Archivo de la categoría: Crítica: discos míticos y pequeños tesoros

Dave Matthews Band – Everyday – 2001

Everyday

Lo que más me gusta de este disco es lo que más disgustó en su momento a los fans de la banda: las melosas melodías, las letras simplistas sobre el amor, la muerte y el paso del tiempo, los sobrecargados arreglos con mezcla de guitarras, teclados y programaciones, los riffs de guitarra poperos, los manchones jazzeros del saxo y el clarinete, la batería que rellena con elegancia los huecos. Todo ello cosido bajo la producción, para bien y para mal, de Glen Ballard (Alanis Morrisette, No Doubt, Brian Setzer Orchestra, Aerosmith y alguna reinona del pop); crea un muro con cierto aire soft-AOR, aunque se le va un poco la mano con las programaciones y “la modernidad” de época. Sin embargo, creo que el álbum funciona  porque Dave Matthews canta muy bien, con buena técnica, un gran fraseo, un sentido melódico particular.

Si no lo has escuchado nunca, sigue estos pequeños consejos.

Comienza pinchando The space between, el tercer corte del álbum, para mi gusto el tema especial. Una balada de brillante estribillo, una letra conseguida y un buen equilibrio entre el pop de cinco estrellas y un crescendo emotivo. Un arpegio de guitarra sencillo, un piano adornando el estribillo, un buen cambio de tono a mitad de la canción y funciona. Seguiría con otro grupo de buenos temas: So right, Dreams of our fathers, I did it y Everyday.  So right es un tema roquero con un adorno de saxo bien conseguido y un puente/estribillo donde Dave se deshace por su amada. En Dreams of our father nos narra Matthews su decepción al crecer y encontrarse con el amargor de no haber cumplido el sueño de sus padres. Tiene un tono que me recuerda a Eddie Vedder en el estribillo y en la parte central, que contrasta con el ritmo cortado de las estrofas. I did it99908_w_560x720 abre el álbum con crudeza y decisión, quizá el corte de espíritu más roquero de todos, un ritmo upbeat y mucha energía con un estribillo tan sencillo como debe ser un single de radiofórmula; carta de presentación y primer sencillo. Everyday cierra el álbum y también salió editado como single, con un rollo soul rítmico y protagonismo de las guitarras acústicas y la percusión.

Si aún quieres más, prueba con esta terna de igual nivel pero con un toque distinto: Mother father, Angel y If I had it all. Con un aire latino nada forzado, Mother father (una de las mejores letras de Everyday), además del ritmo (el mejor bajo) tiene como aliciente una melodía arrastrada por diferentes ambientes en grupos de cuatro versos que repiten estructura hasta dos pequeñas rupturas que funcionan como contrapuntos, original y conseguido. El solo de guitarra, por cierto, lo toca Carlos Santana y, en realidad, es el único solo de guitarra decente. Angel es una deliciosa balada con los instrumentos de viento como protagonistas y la delicada interpretación de Dave como joyita. La letra es un poco moña pero el conjunto está muy logrado, en especial la parte central y el estribillo. If I had it all suena al principio a tonada de ascensor pero se enriquece en el primer estribillo, luego mantiene un tono más creativo, el saxo sonando con buen gusto, y acaba con un toque rabioso.

 

Y si ya has llegado hasta aquí, repasa los, para mi gusto, más flojos del álbum, quizá por lo repetido de las estructuras o porque, simplemente, todas las canciones tienen un áurea demasiado parecida y estas se me atascan: When the word ends, What you are, Fool to think y Sleep to dream her. When the word ends me recuerda inevitablemente a lo que Ballard grabó con Morrisette, lo cual no sería malo si el tema no pareciera forzado y un poco fuera de lugar, aunque la agresividad del final rescata la canción. El rollo de What you are me gusta aunque suena demasiado ambiciosa y se queda a medias, sin rematar. En Fool to think la mezcla jazz-latin no acaba de gustarme, aunque la percusión sea excelente (la voz de Matthews me recuerda a David Gilmour, por cierto). Sleep to dream her carece de punch, una balada bien conseguida en la estructura, pero demasiado evidente, sin sorpresas ni nada especial.

El álbum se editó en febrero del 2001 y alcanzó rápidamente el millón de copias vendidas en Estados Unidos. Hoy en día ha recibido dos platinos y se acerca a los tres millones. Nunca el número de discos vendidos va en relación con la calidad del producto, desde luego. Las canciones vienen firmadas por David J. Matthews (quién será) y Glen Ballard. La banda que grabó el álbum estaba formada por Carter Beauford en la percusión (congas, batería, bongos), Stefan Lessard al bajo electrónico, Boyd Tinsley al violin, LeRoi Moore a la flauta, el clarinete y el saxo. Dave Matthews se encarga de las guitarras y la voz principal y Glen Ballard de los teclados y las programaciones.

Un álbum de escucha pausada, relajado, lleno de matices, que merece la pena rescatar de vez en cuando en buena compañía.

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Cry of Love – Brother – 1993

Cuando se habla de los mejores discos de los noventa o se hacen esas listas del mejor disco debut, nunca nadie piensa en este álbum. Y seguro:  la mayoría de la gente no lo conoce. Si ese es tu caso, bienvenido a uno de los mejores discos de los noventa y uno de los mejores discos debut que te puedas echar a las orejas. ¿Por qué me atrevo a decir esto? En primer lugar, tienes un guitarrista llamado Audley Freed que suena a una mezcla entre Jimi Hendrix, Paul Kossoff y el mismo Jimmy Page versión blues, un pedazo de solista que sabe bien llevar un riff de principio a fin. Después, el cantante Kelly Holland y su portentosa técnica, jugando con registros que van de Glenn Hughes a Paul Rodgers con toques que recuerdan al mismísimo Joe Lynn Turner. Súmale un bajista brutal con destreza y buen gusto en el desarrollo de líneas melódicas, Robert Kearns, y un batería, Jason Patterson, que haría las delicias de cualquier fan de Simon Kirke o Steve Gorman. Por curiosidad, Freed formó parte de Gov’t Mule y The Black Crowes (gravó Lions y se le escucha en Live at the Greek) y Robert Kearns pasó una temporada por Lynnyrd Skynnyrd.

El álbum comienza con Highway Jones, el corte más Hendrix de todos, especialmene por el riff principal, aunque el tono del tema encaja en cualquier disco de la Experience. Por cierto, el homenaje no es único y el propio nombre de la banda hace referencia al que Hendrix manejó para su última experiencia antes de morir (The Cry of Love Band, y el disco póstumo de título similar). Si le añades la voz genial de Holland puedes imaginarte lo que hubiera sido el Electric Ladyland cantado por Paul Rodgers. Sigue el homenaje en el riff de la siguiente Pretty as you please y en el solo, aunque ahora deriva más hacia el hard rock de Mick Ralphs y Bad Company, un pedazo de figura en la guitarra y un estribillo demoledor. Esta transición llega a la genial Bad thing, ahora sí metidos de lleno en la fiesta hard, palmas incluidas. El tufillo blues comienza a hacerse más patente y el tono del tema cambia: da gusto el sonido del álbum, limpio, sin apenas overdubs y con esa atmósfera de garito lleno de humo. Esta canción salió como single y alcanzó el número dos en los chart USA de rock (1993: Nirvana, Pearl Jam, Pantera, casi nada). Seguimos cayendo al blues con una joya escondida entre tanto guitarreo, Too cold in the winter, una súplica donde Holland se transforma en Hughes para regalarnos una de las mejores interpretaciones, cómo frasea este hombre, y orejita puesta en la línea de bajo y al solo final. Y como no podía ser de otro modo, nos hundimos definitivamente en el blues tal y como Free lo interpretaron con Hand me down, otra de mis favoritas.

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Este viaje que nos lleva del rock distorsionado y sucio al blues más hard es de por sí una gozada. Pero la segunda parte del álbum contiene más sorpresas.

Gotta love me recupera esa guitarra sucia, un riff cortado, que se arrastra por la espalda, te acecha y salta en mitad del tema en un puente/estribillo grande, muy eighties si me apuras. La transición a Carnival no puede ser más acertada, recreando con acústicas una atmósfera Zeppelin que juguetea con la letra y el ritmo en el que Kearns manda hasta el sorprendente estribillo, ¡y qué solo wah-wah! Y para menear un poco el culo, Drive it home, Hammond y distorsión en un ritmo funk, lento, machacón, y otro homenaje a Free en la parte central del tema. Y llegamos al single número uno, la canción Peace pipe, fantástica de principio a fin: la línea de bajo, el estribillo, el riff de guitarra, la estructura, el juego rítmico. Qué fácil parece pero qué difícil encontrar canciones como esta. Y el cierre con Saving grace, más de seis minutos de suave blues, amor y entrega para redondear un trabajo impecable.

Y ahora dale al play y disfruta de este cuarteto.

 

 

Leon Russell – Leon Russell – 1970

¿Alguien puede juntar en un disco en solitario a The Beatles, The Rolling Stones, Eric ClaptonJoe Cocker o Delaney & Bonnie? Pues Leon Russell lo consiguió en su debut en solitario el año 1970 con este homónimo álbum. Un personaje único en el negocio musical, multi-instrumentista, compositor de éxito, colaborador habitual de grandes como Elton John, Joe Cocker o Bob Dylan, . De hecho, él mismo lo produjo, lo compuso y tocó el piano, el bajo y las guitarras, además de encargarse de la voz principal. Un “me lo guiso, me lo como”, vaya. La producción es majestuosa, gruesa, deudora de la gran cantidad de instrumentistas e invitados que participan en la mayoría de los temas. Russell compuso varios cortes orientados al gran público con influencias de blues, rock y country repartidas por cada rincón. Como curiosidad y ejemplo de la calidad y la mezcolanza de este álbum, dejaron fuera un tema de título Get a line on you con Mick Jagger a la voz principal, Ringo Starr al bajo y Mick Taylor a la guitarra; ese tema acabó en el álbum Exile on Main Street con el título Shine a light.

Una de sus canciones más populares abre el álbum. La sentida A song for you, donde Russell toca con maestría el piano mientras interpreta la letra de entrega amorosa “and when my life is over, remember when we were together, we were alone and I was singin’ my song for you”. Una canción magnífica. Cambio de ritmo con Dixie lullaby y la presencia de George Harrison a la guitarra y Ringo Starr a la batería; ojo a la conjunción de instrumentos, cómo el piano, la guitarra y el bajo montan una cama rítmica excelente donde escuchar la línea melódica vocal que Leon clava. Aceleramos un poco más al rith&blues de I put a spell on you. La guitarra de Delaney Bramlett (Delaney & Bonnie) dirige un excelente ejercicio técnico con un estribillo pegadizo con coro femenino incluido.  Shoot out on the plantation vuelve a contar con Harrison y Ringo en el corte más sureño de todos. La voz de Russell cambia de tono para una pelea por amor entre Junior y el batería donde “the drummer is drumming a Rolling Stones’ number on Junior’s head and on his knees”. Una delicia.

Si algo me gusta de este álbum es la variedad de registros que contiene siempre con una coherencia y una calidad asombrosa. Prueba la siguiente Hummingbird. Complejo entramado instrumental y armónico, deliciosa interpretación vocal, excelente toque de Hammond, el final épico multivocal, el toque de saxo. Todo encaja. Quizá mi favorita del álbum (“don’t fly away”). Y sin respiro entramos en Delta Lady, otro ritmo mueve-culos con Russell echando de menos a su chica de las afueras, cómo la añora en la ciudad (“you’re mine Delta Lady (…) gonna walk, gonna talk, gonna scream and shout”). Gran slide. Por cierto, Axel Rose debió escuchar muchas veces esta canción ¡parece que él mismo interprete ese festival final!

Eric Clapton se aparece en Prince of peace para cubrir con su guitarra las capas de acústicas y el piano feroz que dan cuerpo a este tema de aroma country, continuada con la sencilla y directa Give peace a chance con una gran colaboración de Bonnie Bramlett (Delaney & Bonnie). Seguimos con otro gran piano a cargo de Chris Staiton (Joe Cocker, The Who) en Hurtsome body, acompañado de nuevo por Harrison y una delicia de línea a cargo del bajista Alan Spenner (Roxy Music, Spooky Tooth), un sentido blues tabernario donde quejarse “you took my money and you took my old car, and you ran straight into my best friend’s arms and I just want to ask you darling: how can you hurt somebody, hurt somebody like me”.  Antes de la traca final, un tema de carácter comercial que mezcla el coro gospel femenino con toques funky y mucha simpatía titulado Pices apple lady, y es que para huir de  “the delta girl and the painful situation” recayó en otra mujer destrozadora. Y como premio final, los mismísimos Rolling Stones (Charlie Watts a la batería, Bill Wyman al bajo y Mike Jagger a las voces) junto a Steve Winwood a las teclas. El tema es de por sí excelente en su construcción con estos intérpretes queda poco por añadir para finalizar un álbum completo.

A lo largo de su dilatada carrera (murió a la edad de 74 años, al final del 16) Russell compuso cientos de canciones y colaboró en docenas de discos. Este es un buen comienzo, una manera de entender quién era este tipo.

 

 

Lääz Rockit – Know your enemy -1987

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En el cocedero metálico que fue San Francisco la primera mitad de los ochenta muchas bandas quedaron relegadas a un segundo y hasta tercer escalón de popularidad. No voy a elaborar aquí un tratado de las mismas, pero entre los grupos semidesconocidos de aquella explosión hoy os traigo a Lääz Rockit y su tercer largo titulado Know your enemy. Adoro a estos tipos y de su discografía elegiría este sin dudar.

Los californianos grabaron en los estudios Prairie Sun Recorders de California a las órdenes de Roy M. Rowland (Kreator, Testament, Sabbat). Consiguió equilibrar unas canciones veloces, machaconas, incluso diría que originales dentro del estilo, con arreglos acertados y, sobre todo, un bajo estupendo y dos guitarras que intercambian riffs y solos perfectamente enmarcados en el estilo Bay Area. Nada que envidiar a lo que por entonces hacían grupos más famosos con la salvedad de que no consiguieron “vender” su estilo propio ni alcanzaron notoriedad con una canción gancho o un vídeo promocionado hasta la saciedad.

La banda la formaban Michael Coons a la voz (responsable de las letras apocalípticas, llenas de destrucción y agresividad), Aaron Jellum y Phil Kettner a las guitarras, Willy Lange al bajo y Victor Agnello a la batería.
Tras una breve intro, Last breath avisa de qué se viene encima: riff a doble guitarra, voz agresiva poco melódica y muy rítmica, estribillo concreto, doble bombo y un solo genial. De lo mejor. El falsetto agudo de Coons choca con la producción gruesa de los instrumentos, recordando en ocasiones a King Diamond. Este efecto es claro en Euroshima, llegando a chillar en el puente rompiendo sus agudos. La intro acústica de Most dangerous game y la calma inicial parecen adentrarnos en una balada de género, pero nada más engañoso. Jellum y Kettner saben mezclar su estilo agresivo con estas pequeñas muestras de punteo “desenchufado” y crean una de los cortes más melódicos de Know your enemy. Buen puente-estribillo, con un recuerdo a Venom.
No puede negarse el valor de Lange en todo el álbum, dando un fondo oscuro y prieto al sonido del grupo. Especialmente acertada su labor en Shot to hell, desde la intro al modo en que sostiene el riff y el manejo de los cambios. Con un parecido razonable a Metal Church, el tema Say goodby M.F. cae en la repetición de las estructuras sin tanta inspiración, aunque el solo central resulta de los más veloces del álbum. Sin embargo, con Self destruct volvemos a la cumbre thrash en la que se maneja la banda, con una estructura clásica adornada por cambios y un puente donde la melodía de la voz sobre la batería llama la atención, justo antes de un estribillo rompedor.
Llegamos a Means to an end, lo más cerca a un single radiable que hay en Know your enemy (atención al brutal bajo), con un aire más heavy, cercano a Iron Maiden en la forma de atacar las estrofas y los cambios. Incluye un “ooooooo-iiii” para corear en directo. Un ejemplo de thrash melódico, si eso existe, pues combina con gusto la dureza de sonido con el sostén armónico que un tema de este tipo requiere. Contrasta con la fiereza de I’m electric, recordando a Accept, sobre todo en el equilibrio bajo-batería y en la forma en que Coons entona el estribillo y la voz de apoyo. Genial trabajo de guitarra también, una canción completa. Los cortes finales decaen en el global, pues tanto el instrumental Mad axe attack como el “bonus” Shit’s ugly parecen tomas falsas o rellenos sin mucho sentido.
En conjunto, un álbum excelente de thrash metal con toques melódicos, un bajista genial, buenos solos, algunas canciones de primera y, sobre todo, la magia underground del Bay Area justo antes de convertirse en multi-nacional. No te lo pierdas.

Hot Tuna – America’s choice – 1975

Hot Tuna

Corría caluroso el verano de 1974 cuando Jorma Kaukonen (voz y guitarra), su colega Jack Casady (bajista), compañero en Jefferson Airplain, y el batería Bob Steeler se metieron en los estudios Wally Heider de San Francisco con el ingeniero Mallory Earl y parieron esta mezcla de blues y hard rock loco. Ocho temas (siete compuestos por Kaukonen más una versión de Robert Johnson) en los que la guitarra te va a destripar las orejas con sus riffs alocados, llenos de fuzz y wah-wah, y la sección rítmica te va a poner a dar botes: Casady maneja musculosos patrones armónicos que juegan y refuerzan la guitarra mientras Steeler machaca los parches en perfecto equilibrio rellenando los espacios con estilo bronco. Todo el álbum se desarrolla en largos pasajes instrumentales que serían alargados más aún en directo con estupendas jams.

Como ejemplo, en la inicial Sleep song escuchamos tres guitarras superpuestas, una acústica en primer plano, una rítmica en segundo y la guitarra solista por encima: ahí está la magia de estos tipos, saber enrollar de manera compleja sus ideas musicales creando temas directos con mucho feeling. Funky #7 trae calor y un tufo a garito con otro estupendo riff y una de las mejores baterías del disco; atención al wah-wah del solo. La versión de Johnson Walkin’ blues se llena de distorsión y suena diferente. Jorman no es para nada un buen cantante, pero en Invitation se suelta con una melodía muy buena y bien sostenida. El tema, de casi siete minutos, redunda en la alternancia de pasajes rítmicos cambiantes y solos, con una larga jam al final.

De engañoso título, Hit single #1 maneja otro patrón de batería soberbio y una guitarra distorsionada con Jorman esforzándose por estar a la altura vocal con cierto éxito. Sin duda, uno de mis favoritos, un poco loco, un poco sucio. Cambia el tempo y el estilo con Serpent of dreams, con un aire psicodélico y un sonido acolchado sobre un sueño ácido, lo más parecido a una balada que hay en el disco, incluida su paranoia central. Creo que la mejor interpretación de Casidy se escucha en I don’t wanna go, tanto por la progresión como por la entrega y el ataque del instrumento, compartiendo el protagonismo con Steeler en una canción con un groove bestial. También destaca un riff wah-wah que marca la canción de principio a fin y, sorpresa, un estribillo comercial (o casi). La final Great divide: revisited mantiene ese wah-wah y revuelve las ideas musicales que hemos ido gozando en las canciones anteriores, con un mix sonoro de guitarras que vienen y van, y un puente-estribillo realmente sorprendente.
El concepto de la portada no deja de ser curioso. Asemeja un paquete de detergente. En un lateral se advierte: este álbum debe escucharse al máximo volumen para un efecto completo. En otro lateral aparecen los músicos como componentes activos. Se le ocurrió y la desarrolló Frank Mulvey.
America’s Choice inauguró una trilogía mágica de hard rock blues en Hot Tuna, junto a Yellow fever (1975) y Hoppkorv (1976). La banda permaneció en activo hasta 1979. Volvieron a juntarse a mediados de los ochenta y se mantuvieron activos durante buena parte de los noventa. Hace unos años volvieron con disco de estudio, el recomendable Steady as she goes (2011) y próximamente estarán de gira.

Tommy Bolin – Teaser – 1975

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Tommy Bolin – Teaser – 1975

Tommy Bolin es un músico semi-desconocido para el seguidor medio del rock (no digamos para el gran público). Estoy convencido de que si no hubiera formado parte de Deep Purple y aquel Come taste the band ni siquiera hablaríamos hoy en día de él. Por mi parte, considero que este álbum, Teaser, es una gran obra de rock de guitarras lleno de fusión e influencias rítmicas, pleno de momentos fantásticos, al que voy y vuelvo de vez en cuando.

La composición recayó en el propio Bolin junto a Jeff Cook y John Tesar. Él mismo produjo junto a Lee Kiefer en una grabación que duró unas pocas semanas de julio (justo antes de grabar con Deep Purple).

Comienza el disco con un número de época. En la inicial The grind parece como si Mick Jagger y Mick Ronson se hubieran hecho una canción a pachas, ese juego de la melodía vocal con el desenfreno guitarrero del final es esencia misma del glam rock de autor. El bajo de Stanley Sheldon y la batería de Jeff Porcaro le dan a Homeward strut un rollo funky divertido. Solo faltaría haber invitado a Glenn Hughes para poner una hipotética letra. Tommy mezcla una guitarra limpia con un sintetizador dando una lección de buen gusto en un sencillo y eficaz instrumental, con un toque de slide elegante. No me cabe duda de que Tommy demuestra ser mejor cantante que muchos otros guitar-heroes. En Dreamer maneja bien el fraseo y mantiene la melodía llegando a adornar el tema, por otra parte excelente. Gran piano de Dave Foster. Y vaya solo final del jefe. descarga

El humo de la bossa nova se cuela en Savannah woman, con una guitarra que recuerda vagamente a Santana y la percusión de Phil Collins (por entonces en Genesis) y Prairie Prince (que al año siguiente formaría Journey). Casi nada las compañías. Teaser, el tema más famoso, título del álbum y cover años después de unos tal Mötley Crüe, se maneja con un riff a lo Jimmy Page y una estructura boogie. Quizá el mejor estribillo del álbum. Aparentemente sencilla pero de elaborada armonía. People, people se baña en las aguas del reggae sin ningún tipo de vergüenza. El saxo de David Saborn suena a gloria y su juego sonoro con la guitarra de Tommy se mete en las entrañas. Mueve las caderas, baby.

De nuevo Saborn se crece protagonista en el instrumental Marching powder, esta vez en un ritmo rock con tintes latinos. El sintetizador lo pone Jam Hammer (asiduo de Jeff Beck y Al Di Meola, le escucháis en los temas de la serie ochentera Miami Vice). El solo central vuelve a ser excelente, variando en una escala jazzy, y la inercia de mantener una melodía central con continuas rupturas sobre una cama rítmica gruesa es para oídos inquietos y atentos hasta el segundo último, locura musical. La deliciosa balada Wild dogs incluye algunos elementos de clara influencia Bowie en la construcción y en los arreglos. Lotus, de mis favoritos, contiene uno de las mejores interpretaciones de Bolin en sus más de once minutos, ese largo solo central es extraordinario y la psicodelia hard del final no le desmerece. Algunos de los más sentidos licks se desarrollan de extremo a extremo del tema.

Poco más de un año después Tommy Bolin falleció por sus excesos con la heroína y el alcohol, pero en ese tiempo grabó y giró con Deep Purple y dejó otro álbum de estudio, Private eyes. Este Teaser es una joya (casi)secreta. Un álbum imprescindible. Un pequeño tesoro de un (no)guitar hero.

 

91 suite – 91 suite – 2001

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91 Suite – 91 Suite

Sin duda, uno de los mejores discos de hard rock melódico hecho en España, una joya de principio a fin con todos los clichés del género (AOR, softrock, como queráis): potente presencia de los teclados, riffs machacones de guitarra, voces melódicas con estribillos elaborados, historias de amor y desamor y unos cuantos solos de manual. Y son de Murcia.

La banda la conformaron para el álbum Jesús Espín a la voz, Paco Cerezo e Ivan González a las guitarras, Antonio Ruiz al bajo, Mario Martínez a la batería y Dani Marata a las teclas. La propia banda hizo la producción y lo masterizó Carlos Creator, otro mago de la guitarra, músico y productor con largo historial (Obús, Vhäldemar, Brecha).

El álbum se caracteriza por unas composiciones redondas, quizá más cercanas al medio tiempo, con arreglos y armonías muy currados y una concreción técnica sin lujos pero siempre correcta, en especial algunas interpretaciones de Dani a los teclados o las guitarras de González y Cerezo.

Quizá mi canción favorita sea Hard rain, con guitarras rudas, cambios de ritmo y estribillo bofetada, es decir, directo y te marca de un golpe. Además, el doble guitarreo del solo me encanta (un poco breve). Pincharía después Hurt and pain, por unas guitarras a lo Vito Bratta con excelentes teclados, donde destaca el fraseo algo más agresivo de Jesús hasta un estribillo que me recuerda a Journey. Y la que cerraría mi terna de favoritos lleva por título Give me the night  y perfectamente la podría cantar Joey Tempest; buena batería.

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No hay que dejar el resto del disco de lado, ni mucho menos. El riff inicial de The day she left nos introduce a la elegancia de 91 suite, un tema ideal para comenzar con una gran aportación vocal. Down to you, tras un inicio de teclas suave, se acelera con un gran estribillo y se adorna con un solo genial, muy armónico, con intercambio de guitarras.  Destacan también las guitarras, algo más gruesas, en Time to say goodbye y una gran interpretación de Jesús. Algo más popera, All is love me recuerda a Survivor, sobre todo en la parte central y el estribillo, con un ataque vocal a lo Jimi Jamison. Chances se pega armoniosa sobre un ritmo cortante, un poco stacatto, con un final guitarrero. Apetece cantar el largo estribillo de I will stand by you hasta cansarse, qué lujo.

No podían faltar las baladas. Lost in the silence, de los más largos del disco, donde destaca de nuevo la labor de Dani y Jesús mantiene la melodía con soltura, pero resulta algo melosa.  Quizá más conseguida, Chance of a lifetime recuerda en la composición a los “viejos” Bon Jovi con una parte inicial tranquila que se llena de musicalidad en el puente y el estribillo, violines incluidos.

Lo editó Vinny Records, responsable de otras joyas del género como Hardreams o Airless. Hubo una edición europea y otra japonesa, ambas con sus correspondientes bonus tracks. Incluso hay por ahí un par de versiones en castellano de algunos temas, línea que igual podrían explorar.

Rescaté el álbum hace poco, al saber que seguían dando guerra por los escenarios. Espero que se decidan a grabar nuevo material. Mientras tanto, yo voy a darle al play otra vez.

 

Tom Petty and The Heartbreakers – She’s the one – 1996

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Tom Petty and The Heartbreakers – She’s the one – 1996

Tom Petty, en el verano de 1996,  editó esta banda sonora como soporte de la película She’s the one dirigida y escrita por Edward Burns. El propio compositor despotrica de este trabajo y confiesa que la hizo un poco por obligación y un poco por el mal momento personal y económico por el que pasaba. Básicamente, compuso un par de canciones, eligió un par de temas para versionerar y los descartes de Wildflowers y se metió en el estudio. Pues Tom, amigo, te quedó un refrito muy entretenido, no uno de tus grandes discos pero sí de los más agradables de escuchar: inspirado, bien acabado, con buenas guitarras y una interpretación de la banda de nivel. No desperdiciarás tu tiempo si te la empapas enterita. Además, funciona estupendamente como álbum, más allá de sus referencias a una (floja) película.

Tom Petty y sus Heartbreakers suenan ligeros,  como banda bien empacada, pero  nada de complicaciones. Temas sencillos, un par de canciones excelentes, algún pasaje instrumental, aunque con ciertos momentos de inconsistencia; si hubiera descartado tres o cuatro cortes el disco habría ganado. Por momentos se acerca al Dylan eléctrico en demasía y en ocasiones se copia a sí mismo, pero, vaya, una banda sonora permite ciertas licencias al artista.

Lo mejor del álbum está al principio. La grandiosa Walls (Circus), una lograda canción pop con un acertado arreglo vocal. El rock casi acerado de Zero from outer space con sello Heartbreakers. Climb that hill tiene un toque especial a pesar de un estribillo simplón y una evolución contenida. Benmont Tench y Mike Campbell se llevan el premio en Grew up fast (“we grew up smashed/and we grew up alone”). Las soberbia versión de Change the locks (de Lucinda Williams) con su crescendo resulta muy acertada,  igual que Asshole de Beck, calmada, suave. Para el final reservamos Supernatural radio, emotiva, inspirada y el pop aseado de Hope you never, temas bien acabados, como  Walls (Nº 3).

Producido por el propio Petty junto a Rick Rubin y Mike Campbell, cuenta con numerosos invitados: Ringo Starr, Carl Wilson o Lindsey Buckingam entre otros. La banda que arropa a Tom (quien canta y toca guitarras, armónica, piano, lo de siempre) la conformaron Mike Campbell a las guitarras, Curt Bisquera a la batería, Benmont Tench a las teclas y Howie Epstein al bajo.

Una banda sonora a recuperar, especialmente si eres fan de Petty y los sonidos americanos.

La banda sonora en completa puedes escucharla en este enlace.

 

 

Skunk Anansie – Post orgasmic chill – 1999

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Skunk Anansie – Post orgasmic chill – 1999

Fue el primero que escuché de Skunk Anansie, tras el vídeo de Charlie Big Potato. Nunca entendí bien cuál era el atractivo de Skin, pero me atraía. Ese aspecto de amazona indomable con una voz que igual te reventaba el corazón que las pelotas, esa cabeza rapada, esa boca enorme, esa gesticulación salvaje y esas letras molestas. O la odiabas o la adorabas. Yo me convertí en uno de los segundos. La batería y la guitarra en stacatto terminaron de iluminarme. La historia de un incesto. Y se coló en lo más vendido de aquel año.

La variable y enorme calidad vocal de Skin se demuestra escuchando del tirón Secretly, On my hotel TV y You’ll follow me down. Cómo pasa de la suavidad y la confesión del amor perdido y oculto de la primera, a la agresividad de la segunda o la profunda tristeza de la última. Y de remate, la cambiante anti-racista We don’t need who you think you are, con su tempo calmado que estalla en un estribillo rabioso. Cuatro canciones que resumen Post orgasmic chill. Y antes de merendarte enterito el disco pincha The skank heads, Good thinks don’t always como to you o la final I’m not afraid.

Junto a ella un estupendo batería, Mark Richardson, muy técnico, siempre con el groove correcto para adornar la canción; un bajista característico de los años 90 pero con amplia influencia del rock setentero, Richard “Cass” Lewiss; un guitarrista, Martin “Ace” Kent, que me recuerda inevitablemente a Tom Morello. Lo produjo Andy Wallace, quien también metió pianos y hasta un Hammond.

Un disco a rescatar como ejemplo de buena música rock en años de turbulencias estéticas y sónicas que dejaron a más de una banda legendaria en el ostracismo. Para mi gusto, el mejor y más completo disco de Skin y Skunk Anansie. A disfrutarlo.

Charly big potato

Secretly

Ñu- No hay ningún loco – 1986

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Ñu – No hay ningún loco – 1986

Jose Carlos Molina, líder, cantante, flautista y principal compositor de los Ñu, siempre fue un tipo particular y controvertido, con una forma de lidiar con la música siempre atrevida. Tras cuatro discos en estudio, y tras romper su contrato con Chapa, decidió meterse en la sala Canciller de Madrid dos noches con un montón de músicos amigos a recoger las que, hasta entonces, consideró sus mejores canciones. Lo curioso es que casi todos los invitados habían tocado en algún momento en los discos de estudio o las giras de la banda e interpretan las mismas partes que en su día grabaran. Entre esos músicos encontramos a nombres tan conocidos como Jero Ramiro (Santa, Saratoga) o Eduardo Pinilla (Burning, Coz, Luz Casal) a las guitarras, Chiqui Mariscal (Leño) al bajo, Miguel Ángel Collado (Casablanca, Sangre Azul, Santa) a las teclas o Enrique Ballesteros (Coz, Banzai, Bella Bestia) a la batería.

La mayoría de los cortes pertenecen a sus discos más recientes. De Fuego (1983) rescata Nessa, La bailarina, Fuego y Más duro que nunca y de Acorralado por ti (1984) Perseguido, Una noche más, Ella y Más quiero más. Pero, sorpresa, presenta cuatro nuevos temas: No hay ningún loco, Prometo besar, Los ojos de la zíngara y Sé quién. Producido por Mariano García, estrenando su discográfica Barrabás, se grabó con la unidad móvil de los Estudios Kirios. Lo cierto es que el sonido general es bastante flojo y  en ocasiones deja bastante que desear. El doble directo llegó a disco de oro en España, lo más vendido de Jose Carlos Molina.

Tras una introducción enlaza Cuentos de ayer y de hoy con Preparan, interpretadas con garra, para después lanzarse a uno de sus jose-carlos-molina-2temas imprescindibles, el debutante No hay ningún loco. Ese estribillo y el trabajo de melódico es simplemente excelente. Tras la delicadeza de Prometo besar (algo floja) entramos en uno de mis momentos favoritos del directo, la unión de La bailarina y El flautista mediante un solo de flauta, en el que Molina (protagonista de esta sección) vacila al personal e interpreta tonadas infantiles incluso. La canción de Nessa junto a Fuego cierran lo que era el primer disco. La rudeza y la velocidad se imponen y las guitarras y una batería más heavy nos trasladan a aquellos años donde la música dura dominaba las calles, aparecía en los programas musicales de la televisión y sonaba en las emisoras de radio. Increíble la zona central con Molina, Collado y Jero intercambiando solos.

El segundo disco comenzaba con otra de las canciones estrella de Ñu, en una de sus versiones definitiva. Ella tiene ese toque intenso con el que siempre coqueteaba Molina sin perder el hálito comercial necesario para llegar al mayor número de oídos con una letra original de entrega y amor (o desamor, aún no lo sé). No creo que pueda presumir de ser un gran cantante, en cuanto a técnica, pero lo palia con entrega y un aprovechamiento inteligente de sus recursos. Otra gran interpretación para Perseguido, tema que gana (como la mayoría) en este directo, una de esas canciones al alcance de pocos compositores de la época, jugando con el progresivo al estilo Ñu. Encontrar en este punto un tema anti-clímax como Los ojos de la zíngara me hace sonreír, cómo mezcla el ritmo de rock y la melodía de inspiración árabe y un toque andaluz con la presencia del cantaor Angel Moreno. La épica medieval se cuela en Sé quién (“tiene la espada que vencerá, la llave de una ciudad”) con otra línea melódica impoluta. Para arrastrarnos hasta el final,  la trilogía “Más”. Más duro que nunca, traca metalera donde Molina se confiesa: “ahora dime quién te ha contado que esto se acabó (…) más duro que nunca tú me haces vivir”. El saxo de Pepe Moreno nos da la bienvenida a Más quiero más, quizá de lo más comercial de Ñu, con un aire a la música que hacía Miguel Ríos en los primeros ochenta. Y el cierre a caballo del teclado y el bajo de Una noche más, con intercambio de solos y adornos.

Uno de los grandes discos en directo de los ochenta (a pesar del sonido y la mezcla final) con la caña, el buen hacer y la genialidad algo loca de Jose Carlos Molina, quien recuerda al público que “colaboró extraordinariamente” y dedica la obra a su madre “que me estará escuchando” y a la Guardia Civil “que me estará buscando”. Un imprescindible.