Archivo de la categoría: Crítica: discos míticos y pequeños tesoros

Bad Company – Bad Company – 1974

No tengo ninguna duda en señalar a Paul Rodgers como uno de los cantantes más carismáticos y particulares de la Historia del rock, uno de mis favoritos, desde luego, y componente de dos bandas imprescindibles como Free o Bad Company (si hace falta recordamos su paso por Queen). Este primer álbum de Bad Company se fraguó en el otoño de 1973 de la unión de Paul y Simon Kirke (batería y compañero en Free) con Mick Ralphs (guitarrista tremendo que tocara en Mott the Hoople) y Boz Burrell (bajista, entre otros, de King Crimson). Un buen cuarteto, una reunión de genios rebotados de otras aventuras.

La banda contó con la ayuda de Ron Nevison en la grabación y las mezclas, que se hicieron en los estudios Headley Grange en Hampshire con la unidad móvil de Ronnie Lane. El artwork lo realizó Hypgnosis. Con este cuadro, solo faltaban unas buenas canciones para triunfar. Al fin y al cabo, estamos hablando de música.

Pocas canciones tan míticas como I can’t get enough, de reconocible riff, grandioso solo y gran estribillo, un clasicazo rock donde la magia de Ralphs y Kirke se mantiene imperecedera más de cuarenta años después. El feeling blues se cuela en Rock steady, con una fantástica interpretación de Rodgers. La figura de guitarra se repite a lo largo de toda la canción apoyada en otra buena batería. Brutal final. Ready for love trae una calmada tonada a lo largo de un medio tiempo de energía contenida. Burrell destaca en el conjunto y el piano que va y viene a lo largo del corte marca un punto melódico y rítmico interesante. La canción fue rescatada por Ralphs del All the young dudes (1972) de Mott the Hoople, consiguiendo darle una nueva vida, otro de los grandes de este álbum. No puedo dejar de acordarme de The Beatles en Don’t let me down. Quizá por el parecido al corte de mismo título de los de Liverpool, quizá por los arreglos melódicos. Sorprende el saxo en el interludio tras el primer estribillo, efectivo, seguido de un sentido solo de Ralphs.

Otro de los puntos fuertes abría la cara B del vinilo, este Bad Company. La mejor interpretación de Rodgers, sobresaliendo en un corte con mucha tensión, lleno de detalles (el piano, los adornos de batería, el toque preciso del bajo, los cambios de tempo) y rematado con otro estupendo solo de Ralphs, el rey de este disco. Una de las grandezas de Bad Company radica en los cambios que protagonizan cortes como The way I choose, otra balada arrastrada por el fango blues (por momentos parece un vals), muy emocional, donde su aparente sencillez agarra nuestra atención con el ritmo, un delicado puente y un largo estribillo, y otro acertado arreglo de viento. Tras la calma otra tormenta rítmica con Movin’ on, de mis favoritos. Esa batería alucinante, el riff machacón, el puente y el estribillo, otra historia de vida en la carretera, genialidad la parte central con Burrel muy inspirado también. Y cerramos con otra joya acústica. Seagull mantiene una sencillez melódica base sobre la que Rodgers se sale, por técnica y sentimiento: “here is a man asking the question/is this really the end of the world”. Un toque folk para cerrar esta obra maestra.

Alcanzó el número uno en Estados Unidos y despachó un millón de copias en poco tiempo, gracias a dos singles tan exitosos como Can’t get enough y Movin on (ambas compuestas por Ralphs). Desde entonces ha recibido cinco discos de platino en el mercado yanqui y se calcula que ha despachado otros tantos en el resto del planeta. Una burrada bien merecida, un clásico, una obra maestra del género.

 

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Ñu – Vamos al lío!! – 1988

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Jose Carlos Molina, dios de Ñu, pasa por ser un loco, un pasado, un mago, un genio… En cualquier caso, un personaje único que con su flauta, su particular voz y esa manera de fabricar melodías ha dejado una huella indestructible en la historia del rock patrio. Dejó en los ochenta una colección de discos obligatoria para cualquier amante del género.

En 1988 unió fuerzas con Mariano García, histórico personaje de la movida heavy rock madrileña, director y presentador de uno de los programas radiofónicos punteros, Discocross, empresario de la noche (Barrabás, Canciller), promotor, representante y hasta productor. Labor que ejerció en este caso con el trabajo de Ñu que hoy traemos, este Vamos al lío!!. La verdad, las sesiones de grabación debieron ser, cuando menos, curiosas.

No se puede negar que este álbum de Ñu tiene un sonido “de época”, es decir, digno del año en que fue grabado: baterías y bajo programados o sintetizados, presencia de teclados por doquier, cuidadosos arreglos y armonías, canciones sencillas, alejadas de experiencias anteriores de Molina. Un artefacto pensado para agradar a los oídos en las emisoras de radiofórmula, vaya. Lo bueno es que contaron con músicos de lujo: Eduardo Pinilla a las guitarras, Miguel Ángel Collado a los teclados y la programación, Enrique Ballesteros a la batería y Jose Luis Rodríguez al bajo (colabora el violinista Enrique Valiño). Jose Carlos Molina se encargó de flauta, programación, teclados, armónica y otros desmanes.

Comienza a mostrar sus cartas con No te dejes ganar, donde teclados y guitarras cobran protagonismo y la flauta no se oye; arreglos cercanos al hard comercial de la época y un estribillo muy pegadizo. Tras el breve instrumental Fuga… sin modales (pedazo guitarra de Pinilla), Molina se luce, por fin, en Que alguien nos pare, con la flauta sobre un buen riff de guitarra; la letra, sin desperdicio: “que alguien nos pare, queremos estar dentro de la ley”. Fuera de juego suena a los Ñu de discos anteriores, más duro, más centrado en la melodía de su flauta. Además, escuchamos uno de los mejores solos de guitarra del álbum.

Es Yo para ti, a mi entender, una rareza en la discografía de la banda hasta entonces: una canción con un tempo lento en las que teclas y voz ocupan el espectro evolucionando hacia una melodía poprock extraña, con demasiado protagonismo del teclado y violines. Lo raro es que el estribillo funciona y el final de la canción resulta más que interesante. El solo de guitarra no pega nada. En El tren azul, Molina y compañía se marcan una versión del viejo tema que compusiera el flautista con Rosendo y que hiciera famoso Leño. En el conjunto global, los teclados y los sonidos electrónicas desentonan un poco (aunque, cuestión de gustos), pero la flauta y la interpretación de Jose Carlos rayan a buen nivel.

La antigua cara B comenzaba con el tema estrella, La granja del loco: buena melodía basada en la flauta, línea vocal made in Molina, letra visceral y crítica y tema muy bien arreglado. La siguiente El mejor no puede ser más sencilla: un ritmo clásico, una melodía de voz y guitarra accesible y un tema bailón. Trovador de ciudad nos devuelve a los Ñu que me gustan. En Nada me detendrá, Pinilla borda con su guitarra un tema con buena estructura y un estribillo bien conseguido; el arreglo de violín sobra un poco, pero el impass de teclado y guitarra está muy bien. Para cerrar, mi favorita: Tocaba correr, tema que vale por todo un álbum: buena letra, interpretación genial de Jose Carlos, bien arreglada. La versión de La taberna encantada (1997) es otra pasada.

Quizá no sea un imprescindible de Ñu pero, sin duda, uno de los grandes discos de finales de los ochenta, que no es poco, y uno de los trabajos más desenfadados de Jose Carlos Molina, artistazo para bien y para mal. A disfrutarlo.

 

Opeth – Ghost reveries – 2005

Siempre me ha parecido Ghost reveries una obra de creación artística tremenda, con un trabajo casi de orfebre en su composición y ejecución. Sea o no el mejor de Opethcontiene todos los elementos que les han convertido en uno de los clásicos de este siglo. Además, narra una historia digna del mejor King Diamond o un jovenzuelo Stephen King: el sentimiento de culpa y arrepentimiento del hijo (¿esquizofrénico?) que asesina a su madre en un momento de enajenación, sostenido por historias de posesión demoníaca, una loca combinación de voces guturales y líneas melódicas limpias sobre un entramado compositivo complejo, con numerosos cambios. El asesino es tentado por sus fantasmas, asesina a su madre y, pasado el hechizo, toma conciencia de sus actos, huye, se arrepiente, pero acaba volviendo a la posesión infernal de sus demonios (¿del mismo Satán?).

Mikael Akerfeldt, cantante, guitarrista y compositor principal, demuestra que es un poeta del ultramundo, un contador de los males oscuros del ser humano. A su lado, casi perfectos, Peter Lindgren a la guitarra, Martin Mendez al bajo, Per Wiberg a las teclas (piano, órgano, de todo) y Martin Lopez a las percusiones. La propia banda lo produce junto a Jens Bogren.

El proceso de iluminación maligna comienza en Ghost of perdition, con numerosos cambios de registro en tonos y voces a lo largo de diez minutos y medio, pasando de los agresivos pasajes apoyando la voz gutural de Mikael a delicados pasajes acústicos para “ver a un hijo amado prepararse para lo que va a venir”. De los mejores temas del álbum, la joya es un excelente interludio instrumental justo en la parte central, una constante de Ghost reveries. En la siguiente The baying of the hounds encontramos la semilla con la que Opeth comenzó a evolucionar en los siguientes años, con un Mellotron y un ritmo de guitarra de tufazo retro (incluso el solo del minuto siete suena añejo). La posesión ha tenido lugar, el hijo transtornado se enfrenta a sus miedos y se acerca al momento del crimen: “soy demasiado débil para resistir”. En Beneth the mire el sacrificio del esclavo al maestro tiene lugar, el loco a su propia locura, en una “escena que recuerda al holocausto” donde “sacrifica más de lo que tiene”. Corte dividido en cinco partes con una introducción basada en una melodía oriental, una parte central calmada con piano y un final in crescendo que desemboca en un ritmo machacón y una pequeña coda. De lo más destacado el trabajo de batería.

Tras estos temas duros, aparece Atonement (literalmente, expiación), con su atmosférica calmada, sus armonías dulces y una melódica guitarra como guía. Cuando “el humo que me cegaba” desaparece “no puedo justificar el acto que he cometido”. Sigue otra de las joyas del disco, Reverie/Harlequin forest, en otros diez minutos largos de huida, buscando “una semilla de esperanza” entre los árboles del bosque. Pasajes seductores (como el que escuchamos entre el minuto seis y el ocho) luchan contra las voces que amenazan. El final anticipa la calma de Hours of wealth, con guitarras acústicas tomando el control, los teclados acompañando la melodía y un arreglo orquestal sencillo pero efectivo. Un momento de soledad donde “encontrarse limpio de dolor” e intentar alzarse de nuevo. Una guitarra blusera cierra el tema.

Y, de la nada, rompe el silencio el enorme riff de The grand conjuration y su progresión casi maligna, otro de los puntos álgidos de Ghost reveries. El demonio nunca olvida a sus pecadores y los fantasmas de la locura vuelven. Tema denso, con numerosos cambios y cada vez mayor protagonismo de las voces guturales para confirmar que el mal ha triunfado. De extra, Isolation years nos trae un punto de calma y reflexión sobre la soledad y la pérdida.

Ghost reveries no resulta una escucha fácil, un disco que poner en el coche mientras vas al trabajo. Requiere atención, leer la letra, entender el sentido de las atmósferas y los cambios. Para disfrutarlo como un demonio, vaya.

Alarma!!! – En el lado oscuro – 1985

ladooscuro Hay pocas bandas tan influyentes en la música pop rock en castellano que hayan disfrutado de tan pocas ventas, tan breve reconocimiento público y, por tanto, éxito real. Casi nadie recuerda a este trío madrileño que pasó sin mucho molestar entre el pop y el heavy de moda en la primera mitad de los ochenta, sin engancharse realmente a ningún caballo ganador. Sin embargo, las canciones de este álbum que hoy recordamos han sido versioneadas por gente tan dispar como Ana Belén y Victor Manuel (Marilyn), El Drogas en su Txarrena (Frío) o recientemente Ultraligeros (Preparado para el rock and roll).

La banda la conformaban Jose Manuel Tena (cantante, más conocido a posteriori como Manolo Tena), Jose Manuel Díaz (batería) y el guitarrista Jaime Asúa (colaborador y músico de Joaquín Sabina), los tres ex-Cucharada. Querían moverse de una propuesta nihilista y teatral a un estilo más amable para el gran público y ganarse la vida. Así, en poco tiempo, llegaron a este álbum. En el lado oscuro fue el segundo y definitivo disco de Alarma!!!, quienes tras un iniciático y autodenominado debut se decantaron por “endurecer” su propuesta con más rock y más ritmo, letras muy directas y un trabajo  compositivo excelente.

Contiene nueve canciones donde la voz sucia y desgarrada de Tena lanza su particular proclama poética en favor de los sin voz, los perdedores, los que habitan la noche, los que quieren pero no pueden, los que se esconden, donde la guitarra adorna con punteos aéreos, algunos solos bien calzados y un par de riffs sobresalientes, donde la batería marca muy bien el tempo, se oculta casi siempre y aparece en el momento adecuado a primer plano. Y el adorno del sintetizador envolviendo el conjunto. La producción limpia que destaca el mensaje oral sobre el resto ayuda a engancharse a un conjunto sonoro imperdible.

La inicial Preparado para el rock and roll es en sí misma un himno modélico: intro de guitarra, buena letra sobre la vida de la carretera y los músicos “de calle”, estribillo sencillo y fácil de recordar, unos arreglos vocales de apoyo, solo breve. De mis favoritos por intensidad y densidad. El salto a la divertida pero reivindicativa Ayayaya!!! nos levanta del asiento, con un ritmo bailón, un toque casi ska y su grito nocturno en el estribillo. Me encanta el trabajo de Asúa, qué simple parece pero qué bien cerrada la canción. Otro de los hitos de este viaje se titula En el lado oscuro: “no des un paso en falso/el éxito barato es un claro fracaso”. Toque reggae para un tema de rock contundente basado en el fraseo de Tena y el contrapunto de ritmo y guitarra. alarma

Tres temas directos y cortos que desembocan en uno de los puntos álgidos: Frío. Hay pocas canciones con una letra tan profundamente poética y a la vez con unas imágenes tan sencillas. El punteo de la guitarra y los arpegios del estribillo dan dimensión a la voz de Tena, quien, sin complicaciones técnicas, sabe transmitir el mensaje hasta el fondo. “Estoy ardiendo y siento frío”. Aunque la letra admite muchas interpretaciones, yo siempre la consideré una canción sobre drogas. Una pequeña tregua justo en el medio del disco con Diciendo adiós, rock de riff sencillo con mensaje a las discográficas y los jefecillos del cotarro: “te estoy diciendo adiós/en el último avión/sabes que sí aunque digas que no”. Y para comenzar la segunda parte del viaje, Marilyn, otro de los hitos de Manolo Tena y Alarma!!! Desde el Moog inicial, la sucesión de imágenes vitales, el suave adorno de la guitarra, el golpeteo cuasicardíaco de Díaz y el final de rabia contenida.

Seguimos con más rock. Solo por tu dinero trae “la vieja historia/todos te dicen te quiero/pero ninguno es sincero/es una inversión de capital” con las mejores guitarras del álbum, tanto el punteo rítmico, como los arreglos y el solo. Otro canto a la decepción del mainstream musical. El rollo reggae vuelve en Cansado de esperarte, con un bajo y una guitarra muy The Police y otro pegajoso estribillo. Y de cierre, Deja de llorar, nueva vuelta al rock, ahora más arriesgado, el corte más duro, con la batería dominando el tema, cambios de ritmo y una explosión con desgarro en el estribillo “nunca nos dejan ver la realidad/deja de llorar”, quizá la canción más desesperada del álbum “no, no, no/ya no quiero soportarlo más”.

El viaje muy breve exige volver a darle al play. Un disco que incomprensiblemente nunca aparece en ninguna lista de “favoritos” o “lo mejor de” mientras hay que aguantar otros llenos de basura pero con el beneplácito del mercadeo y la mass media. Rompe tu rutina rescatando el lado oscuro de Alarma!!!

Neil Young – On the beach – 1974

Neil Young on the beach Pocas obras de Neil Young disfruto tanto como On the beach. No digo que sea su mejor trabajo, que probablemente no lo es, ni que deba considerarse un imprescindible, que debe, si no que de toda la discografía de este tipo se ha convertido en una escucha recurrente a la que vuelvo con cierta frecuencia. Desconozco la razón, pero quizá sea porque condensa en menos de cuarenta minutos los atributos que le hicieron grande: composiciones sobresalientes, sensibilidad, depresión y mala leche a paladas, su particular mezcla de rock, folk, blues y country, un grupo de músicos haciendo bien su arte, letras sinceras y una producción básica que deja en el oído un poso de simplicidad genial. Hay una larga discografía parida por Neil Young, pero todo se resumen en On the beach.

El periodo de opresión emocional que atravesaba se refleja en muchos aspectos del álbum. Las letras oscuras, la producción, la languidez de muchas melodías. No quiero verlo como un disco “triste”, más bien desesperado, desesperanzado incluso, lleno de soledad e impotencia. Quizá las canciones que mejor representen estos sentimientos sean el tema que da título al disco y el corte final. On the beach representa quizá mejor que ninguna otra copla la sensación de desesperanza. Primero por el tono de la canción, melancólico, repetitivo, transmite soledad. Segundo por la propia interpretación de Young, arrastrada, lamentosa, un espectador del patético mundo. Tercero, el mensaje en sí: “All my pictures are fallin’/from the wall where/I placed them yesterday(…)I need a crowd of people/but I can’t face them/day to day”. Graham Nash toca en este tema el piano. Los casi nueve minutos de Ambulance blues marcan un final apoteósico a este viaje emocional. Aunque la letra se dedica al final del “sueño hippy” y las esperanzas del verano del 69, la manera en que condensa la nostalgia y la pérdida al mismo tiempo es universal. Simple en su composición, con una guitarra acústica como guía, contiene una armónica llorosa que te parte el alma.

Neil Young comienza el disco con dos cortes tranquilos de dulce envoltorio y venenoso mensaje. Walk on tiene un gran slide de Ben Keith (que toca de todo en el álbum) en la única composición ¿optimista? de la colección: “sooner or later it all gets real, walk on”. La realidad acaba volviéndose real, avanza, sigue adelante.  En cambio, la melodía de See the sky about to rain es suave, calmada, casi dulce, con un piano Wurlitzer memorable que da sentido al tema. Uno se imagina a Neil mirando al horizonte, viendo cómo el cielo se cierra y está apunto de llover mientras su rostro se arruga. Por cierto, oído atento a la batería (de Levon Helm, The Band) y a la armónica del final.

For the Trunstiles, es una sencilla canción de inspiración country, con dobro y banjo, donde se desenvuelve muy bien el maestro: “It will change you in the middle of the day/Though your confidence may be shattered”. Como recordando que la felicidad es una gota o un pequeño instante que puede desaparecer con facilidad y ser traicionado. También con sencillez vuelve la acústica a Motion pictures (for Carrie), dedicada a su, por entonces, esposa, la actriz Carrie Snodgress. Una melodía más de excelente inspiración cantando a su mujer ausente, a quien parece ver en una película, lejos de casa, y promete hacer sonreír.

Quedan otras dos de mis favoritas. En Revolution blues canta las “hazañas” de Charles Manson y sus locos drogados poco después de los fatídicos hechos. La canción se basa en un ritmo de guitarra repetitivo cortado por los solos bluseros de Crosby. Vampire blues, el tercer blues (de título al menos),  ataca a la industria petrolífera: “I’m a vampire, babe,/suckin’ blood from the earth”. Otro corte rítmico y arrastrado con la característica magia sencilla de Neil a la guitarra.

No puede escucharse On the beach en un día soleado con amigos y unas cervezas. Necesita cielo gris, horizontes abiertos, soledad (¿qué tal la playa de la portada?) y beberse un par de copas con los oídos bien atentos.

 

 

 

 

Savoy Brown – Raw Sienna – 1970

Raw Sienna

Chris Youlden a la voz y Kim Simmonds a la guitarra (y ambos al piano) formaron un dúo de amor-odio durante dos años en el seno de Savoy Brown. Juntos, aunque no siempre revueltos, editaron cuatro discos de blues rock lleno de psicodelia y salidas hard que les llevaron a la primera línea de festivales y escenarios con su característica mezcla de riffs aguerridos, ritmos percusivos con arreglos cercanos en ocasiones al funky e, incluso, al jazz más bravo, algunos brillantes solos, letras directas con estribillos facilones y mucha inspiración. Guitarras acústicas, bottleneck, arreglos orquestales, trompetas… Un disco que traspasa géneros. Compartían los créditos de este Raw Sienna tres monstruos que al año siguiente abandonarían la nave para formar Foghat: Dave Peverett como segundo guitarrista, Tone Stevens al bajo y Roger Earl a la batería.

Master hare es el perfecto ejemplo, con el protagonismo de un inspiradísimo solo de Simmonds la banda al completo se luce. La línea de bajo te pone inquieto, los cambios de ritmo conjugando batería e instrumentos de viento y el arreglo de violines justo en el centro haciendo de contrapunto. Otra composición casi progresiva en su concepción, Is that so, comienza con una larga introducción de ritmo latino, se detiene, y exprime un desarrollo jazz blues que vaga entre la improvisación de la guitarra y el contrapunto de batería y bajo.

Pero, además, en Raw Sienna escuchamos algunos de sus mayores aciertos, o, al menos, algunas de sus  Savoy Browncomposiciones más populares. La inicial A hard way to go pasa por ser su único tema de verdadero éxito en cuanto a ventas de singles se refiere. Marcado por el ritmo de bajo y guitarra sobre los que la línea de voz recrea una historia de redención y huida. De cercana y épica comercialidad, con el saxo y las trompetas como protagonistas, That same feelin’ gira alrededor de un riff repetitivo sobre la voz más negra de Youlden. Quizá las dos canciones más accesibles para los oídos roqueros.

La mejor interpretación vocal la encontremos en Needle and spoon con un toque jazzy en las armonías y la batería. Letra polémica: “Don’t need no women don’t need no wine/’Cause life is sweet when you hit the main line/(…)/I feel alright with my needle and spoon”. El heroinómano que se justifica. Otro momento de gloria para Youlden se titula Stay while the night is young. Ritmo sincopado, acústicas y seducción: “Just experience the moment/Instead of thinking what’s to come/Can’t have the fall before the summer/So stay while the night is young”. Y para que no falte ningún vicio, piden A little more wine con un soberbio puente-estribillo (“just got time for a little more wine”) y un buen bottleneck.

Pero como no todo es fiesta, devoran su pena y su continua búsqueda en I’m crying, pelotazo soul cuyo gran valor es conseguir un ritmo oscuro y una melodía cadencial para recrear una sencilla historia de perdedor. El contrapunto a este tema, When I was young, cierra Raw Sienna con unas sencillas acústicas y una reflexiva letra: “Yesterday’s illusions are tomorrow’s smiles/I’ll look back and laugh Baby, sometimes, in a while”.

Chris Youlden abandonó la nave a poco de editarse el disco para comenzar una poco exitosa carrera en solitario y el resto abandonó a Simmonds a su suerte tras otro álbum para formar Foghat. Así que a disfrutar de un disco único.

 

Buenas Noches Rose – Buenas noches Rose – 1995

Buenas noches Rose

La portada del álbum ya anticipa qué hay dentro. Porque Buenas noches Rose es, ante todo, un disco directo, revuelto y sudoroso, dominado por las guitarras expresivas de Alfredo Fernández “Alfa” (Le Punk) y Rubén Pozo (Pereza) con buenos riffs, cambios de ritmo y algunos solos brillantes, sucias cuando la canción lo pide, limpias y emocionadas en otras ocasiones, sin virtuosismos innecesarios. Suma lo que cualquier disco de rock necesita: una pareja rítmica que meta fuerza y relleno, con Juan Pablo Otero “Juanpa” al bajo percutor y Roberto Aracil “Robe” manejando el tempo de la batería como si llevara cincuenta años en ello. Pero la gloria del álbum se consigue al mezclar esta inspiración instrumental con unas letras siempre distintas y la interpretación vocal entregada de Jordi Skywalker. Parece nada del otro mundo, pero difícil de conseguir. Aquí encuentras mezcladas influencias nacionales, como Extremoduro, Rosendo y sus Leño o Burning, con otras sajonas, por ejemplo Tom Petty, The Rolling Stones o The Black Crowes. En esa amalgama de influencias hay canciones que caen de un lado más sucio, otras de un lado, digamos, más comercial o amable, pero, a la vez, con letras rebeldes, desafiantes, y otras sacan el corazoncito roto en forma de balada o medio tiempo.

Entre las más amables, la propia Buenas noches Rose o Los chicos del coro (de mis favoritas) con su letra irreverente (más hierba para los chicos del coro/más tiempo para gastar/siéntate a hablar con nosotros/o déjanos en paz), sus cambios de ritmo y ese pedazo de solo. Ambas canciones forman una especie de declaración de principios de la banda, un “esto es a lo que nos dedicamos”. Como single se editó Sentado en el barro, otro ejemplo de rock and roll clásico más cercano a Burning, por ejemplo, de estribillo fácil.

No podían faltar las canciones de corazones rotos. Original melodía y trabajo de arreglos en Del mismo modo, con un delicado slide y acústicas al fondo (del mismo que la flor a la raíz/del mismo modo que el camino a su fin/yo me encuentro prisionero de ti). También de pérdida amorosa trata Diez palabras de amor, aunque en un tono más roquero, macho-man desgarrado que pierde el control. El tema más blues de todos trata de una mujer, Flor de espinas (donde vas tan sola flor de espinas cuando tus ojos brillan), anhelo del trovador que la mira pasar por la calle; no pierdas el final acelerado (y nunca te encontraste tan bien como en tu esquina).

Entre los temas oscuros o sucios, destacan la inicial La leyenda del lobo cantor y su riff a doble mástil, apoyado en una batería grande, y la extraña La granja, distorsión casi lisérgica. Apareció en la banda sonora de la película Territorio comanche, por cierto. Una noche más (otra de mis favoritas) atufa a blues desde el segundo uno, canción de (más que) amor desesperado (mueve el cuerpo en la oscuridad/esta noche, una noche más, esta noche/sexo duro en la oscuridad) donde Jordi se sale cantando y hay un pedazo de guitarra al final del tema cual premio orgiástico. En cambio, Tiempo perdido comienza con unas acústicas roqueras y una interpretación con un rollo Robe Iniesta chulo. El duende del fuego mantiene un poco ese mismo aire pero con unas guitarras más variadas y roqueras, con buenos cambios de nuevo y un toque jam en la parte central. La final Hablando con las plantas baila en una locura de riffs, solos, una letra fumeta y una de las mejores baterías del álbum.

Aunque tuvieron cierta repercusión y llegaron a formar parte del mainstream comercial de la época (recopilatorio de Coca-Cola incluido), su éxito efímero acabó al fichar por una compañía grande y grabar un segundo álbum, curiosamente cuando los descubrí en un concierto. No había sitio para el rock de Buenas noches Rose en las listas de ventas y poco después desaparecieron (aún cayó un tercer largo), dejando como su obra cumbre este debut que hoy rescatamos.

Dave Matthews Band – Everyday – 2001

Everyday

Lo que más me gusta de este disco es lo que más disgustó en su momento a los fans de la banda: las melosas melodías, las letras simplistas sobre el amor, la muerte y el paso del tiempo, los sobrecargados arreglos con mezcla de guitarras, teclados y programaciones, los riffs de guitarra poperos, los manchones jazzeros del saxo y el clarinete, la batería que rellena con elegancia los huecos. Todo ello cosido bajo la producción, para bien y para mal, de Glen Ballard (Alanis Morrisette, No Doubt, Brian Setzer Orchestra, Aerosmith y alguna reinona del pop); crea un muro con cierto aire soft-AOR, aunque se le va un poco la mano con las programaciones y “la modernidad” de época. Sin embargo, creo que el álbum funciona  porque Dave Matthews canta muy bien, con buena técnica, un gran fraseo, un sentido melódico particular.

Si no lo has escuchado nunca, sigue estos pequeños consejos.

Comienza pinchando The space between, el tercer corte del álbum, para mi gusto el tema especial. Una balada de brillante estribillo, una letra conseguida y un buen equilibrio entre el pop de cinco estrellas y un crescendo emotivo. Un arpegio de guitarra sencillo, un piano adornando el estribillo, un buen cambio de tono a mitad de la canción y funciona. Seguiría con otro grupo de buenos temas: So right, Dreams of our fathers, I did it y Everyday.  So right es un tema roquero con un adorno de saxo bien conseguido y un puente/estribillo donde Dave se deshace por su amada. En Dreams of our father nos narra Matthews su decepción al crecer y encontrarse con el amargor de no haber cumplido el sueño de sus padres. Tiene un tono que me recuerda a Eddie Vedder en el estribillo y en la parte central, que contrasta con el ritmo cortado de las estrofas. I did it99908_w_560x720 abre el álbum con crudeza y decisión, quizá el corte de espíritu más roquero de todos, un ritmo upbeat y mucha energía con un estribillo tan sencillo como debe ser un single de radiofórmula; carta de presentación y primer sencillo. Everyday cierra el álbum y también salió editado como single, con un rollo soul rítmico y protagonismo de las guitarras acústicas y la percusión.

Si aún quieres más, prueba con esta terna de igual nivel pero con un toque distinto: Mother father, Angel y If I had it all. Con un aire latino nada forzado, Mother father (una de las mejores letras de Everyday), además del ritmo (el mejor bajo) tiene como aliciente una melodía arrastrada por diferentes ambientes en grupos de cuatro versos que repiten estructura hasta dos pequeñas rupturas que funcionan como contrapuntos, original y conseguido. El solo de guitarra, por cierto, lo toca Carlos Santana y, en realidad, es el único solo de guitarra decente. Angel es una deliciosa balada con los instrumentos de viento como protagonistas y la delicada interpretación de Dave como joyita. La letra es un poco moña pero el conjunto está muy logrado, en especial la parte central y el estribillo. If I had it all suena al principio a tonada de ascensor pero se enriquece en el primer estribillo, luego mantiene un tono más creativo, el saxo sonando con buen gusto, y acaba con un toque rabioso.

 

Y si ya has llegado hasta aquí, repasa los, para mi gusto, más flojos del álbum, quizá por lo repetido de las estructuras o porque, simplemente, todas las canciones tienen un áurea demasiado parecida y estas se me atascan: When the word ends, What you are, Fool to think y Sleep to dream her. When the word ends me recuerda inevitablemente a lo que Ballard grabó con Morrisette, lo cual no sería malo si el tema no pareciera forzado y un poco fuera de lugar, aunque la agresividad del final rescata la canción. El rollo de What you are me gusta aunque suena demasiado ambiciosa y se queda a medias, sin rematar. En Fool to think la mezcla jazz-latin no acaba de gustarme, aunque la percusión sea excelente (la voz de Matthews me recuerda a David Gilmour, por cierto). Sleep to dream her carece de punch, una balada bien conseguida en la estructura, pero demasiado evidente, sin sorpresas ni nada especial.

El álbum se editó en febrero del 2001 y alcanzó rápidamente el millón de copias vendidas en Estados Unidos. Hoy en día ha recibido dos platinos y se acerca a los tres millones. Nunca el número de discos vendidos va en relación con la calidad del producto, desde luego. Las canciones vienen firmadas por David J. Matthews (quién será) y Glen Ballard. La banda que grabó el álbum estaba formada por Carter Beauford en la percusión (congas, batería, bongos), Stefan Lessard al bajo electrónico, Boyd Tinsley al violin, LeRoi Moore a la flauta, el clarinete y el saxo. Dave Matthews se encarga de las guitarras y la voz principal y Glen Ballard de los teclados y las programaciones.

Un álbum de escucha pausada, relajado, lleno de matices, que merece la pena rescatar de vez en cuando en buena compañía.

Cry of Love – Brother – 1993

Cuando se habla de los mejores discos de los noventa o se hacen esas listas del mejor disco debut, nunca nadie piensa en este álbum. Y seguro:  la mayoría de la gente no lo conoce. Si ese es tu caso, bienvenido a uno de los mejores discos de los noventa y uno de los mejores discos debut que te puedas echar a las orejas. ¿Por qué me atrevo a decir esto? En primer lugar, tienes un guitarrista llamado Audley Freed que suena a una mezcla entre Jimi Hendrix, Paul Kossoff y el mismo Jimmy Page versión blues, un pedazo de solista que sabe bien llevar un riff de principio a fin. Después, el cantante Kelly Holland y su portentosa técnica, jugando con registros que van de Glenn Hughes a Paul Rodgers con toques que recuerdan al mismísimo Joe Lynn Turner. Súmale un bajista brutal con destreza y buen gusto en el desarrollo de líneas melódicas, Robert Kearns, y un batería, Jason Patterson, que haría las delicias de cualquier fan de Simon Kirke o Steve Gorman. Por curiosidad, Freed formó parte de Gov’t Mule y The Black Crowes (gravó Lions y se le escucha en Live at the Greek) y Robert Kearns pasó una temporada por Lynnyrd Skynnyrd.

El álbum comienza con Highway Jones, el corte más Hendrix de todos, especialmene por el riff principal, aunque el tono del tema encaja en cualquier disco de la Experience. Por cierto, el homenaje no es único y el propio nombre de la banda hace referencia al que Hendrix manejó para su última experiencia antes de morir (The Cry of Love Band, y el disco póstumo de título similar). Si le añades la voz genial de Holland puedes imaginarte lo que hubiera sido el Electric Ladyland cantado por Paul Rodgers. Sigue el homenaje en el riff de la siguiente Pretty as you please y en el solo, aunque ahora deriva más hacia el hard rock de Mick Ralphs y Bad Company, un pedazo de figura en la guitarra y un estribillo demoledor. Esta transición llega a la genial Bad thing, ahora sí metidos de lleno en la fiesta hard, palmas incluidas. El tufillo blues comienza a hacerse más patente y el tono del tema cambia: da gusto el sonido del álbum, limpio, sin apenas overdubs y con esa atmósfera de garito lleno de humo. Esta canción salió como single y alcanzó el número dos en los chart USA de rock (1993: Nirvana, Pearl Jam, Pantera, casi nada). Seguimos cayendo al blues con una joya escondida entre tanto guitarreo, Too cold in the winter, una súplica donde Holland se transforma en Hughes para regalarnos una de las mejores interpretaciones, cómo frasea este hombre, y orejita puesta en la línea de bajo y al solo final. Y como no podía ser de otro modo, nos hundimos definitivamente en el blues tal y como Free lo interpretaron con Hand me down, otra de mis favoritas.

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Este viaje que nos lleva del rock distorsionado y sucio al blues más hard es de por sí una gozada. Pero la segunda parte del álbum contiene más sorpresas.

Gotta love me recupera esa guitarra sucia, un riff cortado, que se arrastra por la espalda, te acecha y salta en mitad del tema en un puente/estribillo grande, muy eighties si me apuras. La transición a Carnival no puede ser más acertada, recreando con acústicas una atmósfera Zeppelin que juguetea con la letra y el ritmo en el que Kearns manda hasta el sorprendente estribillo, ¡y qué solo wah-wah! Y para menear un poco el culo, Drive it home, Hammond y distorsión en un ritmo funk, lento, machacón, y otro homenaje a Free en la parte central del tema. Y llegamos al single número uno, la canción Peace pipe, fantástica de principio a fin: la línea de bajo, el estribillo, el riff de guitarra, la estructura, el juego rítmico. Qué fácil parece pero qué difícil encontrar canciones como esta. Y el cierre con Saving grace, más de seis minutos de suave blues, amor y entrega para redondear un trabajo impecable.

Y ahora dale al play y disfruta de este cuarteto.

 

 

Leon Russell – Leon Russell – 1970

¿Alguien puede juntar en un disco en solitario a The Beatles, The Rolling Stones, Eric ClaptonJoe Cocker o Delaney & Bonnie? Pues Leon Russell lo consiguió en su debut en solitario el año 1970 con este homónimo álbum. Un personaje único en el negocio musical, multi-instrumentista, compositor de éxito, colaborador habitual de grandes como Elton John, Joe Cocker o Bob Dylan, . De hecho, él mismo lo produjo, lo compuso y tocó el piano, el bajo y las guitarras, además de encargarse de la voz principal. Un “me lo guiso, me lo como”, vaya. La producción es majestuosa, gruesa, deudora de la gran cantidad de instrumentistas e invitados que participan en la mayoría de los temas. Russell compuso varios cortes orientados al gran público con influencias de blues, rock y country repartidas por cada rincón. Como curiosidad y ejemplo de la calidad y la mezcolanza de este álbum, dejaron fuera un tema de título Get a line on you con Mick Jagger a la voz principal, Ringo Starr al bajo y Mick Taylor a la guitarra; ese tema acabó en el álbum Exile on Main Street con el título Shine a light.

Una de sus canciones más populares abre el álbum. La sentida A song for you, donde Russell toca con maestría el piano mientras interpreta la letra de entrega amorosa “and when my life is over, remember when we were together, we were alone and I was singin’ my song for you”. Una canción magnífica. Cambio de ritmo con Dixie lullaby y la presencia de George Harrison a la guitarra y Ringo Starr a la batería; ojo a la conjunción de instrumentos, cómo el piano, la guitarra y el bajo montan una cama rítmica excelente donde escuchar la línea melódica vocal que Leon clava. Aceleramos un poco más al rith&blues de I put a spell on you. La guitarra de Delaney Bramlett (Delaney & Bonnie) dirige un excelente ejercicio técnico con un estribillo pegadizo con coro femenino incluido.  Shoot out on the plantation vuelve a contar con Harrison y Ringo en el corte más sureño de todos. La voz de Russell cambia de tono para una pelea por amor entre Junior y el batería donde “the drummer is drumming a Rolling Stones’ number on Junior’s head and on his knees”. Una delicia.

Si algo me gusta de este álbum es la variedad de registros que contiene siempre con una coherencia y una calidad asombrosa. Prueba la siguiente Hummingbird. Complejo entramado instrumental y armónico, deliciosa interpretación vocal, excelente toque de Hammond, el final épico multivocal, el toque de saxo. Todo encaja. Quizá mi favorita del álbum (“don’t fly away”). Y sin respiro entramos en Delta Lady, otro ritmo mueve-culos con Russell echando de menos a su chica de las afueras, cómo la añora en la ciudad (“you’re mine Delta Lady (…) gonna walk, gonna talk, gonna scream and shout”). Gran slide. Por cierto, Axel Rose debió escuchar muchas veces esta canción ¡parece que él mismo interprete ese festival final!

Eric Clapton se aparece en Prince of peace para cubrir con su guitarra las capas de acústicas y el piano feroz que dan cuerpo a este tema de aroma country, continuada con la sencilla y directa Give peace a chance con una gran colaboración de Bonnie Bramlett (Delaney & Bonnie). Seguimos con otro gran piano a cargo de Chris Staiton (Joe Cocker, The Who) en Hurtsome body, acompañado de nuevo por Harrison y una delicia de línea a cargo del bajista Alan Spenner (Roxy Music, Spooky Tooth), un sentido blues tabernario donde quejarse “you took my money and you took my old car, and you ran straight into my best friend’s arms and I just want to ask you darling: how can you hurt somebody, hurt somebody like me”.  Antes de la traca final, un tema de carácter comercial que mezcla el coro gospel femenino con toques funky y mucha simpatía titulado Pices apple lady, y es que para huir de  “the delta girl and the painful situation” recayó en otra mujer destrozadora. Y como premio final, los mismísimos Rolling Stones (Charlie Watts a la batería, Bill Wyman al bajo y Mike Jagger a las voces) junto a Steve Winwood a las teclas. El tema es de por sí excelente en su construcción con estos intérpretes queda poco por añadir para finalizar un álbum completo.

A lo largo de su dilatada carrera (murió a la edad de 74 años, al final del 16) Russell compuso cientos de canciones y colaboró en docenas de discos. Este es un buen comienzo, una manera de entender quién era este tipo.