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11 canciones con un solo de batería.

Siempre caracterizamos el hard rock y el heavy metal como una música basada en guitarras, y es cierto, pero también es una música percusiva, con patrones rítmicos característicos. Y detrás de eso, siempre hay un baterista. El minimalismo de algunas propuestas no les olvida; ahí tenemos a The White Stripes como ejemplo reciente (podemos incluir a The Black Keys o Royal Blood, entre otros). Hoy queremos destacar a varios de nuestros pega-parches favoritos, y añadimos alguna sorpresa, rescatando canciones con un solo de batería en su interior. Una pequeña y jovial selección para, como siempre, darle al play y disfrutar.

Led Zeppelin – Moby Dick

Una de las más legendarias de la lista. Instrumental donde John Bonham se luce, con sus compañeros y solo a partir del minuto 1. Formó parte del imprescindible Led Zeppelin II (1969).

Chicken Shack – Telling your fortune

El poder de la batería en Chicken Shack está por encima de toda duda, y el trabajo que hace Paul Hancox en Imagination Lady (1972) resulta abrumador. En este corte de más de once minutos se marca un extenso solo para muestra.

Golden Earring – Radar love

Pocas canciones con solo de batería tan populares para el gran público como esta, aunque en la versión single recortaran la parte instrumental. Alcanzó el puesto 13 en Estados Unidos y se coló en el top de varios países europeos en 1973. Apareció en el álbum Moontan del mismo año. El responsable de esta joya percusiva se llama Cesar Zuiderwijk, quien maneja el ritmo de maravilla y hace dos pequeños pasajes solistas.

Santana – Soul sacrifice

El debut de Carlos Santana allá por 1969 se cerraba con esta barbaridad de canción. El trabajo percusivo de Mike Shrive y Dave Brown es alucinante, destacando la intro y ese solo que comienza en 1:30.

Asia – Wildest dream

Otro máquina del instrumento, Carl Palmer, se marca un trabajazo en el debut de Asia (1982). Esta canción abría la cara B del disco y me parece de lo mejor de Palmer en la banda, con un pequeño solo incluido en el minuto 4.

The Smashing Pumpkins – Tibute to Johnny

Es extraño escuchar canciones con un solo de batería en grupos sin un batería “mítico”. Jimmy Chamberlin se marca uno en este instrumental de rollo muy setentero que The Smashing Pumpkins grabaron durante las sesiones de su enorme Mellon Collie and the infinity sadness (1995). Apareció con el single Zero y en la caja The aeroplane files high al año siguiente.

Queen – Dragon attack

Nunca se valora lo suficiente el trabajo tras los parches de Roger Taylor. Demuestra su magia en este corte del álbum The Game (1980) donde marca la canción de principio a fin, haciendo un pequeño solo en el 1:40.

Cream – Toad

No podía faltar otro magnífico pionero del rock endurecido, Ginger Baker. Compuso este instrumental, básicamente un solo de batería con arreglos de guitarra, para lucirse en Fresh Cream (1966). Una barbaridad que extendía más de diez minutos en directo.

The Who – My generation

Otro favorito por estas pantallas, Keith Moon, ya hacía de las suyas en los inicios de The Who. En 1965 alcanzaron el segundo puesto en ventas con My generation, una canción muy percusiva (incluso en su patrón de guitarra y en la voz) que incluía una sección final donde Moon se marca un solo explosivo (2:20) que continúa en la coda final.

Iron Butterfly – In-a-gadda-da-vida

Esta canción lo tiene todo y en exceso. Icono de la experimentación de los primeros años del rock duro, con ese tufazo psicodélico, los más de diecisiete minutos de esta canción dan para todo. La parte vocal se escucha al principio y al final (se editó una versión más corta como single), y el resto es un largo instrumental donde Ron Bushy graba un potente solo (a partir del 6:30).

Deep Purple – The mule

Imposible no incluir a Ian Paice. De todas sus estelares aportaciones, me quedo, oh, sorpresa, con esta barbaridad que sonaba en Fireball (1971) y cuya versión en directo en Made in Japan (1972) es de obligatoria escucha para cualquier aficionado.

¿Alguna sugerencia?

Lo mejor de Bad Company: los años con Brian Howe (1986-1994)

Brian Anthony Howe falleció el pasado mes de mayo del 2020 de un paro cardíaco. Contaba 67 años y su legado musical está vivo en cuatro álbumes en estudio y un directo de Bad Company. Howe llegó a formar parte de la banda por pura casualidad. Cantante amateur, uno de tantos, tuvo su primera oportunidad profesional de la mano de la productora de Ted Nugent; cantó en el disco Penetrator (1984) y realizó la gira posterior. A partir de ahí, el ambicioso Brian quiso montárselo en solitario y llegó a colaborar con Mick Jones (Foreigner), pero la cosa no salió adelante. En ese proceso, Mick le presentó a Simon Kirke y Mick Ralphs, quienes intentaban montar un nuevo grupo tras la desbandada de Bad Company en 1982. Sus aventuras en solitario fueron bastante poco exitosas y eso de tocar en salas pequeñas por poco dinero no les sentaba nada bien. Los dos músicos no arrancaban ningún proyecto y la compañía de discos (Atlantic Records) les “sugirió” recuperar Bad Company. En el año 1986 el cantante Paul Rodgers andaba montado en el grupo The Firm junto a Jimmy Page, Chris Slade y Tony Franklin sin ganas de abandonar tan sabroso barco para retornar a “quién sabe qué” futuro-pasado. Así que, de nuevo, la compañía les “sugirió” trabajar con Brian Howe.

Fame and fortune se editó en octubre de 1986 con la producción de Keith Olsen y la colaboración de Mick Jones. Con estos nombres está claro que la deriva sonora hacia los sonidos vendedores del AOR de principios de los ochenta estaba servida, en un viraje que otras bandas ya habían hecho en eso que llamamos heavy poppy (ese año se publicaron, entre otros, el 5150 de Van Halen o el Turbo de Judas Priest). Howe se encargó de la voz, Kirke de la batería y Ralphs de las guitarras, contratando para el estudio a Steve Price al bajo y Gregg Dechert a los teclados. El álbum contiene buenos momentos, como Fame and fortune, la más parecida a los “viejos” Bad Company, Tell it like it is (fantásticas guitarras), la inicial Burning up, con ese toque Jones, la final If i’m sleeping o el sintetizador y los coros pegajosos de Valerie. Howe canta más por Lou Gramm que por Paul Rodgers, cierto, y el disco, en general, parece de una banda con otro nombre (pongan aquí Foreigner o Toto). No vendió lo esperado y los jefes Kirke y Ralphs tuvieron que pensar mucho el siguiente paso.

Intentaron convencer al bajista Boz Burrell para que se uniera al proyecto. El tipo había decidido no volver a una banda de rock tras la primera desaparición de Bad Company, pero allá que fue a ayudar a los colegas. Apenas aguantó la gira. La compañía “sugirió” un colaborador externo y Terry Thomas apareció en escena. Al principio iba a componer con Howe y Ralphs y acabó siendo el productor, el compositor principal y el segundo guitarrista en el estudio. Dangerous age se publicó en el verano de 1988 y, esta vez sí, alcanzó un digno éxito, sobre todo por que tres singles vendieron muy bien: One night y Shake it up se auparon al top 10 y No smoke without fire alcanzó el cuarto lugar. El álbum lo grabaron como cuarteto dotándolo de un sonido más guitarrero, con buenos riffs y arreglos rítmicos, y resulta un gran álbum de rock. Escucha Bad man, Dangerous age (la más blusera), Rock of America (simple y sencilla, con un rollo Bryan Adams inconfundible) y The way that it goes. El éxito comercial (alcanzó el disco de oro) reñía con las vivencias de la banda durante la gira: Brian viajaba solo; Ralphs y Kirke no le soportaban, sobre todo por su “estilo de vida”.

En la gira incluyeron a Larry Oakes como segundo guitarra y teclista (vaya, el tipo ya había tocado con Foreigner, qué casualidad) y Steve Price se encargó del bajo. Ambos acabaron fuera de la banda. Estamos en otra encrucijada: buenas ventas, mal ambiente. Tanto Ralphs como Kirke intentaron que Rodgers volviera al grupo. Ni la compañía se lo permitió (con lo que había costado) ni él puso mucho empeño. No en vano tenía en los juzgados a sus ex-colegas por el uso del nombre de la banda. La solución única era continuar con la máquina y en junio de 1990 salió al mercado Holy water. Y fue su mayor éxito. Alcanzó el millón de copias y colocó tres single en lo más alto: la balada If you needed somebody, Holy water (número uno en los charts roqueros) y la (semi)acústica Boys cry tough. Con Felix Krish al bajo, la ayuda en la producción de Andrew Scarth y Tony Harris y una buena publicidad, se convirtieron en una de las últimas atracciones mediáticas del rock melódico. El disco no carece de recursos: Walk through fire engancha, Stranger stranger suena contundente, Fearless y Dead of the night recuerdan a unos AC/DC melódicos, buenos el estribillo de I don’t care y el tufillo a Lou Gramm en Never too late. Cierra el disco una breve canción acústica cantada por Simon.

Resulta curioso cómo la fama y la fortuna hacen de pegamento en ocasiones. Claro, que todo tiene un límite entre el éxito de ventas y la lucha interna. Howe pensaba que sería su último trabajo en Bad Company. En los créditos agradece a Terry Thomas los dos años juntos y a Mick Jones por darle la oportunidad y animarle (curiosidad: por entonces, ambos, Jones y Thomas, andaban grabando el álbum Unsusual heat bajo el nombre de Foreigner). En estas, Ralphs abandonó su propio grupo argumentando la falta de oportunidades para colar sus composiciones (aunque hubo asuntos familiares por medio), mientras Brian le recriminaba su falta de compromiso y su poca contribución; llegó a decir que el guitarrista vivía muy bien a su costa. Aquella gira la realizaron Howe y Kirke, como único miembro “original”, junto a los guitarristas Geoffrey Whitehorn y Dave Colwell y el propio Krish al bajo. Ralphs lo pensó bien, o solucionó sus problemas personales, y acabó entrando en el final de la gira.

El último esfuerzo en estudio de estos caballeros se llamó (¿irónicamente?) Here comes trouble. Publicado en septiembre de 1992 tuvo ventas más modestas. Aún así, alcanzó el disco de oro y colocó dos singles en listas: How about that (de lo mejor) y la propia Here comes trouble. El trío Kirke-Ralphs-Howe firmó como productores y contaron con Thomas en la composición y como músico de apoyo. Grabaron también Colwell (guitarras) y Krish (bajo). Aunque la línea musical resultó continuista e intentaron esconder sus malos rollos, hay claras diferencias entre las canciones “Howe” y las canciones “Ralphs”. Both feet in the water o Little angel suenan más clásicas, mientras el resto tiene un deje más melódico, con otros buenos momentos en Brokenhearted, de excelente guitarreo, el medio tiempo What about you o Take this town.

La historia no se podía estirar más. Un contrato a punto de finalizar con Atlantic y todo el rencor acumulado a lo largo de estos años, con la desidia de la rutina de las giras, Brian Howe y Bad Company separaron sus caminos. Para cerrar las obligaciones contractuales la compañía publicó What you hear is what you get: the best of Bad Company live. Un digno directo con un reparto equilibrado entre las canciones de los setenta y las de la “nueva” era.

Quizá si se hubieran llamado de otro modo no habría tanta inquina y polémica con estos años en los que Brian Howe estuvo al frente de Bad Company. Puedo afirmar que es lamentable el olvido de esta época por parte del aficionado y los propios componentes del grupo. Sin entrar en comparaciones, que podríamos, como si todo lo parido en los años de Paul Rodgers fuera épico, esta reencarnación de la banda supo mantener la estrella mediática y dejó algunas excelentes canciones y cuatro álbumes de los que sentirse orgulloso (unos más de mi gusto que otros, claro). Si nunca te has arrimado a esta música ya estás tardando.

11 canciones sobre París.

El personaje de Leonardo DiCaprio decía en la película Titanic (1997): “es lo bueno de París, muchas mujeres quieren desnudarse”. Humphrey Bogart, en Sabrina (1954), afirma que “París es para los enamorados; tal vez por esa razón solo estuve allí 35 minutos”. Ciudad del amor, de las fantasías sexuales, de la libertad y la cultura, ciudad con un fantástico escaparate donde la vida transcurre de modo parecido a cualquier otra gran urbe del mundo. Pero, oh, el mito que tiene a su alrededor. Ese no se lo puede quitar nadie. El propio Bogart, en la escena final de Casablanca (1942), junto a Ingrid Bergman, dejó una de las frases antológicas de la ciudad y del cine: “Siempre nos quedará París”. Siempre tendremos el recuerdo.

Y un poco de todo esto hay en la selección de canciones sobre la ciudad de la luz (y de las sombras, pues). Hay amor perdido, amor encontrado y amor no correspondido. Pero también hay algo de historia (que “París bien vale una misa”), alguna epopeya personal y hasta una de espías.

Como de costumbre… dale al play.

Gary Moore – Parisienne walkways

Tenía que ser la primera. Canción romántica, llena de nostalgia, rememorando los paseos por París con la persona amada. En la versión primigenia cantaba Phil Lynnot (también tocaba el bajo) y la batería corrió a cargo de Brian Downey, ambos compañeros de Moore en Thin Lizzy. Se editó en 1979 como single alcanzando el número 8 en las listas británicas.

Ben Harper – Paris sunrise #7

¿Y por qué no rememorar el pasado con un tema instrumental? Increíble interpretación, sentida melodía. Recibió una nominación a los Grammy. Harper la grabó con sus Innocent Criminals para el álbum del 2007 titulado Lifeline. En el vídeo toca seguidas Paris sunrise #7 y la propia Lifeline, dando un hermoso sentido a la canción: “I don’t want to wait a lifetime/not yours, not mine/can you see me reaching/for the lifeline”.

Stephen Stills – Midnight in Paris

Compuesta por la (entonces) esposa de Stills, Véronique Sanson, cantante y compositora nacida en París, rememora una cita romántica una noche de otoño: “I want to tell you ‘bout all I see/Stars in my eyes that you would not believe/I’m a little funky wearin’ out my shoes/Don’t mean anything unless I’m dancin’ with you/Midnight, midnight in Paris”. Parte del álbum Illegal Stills (1976).

Dokken – Paris is burning

Una ruptura amorosa en la ciudad del amor: “I can’t believe/You’d throw it all away/You know you played me for a fool”. La canción tuvo una primera versión en la edición original europea del álbum Breakin’ the chains (1981) titulada, simplemente, Paris. Para la reedición de 1983 en Estados Unidos, con el título alargado, se sustituyó por una fantástica versión en directo grabada en Berlín en 1982.

Tako – París 1968

Pero no todo va a ser amor y nostalgia. En la ciudad de París también se anclan hechos históricos, y a uno de ellos viajan los zaragozanos Tako en su álbum El club de los inquietos (1999), al mes de mayo de 1968. Mezclando una letra en francés y en inglés, pasean con su guitarra y su música dando paz y amor.

Rush – Bastille day

Los canadienses Rush viajan a otro de esos momentos: la revolución francesa. “And we’re marching to Bastille Day/The guillotine will claim her bloody prize”. Camino de La Bastilla a cortar algunas cabezas y hacer un poco de justicia (más o menos). Abría el tercer y definitorio Caress of steel (1975).

Streetheart – Action

Y otros canadienses, Streetheart, disfrutaron de las mieles del éxito locales con este single que abría su debut Meanwhile back in Paris de 1978. En la banda figuraba Paul Dean a las guitarras, quien daría el salto poco después a Loverboy. Una historia de agentes secretos: “I’m afraid now, I’m going to phone the base now/Yeah maybe the master really gonna pay, yeah”.

Dark Moor – Bells of Notredame

En su muy recomendable The Hall of the olden dreams (2000) hacen una semblanza del mítico jorobado y campanero de Notredame:”We see the hunchback in Notre Dame/Dancing on the tallest towers”. Un personaje despreciado por la sociedad que encuentra entre las torres de la iglesia la soledad “Looking at the bells he thinks about his tragic fate/Wants to be a rock or metal like his souless mates”.

Queensrÿche – Last time in Paris

Una (supuesta) historia real que le ocurrió a Geoff Tate, cantante de la banda, en un concierto en París. La noche se complicó, una cosa llevó a la otra y acabó durmiendo más de la cuenta. Al llegar al concierto no le dejaron entrar: “took the metro out to Avignon/Man at the backstage, didn’t know my name/Said hey, I’m with the band!/You and everyone today”. Alguien le reconoció y pudo entrar al backstage. Corte grabado en la época del Empire (1990), que no formó parte de la edición original, y debutó en la banda sonora de The Adventures of Ford Fairlan.

Elton John – Paris

Tercer single del álbum de 1986 Leather jackets. Para Elton no todas las ciudades son iguales y en Paris puede pintar el cuadro más colorido con su amor: “But when I get to Paris/We’ll paint all our portraits/In brush-strokes of yellow/And christen the canvas”.

Place Vendome – Place Vendome

Y para cerrar, banda, canción y disco con nombre parisino: “So just hold my hand and I’ll show you my second home/Down at the Place Vendome”. Plaza célebre del París clásico, lugar de paseos y, por lo visto en la canción, algo más que besos. La banda, fabricada en un despacho de Frontiers Records, editó su estupendo debut en el año 2005.

La resurrección de Glenn Hughes (1991-1996)

La década de los ochenta fue un continuado descenso a los infiernos para Gelnn Hughes, el niño prodigio del rock apenas unos años antes. Enganchado a diversas sustancias atravesó todos los estadíos del buen yonqui: cualquier cosa por la siguiente dosis. En 1985 grabó cuatro canciones para Gary Moore y su fantástico Run for cover, pero fue incapaz de girar con él. Unos meses después, Toni Iommi le reclutó para su proyecto en solitario, que acabaría titulándose Seventh star y se publicó bajo el paraguas de Black Sabbath en enero de 1986. Iommi intentó sacar adelante la gira con Glenn, pero tras cuatro conciertos le sustituyó Ray Gillen. Desaparecieron los proyectos ¿formales? Un buen manager y muchos amigos le llevaron a hacer coros aquí y allá; en 1987, con su colega Mel Galley, consiguió completar las voces de tres cortes del álbum Phenomena II y una canción más para la banda sonora de The Highlanders II ya en 1990. El resto, vacío profesional. Ese tobogán acabó una mañana de 1991 con Hughes mirando a un desconocido en el espejo sucio de un motel: la paranoia se le quedó grabada, como un aviso. Horas después sufrió un ataque al corazón que casi acaba con su vida. Tenía, exactamente, cuarenta años. Al salir del hospital, Glenn decidió que había acabado su matrimonio con los excesos. Y, aunque le costó sudor, dinero, dolor y tiempo, el hombre resucitó. Y este fue el camino de la redención musical.

A finales de ese mismo año, grabó una de las voces de la canción America: what time is love? del grupo dance y electrónico The KLF. Unos meses más tarde esa canción sería un éxito de ventas en el Reino Unido. A comienzos de 1992 otro amigo, el guitarrista Pat Thrall, le reclutó para el proyecto cooperativo L.A. Blues Authority, donde cantó Messin’ with the kids, una versión de Junior Wells. En ese proyecto conoció a Mike Varney, fundador de Shrapnel Records y admirador de Glenn. Tan buena impresión le causó que decidió financiarle un disco. Llamó a un hombre de su confianza, el guitarrista Craig Erickson, para componer y dirigir esta apuesta. El álbum se tituló L. A. Blues Authority II: Glenn Hughes – Blues. Nuestro protagonista cantó con fuerza, con convicción, tocó el bajo en la mitad de los cortes. Se sintió de nuevo músico. Varney, además de componer dos canciones, tiró de agenda, y completó con numerosos invitados el trabajo: Warren DeMartini, Richie Kotzen, Tony Franklin, Mick Mars y John Norum.

La química entre Norum y Hughes les llevó a colaborar en el siguiente escalón hacia el cielo en forma de nuevo disco. Para Face the truth (1992) compusieron siete canciones juntos, que cantó Glenn, más una versión de su época en Hughes/Thrall titulada Still the night (grabada por primera vez en el debut de Phenomena). Más allá del éxito o la calidad (enorme) de este álbum, a Glenn le permitió abrir una puerta por la que seguir creciendo: su conexión sueca.

Sin embargo, 1993 resultó un año de transición. Colaboró con varios músicos: Marc Bonilla le llamó para una versión de A whiter shade of pale para su American Matador, con George Lynch grabó dos cortes en Sacred groove y no faltó en el álbum de versiones de Stevie Salas titulado The electric Pow Wow. Todos estos meses los dedicó a preparar su próximo movimiento, el que le limpiara definitivamente el lastre del pasado. Y lo hizo en Suecia. Allí había conseguido cierto éxito con Face the truth y su nombre resultaba muy conocido. Su colega Norum le recomendó unos estudios y varios músicos. Las guitarras de Thomas Larsson y Eric Bojfeld y los colegas de Europe alrededor: John Levén al bajo, Mic Michaeli a los teclados y Ian Haughland a la batería.

El disco se llamó, significativamente, From now on… (de ahora en adelante). Recién comenzado 1994 se editó en Suecia y Europa a través de Empire Records y unos meses después en Japón, donde Zero Corporation se tomó en serio el regreso de Glenn. Los dos mercados que le dieron el impulso económico. El éxito en Japón le llevó a una gira con llenazos que grabó y publicó bajo el título Burning Japan Live ese mismo verano. Glenn tira de archivo para el setlist, con siete cortes de Deep Purple, tres de Trapeze y cuatro de su reciente álbum y demuestra que su recuperación como cantante había sido total. Los colegas suecos le hacen un acompañamiento brutal también. Un directo definitivo en aquel momento: no solo compone, produce y canta; ahora también es un torbellino en directo, sólida máquina de hacer dinero. Esta doble conexión Suecia-Japón le mantendría durante muchos años. Músicos de Suecia le ayudarían y acompañarían en directo y en estudio y el público japonés siempre le trató como a una estrella. En este vídeo él mismo explica qué significaba ese momento de su vida.

Con las cosas más claras, Glenn llama a su amigo Pat Thrall para el siguiente escalón. El disco, que se tituló Feel y salió en el verano de 1995, se revuelca en el soul, el funk, el rock y el pop, con Hughes desatado. Como curiosidad, es el primer disco en que toca el bajo en todas las canciones desde 1977. De nuevo se publica en Europa (SPV) y Japon (Zero) y gira por ambos territorios. Además, sigue colaborando en otros proyectos (Live and learn de Brazen Abbot). Sin embargo, son meses duros en lo personal, pues aunque va encauzando su vida, queda el paso definitivo: reconocer, hablar, compartir, renunciar, liberarse de las últimas sombras.

Y estas sombras son iluminadas con rabia casi metalera en la composición, grabación y edición de Addiction en 1996. Exactamente como indica el título, Hughes, con la ayuda de Joakim Marsh (compañero los siguientes veinte años) y Marc Bonilla en las guitarras y la composición (este último además produce), se lanza a hablar de su pasado y los monstruos que aún entonces le devoraban. El misil liberador final. Ese mismo año sucede otro hecho discográfico paralelo: se publica el recopilatorio The voice of Rock a lo grande.

Cinco años le costó a Hughes retornar a la primera línea musical, a volver a ser respetado, a ganarse la confianza de músicos, público y promotores, pero, lo más importante, dejar atrás un pasado que le conducía a la muerte prematura y comenzar una segunda vida de la que lleva disfrutando desde entonces.

Larga vida a la voz del rock…

Clon Zeppelin: los imitadores de Led Zeppelin

¿Qué mejor homenaje que un tatuaje?

Led Zeppelin son la banda referente universal del hard rock. No digo los mejores, no digo los más. Digo “la banda referencia cuando uno define el hard rock”. Un amigo cercano dice que The Beatles son los Led Zeppelin del pop. Y ¡qué curioso! han sido acusados de numerosos plagios, copias e imitaciones. Algunos confirmados en los tribunales y otros arreglados en acuerdos entre las partes. Pero, ¿quién está libre de plagio? Yo no. Robert Plant llamaba a David Coverdale “David Cover” por su costumbre de “copiar” sus canciones. En cualquier caso, aprender de los mejores, extraer su esencia, desbordar tu imaginación sobre esas bases y crear tu propio estilo es el mantra ideal de cualquier músico. Y si no puedes, o no te sale: ¿qué pasa por copiar un poco al maestro? Y, vaya, a veces se nos va la mano con la copia, el productor se despista y la compañía piensa “esto lo vendemos fácil” y nos encontramos canciones, discos o artistas que acaban sonando exactamente igual que el maestro. Y hoy rescatamos algunos discos que, podríamos decir, hunden con fuerza sus raíces en la tierra fértil de Led Zeppelin.

Al respecto, en 1989, Gary Moore compuso para su disco After the war la canción Led clones, que cantó con Ozzy Osbourne, mosqueado por esa falta de carácter de las bandas jóvenes y, en especial, por el mega éxito del debut de Kingdom Come (del que luego hablamos): “You’ve stolen from the houses of the holy/You’ve rolled into the kingdom of the sain”.

No son todas, ni pretendemos hacer un “best of” ni nada por el estilo, pero sí traemos a nuestros copistas favoritos: en el estilo medieval, aquellos que escribían una y otra vez las obras de Aristóteles o Platón, dejando su propia marca en cada copia, modificando un poco las frases y los significados para que, en el conjunto, nada cambiara.

Y, como siempre, dale al play...

Wolfmother – Wolfmother (2005)

El estilo vocal de Andew Sockdale hace imposible separar su arte del original, por mucho que, en ocasiones, nada tiene que ver la composición. Sin embargo, se aprovecha un poco de ese parecido en cortes como Woman, Joker and the thief o Mind’s eye (qué buen Hammond, por cierto).

Greta Van Fleet – Anthem of the peaceful army (2018)

Los hermanos Kiszka han sido los últimos en subirse al carro. Con muy buen gusto y ciertos personalismos que se agradecen, por supuesto. La esencia está ahí: The cold wind, When the curtain falls, Lover/leaver o Mountain of the sun. Esa batería y esa voz… Qué buen disco.

Great White – Hooked (1991)

Igual nos valdría el siguiente, Psycho City (1992), aunque este juega en la producción con los sonidos de la época. Los tiburones evolucionaron del heavy rock de sus inicios hacia un hard rock que, en la voz de Jack Russell, acabó recordando enormemente a Ledzep. Grabaron incluso un disco de versiones en 1998 al que titularon Great Zeppelin. En este Hooked (enorme álbum) suenan a los maestros en Call it rock and roll, Congo Square o Desert moon.

Jet – Get born (2003)

Un disco debut demasiado bueno. Se han llevado muchos palos por los claros homenajes a bandas como The Beatles, Iggy Pop o Led Zeppelin. Cuando roquean, quién mejor que Page y compañía: Last chance, Get me outta here, Cold hard bitch o su mega single Are you gonna be my girl, una mezcla de Black dog (Led Zeppelin) y Lust for life (Iggy Pop). El disco funciona muy bien y merece una escucha con los altavoces bien altos.

Kingdom Come – Kingdom Come (1988)

Los responsables de esta colección. Su álbum debut consiguió que muchas personas llamara a las radios de la época preguntando si era un regreso de “los zeppelin”. Seguramente, el mejor disco homenaje de esta lista. Desde la inicial Living out of touch, pasando por el single Get it on o la balada What love can be. Consiguieron fama y fortuna y un año después se quitaron la mortaja zeppeliana en un enorme álbum de hard rock titulado In your face.

The White Stripes – White blood cells (2001)

Jack White es el hijo bastardo de Robert Plan y Jimmy Page. No hay otra. A lo largo de su carrera ha rebozado y recreado como nadie su garganta y su guitarra por el catálogo Ledzep, fabricando un inventario personal como pocos en este siglo. Pero, quizá, en White blood cells es más clara su adoración zeppeliana. Canciones como Dead leaves and the dirty ground, Fell in love with a girl o I’m finding it harder to be a gentleman narran esas raíces.

Black Mountain – In the future (2008)

Si en su debut se dejaban arrastrar a las profundidades de la psicodelia y dejaban ese poso hard rock un poco al libre albedrío, en su segundo largo abren con un tema tan Ledzep que asusta, a pesar de esa producción stoner: Stormy high, Angels, la espacial Wucan o Stay free (puro Ledzep III) . Las épicas Tyrant o Bright lights (con sus más de dieciseis minutos) suben un escalón el nivel general del álbum.

Rival Sons – Pressure & time (2011)

La actitud y la técnica vocal de Jay Buchannan hace que muchas canciones de la banda se emparejen con Ledzep, aunque las estructuras a veces no tengan similitud. Sin embargo, este disco, más que ninguno, encaja en esta selección. Escucha Pressure and time, Gypsy heart, Only one, Get mine o All over the road. Canela fina esta gente.

Y si quieres más clonación, dale a la playlist que te proponemos. Hay muchas sorpresas: grupos que se deslizaron con algunos riffs, algunos estribillos o, vaya, algunas historias muy zeppelianas.

Canciones para el recuerdo: los que se han ido.

Estos últimos meses muchos hemos sufrido pérdidas y llorado amargamente. El dolor, la distancia, la impotencia. Siempre la muerte es un clavo que se pega en lo más sensible de nosotros. Y sangramos. A veces toda la vida. Hoy hemos querido recoger algunas canciones que rememoran esa pérdida, el momento del adiós, la necesidad del reencuentro o, simplemente, traen un trozo de pena y lo comparten con los demás.

Excelentes canciones tristes. Como siempre, dale al play.

Dream Theater – Take away my pain

John Petrucci, guitarrista de la banda, compuso esta canción en memoria de su padre: “You can take away my heroes/Can you take away my pain/Take away my pain/Leave the cold outside”. Las horas de espera junto a la cama, el desenlace lento e inevitable, las últimas palabras. Aparece en Falling into infinity (1999).

Duff McKagan’s Loaded – Mother’s day

Sobre otra muerte repentina, Duff habla en esta canción: “Monday, I saw you smile/And then Tuesday/We talked awhile/By Wednesday something’s wrong/By weekend, you were gone”. Tiene un rollo muy Lou Reed, por cierto. Aparece en Sick (2009).

Iron Maiden – Blood brothers

Una reflexión de Steve Harris sobre el recuerdo de su padre y lo que significa en su vida: “And in the river reflections of me/Just for a second a glimpse of my father I see/And in a movement he beckons to me/And in a moment the memories are all that remain/And all the wounds are reopening again”. La influencia de nuestros antecesores en nuestro mundo, incluso cuando ya no están. Una de las mejores canciones del Brave new world del año 2000.

Metallica – Mama said

Pero no siempre esos recuerdos son buenos. James Hetfield, cantante y guitarrista, comparte la difícil relación con su madre, quien murió cuando él tenía 16 años, y el arrepentimiento años después. Se marchó de casa joven, huyendo “Never I ask of you/But never I gave/But you gave me your emptiness/that I’ll take to my grave”. Confiesa, ya adulto, “I need your arms to welcome me/But, a cold stone’s all I see”. Single del álbum Load (1996).

John Lennon – Mother

John Lennon compuso varias canciones sobre la relación con su madre, fallecida tras un atropello cuando él aún tenía 17 años. En esta, lamenta “Mother, you had me/but I never had you/I wanted you/You didn’t want me”. La tristeza, la soledad y la desesperación: “Mamma, don’t go/ Daddy come home”. Formó parte del álbum Joh Lennon/Plastic Ono Band (1970).

Bob Dylan – Roll on John

Y la pena de un amigo cantando a otro amigo: Dylan compuso en memoria de John Lennon esta canción “He turned around and he slowly walked away/They shot him in the back and down he went”. El dolor de la pérdida repentina ” you’re about to breathe your last/Lord, you know how hard that it can be” y de la larga recuperación “You burned so bright/Roll on, John”. Lo curioso es, a pesar del dolor, que no fueron amigos al uso; apenas se vieron en vida y la canción se grabó y editó treinta años después de la muerte de Lennon, para el álbum Tempest (2012)

Poison – Something to believe in

La amistad, a veces, crea lazos tan profundos que no pueden romperse tras la muerte. Bret Michaels, cantante, desahoga su pena por la pérdida de una amigo y compañero de trabajo, que se quitó la vida “My best friend died a lonely man/In some Palm Springs hotel room”. Aunque no logra entenderlo (“You take the high road/And I’ll take the low road”) y siente la soledad, en el fondo tiene un mensaje de esperanza, porque el sacrificio le da algo en lo que creer para seguir. Preciosa balada del Flesh & blood de 1990.

Pearl Jam – Light years

Eddie Vedder, cantante, y Mike McCready, guitarrista, compusieron esta canción de queja y, en cierto modo, súplica por el fallecimiento de una amiga común de manera inesperada: “I’ve understood feelings/And I’ve understood words/But how could you be taken away”. Porque “We were but stones/Your light made us stars”. Parte de Binaural (2000).

Journey – When I think of you

Steve Perry, cantante, compuso esta canción sobre la pérdida y el recuerdo, que vale igual para un hermano o una amiga o un viejo amor: “I try to forget the night that you left/It’s all so unreal, with you gone”. Por un lado, quiero olvidar aquel día, pero, por otro, cada vez que pienso en ti vuelvo a sentirte cerca, a revivir los buenos momentos: “And I see your face/Young and so free, smiling at me/In your eyes I walk without fear/We’re together again”. Aparece en Trial by fire (1996).

Steelheart – Mama don´t you cry

Michael Matijevic, cantante de la banda, se pregunta si será capaz de seguir adelante solo: “I fight the tears since you’ve been gone/And I stand in fear, can I make it on my own/Without your love to guide me through my life”. Precioso piano, hermosa melodía. “Oh I tried so hard but I could never say goodbye/You’ll always be in my heart, oh Mama don’t you cry”. Apareció en el álbum Tangled in rains (1992).

Manic Street Preachers – Ocean spray

A veces uno se aferra a un recuerdo, a un momento muy concreto: “Oh please stay awake/And then we can drink some Ocean Spray”. Compuesta por James Dean Bradfield recordando las semanas en que su madre permaneció ingresada en el hospital hasta morir a consecuencia de un cáncer. Cada día le llevaba un zumo que se llamaba Ocena Spray. Fue single del álbum Know your enemy (2001).

Eric Clapton – Tears in heaven

Dicen que no hay una pérdida tan dolorosa como la de un hijo. Que lo natural es ver morir a tus mayores, no a tus menores. La desgraciada muerte de Connor, hijo de Eric Clapton, acabó inspirando esta sentida balada “Would you hold my hand/If I saw you in heaven?/Would you help me stand/If I saw you in heaven?”. No hay mucha esperanza en las palabras de Clapton: “I must be strong and carry on/’Cause I know I don’t belong here in heaven”. Apareció por primera vez como parte de la banda sonora de Rush en 1992.

Barclays James Harvest – Back to earth

Y es que, a veces, simplemente, no se puede o no se quiere “superar” la pérdida y uno espera, sin más, un (imposible) reencuentro: “I’ve been so sad since you went away/I’ve been so lost without you/I wanted to be there/I wanted to hold on and tell you/How much, how much I loved you”. A veces, todo se resume en cosas muy simples: “I wanted to hold on and tell you/How much, how much I loved you”. Del álbum Caught in the light (1993).

Nunca tendrían que desaparecer de nuestra vida las personas que nos aman…

Lo mejor de Barricada… De la okupación al blanco y negro.

Recordamos el ascenso comercial de Barricada entre la publicación del álbum No hay tregua en 1986 (vendió, por entonces, algo más de 10.000 copias) y la consecución en 1991 del disco de platino con Por instinto (más de 100.000 copias) . ¿Qué pasó aquellos cinco años para que cuatro tipos de un barrio de Pamplona se convirtieran en la banda de rock más importante del país? Los mismos músicos que cantaban para un puñado de adeptos Okupación cantaban para miles de personas En blanco y negro, tras tres discos de estudio y un doble directo. Todos estos años, Barricada fueron: Enrique Villarreal, “El Drogas”, al bajo y la voz; Alfredo Piedrafita a la guitarra y la voz; Javier Hernández, “Boni”, a la guitarra y la voz; Fernando Coronado, a la batería.

En 1986, tras grabar, con Rosendo en la producción, su No hay tregua, la compañía RCA y la banda decidieron romper su contrato. Numerosas polémicas con el contenido de las canciones, intentos de censura, mala distribución, entre otros, hicieron que la relación no saliera adelante. Y ficharon por Polygram: una multinacional apostando por una banda de barrio con letras críticas con el sistema social y político, pero no tan descaradas ni tan explícitas como para dar miedo o no tener un buen nicho de mercado. Tuvieron ojo. Les mandaron a grabar a Ibiza, a los estudios Mediterráneo, lo más en tecnología. Allí ocurrieron dos cosas que serían fundamentales en los años de camino al éxito: medios y Dennis Herman. Tuvieron los medios para desarrollar su trabajo, en forma de tiempo y tecnología; por primera vez grababan en un estudio disponible 24 horas con toda clase de ayudas para sonar bien, y eso permitió a la banda, sobre todo a Enrique y a Alfredo, los más curiosos, experimentar y adornar las canciones. En segundo lugar, conocieron a Dennis Herman, ingeniero del estudio, que ya en esta grabación, junto a Rosendo, no lo olvidemos, pulió el sonido de la banda, dotando de una personalidad a las canciones que antes no acababan de tener. Así se editó No sé qué hacer contigo: el sonido limpio y preciso de las canciones, con un aire pop rock, la portada sobria, la introducción de temáticas más personales que sociales, sin olvidar el factor protesta, convirtió a Barricada en los niños nuevos del rock. Aunque no gustó a la parroquia habitual, consiguió abrirles muchas puertas, alcanzar escenarios antes vetados y salir en la televisión, vender más y ganar algo de dinero. Las canciones juegan con su rock urbano habitual, aún con dejes punk, claras en Todos mirando, Una lata de gasolina o De refilón, y comienzan a sonar influencias más amplias, como el toque “rolling” de No sé qué hacer contigo, los arreglos anglosajones, incluyendo una estupenda acústica, de En la esquina del zorro, el tufillo new age del bajo y la voz de Con el izquierdo o los ramalazos metaleros de Tentando a la suerte o A toda velocidad (ese bombo). Buscan, prueban.

Las buenas ventas les permiten volver a los estudios Mediterráneo, con más tiempo y Denis Hermann al mando de la producción, junto a los propios Barri. Lo que había empezado de manera tímida, se convierte en una vorágine de experimentación, pruebas y regrabaciones, nada hay prohibido. Las temáticas de las letras también se amplían: hablan de la violencia de género en Obsesión, de prostitución en Abrir y cerrar, del SIDA en Tiempos que arden, del genocidio en La hora del carnaval, de la (in)justicia (cada vez más lenta) en El último vagón, del (ab)uso de armas en Cuidado con el perro o de tauromaquia en Rojo. La paleta sónica se abre con mucha influencia anglosajona, nada del viejo aroma barriobajero, excelente trabajo de guitarras (hasta seis suenan en algunos cortes) y algunos aciertos melódicos brillantes, como Bajo control, Animal caliente o Esta noche. El álbum, titulado Rojo, se editará con una portada curiosa: la palabra “rojo” ocupando todo el espacio y la sombra de un toro en ella, con un matiz sangriento. Y consiguieron el éxito. Duplicaron las ventas, el merchandising de la banda empezó a generar beneficios y los escenarios crecieron; cada vez se encontraban más chavales con camisetas de la banda, cada vez más gente abarrotando los conciertos.

En febrero de 1989 entran de nuevo a los Estudios Mediterráneo con Dennis Herman casi como quinto miembro. Componen, arreglan y tocan su disco de sonido más americano, con una producción excelente y variada, con arreglos de teclado y hasta un coro femenino. Las drogas cobran protagonismo en Dentro del espejo y Tan fácil, hablan de la guerra en Invitación a la pesadilla (obligada), se vuelven oscuros en General (sobre las dictaduras, en concreto la del paraguayo Stroessner), hacen un homenaje a sus fans en Pasión por el ruido y retoman el rollo rocanrolero en Yo soy quien tú necesitas esta noche. Para la portada escogen una foto hecha en un paseo por la isla y, como es habitual, el título coincide con el de una canción: Pasión por el ruido supera las ventas del anterior (rozan el disco de oro), vuelven a la primera línea de los medios, graban su primer videoclip oficial para Correr a ciegas y llenan casi cualquier recinto (en verano tocan en campos de fútbol y grandes espacios al aire libre).

Pero la cara b del éxito comienza a hacerles daño: más dinero, más fiesta. Aumenta la dependencia de la cocaína y el speed, provocando que las relaciones sean difíciles, que los conciertos a veces se hagan cuesta arriba y que vivan más pendientes de la fiesta que de lo artístico. El Drogas cuenta una anécdota de la época: retó a cuchillo a un directivo de la compañía por censurarles una canción. En ese mundo vivían. La gira se retoma a final de año para grabar el primer directo de la banda. Con esa idea ensayan a mediados de diciembre en Donosti y llenan dos noches el Palacio de los Deportes de Madrid y una el Palau de Esports de Barcelona. En total, noventa canciones, de las que seleccionaron veinticinco para mezclarlas en el mes de enero en Madrid, apareciendo veintitrés en una obra que se llamó Doble directo, en audio y vídeo, pero que en la portada se dejó únicamente el nombre de la banda. Rápidamente se convirtió en disco de oro, en un icono del rock nacional, el disco que les dio el empujón definitivo.

Y eso lleva al final de esta historia y al comienzo del éxito multitudinario de Barricada. Por instinto (1991) fue el mayor reto compositivo y musical del grupo, la oportunidad que supieron aprovechar, gracias, sobre todo, a la canción Blanco y negro, que llegó a sonar insistentemente en las radiofórmulas y se convirtió en un indispensable de las madrugadas fiesteras. Se marcharon mes y medio a un estudio en medio de Las Landas francesas, Du Manoir, ya sin Hermann; ellos se encargaron de la producción con la ayuda de otro ingeniero/productor que volverá a ayudarles en el futuro, Laurent Lozahic. Pero esto, como dicen por ahí, es otro cuento que ya contaremos.

Y, como de costumbre, aquí tenéis una pequeña selección musical.

Algunos discos que sigo escuchando: hard rock 70s.

De vez en cuando rescatamos discos que, por una u otra razón, han quedado en el olvido del mass media roquero de manera inmerecida. A veces discos recientes, que insisten en seguir dando vueltas en los reproductores analógicos y digitales, a veces viejas glorias, a la altura de sus colegas más famosos.

En esta ocasión repasamos cinco discos de hard rock (y aledaños) distintos entre sí, tanto por sonoridad como por origen e influencias, pero con el común denominador de ser grandes obras injustamente olvidadas.

Como siempre, dale al play.

Moxy – Moxy – 1975

Tan solo por la inicial Fantasy este disco ya merece la pena: poder y melodía de la mano con unas guitarras perfectas. Moxy editaron un álbum de hard rock crudo con cuidados cambios y armonías. El debut de estos canadienses se grabó en apenas dos semanas con la producción de Mark Smith (Bachman-Turner Overdrive). Mientras estaban en el estudio, recibieron la visita de Tommy Bolin, que grababa su álbum Teaser justo al lado. El guitarrista colaboró con la banda, metiendo varios solos y algunas partes más de guitarra. El disco salió en Canadá ese verano y en Estados Unidos unos meses más tarde, cuando ya estaban en plena promoción de su segundo largo: el disco tuvo cierto éxito tardío en Texas y eso posibilitó que se editara en Estados Unidos; aún hoy suele escucharse en las radios “clásicas” de aquel estado. Por cierto, ese Moxy II (1975) también merece la pena. No dejes de pinchar Can’t you see I’m a star (con un rollo Grand Funk), Out of the darkness, Train, Sail on sail away (con ese inicio acústico) y Moon rider (casi parecen Black Sabbath). Buzz Sherman a la voz, Eric Johnson a la guitarra, Terry Juric al bajo y Bill Wade a la batería.

Buffalo – Volcanic rock – 1973

De estos australianos dicen que crearon el stoner rock. Ignoro si la magnitud de esto es cierto, pero escucho a Kyuss o los primeros Soundgarden sin ningún esfuerzo. Este disco suena como un bulldozer haciendo ballet: guitarras gruesas distorsionadas, batería poderosa con los platillos y el bombo a tope, un bajista que marca unas excelentes líneas haciendo puente entre batería y guitarra y un cantante agresivo que no se olvida de manejar con lujo las melodías. A veces se acercan al sonido más heavy de la época, otras se escurren a tonalidades más hard, e, incluso, cierto aire psicodélico por momentos (los nueve minutos de Freedom). Se grabó en directo en el estudio (retocando voces y algunas guitarras después). A destacar los seis cortes del disco, pero, sobre todo, el final con la dupla Pound of flesh/Shylock (inspirada en la obra El mercader de Venecia), donde claramente suenan los primeros Iron Maiden unos años antes de su debut, y la inicial Sunrise (come my way). Dave Tice canta, Jimmy Economou toca la batería, Peter Wells el bajo y John Baxter las guitarras. Ojo a la portada, que fue polémica: un individuo desnudo sosteniendo una piedra falo entre sus manos en el cráter de un volcán. Por cierto, Peter Wells formó Rose Tattoo al acabar la aventura de Buffalo.

Head East – Head East – 1978

Cuarto largo de estos roqueros de Illinois, contiene su single de mayor éxito: una cover del Since you been gone de Russ Ballard. A la voz John Schlitt (quien formara años después la banda de rock cristiano Petra), a la guitarra Mike Somerville, al bajo Dam Bimey, a la batería Steve Huston y al teclado Roger Boyd, alma y miembro eterno de esta banda. Hard rock melódico con aires AOR muy bien facturado, grandes estribillos con armonías vocales y un juego guitarra-teclado elegante y potente a la vez, apoyados en el ruidoso bajo de Bimey. A destacar: Open up the door (con Somerville y Boyd intercambiando solos), el riff de Man I wanna be, los coros de Nothing to lose, la intensidad de Pictures y sus guitarras dobladas y la final Elijah, con su toque épico y el mejor guitarreo del álbum.

Redbone – Wovoka – 1973

El concepto de la banda ya es sorprendente: nativos americanos haciendo hard rock. En este Wovoka participaron Lolly Vegas, guitarrista y cantante principal, su hermano Pat Vegas, bajista y cantante Bellamy, guitarra y piano, y Peter DePoe y Butch Rillera a las baterías. Tuvo mucho éxito a ambos lados del Atlántico. El single We were all wounded at wounded knee alcanzó el número uno de ventas en Holanda y Bélgica y vendió bien en Europa, pero fue censurado en Estados Unidos: no les venía bien una crítica sobre cómo trataban a los “nativos americanos”, total, por quejarse de ser masacrados por la caballería y encerrados en reservas. El siguiente single, Come and get your love, mantuvo el tipo alcanzando el top 5 en Estados Unidos; formó parte de la banda sonora de Guardianes de la Galaxia y Mensajero del futuro (The postman).El grupo, de manera continuada, dejó la agresividad de sus primeros años, los desarrollos más largos y complejos, por una cómoda comercialidad, con ritmos marcados, líneas melódicas algo melifluas, algún ramalazo nativo y buen apoyo instrumental. La inicial Wovoka o la final 23RD and man resultan las más fieles a su estilo primitivo, con toques funk.

The Groundhogs – Who will save the world? – 1972

Publicado en 1972 con un envoltorio en formato cómic, presenta a los miembros del grupo como una especie de superhéroes que luchan contra los males del mundo, no sé si te suenan: la polución, las locuras de políticos y fanáticos religiosos y la sobrepoblación. Cada músico se transforma en un alter ego poderoso y se encarga de un demonio a lo largo del cómic y de las letras del álbum. La portada la dibujó Neal Adams y la producción corrió a cargo de Tony McPhe, cantante guitarrista y principal compositor, con la ayuda de un tal Martin Birch. Peter Cruikshank al bajo y Ken Pultesnik a la batería completan el trío; juntos editaron otras dos barbaridades: Thank Christ for the bomb (1970) y Split (1971). Ocho pelotazos de crudo y salvaje blues rock con geniales guitarrazos en Body in mind y The grey maze, gran reflexión en Music is the food of thought, la rudeza de Bog roll blues y la mística mezcla de ritmo y acústicas en Death of the sun.

Stone the Crows – Teenage licks (1971)

Uno de esos grupos de blues rock que coquetearon con los sonidos más rudos del cambio de década, esta vez desde Escocia y con la impresionante voz de Maggie Bell como joya. La interesante y algo desesperada historia de esta mujer te la cuenta nuestra colega Marta en su blog. La banda, tras dos discos en apenas unos meses, con Maggie, el guitarrista Leslie Harvey y el batería Collen Allen, se encontraron en busca de dos suplentes para James Dewar, que se fugó con Robin Trower, y John McGinnis, quien se retiró a dar clases harto del vagabundeo musical. Reclutaron, así, a Steve Thompson para tocar el bajo y a Ronnie Leahy para el Hammond y el piano. No te pierdas el gran bajo y la enorme guitarra en Big Jim Salter, las voces y el piano de Faces, el blues lento de Don’t think twice (versión de Dylan), el hard rock de Keep on rollin´ y el rock de Mr Wizard al estilo de Rod Stewart, otro famoso escocés, o las fantásticas One five eight y I may be right I may be wrong.

Y, como de costumbre, por aquí os dejo una pequeña selección.

Canciones que empiezan con una cuenta atrás (o adelante).

Efectivamente. Con cualquier cosa hacemos una lista de canciones. ¿De verdad no te has parado a pensar en la cantidad de temas que comienzan con una voz, más o menos audible, realizando una cuenta? One-two-three o tres-dos-uno… y al lío. Este recurso, habitual para hacer que toda la banda entre a la vez en un directo o en una toma, da apariencia de grabación orgánica, de “ahí estamos todos en tu altavoz machacando los instrumentos ahora mismo para ti”. Y con ese rollo muchas de estas canciones fueron las primeras de un disco o de una cara de vinilo.

La lista ha quedado muy jugosa. Dale al play y disfruta.

Bad Company – Can’t get enough

“One… two… one, two, three” y comienza uno de los discos emblemáticos del hard rock de la primera mitad de los setenta, el debut Bad Company (1974).

The Beatles – I saw her standing there

“One, two, three, ¡four!” y a darle caña a este rock de amor con una adolescente “How could I dance with another/when I saw her standing there?”. Arrancaba así el primer largo de la banda, Please please me, editado en 1963.

Rare Earth – I just want to celebrate

“One, two, three, four” y a marcar un ritmo pegajoso en esta canción de celebración de la vida hedonista: “I just want to celebrate another day of life”. Cerró la cara A del vinilo One world (1971) y fue el primer single de dicho álbum.

The Who – Slip kid

Comienza Keith Moon con su batería, marca “one… two… one, two, three” y entra la banda en este fantástico tema que grabaron para abrir The Who by numbers (1975).

Rush – Animate

Abría Neil Peart el álbum Counterparts (1993) con “one… one, two” para guiarnos por uno de sus mejores trabajos. “Goddess in my garden/Sister in my soul/Angel in my armor/Actress in my role”.

Barricada – Objetivo a rendir

“Un, dos, tres, ¡fuego!” gritaba Enrique Villareal “El Drogas” al comienzo de esta canción dedicada a los desesperados: “Para ti no es aventura/ Intentar salir de aquí/Pues esta calculado/Que seas vapuleado/Objetivo a rendir”. Abría la cara B del álbum Pasión por el ruido (1989).

Tom Petty & The Heartbreakers – You got lucky

“One…” y se intuye el gesto, el ademán de conteo para comenzar con el primer golpe a tempo todo el mundo. Compuesto por Mick Campbell y el jefe Petty, fue segundo corte del álbum de 1982 Long after dark.

James Brown – Get up (I feel like been a) sex machine

Tras una presentación con público de fondo, “one, two, three, four” y a darle caña al cuerpo con uno de los más emblemáticos cortes de James Brown. ¿Alguien se resiste al ritmazo de la máquina sexual? Se grabó como single en 1970 y abrió el álbum Sex machine del mismo año en una versión de más de diez minutos. Shace your money maker…

J.J. Cale – Crazy mama

Más comedido “one, two, three, four” y metido en una tonada country con un hermoso slide, J. J. Cale se rinde a la mujer que regresa a su vida. Abría la cara B de otro imprescindible, el Naturally de 1971.

U2 – Vertigo

En “perfecto” español comienza Bono “un, dos, tres… catorce” sobre la introducción instrumental de esta canción, single y espectacular vídeo del How to dismantle an atomic bomb (2004).

Foo Fighters – Wheels

Un alargado “one, two, three, four” da paso a una de las dos canciones que fueron novedad en el recopilatorio Greatest hits (2009). La canción fue compuesta en memoria de un amigo fallecido de Dave Grohl.

Manfred Mann – 5-4-3-2-1

Y para terminar, la reina del conteo. No solo comienza con un “five, four, three, two, one”, si no que la letra de la canción, casi en exclusiva, es esa. Se editó como single en 1964 junto al tema Cock-A-Hup. “Uh-uh, it was the Manfred’s”

Interesante colección de canciones, diversas y dispersas. Hay muchas esparcidas por el cosmos sonoro: ¿nos confiesas cuál has escuchado últimamente?

Lo mejor de Gary Moore… en directo

El escenario como hábitat natural. El sudor, las luces, el humo, los decibelios. Gary Moore era un alma de directo. Subiera con quien subiera, fuera el local pequeño o grande. Y siempre rodeado de grandes músicos en su larga carrera en solitario, llena de idas y venidas, de cambios y experimentos. Hubo un periodo, que comienza a finales de los setenta y se alarga hasta finales de los ochenta, una década, más o menos, en la que se zambulló en el hard rock. Después decidió navegar las aguas del blues y el blues rock y ahí se quedó, con alguna infidelidad, hasta el fin de su vida. Antes, en los setenta, probó con Thin Lizzy, era amigo de Phil Lynott, se enroló en una aventura de jazz rock con Colosseum II, compartió estudio y escenarios con Greg Lake y probó en los noventa la influencia electrónica. De esta larga carrera seleccionamos sus mejores directos.

We want Moore! (1984)

Grabado en varios escenarios entre sus dos discos fundamentales del periodo hard rock (Victims of the future, del 83, y Run for cover, del 85), demuestra el poder y la técnica que poseía en un escenario. Recoge canciones de conciertos en Glasgow, Detroit y Japón con su inseparable Neil Carter en los teclados y las guitarras, Craig Grubber al bajo y Ian Paice en la mayoría de las baterías (no aparece en las canciones de Detroit, donde fue sustituido por Bobby Chouinard). Destacan las versiones maratonianas de Shapes of things, Victims of the future, Cold hearted o Empty rooms, de lo mejor de su catálogo. Al lado de este directo, como complemento, un hermano gemelo, más comedido: Rockin’ every night – Live in Japan (1983) grabado en la gira del álbum Corridors of power (1982) con Neil Murray al bajo, Cozy Powell a la batería, Don Airey (otro inseparable) a los teclados y la colaboración vocal de John Sloman y Charlie Hunt. Y si tienes curiosidad por sus primeros pasos en solitario, prueba con Live at the Marquee, que fue grabado en 1980 y basa su repertorio en las canciones de su debut Back on the street (1979) y del proyecto G-Force; Tommy Aldrige a la batería, Don Airey en los teclados y otro amigo, Andy Pyle, al bajo.

Blues Alive (1993)

De nuevo en plena forma, lo mejor de su etapa blusera con una big band a su lado. Había publicado After hours (1992) y antes Still got the blues (1990) y las canciones de ambos, junto a alguna sorpresa, rellenan esta joya. Además de un cuarteto de viento y dos coristas, suena el bajo de Andy Pyle por aquí, y otro amigo a los teclados, Tommy Eyre (habitual en estudio de músicos de diverso pelaje). Entre las sorpresas que decía versiones de Parisienne walkways, Further on up the road y The sky is crying. Suenan fabulosas King of the blues, Walking by myself y Still got the blues. De su etapa blusera destacar también Live at Bush Hall 2007 (editado en 2014) en un registro menos ambicioso (sin cuarteto ni coristas) y más crudo, con Brian Downey a la batería y Pete Rees al bajo, un habitual del siglo XXI. Y para los completistas, The definitive Montreux Collection (2007) que recoge canciones de sus cinco actuaciones en el Montreux Jazz Festival.

Live at Monsters of Rock (2003)

A Moore siempre le gustó el formato power trío. Lo intentó con Jack Bruce y Ginger Baker (Around the next dream, 1994). Y en el año 2002 montó uno con el batería de Primal Scream, Darrin Mooney, y el bajista de Skunk Anansie, Cass Lewis. Esta particular mezcla parió un álbum titulado Scars (2002) y una gira, donde se grabó este directo. El sonido hard rock vuelve, pero con un deje agresivo basado la pareja rítmica. Recupera canciones que interpretaba en los ochenta, como Out in the fields, Wishing well, Shapes of things o Don’t believe a word, añade algunas de su nuevo proyecto (Rectify, Stand up) y un poco de blues (Walking by myself). La mezcla funciona, con una enorme interpretación de los tres.

Blues for Jimi (2007)

Grabado en octubre del 2007 en Londres, se editó oficialmente cinco años más tarde. Contiene una sola actuación de Moore reinterpretando a Jimi Hendrix a través de once canciones. Cuenta con Billy Cox al bajo y Mitch Michel a la batería en tres cortes; el resto se encargan de completar el trío Dave Bronze (bajo) y, de nuevo, Darrin Mooney (batería). El repertorio es bestial, la interpretación fantástica; no se conforma el irlandés con copiar, si no que añade sus propias texturas, siempre manteniendo la fidelidad al maestro. Fire, Stone free, Hey Joe, Manic depression o Foxey Lady destacan sobre el resto. Hacer un homenaje a Hendrix siempre es un reto; dedicarle un concierto entero, arriesgarse; salir victorioso, un éxito.

Cuatro diferentes opciones para disfrutar de cuatro aspectos distintos de Gary Moore. A disfrutarlo.