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Yo soy yo: canciones de autoafirmación.

Ego, independencia, autoafirmación, empoderamiento, determinación, yoísmo. Llámalo como quieras. En algún momento de nuestra vida necesitamos separar nuestra persona, nuestro cuerpo, el alma, nuestro ser y afirmarnos: YO SOY. Yo, este cacho de carne, tengo valor, tengo opinión, tengo algo que decir. Mírame.

Y ese espíritu puebla las canciones que hoy compartimos, letras para autoafirmarse, para gritar bien algo «soy yo».

Como siempre… ¡dale al play!

The Who – I am one

Como parte del proceso que Jimmy atraviesa en Quadrophenia (1973) hay un momento de aisclamiento, de reconocer la propia individualidad más allá de la pertenencia a un grupo o a una forma de vida. En cierto modo, soledad, vacío, donde, al final, me encuentro: «And I can see/That this is me/And I will be/You’ll all see/I’m the one»

Pearl Jam – I am mine

Surgida de la reflexión tras la muerte de varias personas en un concierto de la banda en Dinamarca, Eddie Vedder comparte la sensación de miedo y, a la vez, de esperanza en la individualidad que esas muertes arrebataron. «I know I was born and I know that I’ll die/The in between is mine/I am mine». Parte de Riot Act (2002).

Graham Nash – Be yourself

En su primer disco en solitario, Songs for beginners (1971) el infinito Nash hizo una reflexión que, hoy en día, sigue siendo actual. El espejo no engaña: mira dentro de tus ojos y entiende que nadie tiene que manipularte: «Be yourself/Be yourself/Then you can free yourself/Free yourself». Entender nuestra identidad nos permite acercarnos a la felicidad, en cierto modo.

Doro – I am what I am

«I’ll take my chances/Only I know best/When it all gets down to me/When it all gets down to me/I Am, What I Am/And no one’s gonna tell me where or when/’Cause I Am What I Am». No tengas dudas: al final soy lo que soy y aceptarme es la mejor forma de salir adelante en los malos momentos. De Force majeure (1989).

The Answer – Be what you want

En su debut Rise (2006) estos jóvenes irlandeses ya nos animaban a ser nosotros mismos, a buscar qué queremos y ponerlo entre nuestras prioridades: «You’ve got to be just what you want/You’ve got to be what you want/Why can’t we be just what we want/You’ve got to be what you want»

Audioslave – Be yourself

Una canción muy personal, donde Chris Cornell reflexiona sobre su propia identidad y lo difícil que relacionarse con los otros. Solo siendo tú mismo puedes salvarte. «And be yourself is all that you can do/To be yourself is all that you can do/Someone finds salvation in everyone/Another only pain». Del segundo disco de Audioslave titulado Out of exile (2005). Fantástico vídeo.

Twisted Sister – I am (I’m me)

La rebelión: he descubierto lo mal que me tratas, el engaño, he llegado al límite. Ahora yo digo: «It’s my life I’m living/I’ll live as I please/I am, and I’ll be/I will, you’ll see/I am, and I’ll be/I am: I’m me». Declaración ruda y sincera de Dee Snider en el álbum You can’t stop rock n’ roll (1983).

Queen – Keep yourserlf alive

Para su debut de 1973, «la reina» compartió una reflexión nacida de su lucha por conseguir el éxito, por vender el alma a cambio de trepar a lo más alto. Lo importante eres tú, así que protege lo que eres en ese camino a la riqueza y la fama. «Be a superstar/But I tell you just be satisfied/Stay right where you are/Keep yourself alive, yeah». Mantente vivo siempre.

Uriah Heep – Look at yourself

Y una reflexión parecida nos dejaron Uria Heep en su Look at yourself (1971). «You’ve got a friend, just/Look at yourself/Don’t be afraid, just/Look at yourself». El álbum se presentaba con una portada en forma de espejo para incidir más en el mensaje. Si no te miras a ti mismo, si no te encuentras y entiendes, lo demás no importa, nunca podrás escapar.

Bryan Adams – Here I am

Es curioso cómo el tema de la identidad se cuela en cualquier estrato. Para arrancar la banda sonora de Spirit: stallion of the cimaron (2002), una película, en principio, para edades infantiles o adolescentes, Bryan Adams puso al protagonista en primer lugar, haciéndole partícipe de su identidad: «Here I am this is me/There’s no where else on earth I’d rather be». Yo soy lo que soy aquí, en este sitio, en el ahora.

Halestorm – I am the fire

Para cerrar, esta reflexión que Halestorm grabó en Into the wild life (2015): «I am the fire/I am burning brighter/Roaring like a storm/And I am the one I’ve been waiting for». Yo soy mi propia salvación, mi propia luz y por fin me he encontrado.

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Uriah Heep – Rebuscando en la basura de «Sonic Origami» – 1998

¿Son tan malos los discos malos de nuestros artistas favoritos?

Hoy rebuscamos en la basura de Uriah Heep y su álbum de 1998 Sonic origami.

Las bandas de largo recorrido suelen sufrir cambios, altibajos, atraviesan las modas de cada época. Uriah Heep se ha mantenido activa desde finales de los años sesenta hasta hoy en día publicando la friolera de veinticuatro discos de estudio, más un buen puñado de directos. A finales de los años 90, cuando la mayoría de los grupos de hard & heavy de su generación habían pasado a la inactividad obligada o, directamente, desaparecido, estos tipos grabaron una obra, tan despreciada como ignorada, para el mercado japonés a la que titularon Sonic origami (un año después editada en el resto del planeta).

Lo que hicieron Mick Box (guitarra), Phil Lanzon (teclados y sintetizadores), Trevor Bolder (bajista), Lee Kerslake (batería) y Bernie Shaw (cantante) fue componer y grabar sin presión un álbum que satisficiera sus propios gustos y que sonara «atemporal». Eligieron al productor Pip Williams para ello, por sus trabajos con Status Quo o The Moody Blues. Viajaron un par de horas en coche a los estudios Chipping Norton en Oxfordshire, cerca de la familia, intentando llevar esa concentración y calma también a la música.

Al vigésimo disco de estudio de Uriah Heep se le ha calificado como flojo, lleno de baladas, un poco pomposo en las letras, de producción algo plana y popera. Se dice de él que es un «quiero y no puedo», que todo suena «a refrito». Que no hay buenas canciones. En definitiva, un disco olvidable.

Pero, ¿qué rebuscamos en la basura de este Sonic origami?

Aunque es cierto que la producción es muy «amable», las canciones en sí contienen un gran trabajo: buenas composiciones bien arregladas, con cada músico ejecutando a la perfección su parte y algunas letras muy sentidas. Mick Box y Phil Lanzon se encargan de la mayoría de los cortes, con Trevor Bolder aportando su grantito de arena. Además, las canciones son muy distintas entre sí pero mantienen una vida común, un hilo que da coherencia al álbum. Y, aunque habría que destacar a todos los intérpretes, no puedo por menos que dar una mención especial a Bernie Shaw, simplemente excelente (en Heartless land o Question, por poner dos ejemplos).

Siempre, en esta sección, nos gusta destacar algunas canciones, esas por las que deberías empezar a pinchar si quieres disfrutar de Sonic origami. Encontramos el espíritu seventies en Between two worlds (increíble Hammond y dos solos de guitarra), In the moment, Feels like (ese riff), I hear voices o Everything in life (mi favorita). Juegan con sonidos más eighties, algo de AOR y aromas más poppy en Perfect little heart (mágica melodía vocal), Only the young o Across the miles. Y suenan de muerte las acústicas y los arreglos orquestales de The golden palace y Shelter from the rain.

Es obvio que Sonic origami no está entre los cinco mejores trabajos de Uriah Heep. Pero es que la discografía de estos tipos tiene mucho nivel. El sexto o el séptimo de veinticuatro no está nada mal. Como extra, durante la posterior gira grabaron varios conciertos que acabaron formando el directo Future echos of the past, uno de los más recomendables de su larga carrera, en los que escuchamos hasta ocho cortes de los aquí comentados.

Suficiente basura para que te pongas a escuchar como se merece este Sonic origami. Y si ya lo amabas antes, para recrearte una vez más.

Canciones rock y metal sobre el suicidio.

Siembra la polémica y muchas veces, incluso, resulta un tema tabú. Quitarse la vida. Por soledad, por una enfermedad incurable, por depresión, por desesperación. El dolor del que se queda, preguntando si pudo hacer algo. El sufrimiento del que está a punto de saltar por una ventana, de dispararse en la sien.

Hemos seleccionado un puñado de canciones sobre el suicidio, sus consecuencias y algunas pequeñas reflexiones de algunos de nuestros músicos favoritos. Por cierto, tema no ajeno a nuestros músicos y a los que dedicamos ya un post que puedes leer en este enlace.

Dale al play…

Metallica – Fade to black

Una de sus mejores canciones incluida en Ride the lightning (1984). Narrada en primera persona por un suicida: «I have lost the will to live/Simply nothing more to give». Sin esperanza, solo, decide que no merece la pena «Death greets me warm/Now I will just say goodbye».

Pearl Jam – Jeremy

Para su debut (Ten, 1991) Eddie Vedder compuso esta letra impresionado por una historia real, la de Jeremy, el niño que se suicidó delante de sus compañeros de instituto. La forma en que Vedder interpreta el tema y canta el estribillo dota de cierto dolor mórbido a la música.

Ramoncín – Putney Bridge

El suicidio del «último punk» desde Putney Bridge: «su cuero negro lleva el nombre de los Clash/se ha tirado sin mirar atrás». Porque si muere el punk y vuelve el pop «es que algo anda mal». Del iniciático e imprescindible Arañando la ciudad (1980).

Uriah Heep – Suicidal man

La reflexión de un hombre asomado a la ventana, pensando qué hacer con su vida, preguntando «Why won’t you help me/Or give me hand/’cause I’m close to becoming». Una canción entre la esperanza de una oportunidad, de alguien que acuda a evitar el suicidio y la pena por haber llegado hasta ahí. Formó parte del álbum de 1974 titulado Wonderworld.

Manic Street Preachers – 3 ways to see despair

Parte del álbum Rewind the film (2013), una canción sobre la desesperación y la falta de oportunidades, la incapacidad para enfrentarse con el dolor: «There are three ways to see despair/I’ve seen them all, I’m scared to say/…/The fourth way is coming, so prepare for the fall». ¿Puedes salvar este alma oscura de las profundidades? Sería tan bello…

Gritando en Silencio – Con dos copas de más

Los sevillanos cantan en su debut Contratiempo (2009) al amigo muerto el día de su funeral: «el corazón, es lo único que se ha roto/y has dejado caras tristes/observando un pie de foto». Las penas se llevan de otra manera con dos copas de más…

The White Buffalo & The Forest Rangers – Come join the murder

Un pájaro negro al otro lado de la ventana llamando a unirse a la muerte. «Come join the murder/Come fly with black/We’ll give you freedom/From the human trap». La liberación en sus alas para eliminar el sufrimiento. Formó parte de la banda sonora de la serie Sons of Anarchy, adornando la escena final del último capítulo.

La Polla Records – El suicida

Con su irónica manera de contar la realidad, Evaristo y los suyos presentan al suicida como espectáculo, un rato de telediario directamente al salón de muestra casa: «en el suelo quedan restos sangre seca y el olvido». Una forma de afrontar la indiferencia en la que vivimos. Incluida en el disco de 1990 Ellos dicen mierda nosotros amén.

Slipknot – Everything ends

«What the hell am I doing?/…/Where the hell am I going?/Do I even need a reason to hide?/I am only betrayed/I am only conditioned to die» clama Corey Taylor desesperado. Parte de Iowa (2001), la solución de la no solución y la perspectiva de la muerte como esperanza para acabar con la soledad.

Ozzy Osbourne – Suicide solution

Un clásico. Ozzy Osbourne denunciado por que un chaval se pegó un tiro en la cabeza, supuestamente, por esta canción. Ozzy, siempre tan atento, lo primero que respondió al enterarse fue:  “¿Cree que quiero que mis fans se suiciden?¿Y cómo coño cree que voy a seguir vendiendo discos?”. La canción en sí, parte de su debut Blizzard of Oz de 1980, habla de beber hasta morir; la «solución suicida» a los problemas es beber sin límite y la canción, irónicamente, trata de prevenir contra ello. Viniendo de Ozzy resulta un tanto hipócrita.

The Answer – Why’d you change your mind

La letra está inspirada en la historia de un amigo del guitarrista Paul Mahon, una reflexión intentando entender qué pasa por la cabeza de una persona que se quita la vida: «Honey can you tell me, why’d you change your mind?/So you walked the other way/I saw you walk the other way/Now you’ll never tell me». Grabada para su segundo álbum Everyday demons (2009).

Bullet for My Valentine – Ten years gone

Siguiendo el hilo del tema anterior, escuchamos el tremendo recuerdo de Matthew Tuck a un amigo que se suicidó diez años atrás: «Ten years ago/I got a call that nearly killed me/Repeat yourself, my hands are shakin». El dolor, la duda, las preguntas, aún entre nosotros a pesar del tiempo pasado. ¿Por qué no pude ayudarte? Del álbum The poison (2005).

Queen – Don’t try suicide

«You need help/Look at yourself, you need help/You need life/So don’t hang yourself». Freddy Mercury suplica a alguien que no intente suicidarse, que no lo haga ni para llamar la atención ni para solucionar sus problemas, que él se encargará de estar ahí. Un canto que escuchamos en The game (1980).

Lo mejor de Uriah Heep: los años con John Lawton.

La banda británica Uriah Heep se formó hace ya cincuenta años en Londres y ha editado veinticinco álbumes en estudio con cinco cantantes diferentes. Uno de esos cinco fue John Cooper Lawton, conocido artísticamente como John Lawton, quien se ocupó del micrófono entre los años 76 y 79. El cantante de los primeros nueve discos, David Byron, fue despedido por sus graves problemas de alcoholismo (que acabarían con su vida en 1985), comenzando una búsqueda por lo más valioso y disponible del mercado roquero. La capacidad vocal de Lawton se enfrentó a otros candidatos; entre los que probaron con Uriah Heep destacan David Coverdale o Ian Hunter.

Una vez en el puesto, la banda se metió en el estudio Roundhouse Recording de Londres para grabar su décimo largo, Firefly (1977). Junto a Lawton a la voz, los clásicos Mick Box a la guitarra, Ken Hensley a los teclados y Lee Kerslake a la batería. Debutó un nuevo bajista, Trevor Bolder, tras su paso por los Spiders from Mars (junto a Mick Ronson o David Bowie). Producido (como de costumbre) por Gerry Bron, avanzaron en su mezcla de baladas, medios tiempos, temas roqueros buscando el gancho comercial y un toque de heavy metal arrastrado de sus primeros discos. La inclusión de Lawton y el toque de Bolder hacen de esta obra la primera de una trilogía más hard que heavy, sin las notas elevadas de Byron y con el protagonsimo compositivo de Hensley. Así, el inicio con The hanging tree no puede ser más clarificador: una línea de bajo comandando la canción sobre la que Lawton recuerda mucho al estilo de Coverdale, un primer puente con un pequeño solo de teclado, el segundo lo tendrá de guitarra, y un estribillo a varias voces muy sencillo. La final Firefly, por contra, suena a «clásico» de la banda, con sus diferentes pasajes y una construcción progresiva. El single Sympathy juega con guitarras dobles sobre otra línea de bajo magistral, una construcción repetitiva de estrofa-pasaje instrumental, sin estribillo. Contrasta con el tempo tranquilo de Been away too long, con su crescendo, y la historia del tipo que regresa a casa tras una larga ausencia, coronado por un buen solo de Box. Intentan sonar épicos, tanto en la calma de Wise man como en los más de seis minutos de Rollin’ on, quizá más lograda. La garra no la han perdido, y en la veloz Who needs me (compuesta por Kerslake) y en Do you know, protagonizada por el teclado de Hensley, dan rienda suelta al rocanrol. Geil Clarke diseñó el artwork con una pintura de Martin White en la portada. En las diferentes rediciones aparecieron hasta cuatro temas extra grabados en aquellas sesiones, destacando Crime of passion (que fue cara B del single).

Tras una densa gira, vuelven el verano siguiente al mismo estudio con el mismo equipo para grabar Innocent victim (1977). Canciones más rápidas, más directas, con predominio del hard rock, buenos riffs de guitarra y estribillos fáciles para una delicia de obra sonora. En la composición colabora Jack Williams: una canción a medias con Hensley (Keep on ridin’) y dos en solitario (The dance y Choices); Williams, guitarrista y músico de flok y country, se labró una reputación en el mundillo como compositor de la mano de Hensley, quien contó con él en sus discos en solitario y en su paso por Blackfoot. El propio Ken Hensley se yergue como jefe de Uriah Heep al comandar la producción junto a Gerry Bron y dejar en Innocent victim solo dos canciones compuestas por los otros miembros de la banda (Roller, por Bolder, y Free’n’easy, por Lawton y Box). El single elegido para debutar se tituló Free me, un medio tiempo de ritmo marcado con buenas guitarras y Lawton comedido pero muy correcto. Los mejores cortes, sin duda, son los más roqueros. Keep on ridin’ y Flyin’ high, que abren el disco, te ponen a cien sin ningún truco; canciones sencillas, rápidas, con buenos riffs y estribillos con gancho, como Cheat’n’lie o Free’n’easy. No puede faltar la tranqulidad en un disco de Uriah Heep, y en eso Illusion lo borda, con la final Choices, grandilocuente, a su lado.

Los británicos podían presumir en sus poco más de ocho años de vida de haber llenado pabellones y haberse codeado con lo mejorcito del panorama roquero de la época. Nunca les faltó un concierto. Aunque en Estados Unidos se resistieran, a pesar de buenos llenos en sus giras, y de perder popularidad en el Reino Unido, fueron los países escandinavos y centro europeos, en especial Alemania, los que sostuvieron sus ventas. Pero en este año 1977 se llevaron la sorpresa de subir en las listas de ventas de sitios hasta entonces ajenos a ellos: Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica.

Fallen Angel (1977) fue el tercero y último con John Lawton (quien se despediría poco después junto con el batería Lee Kerslake, otro clásico de la banda). Hensley vuelve a ser el protagonista del disco, pues, además de componer seis de los diez temas, se encarga de la producción de nuevo junto al imprescindible Gerry Bron. Volvieron a apostar por canciones muy rápidas y directas, con mucho rollo hard rock e, incluso, AOR (de moda ya por esos años), con una excelente interpretación instrumental, buenos coros y curradas armonías. En Save it se desmadran incluyendo un saxo y un final épico, la guitarra de Box se sale en Woman of the night, Lawton lo borda en I’m alive y la sesentera Love or nothing, se dejan de ruidos y bajan las revoluciones en Put your lovin’ on me (con un rollo poppy) y Come back to me (un éxito en los países helados europeos), rinden al máximo en One more night (last farewell), meten excelentes armonías en Fallen Angel y te menean el culo en Falling in love (con el rock and roll). No sé qué más se le puede pedir a un disco. Escucha la reedición de 2004, que incluye tres descartes muy interesantes, en especial las caras B de los singles (Gimme love y Cheater). El dibujo de la portada lo realizó Chris Achilleos, una impresionante amazona con los pechos al aire (¿hoy lo editarían?) y el diseño corrió a cargo de Chess Creative.

John Lawton tuvo una carrera musical muy movida antes y después de esta odisea por los océanos de Uriah Heep. Comenzó su carrera compartiendo banda (Stonewall) con John Miles y Paul Thomson (Roxy Music). En los primeros setenta alternó su tiempo con la banda de heavy alemana Lucifer’s Friend y el grupo vocal Les Humphries Singers (con los que participó en Eurovisión, allá por 1976). Después de Uriah Heep volvió a Lucifer’s Friend y se enroló en numerosas aventuras con poco éxito. Incluso prestó su voz a diferentes anuncios publicitarios alemanes en los ochenta (Harley Davidson, Colgate Gel). Hoy mezcla canciones viejas y nuevas en sus conciertos con la John Lawton Band (JLB).

De músico a músico: recuerdos, homenajes y caricaturas.

Los músicos de los que hablamos hoy cantan a sus amigos músicos, a sus amigos fallecidos, a los compañeros huidos, a los colegas a los que admiran. Es digno reconocer la labor de un maestro también, aquel que inspiró o que, simplemente, estuvo ahí cuando hacía falta. Y recordar al músico casi anónimo que acompañó en algún momento. En fin, personajes del recuerdo, homenajes y hasta alguna caricatura hemos seleccionado. De músico a músico.

Barón Rojo – Concierto para ellos

Tenía que ser la primera. Homenaje a los caídos en el camino. Porque «en cada concierto de rock and roll las campanas doblan por Bon Scott, por Janis, Lennon, Allman, Hendrix, Bolan, Bonham, Brian y Moon». Uno de los cortes más famosos de Volumen Brutal (1982).

Elton John – Empty garden (Hey Hey Johnny)

Tras la muerte de John Lennon la tristeza se apoderó de Elton John; quería dedicarle una canción, pero no acertaba con el tono. Bernie Taupin recordó que una de las últimas apariciones de Lennon fue en el Madison Square Garden con Elton, y de ahí surgió la canción: «Oh, hey hey Johnny/Can’t you come out, can’t you come out to playJohnny/can’t you come out to play in your empty garden»

Billy Squier – Nobody knows

También a John Lennon le dedicó Squier una canción en su segundo álbum Don’t say no (1982). Con la producción de Reinhold Mack logra un sonido muy cercano al del propio homenajeado. «You may see your life as a compromise/You may live to find the promise dancin’ in your eyes»

Roger Daltrey – Under a raging Moon

Homenaje a otro amigo caído. En esta ocasión, Roger Daltrey en su disco en solitario Under a raging moon (1985) canta al desaparecido batería de The Who, Keith Moon. Nada menos que siete baterías participan en el tema, incluyendo a Cozy Powell, Carl Palmer o Zak Starkey, siguiente en ocupar el puesto de The Who.

Los Suaves – ¿Sabes? ¡Phil Lynott murió!

El título lo dice todo: las impresiones de Yosi (cantante y compositor) tras la muerte de Phil Lynott (Thin Lizzy), del que era fan confeso y al que el grupo rinde inspiración en muchas ocasiones. «Y es que hoy en la madrugada se paró su reloj/se durmió, sueña para siempre sueños de algodón». Aparece en el imprrescindible Ese día piensa en mí de 1989.

Syd Barret – Bob Dylan blues

En 1970 dedicó Barret un simpático homenaje a Dylan jugando con la imagen, las canciones y la situación del entonces joven músico: «Cause I’m a poet, don’t ya know it/And the wind, you can blow it/Cause I’m Mr. Dylan, the king/And I’m free as a bird on the wing». No solo habla de él, si no que lo hace en el propio lenguaje de Dylan. La canción permaneció inédita treinta años.

Los Enemigos – An-Tonio

No solo merecen recuerdo y homenaje los músicos famosos. Josele Santiago en su álbum Nada (1999) dedica este corte a un amigo personal suyo, cantante con un único álbum en el mercado (An-tonio, 1997) que dedicó su vida a cantar por las calles de Sevilla, Londres o su Algeciras natal. Canta Josele: «Me ha dicho el Antonio que hoy no va a cantar/se le habrán quitao las ganas, que no va a cantar más ná/Si hoy no canta el Antonio, ¿quién nos va a cantar?». Pues eso.

Anthony Gomes – Come Down

Lo tiene claro Anthony Gomes: «Come from heaven B. B. King/’cause this kingdom has no King/there’s no one here». Reclama a ángeles y santos que liberen al maestro para que rehaga este mundo perdido. Abre magistralmente su gran álbum de 2018 Peace, love & loud guitars.

Uriah Heep – Between two worlds

El tema de la pérdida de los compañeros de armas siempre acaba apareciendo. En Sonic origami (1998) hacen los británicos un doble homenaje al ex-cantante David Byron y al bajista Gary Thain, ambos fallecidos a consecuencia del abuso de sustancias, uno en 1975 y el otro diez años más tarde.

Sonic Youth – Tunic (Song for Karen)

En el álbum Goo (1990) pusieron voz a Karen Carpenter: «Hello Janis, Hello Dennis/Elvis and all my brand new friends/I’m so glad you’re all here with me, until the very end». Enfoca los problemas alimenticios de la cantante como anticipo de su fallecimiento.

Sínkope – Agradecidos a ti

Dedicadas a Rosendo hay varias canciones entre las que hemos seleccionado esta de Sínkope. «Con un colega de Iruña» escuchando en un casé a Leño comenzó el amor de Vito por Rosendo Mercado y, a la vez, por el rock. Una sincera historia de amor musical que, desde ese casé, acabó compartiendo escenario: «mil gracias, maestro Rosendo Mercado/mil gracias, mil gracias por tu legado» y una ristra de canciones imprescindibles de la música popular en español. De su Museo de rejas limadas (2015).

Tesla – Song & emotion

Tesla rindió homenaje a Steve Clark, guitarrista de Def Leppard. Las dos bandas habían girado juntas meses antes y el fallecimiento les pilló en plena grabación de Psychottic supper: «Song and emotion/You can hear him play/You can still hear him say/Better run for cover, ‘cause it looks like rain again!»

Drive-By Truckers – Carl Perkins’ Cadillac

En 2004, dentro del álbum The dirty south, las huestes de Patterson Hood y Mike Cooley cantan al Cadillac que Carl Perkins le «robó» a Elvis: «Carl drove his brand new Cadillac to Nashville and he went downtown». Un repaso a las relaciones y las promesas de Nashville «the money came in sacks/New contracts and Carl Perkins’ Cadillac».

Megadeth – In my darkest hour

Tras la muerte de su amigo y ex-compañero de Metallica, Cliff Burton, el bueno de Dave Mustaine compuso esta canción aparecida en So far, so good… So what! (1988): «Alone, I call to ease the pain/Yearning to be held by you/Alone, so alone, I’m lost/Consumed by the pain».

Black Hat – Soñar

En otras ocasiones el homenaje se hace de manera global, a los ídolos que marcaron el camino. Black Hat, en su álbum de 2003 Eclipse (producido por Jorge Salán), sueñan con la magia del heavy metal y poder cantar «al lado de Gary o Dio/y soñar, y soñar/que los Maiden tocan conmigo».

Bob Catley – The Pain

En su álbum Legends (1999), Bob Catley, junto a Gary Hughes, dedicaron el primer corte a Elvis Presley. El título lo dice todo: «life was an emotional knife/it cut the flesh, it hit the bone». La vida de Elvis como una tragedia griega con final triste: «he had it all, somehow he let it slip away/(…)/lost in a scene from this nightmare come true».

Bruce Springsteen – Johnny Bye-Bye

«With a whole lotta trouble running through his veins/Bye bye johnny, Johnny bye bye/You didn’t have to die». Homenaje de The Boss a Elvis Presley recordando el día que escuchó en la radio la noticia de su muerte. Grabado en las sesiones de Born in the USA (1985).

Kingdom Come – Bon Scott

Todo un homenaje al hombre y a su legado. Lenny Wolf, cantante y compositor principal de la banda, dedica está canción al fantasma de Bon Scott «in after life I believe/you ain’t no history/hope you are feeling free». Un rollazo AC/DC que tira de espaldas. Parte del álbum Ain’t crying for the moon (2006).

Gabinete Caligari – Tócala, Uli

Cuarto corte de uno de los mejores discos de pop-rock de los ochenta, Camino Soria (1987), compuesto en homenaje a Ulises Montero, saxofonista de la banda, fallecido por sobredosis de heroína unos meses antes: «Con salero y sin papeles/te paseabas por el foro/una caña de Mahou/y una de rabo de toro, con decoro».

Y si comenzábamos este post con una canción a los héroes muertos, de regalo este corte que Kreator grabaron en su Gods of violence (2017) en recuerdo a los «hermanos caídos» en las mil batallas del rock y el metal…

El heavy poppy de los años ochenta.

Aquellos años en los que las bandas de cualquier tipo comenzaron a parecerse sospechosamente: una fotografía llena de cardados, unas cuantas baladas («los heavies, las mejores baladas»), un montón de tipos medio vestidos, o medio desnudos, con una mezcla de cuero y encajes, el sonido a caja y lata en las baterías, las guitarras por debajo de los platillos, los coros infinitos y edulcorados, el reverb a tope y muchos teclados y sintetizadores. Esa es la imagen que los no aficionados al género se han quedado de los años ochenta, injustamente quizá.

Esta imposición del mercado, sobre todo yanqui, afectó a bandas de todo origen, creándose una cantidad de discos curiosos a cargo de músicos más o menos consagrados y más o menos originarios del heavy metal. Algunos aceptaron los sintetizadores y dieron protagonismo a los teclados. Otros directamente se gastaron un pastón en peluquería, cambiaron de productor, de país, de gustos sexuales y hasta de barra de labios. Otros aceptaron compositores externos que edulcoraran sus letras y sus escalas. Otros iban tan drogados que les daba igual. Algunos lo hicieron una vez y se arrepintieron. Otros se cebaron en el drama. Y los hay que aprovecharon la ausencia del líder para pastar en otros estilos.

Es difícil determinar cuándo comenzó este cruce de sonidos. La influencia del éxito del AOR, la explosión disco y la irrupción de la new wave puso de moda los sonidos sintetizados a finales de los setenta y comienzo de los ochenta. El auge del videoclip dio cada vez más importancia a la imagen. Las mejoras técnicas, con mesas de grabación más complejas y el acceso a secuenciadores y efectos cada vez más diversos, tuvieron mucho que ver también, así como el hecho de que grupos con trayectoria hard rock como Rainbow o Rush se atrevieran a experimentar con éxito sintetizadores, teclados y coros comerciales animó a las compañías a invertir en sus viejas nuevas glorias.

Sin embargo, lejos de despreciar esta colección de discos, venimos a defenderlos. Algunos están entre nuestros favoritos. Y son mejores que otros muy aclamados, más heavies, más aguerridos, más virtuosos. Azúcar metalero, heavy poppy. Allá vamos con nuestra pequeña selección de discos de bandas hard&heavy (más o menos) metidos en el sintetizador, la sobreproducción o, directamente, en el bote de laca.

Rush – Moving pictures – 1981

Quizá uno de los primeros en lograr un éxito viniendo del hard rock en este nuevo mundo del sinth-metal. Los canadienses, que ya habían comenzado la década simplificando su propuesta en Permanent waves, ahondaron más aún en este casi perfecto álbum. Los teclados, la percusión y ese sonido característico destacan en Tom Sawyer, The camera eye o Limelight, por ejemplo. El éxito de ventas (más de cuatro millones de copias en Estados Unidos) animó a la banda a continuar experimentando esta senda y a las majors del negocio a intentar emularles.

Z Z Top – Eliminator – 1983

A estos se les fue la mano con los sintetizadores, las piernas largas y la sobreproducción de estudio. Claro, que consiguieron vender más de diez millones de copias y, así, cualquiera no repite. Y dos años después se plagiaron, con menos fortuna y menos calidad, en Afterburner. Cinco singles, con Gimme all your lovin quedando como himno de época, o ese vídeo sonrojante para promocionar Legs. Los barbudos dieron lo mejor de sí, a pesar de ellos, y salieron victoriosos. Cuidado con I need you tonight, synthblues eighties.

Saxon – Destiny – 1988

Lo de Saxon comenzó, principalmente, con el cambio de compañía discográfica. Ya desde Innocent is no excuse (1985) dieron muestras de «debilidad» aunque mantuvieron la tensión (un poco) en Rock the nation (1986). Y se lanzaron al vacío. Destiny está lleno de azúcar, desde la versión de Christopher Cross (Ride like the wind), el protagonismo de los teclados en Song for Emma y Calm before the storm o la melodísima I can’t wait anymore. Adiós motos británicas, hola descapotables de California.

Dio – Sacred heart – 1985

Quizá de los mejores de esta selección, Dio pasó de esconder a su teclista a un lado del escenario a darle protagonismo, de roncar himnos míticos a melodear historias para todos los públicos. Consiguió cierto equilibrio con sus obras anteriores en truenos enmascarados con el sonido moderno: Rock’n’roll children o Hungry for heaven, incluso la misma Sacred heart; pero la fórmula no da más de sí en Shoot shoot o Like a beat of a heart. Una pena que el último álbum con Vivian Campbell no le dejara brillar como en anteriores entregas.

Judas Priest – Turbo – 1986

Después del éxito de Defenders of the faith (1984) se enmarcaron en el megaproyecto: un álbum doble con teclados, baterías sintéticas y guitarras sonando juntas sobre historias de amor, sexo y corazones solitarios. La compañía les cortó las alas y editó uno de sus discos más vendidos y aclamados, a pesar del cambio de look, no solo musical, si no también estético. La portada, las fotos de promoción. La dimensión del cambio se aprecia desde la inicial Turbo lover, la comercial Private property, con su riff y su coro de estadio, el hard rock previsible de Rock you all around the world o la cama de teclados de Out in the cold. Quedan momentos de antaño como la rabia de Reckless.

Iron Maiden – Somewhere in time – 1986

La fiebre alcanzó a una banda llena-estadios como Iron Maiden en mitad de los ochenta. El líder supremo, Steve Harris, entendió que necesitaban otro estilo, otro aire, y arrimó los sintetizadores y los trucos sonoros de estudio a sus huestes. El resultado, algo desigual, nos regaló momentos casi bíblicos, como Heaven can wait, Sea of madness o Wasted years, junto a otros algo más duros. La banda, a pesar del cambio, supo mantener la esencia, el estilo, además de adornarse con una imagen futurista que justificaba, en cierto modo, el cambio (ese Eddie cyborg). Los sintetizadores acabaron quedándose en el siguiente Seventh son of a seventh son (1988).

Van Halen – 5150 –  1986

Ya hablamos de este álbum por aquí. Eddie llevaba unos años dirigiendo su propuesta musical hacia sonidos más «comerciales», con grupos como Foreigner o Journey en su ideario. Los teclados y las melodías cobraban cada vez más protagonismo y el éxito de Jump con sus teclados míticos le acabó de convencer. La fuga de David Lee Roth fue la consecuencia o la razón para acabar produciendo un álbum como 5150. Baladas poderosas (Why can’t this be love, Love walks in), mucho teclado y armonía amable (Dreams) y alguna licencia roquera (Best of both worlds). El tercer álbum más vendido de Van Halen (casi ocho milloncejos despachados).

Y&T – Down for the count – 1985

Después de intentarlo con diferentes productores de éxito en el metal y el hard rock, como Chris Tsangarides (Mean streak) y Tom Allom (In rock we trust), los de Meniketti se dejaron invadir por la producción fácil, los sintetizadores, las letras tontas y los coros overdubs. Esta vez tampoco tuvieron suerte. Incluso tiraron de versiones, todos quería ser Quiet Riot: All american boy y You’re mama don’t dance como gancho de un disco que apenas alcanzó a vender lo que sus hermanos anteriores. El productor elegido, Kevin Beamish, hizo multiplatino a REO Speedwagon y fue un habitual de este sonido (Saxon, MSG, Keel). Curiosamente la balada Hands of time resulta excelente en el ideario de Y&T, como la inicial In the name of rock o (salvemos la letra) Don’t tell me what to wear. Lo dicen ellos mismos: Anything for money.

Blue Öyster Cult – The revölution by night – 1983

Otro dinosaurio que logró su éxito a mitad de los años setenta acabó cayendo del lado del poppy sintetizado. Sin perder su buen hacer compositivo, los chicos de la Östra Azul ficharon a la por entonces joven promesa Bruce Fairbairn para hacerse cargo de la producción, buscando, conscientemente, ampliar sus registros, digamos, radiables. No faltan grandes temas con buenos riffs, como Take me away, Veins o Feel the thunder, pero la mayoría de las canciones dan protagonismo a los arreglos de sintetizador y suenan baterías electrónicas. El álbum funciona en su conjunto y suena muy bien (si te gusta el estilo) en Eyes on fire, Dragon Lady o Shadow of California.

Uriah Heep – Head first – 1983

Tras más de diez años de dar guerra por los escenarios y las orejas de medio mundo, a comienzos de los años 80 Uriah Heep se encontraban en una encrucijada. Sin cantante, el teclista y compositor principal Ken Hensley se largaba junto al carismático bajista Trevor Bolder. Reclutaron al cantante Peter Goalby, al teclista John Sinclair y al bajista Bob Daisley. Con la producción de Ashley Howe, la banda se monta una colección de canciones donde se mezcla el AOR de radiofórmula predominante en la época (Journey, Foreigner) con buenos riffs metaleros y estribillos polifónicos. A destacar: The other side of midnight, Love is blind, Red lights y Weekend warriors. Curiosa la versión del joven Bryan Adams Lonely nights.

Sirva esta pequeña selección de muestra. Hay más. Se extendió a lo largo de toda la década. Podríamos nombrar a Accept (Eat the heat) aunque fuera solo por esa portada hiperlaqueada, a Blackfoot y su Vertical smile, Alice Cooper con su retorno mainstream de la mano de Desmond Child en Thrash, o la conversión de KISS desde el heavy de Lick it up hasta el azúcar de Crazy nights. Al final, fueron las bandas jóvenes, nacidas al calor del heavy de principios de década mezclado con los sonidos más sintetizados y las letras hedonistas, las que se hicieron la segunda mitad de década con la MTV y el mercado: Mötley Crüe, Ratt, Bon Jovi, Poison, Cinderella, Warrant y tantos otros.

Una gozada. Un infierno. Tú decides.

Las portadas de Roger Dean

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Las portadas de Roger Dean

Uno de los artistas gráficos más influyentes en las portadas de los setenta con sus dibujos llenos de fantasía y un juego especial con los contrastes y las figuras. Dean mezcla personajes fantásticos en mundos irreales para trasladarnos imágenes impactantes de extraña belleza.yes-fragile-roger-dean

Su obra más famosa ilustra las portadas de Yes y Asia. Comenzó con la portada de Fragile (1971), diseñando el logo de la banda un año después para el álbum Close to the edge. Alargó su mano los siguientes discos con paisajes cada vez más oníricos y sorprendentes. Los miembros de Yes y sus reencarnaciones posteriores también contaron con su pluma: Steve Howe en solitario, la reunión de 1989 con Bruford, Wakeman Anderson y el propio Howe o las portadas de Asia.

A otra banda grande como Uriah Heep les realizó las icónicas Demons and wizards (1972) y The magician’s birthday (1972).

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Su primera portada prácticamente se la robó el manager de la banda Gun para el debut de 1968 del mismo nombre, tras ver los bocetos que Roger tenía. Antes de alcanzar la fama con Yes y Uriah Heep dibujó otras muchas, entre las que destacan los elefantes con alas de osibisa-osibisa-roger-deanmariposa en la portada de Osibisa (1971), el pulpo gigante del Octopus (1972) de Gentle Giant o las naves espaciales del Nitro function (1971) de Billy Cox.

Aunque nunca ha dejado de diseñar para sus amigos del Universo Yes, lo cierto es que son raros sus originales para portadas de álbumes más allá de los años ochenta (se dedicó a los videojuegos, negocio de moda entonces). Si queréis un poco más de su arte, consultad su página en este enlace.

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Lo mejor de Bob Daisley

Bob Daisley

Lo mejor de Bob Daisley

Ocurre que hoy me he encontrado escuchando el bajo de Bob Daisley en dos discos diferentes, uno acompañando de Richie Blackmore y otro acompañando a Zakk Wylde. Y revisando en mi discoteca he recordado que este australiano ha compartido estudio y escenario con algunos de mis (y tus) guitarristas favoritos: Gary Moore, Malmsteen, Tony Iommi y Randy Rhoads. Casi nada las malas compañías. Si le añades a los cantantes y demás músicos, incluyamos a Ozzy Osbourne, Cozy PowellRonnie James Dio, Jon Lord y, en fin, vamos a repasar un poco los mejores temas de Bob Daisley, bajista, compositor y letrista.

Su carrera musical  comenzó en los primeros setenta, pasando por varios grupos (Chicken Shack, Mungo Jerry) hasta enrolarse en Widowmaker, junto a Lutter Grosvenor (Mott the Hopple). Editaron dos largos entre el 75 y el 77. Aunque no tuvieron mucho éxito, conoció a Don Arden, de la compañía que les editó, Jet Record. Arden le presentó a Black Sabbath y a quien sería su jefe más adelante, Ozzy Osbourne.

Widowmaker – Straight facer fighter

Disgregado el grupo, Bob se enroló en los Rainbow de Richie Blackmore para girar durante el verano del 77 junto a Ronnie James Dio y Cozy Powel. Aquel mes de diciembre viajaron a Francia para terminar el monumental Long live rock’n’roll (1978). Tras la gira posterior, Blackmore le suplió por Roger Glover y, de nuevo, se quedó sin trabajo.

Rainbow – Gates of Babylon

Por casualidad se encontró durante el verano de 1979 con Ozzy «a la deriva» Osborne, quien le ofreció formar parte de su proyecto  junto a Randy Rhoads. Al invento lo llamaron Blizzard of Ozz y se pusieron a componer las canciones de un primer disco. Junto al batería Lee Kerslake grabaron lo que, al final, se convirtió en el primero de Ozzy Osbourne en solitario (eso sí, con el título Blizzard of Ozz). Compuso varias canciones y la mayoría de las letras para este y el siguiente Diary of a Madman… pero Ozzy se cansó de él y le echó antes de que fuera publicado. 

Ozzy Osbourne – Crazy train

La historia con Ozzy y señora tiene tela. Ha colaborado en la mayoría de los discos del Madman como compositor y/o músico pero muchas veces no le acreditaban, otras le despedían y le volvían a contratar, a veces todo salía bien… Toca el bajo y compone en Bark at the moon (83), comenzó a componer para The ultimate sin (86) pero le despidieron antes de grabarlo, volvió a la banda para el No rest for the wicked (88) pero le despidieron de nuevo y no hizo la gira, y, siguiendo con el culebrón, fue contratado para grabar No more tears (1991) cuando ya tenía a Mike Inez para el puesto. Y, por supuesto, volvieron a despedirle.

Concluyendo el asunto: en las memorias de Bob te enteras del asunto. En cualquier caso, nos dejó su arte en un buen puñado de discos imprescindibles.

¿A qué se dedicó entre tanto entra y sale nuestro buen amigo? Primero se enroló en Uriah Heep para grabar dos discos: Abominog (82) y Head first (83). Después fue parte importante de la carrera de Gary Moore al participar en todos sus discos desde 1984 a 1992, esto es, desde Victims of the future hasta Afterhours, pasando por los enormes Run for cover (85), Wild frontier (87) y Still got the blues (90).

Uriah Heep – Rollin’ the rock

Gary Moore – Over the hills and far away

Y nos queda aún varias colaboraciones grandes. Bob tuvo tiempo en 1987 para acompañar a Tony Iommi  y Black Sabbath en su The Eternal idol, uno de los mejores del genial guitarrista en los ochenta. Junto a ambos, Eric Singer a la batería, Geoff Nichols a los teclados y Tony Martin a la voz. Y al año siguiente contribuyó al Odissey de Yngwie Malmsteen.

Black Sabbath – The shining

Menudo currículum tiene el amigo Bob. ¿Cuántos discos suyos tienes en tu discografía?