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¡Intruso! Cantantes de paso en grandes bandas del rock.


Micrófono

Cantantes de paso en grandes bandas del rock.

En el devenir histórico de las bandas suceden a veces actos curiosos, cómo no, y en especial si la historia del grupo se alarga en el tiempo. En este caso, vamos a dar protagonismo a cantantes más o menos famosos que pasaron por grupos conocidos para no volver. Grabaron un disco, quizá aguantaron la gira posterior y adiós muy buenas. La mayoría de estos álbumes se quedan como una rareza en la discografía y, en el mejor de los casos, un buen recuerdo para los fans. Ejemplos hay muchos. Nosotros nos quedamos con estos.

Ian Gillan – Black Sabbath – Born again – 1983

Al principio iba a ser un proyecto en solitario de Tony Iommi con el ex-cantante de Deep Purple, Ian Gillan, pero motivos contractuales y el dinero llevaron a desarrollarlo como un álbum de Black Sabbath. La verdad, vendió muy bien, alcanzando el número 4 en el Reino Unido. El disco contiene buenas canciones como Zero the hero, la propia Born again o Trashed. Tras una breve gira, Gillan volvió a reunirse con sus antiguos camaradas de Deep Purple y la historia no tuvo continuidad. Por cierto, el último disco en que grabó Bill Ward.

Graham Bonnet – The Michael Schenker Group – Assault attack – 1982

El paso de Graham Bonnet por la banda de Michael Schenker fue tan breve que apenas grabaron el álbum y tocaron juntos en medio concierto: en un bolo de calentamiento para el festival de Reading el alemán se cabreó con el cantante y le mandó al paro. Bonnet entró en el grupo recomendado por el batería Cozy Powell, compañeros ambos en la breve estancia de Graham en Rainbow. El batería salió por patas incluso antes de la grabación, que ya resultó problemática, en el Château d’Hérouvelle, en Francia, pues hasta tuvieron que mudarse a Munich para grabar las voces. Total, que el álbum, con otra magistral producción de Martin Birch, salió a la venta con su cantante despedido. Un caso curioso. A destacar temas como Dancer, Rock you to the ground o Assault attack.

Joe Lynn Turner – Deep Pruple – Slaves and masters – 1990

En la historia de Deep Purple el vaivén de voceras ha sido interesante, sobre todo porque ha contado con varios ciertamente carismáticos. La polémica elección “a dedo” de Joe Lynn Turner, imposición de Richie Blackmore, como  sustituto de Ian Gillan (otra vez por aquí) dio lugar a un álbum que encaja más en la discografía de Rainbow, y en donde podemos escuchar buenos temas: King of dreams, Fortuneteller o Love conquers all. No vendió, recibió malas críticas y la tensión en el seno del grupo llevó a Turner a recibir la patada.

 

Gary Cherone – Van Halen – Van Halen III – 1998

La verdad, todo en este álbum suena a catástrofe. Las canciones, la producción, el cantante y ¡hasta el propio Eddie parece un imitador! Pasaba por malos momentos personales el genial guitarrista y eso lastró al grupo. No podemos echar toda la culpa a Cherone, que tampoco lo hace mal, le pone ilusión y recibió muy buenas críticas durante la gira. Pero no vendió y Van Halen se acabó durante muchos años. Pueden rescatarse algunos momentos, como From afar o Fire in a hole. Sin duda, el peor álbum de este post.

 

Jon Corabi – Mötley Crüe – Mötley Crüe – 1994

Tras cuatro años sin grabar, tras haber subido a lo más alto de las listas de éxitos con Dr. Feelgood, tras sobrepasarse en excesos y reingresos en centros de desintoxicación, Vince Neil fue despedido. Nikki Sixx y Tommy Lee buscaron un cantante de registro más acorde a los tiempos, que supiera tocar la guitarra y componer, y que no discutiera a la hora de repartir los royalties (acababan de firmar un contrato por 25 millones con Elektra). El elegido fue Jon Corabi, de unos desconocidos The Scream. El cuarteto tardó diez meses en recoger las canciones que conformaron el álbum de título homónimo a la banda, el sexto, que debutó en el puesto 7 de ventas pero cayó muy rápido en las listas. El cambio de gustos y la falta de promoción por parte de muchos medios, en especial la MTV, relegó este estupendo trabajo al cajón de los desechos. Canciones a recuperar como Power to the music, Uncle Jack, Misunderstood o ‘Til death do as part.

 

Yngwie J. Malmsteen – Odyssey – 1988

Malmsteen - Odyssey

Yngwie J. Malmsteen – Odyssey – 1988

Lo curioso de este álbum es que ninguno de sus protagonistas siente apego por él. Joe Lynn Turner, cantante, ni siquiera lo lista en su página web (compruébalo aquí), mientras que Malmsteen (guitarrista arpegístico) siempre lo ha tratado como su disco pop o comercial, como si se hubiera traicionado a sí mismo.  Pero lo cierto es que la mezcla funcionó bien.

Malmsteen había sacado tres discos anteriormente: el primero prácticamente instrumental (Rising force), el segundo, con algunos Malmsteen - guitarras temas cantados de nivel (Marching out) y el tercero (Trilogy) ya mezclando ambas dimensiones con gran calidad. Llegados a este punto, el sueco necesitaba dar el pelotazo y otro cantante. Turner andaba tieso tras el parón de Rainbow y no se lo pensaron mucho.

Por un lado, Malmsteen supo rebajar su protagonismo (un poco) para dejar que los temas fluyeran de una manera más comercial (más radiable, vamos), con coros, overdubs y, en definitiva, una producción más populosa. El resultado, una mezcla de guitarra neoclásica, deudora de Blackmore, y una voz aguda y melódica que tiene grandes Malmsteen - Turnermomentos. La producción, limpia, destaca de igual manera voz y guitarra pero dando su hueco al resto de instrumentos cuando la canción lo requiere, en especial a los teclados. La producción la realizaron a la par Malmsteen y Jeff Glixman. La mezcla corrió a cargo de Steve Thompson y Mike Barbiero y eso se nota.

Yngwie toca todas las guitarras y el bajo en la mayoría de las canciones. En el resto, se recrea el tremendo Bob Daisley. La batería para Anders Johansson y el teclado para su hermano Jens. A la voz, el ya mencionado Joe Lynn Turner.

La cosa empieza con Rising force, pequeña intro, riff de guitarra y una épica in crescendo con un fraseo tremendo y un estribillo cuasiperfecto.

Yngwie Malmsteen – Rising force

Sigue Hold on, un delicioso tema de tempo más recogido con una estructura que se repite a lo largo del álbum: la guitarra de Malmsteen presenta la figura principal, casi siempre repetida por la voz en el estribillo, y el tema entra a saco. Línea de bajo a cargo de Daisley muy acertada igual que el apoyo de teclados. Disfruto con la guitarra a lo largo de todo el tema y cómo se mezcla con la melodía vocal.  Tremendo solo.

La tercera fue el pelotazo comercial, pegadizas armonías y un tufo hard rock que cala los huesos. Tal vez un poco sobreproducido, pero en fin, eran los ochenta. Amigos y amigas del rock, Heaven tonight.

Yngwie Malmsteen – Heaven tonight

La balada Dreaming (tell me) nos devuelve al Malmsteen clásico. Turner se pliega ahora a una melodía algo más elaborada. La guitarra y los teclados comparten protagonismo.

El primer instrumental aparece aquí. Odyssey contiene tres: dos cortitos, apenas un minuto largo, Bite the bullet y Memories, que cierra el disco, y Krakatau, pelotazo que se arrima a los discos anteriores.

De nuevo se pone la cosa power metal en Riot in the dungeons. Recuerda a la inicial Rising force, tanto por temática musical como por estructura. La batería, de lo mejor del disco, igual que el trabajo rítimico de Malmsteen (aquí también con el bajo). Larga intro (un minutito de nada) una breve estrofa y en seguida el estribillo. Descarga instrumental fabulosa.

Otro de mis favoritos, Deja Vu, sigue el mismo palo. Riff de Malmsteen tremendo y Turner vuelve a sus agudos inagotables. Estribillo más comercial que el anterior pero nada pastelón. El solo, de nuevo, magistral, tufazo a Hendrix y, otra vez, Blackmore.

Yngwie Malmsteen – Deja vu

Seguidos vienen dos pelotazos hard rock. El primero, Crystal ball, vuelve a presentar una intro deliciosa, luego la banda rompe (tremendo bajo de nuevo) y Turner se suelta con un tema que le sienta a la perfección. Buen puente, punteo cuidado y estribillo cañón. El segundo, Now is the time, marca el punto y final de la epopeya comercial de Odyssey. Momentazo para las orejas más sensibles esa guitarra acompañando las melodías de Turner, algo más comedido (que es cuando más me gusta). Podrían haber comenzado el disco con este tema y haberlo editado como primer single: comercialidad con clase y estilo. La última aportación de Turner al universo Malmsteen se titula Faster than the speed of light, uno de los temas más heavy vestido con una batería machacante y la hipervelocidad por bandera.

En definitiva, tremendo repertorio, buen sonido, mezcla de comercialidad, power, heavy y neoclasicismo, y una obra ejemplar de un gran músico en su mejor época creativa. Si eres fan de Malmsteen o Turner, seguro que lo conoces, y si el sueco te da cierto respeto (o fobia), un buen comienzo.

Nikolo Kotzev

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Nikolo Kotzev

No se puede negar el empeño de este guitarrista búlgaro nacido en 1961 por intentar labrarse un nombre en el mundo del hard rock. Compositor de óperas rock y alma mater del supergrupo Brazen Abbot, comenzó su carrera en un combo llamado Impulse, que tras una gira por centroeuropa se disolvió. Nikolo emigró a Finlandia donde se unió al grupo Baltimoore. Grabó dos discos, Double density (1992)  y Thought for food (1994).

Baltimoore – Bite my bait

Descontento con la situación decide motar un proyecto por su cuenta al que bautiza como Brazen Abbot. Cuenta con la base de Europe, entonces en paro: Mic Michaeli (teclista), Ian Haughland (batería) y John Leven (bajista). Contrata a Glenn Hughes como cantante, quien, por problemas contractuales, solamente puede participar en tres temas. Ante esta disyuntiva ficha a otro monstruo, Goran Edman, pero vuelve a suceder lo mismo y debe recurrir a un tercer voceras, Thomas Vikström. El sonido del grupo es deudor de Purple y Rainbow, con un Kotzev emulando a Blackmore en cada solo. Live and learn sale en 1995, el conjunto gusta y Nikolo lo intenta de nuevo dos años después.

Brazen Abbot – Clean up man

Decide contar con Joe Lynn Turner, como no podía ser de otro modo, además del line up del anterior trabajo (incluyendo a Thomas y Goran), es decir, mantiene la estructura de tres cantantes. Eye of the storm (1996) y Bad religion (1997) le dan cierta notoriedad pero, sobre todo, mucha autoestima y Nikolo decide comenzar su gran obra. Nostradamus, ópera rock donde mantiene a los mismos músicos y colaboran cantantes como Jorn Lande o Alannah Myles, ve la luz en 2001. Aunque tiene buenos momentos, no pasa de ser una sobrecargada demostración de la ambición de Nikolo: hay que reconocerle el mérito. Pasó bastante desapercibida.

Nostradamus – The Eagle

A partir de ahí la carrera de Nikolo ha ido menguando. En 2003 publicó el último álbum de Brazen Abbot con Turner, los músicos de Europe y el esquema de tres cantantes, un interesante Guilty as sin. Al año siguiente editó un directo conmemorando los diez años de la banda cuya historia finalizó con My resurrection en 2005, ya con nuevos músicos; en eesta ocasión también participa  Tony Harnell (TNT).

Los siguientes años los ha dedicado a otro proyecto operístico, aún sin terminar, titulado Draconia, ha producido y colaborado con diversos grupos y, cuando ha podido juntarse con Turner ha girado por Bulgaria.

Como decía al principio, no se puede negar que el bueno de Nikolo lo ha intentado. A pesar de haber compuesto buenos temas, de haberse rodeado de grandes y conocidos músicos, nunca ha alcanzado el reconocimiento que él esperaba.

Brazen Abbot – I will rise again

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