La intensidad con la que 2019 se llena de estrenos es asombrosa. No da tiempo a escuchar y asimilar todas las novedades. Como, además, somos de carácter perezoso, van pasando por delante tantos como van quedando. Igual no son los mejores, quién sabe, pero son algunos que han sonado reiteradamente por nuestras orejas y han demostrado caber en nuestro buen gusto. En esta ocasión venimos muy metidos en el blues y en el hard rock seventies. Por aquí os dejamos una selección de la música que más nos ha gustado estas últimas semanas.

Dale al play…

Kris Pohlmann – Feel like going home

Si disfrutas con gentuza como Gary Moore, Rory Gallagher o los Status Quo setenteros no dejes de prestar tu oreja a este tipo. Buen guitarrista, voz rasgada pero no carente de técnica y melodía, composiciones muy acertadas y sinceras sobre su vida en la calle (fue un sin hogar una temporada) y su crecimiento como artista. A destacar las más contundentes: Not your only one, So damn easy, Worried mind (la más setentera), Close to you baby (con su sección de vientos) o Love won’t last. El resto de los cortes se mueven en el blues más clásico, con toques roqueros y hermosos solos, tales como Upside down (de lo mejor), Revelations o Volatile skies. Un puntazo del género hoy en día.

Los DelTonos – Fuego

Hay grupos que van ganando adeptos con los años a base de mantener una sólida carrera tanto en estudio como en directo. Y así Los DelTonos llegan a este Fuego (el número catorce de su catálogo) con su innegable líder Hendrik Röver a la cabeza. Y es una gozada sentir el poder de la creación, la necesidad de decir cosas siempre en la boca y las manos de artistas con talento. Trece canciones nombradas con una sola palabra que se mueven entre el rock “de raíces” (léase aquí Led Zeppelin, ZZ Top, Aerosmith, Lynnyrd Skynnyrd, lo que queráis), un toque de funk (Limpio) y un poco de lo que “me da la gana”, como ese rollo Josele (Los Enemigos) en Sinceramente. Crítica abrasiva en Águilas (esa derecha viejuna), Vergüenza (políticos ladrones) o Majestad (monarquía chupasangre); reflexiones vitales en Doctor, Fuego, Correcto (“es lo que había que hacer”) o Rutina. Una escucha obligada.

Brian Barnhouse – Sign of life

Un tipo curioso. Lo intentó en los noventa con poco éxito y se dedicó a trabajar como músico de sesión y compositor hasta que hace pocos años comenzó una discreta carrera en solitario. Hace unos meses editó esta maravilla de AOR/Hard Rock melódico lleno de texturas y matices adorables. Una voz con semejanzas a Darren Warton y Jeff Porcaro, que sabe moverse entre los sonidos más elaborados de One in a million o Best for you y los más sencillos y directos de Your song o All is fair. Una gozada ese ramalazo Brian Adams (el bueno) en Wrapped up with you o a los propios Toto en Sign of life. Un álbum a destiempo.

Rival Sons – Feral roots

Siempre me sorprende cómo algunas bandas de larga trayectoria solo consiguen dar con la tecla en contadas ocasiones. Rival Sons han fluctuado alrededor de esa diana en sus últimos discos, siempre con calidad, aunque quizá faltos de ese puntito de genialidad. Por fin, en este Feral roots, se caen en la marmita de la inspiración y presentan un álbum redondo (a pesar de alguna experiencia extraña). El mejor desde Pressure and Time. Guitarreos de calidad y grandes melodías vocales: Do you worst, Stood by me, Back in the Woods, Look away o la impresionante Too bad (esto sería un clásico de otra época). Y lo que marca la gran diferencia: los ruidos acústicos, el folk, el góspel, los coros majestuosos de Feral roots, Imperial joy, All directions o la final y genial Shooting star. Qué buenos.

Dilemma – Random acts of liberation

Una banda comandada por el batería (Collin Leijenaar) y el teclista (Robin Z) ya apunta a un sonido distinto. Si añades un buen cantante (Dec Burke) y un guitarrista técnico y melódico a la par (Paul Crezee) el conjunto seguro que no defrauda. Random acts of libertion tiene un espíritu positivo que nada en el rock progresivo pero con toques muy pop en las melodías y preocupación por lograr la atención del público con buenos estribillos. Canciones muy sólidas, rock de guitarras y teclados: The space between the waves, Pseudocomaphobia (y su toque Queen) o Play with sand. Elegancia rock en The inner darkness, All that matters, Prodigal son (cierto toque eighties) y Openly. Para echar el rato con una buena copa en la mano.

Inglorious – Ride to nowhere

Tercer largo de estos británicos mandados por la voz Nathan James. Potente hard rock con Coverdale y Bonnet como referencias inmediatas, bien elaborado, buena producción y esas guitarras que tanto nos gustan. En principio, nada nuevo bajo el sol, pero, en la práctica , una colección de sonidos, canciones, guiños llenos de rabia, de ímpetu, de dedicación. Una gozada escuchar Freak show, Tomorrow, Never alone, Time to go o Where are you now? Juegan con el espíritu Bettencourt (Extreme) en Queen, el toque Van Halen en Liar o la balada íntima en Glory days. Para quienes desean perpetuar el espíritu del hard rock auténtico.