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Cantautores del rock: poetas eléctricos de hoy.

Comentó Rulo, cuando dio el paso de abandonar La Fuga para comenzar su carrera en solitario: “soy bipolar, tengo un cantautor y un cantante de rock dentro de mí”. Y de esa reflexión reflexiono yo lo difícil que resulta definir la frontera entre el músico que lidera una banda y el cantautor roquero que se rodea de una banda (¿rockautor?). Rulo se fabricó La Contrabanda, Fito hizo lo propio con Los Fitipaldis. Como ellos, muchos cantantes y compositores pisan sin vergüenza ninguna a ambos lados de esa frontera: Bunbury, Cristina Rosenvinge, Quique González, Robe Iniesta, Kutxi y hasta El Drogas, por poner algunos nombres conocidos y con mayor o menor éxito. Hasta cantautores punk tenemos aquí; recordemos a Manolo Kabezabolo si hace falta. Quizá salgamos del prejuicio que la etiqueta cantautor aún tiene “de aburrido” si recordamos algunos songwriters de habla anglosajona; Johnny Cash, Neil Young, Tom Waits o un tal Bob Dylan. Allí se idolatra, aquí se vilipendia.

Bailando en este concepto de cantautor del rock (¿cantaurock?), además de los nombrados y otros famosillos, hay un puñado de excelentes propuestas que, por diversos motivos, no llegan al gran público. El estilo, la continuidad, el dinero, la calidad, la temática. Da igual. Hoy queremos rescatar a algunos cantantes y compositores que lo mismo se suben al escenario a pecho descubierto con una guitarra o un piano que se rodean de músicos amigos para formar una big band roquera.

Malos Pelos – Malos Pelos

Cuatro años han pasado desde que editara este álbum, tras su experiencia, más o menos mediática, al mando de Señor Trepador. En 2018 publicó un directo muy recomendable: Yo también pensé que eran molinos y resultaron ser gigantes. La capacidad interpretativa de Óscar Linares, el hombre tras el cantante, es el punto más destacado de esta propuesta. Si añadimos su buen gusto por las melodías, algunos aciertos compositivos sobresalientes, letras sencillas y directas pero con un poso poético intenso, tenemos un álbum redondo. Juega con estribillos jugosos en Hagamos más el amor y menos la guerra, Postal sideral, Fumando bajo la lluvia o A veces; letras simpáticas en Prometo o Que te vaya todo bien (“un todo incluido no es muy bueno en Alhaurín”); confesiones e historias desnudas en Como las lombrices, Soy un desastre o Tengo miedo (“Tengo miedo de la letanía que deja un te quiero”). Buenas guitarras en Amores de carretera y Como lo hiciste ayer. Una escucha gustosa.

Rafa Pons – La guerra del sexo

Reconozco cierta debilidad por este tipo aparecida después de escuchar Disimula (2015). A finales del 2018 editó este La guerra del sexo con un sonido acústico a medio camino entre el rock, el folk, algún ramalazo country y su habitual genialidad en las letras. Una frase que me cayó como un martillo: “no necesito libro de autoayuda/para eso ya está el Playboy”. Deja poco hueco al aburrimiento. Historias de amor hermoso en Los reyes del mundo o Imposible, despecho y rabia en Como un hombre (“como coño supera tantas cosas la gente”) o No te guardo rencor, un poco de crítica social en Capullo Tonic y algunas épicas personales en Podré soportarlo (“me acusas de perder tu juventud/…/si nadie va a quererme como tú/tienes que comprender amor/que yo podré soportarlo”), Reina o Niño viejo (“me camuflo con el barro/y pongo rumbo al rock and roll”). Un grande.

Solanas – Invencibles

Un “antihéroe de sí mismo” que dice tener mucho que aprender, y en ello está, confeccionando mientras tanto discos impecables, inspirados, donde encontrar sonrisas y lágrimas. Pincha la modernez de Mi luz, la (hiper)positiva Invencibles (“nada nos puede parar/solo podemos ganar/que juntos somos invencibles”), el rock de Por ti o El cazador, el agradable tufo buenosaires de Flores, las divertidas y certeras Buscando enfermeras o Huelga de pereza (“me he apuntado a los mundiales para batir el récord de pesadez”), el toque reggae de El circo (“tú que eras una estrella ahora te acuerdas de mí, de este payaso”), la crítica mordaz de Underground. Y si no tienes bastante, revisa el anterior Gigantes, otra joyita de Fernando Solanas.

Víctor Rojo – Entelequias

Un alumno aventajado, un ejemplo de cantaurock. Autoproducido. Grabado con amigos y familia. Sencillo, profundo, acústico, eléctrico, triste, positivo. Mezcla de emociones e influencias en trece canciones personalísimas que bailan entre el rock íntimo, el punk y el sentido callejero no carente de inteligencia. Predominan los acústicos, quizá por “el presupuesto”, como en La vida buena (“Que viva la vida buena/que viva y que muera la rutina de ayer/que nadie te diga lo que debes hacer”), Tormenta de verano (con un toque aflamencado), Mi nueva trampa, de excelente estribillo, o Ni vino ni rosas. Se salen del tono habitual con Por que siempre salga el sol (“Si no fuera por las drogas, por el sexo y el rocanrol/Habría muchas mañanas en que no saldría el sol”) o Tan perdido como… Ojalá tenga suerte para desarrollar la carrera que promete.

Luter – 333

Si antes hablábamos del alumno, ahora hablamos del maestro. El cantautor más auténtico del underground musical: un clásico con más de veinte años de arte en su garganta. Su cuarta entrega, 333, ancla su alma en los sonidos de los setenta pasados por la producción de Kolibrí Díaz (Marea), con una atmósfera limpia en cada detalle. La melodía y las guitarras son protagonistas en Hagamos que pase, con buen estribillo, en Veterano de Vietnam, con un Hammond interesante (“verás que algún día de aquellos/que prometí quererte de por vida/mostrarán su cicatriz”) o en No hay quien me gobierne (“yo quisiera definirme pero no puedo/en este mundo la contradicción tiene más peso”). Me acuerdo del Ramoncín ochentero en la preciosa balada Perseguir estrellas. Se atreve con un tango en La orquesta de la libertad (“no habrá más realidades que las que podamos tocar/siempre serás en mi vida la orquesta de la libertad”). Preciosas acústicas en Anda de pie. Buen blues de título El crucigrama (“mi madre desguaza la vida al reír”). Preciosa Buffalo Bill sigue vivo con un gran slide. Ahora está en plena publicación de un nuevo álbum que va regalando a cuentagotas; por ahora conforma un EP de título Héroe.

Jairo Martín – Hombres mejores

Un canario madrileño con una musicalidad asombrosa. Lo suyo es el piano locomo demuestra en su último directo (La resistencia bohemia, 2018) y las buenas compañías. Se desangra en arreglos y letras particulares mientras baila con las semillas de Sabino Méndez, Jaime Urrutia o Andrés Calamaro entre noches de humo y buenas (o malas) compañías. Aires roqueros en Las mieles del éxito (“con las velas raídas en una deriva de días, apuntándome a cualquier tipo de sarao”), Miles de hijos y Si quieres; un toque glam para En mi coche; surge el macarra en Hombres mejores; historias de mujeres particulares en Barbie, Barbie, Bárbara y Puntos de break; adorable la poesía de El olor de tu pijama (versión de Alberto Urrutia) y Todos nuestros peores amigos (“todo el mundo sabe lo que pasa/pero no hay nada en mi casa/que explique el sentido”). Incluso su gato tiene una canción estupenda: Canción de Bobo/La colina de los gatos. Una pena que no se prodigue más.

Txema Benítez – Autopsia

Hijo y hermano de Marea (Kutxi), La Fuga (Rulo) o Forraje (Lulu), Txema grabó quince cortes de preciosistas guitarras: el uso de las acústicas, como protagonistas (Como no llovió jamás, Sangre de mil corazones) o como apoyo; los puentes y los solos a doble guitarra; y en todos los arreglos, en muchas ocasiones escuchas tres guitarras. Sirvan de ejemplo Reflexión ( más que humo) o Sed. Junto al buen uso a las seis cuerdas, otro acierto es el aporte de Beatriz Pastor en los coros y las armonías vocales, dando el contrapunto; me gusta especialmente Locos, Otra batalla y Esa noche (“esta noche será menos puta si cuento tus lunares”). Para mover el culo añado Qué quieres que diga. Un piano y arreglos de cuerda en Ni contigo, ni sin ti para redondear la propuesta. A esperar un segundo envite.

Sin duda, hay muchos más. Y estás invitado a añadir a quien más te guste.