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Algunos discos que sigo escuchando (10): heavy del siglo XXI

 

Para esta nueva edición de Algunos discos que sigo escuchando he querido compartir algunos clásicos recientes de mi discoteca, cuatro títulos duros, a caballo entre el heavy clásico, el power y el metal americano. Cuatro obras que no deberían caer en el olvido de nuestro rollo.

Si no los conocías es buen momento para disfrutar de ellos y si ya les habías hincado la oreja no te importará revisarlos de nuevo.

Dale al play…

Dark Illusion Dark Illusion -Beyond the shadows (2005)

Enorme álbum de hard rock lleno de matices heavies, grandes riffs, buenos estribillos y una historia de caballeros, demonios y salvavidas medievales. La sombra de Blackmore es alargada, aunque saben escaparse por otros territorios (suenan a Van Halen, a Malmsteen, a la NWOBHM, a Dio, cómo no, y a Judas Priest por momentos). No hay relleno, todo muy bien acabado. Pincha Child of the night, Power of the Evil, Leave no traces, Weeper deeper, Runaway on the loose o Tragedy. Guitarras (casi) perfectas y un doble bombo que no par. Impresionante Thomas Vikström a las voces. A recuperar.

 

Coheed & Cambria – Good Apollo: I’m burnig star IV, vol I (2005) Good_Apollo_1_(Booklet)

Detrás de este largo título se enmarca la historia de ciencia ficción que el cantante Claudio Sanchez desarrolló en varios cómics y discos (este es el tercero). Coheed & Cambria fueron la gran esperanza del progresivo yanqui, alcanzando el número 7 en el Billboard. Este fabuloso disco, complejo, elaborado, más allá del concepto y la coherencia de la narración, contiene acertadas canciones que pasan por la emotividad de Always and never (enormes acústicas), la técnica de Welcome home, con sus cambios de tempo y tono, y la comercialidad roquera de The sufferingTen speed (of God’s blood and burial) y Once upon your dead body. Un mucho de Rush, un poco de Pink Floyd, otro toque Queensrÿche, unas gotitas de Led Zeppelin. Travis Stever se sale con las guitarras y Claudio con su variable voz (una mezcla de Geddy Lee y James LaBrie). Solo con The final cut ya merecería la pena el álbum.

 

Demons and wizards Demons & Wizards – Demons & Wizards (2000)

Jon Schaffer (Iced Earth) y Hansi Kürsch (Blind Guardian) pusieron los cuernos a sus respectivas bandas para montarse esta colección de canciones mezcla de sus respectivos estilos y gustos: Kürsh se encarga de las letras y Schaffer de la música. Comparten protagonismo colegas de batallas como Jim Morris en las guitarras y Mark Prattor en las baterías. Enormes riffs, baterías aceleradas, bombásticos coros. A destacar Heaven denies, Poor man’s crusade, Winter of souls, The whistler (¿cuántas canciones conoces sobre el flautista de Hamelin?), la inspirada Blood on my hands o el medio tiempo Fiddler on the green. Un álbum coherente, elaborado con inspiración y buen gusto, digno competidor de las bandas madre.

 

Black Tide – Light from above (2008) Black Tide

Un jovencísimo cantante y guitarrista (apenas contaba 15 años entonces) llamado Gabriel García canta, toca la guitarra y compone los temas de este Light from above. Deudor del mejor heavy metal de los ochenta, recorre en una vorágine de solos, pasajes veloces, riffs a doble bombo y estribillos con mala leche su amor por Ozzy Osbourne (con Rhandy Rhoads), Iron Maiden, Metallica, Y&T y Judas Priest. Aunque lo más destacado del álbum es, en sí, el conjunto heterogéneo de canciones, podemos destacar Warriors of time, Show me the way, Black abyss, Light from above, Enterprise y la revisión de Hit the lights. La banda, otra gran promesa, no llegó en trabajos posteriores a este nivel. Una pena. Merece, en cualquier caso, una escucha esta joyita.

 

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