Archivo de la categoría: Las mejores canciones de…

Músicos locos de hoy en día.

El rock, como fuerza social y comercial, está moribundo desde hace un par de décadas. La mayoría de canciones nuevas de grupos nuevos que alcanzan cierta relevancia fuera del reducto propio pecan de un anquilosamiento tremendo, seguramente causado por la necesidad de copiar y repetir estructuras y sonidos para poder entrar en la rueda de conciertos y, por tanto, sobrevivir en el infra-mercado actual. Hay excelentes grupos actualmente; pero carecen de verdaderas oportunidades de progresar.

Pero, ¿todo el negocio está ocupada por esta (aparente) falta de creatividad? ¡Todo no! Una aldea poblada por irreductibles músicos resiste, todavía y como siempre, al invasor. Porque, en realidad, siempre hay artistas que buscan ganarse el pan y el Olimpo con ideas nuevas o verdaderas recreaciones personales de las estructuras antiguas.

Y aquí dejamos una selección de esos bichos extraños…

Isthar – Pequeña Sinfonía africana

Hay que estar muy loco o no tener nada que perder (o ganar) cuando compones un disco sinfónico de rock. Porque Jose Luis Rodríguez, bajo, voz y principal compositor de esta Pequeña sinfonía africana, se ha marchado un disco instrumental con partes cantadas (y alguna canción). Una base de hard rock con mucho desarrollo progresivo, toques tribales y ritmos y melodías de carácter arábigo (África) y cierto recuerdo al rock andaluz de los setenta, junto a cortes más melódicos. Fantástico No hay dos sin tres con la voz de Isabel Moreno. La joya es la suite de cuatro partes que da título al disco: los tres primeros son instrumentales y el cuarto tiene letra (“clamo al cielo y pido ayuda / por el mal olor del aire / producido por los miles de cadáveres / que se pudren en las calles de África”). Nota sobresaliente a las guitarras de Charly Díaz y Oscar García Morena. Colaboran Juan Olmos, teclados, Jose Antonio Muñoz, clarinete, Anto Fernández, batería, y Alex Rodríguez, percusión.

Cheetos’s Magazine – Amazingous

Alucino con la musicalidad y la inventiva de estos cinco energúmenos: melodías con aroma pop, cambios de ritmo y de tono con cierto regusto por la épica, juegos vocales y personajes diversos en un divertimento multicolor. Rock para días grises. Y para paseos por la playa. Siete temas cortos (siete minutos el más largo) y un suite, Big boy, de veinticinco minutos, dividida en cinco partes bien diferenciadas; por sí sola esta composición muestra a las claras la complejidad compositiva de Amazingous. En Cheese cheater me recuerdan a Coheed and Cambria (sobre todo por la parte central y los arreglos metaleros al fondo). Outflow tiene una sinergia de voces especial, un final muy Townshend y un teclado mágico. Más hard rock suena Ready to rumble, con un teclado eighties que tira de espaldas y un final apoteósico que (casi) se funde con “la balada” Close your eyes (me recuerda ese principio a Mike Oldfield). Adoro el instrumental Scum (vaya musicazos). Se visten con monos de colores a juego con la portada y sus cuentos delirantes. En directo deben de ser una experiencia a recordar. Por cierto: Esteban Navarro a las voces y los teclados, más teclados a cargo de Matías Lizana, las guitarras las lleva Manel Orella, el bajo Alex Marques y la batería Gerard Sala.

Frutería Toñi – Tengo mis días buenos

Sencillo: mezcla rock, un poco de jazz, un toque de blues, un par de guitarrazos heavies, unas vainas de flamenco, un clarinete por todos los rincones y que no se te olvide una producción elegante, sobria, limpia. Ah, y algunas letras comprometidas socialmente en medio de una orgía de música para orejas atentas: dale una vuelta a La tostá: “los majaras que manejan los dineros del mundo siempre quieren más/(…)/se están riendo en tu cara y tú con la tostá”. Bases rítmicas elaboradas, con un bajista sobresaliente, sobre las que van desarrollando su arte los diferentes instrumentos, unas veces arropando la melodía vocal, otras tomando protagonismo. En especial disfruto con el piano y los pasajes más lentos, muy sensibles pero con fuerza. Hablar con las estatuas, por ejemplo, con una “natural delicadeza” puede servir de ejemplo; batería y piano jazzy y una ventolera final. Más prog son Tengo mis días buenos y Más de Black, con sus ocho minutos de cambios melódicos y tónicos, quizá el mejor guitarreo (“en un país de ciegos/monarca y andariego/camina con soltura/un tuerto singular”). Y qué grande El monstruo de la pantalla final, homenaje, cargado de simbolismo, a los juegos arcade (“soy el monstruo vengador/te pienso destrozar/y hacerte mio/en la pantalla final/solo te queda perder”). Y si tienes valor, siéntate y disfruta de FTV-1 elevado a Ñ: impresionante cómo el bajo guía y maneja los casi dieciseis minutos, con protagonismo del clarinete. Comanda la frutería Salva Marina (voz, piano, guitarras) con Curro García, bajo y guitarra, Jesús Sánchez, clarinete y saxo tenor, Jeimi Montes, batería, y Víctor Rodríguez, violín.

The Insomnia Night – The Hallway (Vol. 1 & 2)

Si la música de The Insomnia Night ya suena diferente, la inspiración de esta aventura es impactante. Manuel García de la Mata comparte la historia real de su hijo, diagnosticado de leucemia, como dice él, “en tiempo real, creando y componiendo según los acontecimientos”. Tanto el título de la obra (“el pasillo”) como del grupo (“la noche insomne o de insomnio”) nos enganchan a un tiempo concreto en un hospital cualquiera. Historias de lucha, de soledad, de amistad. El Volumen 1 se grabó en 2017 y el Volumen 2 en 2019. Manuel se encarga de casi todos los instrumentos y las voces y cuenta con colaboraciones diversas: Lucy John a la voz solista, Gabriel Téllez al saxo, Laura Blanco y Marisa Senen a la viola y los violines, Yamil Zaidan a las guitarras y un largo etcétera, vaya. Destacar las guitarras a lo Gilmour de A day in the world, el aroma Bowie en  Bad news, la sombra de Rush en In the blood, el melódico pop luminoso de Everyday o la genialidad prog de Waltz of the ghosts. Y todo acompañado de un despliegue visual: fotografía, vídeo y una web que son ejemplo para artistas con más prestigio.

The Dry Mouths – Memories from Pines Bridge

Un título extraño, una portada rara y un álbum instrumental. Perfecto para ir al desecho de la papelera digital. Pero estos tres tipos han facturado una colección de canciones impresionante. Grabado en directo, a modo de jam session, dejan volar su imaginación, y de qué manera. Cómo conjugan bajo, guitarra y batería en Low savvia (qué tufo a Ten Years After), qué delicadeza en Mangai maroke. Un corte de nueve minutos que te pasea por un páramo yermo y te empuja a resucitar en un oasis, el de la portada, esa piel tatuada, ese baño, esa luz, Impromental VII: Moustachette lo logra (final épico). Destaco las guitarras de Christ O. aunque no desmerezcan el bajo de Andrés Reyes (fallecido hace unos meses) ni la batería de Josh Morales. Eso sí; dedícale atención, no sea que tu subconsciente comience a vagar por el desierto y no encuentre el camino de retorno.

SomeWhereOut – Eternity, Infinity

Un álbum completo basado en los cuentos de Isaac Asimov. Personalísmas composiciones a cargo de Raúl Luipáñez, una especie de rockprog con tintes futuristas por momentos, sobre todo en el modo de arreglar y producir la obra. El propio Raúl toca todos los instrumentos contando con diversos cantantes: Alba Bermejo (White sun, black sky), Abraham Linares (My choice), Eleison Braiden (Over this vault) o Dante Martín (The last answer). Espectacular What if, con las voces de Abraham y Alba, y excelente solo. Las recreaciones de las historias originales navegan muy bien con la música como en la final Eternity/Infinity, con la voz de Dante, por cierto. No resulta fácil la escucha, eso es cierto, pero el viaje, ya de por sí de planteamiento magnífico, acaba con una sonrisa. No solo hay buenas guitarras, si no también unos arreglos y algunos pasajes instrumentales estupendos. Un rara avis incluso en esta lista.

12 canciones sobre coches

Quizá sea un tema demasiado obvio, o no, el de la carretera, los coches, las motos en el glosario de roquero. Hay músicos que, además, compiten en sus ratos libres; otros se aficionan a coleccionarlos; muchos añoran poder comprarse ese fantástico carro de sus sueños. Infinidad de canciones tratan el tema de manera más o menos directa y nosotros hemos querido hacer una pequeña selección de aquellas canciones dedicadas a los coches (y a su buen y mal uso).

Dale al play…

Steve Miller Band – Mercury blues

“Had my money, I tell you what I’d do/I would go downtown, Buy a Mercury or two/Cause I’m crazy ‘bout a Mercury”. Steve Miller clama su devoción por “los Mercury” hasta el punto de robar uno (según la canción). Coches de capricho desde 1938 hasta 2011 que sobreviven en los sueños clásicos de algunos fanáticos.  Cover de una composición de KC Douglas y Robert Geddins grabada por pimera vez en 1948, aparece, en la voz de Miller, en un documental (Revolution) de 1967.

Bruque – Velocidad

Corría el año 1988 cuando Pedro Bruque grabó esta canción con la voz de Domingo Gallardo y la flauta de Jose Carlos Molina (Ñu). “No sabes como acabarás/tampoco a qué lugar llegarás/te ciega la velocidad” y tanto correr acaba en un accidente donde “la gente observa con horror/después te contarán tu accidente/sin saber qué sucedió”. Una llamada de atención a los excesos de confianza al volante hace más de treinta años. Parte del álbum En mitad del camino.

Metallica – Fuel

Y con la misma temática se marcaron Metallica este corte en Reload (1997): “Oh, no I burn,/Fuel is pumping engines,/Burning hard, loose and clean”. La adicción es un tema clave en las letras de Hetfield; en esta ocasión la necesidad de pisar el acelerador a fondo hasta quemarse, literalmente.

Chuck Berry – Maybellene

El rey negro del rock mezcla motor, velocidad y flirteo en una persecución hot-rod de un hombre con su ocho cilindros tras una chica a bordo de un Cadillac. ¿Acoso en la autopista? Elvis Presley se marcó una versión de este tema. Berry lo editó como single en 1958.

Barricada – Písale

“Los barri” tienen prisa por llegar a casa : “nervio en la carretera, corre, corre/cómete las señales, pisa más, corre/estamos llegando a mi barrio, corre, corre”. Uno los imagina llegando a las tantas después de un concierto (“la ciudad dormida tiene algo especial”). Corto pero intenso, lo escuchamos en el No hay tregua de 1986.

Lonnie Mack – Me and my car

Un tipo curioso. Tras saborear cierto éxito comercial en los sesenta, desapareció casi veinte años hasta que a mitad de los ochenta reanudó su discografía animado, entre otros, por Steve Ray Vaughan. El segundo de esta segunda época, titulado con acierto Second sight (1987), comenzaba con esta oda a su amor siempre fiel por su coche: nada puede interponerse entre ellos.

Pearl Jam – MFC

Eddie Vedder (cantante) realizó una escapada vital por Europa durante, más o menos, un año hasta acabar viviendo en Roma. De sus viajes en un pequeño coche por Italia surgió la melodía y la idea de este tema, cuyo título significa Mini Fast Car. La protagonista huye en un coche dejando atrás una vida que ya no quiere mantener, buscando el horizonte. La historia acabó formando parte del álbum Yield de 1998. “This wheel will be turning right, then straight/Off in the sunset she’ll ride”.

Obús – Autopista

“Voy quemando gasolina/la autopista me pone a cien”. Las autopistas como símbolo del (mal) progreso, de las prisas, de la necesidad de recorrer kilómetros en coche “a toda velocidad”, cayendo en “su trampa” hasta que “me domina la autopista”. Del álbum de 1984 El que más.

Quiet Riot – Slick black Cadillac

Cuando aún no habían saltado a la fama metalera y dormían en pisos de amigos o en apartamentos okupados, Kevin DuBrow (cantante) y Randy Rhoads (guitarrista) compusieron esta oda a uno de sus mayores deseos: un precioso Cadillac negro “you know I got a fully-equipped rock ‘n’ roll machine/at speeds that take me high, high, high” con el que “I’m gonna drive all night/spin my wheels all night”. Abría el álbum Quiet Riot II (1979). La regrabaron para el multiplatino Metal health cuatro años después.

Deep Purple – Highway star

Qué más se puede decir: “I love it and I need it”. Pasión verdadera por el propio coche, máquina para convertirse en el rey de la autopista. “It’s a killing machine/it’s got everything/like a driving power big fat tires”. Tema veloz, con dos fantásticos solos de Richie Blackmore a la guitarra y Jon Lord a los teclados (ambos de inspiración clásica). Imprescindible y eterna canción del álbum Machine head (1972).

Banzai – Coche rápido en la noche

“Si se mosquean voy a acelerar” con mis veinte años mal tratados por la sociedad. El coche es la herramienta para distinguirse, para huir de la policía o para, simplemente, escapar de los tiempos “actuales”. La escuchamos en el disco imprescindible Banzai de 1983.

Sangre Azul – Velocidad

Y la misma inspiración para esta canción de Sangre Azul, pero en esta ocasión desde un punto de vista más amoroso y festivo: “compartimos el placer de libertad/en la noche juntos recorriendo la ciudad”. El coche como compañero de aventuras, su juego como símbolo de fuerza y libertad. Aparece en su debut Obsesión, allá por 1987.

Golden Earring – Radar love

Y para cerrar esta colección, una de las más famosas y, a la vez, curiosas. Escrita desde el punto de vista del conductor que viaja a casa de su novia, con la que tiene un sistema de comunicación único: el radar del amor. Cuando ella le llama, él acude: “I’ve been drivin’ all night, my hand’s wet on the wheel/there’s a voice in my head that drives my heel” para acabar al amanecer en su casa “No more speed, I’m almost there/(…)/last car to pass, here I go”. Protagonista absoluto del álbum Moontan (1973)

Por supuesto, hay muchas más. ¿Cuál de tus favoritas hemos dejado fuera?

Lo mejor de Neal Schon: más allá de Journey

Famoso por sus “años dorados” en Journey al lado del cantante Steve Perry, los que transcurrieron, más o menos, entre 1978 y 1987, donde vendieron algo así como 50 millones de discos (¡vaya!), Neal Schon, guitarrista, cantante, compositor, arreglista, productor, tiene una colección enorme de discos. Si hacemos caso a su página web, hablamos de ochenta en total. Nos hemos planteado, por qué no, hacer un viaje por esta colección rescatando los que, a nuestro entender, son los más interesantes. Desde aquellos inicios a principios de los setenta han pasado (casi) cincuenta años…

La aventura profesional de Neal comenzó al lado de Carlos Santana en 1971, a la edad de diecisiete años. Un tipo que marcó claramente el devenir artístico de nuestro protagonista. Con él grabó Santana III (que llegó al número 1) y al año siguiente Caravanserai. Poco después dejó la banda para formar Journey, tras un paso por el rock latino de Azteca. Nunca abandonó la influencia de esta experiencia primeriza. El mismo Santana le reclamó en 2016, junto a otros compañeros de época, para el álbum Santana IV. Esa mezcolanza de rock, jazz y ritmos latinos aparece y desaparece en la propia carrera en solitario de Schon, como en su Electric world (1997).

En esta aventura iniciática se forjó una larga relación con el cantante y teclista Gregg Rolie. Juntos formaron la primera encarnación de Journey, intercambiando composición y protagonismo vocal hasta que “descubrieron” a Steve Perry en 1978 y comenzó su historia de éxito comercial. Gregg dejó la banda en 1981, pero colaborarían juntos en los proyectos en solitario del teclista (Gregg Rolie, 1985) y del propio Neal. Como curiosidad, junto con los miembros de los primeros discos de Santana (Mike Carabello, Michael Shrieve) formaron, allá por 1997, el grupo Abraxas Pool; compusieron y grabaron un álbum homónimo.

Otro buen amigo en sus aventuras se llamó Jonathan Cain, quien sustituyó en los teclados a Rolie en Journey. Estos dos personajes se volvieron inseparables desde entonces. Cuando la banda madre se desbandó a finales de los ochenta formaron Bad English. Dos discos, Bad english (1989) y Backlash (1991), duró la aventura, con una onda AOR/hard rock melódico fantástica. Cain colaboró con la carrera en solitario de Neil numerosas veces, como en Beyond the thunder (1995), donde compone, produce y toca, o Piranha blues (1999), y juntos metieron mano a algunas placas buenas, como el Freight train heart (1987) de Jimmy Barnes.

El tercer amigo que encontramos en esta historia se llama Sammy Hagar. Tras una primera colaboración en el álbum Danger zone (1980) del rubio cantante se juntaron con el bajista Kenny Aaronson (Rick Derringer, Blue Oyser Cult) y el batería Michael Shrieve (otra vez por aquí) para componer y grabar un álbum que acabó llamándose Through the fire (1984); el grupo se denominó HSAS (Hagar Schon Aaronson Shrieve). No dio para más. En diversas ocasiones estuvieron tentados de comenzar una aventura musical juntos, que casi cuaja en el 2004 cuando formaron Planet US; grabaron varias canciones con Deen Castronovo a la batería y Michael Anthony al bajo. Sin embargo la reunión de Van Halen aquel mismo año llevó al cajón de los imposibles aquella aventura. No fue hasta 2008 cuando por fin volvieron a juntarse en otro disco en solitario de Sammy, titulado Cosmic universal fashion: recuperaron dos canciones de aquel proyecto, Pshyco vertigo y Peephole.

Otro amiguete con el que pasó buenos ratos fue Paul Rodgers. En 1993 grabó las guitarras en dos cortes de Muddy Waters Blues (homenaje de Rodgers al famoso músico) y produjo y tocó en The Hendrix set (homenaje, obviamente, al famoso guitarrista). Su relación volvió a retomarse en el álbum Now (1997). Y si seguimos recordando cantantes con los que colaboró de un modo u otro, aumentamos la lista con Joe Cocker (Cocker, 1986), Eric Martin (Eric Martin, 1985; Mr Rock vocalist, 2012) o Michael Bolton: compuso y prestó su guitarra en The hunger (1987).

Pero no solo de amigos se nutre la aventura musical de Neal. A principios de los noventa endureció su propuesta sonora (un poco) al formar Hardline con sus “cuñados”, los hermanos Gioeli: Johnny (cantante) y Joey (guitarrista). Reclutó a Deen Castronovo (compañero en Bad English que acabaría tocando la batería en Journey) y a Todd Jensen (bajista de David Lee Roth y Ozzy Osbourne, entre otros). Al artefacto lo llamaron Double eclipse (1991) y se convirtió en una referencia en el hard rock melódico. En su apuesta por formar un grupo consistente (lo intentó con Bad English o con Hardline) montó Soul SirkUS; rebotado del fiasco de Planet Us conoció a Jeff Scot Soto en un clinic y se le encendió la bombilla. Con Soto a la voz (vaya colección de cantantes buenos) y su inseparable Castronovo a la batería hicieron World play (2004).

Y si todo este arte no fuera suficiente, podríamos añadir alguno más de sus nueve discos en solitario; sus dos álbumes con Jan Hammer (Untold pasion, 1981; Here to stay, 1982); el excelente All one people (1997) de Just if I junto al cantante de Loverboy, Mike Reno; o una de sus treinta y cinco colaboraciones (según su página web). No ha dejado de buscar dinero, fama y arte melódico, ya sea con amigos, con discos instrumentales, bajándose al jazz o al latin rock, regalando solos preciosistas o como músico de estudio.

Larga vida a Neal Schon.

Cantautores del rock: poetas eléctricos de hoy.

Comentó Rulo, cuando dio el paso de abandonar La Fuga para comenzar su carrera en solitario: “soy bipolar, tengo un cantautor y un cantante de rock dentro de mí”. Y de esa reflexión reflexiono yo lo difícil que resulta definir la frontera entre el músico que lidera una banda y el cantautor roquero que se rodea de una banda (¿rockautor?). Rulo se fabricó La Contrabanda, Fito hizo lo propio con Los Fitipaldis. Como ellos, muchos cantantes y compositores pisan sin vergüenza ninguna a ambos lados de esa frontera: Bunbury, Cristina Rosenvinge, Quique González, Robe Iniesta, Kutxi y hasta El Drogas, por poner algunos nombres conocidos y con mayor o menor éxito. Hasta cantautores punk tenemos aquí; recordemos a Manolo Kabezabolo si hace falta. Quizá salgamos del prejuicio que la etiqueta cantautor aún tiene “de aburrido” si recordamos algunos songwriters de habla anglosajona; Johnny Cash, Neil Young, Tom Waits o un tal Bob Dylan. Allí se idolatra, aquí se vilipendia.

Bailando en este concepto de cantautor del rock (¿cantaurock?), además de los nombrados y otros famosillos, hay un puñado de excelentes propuestas que, por diversos motivos, no llegan al gran público. El estilo, la continuidad, el dinero, la calidad, la temática. Da igual. Hoy queremos rescatar a algunos cantantes y compositores que lo mismo se suben al escenario a pecho descubierto con una guitarra o un piano que se rodean de músicos amigos para formar una big band roquera.

Malos Pelos – Malos Pelos

Cuatro años han pasado desde que editara este álbum, tras su experiencia, más o menos mediática, al mando de Señor Trepador. En 2018 publicó un directo muy recomendable: Yo también pensé que eran molinos y resultaron ser gigantes. La capacidad interpretativa de Óscar Linares, el hombre tras el cantante, es el punto más destacado de esta propuesta. Si añadimos su buen gusto por las melodías, algunos aciertos compositivos sobresalientes, letras sencillas y directas pero con un poso poético intenso, tenemos un álbum redondo. Juega con estribillos jugosos en Hagamos más el amor y menos la guerra, Postal sideral, Fumando bajo la lluvia o A veces; letras simpáticas en Prometo o Que te vaya todo bien (“un todo incluido no es muy bueno en Alhaurín”); confesiones e historias desnudas en Como las lombrices, Soy un desastre o Tengo miedo (“Tengo miedo de la letanía que deja un te quiero”). Buenas guitarras en Amores de carretera y Como lo hiciste ayer. Una escucha gustosa.

Rafa Pons – La guerra del sexo

Reconozco cierta debilidad por este tipo aparecida después de escuchar Disimula (2015). A finales del 2018 editó este La guerra del sexo con un sonido acústico a medio camino entre el rock, el folk, algún ramalazo country y su habitual genialidad en las letras. Una frase que me cayó como un martillo: “no necesito libro de autoayuda/para eso ya está el Playboy”. Deja poco hueco al aburrimiento. Historias de amor hermoso en Los reyes del mundo o Imposible, despecho y rabia en Como un hombre (“como coño supera tantas cosas la gente”) o No te guardo rencor, un poco de crítica social en Capullo Tonic y algunas épicas personales en Podré soportarlo (“me acusas de perder tu juventud/…/si nadie va a quererme como tú/tienes que comprender amor/que yo podré soportarlo”), Reina o Niño viejo (“me camuflo con el barro/y pongo rumbo al rock and roll”). Un grande.

Solanas – Invencibles

Un “antihéroe de sí mismo” que dice tener mucho que aprender, y en ello está, confeccionando mientras tanto discos impecables, inspirados, donde encontrar sonrisas y lágrimas. Pincha la modernez de Mi luz, la (hiper)positiva Invencibles (“nada nos puede parar/solo podemos ganar/que juntos somos invencibles”), el rock de Por ti o El cazador, el agradable tufo buenosaires de Flores, las divertidas y certeras Buscando enfermeras o Huelga de pereza (“me he apuntado a los mundiales para batir el récord de pesadez”), el toque reggae de El circo (“tú que eras una estrella ahora te acuerdas de mí, de este payaso”), la crítica mordaz de Underground. Y si no tienes bastante, revisa el anterior Gigantes, otra joyita de Fernando Solanas.

Víctor Rojo – Entelequias

Un alumno aventajado, un ejemplo de cantaurock. Autoproducido. Grabado con amigos y familia. Sencillo, profundo, acústico, eléctrico, triste, positivo. Mezcla de emociones e influencias en trece canciones personalísimas que bailan entre el rock íntimo, el punk y el sentido callejero no carente de inteligencia. Predominan los acústicos, quizá por “el presupuesto”, como en La vida buena (“Que viva la vida buena/que viva y que muera la rutina de ayer/que nadie te diga lo que debes hacer”), Tormenta de verano (con un toque aflamencado), Mi nueva trampa, de excelente estribillo, o Ni vino ni rosas. Se salen del tono habitual con Por que siempre salga el sol (“Si no fuera por las drogas, por el sexo y el rocanrol/Habría muchas mañanas en que no saldría el sol”) o Tan perdido como… Ojalá tenga suerte para desarrollar la carrera que promete.

Luter – 333

Si antes hablábamos del alumno, ahora hablamos del maestro. El cantautor más auténtico del underground musical: un clásico con más de veinte años de arte en su garganta. Su cuarta entrega, 333, ancla su alma en los sonidos de los setenta pasados por la producción de Kolibrí Díaz (Marea), con una atmósfera limpia en cada detalle. La melodía y las guitarras son protagonistas en Hagamos que pase, con buen estribillo, en Veterano de Vietnam, con un Hammond interesante (“verás que algún día de aquellos/que prometí quererte de por vida/mostrarán su cicatriz”) o en No hay quien me gobierne (“yo quisiera definirme pero no puedo/en este mundo la contradicción tiene más peso”). Me acuerdo del Ramoncín ochentero en la preciosa balada Perseguir estrellas. Se atreve con un tango en La orquesta de la libertad (“no habrá más realidades que las que podamos tocar/siempre serás en mi vida la orquesta de la libertad”). Preciosas acústicas en Anda de pie. Buen blues de título El crucigrama (“mi madre desguaza la vida al reír”). Preciosa Buffalo Bill sigue vivo con un gran slide. Ahora está en plena publicación de un nuevo álbum que va regalando a cuentagotas; por ahora conforma un EP de título Héroe.

Jairo Martín – Hombres mejores

Un canario madrileño con una musicalidad asombrosa. Lo suyo es el piano locomo demuestra en su último directo (La resistencia bohemia, 2018) y las buenas compañías. Se desangra en arreglos y letras particulares mientras baila con las semillas de Sabino Méndez, Jaime Urrutia o Andrés Calamaro entre noches de humo y buenas (o malas) compañías. Aires roqueros en Las mieles del éxito (“con las velas raídas en una deriva de días, apuntándome a cualquier tipo de sarao”), Miles de hijos y Si quieres; un toque glam para En mi coche; surge el macarra en Hombres mejores; historias de mujeres particulares en Barbie, Barbie, Bárbara y Puntos de break; adorable la poesía de El olor de tu pijama (versión de Alberto Urrutia) y Todos nuestros peores amigos (“todo el mundo sabe lo que pasa/pero no hay nada en mi casa/que explique el sentido”). Incluso su gato tiene una canción estupenda: Canción de Bobo/La colina de los gatos. Una pena que no se prodigue más.

Txema Benítez – Autopsia

Hijo y hermano de Marea (Kutxi), La Fuga (Rulo) o Forraje (Lulu), Txema grabó quince cortes de preciosistas guitarras: el uso de las acústicas, como protagonistas (Como no llovió jamás, Sangre de mil corazones) o como apoyo; los puentes y los solos a doble guitarra; y en todos los arreglos, en muchas ocasiones escuchas tres guitarras. Sirvan de ejemplo Reflexión ( más que humo) o Sed. Junto al buen uso a las seis cuerdas, otro acierto es el aporte de Beatriz Pastor en los coros y las armonías vocales, dando el contrapunto; me gusta especialmente Locos, Otra batalla y Esa noche (“esta noche será menos puta si cuento tus lunares”). Para mover el culo añado Qué quieres que diga. Un piano y arreglos de cuerda en Ni contigo, ni sin ti para redondear la propuesta. A esperar un segundo envite.

Sin duda, hay muchos más. Y estás invitado a añadir a quien más te guste.

12 Canciones sobre el suicidio.

Siembra la polémica y muchas veces, incluso, resulta un tema tabú. Quitarse la vida. Por soledad, por una enfermedad incurable, por depresión, por desesperación. El dolor del que se queda, preguntando si pudo hacer algo. El sufrimiento del que está a punto de saltar por una ventana, de dispararse en la sien. Hemos seleccionado un puñado de canciones sobre el suicidio, sus consecuencias y algunas pequeñas reflexiones. Por cierto, tema no ajeno a nuestros músicos y a los que dedicamos ya un post que puedes leer en este enlace.

Dale al play…

Metallica – Fade to black

Una de sus mejores canciones incluida en Ride the lightning (1984). Narrada en primera persona por un suicida: “I have lost the will to live/Simply nothing more to give”. Sin esperanza, solo, decide que no merece la pena “Death greets me warm/Now I will just say goodbye”.

Pearl Jam – Jeremy

Para su debut (Ten, 1991) Eddie Vedder compuso esta letra impresionado por una historia real, la de Jeremy, el niño que se suicidó delante de sus compañeros de instituto. La forma en que Vedder interpreta el tema y canta el estribillo dota de cierto dolor mórbido a la música.

Ramoncín – Putney Bridge

El suicidio del “último punk” desde Putney Bridge: “su cuero negro lleva el nombre de los Clash/se ha tirado sin mirar atrás”. Porque si muere el punk y vuelve el pop “es que algo anda mal”. Del iniciático e imprescindible Arañando la ciudad (1980).

Uriah Heep – Suicidal man

La reflexión de un hombre asomado a la ventana, pensando qué hacer con su vida, preguntando “Why won’t you help me/Or give me hand/’cause I’m close to becoming”. Una canción entre la esperanza de una oportunidad, de alguien que acuda a evitar el suicidio y la pena por haber llegado hasta ahí. Formó parte del álbum de 1974 titulado Wonderworld.

Manic Street Preachers – 3 ways to see despair

Parte del álbum Rewind the film (2013), una canción sobre la desesperación y la falta de oportunidades, la incapacidad para enfrentarse con el dolor: “There are three ways to see despair/I’ve seen them all, I’m scared to say/…/The fourth way is coming, so prepare for the fall”. ¿Puedes salvar este alma oscura de las profundidades? Sería tan bello…

Gritando en Silencio – Con dos copas de más

Los sevillanos cantan en su debut Contratiempo (2009) al amigo muerto el día de su funeral: “el corazón, es lo único que se ha roto/y has dejado caras tristes/observando un pie de foto”. Las penas se llevan de otra manera con dos copas de más…

The White Buffalo & The Forest Rangers – Come join the murder

Un pájaro negro al otro lado de la ventana llamando a unirse a la muerte. “Come join the murder/Come fly with black/We’ll give you freedom/From the human trap”. La liberación en sus alas para eliminar el sufrimiento. Formó parte de la banda sonora de la serie Sons of Anarchy, adornando la escena final del último capítulo.

La Polla Records – El suicida

Con su irónica manera de contar la realidad, Evaristo y los suyos presentan al suicida como espectáculo, un rato de telediario directamente al salón de muestra casa: “en el suelo quedan restos
sangre seca y el olvido”. Una forma de afrontar la indiferencia en la que vivimos. Incluida en el disco de 1990 Ellos dicen mierda nosotros amén.

Slipknot – Everything ends

“What the hell am I doing?/…/Where the hell am I going?/Do I even need a reason to hide?/I am only betrayed/I am only conditioned to die” clama Corey Taylor desesperado. Parte de Iowa (2001), la solución de la no solución y la perspectiva de la muerte como esperanza para acabar con la soledad.

Ozzy Osbourne – Suicide solution

Un clásico. Ozzy Osbourne denunciado por que un chaval se pegó un tiro en la cabeza, supuestamente, por esta canción. Ozzy, siempre tan atento, lo primero que respondió al enterarse fue:  “¿Cree que quiero que mis fans se suiciden?¿Y cómo coño cree que voy a seguir vendiendo discos?”. La canción en sí, parte de su debut Blizzard of Oz de 1980, habla de beber hasta morir; la “solución suicida” a los problemas es beber sin límite y la canción, irónicamente, trata de prevenir contra ello. Viniendo de Ozzy resulta un tanto hipócrita.

The Answer – Why’d you change your mind

La letra está inspirada en la historia de un amigo del guitarrista Paul Mahon, una reflexión intentando entender qué pasa por la cabeza de una persona que se quita la vida: “Honey can you tell me, why’d you change your mind?/So you walked the other way/I saw you walk the other way/Now you’ll never tell me”. Grabada para su segundo álbum Everyday demons (2009).

Queen – Don’t try suicide

“You need help/Look at yourself, you need help/You need life/So don’t hang yourself”. Freddy Mercury suplica a alguien que no intente suicidarse, que no lo haga ni para llamar la atención ni para solucionar sus problemas, que él se encargará de estar ahí. Un canto que escuchamos en The game (1980).

Lo mejor de Uriah Heep: los años con John Lawton.

La banda británica Uriah Heep se formó hace ya cincuenta años en Londres y ha editado veinticinco álbumes en estudio con cinco cantantes diferentes. Uno de esos cinco fue John Cooper Lawton, conocido artísticamente como John Lawton, quien se ocupó del micrófono entre los años 76 y 79. El cantante de los primeros nueve discos, David Byron, fue despedido por sus graves problemas de alcoholismo (que acabarían con su vida en 1985), comenzando una búsqueda por lo más valioso y disponible del mercado roquero. La capacidad vocal de Lawton se enfrentó a otros candidatos; entre los que probaron con Uriah Heep destacan David Coverdale o Ian Hunter.

Una vez en el puesto, la banda se metió en el estudio Roundhouse Recording de Londres para grabar su décimo largo, Firefly (1977). Junto a Lawton a la voz, los clásicos Mick Box a la guitarra, Ken Hensley a los teclados y Lee Kerslake a la batería. Debutó un nuevo bajista, Trevor Bolder, tras su paso por los Spiders from Mars (junto a Mick Ronson o David Bowie). Producido (como de costumbre) por Gerry Bron, avanzaron en su mezcla de baladas, medios tiempos, temas roqueros buscando el gancho comercial y un toque de heavy metal arrastrado de sus primeros discos. La inclusión de Lawton y el toque de Bolder hacen de esta obra la primera de una trilogía más hard que heavy, sin las notas elevadas de Byron y con el protagonsimo compositivo de Hensley. Así, el inicio con The hanging tree no puede ser más clarificador: una línea de bajo comandando la canción sobre la que Lawton recuerda mucho al estilo de Coverdale, un primer puente con un pequeño solo de teclado, el segundo lo tendrá de guitarra, y un estribillo a varias voces muy sencillo. La final Firefly, por contra, suena a “clásico” de la banda, con sus diferentes pasajes y una construcción progresiva. El single Sympathy juega con guitarras dobles sobre otra línea de bajo magistral, una construcción repetitiva de estrofa-pasaje instrumental, sin estribillo. Contrasta con el tempo tranquilo de Been away too long, con su crescendo, y la historia del tipo que regresa a casa tras una larga ausencia, coronado por un buen solo de Box. Intentan sonar épicos, tanto en la calma de Wise man como en los más de seis minutos de Rollin’ on, quizá más lograda. La garra no la han perdido, y en la veloz Who needs me (compuesta por Kerslake) y en Do you know, protagonizada por el teclado de Hensley, dan rienda suelta al rocanrol. Geil Clarke diseñó el artwork con una pintura de Martin White en la portada. En las diferentes rediciones aparecieron hasta cuatro temas extra grabados en aquellas sesiones, destacando Crime of passion (que fue cara B del single).

Tras una densa gira, vuelven el verano siguiente al mismo estudio con el mismo equipo para grabar Innocent victim (1977). Canciones más rápidas, más directas, con predominio del hard rock, buenos riffs de guitarra y estribillos fáciles para una delicia de obra sonora. En la composición colabora Jack Williams: una canción a medias con Hensley (Keep on ridin’) y dos en solitario (The dance y Choices); Williams, guitarrista y músico de flok y country, se labró una reputación en el mundillo como compositor de la mano de Hensley, quien contó con él en sus discos en solitario y en su paso por Blackfoot. El propio Ken Hensley se yergue como jefe de Uriah Heep al comandar la producción junto a Gerry Bron y dejar en Innocent victim solo dos canciones compuestas por los otros miembros de la banda (Roller, por Bolder, y Free’n’easy, por Lawton y Box). El single elegido para debutar se tituló Free me, un medio tiempo de ritmo marcado con buenas guitarras y Lawton comedido pero muy correcto. Los mejores cortes, sin duda, son los más roqueros. Keep on ridin’ y Flyin’ high, que abren el disco, te ponen a cien sin ningún truco; canciones sencillas, rápidas, con buenos riffs y estribillos con gancho, como Cheat’n’lie o Free’n’easy. No puede faltar la tranqulidad en un disco de Uriah Heep, y en eso Illusion lo borda, con la final Choices, grandilocuente, a su lado.

Los británicos podían presumir en sus poco más de ocho años de vida de haber llenado pabellones y haberse codeado con lo mejorcito del panorama roquero de la época. Nunca les faltó un concierto. Aunque en Estados Unidos se resistieran, a pesar de buenos llenos en sus giras, y de perder popularidad en el Reino Unido, fueron los países escandinavos y centro europeos, en especial Alemania, los que sostuvieron sus ventas. Pero en este año 1977 se llevaron la sorpresa de subir en las listas de ventas de sitios hasta entonces ajenos a ellos: Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica.

Fallen Angel (1977) fue el tercero y último con John Lawton (quien se despediría poco después junto con el batería Lee Kerslake, otro clásico de la banda). Hensley vuelve a ser el protagonista del disco, pues, además de componer seis de los diez temas, se encarga de la producción de nuevo junto al imprescindible Gerry Bron. Volvieron a apostar por canciones muy rápidas y directas, con mucho rollo hard rock e, incluso, AOR (de moda ya por esos años), con una excelente interpretación instrumental, buenos coros y curradas armonías. En Save it se desmadran incluyendo un saxo y un final épico, la guitarra de Box se sale en Woman of the night, Lawton lo borda en I’m alive y la sesentera Love or nothing, se dejan de ruidos y bajan las revoluciones en Put your lovin’ on me (con un rollo poppy) y Come back to me (un éxito en los países helados europeos), rinden al máximo en One more night (last farewell), meten excelentes armonías en Fallen Angel y te menean el culo en Falling in love (con el rock and roll). No sé qué más se le puede pedir a un disco. Escucha la reedición de 2004, que incluye tres descartes muy interesantes, en especial las caras B de los singles (Gimme love y Cheater). El dibujo de la portada lo realizó Chris Achilleos, una impresionante amazona con los pechos al aire (¿hoy lo editarían?) y el diseño corrió a cargo de Chess Creative.

John Lawton tuvo una carrera musical muy movida antes y después de esta odisea por los océanos de Uriah Heep. Comenzó su carrera compartiendo banda (Stonewall) con John Miles y Paul Thomson (Roxy Music). En los primeros setenta alternó su tiempo con la banda de heavy alemana Lucifer’s Friend y el grupo vocal Les Humphries Singers (con los que participó en Eurovisión, allá por 1976). Después de Uriah Heep volvió a Lucifer’s Friend y se enroló en numerosas aventuras con poco éxito. Incluso prestó su voz a diferentes anuncios publicitarios alemanes en los ochenta (Harley Davidson, Colgate Gel). Hoy mezcla canciones viejas y nuevas en sus conciertos con la John Lawton Band (JLB).

De músico a músico: recuerdos, homenajes y caricaturas.

Los músicos de los que hablamos hoy cantan a sus amigos músicos, a sus amigos fallecidos, a los compañeros huidos, a los colegas a los que admiran. Es digno reconocer la labor de un maestro también, aquel que inspiró o que, simplemente, estuvo ahí cuando hacía falta. Y recordar al músico casi anónimo que acompañó en algún momento. En fin, personajes del recuerdo, homenajes y hasta alguna caricatura hemos seleccionado. De músico a músico.

Barón Rojo – Concierto para ellos

Tenía que ser la primera. Homenaje a los caídos en el camino. Porque “en cada concierto de rock and roll las campanas doblan por Bon Scott, por Janis, Lennon, Allman, Hendrix, Bolan, Bonham, Brian y Moon”. Uno de los cortes más famosos de Volumen Brutal (1982).

Elton John – Empty garden (Hey Hey Johnny)

Tras la muerte de John Lennon la tristeza se apoderó de Elton John; quería dedicarle una canción, pero no acertaba con el tono. Bernie Taupin recordó que una de las últimas apariciones de Lennon fue en el Madison Square Garden con Elton, y de ahí surgió la canción: “Oh, hey hey Johnny/Can’t you come out, can’t you come out to playJohnny/can’t you come out to play in your empty garden”

Roger Daltrey – Under a raging Moon

Homenaje a otro amigo caído. En esta ocasión, Roger Daltrey en su disco en solitario Under a raging moon (1985) canta al desaparecido batería de The Who, Keith Moon. Nada menos que siete baterías participan en el tema, incluyendo a Cozy Powell, Carl Palmer o Zak Starkey, siguiente en ocupar el puesto de The Who.

Los Suaves – ¿Sabes? ¡Phil Lynott murió!

El título lo dice todo: las impresiones de Yosi (cantante y compositor) tras la muerte de Phil Lynott (Thin Lizzy), del que era fan confeso y al que el grupo rinde inspiración en muchas ocasiones. “Y es que hoy en la madrugada se paró su reloj/se durmió, sueña para siempre sueños de algodón”. Aparece en el imprrescindible Ese día piensa en mí de 1989.

Syd Barret – Bob Dylan blues

En 1970 dedicó Barret un simpático homenaje a Dylan jugando con la imagen, las canciones y la situación del entonces joven músico: “Cause I’m a poet, don’t ya know it/And the wind, you can blow it/Cause I’m Mr. Dylan, the king/And I’m free as a bird on the wing”

Los Enemigos – An-Tonio

No solo merecen recuerdo y homenaje los músicos famosos. Josele Santiago en su álbum Nada (1999) dedica este corte a un amigo personal suyo, cantante con un único álbum en el mercado (An-tonio, 1997) que dedicó su vida a cantar por las calles de Sevilla, Londres o su Algeciras natal. Canta Josele: “Me ha dicho el Antonio que hoy no va a cantar/se le habrán quitao las ganas, que no va a cantar más ná/Si hoy no canta el Antonio, ¿quién nos va a cantar?”. Pues eso.

Anthony Gomes – Come Down

Lo tiene claro Anthony Gomes: “Come from heaven B. B. King/’cause this kingdom has no King/there’s no one here”. Reclama a ángeles y santos que liberen al maestro para que rehaga este mundo perdido. Abre magistralmente su gran álbum de 2018 Peace, love & loud guitars.

Uriah Heep – Between two worlds

El tema de la pérdida de los compañeros de armas siempre acaba apareciendo. En Sonic origami (1998) hacen los británicos un doble homenaje al ex-cantante David Byron y al bajista Gary Thain, ambos fallecidos a consecuencia del abuso de sustancias, uno en 1975 y el otro diez años más tarde.

Sonic Youth – Tunic (Song for Karen)

En el álbum Goo (1990) pusieron voz a Karen Carpenter: “Hello Janis, Hello Dennis/Elvis and all my brand new friends/I’m so glad you’re all here with me, until the very end”. Enfoca los problemas alimenticios de la cantante como anticipo de su fallecimiento.

Sínkope – Agradecidos a ti

Dedicadas a Rosendo hay varias canciones entre las que hemos seleccionado esta de Sínkope. “Con un colega de Iruña” escuchando en un casé a Leño comenzó el amor de Vito por Rosendo Mercado y, a la vez, por el rock. Una sincera historia de amor musical que, desde ese casé, acabó compartiendo escenario: “mil gracias, maestro Rosendo Mercado/mil gracias, mil gracias por tu legado” y una ristra de canciones imprescindibles de la música popular en español. De su Museo de rejas limadas (2015).

Tesla – Song & emotion

Tesla rindió homenaje a Steve Clark, guitarrista de Def Leppard. Las dos bandas habían girado juntas meses antes y el fallecimiento les pilló en plena grabación de Psychottic supper: “Song and emotion/You can hear him play/You can still hear him say/Better run for cover, ‘cause it looks like rain again!”

Drive-By Truckers – Carl Perkins’ Cadillac

En 2004, dentro del álbum The dirty south, las huestes de Patterson Hood y Mike Cooley cantan al Cadillac que Carl Perkins le “robó” a Elvis: “Carl drove his brand new Cadillac to Nashville and he went downtown”. Un repaso a las relaciones y las promesas de Nashville “the money came in sacks/New contracts and Carl Perkins’ Cadillac”.

Megadeth – In my darkest hour

Tras la muerte de su amigo y ex-compañero de Metallica, Cliff Burton, el bueno de Dave Mustaine compuso esta canción aparecida en So far, so good… So what! (1988): “Alone, I call to ease the pain/Yearning to be held by you/Alone, so alone, I’m lost/Consumed by the pain”.

Black Hat – Soñar

En otras ocasiones el homenaje se hace de manera global, a los ídolos que marcaron el camino. Black Hat, en su álbum de 2003 Eclipse (producido por Jorge Salán), sueñan con la magia del heavy metal y poder cantar “al lado de Gary o Dio/y soñar, y soñar/que los Maiden tocan conmigo”.

Bruce Springsteen – Johnny Bye-Bye

“With a whole lotta trouble running through his veins/Bye bye johnny, Johnny bye bye/You didn’t have to die”. Homenaje de The Boss a Elvis Presley recordando el día que escuchó en la radio la noticia de su muerte. Grabado en las sesiones de Born in the USA (1985).

Gabinete Caligari – Tócala, Uli

Cuarto corte de uno de los mejores discos de pop-rock de los ochenta, Camino Soria (1987), compuesto en homenaje a Ulises Montero, saxofonista de la banda, fallecido por sobredosis de heroína unos meses antes: “Con salero y sin papeles/te paseabas por el foro/una caña de Mahou/y una de rabo de toro, con decoro”.

Y si comenzábamos este post con una canción a los héroes muertos, de regalo este corte que Kreator grabaron en su Gods of violence (2017) en recuerdo a los “hermanos caídos” en las mil batallas del rock y el metal…

Las mejores colaboraciones de Carlos Tarque (M-Clan)

Una de las voces más distinguibles del panorama nacional, alma de M-Clan, hijo del rocanrol, veterano en pabellones, tugurios, listas de ventas, estudios de grabación y festivales. Carlos Tarque es un tipo que ha dejado su arte a numerosos colegas, arrimando su buen hacer a ascuas sonoras diversas. Nosotros queremos hacerle aquí un pequeño homenaje a través de todas esas colaboraciones. Nos permitirás que obviemos las más obvias, esos buenos momentos con Fito, La Fuga, El Drogas, Miguel Ríos. Preferimos seleccionar otras más raras o menos conocidas. Y este es el resultado.

Muerdo – La mano en el fuego

Tarque colaboró con Muerdo, alias de Pascual Cantero, en su disco La mano en el fuego (2018). He aquí una versión acústica (ellos la llaman agustica). Una preciosa canción.

Aurora & The Betrayers – Don`t waste more time

Se atreve con el inglés en esta fiera canción de Aurora & The Betrayers, aparecida en su tercer largo de título Tune out the noise (2018). Esta gente tiene más feeling en un compás que diez horas de radio fórmula.

La Trampa – Tras las huellas de mis pies

Qué bien empastan las voces de Carlos Tarque y Pablo Perea en este tema de Las botas gastadas (2012). Como dicen ellos: “cantando canciones que no están de moda”.

Jarabe de Palo – Avisa a tu madre

En el sexto disco de Jarabe de Palo, su alma mater, Pau Donés, contó con varias colaboraciones, entre ellas la voz de Tarque en este rock desatado “no quiero comprarte”. El disco se llamó Adelantado (2007).

Rebeca Jiménez – Despertarme contigo

En esta ocasión, Tarque comparte con Pereza esta canción de Rebeca Jiménez, emotiva e intensa, incluida en la reedición de Todo llegará (2008).

Inconscientes – Con mis pies

De la mano de Iñaki “Uoho” Antón y sus Inconscientes, Tarque se marca este corto y directo tema para No somos viento (2018). Un rollo muy Platero y Tú.

Sôber – Coge la vida

Curiosa colaboración, por estilo, esta con Sôber en un tema editado en 2016 y originario de las sesiones de Reddo (2004). La alternancia de voces con Carlos Escobedo y el sonido más hard rock dan un especial interés a la canción: “pienso recorrer el planeta entero sin parar/buscando libertad en lo hondo de mi ser”.

Capitán Cobarde – El no murió

Con un rollo Nick Cave & The Bad Seeds se arrastra el vozarrón de Carlos en esta sabrosa composición sobre el toro que no murió. En el disco Capitán Cobarde del (2015).

SuA – El amor & no la guerra

“De qué sirve la violencia/si la paz ha perdido la paciencia”. Si hacía falta, después de los dos ejemplos anteriores, de la versatilidad casi única de este tipo, aquí se une a SuA en un corte hipRock reivindicando el esfuerzo por la paz. Publicado en Alguien llamado yo (2012).

Los Perros del Boogie – De nada sirve hacerse mayor

En su debut Con desprecio y entrega (2009) metieron estos perracos a Tarque en su registro más popular, una rola rock en honor a la juventud, la desesperación por el carpe diem y la rebelión: “te vas ahogando, vas ahogándote/de nada sirve hacerse mayor/ir tras el dinero y el amor/sentir a todas horas la obligación/por eso no quiero hacerme mayor”.

Rodriguez – Autumn rain

Una nueva colaboración en inglés para este disco de sonidos retros muy actualizados. Hermosas acústicas y una línea melódica atrayente. El álbum 5340 se publicó en 2017.

Mr. Black – Sé

Más acústicas y un rollo country en el álbum Oso (2017) de estos madrileños. Tarque se resbala como pez en agua clara entre las armonías y los ritmos de este tema. Podría formar parte de cualquier disco de M-Clan.

Aún hay más. Si falta alguna de tus favoritas no dudes en pasearte por los comentarios y dejar el enlace.

Canciones del Lejano Oeste: cowboys y llaneros solitarios.

La imagen del vaquero que cabalga solo en la pradera o en el desierto, al atardecer, esperando que llegue la noche para tumbarse en la tierra y tapar su cara con el sombrero. El misterio, el romanticismo, la épica del héroe anónimo que se busca la vida, que busca su destino, que huye de la injusticia o que, simplemente, no tiene a dónde ir. El cine ayudó a crear este mito moderno y nuestros músicos lo han adaptado a su estilo; algunos han creado cowboys de hoy en día mientras que otros, los que hoy traemos, han narrado historias ambientadas en el Lejano Oeste.

Once canciones sobre cowboys, justicieros, llaneros solitarios y el Salvaje Oeste.

Bad Company – Bad company

Una de las canciones clásicas del rock atemporal. Un desertor que se declara una mala compañía: “Oh I was born 6-gun in my hand/Behind a gun I’ll make my final stand”. Dicen que Paul Rodgers grabó la canción en una fría noche de noviembre para dar el tono. Del debut del mismo nombre de la banda, allá por 1974.

Volbeat – Pearl Hart

La hermosa Pearl Hart está en la cárcel: se vistió con ropa de hombre, cogió su Colt y paró una diligencia, robando a sus tres ocupantes. Uno de los temas extraído como single del álbum de 2003 Outlaw gentlemen & shady ladies.

Christopher CrossRide like the wind

La historia del que huye de la horca, el forajido camino de México en mitad de la noche: “ride like the wind/To be free again”. El mayor éxito de Christopher Cross, single de 1979 de su álbum debut.

Thin Lizzy – Cowboy song

El vaquero solitario que recuerda entre aullidos de coyote una aventura amorosa, allá en Texas, cerca de la frontera. Porque ” Lord, those southern girls all seem the same”. Del clásico Jailbreak de 1976.

The Eagles – Desperado

Otra rola sobre la soledad del vaquero. The Eagles hablan del paso del tiempo y la soledad representado en la figura de cowboy que envejece solo: “Your pain and your hunger, they’re drivin’ you home”. Da título al álbum de 1973.

Jon Bon Jovi – Blaze of glory

La tierra como cama y un viejo abrigo como manta, huyendo siempre, el buscador de éxito: “I’m a devil on the run/A six gun lover”. ¿Alguna vez llegará esa llamarada de gloria? Primer sencillo del primer disco en solitario de Jon Bon Jovi (1990) para la película Young Guns II (Arma joven II). Se llevó un Globo de Oro y una nominación al Oscar. Por cierto, Jeff Beck a la guitarra.

Styx – Renegade

Lejos de la poética del buscador, del fugitivo, Styx se marcan una letra desesperada, el renegado que clama a su madre por su vida: “Oh, Momma, I been years on the lam/And had high price on my head/Lawman said, Get ‘em dead or alive!”. El sheriff finalmente le captura y su vida pende, literalmente, de un hilo. Del álbum Pieces of eight de 1978.

Aerosmith – Back in the saddle

Como no todo es cabalgar, el vaquero llega, alguna vez, a un pueblo: “Ridin’ into town alone by the light of the moon/I’m lookin’ for old Sukie Jones, she crazy horse saloon”. En este caso (siendo Aerosmith qué menos) a tomar unas copas, juguetear con unas chicas y meterse en alguna pelea. Parte del clásico Rocks de 1976.

Ratt – Wanted man

Y otra de peleas: ” I’ll make you feel like a/Human target, in my eyes “. Aquí el único cuello que va a romperse es el que rompa la pandilla Ratt. Sencillo del Out of the cellar (1984).

Bob Dylan – Knockin’ on heaven’s door

A veces llega el final. Casi siempre. La historia del fugitivo, del vaquero fronterizo, acaba con sus huesos en el suelo y enfrentado a la muerte: “It’s gettin’ dark, too dark to see/I feel I’m knockin’ on heaven’s door”. Tema perteneciente a la banda sonora de Pat Garret and Billy the Kid (1973).

Billy Joel – The ballad of Billy the Kid

La mística de algunos personajes atrajo a muchos de nuestros músicos. En este caso, Joel reseña la vida de enfrentamiento y soledad de Billy el Niño: “Well he never travelled heavy/yes he always rode alone”. Grabada para el álbum Piano man (1973).

  Y aún hay más…

Lo mejor de Mötorhead… en el siglo XXI.

Ilustración de Óscar Giménez

A veces perdemos la perspectiva con lo grande que es REALMENTE un grupo. Nos quedamos en sus años de gloria, en esos discos imprescindibles, casi siempre del comienzo de su carrera, y dejamos de lado las novedades. Algo así me sucedió con Mötorhead y el legado de Lemmy; dejé de escuchar sus discos editados desde la mitad de los noventa. Y como no hay pecado peor que la ignorancia he decidido ponerle remedio con una escucha de sus obras de este siglo. Y este es el resultado, incluyendo una selecta playlist que al final os regalo.

Desde el año 2000, justo veinte después de su (quizá) mejor obra, hasta el 2015 publicaron ocho trabajos, más o menos cada dos años en un ritmo que ya habla claramente del compromiso y la necesidad de Mötorhead. Canciones para construir un Universo propio contando historias sobre lo malvada e injusta que es la vida, la obsesión por la muerte (y los asesinatos y la guerra), la necesidad de fiesta y sexo y los líos en los que te metes y, por fin, las reflexiones sobre la música y la vida del músico. Cuatro pilares sobre los que sustentar veintidos discos de estudio, casi doscientas cincuenta canciones.

Además de Lemmy al bajo y a la voz, sus inseparables Phil Campbell a la guitarra y Mikkey Dee a la batería, junto con algunas colaboraciones puntuales, graban toda la música de la que aquí hablamos.

Tres de esos discos me parecen imprescindibles. We are Mötorhead (2000) suena directo, con una producción magnífica comandada por Bob Kulick (W.A.S.P., Meat Loaf, Kiss) mantiene un equilibrio entre la parte más punk y la más roquera: Slow dance, Wake up dead, One more fucking time o la mejor We are Mötorhead. Junto a él, Inferno (2004) vuelve al nivel de inspiración, variedad y acierto del trío; no hay canción mala: Terminal show (colabora Steve Vai), Killers, Suicide, Life’s a bitch, el excelente toque hard de In the black, el riff de In the year of the wolf o la acústica Whorehouse blues. El tercero sería Aftershock (2013), equilibrado de principio al final, con un toque más roquero que punk o metal: Lost woman blues, Do you believe, Going to Mexico, Silence when you sepak to me o Paralyzed, aunque, de nuevo, no hay tema flojo.

Un escalón por debajo escuchamos los otros trabajos. Campbell tiene un papel especial en Hammered (2002) haciendo uno de sus mejores guitarreos: Brave new world, Voices frome the war o la thrashy Red raw, junto a Mine all mine (con piano de Deeze Reed) y Walk a crooked mile destacan. Kiss of death (2006) es otra colección de canciones muy bien acabada pero menos inspirada, es decir, todo suena correcto pero falta chispa y variedad, quizá demasiado metido en “lo de siempre”. La producción de Cameron Webb (también produjo el anterior Inferno y todos los siguientes) limpia la voz de Lemmy. A destacar: R.A.M.O.N.E.S. cómo no, la balada God was never on your side, el rock de Christine, Living in the past o la tremenda Trigger. El problema de Motorizer (2008) es el mismo del disco anterior, que suena bien pero todo demasiado plano, quizá con Campbell destacando de nuevo en One short life o Sing the blues y Lemmy clavando English rose o Buried alive. En The world is yours (2011) suenan algo más oscuros en Brotherhood of man, con muchos guiños hard y buenas melodías (Rock’n’roll music, Bye bye bitch bye bye) y la caña de siempre de Born to lose o Get back in line.

El disco final, Bad magic (2015), tiene el aliento de despedida de Lemmy: su voz se nota cansada, aviejada, pero su esfuerzo lo compensa y mantiene su gloria. La versión del Sympathy for the devil está muy bien enterrada en el mundo Mötorhead, junto a Thunder & lightning, When the sky comes looking for you, Electricity o Shoot out all of your lights. No debes perderte la letra de Till the end, una reflexión (¿final?) de Lemmy sobre su vida.

Una escucha necesaria para cualquier roquero, punkarra o metalero que necesite el ruido de una buena guitarra. Lemmy y sus Mötorhead, formara quien formara a su lado, consiguieron un sonido atemporal reconocido y reconocible en cualquier parte del mundo. Y eso, amigo, amiga, está al alcance de un puñado.