Archivo de la etiqueta: Judas Priest

Judas Priest – Rebuscando en la basura de “Ram it down” – 1988

¿Son tan malos los discos malos de nuestros artistas favoritos?

Hoy rebuscamos en la basura de Judas Priest y su álbum de 1988 Ram it down.

Para una banda que llena estadios, con diez discos de estudio en su haber, en lo más alto de su carrera, lidiar con un nuevo álbum no es fácil. La dinámica de éxito que comenzó a finales de los setenta y que llegó a 1985 con Judas Priest a pleno rendimiento intentó parir un álbum doble que habría de llamarse Twin Turbo. Tenían preparadas más de veinte canciones. Pero la compañía de discos no lo vio claro y editó uno sencillo, Turbo, plagado de sintetizadores y coros amables. Lo cierto es que vendió muy bien (más que ningún otro), les llevó a girar por grandes recintos a lo largo de todo el planeta y les llenó el bolsillo de dinero (más aún). Pero los fans viejos les llamaban traidores, les decían que habían abandonado el heavy metal para recrearse en sonidos “modernos” ¿Qué hacer ante la grabación de un nuevo disco?

Lo que hicieron Glen Tipton (guitarra), K. K. Downing (guitarra), Ian Hill (bajista), Dave Holland (batería) y Rob Halford (cantante) fue repescar algunas canciones sobrantes del proyecto Twin Turbo y regrabar las guitarras y algunas voces. Compusieron (o terminaron de componer, según) otras ocho y metieron una versión que originalmente se hizo para una banda sonora. Y con eso y una mezcla salió a la calle Ram it down.

Al undécimo disco de estudio de Judas Priest se le ha calificado como flojo, previsible, poco inspirado. Se dice de él que Halford hace uno de sus peores interpretaciones, que la batería está toda programada, que los sintetizadores siguen siendo protagonistas. Que dónde está el bajista. Que no hay buenas canciones. En definitiva, un disco olvidable.

Pero, ¿qué rebuscamos en la basura de este Ram it down?

Como siempre, rescatamos las mejores canciones, bien grandes incluso en el Universo de unos monstruos en lo suyo. La inicial Ram it down con su riff veloz y ese grito inicial del Metal God nos regala un anticipo de lo que sería Painkiller dos años después; buena letra y gran estribillo. El doble bombo de Hard as iron, con una sección de armonías guitarreras digna de Defenders of the faith, por ejemplo, otra gran interpretación de Halford y un excelente solo de Glenn. La épica Blood red sky, con sus ocho minutos crecientes desde la iniciática calma hasta el clímax final; quizá la canción en la que los sintetizadores mejor suenan, adornando la historia del cyborg o el guerrero metálico, que se enfrenta a su batalla final. El rock metal de estadio de I’m a rocker, con su letra simplona (“I live each day like it’s my last/I live for rock and roll I never look back”). Incluso Come and get it, con un estribillo facilón pero pegajoso, contiene buenas guitarras. La autocomplaciente Monster of rock, con su rollo Black Sabbath en la construcción, te arrastra a una sonrisa de complicidad.

Es obvio que Ram it down no está entre los cinco mejores trabajos de Judas Priest. Pero es que Judas tienen mucho nivel. Quizá si se hubieran metido en el estudio con Chris Tsangarides (por ejemplo) y estas canciones hoy no estaríamos rescatando este disco del olvido metalero, quién sabe.

Suficiente basura para que te pongas a escuchar como se merece este Ram it down. Y si ya lo amabas antes, para recrearte una vez más. Aquí os dejo, de regalo, un enlace a un bootleg de la gira correspondiente.

Y si quieres más basura de Judas Priest, pincha por aquí…

Las portadas de Judas Priest

Las mejores versiones de Judas Priest

Guerra de décadas: Judas Priest (¿fueron mejores los 70 o los 80?)

El heavy poppy de los años ochenta.

Aquellos años en los que las bandas de cualquier tipo comenzaron a parecerse sospechosamente: una fotografía llena de cardados, unas cuantas baladas (“los heavies, las mejores baladas”), un montón de tipos medio vestidos, o medio desnudos, con una mezcla de cuero y encajes, el sonido a caja y lata en las baterías, las guitarras por debajo de los platillos, los coros infinitos y edulcorados, el reverb a tope y muchos teclados y sintetizadores. Esa es la imagen que los no aficionados al género se han quedado de los años ochenta, injustamente quizá.

Esta imposición del mercado, sobre todo yanqui, afectó a bandas de todo origen, creándose una cantidad de discos curiosos a cargo de músicos más o menos consagrados y más o menos originarios del heavy metal. Algunos aceptaron los sintetizadores y dieron protagonismo a los teclados. Otros directamente se gastaron un pastón en peluquería, cambiaron de productor, de país, de gustos sexuales y hasta de barra de labios. Otros aceptaron compositores externos que edulcoraran sus letras y sus escalas. Otros iban tan drogados que les daba igual. Algunos lo hicieron una vez y se arrepintieron. Otros se cebaron en el drama. Y los hay que aprovecharon la ausencia del líder para pastar en otros estilos.

Es difícil determinar cuándo comenzó este cruce de sonidos. La influencia del éxito del AOR, la explosión disco y la irrupción de la new wave puso de moda los sonidos sintetizados a finales de los setenta y comienzo de los ochenta. El auge del videoclip dio cada vez más importancia a la imagen. Las mejoras técnicas, con mesas de grabación más complejas y el acceso a secuenciadores y efectos cada vez más diversos, tuvieron mucho que ver también, así como el hecho de que grupos con trayectoria hard rock como Rainbow o Rush se atrevieran a experimentar con éxito sintetizadores, teclados y coros comerciales animó a las compañías a invertir en sus viejas nuevas glorias.

Sin embargo, lejos de despreciar esta colección de discos, venimos a defenderlos. Algunos están entre nuestros favoritos. Y son mejores que otros muy aclamados, más heavies, más aguerridos, más virtuosos. Azúcar metalero, heavy poppy. Allá vamos con nuestra pequeña selección de discos de bandas hard&heavy (más o menos) metidos en el sintetizador, la sobreproducción o, directamente, en el bote de laca.

Rush – Moving pictures – 1981

Quizá uno de los primeros en lograr un éxito viniendo del hard rock en este nuevo mundo del sinth-metal. Los canadienses, que ya habían comenzado la década simplificando su propuesta en Permanent waves, ahondaron más aún en este casi perfecto álbum. Los teclados, la percusión y ese sonido característico destacan en Tom Sawyer, The camera eye o Limelight, por ejemplo. El éxito de ventas (más de cuatro millones de copias en Estados Unidos) animó a la banda a continuar experimentando esta senda y a las majors del negocio a intentar emularles.

Z Z Top – Eliminator – 1983

A estos se les fue la mano con los sintetizadores, las piernas largas y la sobreproducción de estudio. Claro, que consiguieron vender más de diez millones de copias y, así, cualquiera no repite. Y dos años después se plagiaron, con menos fortuna y menos calidad, en Afterburner. Cinco singles, con Gimme all your lovin quedando como himno de época, o ese vídeo sonrojante para promocionar Legs. Los barbudos dieron lo mejor de sí, a pesar de ellos, y salieron victoriosos. Cuidado con I need you tonight, synthblues eighties.

Saxon – Destiny – 1988

Lo de Saxon comenzó, principalmente, con el cambio de compañía discográfica. Ya desde Innocent is no excuse (1985) dieron muestras de “debilidad” aunque mantuvieron la tensión (un poco) en Rock the nation (1986). Y se lanzaron al vacío. Destiny está lleno de azúcar, desde la versión de Christopher Cross (Ride like the wind), el protagonismo de los teclados en Song for Emma y Calm before the storm o la melodísima I can’t wait anymore. Adiós motos británicas, hola descapotables de California.

Ozzy Osbourne – The ultimate sin – 1986

Al Madman se le fue la mano con la laca y aparece en fotos y vídeos de disco y gira a guisa de ama de casa fumada. La producción de Ron Nevison resultó clave para el sonido final junto con esa mezcla un tanto plana donde destacaba la voz (demasiado melódica) de Ozzy. El mayor éxito, Shot in the dark, lo proporcionó un “externo” del que hablamos ya por aquí, Phil Soussan. Sin su contribución esto hubiera vendido bien poco. La guitarra de Jake E. Lee no vuela, está encorsetada y la esconden tras los teclados y la batería en ocasiones. Canciones como Killer of giants, la propia The ultimate sin o Thank God for the bomb sirvan de ejemplo.

Dio – Sacred heart – 1985

Quizá de los mejores de esta selección, Dio pasó de esconder a su teclista a un lado del escenario a darle protagonismo, de roncar himnos míticos a melodear historias para todos los públicos. Consiguió cierto equilibrio con sus obras anteriores en truenos enmascarados con el sonido moderno: Rock’n’roll children o Hungry for heaven, incluso la misma Sacred heart; pero la fórmula no da más de sí en Shoot shoot o Like a beat of a heart. Una pena que el último álbum con Vivian Campbell no le dejara brillar como en anteriores entregas.

Judas Priest – Turbo – 1986

Después del éxito de Defenders of the faith (1984) se enmarcaron en el megaproyecto: un álbum doble con teclados, baterías sintéticas y guitarras sonando juntas sobre historias de amor, sexo y corazones solitarios. La compañía les cortó las alas y editó uno de sus discos más vendidos y aclamados, a pesar del cambio de look, no solo musical, si no también estético. La portada, las fotos de promoción. La dimensión del cambio se aprecia desde la inicial Turbo lover, la comercial Private property, con su riff y su coro de estadio, el hard rock previsible de Rock you all around the world o la cama de teclados de Out in the cold. Quedan momentos de antaño como la rabia de Reckless.

Iron Maiden – Somewhere in time – 1986

La fiebre alcanzó a una banda llena-estadios como Iron Maiden en mitad de los ochenta. El líder supremo, Steve Harris, entendió que necesitaban otro estilo, otro aire, y arrimó los sintetizadores y los trucos sonoros de estudio a sus huestes. El resultado, algo desigual, nos regaló momentos casi bíblicos, como Heaven can wait, Sea of madness o Wasted years, junto a otros algo más duros. La banda, a pesar del cambio, supo mantener la esencia, el estilo, además de adornarse con una imagen futurista que justificaba, en cierto modo, el cambio (ese Eddie cyborg). Los sintetizadores acabaron quedándose en el siguiente Seventh son of a seventh son (1988).

Van Halen – 5150 –  1986

Ya hablamos de este álbum por aquí. Eddie llevaba unos años dirigiendo su propuesta musical hacia sonidos más “comerciales”, con grupos como Foreigner o Journey en su ideario. Los teclados y las melodías cobraban cada vez más protagonismo y el éxito de Jump con sus teclados míticos le acabó de convencer. La fuga de David Lee Roth fue la consecuencia o la razón para acabar produciendo un álbum como 5150. Baladas poderosas (Why can’t this be love, Love walks in), mucho teclado y armonía amable (Dreams) y alguna licencia roquera (Best of both worlds). El tercer álbum más vendido de Van Halen (casi ocho milloncejos despachados).

Y&T – Down for the count – 1985

Después de intentarlo con diferentes productores de éxito en el metal y el hard rock, como Chris Tsangarides (Mean streak) y Tom Allom (In rock we trust), los de Meniketti se dejaron invadir por la producción fácil, los sintetizadores, las letras tontas y los coros overdubs. Esta vez tampoco tuvieron suerte. Incluso tiraron de versiones, todos quería ser Quiet Riot: All american boy y You’re mama don’t dance como gancho de un disco que apenas alcanzó a vender lo que sus hermanos anteriores. El productor elegido, que hizo multiplatino a REO Speedwagon, fue un habitual de este sonido (Saxon, MSG, Keel). Curiosamente la balada Hands of time resulta excelente en el ideario de Y&T, como la inicial In the name of rock o (salvemos la letra) Don’t tell me what to wear. Lo dicen ellos mismos: Anything for money.

Sirva esta pequeña selección de muestra. Hay más. Se extendió a lo largo de toda la década. Podríamos nombrar a Accept (Eat the heat) aunque fuera solo por esa portada hiperlaqueada, a Uriah Heep y su Head first, a Blackfoot y su Vertical smile, Alice Cooper con su retorno mainstream de la mano de Desmond Child enThrash, o la conversión de KISS desde el heavy de Lick it up hasta el azúcar de Crazy nights. Al final, fueron las bandas jóvenes, nacidas al calor del heavy de principios de década mezclado con los sonidos más sintetizados y las letras hedonistas, las que se hicieron la segunda mitad de década con la MTV y el mercado: Mötley Crüe, Bon Jovi, Poison, Cinderella, Warrant y tantos otros.

Una gozada. Un infierno. Tú decides.

Sexo en el Rock (17): caliente como un volcán

 En ocasiones nos sentimos excitados, nerviosos, inquietos, emocionados, insatisfechos. Nos sube la temperatura desde algún sitio interior ocupando todos los pensamientos. Lujuria, fuego, carne. Nos sentimos calientes. Muy calientes. Como un volcán a punto de estallar. Fiebre ardiente.

Y rebuscando canciones sobre el tema he descubierto que los años ochenta debieron ser muy “calurosos” y “febriles”. La selección de hoy se centra exclusivamente en el mal de amores de esa década. Así que acomódate en tu sitio y descubre qué artistas se ponen verriondos, tórridos, flamígeros.

Van Halen – Hot for teacher

El primero no podía ser otro que el más provocador y gigoló de toda la década de los ochenta. David Lee Roth se siente atraído por su nueva profesora, se pregunta porqué perdió tantas clases. Ahora quiere clases extras: “I brought my pencil/Gimme something to write on”. Está calentito y preparado para su lección… Del archifamoso 1984 del mismo año.

Burning – Una noche sin tí

Hasta los hombres más viriles tienen sus momentos de soledad y deseo.  “No puedo hablar con nadie y que se yo, si estoy tan solo, necesito tu amor”. Ni siquiera la música consigue traer el sueño. Del álbum Noches de rock&roll de 1984 (qué casualidad).

Bruce Springsteen – I’m on fire

Incluso el Boss sufre de calenturas hasta el punto de empapar sus sábanas blancas. “At night I wake up with the sheets soaking wet/(…)/only you can cool my desire/I’m on fire”. Corría el año 1984 (¿otra vez?) y el disco se titulaba Born in the U.S.A.

Foreigner – Urgent

Esta vez viajamos a 1981 (vaya con los ochenta) para escuchar del álbum 4 su primer single en estado emergencia: “I’m not looking for a love that will last/ I know what I need and I need it fast”. Si de calor y necesidad se trata, no hay nadie como Lou Gramm.

Sangre Azul – Sediento de sangre

Estos no se cortan. “Salvaje (salvaje) en la noche (en la noche)/Sediento (de sangre) Buscaré…/Mi víctima en la noche, un cuerpo de mujer”.  Si hay fiebre, hay que buscar la medicina. Parte de su debut, Obsesión, allá por 1987.

Judas Priest – Fever

Ni los más duros se escapan. El Metal God está solo en su cuarto, nervioso, porque siente un calor que no aplaca la noche. “Fever. You set my soul on fire/Fever. You fill me with desire”. Una fiebre llena de deseo y necesidad. Parte del álbum de 1982 Screaming for vengeance.

Mudhoney – Touch me I’m sick

La banda inspiradora de la generación grunge también pasó sus necesidades: “Wow! I won’t live long/And I’m full of rot/I’m gonna give you, girl/Everything I got”. Pasean con su calentura por el año 1988 en el primer single que grabaron para SubPop.

Twisted Sister – I’m so hot for you

No hace falta disimular, quererte igual no, pero te voy a dar todo lo que tengo: “Say I’m in love, babe, it’s much too soon/But you know I’d give you everything that I have”. Dee Snider no puede aguantar sus ganas, no te resistas, nena “I got to have you, girl, you know you’re driving me mad”. Del último coletazo de la banda, Love is for suckers, de 1987.

Barricada – Tan fácil

Abriendo su Pasión por el ruido de 1989, “El Drogas” confiesa su necesidad calenturienta tras una noche de consumos excesivos: “Echo en falta llegar detrás/agarrar tus tetas sin avisar/notar ese culo junto a mí/dejar caer mi lengua por tu espalda/¡Cómo me enseñaste a amar el vicio!”. A quién no le ha pasado.

Blue Oyster Cult – Burning for you

Aunque a veces las canciones admiten muchos significados, para mí es claro el de esta tonada del Fire of unknown origin de 1981, me quemo por tu culpa: “I’m burning for you(…)/Burn out the day/Burn out the night/I can’t see no reason to put up a fight/I’m living for giving the devil his due”.

 

Y aún hay más. De esta década y de cualquier época. Porque el rock es lo que tiene: a veces se gana, a veces se pierde. Pero siempre se cuenta (o se canta más bien). ¿Alguna sugerencia?

Por cierto, quizá estas fiebres se curen con estos doctores del amor y sus medicinas.

 

 

Rock y poesía (2). Otros diez poemas pasados por la guitarra.


rock-e-posia

En cierto modo es inevitable. La poesía y la música se tocan muy de cerca. Muchas de nuestras vivencias están asociadas a letras de canciones. Así que desde aquí volvemos a explorar la asociación entre escritores de poemas y compositores de canciones que comenzamos en la primera parte de Rock y poesía (dedicado a poemas y músicos de habla hispana: aquí tenéis el enlace.

Esta segunda parte recoge diez canciones en inglés basadas en otros tantos poemas. Como de costumbre, dale al play y disfruta.

Derek & The Dominos – I am yours

Basado en el poema The story of Layla and Majnum, que, de paso, inspiró la canción Layla. La mayoría de la letra la escribió el poeta persa Nizami, y así se acredita en la propia canción. Aparece en el imperdible Layla and other assorted love songs de 1970.

Celtic Frost – Sorrows of the moon

Tom G Warrior canta la versión en inglés de este poema de Charles Baudelaire. Aparece en el álbum Into the Pandemonium de 1987.

Roger Waters – Wait for her

Waters grabó para su Is this the live we really want? de 2017 una versión del poema Lesson from the Kama Sutra (wait for her) del poeta palestino Mahmoud Darwish. El músico se quedó prendado del valor trascendental del amor e intentó reproducirlo con su música.

Nightwish – Song of myself

Tuomas Holopainen escribe su propia versión del poema homónimo de Wal t Whitman en un intento de mezclar la épica musical con la épica lírica. Del álbum Imaginaerum (2011).

Wishbone Ash – Stand and deliver

Jugando con el antagonismo del poema de Alfed Noyes The Highwayman la banda realizó su propia versión para el disco de 1978 No smoke without fire.

Iron Maiden – Rime of the ancient mariner

No podía faltar. Catorce minutos gloriosos de la Historia del Metal basado en el poema de Samuel Taylor Coleridge. Steve Harris compuso la música para el álbum de 1984 Powerslave.

Steve Nicks – Annabel Lee

Aunque apareció en su disco de 2011 titulado In your dreams, Nicks asegura que tenía la canción escrita desde sus 17 años. Los productores de su disco, Dave Stewart y Glen Ballard, le animaron a terminarla. Basada en el poema de Edgar Allan Poe.

Peter Gabriel – Mercy street

Basada en el poemario de Anne Sexton, en especial en 45 Mercy Street, una mujer enferma mental cuya historia impresionó a Gabriel hasta el punto de contar en esta canción con las propias palabras de Anne. Aparece en So (1986).

Rush – Out of the cradle

De nuevo un poema de Walt Whitman sirve de base para una canción. La reflexión profunda sobre la pérdida y el amor acabó en el disco Vapor trails de 2002.

Judas Priest – Sea of red

Rob Halford hizo su propia versión del poema In Flanders fields de John McCrae acerca de la devastadora imagen de los campos de batalla durante la I Guerra Mundial. Lo escuchamos en su último Firepower (2018).

 

 

 

 

¿Y si… Rob Halford se hubiera unido a Black Sabbath?

En noviembre de 1992 Rob Halford, cantante de Judas Priest como ya sabéis por aquí, se unió en dos conciertos a Black Sabbath, formado entonces por el inmortal Tony Iommi a las guitarras, Geezer Butler al bajo, Vinny Appice a la batería y Geoff Nicholls a los teclados. Los shows, de poco más de una hora, quedaron inmortalizados en bootlegs y vídeos caseros, que podéis repasar por aquí. Por entonces Halford pasaba una crisis existencial a la que se sumaba la distancia musical con sus compañeros de banda, en la ola del éxito tras un formidable Painkiller. Así que, de algún modo, los rumores que ya habían sobre la separación de Judas Priest se acrecentaron. ¿Se uniría Rob a Iommi y compañía? Al fin y al cabo, Black Sabbath estaban sin cantante…

Pero no sucedió. No llegó a existir Black Priest.

La causa de estos conciertos fue curiosa. Por un lado, tenemos a Ozzy Osbourne (cantante de los primeros años del grupo, ya sabéis) en la gira que, supuestamente, acababa con su carrera en los escenarios. A Ozzy (y señora) se les ocurrió contratar a la banda para telonear dos fechas de esta gira y, quizá, subirse al final del show para tocar juntos. En su cabeza ya estaban preparando una reunión que acabaría ocurriendo varios años después. Por otro lado, tenemos a Black Sabbath con Dio al frente girando con su disco Dehumanaizer. Cuando Iommi aceptó tocar con Ozzy el pequeño gran Dio declinó viajar: él ya se olía la tostada. Así que, deprisa y corriendo, contactaron con Rob Halford, sustituto de oro. Y, efectivamente, al final del segundo concierto los Black Sabbath “casi originales” se unió Ozzy a sus excolegas tocando cuatro canciones.

Lo curioso es que Rob Halford volvió a unirse a Black Sabbath en el año 2004 sustituyendo al propio Ozzy Osbourne. El loco se había quedado afónico y ya sabéis que la máquina nunca para, así que en New Jersey volvieron a disfrutar del Metal God junto a Iommi.

Y tampoco hubo continuidad. Rob Halford acababa de volver a Judas Priest tras casi doce años de separación y los Sabbath con Ozzy tenían una gira que cubrir.

Pero… ¿cómo hubiera sonado esa unión demoníaca? Nunca lo sabremos. O quizá sí. Porque hay rumores de una posible colaboración este año. Quién sabe…

 

¿Y si… Eddie Van Halen se hubiera unido a Kiss?

¿Y si… David Coverdale se hubiera unido a Michael Schenker?

 

Versioneando: las mejores versiones de Motörhead

Lemmy

Iconos del rock, monstruos adorados, lo mismo encantan a nietos que a abuelos, a roqueros de medio pelo que a heavies de negras sotanas, a punkarras de viejo puño que a enamorados del metalcore. Algo tiene esta banda, único: Lemmy Kilminster. En su larga discografía de cuarenta y pico años han dejado numerosas versiones, algunas sorprendentes, arrastradas a su particular Universo.

Aquí os dejamos nuestra pequeña selección.

Leaving here (1976)

Una cover de Eddie Holland original de 1963 que Lemmy retomó para editarlo como primer single de Motörhead.

Heroes (2017)

La última, publicada poco antes de la muerte de Lemmy, con David Bowie como homenajeado. Por si alguien no lo recuerda, la original se editó en el álbum del mismo título cuarenta años antes.

The train kept a-rollin’ (1977)

En su primer álbum se atrevieron con un tema que acumula ya más de cincuenta versiones diferentes. La grabó por primera vez Tiny Bradshaw en 1951.

Beer drinkers & hellraisers (1980)

Se montaron un EP con el título de esta canción que se acompañaba, también, de otra versión de John Mayall. Esta que los ZZ Top grabaron para su Tres hombres de 1973 se lleva el premio.

Enter sandman (1998)

Una de las curiosas. Metallica se hicieron multimillonarios con este single del álbum “negro” en 1991 y Lemmy se la apropió para el recopilatorio ECW-extreme music.

Hoochie Coochie man (1983)

En el breve periodo que Brian Robertson formó parte de la banda grabaron este corte original de Willie Dixon (1954 nada menos) que acompañó al single Shine.

Breaking the law (2008)

Se vinieron arriba para homenajear a uno de sus cohetáneos, Judas Priest, para el disco de tributo Hell bent forever. Uno de los más famosos temas del British steel de 1980.

Jumpin’ Jack Flash (1993)

Grabado durante las sesiones del Bastards, apareció de manera oficial en la re-edición en cedé del 2001. Los algo famosos The Rolling Stones consiguieron con ella un número 1 en 1968.

God save the queen (2000)

Homenaje a unos irreverentes Sex Pistols y la vorágine punk del 77 para el cambio de milenio en el álbum We are Motörhead.

 

 

 

 

 

 

Música moderna: junio 2018

A veces resulta difícil encontrar buena música nueva, otras, como en esta ocasión, es una gozada poder compartir siete propuestas diversas y emocionantes, cada una en su propio estilo. Me ha quedado bastante heavy en general, aunque creo que los amantes del ruido menos ruidoso podréis gozar de un poco de blues y algo de rock patrio bien hecho. Un poco de música moderna para orejas inquietas.

Dale al play…

  Amorphis – Queen of time

No sé cómo lo han hecho, pero lo han hecho: un pedazo de álbum, impresionante. Quizá estamos hablando de rozar la perfección dentro del estilo, con esa mezcla de agresividad, folclore, melodía y romanticismo metalero. Como si Queensryche y Judas Priest hubieran estado de orgía con una banda de elfos en la casa de Katatonia. Excelente producción; a pesar de las capas de sonido y la complejidad compositiva todo suena limpio. Escucha del tirón The bee, Daughter of hate (qué guitarras), Grain of sand (cuasi comercial, perfecto estribillo), Pyres of the coast, la hiperfolk Message in the amber o la delicadeza de  Amongst the stars. No tiene un minuto malo.

Angelus Apatrida – Cabaret de La Guillotine  

Otros que también han vuelto a hacerlo, y ya suman seis disparos certeros (unos más que otros, por supuesto). Han desarrollado un Universo sonoro propio que viaja en un pentágono mágico conformado por Megadeth, Pantera, Annihilator, Judas Priest y Slayer como principales influencias. Nada de caña sin sentido. Las líneas melódicas y las armonías se agarran a la base rítmica regalando un viaje a la altura, con letras centradas en los problemas de hoy en día. Fantásticas Betrayed, la acelerada One of us o Downfall of the nation.También saben salir de su zona mágica y componer temas como Martyrs of Chicago (con aroma metalcore yanqui), Farewell (curiosa balada) o el estribillo de The die is cast. Un disco que se hace corto.

 Lance Lopez – Tell the truth

Siempre nos gusta recomendar por aquí algún disco de blues roquero. En esta ocasión Lance Lopez (sin tilde, por supuesto) con un compendio de guitarreo, voz rasgada, armónicas y mucha pasión titulado Tell the truth. El manejo del fraseo y las armonías destaca sobre el resto, con unos músicos de apoyo muy cumplidores (ese piano eléctrico), y, por supuesto, un poco de air guitar blusero: Lopez maneja con buen gusto una colección de canciones basadas en su pericia guitarrera, un sorprendente slide, pero con espacio para desarrollar completamente las canciones, que también canta con gusto. A destacar la suavidad de Blue moon rising, el rollo Faces de Cash my check,  la divertida Down to one bar, la rabia rock de Never came easy to me o la musculada versión de John Lee Hooker Mr Lucky.

Doctor Voltaje – Doctor Voltaje  

No hace falta una güija para saber que esta maravillosa propuesta de hard rock lleno de sonrisas y mensajes es excelente. El quinteto valenciano vuela con una mano anclada en los clásicos que tanto amamos y otra en hacer lo que les da la gana. No puedo parar de cantar La bebida y el amor (“me están dejando seco”), Noches de rock and roll (esos The Who), el rollo blues rock de He bajado al infierno (“hay mucho polvo en mi nariz”) o la vacilona Un tipo con suerte. Una producción muy limpia y acertada para hacer accesible la experiencia de Doctor Voltaje, llena de detalles. Unos rebeldes que no siguen el guión pactado, como ellos mismos cantan.

Crisix – Against the odds

El género duro (y sus influencias) goza de otra gran parada en este último trabajo de Crisix, bien centrado en las estructuras clásicas del género pero con un sonido actualizado, y lo mismo se arriman a Overkill o Anthrax como a Gojira o Machine Head. Lo mejor del álbum es la homogenidad de los temas, muy anclados en los cambios de ritmo y tono y el trabajo de melodías gruesas. Leech breeder, Xenomorph blood, Technophiliac y Get out of my head reventarán tu cuello con sus veloces propuestas. Pincha la más melódica Prince of Saiyans, el salto continuo de Cut the shit, la sorprendente The North remembers o Leave your God behind para tener el cuadro completo. Para fans del género.

Judas Priest – Firepower  

No sé si decir que resulta el mejor disco desde Painkiller es decir mucho o poco, pero no dudo que esta colección de canciones, con sus puntos álgidos y menos acertados, está, por fin, a la altura de lo que fueron. Contiene grandes canciones, buenos riffs, algunos solos logrados, los cambios y la producción no parecen un recorta y pega y, desde luego, te hace disfrutar. Claro que se homenajean a sí mismos en muchos momentos, pero ¿por qué no van a hacerlo precisamente ellos? Para mi gusto, Lightning strike, Traitor’s gate, Firepower, Never the heroes (con ese rollito Turbo lover), Children of the sun (¡qué regusto a Black Sabbath!), la épica Rising from ruins, la breve y melódica No surrender, la calma de Sea of red son lo mejor de Firepower, quizá demasiado largo, pero, en cualquier caso, una delicia.

 Whisky Caravan – La guerra contra el resto

La propuesta musical de Whisky Caravan pecaba de parecidos y continuos recuerdos demasiado evidentes pero siempre con un poso de música bien hecha que me hacía hincarles la oreja. El cambio de productor y estudio (Dani Alcover y Estudios Revi) les ha sentado muy bien, dotando a esta tercera entrega de un sonido más personal y directo, alejado de connotaciones pasadas: por fin una colección de canciones grandes, profundas, personalísimas y directas. La inicial La guerra contra el resto  y la final ¿A qué tienes miedo? me parecen lo mejor de esta ¿nueva? propuesta, una épica que puede llevarles lejos. Suenan cerca Naufragio, Si vas a disparar (regusto al debut), la balada Aviones (clasicazo ochentero) o el rock de Aléjate de mí (dedicada a sus críticos: “no soy héroe de leyenda”). A tener en cuenta.

Versioneando: Chuck Berry en diez versiones

Efectivamente, se ha muerto otro King of Rock and Roll, Chuck Berry, quizá el primero y el más auténtico, aunque, como ya sabrás, para eso cada uno tiene su gusto. Por aquí queremos hacerle un pequeño homenaje a este abuelo, padre, suegro del rocanrol a través de diez versiones que otros tantos artistas hicieron de composiciones suyas. Espero que te guste el playlist y, como siempre, esperamos tus aportaciones.

Chuck Berry en diez versiones

Pat Travers – Maybellene

Empezando por el principio, uno de los primeros singles de rock’n’roll, editado en mayo de 1955. La versión de Pat Travers aparece en su primer álbum de 1976.

 

Electric Light Orchestra – Roll over Beethoven

Una de las versiones más famosas de este tema, editada en 1976 como single, alcanzó el número 6 de las listas británicas. La original se publicó veinte años antes.

 

Ac/Dc – School days

Cómo va a faltar el hijo bastardo de Chuck en esta colección. Angus Young siempre reconoció el influjo de Berry en su forma de tocar (como si no se notara). Este tema cerraba el álbum T.N.T. de 1975. La original se editó como single en 1957.

 

Manic Street Preachers – Rock and roll music

Otro clasicazo, también de 1957 (vaya añito), editada en el año 2000 como parte del single The masses against the classes.

 

Izzy Stradlin – Memphis Tennessee

Una particular versión del díscolo guitarrista para su álbum 117º de 1998. La original formó parte del single Back in the U.S.A.

 

George Thorogood & The Destroyers – Go go go

George y sus Destroyers se marcaron esta cover en 1985 dentro del álbum   Maverick. Chuck hizo otro single de éxito con ella en 1961 junto al tema Come on.

 

Eric Burdon – Too late

El genial vocalista se atrevió con esta rareza en su Darkness de 1980, recreando la original de 1975.

 

Status Quo – Carol

Si no pongo esta uno por aquí se borra del blog. Otro grupo hijo del Rey del Rock, estupenda versión editada en Never too late de 1981. Hay otra de los Rolling por ahí. Berry la grabó como single en 1958.

 

Judas Priest – Johnny B. Good

Quizá una de sus piezas más populares desde que la grabara el genio al inicio de su carrera, allá por 1958. No podemos evitar poner en este playlist la versión que Judas Priest se marcaran en su fantástico Ram it down de 1988.

 

Graham Bonnet – Anthony boy

En 1981, después de abandonar Rainbow y antes de formar Alcatrazz, Mr. Bonnet publicó un disco bajo su nombre de título Line up donde incluía esta canción, original de 1959. Rick Parffit, de Status Quo toca la guitarra y Cozy Powell la batería.

Guerra de Décadas (4): Judas Priest

judas_priest_29230

Guerra de décadas: ¿fueron mejor los 70s o los 80s para Judas Priest?

Dudo que haya una banda como Judas Priest en el mundo heavy metal con tal longevidad, actitud, calidad y perseverancia. Desde sus comienzos a principios de los setenta hasta la actualidad (40 años de historia discográfica, telita fina) han pasado desde los pequeños locales hasta los grandes recintos, el éxito multiplatino, un poco de ostracismo (como a todas las bandas del gremio a principios de siglo) y vuelta a los escenarios con marchamo de glorias y dioses.

Sus grandes discos se editaron durante las décadas de los setenta y los ochenta. He aquí un reto para el oyente. ¿Cuál te gusta más? ¿Crees que los Judas Priest de los setenta son los auténticos? ¿Los multiventas de los ochenta son mejores? Tú decides, nosotros te dejamos una pequeña muestra de cada época.

Judas Priest 70s

Delivering the Goods

 

Diamonds and rust

 

Exciter

 

Judas Priest 80s

Breaking the law

 

Heading out to the highway

 

You’ve got another thing coming

 

 

 

 

¿Más Judas Priest?

Las portadas de Judas Priest

Defenders of the faith

Versioneando: las mejores versiones de Judas Priest

 

 

 

 

 

Retornos sonados del rock.

Cuernos

Retornos sonados del rock: ¿segundas partes siempre son buenas?

La mayoría de las veces dicen volver por amor, o sea, que se echan de menos o que tenían ganas de trabajar juntos de nuevo o que ahora ha surgido la chispa adecuada. Pero, casi siempre, el dinero ronda por todas estas reuniones más o menos genuinas, más o menos insinceras. ¿A nosotros, aficionados, oyentes, acaso nos importan las razones? Que nos saquen el dinero haciendo buenos discos y ruidosos conciertos. Si luego se aman o se odian, para ellos queda. Aunque en ocasiones segundas (y hasta terceras) partes no solo no son buenas, casi indeseables.

He aquí una selección de las muchas vueltas y revueltas en el universo sonoro del rock y el metal. Tú dirás qué te parecen.

1. El retorno clásico

La banda se cerró. No hubo más discos, ni más conciertos. Pero un buen día se reúnen. Tal vez para un evento concreto, quizá coinciden en una fiesta o, simplemente, murió la razón del odio. Retornos clásicos hay donde elegir. Algunos se curran uno o varios discos juntos; sirvan de ejemplo los de Deep Purple (el Mark II de 1984) o Europe (2003). Otros hacen caja con una gira y “adiós muy buenas”, como Héroes del Silencio (2007).

 

2. El retorno temporal

Esta variedad de retorno se da cuando una banda más o menos conocida mantiene su actividad de conciertos y álbumes perdiendo eso que llamamos “miembros originales”. Pasados unos años, y cuando la situación lo permite, el line-up considerado original se reúne y nos deleita con una gira o alguna grabación. Tras el arrebato inicial o el llenado de caja esos miembros reciben de nuevo la patada y la banda continúa contratando en su lugar a otros músicos. Ejemplos de este retorno, el de Barón Rojo (2011) y el de Kiss (1996). Barón Rojo reunió la formación de sus primeros álbumes para una gira y una película documental durante varios meses; después Sherpa (bajista) y Hermes Calabria (batería) no fueron invitados a continuar en el grupo y los hermanos de Castro (Armando y Carlos) llamaron a otros músicos. En el caso de Kiss, tras varias giras y un álbum de estudio, los miembros originales Ace Frehley (guitarra) y Peter Criss (batería) fueron expulsados y sustituidos por otros músicos (y hasta hoy).

 

3. El retorno del hijo pródigo

Por alguna razón uno de los miembros principales del grupo se larga o es expulsado. Pasados unos años, tras el fracaso de ambos por separado, se produce el regreso. A veces vuelven a romper, otras continúan con más o menos amor y éxito (inseparables). Yo propongo como ejemplos el retorno de Rob Halford a Judas Priest (2003), el de Joey Belladona a Anthrax (dos veces, que ya tiene mérito, en 2005 y 2010) o el doble regreso de Bruce Dickinson y Adrian Smith a Iron Maiden (1999).

 

4. El retorno con muerto

Uno de los retornos más difíciles: uno de los miembros está muerto. ¿Qué hacemos? Hay dos variedades: sustituimos al muerto por otro músico o usamos un fantasma. Grupos que han regresado sustituyendo al desparecido hay varios, entre otros Led Zeppelin (en un par de ocasiones, la última en 2007 con Jason Bonham en la batería) o Alice in Chains (William Du Vall ocupó el puesto de Layne Staley en 2005 y hasta hoy). El retorno con fantasma más famoso lo protagonizaron The Beatles con su ficticia reunión de 1995: Paul McCartney (bajista), Ringo Starr (batería) y George Harrison (guitarra) grabaron una “nueva” canción con John Lennon (cantante para la ocasión y asesinado quince años antes) utilizando una maqueta de este último. Y no olvidemos a los Thin Lizzy sin Phil Lynott, tela.

 

5. El retorno sin nombre

Una formación se reúne tras varios años pero ¡oh, sorpresa! no pueden usar su antiguo nombre. El ejemplo arquetípico lo ofrecen Heaven&Hell: los miembros de Black Sabbath entre 1980 y 1982  no pudieron utilizar el nombre de la banda en su reunión de 2006, por lo que utilizaron el de su álbum más famoso.