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Lo mejor de Mötorhead… en el siglo XXI.

Ilustración de Óscar Giménez

A veces perdemos la perspectiva con lo grande que es REALMENTE un grupo. Nos quedamos en sus años de gloria, en esos discos imprescindibles, casi siempre del comienzo de su carrera, y dejamos de lado las novedades. Algo así me sucedió con Mötorhead y el legado de Lemmy; dejé de escuchar sus discos editados desde la mitad de los noventa. Y como no hay pecado peor que la ignorancia he decidido ponerle remedio con una escucha de sus obras de este siglo. Y este es el resultado, incluyendo una selecta playlist que al final os regalo.

Desde el año 2000, justo veinte después de su (quizá) mejor obra, hasta el 2015 publicaron ocho trabajos, más o menos cada dos años en un ritmo que ya habla claramente del compromiso y la necesidad de Mötorhead. Canciones para construir un Universo propio contando historias sobre lo malvada e injusta que es la vida, la obsesión por la muerte (y los asesinatos y la guerra), la necesidad de fiesta y sexo y los líos en los que te metes y, por fin, las reflexiones sobre la música y la vida del músico. Cuatro pilares sobre los que sustentar veintidos discos de estudio, casi doscientas cincuenta canciones.

Además de Lemmy al bajo y a la voz, sus inseparables Phil Campbell a la guitarra y Mikkey Dee a la batería, junto con algunas colaboraciones puntuales, graban toda la música de la que aquí hablamos.

Tres de esos discos me parecen imprescindibles. We are Mötorhead (2000) suena directo, con una producción magnífica comandada por Bob Kulick (W.A.S.P., Meat Loaf, Kiss) mantiene un equilibrio entre la parte más punk y la más roquera: Slow dance, Wake up dead, One more fucking time o la mejor We are Mötorhead. Junto a él, Inferno (2004) vuelve al nivel de inspiración, variedad y acierto del trío; no hay canción mala: Terminal show (colabora Steve Vai), Killers, Suicide, Life’s a bitch, el excelente toque hard de In the black, el riff de In the year of the wolf o la acústica Whorehouse blues. El tercero sería Aftershock (2013), equilibrado de principio al final, con un toque más roquero que punk o metal: Lost woman blues, Do you believe, Going to Mexico, Silence when you sepak to me o Paralyzed, aunque, de nuevo, no hay tema flojo.

Un escalón por debajo escuchamos los otros trabajos. Campbell tiene un papel especial en Hammered (2002) haciendo uno de sus mejores guitarreos: Brave new world, Voices frome the war o la thrashy Red raw, junto a Mine all mine (con piano de Deeze Reed) y Walk a crooked mile destacan. Kiss of death (2006) es otra colección de canciones muy bien acabada pero menos inspirada, es decir, todo suena correcto pero falta chispa y variedad, quizá demasiado metido en “lo de siempre”. La producción de Cameron Webb (también produjo el anterior Inferno y todos los siguientes) limpia la voz de Lemmy. A destacar: R.A.M.O.N.E.S. cómo no, la balada God was never on your side, el rock de Christine, Living in the past o la tremenda Trigger. El problema de Motorizer (2008) es el mismo del disco anterior, que suena bien pero todo demasiado plano, quizá con Campbell destacando de nuevo en One short life o Sing the blues y Lemmy clavando English rose o Buried alive. En The world is yours (2011) suenan algo más oscuros en Brotherhood of man, con muchos guiños hard y buenas melodías (Rock’n’roll music, Bye bye bitch bye bye) y la caña de siempre de Born to lose o Get back in line.

El disco final, Bad magic (2015), tiene el aliento de despedida de Lemmy: su voz se nota cansada, aviejada, pero su esfuerzo lo compensa y mantiene su gloria. La versión del Sympathy for the devil está muy bien enterrada en el mundo Mötorhead, junto a Thunder & lightning, When the sky comes looking for you, Electricity o Shoot out all of your lights. No debes perderte la letra de Till the end, una reflexión (¿final?) de Lemmy sobre su vida.

Una escucha necesaria para cualquier roquero, punkarra o metalero que necesite el ruido de una buena guitarra. Lemmy y sus Mötorhead, formara quien formara a su lado, consiguieron un sonido atemporal reconocido y reconocible en cualquier parte del mundo. Y eso, amigo, amiga, está al alcance de un puñado.

Ozzy Osbourne – No more tears – 1991

Sexto album de Ozzy Osbourne, segundo con Zakk Wylde, publicado en septiembre de 1991, tras casi dos años de grabaciones y problemas del loco, resultó, para mí, su última obra maestra y uno de sus dos mejores álbumes (ya le ponéis al lado el que os apetezca). Surtió a las radios de cinco singles y en menos de un mes despachó un millón de copias, alcanzando los cuatro millones en Yanquiland allá por el año 2000. Solamente Blizzard of Ozz ha vendido más.

La construcción de No more tears fue algo compleja. Junto a Ozzy en las labores vocales estaba su joven guitarrista Zakk Wylde, el batería Randy Castillo y el bajista Bob Daisley, quien fue despedido, entrando Michael Inez en su lugar a tiempo para aparecer en los vídeos, las fotos promocionales y hacer la gira. Por si no lo sabéis, la relación de amor-odio de Bob Daisley con Ozzy y señora da para una miniserie que ya comentamos por aquí. Después de echarle, al poco  de entrar al estudio volvieron a (re)contratarle para ayudar a terminar las canciones, meter letras, arreglos; después le llevaron al estudio a grabar los bajos; cuando faltaban unas semanas para finalizar, fue despedido de nuevo. Michael Inez, que ya andaba por allí, entró en su lugar. Lo bueno o lo malo es que ya le había pasado en otras ocasiones. Curioso trío. Junto a ellos metió teclados John Sinclair.

La composición de todos los temas recayó en Ozzy, Wylde y Castillo, con la colaboración de Lemmy Kilmister en cuatro cortes (seis hicieron en total, dos se quedaron fuera). El propio Inez junto al productor John Purcell colaboraron en el tema título.

Así todo, la labor de Duane Baron y Joh Purdell como productores resulta impecable, logrando un sonido grueso pero dejando protagonismo al trabajo melódico de voces y guitarras. Se nota la evolución como guitarrista de Zakk Wylde, con esos maravillosos riffs y los depurados solos, y en eso también tiene que ver el sonido final y las mezclas de Michael Wagener.

La cara A me parece perfecta, con Mr Tinkertrain abriendo y esas cuatro maravillas de seguido: I don’t want to change the worldMama, I’m coming home (dedicada a su mujer), Desire y No more tears (en estas tres ayuda en la composición Lemmy).  La cara B contiene otros tres trayazos, Road to nowhere, Hellraiser y Time after time, junto a las correctas S.I.N., Zombie stomp y A.V.H., quizá un poco más flojas, relleno del bueno en cualquier caso.

La inicial Mr. Tinkertrain es un buen ejemplo del sonido general de la obra, ideal como inicio. El riff de Zakk marca el tema que juguetea con las armonías y el tempo de Castillo, sencillo estribillo y feroz solo para la historia de un abusador, un depredador sexual. En esta misma línea sonora crece I don’t want to change the world, con un mejor fraseo de Ozzy. Curiosamente, se llevó un Grammy. Una de las perlas del disco en forma de balada aparece ahora. Mama, I’m coming home, con un toque southern en la guitarra acústica, una línea melódica muy sencilla pero efectiva y la letra de amor a cargo de Lemmy, impagable. Alcanzó el número 2 en las listas de ventas.

El disco contiene otras dos piezas lentas. Road to nowhere me parece excelente, quizá la mejor de las tres, con un ancla en los tiempos de Randy Rhoads y otra en el enorme talento de Wylde, que se vuelve hermosamente melódico. El Madman también interpreta con ímpetu redondeando el corte. La tercera balada en discordia se titula Time after time, algo más previsible, pero con un delicado arpegio inicial, las voces dobladas en el estribillo y una estructura simple que la hacen encantadora; el solo de Zakk, imperdible.

En la parte más aguerrida nos queda por escuchar mucha tralla. Sin salirse del patrón que engloba el disco, Desire se acerca al trabajo de No rest for the wicked, un corte muy Wylde donde Ozzy canta con desgarro. Con la misma energía, S.I.N. se deshace en la melodía de puente-estribillo mientras que Hellraiser loa a la vida del rock and roll más canalla, da todo el protagonismo al narrador, con una letra “autobiográfica” (la escribe de nuevo Lemmy). Por cierto, impresionante la versión de los propios Motörhead. El tema título, con un gran vídeo, No more tears, el más largo, juguetea con los teclados, el ritmo de bajo y la guitarra, los cambios, los silencios y el up-tempo, con una parte instrumental en el centro de lo mejorcito del combo. Cerramos con los, quizá, temas más flojos. Zombie stomp da un largo protagonismo a los instrumentos, con un patrón que va repitiéndose los primeros minutos, pero luego flojea en la parte vocal y melódica, demasiado previsible. A.V.H. nace con un aire southern de nuevo pero luego ofrece poco más, al menos en comparación con el resto de canciones.

La portada y el artwork general lo realizaron Nancy Donald y David Coleman con fotografías de Matt Hahurin. No es su mejor portada, desde luego, pero resulta curioso identificar a Ozzy con esas alas.
En resumen, un disco imprescindible de Osbourne, de Wylde y, en general, del rock y el metal de finales de los ochenta y principios de los noventa. Un pequeño tesoro a recuperar.

Versioneando: las mejores versiones de Motörhead

Lemmy

Iconos del rock, monstruos adorados, lo mismo encantan a nietos que a abuelos, a roqueros de medio pelo que a heavies de negras sotanas, a punkarras de viejo puño que a enamorados del metalcore. Algo tiene esta banda, único: Lemmy Kilminster. En su larga discografía de cuarenta y pico años han dejado numerosas versiones, algunas sorprendentes, arrastradas a su particular Universo.

Aquí os dejamos nuestra pequeña selección.

Leaving here (1976)

Una cover de Eddie Holland original de 1963 que Lemmy retomó para editarlo como primer single de Motörhead.

Heroes (2017)

La última, publicada poco antes de la muerte de Lemmy, con David Bowie como homenajeado. Por si alguien no lo recuerda, la original se editó en el álbum del mismo título cuarenta años antes.

The train kept a-rollin’ (1977)

En su primer álbum se atrevieron con un tema que acumula ya más de cincuenta versiones diferentes. La grabó por primera vez Tiny Bradshaw en 1951.

Beer drinkers & hellraisers (1980)

Se montaron un EP con el título de esta canción que se acompañaba, también, de otra versión de John Mayall. Esta que los ZZ Top grabaron para su Tres hombres de 1973 se lleva el premio.

Enter sandman (1998)

Una de las curiosas. Metallica se hicieron multimillonarios con este single del álbum “negro” en 1991 y Lemmy se la apropió para el recopilatorio ECW-extreme music.

Hoochie Coochie man (1983)

En el breve periodo que Brian Robertson formó parte de la banda grabaron este corte original de Willie Dixon (1954 nada menos) que acompañó al single Shine.

Breaking the law (2008)

Se vinieron arriba para homenajear a uno de sus cohetáneos, Judas Priest, para el disco de tributo Hell bent forever. Uno de los más famosos temas del British steel de 1980.

Jumpin’ Jack Flash (1993)

Grabado durante las sesiones del Bastards, apareció de manera oficial en la re-edición en cedé del 2001. Los algo famosos The Rolling Stones consiguieron con ella un número 1 en 1968.

God save the queen (2000)

Homenaje a unos irreverentes Sex Pistols y la vorágine punk del 77 para el cambio de milenio en el álbum We are Motörhead.

 

 

 

 

 

 

Heavy Metal Christmas (3): Navidad jevi again

Ho, ho, ho, ya está  aquí la Navidad. ¿La odias? ¿La amas? ¿La celebras? En realidad, sientas lo que sientas, hagas lo que hagas, es inevitable soportar su banda sonora de cancioncillas moñas y repetitivas. Para que disfrutes o molestes en las próximas celebraciones nosotros dejamos por aquí unos villancicos metaleros, unas rolas protestonas, unas coplillas de fiesta y algunas versiones de clásicos.

Y, de regalo, nuestra playlist navideña al completo. Que ya es el tercer año que nos curramos esta selección. Venga, dale al play, comparte el turrón y el espumoso y no olvides mandarnos un pellizco del décimo premiado, que nos gusta comer como al que más.

Lemmy, Dave Grohl y Billy Gibbon – Run Rudolph run

Queen – Thank God It’s Christmas

Ska-P – Villancico

The Darkness – Christmas time (don’t let the bells end)

Venom – Black Xmas

Los Planetas – El espíritu de la Navidad

Joe Lynn Turner – Rockin’ around the Xmas tree

Bruce Springsteen – Santa Claus is coming to town

Mamá Ladilla – Viene la Navidad

Chuck Billy y Scott Ian – Silent night

Chivi – Me cago en la puta Navidad

Además de esta selecta lista, os pegamos la playlist al completo de Rockologia en Spotify.