Deep Purple – Burn – 1974


Deep Purple – Burn – 1974

Deep Purple estaban en lo más alto del mainstream rockero cuando perdieron (más bien echaron) a Ian Gillan (cantante) y Roger Glover (bajista). ¿Cómo continuar después de trallazos como In rock, Machine Head o Made in Japan? Ian Paice (superbatera), Jon Lord (teclista) y Ritchie Blackmore (quién no conoce al hombre de negro de la guitarra, por favor) reclutaron a dos jovencísimos cantantes, a falta de uno, llamados David Coverdale (el genio que formaría Whitesnake) y Glenn Hughes (a la sazón bajista).

Este quinteto se metió a ensayar y grabar a finales del 73 un álbum nuevo que estuviera a la altura del mito que ya conformaban y les permitiera seguir avanzando y llenando estadios. La mezcla del estilo hard de Deep Purple con las nuevas voces, la más blues de Coverdale y la más soul de Hughes, no fue fácil, y, aunque pasaron por momentos duros, en noviembre acabaron las ocho canciones que finalmente se editaron en febrero de 1974.

Comenzamos con el pelotazo de Burn. Tema rapidísimo con un riff de guitarra épico y machacón. Los cantantes intercambian voces, la batería machaca adornos bestiales y la banda al completo es un pelotazo. La versión en directo, demoledora. Fabuloso trabajo de guitarra de Blackmore, de mis favoritos.

Sigue Might just take your life de manera más relajada y un toque funk en el ritmo. Salió como primer single y destaca el trabajo vocal, en especial el estribillo, y el gran Jon Lord, manteniendo el tipo de la canción y marcándose un solo preciosista. Letra autobiográfica sobre la experiencia de David y Glenn en la banda.

El toque funk se mezcla de maravillas en una de las favoritas Lay down, stay down, de vuelta a la velocidad del primer tema. Brutal parte central con el piano, la base rítmica y las dos voces intercambiándose roles. Esta canción le pega más al tono de Glenn, pero David no se queda atrás. Se convirtió en una de las favoritas de la posterior gira.

Palabras mayores para Sail away, donde encontramos al David Coverdale que formaría los primeros Whitesnake sobre una guitarra hipnotizante. Muy en la línea de los temas Purple de etapas anteriores, recoge ese toque blues y hard rock para crear un tema con el que no puedes dejar de agitar la cabeza. Un solo con guitarra sintetizada y el solo final, con slide, soberbio. Tremenda letra (sail away tomorrow…).

You fool no one se basa en un patrón rítmico de batería y bajo fabuloso y complejo, veloz (en la línea Woman from Tokyo), con una portentosa melodía vocal cantada a pachas por los dos voceras (con Hughes destacando en la parte del estribillo). De nuevo estupendo Blackmore.

La canción más floja del álbum quizá sea este What´s goin´on here. Aunque pueden entreverse todas las virtudes del resto de canciones, falta un poco de punch para rematarla, se queda algo floja entre tanta enormidad. Lord destaca por su trabajo al piano y el trasteo de Ritchie aporta un toque diferencial. Buena voz de Glenn, muy a su estilo.

Por fin llegamos a otro pelotazo atemporal. Señoras y señores, Mistreated. Esta canción ha sido recuperada por todas las variantes posibles post-Mark III (Coverdale con Whitesnake, Hughes en sus diferentes re-encarnaciones, incluso el mismo Ronnie James Dio). Tempo lento y machacón sobre la que brillan la voz de Coverdale y el fabuloso trabajo de Blackmore. Toda la banda borda su papel. Una canción mítica. La versión en directo se alargaba lo que hiciera falta.

El disco se cierra con el instrumental “A” 200 donde se luce especialmente Jon Lord con sus teclados y sintetizadores.

La posterior por Estados Unidos en limusina y avión privado les mantuvo en la cumbre un año más y los conciertos se centraban en las mejores canciones de Burn. Un álbum para escuchar con placer roquero…

Slash – Apocaliptic love

Slash – Apocaliptic Love

Tengo que reconocer que la carrera de Slash más allá de Guns´n´Roses no me ha interesado especialmente, no por falta de calidad, si no porque siempre le he visto huyendo de su sonido primigenio, esa guitarra inconfundible que siempre llevo asociada al Appetite. Y con resultados ciertamente irregulares. Sin embargo, este Apocaliptic Love devuelve a Slash al sitio del que nunca se debió marchar. Quizá sea porque, por fín, ha encontrado una banda con la que trabajar: el bajista Todd Kerns, el batería Brent Fitz y el guitarra y cantante Myles Davies (de Alter Bridge). Tanto Slash como Myles componen las canciones.

Lo primero que destaca es el sonido general de todos los temas. Recuerda a algo añejo, a los tiempos del vinilo, pero con la limpieza de una producción moderna. Todos los instrumentos bien compactados pero audibles por separado, sin sobrecargas. En segundo lugar la selección de canciones y la disposición en el cedé no podría ser más acertada, pasando por las diferentes texturas sin saltos bruscos y dejando algún regalito para el final.

En esto, comienza el álbum con dos trallazos al más puro estilo Guns´n´Roses (vamos, que parece estar tocando el mismo Izzy Stradlin): Apocaliptic Love y One last thrill. Este sonido se entremezcla a lo largo del resto de canciones y sólo aparece tan claro en la fabulosa Hard&Fast. Después tenemos dos canciones con la impronta roquera y  la guitarra 100%  Slash pero derivando hacia sonidos de hard rock más clásicos, como son Standing in the sun y el single You´re a lie. A continuación otros dos temazos  llevados a lo épico, como son No more heroes (por favor, qué intro, qué solo, qué trabajo vocal) y Halo.  A partir de aquí el álbum entremezcla componentes de estos grupos y encontramos temas tan logrados como Anastasia o Bad Rain (pedazo estribillo y pedazo de solo).

En definitiva, un tremendo trabajo de hard rock con Slash en perfecta forma, una sección rítmica demencial y un cantante que juega con todos sus registros. Buena producción, buenas canciones.

Veredicto: escuchar sin cesar y a tope.

Motley Crüe – Too fast for love – 1982

Motley Crüe – Too fast for love – 1982

Parece mentira que ya hayan pasado 30 años desde que los bizarros Motley Crüe debutaran con este Too fast for love. Las curiosidades de este álbum comienza desde su misma edición, pues, en realidad, salió dos veces: una en noviembre del 81 con una compañía independiente llamada Leathür Records (900 copias) y otra en agosto del 82, tras fichar con Elektra Records, quien les obligó a regrabar algunas partes y realizó otra mezcla más “vistosa”. Esta última versión se hizo popular y la consideramos la original hasta que en el 2003 se re-masterizó para el recopilatorio Music to Crash your car to, y ambas versiones (ambas mezclas) estuvieron disponibles.

El disco se grabó con unos medios mínimos en los estudios Hit City West de Los Ángeles y lo (no)produjeron los mismos Motley. La formación la formaban los clásicos Vince Neil a la voz, Nikki Sixx al bajo, quien compone todas las canciones, Mick Mars a la guitarra y el fabuloso follador de superfamosas Tommy Lee a la batería. La portada rinde homenaje (o copia descaradamente) a otra de los mismísimos Rolling Stones.

 Las estructuras de todos los temas no pueden ser más simples, con arreglos sencillos y letras basada en sus experiencias con chicas, drogas y mala vida. ¿Por qué se hizo tan popular y lo destacamos aquí? El sonido sucio y bronco, que mezcla influencias punk con el incipiente heavy metal americano, consigue una mezcla explosiva que se adhiere al cerebro y lo hace bailar y cabecear sin parar. Un disco imitado y reflejo de lo que sería la explosión glam en los años siguientes. Motley lanzó mejores canciones, incluso mejores álbumes, pero ninguno tiene la desnudez salvaje de éste.

Todo comienza con Live wire, único single, y pelotazo en cualquier concierto Crüe aún hoy. Riff de guitarra, batería a todo trapo y Neil chillando una melodía pegajosa. Estribillo rompedor. La parte en que la voz se queda sola sobre la batería me encanta. Os dejo el video original. Demoledor: no se puede hacer más con menos presupuesto.

La segunda canción, Come on and dance, su primer himno a las strippers. Baila nena  mientras nosotros miramos y tocamos esta canción. Recuerda un poco a los primeros discos de Kiss.

Public enemy #1 acelera de nuevo el paso y contiene una intro muy buena de Mars, que, en lineas generales, se prodiga poco en este debut. Cambio de ritmo para el estribillo y trabajo impresionante del jovencísimo Lee. Canción sobre fugarse con tu chica. Buen solo. Neil se aleja de sus chillidos habituales y canta sin forzar tanto la voz.

Tengo cierta debilidad por Merry-go-round, probablemente porque de tan simple es imposible encontrarle las vueltas y criticarla. Intro lenta, apoyada en una acústica, entra Neil y la canción va creciendo como en círculos concéntricos. Vince Neil se sale. Medio tiempo bestial.

Take me to the top contrasta con la anterior. Directa, rítmica, una gitarra machacona. Un aire más heavy que las anteriores. Final apoteósico.

Vince compone la letra de Piece of your action, otro pelotazo del directo. Una canción de y para follar. Buen trabajo de Sixx y Lee para un parco pero efectista guitarreo. Estribillo pegadizo.

Starry eyes comienza con la batería, se añade progresivamente bajo y guitarra y cuando entra la voz hay un juego rítmico en tre todos los instrumentos. La canción no se acelera pero mantiene una tensión constante gracias a este juego rítmico. Destaca la parte central y el solo, de los mejores del disco, con el crescendo final.

Otro de los himnos de los primeros Motley, Too fast for love. Resume lo mejor y lo peor de estos cuatro. Canción pegajosa, ritmo adictivo, voz personalísima, una letra y una estructura sencilla y otro temazo para los conciertos y las noches de fiesta. Simples pero efectivos.

Para terminar, una especie de medio tiempo que, con los años, se ha convertido en una de mis favoritas. On with the show se basa en una melodía repetida a lo largo de todo el corte, entrando progresivamente los diferentes instrumentos y acelerándose en el estribillo Una letra sobre un amigo muerto y la necesidad de continuar adelante como cierre al disco. La estructura y la melodía me recuerdan a otros temas posteriores, como Without you del Dr Feelgood.

En definitivia, un álbum de canciones sencillas, roqueras y adictivas que se acaba en un suspiro y obliga a volver a darle al play.

Queen – News of the world – 1977

Queen – News of the world – 1977

Este álbum puso fin a la época de gloria barroca de Queen, con los dos fabulosos y sobrecargados A night at the opera y A day at the races, introduciendo la música de estadio que les caracterizó en años posteriores. News of the world es una inclasificable mezcla, magistral, de esa virtud cuasi-operística de Mercury con los gustos de todos los miembros del grupo por el hardrock y las tendencias (incluso new wave) que emergían entonces.

Producido por Mike Stone (el mismo que años después trabajaría en el Appetite for destruction) con los miembros de Queen en los Sarm West Studios y los Wessex Studios de Londres en el verano de 1977, sería editado en octubre de ese mismo año. Subió rápido en las listas gracias al single We are the champions/We will rock you (para cortarse las venas y ponerlas a bailar, vamos). Siguieron Spread your wings y, por último, It’s late. El disco vendió muy bien y las posteriores giras llenaron estadios.

Hacer una crítica de la primera canción, un mito del rock, resulta difícil. We will rock you es tan simple como perfecta, tan poco elaborada como deslumbrante. Ritmo de batería, voz y el resto de la banda entrando poco a poco para un final de cuernos al cielo y cabezas batiendo. ¿Cuántas versiones de esta canción se habrán hecho?

Continúa otra de las más grandes, We are the champions. Mercury la compuso en honor a sus fans con la intención de cantarla en los conciertos como los hinchas de fútbol cantaban a sus equipos. Huyendo de los arreglos de etapas anteriores, consiguen una canción épica con muy poco, una canción accesible para todos, coreable por mil gargantas. No nos perdamos la guitarra de Brian.

Sheer heart attack recoge la influencia new wave (y un poco punk) de la época. Sorprende pensar que se escribió varios años antes, para el disco de mismo título. Tema rápido, simple y muy machacón. Canta el propio Taylor, quien también la compuso.

La balada por excelencia es All dead, all dead. Comparten voces May y Mercury. La sensibilidad del tema junto al trabajo de voces (de lo mejor del disco) y la breve pero preciosa intervención guitarrística de May la convierten en un clásico.

Llegamos a otra de las favoritas: Spread your wings. Introducción de piano y voz, entrada progresiva de los músicos, estribillo sin coros (raro en esta banda). Gana la melodía y un estribillo rompedor.

La antigua cara A del vinilo se cerraba de manera soberbia con el trallazo más hardroquero, Fight from the inside, un poco en la onda Thin Lizzy, con un ritmo de guitarra impresionante. Como curiosidad, en esta canción todos los instrumentos y la voz (a excepción de coros y el solo) los interpreta Roger Taylor.

A continuación, la canción más guarra de Queen (bueno, en realidad la más explícita): Get down make love. Una canción muy Mercury, con un tono funk y ese aire de cabaret rock que le hacía tan especial. Excitante, bailable, combinada con inteligencia con los ritmos roqueros de la guitarra de May.

Las dos canciones más flojas aparecen a continuación. Sleeping on the sidewalk bucea con relativo éxito en las raíces rith’n’blues del grupo (la compone May) y aunque el resultado es bueno desentona con el resto. Un poco de agresividad le habría venido bien. Con Who needs you ocurre otro tanto; ritmo latino, guitarra española, pero le falta un poco de punch para convencer.

Pero remontamos para terminar con otra de las grandes, la fabulosa (pónganse las orejas) It’s late. Típica canción de Queen de todos los tiempos, tanto por la estructura compositiva, como por coros y arreglos. Pero resulta tan placentero poder escuchar un típico tema de Queen hoy en día. ¡¡A todo volumen!!

Y para cerrar My melancholy blues, otro temazo de Freddie en un estilo cercano al jazz, jugando con la ambigüedad y las melodías, consigue cerrar con estilo un álbum para escuchar una y otra vez.

A posteriori también hicieron buenos discos, llendo de un estilo más pop o disco hacia otros más rock, pero siempre estando entre los más grandes forever.

Verdicto: muy recomendable.

Rainbow – Rising – 1976

Rainbow – Rising – 1976

En una época en la que los músicos o eran grandes o se iban al paro, uno de los más grandes decidió dejar su puesto seguro y confortable de guitarrista de Deep Purple y lanzarse a una aventura que denominó Rainbow. Ritchie Blackmore grabó un álbum con los miembros del grupo Elf, casi como un disco en solitario, al que tituló Ritchie Blackmore’s Rainbow. Expulsó a todos los músicos a excepción del cantante, un tal Ronnie James Dio, con quien compuso todos los temas del siguiente Rising.

El disco se grabó en los estudios Musicland de Munich en febrero de 1976 con el mítico Martin Birch como productor. La banda la formaban (redoble de tambores y cornetas, por favor): Blackmore a la guitarra, Dio a la voz, Cozy Powell en la batería, Jimmy Bain al bajo y Tony Carey en los teclados. Contó con la Orquesta Filarmónica de Munich para redondear el trabajo.

En general, este grandioso monumento musical une lo mejor del hardrock setentero con la épica que haría famoso a Dio, construyendo canciones complejas con fabulosas instrumentaciones y letras preciosistas.

Comenzamos con Tarot woman. Intro de teclado, riff de guitarra apoyado en una batería bestial y Ronnie entra matando al personal con una línea vocal como una metralleta. Curiosamente esta canción no la hacian en directo porque resultaba difícil llevar el tempo al directo y no le gustaba a Balckmore. Dio la recuperó años después y se convirtió en un habitual de sus conciertos.

Run with the wolf, una canción menor en un disco soberbio, presenta una estructura muy Dio, con una base rítmica (Bain-Powell) especialmente inspirada, estructura sencilla, muy de la época y Blackmore más comedido que en el resto. La canción va en crescendo y el final con todos a tope y la guitarra loca de fondo acaba rompiendo cuellos.

Llegamos a una de las más mejores de todos los tiempos: Starstruck. Aunque tiene un regusto Purple (no en vano hablamos del hombredenegro), Dio sabe llevarla a su terreno y en sus apenas cuatro minutos contiene todos los elementos que han hecho al hardrock una música eterna y universal: ritmo, arreglos, voz y guitarra de primera. Si tienes un grupo del género  y no clavas esta canción, piénsatelo.

La antigua cara B se abría con Do you close your eyes, un tema más comedido pero efectivo, tanto por su estribillo como por su ritmo trepidante. La interpretaban asiduamente en directo, donde se extendían varios minutos jugando con las líneas melódicas y rítmicas del tema.

Y llegamos a la canción por excelencia del rock épico: Stargazer. Esta canción marcó a Dio, siendo un modelo para su carrera posterior. Soberbia, cargada de fuerza y arreglos, todos los elementos se entrelazan (incluída la orquesta) para dar un cuadro musical impresionante. Blackmore realiza uno de sus mejores trabajos y Dio escribió una letra simplemente perfecta. Quien no ame esta canción que se lo haga mirar.

El álbum se cierra con otra canción perfecta que vive a la sombra de la anterior, pero lleva al grupo a través de un tempo más rápido a una composición rompedora. A light in the black tiene el ritmo y la estructura más Purple de todas. Contiene el mejor solo de Carey junto a un Cozy Powell soberbio. La parte central pone los pelos de punta roma. Apoteosis.

Y pensar que se dejaron fuera Kill the king y Long live rock’n’roll, a la postre dos de los mejores temas del siguiente disco…

Veredicto: ya estás tardando en escucharlo

 

 

 

 

Europe – Bag of Bones

Europe – Bag of bones

Tras el anterior álbum (Last look at Eden) y las correspondientes giras, Europe anunció un disco basado en el blues y en sus “raíces”, lo que prometía una mezcla indigesta. Para ello contaron en la producción con Kevin Shirley, quien ha trabajado estos últimos años con el nuevo dios del bluesrock, Mr. Joe Bonamassa; aparte, en su currículum puede presumir de ser habitual en trabajos con Dream Theater o Iron Maiden (por ejemplo). En general, el sonido no se acerca al blues, ni siquiera a bluesrock , si no más bien al hardrock setentero, con claras reminiscencias a grandes como Zeppelin o Paul Rodgers. Esto, mezclado con el extenso bagaje de los cinco músicos, ha dado un platillo suculento, para paladares exquisitos, vaya.

Temazos roqueros como Riches to rag, Demon Head (llena del espíritu Page&Plant) o Firefox deberían bastar para hacernos saltar por los aires y menear el culo, además de contar con unos solos bestiales. Destaca el trabajo impresionante de Mic Michaeli con las teclas (y mucho Hammond), quien mantiene el sonido clásico de Europe y sostiene el álbum de principio a final. Si le añades el poder del tema-título, con la aportación de Bonamassa, ya hemos justificado la escucha.

Las canciones que más se acercan al sonido del disco anterior son las pegadizas Beautiful Disaster y Mercy you Mercy me, que hubiera quedado genial como single. No olvidemos las baladas y medio tiempos marca de la casa: My woman My friend, con un crescendo bestial, y la más sencilla  Bring it all home. Los demás temas flojean un poco. Destaca el single (Not supposed to sing the blues) que da una idea completa del sonido de todas las canciones: la sección rítmica, el sonido grueso pero a la vez melódico de la guitarra de Norum (qué grande), el buen trabajo de teclas y la impresionante (una vez más) voz de Tempest, a sus casi cincuenta tacos.

Veredicto: muy recomendable

Angelus Apatrida – The Call

Descubrí a Angelus Apatrida con su fabuloso Give’em war. Su siguiente obra, Clockwork, la primera para Century Media, me decepcionó un poco por previsible, es decir, cubría bien el nivel del anterior pero le faltaba algo. Las canciones, sin embargo, ganaron en el directo y me animé ante una nueva aventura en estudio. Tenía dudas, pues, para este The call, pero, vaya, no puedo dejar de reconocer que es un discazo de newthrash o retrothrash (¡que no se acabe la moda!).

Para empezar, el sonido global del disco mejora al anterior y permite el lucimiento de todos los músicos (mérito del trabajo con el portugúes Daniel Cardoso, supongo). Las composiones, sin salirse del género, mantienen las influencias clásicas del heavy y thrash ochentero, pero introduce ciertos elementos de grupos como Pantera que antes quedaban más perdidos en el conjunto.

En primer lugar destaco el trabajo vocal de Guillermo, quien tanto en las voces como en las melodías ha dado un salto de calidad enorme. Geniales It’s rising y Blood on the snow, con un regusto a los Judas Priest de la época Painkiller. También borda las voces más oscuras en Flesh pleasure. Cuando recogen la estela Megadeth me pongo en pie, y ahí está Killer instict.

Punto dos para las guitarras, de miedo en todo el álbum, tanto las rítmicas como esos impresionantes solos a cuatro manos. Especialmente me gustan At the gates of hell y Still corrupt. Y la base rítmica, uff, cómo aguantan el ritmo esta gente, tanto Victor (Killer instict) como Jose. Espero que decidan tocarlo entero en la gira y podamos disfrutar de la historia de este ser maligno ¿o no tanto?.

Premio especial para la primera del disco, You are next, y la última, Reborn, como si Mustain hubiera cantado con los Maiden.

Corre a tu tienda virtual más cercana y paga por una copia digital o física (la edición en vinilo, con regalo del cedé, mi recomendada). Mientras tanto, escúchalo en este enlace.

Veredicto: bestial.

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Blessed by a broken heart – Feel the power

Blessed By A Broken Heart – Feel the power

Banda canadiense que hace un metal enraizado en los años 80, con claras referencias a los grupos glam y heavyrock de la época. Sin embargo, muestra una personalidad propia con elementos shredding, muchos solos doblados y un ritmo vertiginoso cercano, por ejemplo, a Avenged Sevenfold o Kissin´Dynamite.

El disco ha sido publicado por Tooht&Nail Records bajo la producción de James Paul Wisner, quien le ha dado un sonido moderno, limpio pero metálico, poniendo en primer lugar voces y guitarras, aunque, en general, destaca el buen conjunto sonoro. La banda la conforman Tony Gambino, cantane,  Tyler Hoare, bajista, Slater, batería y Shred Sean Maier y Sam Ryder, guitarras.

Dos buenos ejemplos del sonido los encontramos en Deathwish y Shut up and rock. En la primera, una canción advirtiendo del peligro de la cocaína, las guitarras veloces, el estribillo con coros saturados y la composición muy bien estructurada; tema rápido que define el sonido de la mayoría del álbum. En la segunda, se acerca más a sus idolatrados ochentas, con una estructura más hardglam pero mezclando muy bien la comercialidad y sencillez de la canción “para ir de fiesta” con las aptitudes guitarreras de Sean; en este mismo estilo, Rockin´all night, que firmarían los mismísimos Skid Row.

Entre ambos se mueve el sonido de la mayoría de las canciones. El primer single, Forever, reúne lo mejor de ambas: buen estribillo (fenomenal intro), letra sencilla pero digna y una buena guitarra. Slepless nights, la última del cedé, tiene un trabajo de batería fenomenal y un solo alucinante. También destacan la balada con teclados I´ve got you y el hiperveloz Innocent blood.

Espero que se acerquen por aquí para verles en directo. Puedes escuchar el álbum en este enlace.

Veredicto: muy recomendable.

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Iron Maiden – Seventh son of a seventh son – 1988

Iron Maiden – Seventh son of a seventh son – 1988

El séptimo hijo de estudio de los inconfundibles Iron Maiden cuenta la historia de un personaje con poderes mágicos de adivinación y clarividencia siguiento el mito folklórico del séptimo hijo barón de un séptimo hijo barón: esta historia, muy extendida en le mundo anglosajón, cuenta que el nacido en tales condiciones poseerá mágicos poderes. Así, en el disco se cuenta desde su nacimiento (Moonchild) hasta su muerte (Only the good die young), pasando por el descubrimiento de sus poderes (Can I play with madness?) y las consecuencias de los mismos (The prophecy). Esta historia sirve, en realidad, de escusa para hablar de un tema recurrente en la discografía Maiden: la lucha entre el bien y el mal y la relación entre lo mágico y lo mundano.

La grabación se realizó en los estudios Musicland de Múnich, se editó en abril de 1988 y alcanzó el número 1 en el Reino Unido y el 12 en Estados Unidos. Como adelanto, el single elegido fue Can I play with madness?.  Todos los singles alcanzaron el top 10.

Para mí, Seventh es el último gran disco de Maiden y si no el mejor uno de los dos mejores. Después de una tripleta demoledora (The number of the beast, Piece of mind y Powerslave) y un directo mítico (Live after death), Harris introdujo los sintetizadores en Somewhere in time, sobre todo en bajos y guitarras, y buscó canciones más melódicas y comerciales; aunque el resultado en ventas  fue aceptable, la calidad descendió. El siguiente intento, este Seventh, olvida las guitarras sintetizadas a cambio de los teclados, propone largos desarrollos de guitarras, pasajes variados y solos a doble mástil impresionantes. El sonido se muestra limpio sin ceder en crudeza, genial trabajo de la producción mítica de Martin Birch.

El disco comienza (y termina) con Dickinson recitando la letanía del séptimo hijo sobre una guitarra acústica. Esto da paso a Moonchild. El nacimiento comienza con un teclado psicodélico sobre el que va creciendo el resto de instrumentos hasta estallar con la voz de Bruce en un ritmo acelerado. Un magnífico estribillo donde cantante y guitarra se armonizan de maravilla.

Con la segunda canción, Infintite dreams, Harris compuso una de las obras maestras del grupo. Ritmo, construcción del tema, estribillo, letra y los arreglos hacen de ella un imprescindible. El ritmo de dobles guitarras característico de otros muchos temas es uno de los mejores. La canción comienza lenta y se vuelve cada vez más heavy hasta el clímax final. Se editó como single en directo el noviembre del siguiente año (acompañando el lanzamiento del Maiden England).

El primer single, y, según Adrian Smith, la primera canción fabricada por la banda con tal fin, llegó al número 6 de ventas en el Reino Unido. Can I play with madness? narra el encuentro del protagonista con un brujo que leía el futuro en una bola de cristal y muestra la lucha por entender los poderes que posee. Estilísticamente se sale un poco del conjunto, al potenciar el estribillo (entrada a capella) y la sencillez de ritmos y arreglos en contra del lucimiento o las estructuras más complejas del resto de los temas. Sin embargo, lograron uno de los mejores sencillos de su carrera.

The evil that men do, segundo single, tiene uno de los mejores solos de guitarra de Adrian Smith, un estribillo coreable hasta quedarse afónico, el bajo de Harris se despeña marcando a sus compañeros y, en fin, una estructura desbordante. La historia de la existencia eterna del mal que hacen los hombres.

Como ya hiciera en discos anteriores y seguiría haciendo en la mayoría de los posteriores, Harris compone un tema largo, donde se combinan diferentes tempos y estructuras. Seventh son of a seventh son es, quizá, el tema más progresivo, o en el que con mayor evidencia se puede apreciar. La parte central, inolvidable. Impresionante la versión en directo que realizaron durante esa gira.

The prophecy es la única aportación compositiva de Murray. Comienza con una intro suave, mantiene un tempo medio con un buen trabajo vocal de Bruce, quien compone también, y presenta un estribillo flojo. Quizá la canción menos acertada del disco, con demasiados cambios innecesarios. Sin embargo, estamos hablando de una canción que rodeada de otras menos gloriosas saldría mejor parada, desde luego.

Para terminar el disco, dos de los mejores temas. The clairvoyant, donde el personaje pasa de la vida a la muerte, salió como tercer single y se acompañó de tres temas en directo de su actuación en el Monster of Rock. Tiene una de las inconfundibles melodías de dobles guitarras del grupo, regalo de Harris de nuevo. Los cambios de ritmo esta vez sí están bien estructurados. Buenas guitarras, unos arreglos de teclado soberbios que enriquecen la canción y un estribillo clásico del grupo. Para mí, uno de los mejores solos de Murray.

Y, por fin, Only the good die young. En apenas cuatro minutos, todo lo bueno de Harris y Dickinson en una sola dosis: letra, melodía, ritmo, solos y el sonido eterno de Iron Maiden.

Disfruta del contenido completo del Seventh en este enlace.

Axel Rudi Pell – Circle of the oath

Axel Rudi Pell – Circle of the Oath – 2012

Axel Rudi Pell destaca como un extraordinario guitarrista con una dilatada carrera llena de buenas canciones. Sin embargo, aunque ha gozado de cierto éxito, nunca se le ha valorado fuera del círculo del heavy metal y el hard rock europeo. Desde hace muchos años mantiene un estilo deudor de Ritchie Blackmore y sus Rainbow, aunque aportando su genio particular y su buen hacer.

Este disco no puede catalogarse como el mejor que ha editado, pero sin duda el cuidado con el que esta vez sí ha realizado la producción y la buena selección de melodías y arreglos han conseguido un acabado más que satisfactorio para cualquier fan del género. Además de Axel, la banda la conforman el impresionante Mike Terrana a la batería, Ferdy Doernber a los teclados, Krawczak al bajo y Johnny Gioeli a la voz. En especial, Gioeli y Terrana destacan al lado de Rudi Pell a lo largo de todos los temas.

Entre mis favoritas están Run with the wind, Ghost in the black y Bridges to nowhere. Cada una refleja los tres aspectos diferentes del grupo. Run with the wind presenta toque más hardrockero, con guitarras crudas y batería tremenda, unos coros con toques ochenteros y un solo para quitarse el sombrero. Ghost in the black muestra el carácter un poco más heavy, con guitarras rápidas y voces muy trabajadas ¡y qué batería!. Bridges to nowhere representa la búsqueda constante de Axel por un tema demoledor, largo, estructurado, con arreglos de teclado más elaborados; además tiene un solo espectacular.

También destacan Circle of the Oath, con sonidos orientales y un aire Led Zeppelin y Fortunes of war, con su sonido Rainbow versión ochentas (podría cantarlo perfectamente Joe Lynn Turner). No puedo olvidar la fastuosa balada marca de la casa Lived our life before, con una excelente interpretación vocal de Gioeli.

Veredicto: muy recomendable.