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Scorpions- Rebuscando en la basura de “Pure instinct” – 1996

i¿Son tan malos los discos malos de nuestros músicos favoritos?

Hoy rebuscamos en la basura de Scorpions y su álbum Pure instinct de 1996.

Editado tras unos años de éxitos, sobre todo en los escenarios, con mastodónticas giras mundiales, después de un directo de título Live bites y un nuevo contrato discográfico, Pure instinct significó el decimotercer álbum en estudio de Scorpions, su apuesta en el postgrunge, con el Nu Metal asomando las orejas en las listas de ventas. El nacimiento del disco ya venía gafado. El productor elegido, Bruce Fairbairn, tuvo problemas de salud y agenda, por lo que se recurrió a Keith Olsen. Pero tampoco salió adelante la colaboración y finalmente produjo la mayoría de las canciones el alemán Erwin Musper (mano derecha de Fairbarin). Comenzaron grabando en Nueva York, siguieron en Los Ángeles y lo terminaron en sus propios estudios en Hannover.  Además, el batería Herman Rarebell desaparece de escena y es sustituido por Curt Cress “el breve”. Por terminar de enmarcar el momento vital del grupo, Klaus Meine (cantante) y Rudolf Schenker (guitarra) estaban cerca de los cincuenta años y Matthias Jabs (guitarra) acababa de traspasar la cuarentena.

La crítica se cebó con el disco, catalogado de “flojo”, “blandito”, lleno de baladas aburridas y poco mordiente, con una producción irregular. Se lleva un aprobado pelado en la mayoría de las webs, de hecho.

Pero ¿qué rebuscamos en la basura de este Pure instinct?

Como de costumbre en esta sección, rescatamos, primero, las canciones. Hay poco hard rock de guitarras contundentes (al estilo Scorpions, obviamente), pero Stone in my shoe  y Wild child roquean al viejo estilo, con buenos riffs y estribillos. Oh, girl (I wanna be with you) recuerda al álbum Savage Amusement, ese rollo pop rock con sentimiento pero contundencia (obviar su tonta intro vocal). La pega es que no hay más. El resto son medios tiempos, baladas, algún experimento sonoro novedoso. La verdad, todo junto, se hace un poco pesado. Pero también hay chicha buena.

When the rivers flow se sale de los estándares de Scorpions pero está entre las grandes canciones del grupo, con un regusto de finales de los setenta: buen ritmo, acústicas estupendas, línea melódica clásica, una letra efectiva que conduce a un sencillo estribillo. Los teclados acompañan con acierto la canción y el solo final es muy correcto. La balada con orquesta como protagonista You and I es otro tema de tufo clásico, quizá demasiado azucarado pero de arreglos excelentes y un Maine preciosista con un solo final temible. But the best for you presenta una power ballad de cambios rítmicos interesantes, estribillo poderoso y guitarras magistrales. A recuperar la melodía de Does anyone know.

En su conjunto, el trabajo vocal de Maine mejora los discos anteriores, casi me atrevería a decir (salvando las composiciones) que del nivel de sus clásicos de principios de los ochenta. La producción deja un poco de lado la garra de las guitarras, hay demasiadas acústicas y baladas y falta hard, eso es cierto, pero no debe ocultar un buen trabajo compositivo, interpretado con la experiencia y el gusto de unos músicos creativos luchando por mantener su propio estilo en el océano mediático de la época.

Suficiente basura rescatada para darle una escucha a este disco.

Pero si aun así queréis más “basura made in Scorpions” probad con estos enlaces:

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KISS – Rebuscando en la basura de “Hot in the shade” – 1989

 

¿Son tan malos los discos malos de nuestros músicos favoritos?

Hoy rebuscamos en la basura del  álbum número 23 de KISS, editado en 1989: Hot in the shade. Allá vamos.

Hot_in_the_shade_cover

No fue muy acertada la salida de este álbum en octubre de 1989: una portada extraña, una campaña visual y unos vídeos ajenos al contexto comercial de la época y la falta de un tema comercial que llamara la atención del público. Hasta que la balada Forever se editó como single en enero del año siguiente para alcanzar el número 8 en las listas de ventas. El álbum recibió atención, comenzaron a llenar los conciertos hasta el punto de ampliar las fechas de la gira y consiguieron salvar, un año más, sus cuentas corrientes. Aún así, el álbum que menos vendió de KISS en los ochenta.

Gene Simmons y Paul Stanley decidieron retornar a sus sonidos clásicos (los setenta) con una producción menos elaborada en un estudio pequeño, recurrieron a compositores externos (Vini Poncia, Tommy Thayer, Desmond Child, Bob Halligan) y buscaron tocar varios palos con sus canciones. Y el resultado fue desigual. Además de la falta de una gran canción, el álbum contiene temas de relleno e incluso descartes de otros discos.

Y le llovieron muchos palos.

Pero ¿qué rebuscamos en la basura de este Hot in the shade?

Lo primero rescatar obligatoriamente algunas buenas canciones. Hide your heart maneja una melodía con gancho, comercial, y un estribillo pegadizo, con una acertada guitarra y buenos coros. Read my body tiene otro buen estribillo, un patrón de batería excelente, engancha. Little Caesar, en la voz de Eric Carr, es resultona. La influencia blues de Rise to it y Cadillac dreams resulta original en el cancionero de la banda y esa sección de vientos al final de la segunda queda muy bien. El rollo soul de Silver spoon con su coro góspel sale adelante con acierto. El riff de Betrayed y su rápido estribillo, con un Bruce Kulick demostrando (un poco) que también sabe tocar la guitarra.

Aunque la producción recibió muchas críticas, a mí ese rollo maqueta sin tanto adorno ni sobreproducción me gusta, incluso hoy en día. La batería de Eric Carr suena potente y a veces salva el partido, aunque en algunos temas suena la máquina (una pena). Las guitarras pecan de irregulares, más por la mezcla que por otra cosa, pero la mayoría de las canciones arriba mencionadas tienen buenos riffs, arreglos correctos y algunos solos destacables. Simmons, por fin, se involucra en un disco aportando algo más de calidad que en años anteriores. Hay que seleccionar ocho o nueve temas de los quince que contiene Hot in the shade para juntar un disco que hubiera sido realmente recomendable, aunque…

Suficiente basura para pasar el rato.

 

Rebuscando en la basura de Pink Floyd.

Rebuscando en la basura de AC/DC.

Rebuscando en la basura de Iron Maiden.

 

 

AC/DC – Rebuscando en la basura de “Flick of the switch” – 1983

¿Son tan malos los discos malos de nuestros músicos favoritos?

Hoy rebuscamos en la basura de AC/DC y su álbum Flick of the switch de 1983

ACDC flick of the switch

Revisar la discografía de una banda tan grande e histórica como AC/DC es un ejercicio que recomiendo realizar de vez en cuando a cualquier fan roquero (especialmente si te van los australianos). Eso pone a nivel sus logros y sus fiascos y ayuda a reforzarte tus sentimientos sobre sus canciones, a amar o a odiar (más aún). Hoy me permito traer a esta sección uno de sus discos más controvertidos: para muchos el que marcó la definitiva decadencia de los hermanos Young, un disco vapuleado por público y crítica.

A este disco se le acusó de caer en la simpleza compositiva, de ser repetitivo, de conformarse con letras y estribillos fáciles, de carecer del punch en la producción de los anteriores con Robert “Mutt” Lange a los controles en pos de una supuesta crudeza que les acercara al sonido sucio del heavy rock de los primeros ochenta. Se desmereció la técnica de los Young  y también el trabajo rítmico, con el disparador en lo “cuadriculado” de las estructuras, en una época en la que Malcom y Phil Rudd atravesaban una pesadilla con el alcohol (el batería acabó fuera del grupo durante la grabación siendo sustituido por Simon Wright).

Uno de los problemas de este álbum es la ausencia de singles, de ese pelotazo que tuvieron los tres álbumes anteriores (Highway to hell, Back in black, For those about to rock…) y que llenaba las radiofórmulas (la MTV ya estaba empezando a ser importante). Además, la portada y el aire tosco que envuelve Flick of the switch y a la imagen de la banda, incluyendo el vídeo del primer single, no ayudó (ni ayuda) a darle valor a este álbum, siendo descartado casi desde el momento en que lo ves. Aun así, vendió un millón de copias y les llevó de gira mundial una vez más.

Pero, ¿qué rebuscamos en la basura de este Flick of the switch?

Quizá sea uno de los discos más AC/DC de toda su discografía, con lo bueno y lo malo que eso implica. La producción se va años atrás, antes de que Mutt Lange lo agrandara todo, pero manteniendo ese buen rollo roquero que habían comenzado a perder, para mi gusto, en For those about to rock… Este Flick of the Switch es el disco más Bon Scott en la voz de Brian Johnson. Y, de hecho, lo prefiero a otros más aclamados por crítica y fans como The Razors Edge o Ballbreaker.

En cuanto a las canciones, si bien le falta ese megatemazo que solían meter (y metieron) en sus discos, esa chispa vendedora, el conjunto mantiene un nivel mayor que cualquier disco de los ochenta o los noventa (obviamos Back in black, por favor). Los riffs Young están vivos y aunque a veces suenan repetidos, como los solos (joder, esto es AC/DC), te hacen mover el culo como siempre. La estúpida Bedlam in Belgium me encanta: ¿cuántos riffs más “puros” que el de esta canción? El estribillo es atemporal en su discografía, como los cambios o el ritmo machacón de la batería. ¿Y eso es criticable? Una joya.

No me voy a venir arriba y defender, como he leído en alguna crítica, que está entre los tres mejores de AC/DC, pero lo escucho con más frecuencia y gusto que otros ya nombrados aquí. Para mí es una lástima que nunca recuperen en directo canciones como This house is on fire y sus cuatro acordes, la propia Flick of the switch, Nervous shakedown o Guns for hire.

Suficiente basura para que te pongas a escuchar como se merece este álbum. Y si ya lo amabas antes, para recrearte una vez más en su poder hard roquero.

Y si quieres más basura de AC/DC, pincha por aquí…

AC/DC – Guerra de décadas (1)

AC/DC – Live – 1992

Live after death: grupos de rock que resurgieron de sus muertos

 

Iron Maiden – Rebuscando en la basura de “No prayer for the dying”- 1990

¿Son tan malos los discos malos de nuestros músicos favoritos?

Hoy rebuscamos en la basura de Iron Maiden y su álbum No prayer for the dying de 1990

En una discografía tan mítica y mitificada como la de Iron Maiden todos tenemos nuestras filias y nuestras fobias. A pesar de que es una de mis bandas favoritas no adoro con ceguera sus discos míticos, plagados de enormes canciones y algunos fiascos igual de memorables, ni trago la basura que han desarrollado con mejor o peor criterio en obras menos lúcidas. Así que a la hora de traer un disco a rescatar a esta sección ninguno mejor que No prayer for the dying, el peor de la primera época de Bruce Dickinson, el que marcó el debut de Janick Gers y el adiós temporal de Adrian Smith. Uno de los más vendidos de la banda, por cierto, y su último pelotazo en los Estados Unidos. Vaya, casi siempre se coloca al final de la lista de favoritos junto a The final frontier o Virtual XI

A esta obra se le ha acusado de falta de inspiración, de reciclar ideas, de una producción plana o de traicionar, directamente, el propio legado. Cierto es que las canciones son cortas, nada pretenciosas, con riffs sencillos y progresiones más simples, buscando, supongo ampliar el mercado hacia orejas menos metálicas y más roqueras. El gran cambio lo entendemos a través de  la interpretación de Dickinson, que roza el hard rock y abandona en la mayoría de las melodías su bombástico estilo y se vuelve rasposos, oscuro, un poco setentero. Giro estilístico que explotaría en sus primeros pinitos en solitario. Así, las composiciones se aligeran en un intento de “volver a los primeros discos”, según muchos entendidos, pero yo no lo creo así: Harris y compañía intentaron sacar tajada del último subidón hard-roquero de finales de los ochenta con canciones como el single Bring your daughter… to the slaughter, un saca-cuartos musical sin mucha chicha, pero mejores que The assassin, Public enema number one o la infumable Tailgunner.

Pero ¿qué rebuscamos en la basura de este No prayer for the dying?

En contra de la opinión tan generalizada, y sin venirme arriba, creo que no es malo. Su principal defecto es la ausencia de un tema cañón que haya perpetuado en la iconografía sonora y los directos de la banda, que sí pasa en Fear of the dark, por ejemplo, o incluso Factor X. Los temas buenos no son la bomba y los malos no son tan malos.

Si rebusco bien, Mother russia es Maiden en su mejor versión, mantiene la complejidad, la estructura, los solos, los cambios. También No prayer for the dying se acerca a ese clasicismo, con la, quizá, mejor interpretación de Dickinson y excelentes arreglos de teclado y cuerdas (y un bajo mastodóntico). Es curioso que Bruce cante mejor en los temas que no compone, con un estilo más ochentero. Hooks in you y su historia sadomasoquista gusta sobre todo en el estribillo, los cambios me parecen acertados. Igual rollo hard-rock que el single Holy smoke, buen riff, directo, sin más historia ni ambición pero bien acabado y pegadizo (sí, hablamos de Iron Maiden) Y, aunque parezca increíble, creo que Fates warning es de lo mejorcito del disco.

Suficiente basura rescatada para darle una escucha a este disco.

Pero si aun así queréis más “basura made in Maiden” probad con estos enlaces:

Pink Floyd – Rebuscando en la basura de “A momentary lapse of reason” – 1987

¿Son tan malos los discos malos de nuestros músicos favoritos?

Hoy rebuscamos en la basura de Pink Floyd y su álbum A momentary lapse of reason de 1987

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A este disco le han caído críticas de todo tipo. Que si es un disco en solitario de David Gilmour (¿acaso no era The final cut un disco “en solitario” de Roger Waters?), que si la producción es muy comercial, que si desprecia el trabajo de Nick Mason y Richard Wright (de hecho participan otros teclistas y baterías en el disco y usan percusión programada) y así unas cuantas más.

Lo cierto: no está en mi top de Pink Floyd. Gilmour recurre a compositores externos (especialmente a Anthony Moore) y no mantiene un tema central, inspiratorio o una historia común en el álbum, si no que ofrece una colección de canciones sin mucha ambición. El sonido se llena de programaciones, samplers y efectos, no siempre acertados, a veces demasiado protagonistas.

Pero ¿qué rebuscamos en la basura de este A momentary lapse of reason?

Lo primero rescatar obligatoriamente algunas grandes canciones. Learning to fly maneja una melodía Gilmour con una acertada guitarra y buenos coros, muy pegadizo. On the turning away me parece una de las últimas joyas de la banda, tanto en su versión estudio como en las acertadas recreaciones del directo; vaya, un poco moña, claro, pero menudo solo de Mr. David. The dogs of war tiene fuerza y un trabajo rítmico que da profundidad al tema sosteniendo la letra crítica. La inspiración de un tema como Sorrow, expresivo, cuidado.

Además, la producción, a cargo de Bob Ezrin y el propio Gilmour, si bien peca un poco del ambiente soft rock de la época, ha sobrevivido bien a los años, no suena viejuna, maneja con maestría la mezcla de instrumentos. La voz de David mantiene muy bien el tipo, desarrolla algunos fraseos acertados y siempre suena cálida. Tony Levin al bajo cumple con creces y el trabajo de baterías (con invitados como Carmine Appice o Steve Forman) merecen también la pena.

Y, cómo no, la portada, del desaparecido Storm Thorgenson con el diseño gráfico de Andrew Ellis.

Suficiente basura para pasar el rato.