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Cry of Love – Brother – 1993

Cuando se habla de los mejores discos de los noventa o se hacen esas listas del mejor disco debut, nunca nadie piensa en este álbum. Y seguro:  la mayoría de la gente no lo conoce. Si ese es tu caso, bienvenido a uno de los mejores discos de los noventa y uno de los mejores discos debut que te puedas echar a las orejas. ¿Por qué me atrevo a decir esto? En primer lugar, tienes un guitarrista llamado Audley Freed que suena a una mezcla entre Jimi Hendrix, Paul Kossoff y el mismo Jimmy Page versión blues, un pedazo de solista que sabe bien llevar un riff de principio a fin. Después, el cantante Kelly Holland y su portentosa técnica, jugando con registros que van de Glenn Hughes a Paul Rodgers con toques que recuerdan al mismísimo Joe Lynn Turner. Súmale un bajista brutal con destreza y buen gusto en el desarrollo de líneas melódicas, Robert Kearns, y un batería, Jason Patterson, que haría las delicias de cualquier fan de Simon Kirke o Steve Gorman. Por curiosidad, Freed formó parte de Gov’t Mule y The Black Crowes (gravó Lions y se le escucha en Live at the Greek) y Robert Kearns pasó una temporada por Lynnyrd Skynnyrd.

El álbum comienza con Highway Jones, el corte más Hendrix de todos, especialmene por el riff principal, aunque el tono del tema encaja en cualquier disco de la Experience. Por cierto, el homenaje no es único y el propio nombre de la banda hace referencia al que Hendrix manejó para su última experiencia antes de morir (The Cry of Love Band, y el disco póstumo de título similar). Si le añades la voz genial de Holland puedes imaginarte lo que hubiera sido el Electric Ladyland cantado por Paul Rodgers. Sigue el homenaje en el riff de la siguiente Pretty as you please y en el solo, aunque ahora deriva más hacia el hard rock de Mick Ralphs y Bad Company, un pedazo de figura en la guitarra y un estribillo demoledor. Esta transición llega a la genial Bad thing, ahora sí metidos de lleno en la fiesta hard, palmas incluidas. El tufillo blues comienza a hacerse más patente y el tono del tema cambia: da gusto el sonido del álbum, limpio, sin apenas overdubs y con esa atmósfera de garito lleno de humo. Esta canción salió como single y alcanzó el número dos en los chart USA de rock (1993: Nirvana, Pearl Jam, Pantera, casi nada). Seguimos cayendo al blues con una joya escondida entre tanto guitarreo, Too cold in the winter, una súplica donde Holland se transforma en Hughes para regalarnos una de las mejores interpretaciones, cómo frasea este hombre, y orejita puesta en la línea de bajo y al solo final. Y como no podía ser de otro modo, nos hundimos definitivamente en el blues tal y como Free lo interpretaron con Hand me down, otra de mis favoritas.

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Este viaje que nos lleva del rock distorsionado y sucio al blues más hard es de por sí una gozada. Pero la segunda parte del álbum contiene más sorpresas.

Gotta love me recupera esa guitarra sucia, un riff cortado, que se arrastra por la espalda, te acecha y salta en mitad del tema en un puente/estribillo grande, muy eighties si me apuras. La transición a Carnival no puede ser más acertada, recreando con acústicas una atmósfera Zeppelin que juguetea con la letra y el ritmo en el que Kearns manda hasta el sorprendente estribillo, ¡y qué solo wah-wah! Y para menear un poco el culo, Drive it home, Hammond y distorsión en un ritmo funk, lento, machacón, y otro homenaje a Free en la parte central del tema. Y llegamos al single número uno, la canción Peace pipe, fantástica de principio a fin: la línea de bajo, el estribillo, el riff de guitarra, la estructura, el juego rítmico. Qué fácil parece pero qué difícil encontrar canciones como esta. Y el cierre con Saving grace, más de seis minutos de suave blues, amor y entrega para redondear un trabajo impecable.

Y ahora dale al play y disfruta de este cuarteto.

 

 

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