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Lääz Rockit – Know your enemy -1987

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En el cocedero metálico que fue San Francisco la primera mitad de los ochenta muchas bandas quedaron relegadas a un segundo y hasta tercer escalón de popularidad. No voy a elaborar aquí un tratado de las mismas, pero entre los grupos semidesconocidos de aquella explosión hoy os traigo a Lääz Rockit y su tercer largo titulado Know your enemy. Adoro a estos tipos y de su discografía elegiría este sin dudar.

Los californianos grabaron en los estudios Prairie Sun Recorders de California a las órdenes de Roy M. Rowland (Kreator, Testament, Sabbat). Consiguió equilibrar unas canciones veloces, machaconas, incluso diría que originales dentro del estilo, con arreglos acertados y, sobre todo, un bajo estupendo y dos guitarras que intercambian riffs y solos perfectamente enmarcados en el estilo Bay Area. Nada que envidiar a lo que por entonces hacían grupos más famosos con la salvedad de que no consiguieron “vender” su estilo propio ni alcanzaron notoriedad con una canción gancho o un vídeo promocionado hasta la saciedad.

La banda la formaban Michael Coons a la voz (responsable de las letras apocalípticas, llenas de destrucción y agresividad), Aaron Jellum y Phil Kettner a las guitarras, Willy Lange al bajo y Victor Agnello a la batería.
Tras una breve intro, Last breath avisa de qué se viene encima: riff a doble guitarra, voz agresiva poco melódica y muy rítmica, estribillo concreto, doble bombo y un solo genial. De lo mejor. El falsetto agudo de Coons choca con la producción gruesa de los instrumentos, recordando en ocasiones a King Diamond. Este efecto es claro en Euroshima, llegando a chillar en el puente rompiendo sus agudos. La intro acústica de Most dangerous game y la calma inicial parecen adentrarnos en una balada de género, pero nada más engañoso. Jellum y Kettner saben mezclar su estilo agresivo con estas pequeñas muestras de punteo “desenchufado” y crean una de los cortes más melódicos de Know your enemy. Buen puente-estribillo, con un recuerdo a Venom.
No puede negarse el valor de Lange en todo el álbum, dando un fondo oscuro y prieto al sonido del grupo. Especialmente acertada su labor en Shot to hell, desde la intro al modo en que sostiene el riff y el manejo de los cambios. Con un parecido razonable a Metal Church, el tema Say goodby M.F. cae en la repetición de las estructuras sin tanta inspiración, aunque el solo central resulta de los más veloces del álbum. Sin embargo, con Self destruct volvemos a la cumbre thrash en la que se maneja la banda, con una estructura clásica adornada por cambios y un puente donde la melodía de la voz sobre la batería llama la atención, justo antes de un estribillo rompedor.
Llegamos a Means to an end, lo más cerca a un single radiable que hay en Know your enemy (atención al brutal bajo), con un aire más heavy, cercano a Iron Maiden en la forma de atacar las estrofas y los cambios. Incluye un “ooooooo-iiii” para corear en directo. Un ejemplo de thrash melódico, si eso existe, pues combina con gusto la dureza de sonido con el sostén armónico que un tema de este tipo requiere. Contrasta con la fiereza de I’m electric, recordando a Accept, sobre todo en el equilibrio bajo-batería y en la forma en que Coons entona el estribillo y la voz de apoyo. Genial trabajo de guitarra también, una canción completa. Los cortes finales decaen en el global, pues tanto el instrumental Mad axe attack como el “bonus” Shit’s ugly parecen tomas falsas o rellenos sin mucho sentido.
En conjunto, un álbum excelente de thrash metal con toques melódicos, un bajista genial, buenos solos, algunas canciones de primera y, sobre todo, la magia underground del Bay Area justo antes de convertirse en multi-nacional. No te lo pierdas.
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