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El heavy poppy de los años ochenta.

Aquellos años en los que las bandas de cualquier tipo comenzaron a parecerse sospechosamente: una fotografía llena de cardados, unas cuantas baladas (“los heavies, las mejores baladas”), un montón de tipos medio vestidos, o medio desnudos, con una mezcla de cuero y encajes, el sonido a caja y lata en las baterías, las guitarras por debajo de los platillos, los coros infinitos y edulcorados, el reverb a tope y muchos teclados y sintetizadores. Esa es la imagen que los no aficionados al género se han quedado de los años ochenta, injustamente quizá.

Esta imposición del mercado, sobre todo yanqui, afectó a bandas de todo origen, creándose una cantidad de discos curiosos a cargo de músicos más o menos consagrados y más o menos originarios del heavy metal. Algunos aceptaron los sintetizadores y dieron protagonismo a los teclados. Otros directamente se gastaron un pastón en peluquería, cambiaron de productor, de país, de gustos sexuales y hasta de barra de labios. Otros aceptaron compositores externos que edulcoraran sus letras y sus escalas. Otros iban tan drogados que les daba igual. Algunos lo hicieron una vez y se arrepintieron. Otros se cebaron en el drama. Y los hay que aprovecharon la ausencia del líder para pastar en otros estilos.

Es difícil determinar cuándo comenzó este cruce de sonidos. La influencia del éxito del AOR, la explosión disco y la irrupción de la new wave puso de moda los sonidos sintetizados a finales de los setenta y comienzo de los ochenta. El auge del videoclip dio cada vez más importancia a la imagen. Las mejoras técnicas, con mesas de grabación más complejas y el acceso a secuenciadores y efectos cada vez más diversos, tuvieron mucho que ver también, así como el hecho de que grupos con trayectoria hard rock como Rainbow o Rush se atrevieran a experimentar con éxito sintetizadores, teclados y coros comerciales animó a las compañías a invertir en sus viejas nuevas glorias.

Sin embargo, lejos de despreciar esta colección de discos, venimos a defenderlos. Algunos están entre nuestros favoritos. Y son mejores que otros muy aclamados, más heavies, más aguerridos, más virtuosos. Azúcar metalero, heavy poppy. Allá vamos con nuestra pequeña selección de discos de bandas hard&heavy (más o menos) metidos en el sintetizador, la sobreproducción o, directamente, en el bote de laca.

Rush – Moving pictures – 1981

Quizá uno de los primeros en lograr un éxito viniendo del hard rock en este nuevo mundo del sinth-metal. Los canadienses, que ya habían comenzado la década simplificando su propuesta en Permanent waves, ahondaron más aún en este casi perfecto álbum. Los teclados, la percusión y ese sonido característico destacan en Tom Sawyer, The camera eye o Limelight, por ejemplo. El éxito de ventas (más de cuatro millones de copias en Estados Unidos) animó a la banda a continuar experimentando esta senda y a las majors del negocio a intentar emularles.

Z Z Top – Eliminator – 1983

A estos se les fue la mano con los sintetizadores, las piernas largas y la sobreproducción de estudio. Claro, que consiguieron vender más de diez millones de copias y, así, cualquiera no repite. Y dos años después se plagiaron, con menos fortuna y menos calidad, en Afterburner. Cinco singles, con Gimme all your lovin quedando como himno de época, o ese vídeo sonrojante para promocionar Legs. Los barbudos dieron lo mejor de sí, a pesar de ellos, y salieron victoriosos. Cuidado con I need you tonight, synthblues eighties.

Saxon – Destiny – 1988

Lo de Saxon comenzó, principalmente, con el cambio de compañía discográfica. Ya desde Innocent is no excuse (1985) dieron muestras de “debilidad” aunque mantuvieron la tensión (un poco) en Rock the nation (1986). Y se lanzaron al vacío. Destiny está lleno de azúcar, desde la versión de Christopher Cross (Ride like the wind), el protagonismo de los teclados en Song for Emma y Calm before the storm o la melodísima I can’t wait anymore. Adiós motos británicas, hola descapotables de California.

Ozzy Osbourne – The ultimate sin – 1986

Al Madman se le fue la mano con la laca y aparece en fotos y vídeos de disco y gira a guisa de ama de casa fumada. La producción de Ron Nevison resultó clave para el sonido final junto con esa mezcla un tanto plana donde destacaba la voz (demasiado melódica) de Ozzy. El mayor éxito, Shot in the dark, lo proporcionó un “externo” del que hablamos ya por aquí, Phil Soussan. Sin su contribución esto hubiera vendido bien poco. La guitarra de Jake E. Lee no vuela, está encorsetada y la esconden tras los teclados y la batería en ocasiones. Canciones como Killer of giants, la propia The ultimate sin o Thank God for the bomb sirvan de ejemplo.

Dio – Sacred heart – 1985

Quizá de los mejores de esta selección, Dio pasó de esconder a su teclista a un lado del escenario a darle protagonismo, de roncar himnos míticos a melodear historias para todos los públicos. Consiguió cierto equilibrio con sus obras anteriores en truenos enmascarados con el sonido moderno: Rock’n’roll children o Hungry for heaven, incluso la misma Sacred heart; pero la fórmula no da más de sí en Shoot shoot o Like a beat of a heart. Una pena que el último álbum con Vivian Campbell no le dejara brillar como en anteriores entregas.

Judas Priest – Turbo – 1986

Después del éxito de Defenders of the faith (1984) se enmarcaron en el megaproyecto: un álbum doble con teclados, baterías sintéticas y guitarras sonando juntas sobre historias de amor, sexo y corazones solitarios. La compañía les cortó las alas y editó uno de sus discos más vendidos y aclamados, a pesar del cambio de look, no solo musical, si no también estético. La portada, las fotos de promoción. La dimensión del cambio se aprecia desde la inicial Turbo lover, la comercial Private property, con su riff y su coro de estadio, el hard rock previsible de Rock you all around the world o la cama de teclados de Out in the cold. Quedan momentos de antaño como la rabia de Reckless.

Iron Maiden – Somewhere in time – 1986

La fiebre alcanzó a una banda llena-estadios como Iron Maiden en mitad de los ochenta. El líder supremo, Steve Harris, entendió que necesitaban otro estilo, otro aire, y arrimó los sintetizadores y los trucos sonoros de estudio a sus huestes. El resultado, algo desigual, nos regaló momentos casi bíblicos, como Heaven can wait, Sea of madness o Wasted years, junto a otros algo más duros. La banda, a pesar del cambio, supo mantener la esencia, el estilo, además de adornarse con una imagen futurista que justificaba, en cierto modo, el cambio (ese Eddie cyborg). Los sintetizadores acabaron quedándose en el siguiente Seventh son of a seventh son (1988).

Van Halen – 5150 –  1986

Ya hablamos de este álbum por aquí. Eddie llevaba unos años dirigiendo su propuesta musical hacia sonidos más “comerciales”, con grupos como Foreigner o Journey en su ideario. Los teclados y las melodías cobraban cada vez más protagonismo y el éxito de Jump con sus teclados míticos le acabó de convencer. La fuga de David Lee Roth fue la consecuencia o la razón para acabar produciendo un álbum como 5150. Baladas poderosas (Why can’t this be love, Love walks in), mucho teclado y armonía amable (Dreams) y alguna licencia roquera (Best of both worlds). El tercer álbum más vendido de Van Halen (casi ocho milloncejos despachados).

Y&T – Down for the count – 1985

Después de intentarlo con diferentes productores de éxito en el metal y el hard rock, como Chris Tsangarides (Mean streak) y Tom Allom (In rock we trust), los de Meniketti se dejaron invadir por la producción fácil, los sintetizadores, las letras tontas y los coros overdubs. Esta vez tampoco tuvieron suerte. Incluso tiraron de versiones, todos quería ser Quiet Riot: All american boy y You’re mama don’t dance como gancho de un disco que apenas alcanzó a vender lo que sus hermanos anteriores. El productor elegido, que hizo multiplatino a REO Speedwagon, fue un habitual de este sonido (Saxon, MSG, Keel). Curiosamente la balada Hands of time resulta excelente en el ideario de Y&T, como la inicial In the name of rock o (salvemos la letra) Don’t tell me what to wear. Lo dicen ellos mismos: Anything for money.

Sirva esta pequeña selección de muestra. Hay más. Se extendió a lo largo de toda la década. Podríamos nombrar a Accept (Eat the heat) aunque fuera solo por esa portada hiperlaqueada, a Uriah Heep y su Head first, a Blackfoot y su Vertical smile, Alice Cooper con su retorno mainstream de la mano de Desmond Child enThrash, o la conversión de KISS desde el heavy de Lick it up hasta el azúcar de Crazy nights. Al final, fueron las bandas jóvenes, nacidas al calor del heavy de principios de década mezclado con los sonidos más sintetizados y las letras hedonistas, las que se hicieron la segunda mitad de década con la MTV y el mercado: Mötley Crüe, Bon Jovi, Poison, Cinderella, Warrant y tantos otros.

Una gozada. Un infierno. Tú decides.

La máquina del tiempo 1982: una Historia del Rock a través de sus canciones.

La máquina del tiempo: 40 años de rock.1982 d

Una memoria de canciones publicadas entre la muerte del rey blanco del rock, Elvis Presley, en 1977, y la del rey negro del rock, Chuck Berry, en 2017.

1982

 El año 1982 vimos el estreno de ET, Tootsie y Blade Runner, el comienzo de series míticas como Cheers, El coche fantástico (Knight rider) o Enredos de familia (Family Ties) y un buen puñado de música. En cierto modo fue un año de transición en los gustos mayoritarios y en el negocio musical. Respecto al negocio, el videoclip se adueña de la mercadotecnia, empujado por genios como Michael Jackson. En cuanto a las ventas, la mezcla de estilos copa las listas. En singles, se llevó la palma Survivor con Eye of the tiger (de la película Rocky III), seguido por el rock comercial de Joan Jett & the Blackhearts (I love rock and roll), el pop new wave de The human league (Don’t you want me) y el pop más clásico de Paul McCartney a dúo con Steve Wonder (Ebony & Evory). En cuanto a álbumes, a pesar de aparecer muy avanzado el año, Michael Jackson comenzó a batir records con Thriller (el año que viene aparecerá en singles, ya veréis), Men at Work (Business as usual), Paul McCartney de nuevo (Tug of war) y Toto (IV) coparon lo más alto, con algunos de nuestros favoritos cerca: el debut de Asia y el Love over gold de Dire Straits. Y, por curiosidad, los Grammy roqueros ese año recayeron en Pat Benatar, Rick Springfield y The Police.

La NWOBHM alcanza su apogeo y, de seguido, comienza su hundimiento: muerte por éxito. El álbum más vendido en el heavy metal ese año es el clásico The number of the beast de Iron Maiden, con su nuevo vocalista Bruce Dickinson. Ese éxito se une al single You’ve got another thing coming de Judas Priest en Estados Unidos, su mayor éxito. Los sonidos rudos, las dobles guitarras, los estribillos acerados se escuchan en las radios de medio mundo junto a las estrellas del pop y el r&b, animando a una nueva generación de jóvenes a subirse a los escenarios y acostumbrando al oído yanqui a lo que vendrá a partir del próximo año.

Otra banda clave en el futuro del metal publica uno de los imprescindibles: Venom y su Black metal dará el pistoletazo de salida a toda una saga de salvajes que dieron un paso más allá en la evolución del género. Accept editaron su obra maestra Restless and wild, Motörhead su último con el trío clásico (Kilmister, Clarke y Taylor) y dos directos imprescindibles asombran al mundo: Live evil de Black Sabbath y The Eagle has landed de Saxon. Los maquillados Kiss se volvieron heavies para su último disco maquillados (Creatures of the night) y Whitesnake comenzaron a demostrar sus posibilidades comerciales en el mercado yanque con Saint & sinners. Por todo esto, el ruido de las guadañas metaleras siega cualquier duda sobre su futuro.

El AOR también goza de una salud envidiable. Obras maestras de Toto (IV), con canciones emblemáticas como Africa o Rossana,  y el debut de Asia, con Heat of the moment o Sole survivor, copando las listas y llenando escenarios junto a los coletazos del IV de Foreigner (Break it up) o los habituales REO Speedwagon (Keep the fire burning) y Chicago (Hard to say I’m sorry).

En cuanto a los debut, encontramos  a  Manowar (Battle Hymns), Twisted Sister (Under the blade), Misfits, con su propuesta inclasificable de punk y metal (Walk among us) o Night Rangers (Dawn patrol). Se nos fueron John Belushi, Randy Rhoads y el mecenas Neil Bogart. Led Zeppelin se despidieron del mundo creativo con su final Coda.

Algunos clásicos, mucho ajetreo, ruido y los escenarios y las radios de medio mundo rendidas a las guitarras veloces. Lo mejor está aún por llegar. Por cierto, este año se editó una de mis canciones favoritas, el Forever de Y&T.

Por aquí os dejamos la playlist que ha quedado muy variadita esta vez.

 

 

 

La máquina del tiempo 1981: una Historia del Rock a través de sus canciones.

 La máquina del tiempo: 40 años de rock.

Una memoria de canciones publicadas entre la muerte del rey blanco del rock, Elvis Presley, en 1977, y la del rey negro del rock, Chuck Berry, en 2017.

1981

Las listas de ventas a ambos lados del Atlántico nos dejan una curiosidad. Mientras en singles seguía primando el pop, la canción melódica y otros estilos ajenos a nuestro rollo, en las listas de ventas de discos los chicos malos comienzan a tomar el poder. En Estados Unidos alcanzaron el número uno Hi-Infidelity (REO Speedwagon), Paradise Theater (Styx), Escape (Journey) o For those about to rock (AC/DC). En el Reino Unido suben a lo más alto No sleep ‘til Hammersmith (Motorhead), Dead ringer (Meat Loaf) o el Greatest hits de Queen. Junto a ellos, Pat Benatar, The Rolling Stones y The Police. Las canciones más populares fueron Bette Davis eyes de Kim Carnes, Tainted love de Soft cell y el tema de Phil Collins In the air tonight. Pat Benatar, Billy Joel, Bob Seger y The Police se repartieron los Grammy roqueros.

Un segundo dato importante. La MTV comienza sus emisiones en agosto. Aunque aún no lo sabían, comenzaba una nueva era en el negocio musical. Adiós a los setenta, bienvenidos los ochenta. La MTV se lanzó a cuchillo con la New Wave (que se pondrá de moda en los próximos meses), antes de hacerlo con el hip-hop y, a mitad de década, el hard rock y el hair metal. Esas historias ya las contaremos.

Algunas estrellas de la década anterior hicieron su aparición con fuerza. El retorno de rock 81 1981 TC280Genesis, The Rolling Stones (con, quizá, su último álbum grande), Rush comenzando su ascenso al Olimpo Billboard con Movin pictures, The Who (ya sin Keith Moon), Tom Petty (con el enorme Hard promises) o Journey ocuparon muchas horas de radiofórmula. Tuvieron que competir con jovenzuelos buscando reafirmarse, futuros clásicos como  Mötley Crüe o U2.

La NWOBHM siguió dando guerra y creciendo, sobre todo en Europa, pero poco a poco impregnando el sonido del hard y el heavy yanqui. Así, destacan los discos de Iron Maiden (Killers), Tygers of Pan Tang (Spellbound), Saxon (Denim and leather) y Praying Mantis (Time tells no lies). Siguiendo con el lado más duro, Venom alumbraron Welcome to hell y Raven su All systems go! La particular guerra entre Black Sabbath (con Dio) y Ozzy nos regaló dos discazos; los primeros con Mob rules y el segundo con Diary of a madman. Rainbow propuso su ¿comercial? Difficult to cure, Gillan se despachó Future shock, Van Halen su Fair warning y UFO lo intentó con The wild, the willing and the innocent mientras Michael Schenker sacaba su segundo largo a las órdenes de Ron Nevison. En cuanto a los directos, se lleva la palma Motorhead y su No sleep ‘til Hammersmith. En el Monster of Rock de aquel año tocaron AC/DC, Whitesnake, Blue Öyster Cult, Slade, Blackfoot y More.

Quizá no fue un año inolvidable pero hay una buena colección de canciones. Aquí os dejo mi personal lista de singles, canciones y temas escondidos. Dale al play y disfruta.

La máquina del tiempo 1980: una Historia del rock a través de sus canciones.

 La máquina del tiempo: 40 años de rock.

descarga Una memoria de canciones publicadas entre la muerte del rey blanco del rock, Elvis Presley, en 1977, y la del rey negro del rock, Chuck Berry, en 2017.

1980

Con el cambio de década, las listas de ventas dejan de estar dominadas por un único estilo, desaparecen los singles disco, se aúpan el pop en sus diferentes variantes (Barbra Streisand con Woman in love, Michael Jackson con Rock with you, Blondie con Call me o Diana Ross con Upside down), mucho revival funky y algunas grandes canciones de nuestro rollo: Pink Floyd con Another brick in the wall, par II, Queen con Crazy Little thing called love o Billy Joel con It’s still rock and roll to me. El single más vendido en el Reino Unido fue Don’t stand so close to me de The Police y en los USA Lady de Kenny Rogers, junto al tema de Pink Floyd.

En cuanto a la venta de álbumes, ahí el rock se lleva la palma. Se cuelan en los más vendidos del año: AC/DC con Back in black, Pink Floyd con The wall (número 1 casi tres meses), Bruce Springsteen con The river, Queen con The game, Genesis con Duke, Rush con Permanent waves, The Pretenders con su debut en lo más alto, Dire Straits con Making movies, Steve Winwood con Arc of the dive o The Rolling Stones con Emotional rescue.

images (1)Este cambio del mercado musical acaba derivando en una mayor atención a sonidos más roqueros. No en vano, 1980 se considera el nacimiento del movimiento heavy metal, sobre todo con la nueva ola de talentos británicos, que se denominó NWOBHM. Las diferentes bandas de hard&heavy que llevaban años por los circuitos sin apenas recibir atención comienzan a fichar por discográficas y a editar álbumes con cierta resonancia. Las grandes compañías invierten en ellas, las ponen en primera línea y aupadas por la incertidumbre económica y el desencanto social del país resuenan en el Reino Unido, dan el salto a las listas de ventas y a los conciertos mayoritarios por toda Europa. Iron Maiden con su disco homónimo alcanza el número 4 y Saxon con Wheels of Steel el número 5, y sus correspondientes singles el Top 10. Otros grupos como Def Leppard, Angel Witch o Girlschool también consiguen gran repercusión y se embarcan en giras populares.

A este rugido juvenil se suman bandas que ya llevaban años dando guerra, como Judas Priest (British Steel), Scorpions (Animal magnetism), Whitesnake (Ready’n’willing) o Motorhead (Ace of spade). En el mismo saco caen grupos o artistas reconvertidos o comenzando nuevas aventuras, como Black Sabbath con Dio a la voz (Heaven and hell), Michael Schenker con su debut en solitario (MSG) o Ian Gillan y Ozzy Osbourne, abrazados a una segunda juventud heavy.

Y como no hay diversión sin fiesta, en 1980 se celebró oficialmente el primerimages (2)  Monsters of Rock, mito del renacer heavy y de los conciertos multitudinarios en los años siguientes. El primer line-up, el 16 de agosto: Rainbow, Judas Priest, Scorpions, April Wine, Saxon, Riot, Touch.

El dato más negativo, la muerte de tres mitos: Bon Scott, John Lennon y John Bonham (que acabó con Led Zeppelin).

Para terminar, por aquí os dejo mi pequeña selección de lo mejor y lo peor de canciones y singles del año 1980. Ha quedado un poco heavy.

Hasta el año que viene.

 

 

La máquina del tiempo 1979: una Historia del rock a través de sus canciones.

La máquina del tiempo: 40 años de rock.

Una memoria de canciones publicadas entre la muerte del rey blanco del rock, Elvis Presley, en 1977, y la del rey negro del rock, Chuck Berry, en 2017.
1979

El año 1979 comenzó como terminó el anterior, con el reinado del sonido disco en las listas de venta. En los primeros seis meses triunfaron Blondie con Heart of glass, Gloria Gaynor con I will survive, Donna Summer con Hot Stuff y los Bee Gees con su álbum “Spirits having flown” (tres singles al número uno yanqui). Otros artistas que vendieron bien imitaron o asimilaron el sonido disco a su estilo, como Rod Stewart con Da ya think (I’m sexy) o Kiss con I was made for lovin you (su último top 20 hasta 1989).

Sin embargo, el sonido disco explotaría de éxito en la segunda mitad del año hasta el punto de ir reduciendo significativamente su presencia en las listas de los siguientes meses. Por fin algunas canciones roqueras asomaron en las listas de ventas, como Styx (Babe), The Eagles (Heartache tonight) o The Knak (My Sharona). En diversas radios comenzaron a ponerse de moda formatos que contraprogramaban música alternativa, como el pionero Anti Disco Radio.

Ocurrieron, además, dos acontecimientos que cambiarían el modo de consumir música los años siguientes. En agosto Sony puso a la venta el primer Walkman. A finales de año el videoclip comienza a cobrar entidad propia como expresión artística apoyando el éxito de The Buggles con Video killed the radio star y Michael Jackson con Don’t stop til you get enough. El negocio de los siguientes años comenzaría a hacerse portable, con el formato casé, y a fomentar la imagen tanto como el sonido de los grupos.

Algunas de las bandas que triunfarán en ese nuevo mundo debutaron este año, como The Cure, Accept, Saxon, Def Leppard y Iron Maiden (estos últimos con sendos EPs).

Respecto a lo concerniente a nuestro rollo, fue un gran año en ediciones, que no tanto en ventas, con una revolución heavy en proyección y un tufazo a rock delicioso. El premio gordo se lo lleva Motorhead con la edición doble de “Overkill” a principio y “Bomber” al final. También se editó otro icono metalero: el directo de Judas Priest “Unleashed in the East”. Ambas obras fueron la base de la gran revolución que comenzará en Inglaterra el próximo año (pero esa es otra Historia). Por continuar con los directos: Queen “Live killers”, UFO “Strangers in the night”, Cheap Treack “At Budokan”, Neil Young “Live rust”, Ramones “It’s alive”. Casi nada la colección.

Pero en estudio también nos encontramos delicatesen de peso. Led Zeppelin con “In through the outdoor”, Tom Petty con “Damn the torpedoes”, Pink Floyd con el monumental “The wall”, Rainbow y su imprescindible “Down to Earth”, The Clash con “London calling”, Dire Straits con “Communiqué”, Supertramp con otro imprescindible “Breakfast in America”. Hay más pero con esto nos hacemos una idea del tremendo año roquero.

En fin, por aquí os dejo mi pequeña selección de lo mejor y lo peor de canciones y singles del año 1979. Ha quedado impresionante.

Hasta el año que viene.

La máquina del tiempo 1977: una Historia del rock a través de sus canciones.

La máquina del tiempo: 40 años de rock.

Una memoria de canciones publicadas entre la muerte del rey blanco del rock, Elvis Presley, en 1977, y la del rey negro del rock, Chuck Berry, en 2017.

1977

 

El año 1977 fue de Dancing Queen de Abba y Hotel California de The Eagles, las dos canciones más vendidas y escuchadas a ambos lados del océano Atlántico. Junto a ellas famosos números uno como Tonight’s the night (Rod Stewart), Dreams (Fleetwood Mac) o I feel love (Donna Summer). ¿Quién no ha movido el culo con Boney M y su Ma Baker o el Rockin’ all over the world de Status Quo? El propio Elvis Presley alcanzó el top en el Reino Unido con Way down. Los Grammy premiaron sobre todo a Stevie Wonder y su álbum Songs in the key of life y dieron el Best Pop Performance al tema If you leave me now de Chicago.

Aunque el año 1977 será recordado por la emergente ola punk que acabó estallando en la costa este de Estados Unidos y en pleno Londres con discos de grupos hoy míticos como The Clash, Television, The Sex Pistols o los propios The Ramones con su Rocket to Russia. Asistimos al debut de Elvis Costello y Talking Heads y a los primeros coletazos en forma de conciertos de futuras estrellas: Dire Straits, The Police o Toto. Y nos dijeron adiós el rey blanco, Elvis Presley, un tal Marc Bolan y la mitad de Lynnyrd Skynnyrd tras un accidente de aviación. Y fuera de la música, perdimos a dos de los últimos genios del humor: Groucho Marx y Charlie Chaplin. Por cierto, nacieron Joe Bonamassa, Kenny Wayne Shepherd… y Shakira.

Si nos centramos exclusivamente a nuestro rollo roquero y repasamos la lista de canciones podemos adivinar que el hard rock y los sonidos duros no pasaban por momentos especialmente populares. Eso no significa que 1977 no nos diera clásicos. Además de Fleetwood Mac y The Eagles encontramos canciones de UFO (Lights Out), Queen (Somebody to love), Rush (Cinderella Man), AC/DC (Let there be rock) o Judas Priest (Diamonds & rust).

Por cierto, en enero de este año la venta de casetes igualó por primera vez a la de vinilos.

Como resumen y colofón de toda esta parrafada, aquí os dejo mi pequeña selección de canciones, singles y coplas editadas y escuchadas a lo largo de 1977.

Hasta el año que viene…

 

 

Hot Tuna – America’s choice – 1975

Hot Tuna

Corría caluroso el verano de 1974 cuando Jorma Kaukonen (voz y guitarra), su colega Jack Casady (bajista), compañero en Jefferson Airplain, y el batería Bob Steeler se metieron en los estudios Wally Heider de San Francisco con el ingeniero Mallory Earl y parieron esta mezcla de blues y hard rock loco. Ocho temas (siete compuestos por Kaukonen más una versión de Robert Johnson) en los que la guitarra te va a destripar las orejas con sus riffs alocados, llenos de fuzz y wah-wah, y la sección rítmica te va a poner a dar botes: Casady maneja musculosos patrones armónicos que juegan y refuerzan la guitarra mientras Steeler machaca los parches en perfecto equilibrio rellenando los espacios con estilo bronco. Todo el álbum se desarrolla en largos pasajes instrumentales que serían alargados más aún en directo con estupendas jams.

Como ejemplo, en la inicial Sleep song escuchamos tres guitarras superpuestas, una acústica en primer plano, una rítmica en segundo y la guitarra solista por encima: ahí está la magia de estos tipos, saber enrollar de manera compleja sus ideas musicales creando temas directos con mucho feeling. Funky #7 trae calor y un tufo a garito con otro estupendo riff y una de las mejores baterías del disco; atención al wah-wah del solo. La versión de Johnson Walkin’ blues se llena de distorsión y suena diferente. Jorman no es para nada un buen cantante, pero en Invitation se suelta con una melodía muy buena y bien sostenida. El tema, de casi siete minutos, redunda en la alternancia de pasajes rítmicos cambiantes y solos, con una larga jam al final.

De engañoso título, Hit single #1 maneja otro patrón de batería soberbio y una guitarra distorsionada con Jorman esforzándose por estar a la altura vocal con cierto éxito. Sin duda, uno de mis favoritos, un poco loco, un poco sucio. Cambia el tempo y el estilo con Serpent of dreams, con un aire psicodélico y un sonido acolchado sobre un sueño ácido, lo más parecido a una balada que hay en el disco, incluida su paranoia central. Creo que la mejor interpretación de Casidy se escucha en I don’t wanna go, tanto por la progresión como por la entrega y el ataque del instrumento, compartiendo el protagonismo con Steeler en una canción con un groove bestial. También destaca un riff wah-wah que marca la canción de principio a fin y, sorpresa, un estribillo comercial (o casi). La final Great divide: revisited mantiene ese wah-wah y revuelve las ideas musicales que hemos ido gozando en las canciones anteriores, con un mix sonoro de guitarras que vienen y van, y un puente-estribillo realmente sorprendente.
El concepto de la portada no deja de ser curioso. Asemeja un paquete de detergente. En un lateral se advierte: este álbum debe escucharse al máximo volumen para un efecto completo. En otro lateral aparecen los músicos como componentes activos. Se le ocurrió y la desarrolló Frank Mulvey.
America’s Choice inauguró una trilogía mágica de hard rock blues en Hot Tuna, junto a Yellow fever (1975) y Hoppkorv (1976). La banda permaneció en activo hasta 1979. Volvieron a juntarse a mediados de los ochenta y se mantuvieron activos durante buena parte de los noventa. Hace unos años volvieron con disco de estudio, el recomendable Steady as she goes (2011) y próximamente estarán de gira.