Huston y al teclado Roger Boyd, alma y miembro eterno de esta banda. Hard rock melódico con aires AOR muy bien facturado, grandes estribillos con armonías vocales y un juego guitarra-teclado elegante y potente a la vez, apoyados en el ruidoso bajo de Bimey. A destacar: Open up the door (con Somerville y Boyd intercambiando solos), el riff de Man I wanna be, los coros de Nothing to lose, la intensidad de Pictures y sus guitarras dobladas y la final Elijah, con su toque épico y el mejor guitarreo del álbum.

Redbone – Wovoka – 1973

El concepto de la banda ya es sorprendente: nativos americanos haciendo hard rock. En este Wovoka participaron Lolly Vegas, guitarrista y cantante principal, su hermano Pat Vegas, bajista y cantante Bellamy, guitarra y piano, y Peter DePoe y Butch Rillera a las baterías. Tuvo mucho éxito a ambos lados del Atlántico. El single We were all wounded at wounded knee alcanzó el número uno de ventas en Holanda y Bélgica y vendió bien en Europa, pero fue censurado en Estados Unidos: no les venía bien una crítica sobre cómo trataban a los “nativos americanos”, total, por quejarse de ser masacrados por la caballería y encerrados en reservas. El siguiente single, Come and get your love, mantuvo el tipo alcanzando el top 5 en Estados Unidos; formó parte de la banda sonora de Guardianes de la Galaxia y Mensajero del futuro (The postman).El grupo, de manera continuada, dejó la agresividad de sus primeros años, los desarrollos más largos y complejos, por una cómoda comercialidad, con ritmos marcados, líneas melódicas algo melifluas, algún ramalazo nativo y buen apoyo instrumental. La inicial Wovoka o la final 23RD and man resultan las más fieles a su estilo primitivo, con toques funk.

The Groundhogs – Who will save the world? – 1972

Publicado en 1972 con un envoltorio en formato cómic, presenta a los miembros del grupo como una especie de superhéroes que luchan contra los males del mundo, no sé si te suenan: la polución, las locuras de políticos y fanáticos religiosos y la sobrepoblación. Cada músico se transforma en un alter ego poderoso y se encarga de un demonio a lo largo del cómic y de las letras del álbum. La portada la dibujó Neal Adams y la producción corrió a cargo de Tony McPhe, cantante guitarrista y principal compositor, con la ayuda de un tal Martin Birch. Peter Cruikshank al bajo y Ken Pultesnik a la batería completan el trío; juntos editaron otras dos barbaridades: Thank Christ for the bomb (1970) y Split (1971). Ocho pelotazos de crudo y salvaje blues rock con geniales guitarrazos en Body in mind y The grey maze, gran reflexión en Music is the food of thought, la rudeza de Bog roll blues y la mística mezcla de ritmo y acústicas en Death of the sun.

Stone the Crows – Teenage licks (1971)

Uno de esos grupos de blues rock que coquetearon con los sonidos más rudos del cambio de década, esta vez desde Escocia y con la impresionante voz de Maggie Bell como joya. La interesante y algo desesperada historia de esta mujer te la cuenta nuestra colega Marta en su blog. La banda, tras dos discos en apenas unos meses, con Maggie, el guitarrista Leslie Harvey y el batería Collen Allen, se encontraron en busca de dos suplentes para James Dewar, que se fugó con Robin Trower, y John McGinnis, quien se retiró a dar clases harto del vagabundeo musical. Reclutaron, así, a Steve Thompson para tocar el bajo y a Ronnie Leahy para el Hammond y el piano. No te pierdas el gran bajo y la enorme guitarra en Big Jim Salter, las voces y el piano de Faces, el blues lento de Don’t think twice (versión de Dylan), el hard rock de Keep on rollin´ y el rock de Mr Wizard al estilo de Rod Stewart, otro famoso escocés, o las fantásticas One five eight y I may be right I may be wrong.

Y, como de costumbre, por aquí os dejo una pequeña selección.

Elvis Presley en diez versiones

El rey blanco del rock, el hombre que cambió para siempre la música popular, uno de los iconos del pasado siglo XX. Y aquí rebuscamos entre sus cientos de canciones y las miles de versiones tan solo diez. De diez grupos o artistas que quisieron homenajear su legado, ganar unos euros con su memoria o, simplemente, recrear la gran música que tan bien supo interpretar Elvis Presley.

Diez de diez. Dale al play.

Guns N’Roses – Heartbreak hotel

Los chicos malos de Axl y compañía la grabaron en las primeras sesiones de su Appetite for destruction (1987) a las órdenes del productor Manny Charlton (Nazareth) durante 1986. Esas canciones (25 para ser exactos) quedaron en el olvido cuando Manny desapareció del proyecto y la compañía puso a Mike Clink al mando. Permaneció inédita hasta la reciente edición a todo lujo del álbum. Elvis la editó como single en enero de 1956; alcanzó el primer puesto en Estados Unidos y el segundo en el Reino Unido.

Alvin Lee – Don’t be cruel

Genial interpretación de Alvin Lee, que parece el mismo Elvis. Formó parte de su directo de 1974 titulado In flight. La original fue editada como single en 1956 junto a Hound dog, alcanzando el primer puesto de ventas en Estados Unidos y un discreto puesto 24 en el Reino Unido… veinte años después.

Danzig – Trouble

Parece alejado en estilo, pero Danzig es un reconocido fan de Elvis. Aquí tenéis un enlace a Bandcamp con su última obra, un tributo con catorce canciones de “El Rey”. Nosotros escogemos, sin embargo, Trouble, que completó el EP Thrall-Demonsweatlive de 1993. Uno de los temas que Elvis hizo suyos de Jerry Leiber y Mike Stoller, en este caso parte de la banda sonora de King Creole (1958).

Mötley Crüe – Jailhouse rock

Un poco de white thrash homenajeando al rey blanco del rock. “Los Crüe” se marcaron este falso directo para su álbum de 1987 Girls, girls, girls. También de Leiber y Stoller, apareció en el EP del mismo título editado en 1957. Alcanzó el número uno a ambos lados del Atlántico.

Jeff Healey – Mess o’blues

La canción dio título al álbum póstumo del fantástico guitarrista (y cantante) Jeff Healey en el año 2008, compuesto de grabaciones en directo. La original se editó como single en 1960, junto a It’s now or never; alcanzó el número 2 en el Reino Unido.

Spearfish – In the ghetto

Una versión curiosa de una canción hiperexpuesta, quizá una de las más homenajeadas. La ejecuta el grupo sueco de hard rock Spearfish y aparece en su álbum de versiones Back for the future (2003). La original cerró el From Elvis in Memphis (1969).

Blackmore’s night – Can’t help falling in love

Y, como la anterior, otra versión muy personal. Ritchie Blackmore, el guitarrista que ayudó con sus riffs y sus solos a construir la partitura de la guitarra hard&heavy, junto a su amada Candice Night, la grabó para el álbum de 2008 titulado Secret voyage. La original formó parte de la banda sonora de Blue Hawaii (1960), una de sus más vendidas hasta la fecha. No puedo dejar de poner aquí el enlace a la versión con la que UB40 conquistaron las listas de éxito en 1993.

Status Quo – Way down

Fue un exitazo en 1977 como parte del último álbum publicado en vida por Elvis y titulado Moody Blue, alcanzando como single el primer puesto de las listas en el Reino Unido. Quizá por ello la eligieron Status Quo para su disco de versiones Famous in the last century (2000), llevándola con maestría a su propio estilo. También grabaron para ese mismo álbum Hound dog.

Graham Bonnet – Danny

Mr. Graham Bonnet escogió este corte “secreto” para su debut en solitario. La canción tiene una curiosa historia. Elvis la grabó para la banda sonora de King Creole en 1958, pero permaneció inédita hasta después de su muerte, el mismo año 1977 en que Graham la grabó. Fue en la voz de Cliff Richards, primero, y de Conway Titti, bajo el título Lonely blue boy, cuando Danny alcanzó el éxito a finales de los cincuenta.

ZZ Top – Viva las Vegas

Quizá una de las más famosa en el mundo del rock y aledaños. Los barbudos de ZZ Top la hicieron a su estilo multiventas para su recopilatorio de 1992 titulado Greatest Hits, con verdadero éxito. En el vídeo aparece el fantasma de Elvis y la guitarra de cristal. La original se editó como single en 1964.

Han pasado más de cuarenta años y hay quien dice que Elvis está vivo. Al menos en sus canciones sigue más que vivo.

Nazareth – Hair of the dog – 1975

Tras siete años de trabajo desde sus primeros conciertos, tras editar cinco discos en cuatro años, tres de ellos con Roger Glover de productor, tras patearse los escenarios de ambos lados del Atlántico, los escoceses Nazareth lograron el Santo Grial comercial gracias a su versión de Love hurts: alcanzó el número 8 en ventas en los Estados Unidos. El single contaba en una cara con la balada y en la otra con el sucio Hair of the dog. Mientras la primera conquistaba los corazones radiofónicos de la clase media yanqui, la segunda fue un éxito en las radios universitarias. Fuera de la censura de las radiofórmulas se hizo popular por su letra: en primera persona, un macarra advierte a una mala mujer (“red hot mama, down light charmer”) que ahora está jugando con un auténtico hijo de puta (“now you are messin’ with a son of a bitch”). Ese rollo de lanzar juramentos y blasfemar a voz en grito debió gustarles a los jóvenes universitarios. Con las dos caras del sencillo dando vueltas, el álbum escaló hasta un más que digno puesto 17 en ventas. Hicieron una gira de varios meses que incluyó Canadá de punta a punta, lo que acabó convirtiéndoles en el grupo más importante de la época y facturaron mucho dinero allí también. Hoy en día lleva despachados más de dos millones de copias.

El cuarteto lo formaban Manuel “Manny” Charlton a la guitarra y los sintetizadores, Pete Agnew al bajo, Darrell Sweet a la batería y Dann McCafferty a la voz. Grabaron en los estudios Kent y AIR de Londres con el propio Charlton en la producción. Por cierto, Charlton es andaluz; nació en Almería. Tiene una anécdota curiosa: a finales de los ochenta fue reclamado por Axl Rose para grabar el debut de su banda, unos tal Guns N’Roses, pero tras unas primeras grabaciones el bueno de Manny tuvo que volver a sus compromisos con Nazareth dejando el trabajo a medias. Lo terminó Mike Clink y el resto es Historia.

El disco abría, precisamente, con la batería característica de Hair of the dog seguido de su riff repetitivo que se corta en el estribillo para volver a dejarle todo el protagonismo a la voz y la batería. Tras dos vueltas suena la característica parte instrumental con el talk box (a cargo de McCafferty) y vuelta al estribillo hasta el fade final. El macarrismo y el hard rock sencillo, pero no simple, hecho arte. Con una guitarra que el mismo Tony Iommi podría haber grabado, Miss Misery habla de una mujer endiablada o una adicción química (voto por esto), algo de lo que uno no puede separarse, eso que hace las noches angustiosas y los días largos: “everyday is filled with shame/my nights are filled with anger”. Excelente solo de Charlton. Contrasta con el inicio slide suave de Guilty, con su aroma a porche con vistas al atardecer del desierto, el canto amargo y sincero de despedida: “I got some whiskey/from a bottle/I got some cocaine/from a friend” y tengo que estar “en movimiento” hasta que vuelva a tus brazos. Incluye piano, coro femenino y arreglo gospel para dramatizar y adornar este sorprendente y fantástico tema. Como curiosidad, fue compuesto por Randy Newman (editado un año antes en el álbum Good old boys), famoso, entre otras cosas, por sus bandas sonoras para películas Disney (Toy Story, Cars, etc.). Y tras estas confesiones de abuso, el hard rock vuelve a atronar con Changin’ times. El ritmo cortante y la mezcla del riff de guitarra y los platos a tope con el puente-estribillo me tienen enganchado. Amarga queja a una mujer que le tiene a uno trastornado con sus cambios de humor: “since I met you don’t know right from wrong/somebody tell me just wht’s goin’ on”. El guitarreo es bárbaro, con varias líneas intercalándose en el solo y sosteniéndose unas a otras, hablando entre ellas,  mientras el tempo se acelera. Este tema podría alargarse diez minutos. 

La cara B abría con la doble Beggars day/Rose in the heather, la primera una versión incluida en el debut de The Crazy Horse. Esta primera parte roquera contrasta con la segunda más melódica e instrumental, con una sección de violines en plena forma. Hay que reconocer el enorme mérito de la banda para conseguir pasar de la crudeza a la emotividad con tan buen gusto. El aroma de la taberna se asoma desde Whiskey drinkin’ woman, con sus voces armonizadas y mucho eco, otra elaborada línea de guitarra y varios pasajes solistas de cierto tufo southern. La letra no tiene desperdicio: ayúdame, porque “I love that woman/she’s the best one that I had/but she’s got this habit now/and it sure is gettin’ bad”. Cuando no es él, es ella, pero siempre hay mucho consumo alrededor de estas canciones. De hecho, la banda tenía fama de grandes bebedores, fama que en diversas ocasiones han intentado desmentir los propios miembros. Por las letras, nadie podría darles la razón. Casi cerrando el disco nos espera otra enormidad de Nazareth, nueve minutos de ofrenda al hard rock seventies titulados Don’t Judas me. Lento comienza, incluso con cierta laxitud, como un mantra que pasea por tu cabeza, con el tambor golpeado con las manos, con un pequeño redoble que va aumentando de intensidad, con una colección de instrumentos que van y vienen jugando con los ecos y la distorsión, una tabla, una guitarra, un sinte, el tema va creciendo en complejidad y adornos, manteniendo el tempo y aumentando la carga sónica hasta el largo fade out final. “Please, don’t Judas me/treatme as you like to be treated/please, don’t blacklist me/leave me as you’d wish to find me”. La versión USA/Canadá del álbum incluía la famosa cover de Love hurts; no formó parte de la edición europea de Hair of the dog. Cosas de las compañías de discos: como era costumbre, editaron la canción como single-reclamo fuera del álbum completo, y la reedición transatlántica la incluyó debido al éxito del tema por allí. La cover de Nazareth se basó más en los arreglos de Gram Parsons (Grievous angel, 1974) que en la famosa de The Everly Brothers. Mantiene el patrón rítmico y la acústica marca la melodía que tan bien interpreta McCafferty, con sentimiento y un excelente equilibrio entre su raspada garganta y la emotiva letra: “love is like a flame/it burns you when it’s hot/love hurts”. No solo se convirtió en tema de éxito en la América anglófona; en los países nórdicos se volvieron locos con ella, aguantando 60 semanas en las listas de éxito noruegas, por ejemplo. 

Nazareth conquistó la gloria comercial a mitad de los setenta con arte, suerte y trabajo. Mantuvo su buena estrella los años siguientes, hasta hoy, de manera casi continua. Quizá una carrera tan larga deja muchas lagunas, pero qué duda cabe que este, y otros discos de la época, merecen estar en el Olimpo del rocanrol. A pincharlo.

Canciones que empiezan con una cuenta atrás (o adelante).

Efectivamente. Con cualquier cosa hacemos una lista de canciones. ¿De verdad no te has parado a pensar en la cantidad de temas que comienzan con una voz, más o menos audible, realizando una cuenta? One-two-three o tres-dos-uno… y al lío. Este recurso, habitual para hacer que toda la banda entre a la vez en un directo o en una toma, da apariencia de grabación orgánica, de “ahí estamos todos en tu altavoz machacando los instrumentos ahora mismo para ti”. Y con ese rollo muchas de estas canciones fueron las primeras de un disco o de una cara de vinilo.

La lista ha quedado muy jugosa. Dale al play y disfruta.

Bad Company – Can’t get enough

“One… two… one, two, three” y comienza uno de los discos emblemáticos del hard rock de la primera mitad de los setenta, el debut Bad Company (1974).

The Beatles – I saw her standing there

“One, two, three, ¡four!” y a darle caña a este rock de amor con una adolescente “How could I dance with another/when I saw her standing there?”. Arrancaba así el primer largo de la banda, Please please me, editado en 1963.

Rare Earth – I just want to celebrate

“One, two, three, four” y a marcar un ritmo pegajoso en esta canción de celebración de la vida hedonista: “I just want to celebrate another day of life”. Cerró la cara A del vinilo One world (1971) y fue el primer single de dicho álbum.

The Who – Slip kid

Comienza Keith Moon con su batería, marca “one… two… one, two, three” y entra la banda en este fantástico tema que grabaron para abrir The Who by numbers (1975).

Rush – Animate

Abría Neil Peart el álbum Counterparts (1993) con “one… one, two” para guiarnos por uno de sus mejores trabajos. “Goddess in my garden/Sister in my soul/Angel in my armor/Actress in my role”.

Barricada – Objetivo a rendir

“Un, dos, tres, ¡fuego!” gritaba Enrique Villareal “El Drogas” al comienzo de esta canción dedicada a los desesperados: “Para ti no es aventura/ Intentar salir de aquí/Pues esta calculado/Que seas vapuleado/Objetivo a rendir”. Abría la cara B del álbum Pasión por el ruido (1989).

Tom Petty & The Heartbreakers – You got lucky

“One…” y se intuye el gesto, el ademán de conteo para comenzar con el primer golpe a tempo todo el mundo. Compuesto por Mick Campbell y el jefe Petty, fue segundo corte del álbum de 1982 Long after dark.

James Brown – Get up (I feel like been a) sex machine

Tras una presentación con público de fondo, “one, two, three, four” y a darle caña al cuerpo con uno de los más emblemáticos cortes de James Brown. ¿Alguien se resiste al ritmazo de la máquina sexual? Se grabó como single en 1970 y abrió el álbum Sex machine del mismo año en una versión de más de diez minutos. Shace your money maker…

J.J. Cale – Crazy mama

Más comedido “one, two, three, four” y metido en una tonada country con un hermoso slide, J. J. Cale se rinde a la mujer que regresa a su vida. Abría la cara B de otro imprescindible, el Naturally de 1971.

U2 – Vertigo

En “perfecto” español comienza Bono “un, dos, tres… catorce” sobre la introducción instrumental de esta canción, single y espectacular vídeo del How to dismantle an atomic bomb (2004).

Foo Fighters – Wheels

Un alargado “one, two, three, four” da paso a una de las dos canciones que fueron novedad en el recopilatorio Greatest hits (2009). La canción fue compuesta en memoria de un amigo fallecido de Dave Grohl.

Manfred Mann – 5-4-3-2-1

Y para terminar, la reina del conteo. No solo comienza con un “five, four, three, two, one”, si no que la letra de la canción, casi en exclusiva, es esa. Se editó como single en 1964 junto al tema Cock-A-Hup. “Uh-uh, it was the Manfred’s”

Interesante colección de canciones, diversas y dispersas. Hay muchas esparcidas por el cosmos sonoro: ¿nos confiesas cuál has escuchado últimamente?

Lo mejor de Gary Moore… en directo

El escenario como hábitat natural. El sudor, las luces, el humo, los decibelios. Gary Moore era un alma de directo. Subiera con quien subiera, fuera el local pequeño o grande. Y siempre rodeado de grandes músicos en su larga carrera en solitario, llena de idas y venidas, de cambios y experimentos. Hubo un periodo, que comienza a finales de los setenta y se alarga hasta finales de los ochenta, una década, más o menos, en la que se zambulló en el hard rock. Después decidió navegar las aguas del blues y el blues rock y ahí se quedó, con alguna infidelidad, hasta el fin de su vida. Antes, en los setenta, probó con Thin Lizzy, era amigo de Phil Lynott, se enroló en una aventura de jazz rock con Colosseum II, compartió estudio y escenarios con Greg Lake y probó en los noventa la influencia electrónica. De esta larga carrera seleccionamos sus mejores directos.

We want Moore! (1984)

Grabado en varios escenarios entre sus dos discos fundamentales del periodo hard rock (Victims of the future, del 83, y Run for cover, del 85), demuestra el poder y la técnica que poseía en un escenario. Recoge canciones de conciertos en Glasgow, Detroit y Japón con su inseparable Neil Carter en los teclados y las guitarras, Craig Grubber al bajo y Ian Paice en la mayoría de las baterías (no aparece en las canciones de Detroit, donde fue sustituido por Bobby Chouinard). Destacan las versiones maratonianas de Shapes of things, Victims of the future, Cold hearted o Empty rooms, de lo mejor de su catálogo. Al lado de este directo, como complemento, un hermano gemelo, más comedido: Rockin’ every night – Live in Japan (1983) grabado en la gira del álbum Corridors of power (1982) con Neil Murray al bajo, Cozy Powell a la batería, Don Airey (otro inseparable) a los teclados y la colaboración vocal de John Sloman y Charlie Hunt. Y si tienes curiosidad por sus primeros pasos en solitario, prueba con Live at the Marquee, que fue grabado en 1980 y basa su repertorio en las canciones de su debut Back on the street (1979) y del proyecto G-Force; Tommy Aldrige a la batería, Don Airey en los teclados y otro amigo, Andy Pyle, al bajo.

Blues Alive (1993)

De nuevo en plena forma, lo mejor de su etapa blusera con una big band a su lado. Había publicado After hours (1992) y antes Still got the blues (1990) y las canciones de ambos, junto a alguna sorpresa, rellenan esta joya. Además de un cuarteto de viento y dos coristas, suena el bajo de Andy Pyle por aquí, y otro amigo a los teclados, Tommy Eyre (habitual en estudio de músicos de diverso pelaje). Entre las sorpresas que decía versiones de Parisienne walkways, Further on up the road y The sky is crying. Suenan fabulosas King of the blues, Walking by myself y Still got the blues. De su etapa blusera destacar también Live at Bush Hall 2007 (editado en 2014) en un registro menos ambicioso (sin cuarteto ni coristas) y más crudo, con Brian Downey a la batería y Pete Rees al bajo, un habitual del siglo XXI. Y para los completistas, The definitive Montreux Collection (2007) que recoge canciones de sus cinco actuaciones en el Montreux Jazz Festival.

Live at Monsters of Rock (2003)

A Moore siempre le gustó el formato power trío. Lo intentó con Jack Bruce y Ginger Baker (Around the next dream, 1994). Y en el año 2002 montó uno con el batería de Primal Scream, Darrin Mooney, y el bajista de Skunk Anansie, Cass Lewis. Esta particular mezcla parió un álbum titulado Scars (2002) y una gira, donde se grabó este directo. El sonido hard rock vuelve, pero con un deje agresivo basado la pareja rítmica. Recupera canciones que interpretaba en los ochenta, como Out in the fields, Wishing well, Shapes of things o Don’t believe a word, añade algunas de su nuevo proyecto (Rectify, Stand up) y un poco de blues (Walking by myself). La mezcla funciona, con una enorme interpretación de los tres.

Blues for Jimi (2007)

Grabado en octubre del 2007 en Londres, se editó oficialmente cinco años más tarde. Contiene una sola actuación de Moore reinterpretando a Jimi Hendrix a través de once canciones. Cuenta con Billy Cox al bajo y Mitch Michel a la batería en tres cortes; el resto se encargan de completar el trío Dave Bronze (bajo) y, de nuevo, Darrin Mooney (batería). El repertorio es bestial, la interpretación fantástica; no se conforma el irlandés con copiar, si no que añade sus propias texturas, siempre manteniendo la fidelidad al maestro. Fire, Stone free, Hey Joe, Manic depression o Foxey Lady destacan sobre el resto. Hacer un homenaje a Hendrix siempre es un reto; dedicarle un concierto entero, arriesgarse; salir victorioso, un éxito.

Cuatro diferentes opciones para disfrutar de cuatro aspectos distintos de Gary Moore. A disfrutarlo.