Archivo de la categoría: Crítica: discos míticos y pequeños tesoros

Hot Tuna – America’s choice – 1975

Hot Tuna

Corría caluroso el verano de 1974 cuando Jorma Kaukonen (voz y guitarra), su colega Jack Casady (bajista), compañero en Jefferson Airplain, y el batería Bob Steeler se metieron en los estudios Wally Heider de San Francisco con el ingeniero Mallory Earl y parieron esta mezcla de blues y hard rock loco. Ocho temas (siete compuestos por Kaukonen más una versión de Robert Johnson) en los que la guitarra te va a destripar las orejas con sus riffs alocados, llenos de fuzz y wah-wah, y la sección rítmica te va a poner a dar botes: Casady maneja musculosos patrones armónicos que juegan y refuerzan la guitarra mientras Steeler machaca los parches en perfecto equilibrio rellenando los espacios con estilo bronco. Todo el álbum se desarrolla en largos pasajes instrumentales que serían alargados más aún en directo con estupendas jams.

Como ejemplo, en la inicial Sleep song escuchamos tres guitarras superpuestas, una acústica en primer plano, una rítmica en segundo y la guitarra solista por encima: ahí está la magia de estos tipos, saber enrollar de manera compleja sus ideas musicales creando temas directos con mucho feeling. Funky #7 trae calor y un tufo a garito con otro estupendo riff y una de las mejores baterías del disco; atención al wah-wah del solo. La versión de Johnson Walkin’ blues se llena de distorsión y suena diferente. Jorman no es para nada un buen cantante, pero en Invitation se suelta con una melodía muy buena y bien sostenida. El tema, de casi siete minutos, redunda en la alternancia de pasajes rítmicos cambiantes y solos, con una larga jam al final.

De engañoso título, Hit single #1 maneja otro patrón de batería soberbio y una guitarra distorsionada con Jorman esforzándose por estar a la altura vocal con cierto éxito. Sin duda, uno de mis favoritos, un poco loco, un poco sucio. Cambia el tempo y el estilo con Serpent of dreams, con un aire psicodélico y un sonido acolchado sobre un sueño ácido, lo más parecido a una balada que hay en el disco, incluida su paranoia central. Creo que la mejor interpretación de Casidy se escucha en I don’t wanna go, tanto por la progresión como por la entrega y el ataque del instrumento, compartiendo el protagonismo con Steeler en una canción con un groove bestial. También destaca un riff wah-wah que marca la canción de principio a fin y, sorpresa, un estribillo comercial (o casi). La final Great divide: revisited mantiene ese wah-wah y revuelve las ideas musicales que hemos ido gozando en las canciones anteriores, con un mix sonoro de guitarras que vienen y van, y un puente-estribillo realmente sorprendente.
El concepto de la portada no deja de ser curioso. Asemeja un paquete de detergente. En un lateral se advierte: este álbum debe escucharse al máximo volumen para un efecto completo. En otro lateral aparecen los músicos como componentes activos. Se le ocurrió y la desarrolló Frank Mulvey.
America’s Choice inauguró una trilogía mágica de hard rock blues en Hot Tuna, junto a Yellow fever (1975) y Hoppkorv (1976). La banda permaneció en activo hasta 1979. Volvieron a juntarse a mediados de los ochenta y se mantuvieron activos durante buena parte de los noventa. Hace unos años volvieron con disco de estudio, el recomendable Steady as she goes (2011) y próximamente estarán de gira.

Tommy Bolin – Teaser – 1975

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Tommy Bolin – Teaser – 1975

Tommy Bolin es un músico semi-desconocido para el seguidor medio del rock (no digamos para el gran público). Estoy convencido de que si no hubiera formado parte de Deep Purple y aquel Come taste the band ni siquiera hablaríamos hoy en día de él. Por mi parte, considero que este álbum, Teaser, es una gran obra de rock de guitarras lleno de fusión e influencias rítmicas, pleno de momentos fantásticos, al que voy y vuelvo de vez en cuando.

La composición recayó en el propio Bolin junto a Jeff Cook y John Tesar. Él mismo produjo junto a Lee Kiefer en una grabación que duró unas pocas semanas de julio (justo antes de grabar con Deep Purple).

Comienza el disco con un número de época. En la inicial The grind parece como si Mick Jagger y Mick Ronson se hubieran hecho una canción a pachas, ese juego de la melodía vocal con el desenfreno guitarrero del final es esencia misma del glam rock de autor. El bajo de Stanley Sheldon y la batería de Jeff Porcaro le dan a Homeward strut un rollo funky divertido. Solo faltaría haber invitado a Glenn Hughes para poner una hipotética letra. Tommy mezcla una guitarra limpia con un sintetizador dando una lección de buen gusto en un sencillo y eficaz instrumental, con un toque de slide elegante. No me cabe duda de que Tommy demuestra ser mejor cantante que muchos otros guitar-heroes. En Dreamer maneja bien el fraseo y mantiene la melodía llegando a adornar el tema, por otra parte excelente. Gran piano de Dave Foster. Y vaya solo final del jefe. descarga

El humo de la bossa nova se cuela en Savannah woman, con una guitarra que recuerda vagamente a Santana y la percusión de Phil Collins (por entonces en Genesis) y Prairie Prince (que al año siguiente formaría Journey). Casi nada las compañías. Teaser, el tema más famoso, título del álbum y cover años después de unos tal Mötley Crüe, se maneja con un riff a lo Jimmy Page y una estructura boogie. Quizá el mejor estribillo del álbum. Aparentemente sencilla pero de elaborada armonía. People, people se baña en las aguas del reggae sin ningún tipo de vergüenza. El saxo de David Saborn suena a gloria y su juego sonoro con la guitarra de Tommy se mete en las entrañas. Mueve las caderas, baby.

De nuevo Saborn se crece protagonista en el instrumental Marching powder, esta vez en un ritmo rock con tintes latinos. El sintetizador lo pone Jam Hammer (asiduo de Jeff Beck y Al Di Meola, le escucháis en los temas de la serie ochentera Miami Vice). El solo central vuelve a ser excelente, variando en una escala jazzy, y la inercia de mantener una melodía central con continuas rupturas sobre una cama rítmica gruesa es para oídos inquietos y atentos hasta el segundo último, locura musical. La deliciosa balada Wild dogs incluye algunos elementos de clara influencia Bowie en la construcción y en los arreglos. Lotus, de mis favoritos, contiene uno de las mejores interpretaciones de Bolin en sus más de once minutos, ese largo solo central es extraordinario y la psicodelia hard del final no le desmerece. Algunos de los más sentidos licks se desarrollan de extremo a extremo del tema.

Poco más de un año después Tommy Bolin falleció por sus excesos con la heroína y el alcohol, pero en ese tiempo grabó y giró con Deep Purple y dejó otro álbum de estudio, Private eyes. Este Teaser es una joya (casi)secreta. Un álbum imprescindible. Un pequeño tesoro de un (no)guitar hero.

 

91 suite – 91 suite – 2001

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91 Suite – 91 Suite

Sin duda, uno de los mejores discos de hard rock melódico hecho en España, una joya de principio a fin con todos los clichés del género (AOR, softrock, como queráis): potente presencia de los teclados, riffs machacones de guitarra, voces melódicas con estribillos elaborados, historias de amor y desamor y unos cuantos solos de manual. Y son de Murcia.

La banda la conformaron para el álbum Jesús Espín a la voz, Paco Cerezo e Ivan González a las guitarras, Antonio Ruiz al bajo, Mario Martínez a la batería y Dani Marata a las teclas. La propia banda hizo la producción y lo masterizó Carlos Creator, otro mago de la guitarra, músico y productor con largo historial (Obús, Vhäldemar, Brecha).

El álbum se caracteriza por unas composiciones redondas, quizá más cercanas al medio tiempo, con arreglos y armonías muy currados y una concreción técnica sin lujos pero siempre correcta, en especial algunas interpretaciones de Dani a los teclados o las guitarras de González y Cerezo.

Quizá mi canción favorita sea Hard rain, con guitarras rudas, cambios de ritmo y estribillo bofetada, es decir, directo y te marca de un golpe. Además, el doble guitarreo del solo me encanta (un poco breve). Pincharía después Hurt and pain, por unas guitarras a lo Vito Bratta con excelentes teclados, donde destaca el fraseo algo más agresivo de Jesús hasta un estribillo que me recuerda a Journey. Y la que cerraría mi terna de favoritos lleva por título Give me the night  y perfectamente la podría cantar Joey Tempest; buena batería.

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No hay que dejar el resto del disco de lado, ni mucho menos. El riff inicial de The day she left nos introduce a la elegancia de 91 suite, un tema ideal para comenzar con una gran aportación vocal. Down to you, tras un inicio de teclas suave, se acelera con un gran estribillo y se adorna con un solo genial, muy armónico, con intercambio de guitarras.  Destacan también las guitarras, algo más gruesas, en Time to say goodbye y una gran interpretación de Jesús. Algo más popera, All is love me recuerda a Survivor, sobre todo en la parte central y el estribillo, con un ataque vocal a lo Jimi Jamison. Chances se pega armoniosa sobre un ritmo cortante, un poco stacatto, con un final guitarrero. Apetece cantar el largo estribillo de I will stand by you hasta cansarse, qué lujo.

No podían faltar las baladas. Lost in the silence, de los más largos del disco, donde destaca de nuevo la labor de Dani y Jesús mantiene la melodía con soltura, pero resulta algo melosa.  Quizá más conseguida, Chance of a lifetime recuerda en la composición a los “viejos” Bon Jovi con una parte inicial tranquila que se llena de musicalidad en el puente y el estribillo, violines incluidos.

Lo editó Vinny Records, responsable de otras joyas del género como Hardreams o Airless. Hubo una edición europea y otra japonesa, ambas con sus correspondientes bonus tracks. Incluso hay por ahí un par de versiones en castellano de algunos temas, línea que igual podrían explorar.

Rescaté el álbum hace poco, al saber que seguían dando guerra por los escenarios. Espero que se decidan a grabar nuevo material. Mientras tanto, yo voy a darle al play otra vez.

 

Tom Petty and The Heartbreakers – She’s the one – 1996

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Tom Petty and The Heartbreakers – She’s the one – 1996

Tom Petty, en el verano de 1996,  editó esta banda sonora como soporte de la película She’s the one dirigida y escrita por Edward Burns. El propio compositor despotrica de este trabajo y confiesa que la hizo un poco por obligación y un poco por el mal momento personal y económico por el que pasaba. Básicamente, compuso un par de canciones, eligió un par de temas para versionerar y los descartes de Wildflowers y se metió en el estudio. Pues Tom, amigo, te quedó un refrito muy entretenido, no uno de tus grandes discos pero sí de los más agradables de escuchar: inspirado, bien acabado, con buenas guitarras y una interpretación de la banda de nivel. No desperdiciarás tu tiempo si te la empapas enterita. Además, funciona estupendamente como álbum, más allá de sus referencias a una (floja) película.

Tom Petty y sus Heartbreakers suenan ligeros,  como banda bien empacada, pero  nada de complicaciones. Temas sencillos, un par de canciones excelentes, algún pasaje instrumental, aunque con ciertos momentos de inconsistencia; si hubiera descartado tres o cuatro cortes el disco habría ganado. Por momentos se acerca al Dylan eléctrico en demasía y en ocasiones se copia a sí mismo, pero, vaya, una banda sonora permite ciertas licencias al artista.

Lo mejor del álbum está al principio. La grandiosa Walls (Circus), una lograda canción pop con un acertado arreglo vocal. El rock casi acerado de Zero from outer space con sello Heartbreakers. Climb that hill tiene un toque especial a pesar de un estribillo simplón y una evolución contenida. Benmont Tench y Mike Campbell se llevan el premio en Grew up fast (“we grew up smashed/and we grew up alone”). Las soberbia versión de Change the locks (de Lucinda Williams) con su crescendo resulta muy acertada,  igual que Asshole de Beck, calmada, suave. Para el final reservamos Supernatural radio, emotiva, inspirada y el pop aseado de Hope you never, temas bien acabados, como  Walls (Nº 3).

Producido por el propio Petty junto a Rick Rubin y Mike Campbell, cuenta con numerosos invitados: Ringo Starr, Carl Wilson o Lindsey Buckingam entre otros. La banda que arropa a Tom (quien canta y toca guitarras, armónica, piano, lo de siempre) la conformaron Mike Campbell a las guitarras, Curt Bisquera a la batería, Benmont Tench a las teclas y Howie Epstein al bajo.

Una banda sonora a recuperar, especialmente si eres fan de Petty y los sonidos americanos.

La banda sonora en completa puedes escucharla en este enlace.

 

 

Skunk Anansie – Post orgasmic chill – 1999

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Skunk Anansie – Post orgasmic chill – 1999

Fue el primero que escuché de Skunk Anansie, tras el vídeo de Charlie Big Potato. Nunca entendí bien cuál era el atractivo de Skin, pero me atraía. Ese aspecto de amazona indomable con una voz que igual te reventaba el corazón que las pelotas, esa cabeza rapada, esa boca enorme, esa gesticulación salvaje y esas letras molestas. O la odiabas o la adorabas. Yo me convertí en uno de los segundos. La batería y la guitarra en stacatto terminaron de iluminarme. La historia de un incesto. Y se coló en lo más vendido de aquel año.

La variable y enorme calidad vocal de Skin se demuestra escuchando del tirón Secretly, On my hotel TV y You’ll follow me down. Cómo pasa de la suavidad y la confesión del amor perdido y oculto de la primera, a la agresividad de la segunda o la profunda tristeza de la última. Y de remate, la cambiante anti-racista We don’t need who you think you are, con su tempo calmado que estalla en un estribillo rabioso. Cuatro canciones que resumen Post orgasmic chill. Y antes de merendarte enterito el disco pincha The skank heads, Good thinks don’t always como to you o la final I’m not afraid.

Junto a ella un estupendo batería, Mark Richardson, muy técnico, siempre con el groove correcto para adornar la canción; un bajista característico de los años 90 pero con amplia influencia del rock setentero, Richard “Cass” Lewiss; un guitarrista, Martin “Ace” Kent, que me recuerda inevitablemente a Tom Morello. Lo produjo Andy Wallace, quien también metió pianos y hasta un Hammond.

Un disco a rescatar como ejemplo de buena música rock en años de turbulencias estéticas y sónicas que dejaron a más de una banda legendaria en el ostracismo. Para mi gusto, el mejor y más completo disco de Skin y Skunk Anansie. A disfrutarlo.

Charly big potato

Secretly

Ñu- No hay ningún loco – 1986

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Ñu – No hay ningún loco – 1986

Jose Carlos Molina, líder, cantante, flautista y principal compositor de los Ñu, siempre fue un tipo particular y controvertido, con una forma de lidiar con la música siempre atrevida. Tras cuatro discos en estudio, y tras romper su contrato con Chapa, decidió meterse en la sala Canciller de Madrid dos noches con un montón de músicos amigos a recoger las que, hasta entonces, consideró sus mejores canciones. Lo curioso es que casi todos los invitados habían tocado en algún momento en los discos de estudio o las giras de la banda e interpretan las mismas partes que en su día grabaran. Entre esos músicos encontramos a nombres tan conocidos como Jero Ramiro (Santa, Saratoga) o Eduardo Pinilla (Burning, Coz, Luz Casal) a las guitarras, Chiqui Mariscal (Leño) al bajo, Miguel Ángel Collado (Casablanca, Sangre Azul, Santa) a las teclas o Enrique Ballesteros (Coz, Banzai, Bella Bestia) a la batería.

La mayoría de los cortes pertenecen a sus discos más recientes. De Fuego (1983) rescata Nessa, La bailarina, Fuego y Más duro que nunca y de Acorralado por ti (1984) Perseguido, Una noche más, Ella y Más quiero más. Pero, sorpresa, presenta cuatro nuevos temas: No hay ningún loco, Prometo besar, Los ojos de la zíngara y Sé quién. Producido por Mariano García, estrenando su discográfica Barrabás, se grabó con la unidad móvil de los Estudios Kirios. Lo cierto es que el sonido general es bastante flojo y  en ocasiones deja bastante que desear. El doble directo llegó a disco de oro en España, lo más vendido de Jose Carlos Molina.

Tras una introducción enlaza Cuentos de ayer y de hoy con Preparan, interpretadas con garra, para después lanzarse a uno de sus jose-carlos-molina-2temas imprescindibles, el debutante No hay ningún loco. Ese estribillo y el trabajo de melódico es simplemente excelente. Tras la delicadeza de Prometo besar (algo floja) entramos en uno de mis momentos favoritos del directo, la unión de La bailarina y El flautista mediante un solo de flauta, en el que Molina (protagonista de esta sección) vacila al personal e interpreta tonadas infantiles incluso. La canción de Nessa junto a Fuego cierran lo que era el primer disco. La rudeza y la velocidad se imponen y las guitarras y una batería más heavy nos trasladan a aquellos años donde la música dura dominaba las calles, aparecía en los programas musicales de la televisión y sonaba en las emisoras de radio. Increíble la zona central con Molina, Collado y Jero intercambiando solos.

El segundo disco comenzaba con otra de las canciones estrella de Ñu, en una de sus versiones definitiva. Ella tiene ese toque intenso con el que siempre coqueteaba Molina sin perder el hálito comercial necesario para llegar al mayor número de oídos con una letra original de entrega y amor (o desamor, aún no lo sé). No creo que pueda presumir de ser un gran cantante, en cuanto a técnica, pero lo palia con entrega y un aprovechamiento inteligente de sus recursos. Otra gran interpretación para Perseguido, tema que gana (como la mayoría) en este directo, una de esas canciones al alcance de pocos compositores de la época, jugando con el progresivo al estilo Ñu. Encontrar en este punto un tema anti-clímax como Los ojos de la zíngara me hace sonreír, cómo mezcla el ritmo de rock y la melodía de inspiración árabe y un toque andaluz con la presencia del cantaor Angel Moreno. La épica medieval se cuela en Sé quién (“tiene la espada que vencerá, la llave de una ciudad”) con otra línea melódica impoluta. Para arrastrarnos hasta el final,  la trilogía “Más”. Más duro que nunca, traca metalera donde Molina se confiesa: “ahora dime quién te ha contado que esto se acabó (…) más duro que nunca tú me haces vivir”. El saxo de Pepe Moreno nos da la bienvenida a Más quiero más, quizá de lo más comercial de Ñu, con un aire a la música que hacía Miguel Ríos en los primeros ochenta. Y el cierre a caballo del teclado y el bajo de Una noche más, con intercambio de solos y adornos.

Uno de los grandes discos en directo de los ochenta (a pesar del sonido y la mezcla final) con la caña, el buen hacer y la genialidad algo loca de Jose Carlos Molina, quien recuerda al público que “colaboró extraordinariamente” y dedica la obra a su madre “que me estará escuchando” y a la Guardia Civil “que me estará buscando”. Un imprescindible.

 

 

Sangre Azul – Cuerpo a cuerpo – 1988

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Sangre Azul – Cuerpo a cuerpo – 1988

La banda madrileña Sangre Azul grabó este álbum en los estudios Mediterráneo de Ibiza en Marzo de 1988, a las órdenes de Steve Taylor y Dennis Herman, clave en el excelente sonido y la mezcla “made in usa”. Porque, al fin y al cabo, la compañía Hispavox quiso fabricar con Cuerpo a cuerpo una copia del sonido (y la imagen) Bon Jovi/Whitesnake que arrasaba por entonces en las listas de ventas de este país (y de medio mundo). Y lo lograron, desde luego. Contaban con buenas composiciones, con un cantante, Tony, más que solvente y con dos guitarristas, el mismísimo Carlos Raya y J.A. Martín, inspirados, elegantes y técnicos. Le pones una buena base rítmica, con Luis Santurde a la batería y Julio Díaz al bajo, y lo completas con un teclista de primera, Miguel Ángel Collado, y es difícil que el producto final no sea bueno. Bien es cierto que hay canciones mejores que otras, aunque, como siempre, eso es cuestión de gustos.

La pareja que abre el álbum, No eres nadie y Cuerpo a cuerpo, son dos trallazos complementarios. El primero, sobre el abandono de la chica mentirosa que no nos corresponde; el segundo, canción libertina sobre el ligue de bar. En Cuerpo a cuerpo domina el riff de guitarras y la labor de Tony, entregado al papel de ligón. También el riff inicial de Nacido para ganar, que se repite en la parte central, es lo mejor de la canción. Dueño y señor, una de mis favoritas por su letra lamentando la pérdida del que nunca tuvo nada, juega con ese teclado en todo el estribillo, fácil de recordar y sencillo, y un solo a dos guitarras cortito y trabajado. En un segundo nivel, ojito, pero nivelazo, se pega Si tú te vas, con una base buena pero un puente/estribillo algo previsibles.

La antigua cara B comenzaba con otra de las joyas de este disco, Mil y una noches, tremenda construcción, hard rock melódico de manual, interpretación, arreglos y melodía, qué más pedir. En Noche de acción tenemos una canción del cantante que va de concierto en concierto (“otra noche, otra ciudad”) burlando la ley y el destino para tener una noche de acción; estribillo molón y buen solo. Síguelo es muy simple, con un coro que marca y dirige el tema y una letra ensalzando las vivencias del rocanrol: surgiendo de algún lugar escuchas su voz tan especial; puente y estribillo para cantar a toda voz, con cierto tufillo Dokken. Y, cómo no, en Dame tu amor tenemos al rompecorazones, con toques Whitesnake, en la que se pide a la mujer deseada que nos dé una noche, no más, que “no soy hombre de una mujer”. Cierra el álbum Alejandría, un instrumental, un temazo.

Supongo que si andas por este blog ya has escuchado antes este álbum, y  te animo a retomarlo. Si aún no has posado tus orejas en él,  ya estás tardando. Un clásico en su género.

 

Gold – Oregins S. F. – 1970

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Gold – Oregins S. F. – 1970

No te extrañe si nunca has oído hablar de esta banda de San Francisco, porque nunca editaron de forma oficial un álbum ni pasaron de ser una banda de directos y festivales más allá de la costa Oeste en el periodo de 1968 a 1973. Sin embargo, casi 25 años después una compañía independiente editó este Oregins S. F. recogiendo las grabaciones inéditas en los estudios Golden State entre finales de 1969 y principios del año siguiente (nueve canciones en total) más una grabación sin trampa ni cartón de aquel mismo año en el Filmore West (otros ocho temas). Un notable legado de una banda más que no llegó a levantar la cabeza en el enorme tifón de creatividad de aquel momento.

Entonces, ¿por qué traerlos aquí? Pues simplemente porque este disco no puede pasar tan desapercibido. La mezcla de blues electrificado a lo Blue Cheer con las influencias latinas al estilo Santana o Manassas y un toque psicofolk cercano a Quicksilver Messenger Service crea una pequeña colección más que recomendable. Ed Scott fundó el grupo en 1967 y tras muchos cambios de miembros y nombres decidió abandonar definitivamente en 1973. En la época de Oregins S. F. formaban en Gold, con él a la guitarra, Louie Goursau a la batería, Ron Cabral y Sebastian Nicholson a la percusión (congas, maracas, lo que haga falta), Chico Moncada al bajo, Richard Coco y Robin Sinclair a las voces y Joe Bajza como guitarra solista.

La banda llegó a editar el sencillo No parking como cara A y Summertime como cara B. La primera, que abre el disco, una rabiosa carrera de riff heavy y veloz percusión, con un toque fiestero en la parte central, donde Joe y Ed se lucen especialmente. La segunda, Summertime, que cierra el álbum, es un tema con toque latino, que comienza a modo de balada y acelera con unas congas y un buen trabajo rítmico, más un pequeño solo de guitarra influenciado por Santana.

High on love tiene un rollo más folk que me recuerda a Stephen Stills, igual que When I saw you, esta más rítmica, con unos coros centrales y unos arreglos más cercanos a la psicodelia. Righteous love resulta extraordinaria, con esa voz negroide jugando entre el rock de guitarras y el soul, un puente y un estribillo bien conseguidos. El tema se vuelve rudo con Heavy, otro buen riff, aunque ahora con un toque más latino que en No parking, cercano al Santana de los primeros discos. Esta influencia es más clara en Conquistadores, sobre todo por el trabajo de percusión y el solo central. Una canción de corte british invasion de título PSB, bien conseguida, aunque fuera de contexto, aunque quizá el mejor trabajo vocal. El blues se presenta más descarado en Filet of soul, con un punto dramático de equilibrio entre el piano y las guitarras.

En los cortes recogidos en vivo, destacar una versión, cómo no, de Santana, Fried neckbones, y un tema que no aparece en estudio, Colores, cercano también a los sonidos psicodélicos de San Francisco por aquella época.

Un grupo que lo intentó, con suficiente buen hacer para haber conseguido publicar con éxito un álbum y, quién sabe, si desarrollar una carrera prolífica. En cualquier caso, recomendable escucha.

Poison – Flesh & blood – 1990

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Poison – Flesh & blood – 1990

Hace más de 25 años una banda multiplatino llena de cardados, maquillaje y vídeos sexuales decidió ponerse a componer y grabar un disco que les granjeara el respeto de la crítica musical y les pusiera un poco más arriba en el mainstream mediático. Contrataron al productor fetiche de aquellos años, Bruce Fairbairn, se fugaron a su estudio canadiense y parieron el mejor disco de su discografía, aunque tuvieran que dar un paso al lado de su glam-metal anterior y salir a “cara limpia”.

La banda seguía con la alineación clásica. C.C. DeVille en las guitarras, Bret Michaels en la voz, la armónica, la guitarra rítmica y la composición principal, Bobby Dall al piano y el bajo y Rikki Rockett a la batería.

En Flesh & blood, por un lado, encontramos temas que ahondan en la fiesta y el sexo, característica de sus dos entregas anteriores, los más luminosos y directos. El primer single, por ejemplo, Unskinny bop, con una pegajosa entrada rítmica que mantiene el fondo hasta el estribillo y Bret cantanto de manera juguetona. Otro single, (Flesh&blood) sacrifice, se basa en un riff estupendo de guitara y esa batería que tan bien mezclaba Fairbairn en sus producciones sobre un arreglo bien armonizado y un trabajo vocal a recordar. La temática de libertad y fiesta sigue en Ride the wind, quizá el mejor estribillo, alabando la vida motera, y en Let it play, un cántico a la felicidad que produce escuchar música (y otro genial estribillo). En otra honda, jugando con una estructura de blues,images narran las historias del que alcanza el éxito pero sigue sintiéndose un pobre chaval; el ritmo y la guitarra hacen mover el culo sin parar en Poor boy blues.

Se ponen serios y, hasta oscuros, por momentos. En la  inicial Valley of lost souls se muestra dudosos de la capacidad de alcanzar la felicidad y juegan con los sonidos Guns’n’Roses saliendo airosos. También hablan de los malos tiempos en Come hell or high water, tema más flojo que, sin embargo, contiene el mejor solo de C.C. y otro buen estribillo. Más allá de la juerga nocturna, tratan sobre sus relaciones largas en Ball and chain, trasfondo country, una de las gemas escondidas de Flesh & blood.

No faltan, por supuesto, las baladas y los medios tiempos, seña de identidad de cualquier grupo ochentero que triunfara en las listas de ventas. Presentan tres temas diferentes. En Life goes on juegan en territorio conocido y componen una balada al “viejo” estilo, con arreglo orquestal y lacónica letra de corazones rotos. Something to believe in, el otro single de éxito, y la canción más larga, explica el dolor ante la pérdida de alguien querido, en este caso un gran amigo, y la necesidad de creer en algo. La música y la interpretación vocal acompañan a la emocionante letra, muy bien logrado el conjunto. La tercera en discordia, otra tremenda, Life loves a tragedy, ahonda en la tragedia vital de las relaciones personales, con una construcción in crescendo de estribillo demoledor.

Vendieron una barbaridad y se acabó Poison. Tras dos años de gira, C.C. DeVille fue expulsado por sus problemas de drogas y, aunque el grupo reclutó a Ritchie Kotzen, nunca volvió a ser lo mismo. Un álbum completo que no defraudará a los profanos de los sonidos ochenteros ni a los amantes del buen hard rock. A rescatar.

Poison – Something to believe in 

 

Vain – No respect – 1989

Vain

Vain – No respect – 1989

Vain es la banda del vocalista Davy Vain, cantante en los dos primeros discos de la banda Death Angel: Davy se reconvirtió en productor tras su experiencia con los thrashers hasta que decidió recomenzar con un proyecto acorde a las modas sonoras de la época. En todo el disco se notan las influencias de grupos multiventas como Motley Crue, Ratt o Guns N’Roses junto con cierto aroma al hard seventies, sobre todo en la base rítmica (escucha Who’s watching you o Icy, por ejemplo). Vain consigue en este álbum una mezcla difícil aquellos años de productos sobreproducidos y anodinos: un conjunto de canciones con vida propia que se conjuga en una voraz bola de energía rítmica y armónica. Supongo que tuvo algo de culpa el productor Paul Northfield (se encargó de Operation: Mindcrime de Queensrÿche, Movin pictures de Rush o Alpha de Asia).

El fantástico riff a doble guitarra y bajo de Secret con su sencilla línea melódica y un estribillo convencional pero con gancho muestra por dónde vas a discurrir en este trabajo, tema cañero en cualquier caso. Beat the bullet comienza enseñando su patrón rítmico de bajo y batería para sumar progresivamente los demás elementos, excelente tema con uno de los estribillos más adictivos y un toque wah-wah chulo. Engancha a la perfección con Who’s watching you, cuyo mérito vive en el estribillo y el arreglo en el centro, donde la banda se para un instante para acelerar violentamente al apoteósico final; por cierto, un guiño a esa guitarra terminal. Laws against love podría perfectamente formar una terna perfecta para un concierto, con su elegante comienzo, su progresión, un buen puente y otro fenomenal coro central.

Vain – Beat the bullet

Quizá las mejores guitarras las escuchamos en Aces, donde riffs, punteos y el solo central están muy bien conseguidos (por cierto, ese riff te sonará a Led Zeppelin) y en 1000 degrees, tema caliente basado en un ritmo sensual con explosión vocal. La historia de Icy intenta emular este ambiente, con menos éxito, pero con indudable gusto en el trabajo de Davy y el mejor solo del disco. En Smoke and shadows intenta un trabajo más “serio”, con tranquilidad, línea melódica progresiva y estrofas largas. El mejor tema, que da título al álbum, No respect, tiene un comienzo suave, regala el mejor riff y el mejor puente del conjunto y un repetitivo estribillo, todo encaja y no debe darte vergüenza cantarlo a pleno pulmón.  No faltan la balada de época titulada Without you ni el tema vacilón pleno de rock and roll para cerrar, Ready.

La voz de Davy Vain se queda en un punto intermedio entre Vince Neil, Stephen Pearcy y Don Dokken, sin tanta chispa como Axel pero con la suficiente personalidad para marcar el producto. Las guitarras de Jamie Scott y Danny West destacan en la mayoría de canciones, manteniendo las líneas melódicas y con algunos juegos armónicos interesantes, aunque con poca pirotecnia, más aceptando su labor de acabar un gran producto final que en lucirse. La base rítmica, formada por Ashley Mitchell al bajo y Tom Rickard a la batería, cumple sin más, aunque Tom destaca en momentos puntuales.

Gran trabajo de hard rock melódico, una traca para un estilo que, aún sin saberlo, estaba dando sus últimos coletazos. No vendió bien ni falta que hace. Para fans del rock ochentero y para aquellos que tienen buen gusto musical. A subir el volumen.

Vain – No respect