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Don Airey: secundario de lujo.

En el argot ciclista se usa la palabra «gregario» para referirse al miembro de un equipo que, sin distinguirse de los demás, sin ser un referente, sigue siempre las órdenes del director o vive a la sombra del líder. Algunos han pasado a la Historia como «gregarios de lujo»: ciclistas que se ganaron fama bregando por la victoria de otro, por el éxito del equipo, cediendo su fama individual en favor de la colectiva. Y en la música también existe esa figura, la del currante de escenario y estudio que casi nunca da un paso al frente, pero sin cuya colaboración el resultado final no hubiera sido el mismo. Hoy, rendimos homenaje al teclista Don Airey, uno de esos secuaces imprescindibles, uno que acumula, según Discogs y su propia página web, más de trescientos discos a sus espaldas. O en sus dedos, más bien. Él mismo definió su trabajo: «en cualquier sitio, cuando eres el teclista, tienes que saber exactamente qué es lo que aportas, esa es tu contribución y ese es el rol principal de un teclista. Das a los demás el apoyo que les hace sentir seguros y les hace sentir que su música tiene valor».

Don Airey es uno de los músicos más prolíficos y solicitados del mundo hard roquero desde sus primeros pinitos allá por mitad de los setenta hasta su inclusión en el seno dorado de Deep Purple. De hecho, comienza la biografía de su web con esta frase: «Don ha girado con los grandes y con los buenos y ha tenido un asiento preferente en algunos de los eventos más excitantes de la Historia del rock». Quiénes somos nosotros para juzgar lo contrario. Si hasta tiene un blog realizado por sus fans.

Nacido en 1948, precoz estudiante de piano y enamorado del Hammond desde su adolescencia, tuvo su primera experiencia profesional con un personaje imprescindible en su despegue musical, Cozy Powell, quien venía de tocar la batería con el mismísimo Jeff Beck. Como Cozy Powell’s Hammer grabaron un single juntos en 1974 (Na, na, na), pero la historia no dio para mucho más. Powell le llamó cuatro años después para que probara suerte en una banda en la que estaba tocando; el puesto de teclista había quedado libre y el jefe estaba interesado en escucharle. Esa banda se llamaba Rainbow y Don se sentó tras los teclados a finales de 1978. «Tocar en Japón te hacía sentir como The Beatles: Graham Bonnet y yo tuvimos que correr para salvar nuestras vidas en un centro comercial perseguidos por una manada de mujeres». Grabó Down to Earth (1979) y Difficult to cure (1981). La buena relación con Cozy Powell se extendió a los discos en solitario del batería. Colaboró en el debut en formato largo del colega, Over the top (1979), en el siguiente Tilt (1981) o en Octopus (1983).

Sí, estos son Rainbow en 1981

Entre aquel single primigenio y su entrada en Rainbow, nuestro protagonista formó parte de uno de los combos más interesantes de finales de los setenta: Colosseum II. Otros tres álbumes duró su aventura: Strange new flesh, del 76, y Electric savage y War dance, ambos del 77. Más allá de la música, el mayor valor de aquella experiencia fue conocer a Gary Moore, guitarrista del combo. De él dijo: «Compartir el escenario con el Gary de 22 años, en plena efervescencia, fue inolvidable para la audiencia». La amistad, el buen rollo, formó una alianza que se extendió en el tiempo. Con Gary Moore, en el estudio, sonaron juntos, por ejemplo, en Back on the streets (1979), Dirty fingers (1983), Run for cover (1985) o Still got the blues (1990). De este último, dice Don: «para nuestra sorpresa, se convirtió en el álbum de blues más vendido de todos los tiempos». En directo nos dejaron Rockin’ every night – Live in Japan (1983) o Live (grabado en el 81 y editado dos años después). De hecho, la última grabación de Gary fue para el álbum de Don titulado Keyed up (editado en 2014).

Su fama como arreglista y músico de estudio crecía. Por dejar dos muestras. Le encontramos acreditado en tres canciones del álbum 20 años (1980) del grupo Pecos el mismo año que arregló y tocó en el debut en solitario de Michael Schenker al frente de su banda, MSG (The Michael Schenker Group, 1980). Y en la misma época se (re)encontró con Ozzy Osbourne. «Estar en la banda de Ozzy fue una experiencia de la que me siento orgulloso, pero no querría volver a pasar por ello de nuevo». Años turbios, seguro. La introducción mítica de Mr. Crowley le pertenece por entero. Participó en el estudio durante las grabaciones de Blizzard of Ozz (1980) y Bark at the moon (1983) y en la gira del 81/82. Por cierto, a Ozzy metiendo las teclas en el Never say die! (1978) de Black Sabbath.

La segunda mitad de los ochenta le pilló sin un puesto fijo, por lo que alternó su labor en estudio con algunas giras. Puso sus zarpas en los pelotazos multiplatino de David Coverdale (Whitesnake, 1987, y Slip of the tongue, 1989), donde se encargó de los arreglos, por ejemplo, de Is this love. Otra aventura interesante la vivió junto a Bernie Marsden en el álbum The Pack (1985) de la banda Alaska. No puedo evitar nombrar aquí el debut de Zeno (1986), disco más que reivindicable. Entre sus viajes por los escenarios, destacar la gira con Jethro Tull para la presentación de Crest of a knave (1987). Añadamos finalmente a Judas Priest: Don se convirtió, en cierto modo, en el teclista no-oficial de los metaleros británicos colaborando en Painkiller (1990). Escucha A touch of evil, por ejemplo. Las malas lenguas mantienen que el bajo del álbum lo grabó Don con un Minimoog. Debió de hacerlo bien, porque repitió en Demolition (2001), Angel of retribution (2005) y Nostradamus (2008).

A principio de los noventa tuvo que retirarse temporalmente por problemas personales. Su retorno fue progresivo, colaborando, de nuevo, como músico de estudio, yendo de proyecto en proyecto, hasta acabar en «los Purple» a comienzos de siglo. Entre todas aquellas historias, dejemos para la escucha sus colaboraciones con Uli Jon Roth (Trascendental sky guitar, 2000), Ten (Babylon, 2000) o Glen Tipton (Babtizm of fire, 1997). Pero su mayor éxito lo alcanzó con Katrina & The Waves. Comenzó como arreglista y tocando pianos y Hammond en Edge of the land (1993), siguió en Turn around (1995) y alcanzó el momento de gloria en 1997. Don arregló la canción Love shine a light que representó a Gran Bretaña en Eurovisión y la BBC ofreció a nuestro amigo la posibilidad de dirigir la orquesta el día del concurso. La canción ganó aquella edición. Airey, gran fan de Eurovisión, afirmó poco después: «ha sido mi mayor orgullo». Ahí le tenéis.

En 2001 recibió una llamada que cambió, una vez más, su vida: sustituyó temporalmente a Jon Lord tras las teclas de Deep Purple en la gira de aquel verano. Poco después, Lord anunció su retirada definitiva y Don fue nombrado miembro oficial de la banda, en la que permanece hoy en día. «Fue difícil durante dos o tres años. Estuvimos trabajando muy duro y nadie dijo mucho. Pero gradualmente encontré mi sitio en una nueva identidad». Ha grabado seis discos de estudio y ha girado incansablemente por todo el planeta. Woosh (2020) y Now What? (2013) son especialmente jugosos, con la producción de Bob Ezrin. Y si quieres saber a qué suenan estos «Purple» en directo, pincha Live at Montreux (2007) o Live in Rome (2019).

Y, claro, con tanto tiempo libre también ha publicado y girado con su propio nombre en la portada o los carteles. Cinco discos en estudio, desde K2 en 1988 hasta One of a kind en 2018, con el recomendable Keyed up (2014) en medio. Su última publicación ha sido un directo grabado en Alemania titulado Live in Hamburg (2019), donde repasa algunas de las mejores canciones de su larga trayectoria. Muy recomendable.

Para cerrar este homenaje, una reflexión sincera. «La cuestión es que soy un teclista en una banda de rock y tienes que permanecer quieto mientras tocas. Esos guitarristas y esos cantantes tienen personalidades enormes». Esos guitarristas: Richie Blackmore, Steve Morse, Randy Rhoads, Gary Moore, Jake E. Lee o Martin Barre. Esos cantantes: Ian Gillan, Ozzy Osbourne, Joe Lynn Turner, David Coverdale o Graham Bonnet. Algo sabrá de todo esto.

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El rock de la ciudad: canciones sobre París.

El personaje de Leonardo DiCaprio decía en la película Titanic (1997): «es lo bueno de París, muchas mujeres quieren desnudarse». Humphrey Bogart, en Sabrina (1954), afirma que «París es para los enamorados; tal vez por esa razón solo estuve allí 35 minutos». Ciudad del amor, de las fantasías sexuales, de la libertad y la cultura, ciudad con un fantástico escaparate donde la vida transcurre de modo parecido a cualquier otra gran urbe del mundo. Pero, oh, el mito que tiene a su alrededor. Ese no se lo puede quitar nadie. El propio Bogart, en la escena final de Casablanca (1942), junto a Ingrid Bergman, dejó una de las frases antológicas de la ciudad y del cine: «Siempre nos quedará París». Siempre tendremos el recuerdo.

Y un poco de todo esto hay en la selección de canciones sobre la ciudad de la luz (y de las sombras, pues). Hay amor perdido, amor encontrado y amor no correspondido. Pero también hay algo de historia (que «París bien vale una misa»), alguna epopeya personal y hasta una de espías.

Como de costumbre… dale al play.

Gary Moore – Parisienne walkways

Tenía que ser la primera. Canción romántica, llena de nostalgia, rememorando los paseos por París con la persona amada. En la versión primigenia cantaba Phil Lynnot (también tocaba el bajo) y la batería corrió a cargo de Brian Downey, ambos compañeros de Moore en Thin Lizzy. Se editó en 1979 como single alcanzando el número 8 en las listas británicas.

Ben Harper – Paris sunrise #7

¿Y por qué no rememorar el pasado con un tema instrumental? Increíble interpretación, sentida melodía. Recibió una nominación a los Grammy. Harper la grabó con sus Innocent Criminals para el álbum del 2007 titulado Lifeline. En el vídeo toca seguidas Paris sunrise #7 y la propia Lifeline, dando un hermoso sentido a la canción: «I don’t want to wait a lifetime/not yours, not mine/can you see me reaching/for the lifeline».

Stephen Stills – Midnight in Paris

Compuesta por la (entonces) esposa de Stills, Véronique Sanson, cantante y compositora nacida en París, rememora una cita romántica una noche de otoño: «I want to tell you ‘bout all I see/Stars in my eyes that you would not believe/I’m a little funky wearin’ out my shoes/Don’t mean anything unless I’m dancin’ with you/Midnight, midnight in Paris». Parte del álbum Illegal Stills (1976).

Dokken – Paris is burning

Una ruptura amorosa en la ciudad del amor: «I can’t believe/You’d throw it all away/You know you played me for a fool». La canción tuvo una primera versión en la edición original europea del álbum Breakin’ the chains (1981) titulada, simplemente, Paris. Para la reedición de 1983 en Estados Unidos, con el título alargado, se sustituyó por una fantástica versión en directo grabada en Berlín en 1982.

Tako – París 1968

Pero no todo va a ser amor y nostalgia. En la ciudad de París también se anclan hechos históricos, y a uno de ellos viajan los zaragozanos Tako en su álbum El club de los inquietos (1999), al mes de mayo de 1968. Mezclando una letra en francés y en inglés, pasean con su guitarra y su música dando paz y amor.

Rush – Bastille day

Los canadienses Rush viajan a otro de esos momentos: la revolución francesa. «And we’re marching to Bastille Day/The guillotine will claim her bloody prize». Camino de La Bastilla a cortar algunas cabezas y hacer un poco de justicia (más o menos). Abría el tercer y definitorio Caress of steel (1975).

Streetheart – Action

Y otros canadienses, Streetheart, disfrutaron de las mieles del éxito locales con este single que abría su debut Meanwhile back in Paris de 1978. En la banda figuraba Paul Dean a las guitarras, quien daría el salto poco después a Loverboy. Una historia de agentes secretos: «I’m afraid now, I’m going to phone the base now/Yeah maybe the master really gonna pay, yeah».

Dark Moor – Bells of Notredame

En su muy recomendable The Hall of the olden dreams (2000) hacen una semblanza del mítico jorobado y campanero de Notredame:»We see the hunchback in Notre Dame/Dancing on the tallest towers». Un personaje despreciado por la sociedad que encuentra entre las torres de la iglesia la soledad «Looking at the bells he thinks about his tragic fate/Wants to be a rock or metal like his souless mates».

Queensrÿche – Last time in Paris

Una (supuesta) historia real que le ocurrió a Geoff Tate, cantante de la banda, en un concierto en París. La noche se complicó, una cosa llevó a la otra y acabó durmiendo más de la cuenta. Al llegar al concierto no le dejaron entrar: «took the metro out to Avignon/Man at the backstage, didn’t know my name/Said hey, I’m with the band!/You and everyone today». Alguien le reconoció y pudo entrar al backstage. Corte grabado en la época del Empire (1990), que no formó parte de la edición original, y debutó en la banda sonora de The Adventures of Ford Fairlan.

Elton John – Paris

Tercer single del álbum de 1986 Leather jackets. Para Elton no todas las ciudades son iguales y en Paris puede pintar el cuadro más colorido con su amor: «But when I get to Paris/We’ll paint all our portraits/In brush-strokes of yellow/And christen the canvas».

Place Vendome – Place Vendome

Y para cerrar, banda, canción y disco con nombre parisino: «So just hold my hand and I’ll show you my second home/Down at the Place Vendome». Plaza célebre del París clásico, lugar de paseos y, por lo visto en la canción, algo más que besos. La banda, fabricada en un despacho de Frontiers Records, editó su estupendo debut en el año 2005.

Clon Zeppelin: los imitadores de Led Zeppelin

¿Qué mejor homenaje que un tatuaje?

Led Zeppelin son la banda referente universal del hard rock. No digo los mejores, no digo los más. Digo «la banda referencia cuando uno define el hard rock». Un amigo cercano dice que The Beatles son los Led Zeppelin del pop. Y ¡qué curioso! han sido acusados de numerosos plagios, copias e imitaciones. Algunos confirmados en los tribunales y otros arreglados en acuerdos entre las partes. Pero, ¿quién está libre de plagio? Yo no. Robert Plant llamaba a David Coverdale «David Cover» por su costumbre de «copiar» sus canciones. En cualquier caso, aprender de los mejores, extraer su esencia, desbordar tu imaginación sobre esas bases y crear tu propio estilo es el mantra ideal de cualquier músico. Y si no puedes, o no te sale: ¿qué pasa por copiar un poco al maestro? Y, vaya, a veces se nos va la mano con la copia, el productor se despista y la compañía piensa «esto lo vendemos fácil» y nos encontramos canciones, discos o artistas que acaban sonando exactamente igual que el maestro. Y hoy rescatamos algunos discos que, podríamos decir, hunden con fuerza sus raíces en la tierra fértil de Led Zeppelin.

Al respecto, en 1989, Gary Moore compuso para su disco After the war la canción Led clones, que cantó con Ozzy Osbourne, mosqueado por esa falta de carácter de las bandas jóvenes y, en especial, por el mega éxito del debut de Kingdom Come (del que luego hablamos): «You’ve stolen from the houses of the holy/You’ve rolled into the kingdom of the sain».

No son todas, ni pretendemos hacer un «best of» ni nada por el estilo, pero sí traemos a nuestros copistas favoritos: en el estilo medieval, aquellos que escribían una y otra vez las obras de Aristóteles o Platón, dejando su propia marca en cada copia, modificando un poco las frases y los significados para que, en el conjunto, nada cambiara.

Y, como siempre, dale al play...

Wolfmother – Wolfmother (2005)

El estilo vocal de Andew Sockdale hace imposible separar su arte del original, por mucho que, en ocasiones, nada tiene que ver la composición. Sin embargo, se aprovecha un poco de ese parecido en cortes como Woman, Joker and the thief o Mind’s eye (qué buen Hammond, por cierto).

Greta Van Fleet – Anthem of the peaceful army (2018)

Los hermanos Kiszka han sido los últimos en subirse al carro. Con muy buen gusto y ciertos personalismos que se agradecen, por supuesto. La esencia está ahí: The cold wind, When the curtain falls, Lover/leaver o Mountain of the sun. Esa batería y esa voz… Qué buen disco.

Great White – Hooked (1991)

Igual nos valdría el siguiente, Psycho City (1992), aunque este juega en la producción con los sonidos de la época. Los tiburones evolucionaron del heavy rock de sus inicios hacia un hard rock que, en la voz de Jack Russell, acabó recordando enormemente a Ledzep. Grabaron incluso un disco de versiones en 1998 al que titularon Great Zeppelin. En este Hooked (enorme álbum) suenan a los maestros en Call it rock and roll, Congo Square o Desert moon.

Jet – Get born (2003)

Un disco debut demasiado bueno. Se han llevado muchos palos por los claros homenajes a bandas como The Beatles, Iggy Pop o Led Zeppelin. Cuando roquean, quién mejor que Page y compañía: Last chance, Get me outta here, Cold hard bitch o su mega single Are you gonna be my girl, una mezcla de Black dog (Led Zeppelin) y Lust for life (Iggy Pop). El disco funciona muy bien y merece una escucha con los altavoces bien altos.

Kingdom Come – Kingdom Come (1988)

Los responsables de esta colección. Su álbum debut consiguió que muchas personas llamara a las radios de la época preguntando si era un regreso de «los zeppelin». Seguramente, el mejor disco homenaje de esta lista. Desde la inicial Living out of touch, pasando por el single Get it on o la balada What love can be. Consiguieron fama y fortuna y un año después se quitaron la mortaja zeppeliana en un enorme álbum de hard rock titulado In your face.

The White Stripes – White blood cells (2001)

Jack White es el hijo bastardo de Robert Plan y Jimmy Page. No hay otra. A lo largo de su carrera ha rebozado y recreado como nadie su garganta y su guitarra por el catálogo Ledzep, fabricando un inventario personal como pocos en este siglo. Pero, quizá, en White blood cells es más clara su adoración zeppeliana. Canciones como Dead leaves and the dirty ground, Fell in love with a girl o I’m finding it harder to be a gentleman narran esas raíces.

Black Mountain – In the future (2008)

Si en su debut se dejaban arrastrar a las profundidades de la psicodelia y dejaban ese poso hard rock un poco al libre albedrío, en su segundo largo abren con un tema tan Ledzep que asusta, a pesar de esa producción stoner: Stormy high, Angels, la espacial Wucan o Stay free (puro Ledzep III) . Las épicas Tyrant o Bright lights (con sus más de dieciseis minutos) suben un escalón el nivel general del álbum.

Rival Sons – Pressure & time (2011)

La actitud y la técnica vocal de Jay Buchannan hace que muchas canciones de la banda se emparejen con Ledzep, aunque las estructuras a veces no tengan similitud. Sin embargo, este disco, más que ninguno, encaja en esta selección. Escucha Pressure and time, Gypsy heart, Only one, Get mine o All over the road. Canela fina esta gente.

Y si quieres más clonación, dale a la playlist que te proponemos. Hay muchas sorpresas: grupos que se deslizaron con algunos riffs, algunos estribillos o, vaya, algunas historias muy zeppelianas.

Lo mejor de Gary Moore… en directo

El escenario como hábitat natural. El sudor, las luces, el humo, los decibelios. Gary Moore era un alma de directo. Subiera con quien subiera, fuera el local pequeño o grande. Y siempre rodeado de grandes músicos en su larga carrera en solitario, llena de idas y venidas, de cambios y experimentos. Hubo un periodo, que comienza a finales de los setenta y se alarga hasta finales de los ochenta, una década, más o menos, en la que se zambulló en el hard rock. Después decidió navegar las aguas del blues y el blues rock y ahí se quedó, con alguna infidelidad, hasta el fin de su vida. Antes, en los setenta, probó con Thin Lizzy, era amigo de Phil Lynott, se enroló en una aventura de jazz rock con Colosseum II, compartió estudio y escenarios con Greg Lake y probó en los noventa la influencia electrónica. De esta larga carrera seleccionamos sus mejores directos.

We want Moore! (1984)

Grabado en varios escenarios entre sus dos discos fundamentales del periodo hard rock (Victims of the future, del 83, y Run for cover, del 85), demuestra el poder y la técnica que poseía en un escenario. Recoge canciones de conciertos en Glasgow, Detroit y Japón con su inseparable Neil Carter en los teclados y las guitarras, Craig Grubber al bajo y Ian Paice en la mayoría de las baterías (no aparece en las canciones de Detroit, donde fue sustituido por Bobby Chouinard). Destacan las versiones maratonianas de Shapes of things, Victims of the future, Cold hearted o Empty rooms, de lo mejor de su catálogo. Al lado de este directo, como complemento, un hermano gemelo, más comedido: Rockin’ every night – Live in Japan (1983) grabado en la gira del álbum Corridors of power (1982) con Neil Murray al bajo, Cozy Powell a la batería, Don Airey (otro inseparable) a los teclados y la colaboración vocal de John Sloman y Charlie Hunt. Y si tienes curiosidad por sus primeros pasos en solitario, prueba con Live at the Marquee, que fue grabado en 1980 y basa su repertorio en las canciones de su debut Back on the street (1979) y del proyecto G-Force; Tommy Aldrige a la batería, Don Airey en los teclados y otro amigo, Andy Pyle, al bajo.

Blues Alive (1993)

De nuevo en plena forma, lo mejor de su etapa blusera con una big band a su lado. Había publicado After hours (1992) y antes Still got the blues (1990) y las canciones de ambos, junto a alguna sorpresa, rellenan esta joya. Además de un cuarteto de viento y dos coristas, suena el bajo de Andy Pyle por aquí, y otro amigo a los teclados, Tommy Eyre (habitual en estudio de músicos de diverso pelaje). Entre las sorpresas que decía versiones de Parisienne walkways, Further on up the road y The sky is crying. Suenan fabulosas King of the blues, Walking by myself y Still got the blues. De su etapa blusera destacar también Live at Bush Hall 2007 (editado en 2014) en un registro menos ambicioso (sin cuarteto ni coristas) y más crudo, con Brian Downey a la batería y Pete Rees al bajo, un habitual del siglo XXI. Y para los completistas, The definitive Montreux Collection (2007) que recoge canciones de sus cinco actuaciones en el Montreux Jazz Festival.

Live at Monsters of Rock (2003)

A Moore siempre le gustó el formato power trío. Lo intentó con Jack Bruce y Ginger Baker (Around the next dream, 1994). Y en el año 2002 montó uno con el batería de Primal Scream, Darrin Mooney, y el bajista de Skunk Anansie, Cass Lewis. Esta particular mezcla parió un álbum titulado Scars (2002) y una gira, donde se grabó este directo. El sonido hard rock vuelve, pero con un deje agresivo basado la pareja rítmica. Recupera canciones que interpretaba en los ochenta, como Out in the fields, Wishing well, Shapes of things o Don’t believe a word, añade algunas de su nuevo proyecto (Rectify, Stand up) y un poco de blues (Walking by myself). La mezcla funciona, con una enorme interpretación de los tres.

Blues for Jimi (2007)

Grabado en octubre del 2007 en Londres, se editó oficialmente cinco años más tarde. Contiene una sola actuación de Moore reinterpretando a Jimi Hendrix a través de once canciones. Cuenta con Billy Cox al bajo y Mitch Michel a la batería en tres cortes; el resto se encargan de completar el trío Dave Bronze (bajo) y, de nuevo, Darrin Mooney (batería). El repertorio es bestial, la interpretación fantástica; no se conforma el irlandés con copiar, si no que añade sus propias texturas, siempre manteniendo la fidelidad al maestro. Fire, Stone free, Hey Joe, Manic depression o Foxey Lady destacan sobre el resto. Hacer un homenaje a Hendrix siempre es un reto; dedicarle un concierto entero, arriesgarse; salir victorioso, un éxito.

Cuatro diferentes opciones para disfrutar de cuatro aspectos distintos de Gary Moore. A disfrutarlo.

Thin Lizzy – Whiskey in the jar – 1972

Una de las canciones más famosas del ideario sonoro de Thin Lizzy surgió de casualidad. En una fiesta Phil Lynnot comenzó a tocar canciones irlandesas para pasar el rato con una Telecaster y llegó a Whiskey in the jar. Eric Bell se lió a acopañarle con su guitarra. Brian Downey, un poco borracho, empezó a tocar la batería. Fue divertido pero ahí quedó, sin más. Cuando semanas después entraron a grabar un nuevo single (Black boys on the corner) no había nada para la cara B, por lo que tomaron el tema como alternativa. Lynott cambió la letra, la melodía y el tempo, sobre todo en el estribillo, y Bell añadió la introducción y el riff principal. Decidieron grabarlo con batería y dos guitarras acústicas, sin guitarras eléctricas ni bajo. Y a otra cosa.

Pero el director de su compañía, Decca, al escuchar los dos nuevos temas, cara A y cara B, decidió que Whiskey in the jar fuera el single. La canción se editó, recortándolo en más de dos minutos. Finalmente se lanzó el 3 de noviembre de 1972; vendió dieciocho copias en sus primeras veinticuatro horas, pero consiguió alcanzar las listas de ventas tres meses después, llegando al número seis durante febrero de 1973. Se mantuvo once semanas en el top 40.

Una canción elegida por casualidad, arreglada de manera desenfadada, abrió las puertas del éxito a Thin Lizzy. A Lynnot y Eric Bell les llevaban los demonios, ellos querían ser reconocidos por sus propias composiciones, pero disfrutaron de la atención, el dinero y éxito que Whiskey in the jar les facilitó. Pero tan pronto como pudieron la sacaron de sus conciertos, de hecho no aparece en ninguno de sus directos oficiales. Jamás volvieron a tocarla.

La letra de la canción, como sucede con muchas canciones populares, sufrió modificaciones a lo largo del tiempo, pero siempre cuenta una misma historia. La de una amante (irlandés) que atraca a un capitán (inglés); tras ello, visita a su amada, que le traiciona y se queda con su dinero; nuestro protagonista acaba en la cárcel lamentando su «mala suerte». A Lynnot le atraía ese perdedor con su sueño pisoteado.

Tras una breve introducción de Eric Bell, el riff principal, que da verdadero empaque a esta versión, aparece por primera vez para dar paso a la voz de Phil. La canción se articula en grupos de una estrofa de cuatro versos (que desarrolla la acción) y un estribillo, también de cuatro versos. Tras cada estribillo se repite el riff principal. En la versión extendida encontramos cuatro grupos y un solo justo tras el segundo estribillo. En la versión abreviada hay tres grupos y el solo está recortado. Al final, el cantante clama por su amor bebiendo  whiskey.

La versión de Thin Lizzy se convirtió, con los años, en un estándar para cualquier grupo que quisiera darle una clave de rock a esta canción. Versiones interesantes basadas en esta realizaron Metallica, U2 o Simple Minds. Os dejo esta última, la original de Thin Lizzy y la que Gary Moore y Eric Bell se marcaron en el homenaje al fallecido Lynnot.

B. B. King en diez versiones

B. B. King tocó por primera vez una guitarra eléctrica en 1949, con  veinticuatro años, tras escuchar a uno de lo pioneros del blues eléctrico, T-Bone Walker. Desde ese momento, y a lo largo de la década de los cincuenta, se hizo imprescindible en radios y escenarios a lo ancho de Estados Unidos. Dicen que en 1956 actuó 342 noches. Nació, así, la leyenda que perpetuó su fuego a lo largo de las siguientes cinco décadas.

Seleccionamos aquí diez versiones de músicos variopintos en homenaje a uno de los más famosos e influyentes músicos de blues de todos los tiempos. Los elegidos también son buenas piezas, ya verás, ya.

Aquí vamos…

Jimmy Page & The Black Crowes – Woke up this morning

Parte del repertorio de la marciana y fabulosa gira que se marcaron estos tipos, lo escuchamos en Live on The Greek (2000). La original la grabó en 1953 BBK and his Orchestra.

Gary Moore – You upset me baby

Cómo iba a faltar Mr. Moore por aquí. En su Back to the blues (2001) se marca esta cover editada originalmente como single en 1954.

Ronnie Earl/Duke Robillard – I need you so bad

Tengo debilidad por Ronnie Earl y algún día tengo que enseñarla en el blog. Mientras tanto, rescato esta versión que se marcó junto a Duke Robillard en el 2005 para su trabajo The Duke meets the Earl. BBK and his orchestra  la grabaron en 1955.

Fleetwood Mac – Worried dream

La primera encarnación de Fleetwood Mac actualizó numerosos temas de blues. Este original de 1967 aparece en el recopilatorio The Original Fleetwood Mac de 1971.

Robben Ford – Help the poor

Otro tremendo guitarrista que en su (para mí) mejor álbum, Talk to your daughter, de 1988, se marca este temazo basado en un original que BBK grabara allá por 1964.

Albert King/Steve Ray Vaughan – Ask me no questions

Y si de magos de la guitarra hablamos, el otro «King» nos trae un regalo junto a Steve Ray Vaughan. El tema original fue cara B del single Hummingbird de 1970. A Albert King y Steve Ray Vaughan les escuchamos tocándola en su In Session, grabado para televisión en 1983 y editado oficialmente en 1999.

Joe Cocker – Hold on (I think our love is changing)

Una de las voces más particulares del rock se metió en el papel de BBK para su álbum de 1984 Civilized man. La original pertenece al Midnight believer de 1978.

Magic Slim – Paying the cost to be the boss

Otro musicazo por el que siento debilidad también. Magic Slim se merendó esta canción en su Lime’n’blue de 1980 que BBK sacara como single en 1968.

The Allman Brothers Band – Blind love

En su regreso de 1979 con el álbum Enlightened rogues, Dickey Betts y Greg Allman eligieron este fantástico corte que BBK grabó en 1953.

Johnny Winter – Be careful with a fool

Y, para terminar, otro genio del blues eléctrico, el gran Johnny Winter se metió en la piel de BBK para el álbum homónimo de 1969. La original, single editado en 1956.

Lo prometido. Una colección de grandes artistas llevando a su terreno diez grandes temas de B. B. King. Espero que lo hayáis disfrutado.

Algunas canciones de viernes: friday rocks

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Algunas canciones de viernes: friday rocks.

Por fín, viernes. Se acabó la semana, salimos de la oficina, tiempo libre. El viernes es el día que se asocia al comienzo del fin de semana y, cómo no, nuestros roqueros y nuestras roqueras nos regalan multitud de canciones sobre este día, casi siempre con positivismo, buen rollo y muchas esperanzas. Pues ahí las tenéis. Heavy metal friday, folks!

Saurom – ¡Por fin viernes!

 

Zeroking – Black friday

 

Gary Moore – Friday on my mind

 

Faith No More – Black friday

 

Atomic Rooster – Friday the 13th

 

Lujuria – Viernes oscuro

 

Autograph – Friday

 

 

Phil Lynott meets Gary Moore: sus mejores canciones.

Phil Gary 3

Qué duda cabe que Phil Lynott y Gary Moore son dos músicos favoritos en el blog. Hace ya veintinueve años que nos abandonó el bajista y dentro de poco cuatro desde que lo hiciera el guitarra. Aprovechamos para repasar las colaboraciones que ambos compusieron o interpretaron a lo largo de sus vidas, un viaje musical y personal que, espero, disfrutarás.

En el año 1968 se conocieron ambos. Gary tenía dieciseis años cuando entró a formar parte de un grupo en Dublin llamado Skid Row. El cantante de ese grupo no era otro que Phil. Ambos duraron juntos en el combo pocos meses, pues tras la grabación del single New places, old faces/Misdemeanour dream felicity Lynott se marchó a formar Thin Lizzy. Gary aguantó en la banda hasta el 71.

Skid Row – New places, old faces

Los siguientes años Gary entró y salió de Thin Lizzy por diferentes motivos. En 1974 colaboró metiendo guitarras en el álbum Nightlife, aunque finalmente solo se editó su trabajo en la canción Still in love with you. Tres años más tarde sustityó a Brian Robertson en los directos, formando una pareja fantástica junto a Scott Gorham. De esa época data el  Live at Sydney Harbor’78, en VHS a finales de los ochenta. Tras la gira, permanece en el grupo el tiempo suficiente para grabar Black rose: a rock legend, uno de los mejores discos de Thin Lizzy. Ni siquiera hizo la gira posterior en beneficio de su aventura personal, pero volvió para grabar un par de temas en el directo de 1983 Life, último de la banda (le escuchamos en Black rose y la final The Rocker).

Thin Lizzy – Roísín Dubh (Black rose): a rock legend

La tercera pata de esta relación musical crece en la discografía en solitario de Gary Moore. Como buen amigo, Phil contribuyó con un gran tema al álbum de 1978 Back on the streets, uno de los más emotivos de ambos: Parisienne walkways, con la guitarra de Gary y la voz de Lynott. Editado en 1985, aunque grabado unas semanas antes de la muerte del bajista, Run for cover contiene las últimas dos canciones en las que ambos unieron sus fuerzas, dos temazos: Out in the fields (que llegó al Top 5 de ventas aquel año en UK) y Military man, una de mis favoritas.

Gary Moore con Phil Lynott – Out in the fields & Military man

Un puñado de buenas canciones, un montón de conciertos, una gran amistad. Queda la espina de qué hubieran creado estos dos si hubieran sido capaces de colaborar juntos de manera continuada algunos años más. Grandes Phil Lynott y Gary Moore.

Phil Gary

Lo mejor de Neil Murray

Neil Murray

Lo mejor de Neil Murray

La historia musical de Neil Murray incluye nombres tan famosos como Whitesnake, Black Sabbath, Brian May o Gary Moore. Su currículum es tan largo como interesante y, por extraño que parezca, tiene nexos de amistad por todos lados. En sus primeros años como bajista (antes fue batería) formó parte del primer grupo de Cozy Powell (batería) llamado Hammer, allá por 1974. Además de con el famoso batería, coincidió con Don Airey (teclista) y Bernie Marsden (guitarrista). Al deshacerse el combo, siguió a Don a formar Colosseum II, junto con Gary Moore (guitarrista). Aquí ya hemos juntado a los cuatro tipos que contaron con nuestro protagonista a lo largo de toda su carrera.

Tras varios años de dar vueltas, recibió la llamada de Bernie Marsden para unirse a unos incipientes Whitesnake, junto a David Coverdale (cantante), Jon Lord (teclista) y, poco después, Ian Paice (batería).  Murray formó parte del combo desde 1978 hasta 1986, con ausencias puntuales, aupando al grupo a lo más alto del mainstream roquero. Se le oye en álbumes imprescindibles como Lovehunter (1979), Ready and willing (1980) o el megaéxito Whitesnake (1987). Durante la grabación de este fue despedido por última vez.

Whitesnake – Fool for your loving

Su amigo Gary Moore le llamó para grabar Corridors of power (1982) junto con Ian Paice, y poco después, en uno de sus «despidos» de Whitesnake, formó como miembro oficial para la grabación y gira del Victims of the future (1983).

 Gary Moore – Murder in the sky

Tras un par de años de dar vueltas, otro amigo, Cozy Powell, le reclamó para formar parte de Black Sabbath tras la grabación de Headless cross (1989). Hizo la gira posterior, grabó en Tyr (1990) y se calzó la siguiente gira. Dejó el grupo con su amigo Powell un año después cuando Tommy Iommi decidió reformar la banda trayendo de vuelta a Dio, Appice y Butler. Volvería a grabar otro disco con Black Sabbath, en 1994 bajo el título Forbidden.

Black Sabbath – The sabbath stones

¿Qué hizo Neil cuando volvieron a despedirle? Tocar todos los palos que pudo hasta que de nuevo Cozy Powell tiró de él para grabar junto a Brian May (con el que había coincidido en los conciertos de la Expo 92) el excelente Back to the light (1992) y los dos años de gira posterior. Con May también tocó en el Another world (1998).

Brian May – Driven by you

Desde entonces no ha dejado de currar pero sin tanto relumbrón. Formó Company of snakes para girar con otros ex-miembros de Whitesnake repasando en directo el catálogo de la banda, despachó su técnica en el musical de Queen-We will rock you,  se coló en la gira de Queen+Paul Rodgers y se enroló temporalmente en la MSG con Michael Schenker.

Un buen currículum para un bajista excelente y un tipo ejemplar. Al menos, así lo piensan los amigos que han ido buscando a este escocés.

Thin Lizzy – Black Rose (a rock legend) – 1979

Thin Lizzy

Thin Lizzy – Black rose (a rock legend) – 1979

Uno de los mejores trabajos de una de las mejores bandas de hard rock. Unos Thin Lizzy inéditos, por otro lado, con Gary Moore compartiendo guitarras con Scott Gorham y el siempre presente Brian Downey a las baquetas. Ah, y el más famoso mulato del rock: Phil Lynott al bajo y la voz. La grabación resultó caótica, a medio camino entre los Pathe Marconi Studios de París y los Good Earth de Londres, con Lynott y Moore trabajando en sendos álbumes en solitario. Quizá por ello, Black rose adolece de cierta coherencia, y en ocasiones parece que haya recibido un extraño recorta y pega de ideas. Sin embargo, el resultado final es estupendo, a la altura de otros grandes de Thin Lizzy.

El álbum se mueve entre las tonadas rockpop al estilo Lynott con esas dobles guitarras tan fabulosas. Ahí tenemos Do anything you want to al inicio con su intro de bajo y batería para presentarnos una melodía a dos guitarras, seguir con un crescendo que se te pega en las orejas, las armonías accesibles, el estribillo optimista y un buen solo; Phil acaba imitando a Elvis en el cierre del tema. En la misma línea Waiting for an alibi arranca con unas guitarras dobladas tremendas y suena a clásico, a Jailbreak. Get out of here sigue el mismo patrón, esta vez más basado en el bajo y la batería, con cambio de tono a mitad del tema, y un par de solos muy bien logrados; me encanta el final. Ya con estos tres cortes sería suficiente para ensalzar Black rose.

Thin Lizzy – Do anything you want to

Brian Downey realiza uno de sus mejores trabajos en estudio. Lo borda en Do anything you want to, en la floja S&M o en Get out of here. El bajo de Phil sigue echando humo y su voz está cuidada, trabaja más la melodía y la producción le dio prioridad, poniéndola siempre en primer plano. El estilo de Moore se adapta muy bien y añade un toque diferenciador, claro en Toughest street in town, una de las mejoras, donde sus solos y los de Gorham se alternan. Su voz también es reconocible en los estribillos.

Pero la principal aportación de Gary, y razón por la que Lynott insistió en contar con él, la escuchamos en el tema título, una mini-epopeya de siete minutos titulada Rosisn Dubh (Black rose) A rock legend. Phil siempre había querido componer una canción donde recoger su amor por Irlanda (su patria adoptiva) y Moore le dio el empujón con sus conocimientos del folclore celta. Arreglaron tres temas tradicionales y lo juntaron con uno procedente del folklore yanqui, mezcla curiosa que funciona. El tema sube y baja mezclando partes tradicionales con arreglos propios, pero mantiene una coherencia bella, un final épico del que Phil siempre se sintió orgulloso. Un tema único.

Phil toca temáticas dispares a lo largo de los nueve cortes. En Sarah, Lynott, con la ayuda de Gary, explora sus emociones y sentimientos sobre la paternidad, canción extraña en el universo Lizzy y que se rescató del proyecto en solitario del bajista. Muy buena estructura y arreglos, estribillo delicado, otra excelente guitarra.Thin Lizzy band

Del futuro disco del jefe se rescató también With love, en este caso, un medio tiempo sencillo bien arreglado, donde destacan las partes de guitarra solista. Por contra, en Got to give it up abandonamos los temas románticos y, esta vez componiendo con Gorham, nos habla de sus adicciones con cierta indulgencia.

Producido a medias por la banda y Tony Visconti, a día de hoy ostenta el honor de ser el álbum más vendido de Thin Lizzy; llegó al número 2. En cualquier caso, pues las ventas no siempre corresponden con la calidad, un trabajo muy emocionante, sentido, lleno de rock’n’roll, un poco de flok irlandés y la magia de Lynott, Moore, Gorham y Downey… Irrepetible.

Thin Lizzy – Rosisn Dubh (Black rose) A rock legend