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Iron Maiden – Rebuscando en la basura de “No prayer for the dying”- 1990

¿Son tan malos los discos malos de nuestros músicos favoritos?

Hoy rebuscamos en la basura de Iron Maiden y su álbum No prayer for the dying de 1990

En una discografía tan mítica y mitificada como la de Iron Maiden todos tenemos nuestras filias y nuestras fobias. A pesar de que es una de mis bandas favoritas no adoro con ceguera sus discos míticos, plagados de enormes canciones y algunos fiascos igual de memorables, ni trago la basura que han desarrollado con mejor o peor criterio en obras menos lúcidas. Así que a la hora de traer un disco a rescatar a esta sección ninguno mejor que No prayer for the dying, el peor de la primera época de Bruce Dickinson, el que marcó el debut de Janick Gers y el adiós temporal de Adrian Smith. Uno de los más vendidos de la banda, por cierto, y su último pelotazo en los Estados Unidos. Vaya, casi siempre se coloca al final de la lista de favoritos junto a The final frontier o Virtual XI

A esta obra se le ha acusado de falta de inspiración, de reciclar ideas, de una producción plana o de traicionar, directamente, el propio legado. Cierto es que las canciones son cortas, nada pretenciosas, con riffs sencillos y progresiones más simples, buscando, supongo ampliar el mercado hacia orejas menos metálicas y más roqueras. El gran cambio lo entendemos a través de  la interpretación de Dickinson, que roza el hard rock y abandona en la mayoría de las melodías su bombástico estilo y se vuelve rasposos, oscuro, un poco setentero. Giro estilístico que explotaría en sus primeros pinitos en solitario. Así, las composiciones se aligeran en un intento de “volver a los primeros discos”, según muchos entendidos, pero yo no lo creo así: Harris y compañía intentaron sacar tajada del último subidón hard-roquero de finales de los ochenta con canciones como el single Bring your daughter… to the slaughter, un saca-cuartos musical sin mucha chicha, pero mejores que The assassin, Public enema number one o la infumable Tailgunner.

Pero ¿qué rebuscamos en la basura de este No prayer for the dying?

En contra de la opinión tan generalizada, y sin venirme arriba, creo que no es malo. Su principal defecto es la ausencia de un tema cañón que haya perpetuado en la iconografía sonora y los directos de la banda, que sí pasa en Fear of the dark, por ejemplo, o incluso Factor X. Los temas buenos no son la bomba y los malos no son tan malos.

Si rebusco bien, Mother russia es Maiden en su mejor versión, mantiene la complejidad, la estructura, los solos, los cambios. También No prayer for the dying se acerca a ese clasicismo, con la, quizá, mejor interpretación de Dickinson y excelentes arreglos de teclado y cuerdas (y un bajo mastodóntico). Es curioso que Bruce cante mejor en los temas que no compone, con un estilo más ochentero. Hooks in you y su historia sadomasoquista gusta sobre todo en el estribillo, los cambios me parecen acertados. Igual rollo hard-rock que el single Holy smoke, buen riff, directo, sin más historia ni ambición pero bien acabado y pegadizo (sí, hablamos de Iron Maiden) Y, aunque parezca increíble, creo que Fates warning es de lo mejorcito del disco.

Suficiente basura rescatada para darle una escucha a este disco.

Pero si aun así queréis más “basura made in Maiden” probad con estos enlaces:

Pink Floyd – Rebuscando en la basura de “A momentary lapse of reason” – 1987

¿Son tan malos los discos malos de nuestros músicos favoritos?

Hoy rebuscamos en la basura de Pink Floyd y su álbum A momentary lapse of reason de 1987

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A este disco le han caído críticas de todo tipo. Que si es un disco en solitario de David Gilmour (¿acaso no era The final cut un disco “en solitario” de Roger Waters?), que si la producción es muy comercial, que si desprecia el trabajo de Nick Mason y Richard Wright (de hecho participan otros teclistas y baterías en el disco y usan percusión programada) y así unas cuantas más.

Lo cierto: no está en mi top de Pink Floyd. Gilmour recurre a compositores externos (especialmente a Anthony Moore) y no mantiene un tema central, inspiratorio o una historia común en el álbum, si no que ofrece una colección de canciones sin mucha ambición. El sonido se llena de programaciones, samplers y efectos, no siempre acertados, a veces demasiado protagonistas.

Pero ¿qué rebuscamos en la basura de este A momentary lapse of reason?

Lo primero rescatar obligatoriamente algunas grandes canciones. Learning to fly maneja una melodía Gilmour con una acertada guitarra y buenos coros, muy pegadizo. On the turning away me parece una de las últimas joyas de la banda, tanto en su versión estudio como en las acertadas recreaciones del directo; vaya, un poco moña, claro, pero menudo solo de Mr. David. The dogs of war tiene fuerza y un trabajo rítmico que da profundidad al tema sosteniendo la letra crítica. La inspiración de un tema como Sorrow, expresivo, cuidado.

Además, la producción, a cargo de Bob Ezrin y el propio Gilmour, si bien peca un poco del ambiente soft rock de la época, ha sobrevivido bien a los años, no suena viejuna, maneja con maestría la mezcla de instrumentos. La voz de David mantiene muy bien el tipo, desarrolla algunos fraseos acertados y siempre suena cálida. Tony Levin al bajo cumple con creces y el trabajo de baterías (con invitados como Carmine Appice o Steve Forman) merecen también la pena.

Y, cómo no, la portada, del desaparecido Storm Thorgenson con el diseño gráfico de Andrew Ellis.

Suficiente basura para pasar el rato.