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Música moderna: marzo 2017

¿Qué se cuece por el mundo musical de hoy en día? ¿Qué me llevo a las orejas de buena mañana? En esta sección nos gusta compartir la música actual: por si no lo sabes, el rock está (otra vez) muriéndose, así que bien vale disfrutarlo mientras dure. Este mes vengo más blandito. Traigo la última propuesta de Steven Wilson, un poco de blues rock, algo de hardcore y unos locos arrimados desde Canadá.

Dale al play.

Blackfield_V Blackfield – V (2017)

No somos conscientes del legado musical que está dejando Steven Wilson en todas sus aventuras. ¿De dónde saca tanta inspiración? En esta quinta entrega de Blackfield, junto a Aviv Geffen, ha completado un delicioso ejercicio de composición y sensibilidad, con melodías alegres, optimistas, canciones concisas pero elaboradas. En ocasiones me recuerda en extremo a la época de Stupid dreams, lo cual es muy bueno. A destacar Family man, We’ll never be apart (especial interpretación de Aviv), Life is an ocean (qué sencilla belleza en poco más de tres minutos), Undercover heart, con sus violines y esa mezcla de voces, el rock de Lately, la blusera The Jackal o la balada How was your ride. Una gozada.

Scotty Bratcher – That album (2016)thatalbum-300x300

Una fiesta del riff blues rock y la guitarra pentatónica se marca Scotty Bratcher en este disco. Magia en cada solo, y lo mismo se va al blues más clásico (As the years go passing by, That’s alright mama), al southern (Tables turn and bridges burnWhipping post) o coquetea con el hard rock (Hard to feel). Escucha del tirón los tres primeros cortes y ya te habrás enganchado: Ain’t no way I’m coming, Disappointing Ourselves y Worry me no more, llenos de guitarras roqueras y buenos estribillos. Además, Scotty deja claro que también canta bien, marcando el tempo y la melodía. Y no podían faltar canciones de (des)amor: fantástica Without hope, más predecible All and nothig more. Un disco para amantes de la guitarra y el blues rock en su espectro más amplio.

Sinaia – Presente (2016)

sinaia-presente-web.jpgUn sonido espectacular de principio a fin para un álbum rápido, agresivo pero clavado en pasajes melódicos seductores, más metal (Hamlet, Soziedad Alcohólica) que rock, más hardcore (Desakato) que punk. Aparecen canciones complejas como Por el suelo o Enero junto a otras más directas como  Vesania, la final Hierro o la inicial Pulso, e incluso potenciales singles roqueros como Ojos cerrados o Intento perfecto. Curiosa la letra de Mil nombres: un homenaje a “los viejos sabios” anclados al pasado desde los que “arriesgarse” a tener la propia identidad “como un hijo”. Valentín Domínguez hace un gran trabajo vocal. La banda suena compacta, precisa, aunque nadie destaca especialmente. Muy chula la portada. A tener en cuenta en el panorama actual.

 

Bocanada – Libres (2017) BOCANADA-libres

No soy imparcial con Bocanada. Me encanta. Les he visto en directo y escucho regularmente sus anteriores discos. Así que esta recomendación viene envenenada. Libre es un disco donde siguen ahondando en sus influencias de rock más clásico y en las complejas referencias de las letras de Martín Romero, un artista de la palabra, aunque a veces se recrea demasiado en su imaginería propia. El álbum suena muy bien gracias, supongo, a la producción de Kolibrí Díaz (Marea). Todo queda en familia. Esta vez prefiero los cortes más duros, con las guitarras como protagonistas. Ahí suenan Más animal, Ya pasarás por mi puerta, De raíz y Otro mañana. Juegan con acentos melódicos en Llenos los bolsillos, Solo humo y la final Me sobran dedos. Un ladrillo más en su particular camino amarillo del rock.

Rival - Tales From The Bluesy Tomb (2017).jpg Rival – Tales from the bluesy tomb (2017)

La verdad, no tengo aún claro si estos tipos son unos genios o unos magos del recorta y pega. O me han pillado despistado. Debut del cuarteto canadiense marcado por el hard rock de hace cuarenta años, mucho blues sucio y toques locos por todos lados: cambios de ritmo, cambios de tono, cambios de melodía, gritos, fuzz, en fin, un disco para escuchar atento. Recomendables en estado salvaje, su punto óptimo: Gone too far, Dead money (pedazo de riff y guapo Hammond), el rollo cinematográfico de Orpheus (play a tune for me), el doble bombo de Assembly line. Pero también saben bajar revoluciones y regalarnos la historia de Jackie Dee o una How bad blues con armónica incluida. A veces se les va mucho la cabeza (Time out, Maybe death, maybe more) pero seguro te van a sorprender. Quizá para bien.

 

 

Las portadas de Roger Dean

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Las portadas de Roger Dean

Uno de los artistas gráficos más influyentes en las portadas de los setenta con sus dibujos llenos de fantasía y un juego especial con los contrastes y las figuras. Dean mezcla personajes fantásticos en mundos irreales para trasladarnos imágenes impactantes de extraña belleza.yes-fragile-roger-dean

Su obra más famosa ilustra las portadas de Yes y Asia. Comenzó con la portada de Fragile (1971), diseñando el logo de la banda un año después para el álbum Close to the edge. Alargó su mano los siguientes discos con paisajes cada vez más oníricos y sorprendentes. Los miembros de Yes y sus reencarnaciones posteriores también contaron con su pluma: Steve Howe en solitario, la reunión de 1989 con Bruford, Wakeman Anderson y el propio Howe o las portadas de Asia.

A otra banda grande como Uriah Heep les realizó las icónicas Demons and wizards (1972) y The magician’s birthday (1972).

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Su primera portada prácticamente se la robó el manager de la banda Gun para el debut de 1968 del mismo nombre, tras ver los bocetos que Roger tenía. Antes de alcanzar la fama con Yes y Uriah Heep dibujó otras muchas, entre las que destacan los elefantes con alas de osibisa-osibisa-roger-deanmariposa en la portada de Osibisa (1971), el pulpo gigante del Octopus (1972) de Gentle Giant o las naves espaciales del Nitro function (1971) de Billy Cox.

Aunque nunca ha dejado de diseñar para sus amigos del Universo Yes, lo cierto es que son raros sus originales para portadas de álbumes más allá de los años ochenta (se dedicó a los videojuegos, negocio de moda entonces). Si queréis un poco más de su arte, consultad su página en este enlace.

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Sangre Azul – Cuerpo a cuerpo – 1988

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Sangre Azul – Cuerpo a cuerpo – 1988

La banda madrileña Sangre Azul grabó este álbum en los estudios Mediterráneo de Ibiza en Marzo de 1988, a las órdenes de Steve Taylor y Dennis Herman, clave en el excelente sonido y la mezcla “made in usa”. Porque, al fin y al cabo, la compañía Hispavox quiso fabricar con Cuerpo a cuerpo una copia del sonido (y la imagen) Bon Jovi/Whitesnake que arrasaba por entonces en las listas de ventas de este país (y de medio mundo). Y lo lograron, desde luego. Contaban con buenas composiciones, con un cantante, Tony, más que solvente y con dos guitarristas, el mismísimo Carlos Raya y J.A. Martín, inspirados, elegantes y técnicos. Le pones una buena base rítmica, con Luis Santurde a la batería y Julio Díaz al bajo, y lo completas con un teclista de primera, Miguel Ángel Collado, y es difícil que el producto final no sea bueno. Bien es cierto que hay canciones mejores que otras, aunque, como siempre, eso es cuestión de gustos.

La pareja que abre el álbum, No eres nadie y Cuerpo a cuerpo, son dos trallazos complementarios. El primero, sobre el abandono de la chica mentirosa que no nos corresponde; el segundo, canción libertina sobre el ligue de bar. En Cuerpo a cuerpo domina el riff de guitarras y la labor de Tony, entregado al papel de ligón. También el riff inicial de Nacido para ganar, que se repite en la parte central, es lo mejor de la canción. Dueño y señor, una de mis favoritas por su letra lamentando la pérdida del que nunca tuvo nada, juega con ese teclado en todo el estribillo, fácil de recordar y sencillo, y un solo a dos guitarras cortito y trabajado. En un segundo nivel, ojito, pero nivelazo, se pega Si tú te vas, con una base buena pero un puente/estribillo algo previsibles.

La antigua cara B comenzaba con otra de las joyas de este disco, Mil y una noches, tremenda construcción, hard rock melódico de manual, interpretación, arreglos y melodía, qué más pedir. En Noche de acción tenemos una canción del cantante que va de concierto en concierto (“otra noche, otra ciudad”) burlando la ley y el destino para tener una noche de acción; estribillo molón y buen solo. Síguelo es muy simple, con un coro que marca y dirige el tema y una letra ensalzando las vivencias del rocanrol: surgiendo de algún lugar escuchas su voz tan especial; puente y estribillo para cantar a toda voz, con cierto tufillo Dokken. Y, cómo no, en Dame tu amor tenemos al rompecorazones, con toques Whitesnake, en la que se pide a la mujer deseada que nos dé una noche, no más, que “no soy hombre de una mujer”. Cierra el álbum Alejandría, un instrumental, un temazo.

Supongo que si andas por este blog ya has escuchado antes este álbum, y  te animo a retomarlo. Si aún no has posado tus orejas en él,  ya estás tardando. Un clásico en su género.

 

Gold – Oregins S. F. – 1970

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Gold – Oregins S. F. – 1970

No te extrañe si nunca has oído hablar de esta banda de San Francisco, porque nunca editaron de forma oficial un álbum ni pasaron de ser una banda de directos y festivales más allá de la costa Oeste en el periodo de 1968 a 1973. Sin embargo, casi 25 años después una compañía independiente editó este Oregins S. F. recogiendo las grabaciones inéditas en los estudios Golden State entre finales de 1969 y principios del año siguiente (nueve canciones en total) más una grabación sin trampa ni cartón de aquel mismo año en el Filmore West (otros ocho temas). Un notable legado de una banda más que no llegó a levantar la cabeza en el enorme tifón de creatividad de aquel momento.

Entonces, ¿por qué traerlos aquí? Pues simplemente porque este disco no puede pasar tan desapercibido. La mezcla de blues electrificado a lo Blue Cheer con las influencias latinas al estilo Santana o Manassas y un toque psicofolk cercano a Quicksilver Messenger Service crea una pequeña colección más que recomendable. Ed Scott fundó el grupo en 1967 y tras muchos cambios de miembros y nombres decidió abandonar definitivamente en 1973. En la época de Oregins S. F. formaban en Gold, con él a la guitarra, Louie Goursau a la batería, Ron Cabral y Sebastian Nicholson a la percusión (congas, maracas, lo que haga falta), Chico Moncada al bajo, Richard Coco y Robin Sinclair a las voces y Joe Bajza como guitarra solista.

La banda llegó a editar el sencillo No parking como cara A y Summertime como cara B. La primera, que abre el disco, una rabiosa carrera de riff heavy y veloz percusión, con un toque fiestero en la parte central, donde Joe y Ed se lucen especialmente. La segunda, Summertime, que cierra el álbum, es un tema con toque latino, que comienza a modo de balada y acelera con unas congas y un buen trabajo rítmico, más un pequeño solo de guitarra influenciado por Santana.

High on love tiene un rollo más folk que me recuerda a Stephen Stills, igual que When I saw you, esta más rítmica, con unos coros centrales y unos arreglos más cercanos a la psicodelia. Righteous love resulta extraordinaria, con esa voz negroide jugando entre el rock de guitarras y el soul, un puente y un estribillo bien conseguidos. El tema se vuelve rudo con Heavy, otro buen riff, aunque ahora con un toque más latino que en No parking, cercano al Santana de los primeros discos. Esta influencia es más clara en Conquistadores, sobre todo por el trabajo de percusión y el solo central. Una canción de corte british invasion de título PSB, bien conseguida, aunque fuera de contexto, aunque quizá el mejor trabajo vocal. El blues se presenta más descarado en Filet of soul, con un punto dramático de equilibrio entre el piano y las guitarras.

En los cortes recogidos en vivo, destacar una versión, cómo no, de Santana, Fried neckbones, y un tema que no aparece en estudio, Colores, cercano también a los sonidos psicodélicos de San Francisco por aquella época.

Un grupo que lo intentó, con suficiente buen hacer para haber conseguido publicar con éxito un álbum y, quién sabe, si desarrollar una carrera prolífica. En cualquier caso, recomendable escucha.

Desakato – La teoría del fuego – 2016

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Desakato – La teoría del fuego

Es un placer escuchar un nuevo álbum de Desakato, una banda que año tras año se labra una discografía y una fama sobre los escenarios excelentes. Parecía difícil conseguir mantener el nivel del anterior Buen viaje, pero, de partida, debo reconocer que lo han conseguido. Y eso que La teoría del fuego explora los rincones ya transitados pero con una pequeña vuelta de tuerca a sus ritmos gruesos, las guitarras a veces rabiosas y otras mezcladas en melodías inspiradas con la voz, donde el espíritu hardcore, intacto, se enreda con pequeños lametones de hard, de punk, de stoner o de heavy muscular. Un paso al frente, un paso al lado, once nuevas canciones para sumar y seguir.

La banda la conforman en quinteto Pepo y Pablo a las voces, este compartiendo la guitarras con Gabri, el bajo de Mario y la batería de Nano. Lo grabaron en los estudios OVNI (con Pablo y Gabri manejando el cotarro) y se lo mandaron masterizar a Kike Sanchís.

La inicial y veloz Tiempo de cobardes engancha con su anterior álbum, pero, en seguida, Animales hambrientos empuja la construcción mostrando, a pocos, la evolución del grupo desde aquel Buen viaje: base rápida, mezcla de voces claras y gruesas, en ocasiones dobladas, un estribillo poderoso y un pequeño regalo armónico como final. Estigma, en cambio, a pesar de su brusca entrada, relaja con la voz de Pablo controlando calmada el tempo, una línea de bajo excelente y un pequeño acelerón en la parte central, más un estribillo diez: “soy indestructible como el viento: puedo ser un meteorito incandescente a punto de estallar”. Estupenda.

Atreverse con un corte como Tu avalancha es de valientes: una balada en toda regla, una hermosa historia de amor salvaje, irrenunciable, de lo mejor de La teoría del fuego. Pasajeros nos acerca al hard rock con un riff y una estructura pasados por la mente Desakato, muy logrado el juego armónico, con su pequeño solo de guitarra, coro vocal y efectos incluidos. Y, por cierto, otra gran letra: “correr como animales, hacernos inmortales, anegar nuestro desierto con un pacto de sangre”. En Heridas abiertas, sobre el tema de los atentados terroristas (“seremos mártires sin miedo a volar … anhelando el momento en que todo estalle, muera, vuelvo a nacer”), aparecen quizá más previsibles, pero acertados en el conjunto, con ritmo que te mueve a hostias la cabeza.

El resto del disco no desmerece ni un ápice. La hoguera (“por fin he descubierto el fuego”), con la colaboración puntual de Titi Muñoz (Possesion), nos trae la hoguera de la revolución: groove conseguido, pegajoso, cambios constantes y la mezcla Desakato de azúcar y clavos (“aprendimos a vivir con los pies en el cemento pero vamos a salir”). En Barcos en llamas tenemos un tufillo punkrock con una línea de guitarra machacona, dura, para cantar “desde las alturas no se ve todo lo que encuentras al caer … furioso y desequilibrado apuestas al caballo perdedor”; bueno el cambio en el centro para otro pequeño solo. Deberían prodigarse más en el trabajo pirotécnico, pues cuando se animan a dejarnos instrumentales los clava, en este caso bajo el título Volcán. Y el cierre con las palabras de casa: Fueu y solombres.

Trabajo duro, inspiración, amor por lo que se hace, cojones y arte: usa bien los instrumentos y ya tienes la base de Desakato. Lo puedes comprobar pinchando La teoría del fuego. Muy recomendable.

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Versión EspaNola: Bachman-Turner Overdrive y Judith Mateo

Rock is my life and this is my song – Rock es vida

Hace pocas semanas la violinista Judith Mateo editó su nuevo álbum de título Rock is my life. En él une fuerzas con el cantante Chusé Joven para hacer una adaptación al español del pegadizo éxito de 1974 Rock is my life and this is my song, aparecido en el tercer álbum de los canadienses Bachman-Turner Overdrive bajo el título Not fragile. La adaptación, roquera, directa, cuenta con un excelente arreglo de Judith. Si el rock es tu vida…

 

Spiritual Beggars – Sunrise to sundown – 2016

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Spiritual Beggars – Sunrise to sundown – 2016

¿Os imagináis un disco compuesto por Tony Iommi (Black Sabbath) y David Coverdale (Whitesnake)? Con Jon Lord (Deep Purple) y Ken Hensley (Uriah Heep) en los teclados, Geezer Butler (Black Sabbath) en las cuatro cuerdas y Dave Holland (Judas Priest) a la batería. Pues, sin mucho exagerar, esto es lo que da de sí el nuevo trabajo de Spiritual Beggars, noveno largo, que arremete con todas estas texturas y alguna sorpresa para construir un espectáculo propio: una producción impactante que mama de lo mejor de los setenta y los ochenta sin ser un mero copia pega.

Michael Amott es el principal artífice de este disco, por su labor compositiva y por sus excelentes guitarras. A su lado Per Wiberg maneja los teclados (acústicos y electrónicos) y colabora en la composición. La pareja rítmica la forman Ludwig Witt a la batería y Sharlee D’Angelo al bajo. Remata el versátil voceras Apollo Papathanasio, siempre correcto, muchas veces supremo.

La mayoría de las canciones viven en un Universo de hard con lametones de heavy setentero. What doesn’t kill you viene acelerada (Witt aplasta el doble bombo), Apollo se arrima a Halford y la canción fluye veloz con un puente y un estribillo soberbios. En Hard road escuchamos un ejercicio de clasicismo con un groove bestial coronado por un estribillo pensado para los directos, igual que Still hunter: se meterá en tu oreja de inmediato, con esa línea sencilla, el arreglo de teclado muy bien pensado y un solo digno de Blackmore. Guitarras duras  de primera también en Dark light child (quizá las mejores) y You’ve been fooled (gran trabajo rítmico).

El aroma Purple-Rainbow se cuela con respeto y un punto de personalidad. En Diamond under pressure se basan en una línea de teclado y un ritmo que recuerda a My woman from Tokyo; tema soberbio con Apollo cantando cual Gillan jovenzuelo. También en la final Southern star podemos recrearnos en ese ritmo lento y largo con buenos cambios. Como si lo hubieran compuesto para el mismo Ronnie James Dio, No man’s land juega con la ambientación grandilocuente de guitarras armonizadas con el teclado.

Y no puede faltar el revuelco stoner en un disco de Spiritual Beggars, que si bien se cuela por varias canciones, se muestra más evidente en Lonely freedom, de lo mejor del álbum, perfecto en medio del Sabbath Bloody Sabbath. Pareja con I turn to stone, con capas de guitarras viviendo sobre un teclado operístico.

No creo que haya muchos discos del estilo que rindan tanto homenaje a leyendas del rock pero sepan encontrar su propio hueco artístico, tanto en el sonido final como en la misma composición y en el arreglo de cada canción. Me pueden estos tipos. Del amanecer al anochecer y viceversa.

Spiritual Beggars – Dark light child

 

 

11 canciones para un domingo de rock

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Música para un domingo roquero. Día para amar, para estar tirado en el sofá todo el día, para ir a la iglesia, para arrepentirse de lo que ayer hicimos, para hacer planes. Pero, siempre, un buen día para poner la música a tope y mover el culo. Once canciones donde nuestros músicos nos cuentan qué hacer un domingo cualquiera.

Scorpions – Loving you sunday morning

 

Faith No More – Easy like sunday morning

 

Iggy Pop – Sunday

 

The Small Faces – Lazy sunday afternoon

 

Sonic Youth – Sunday

 

No Doubt – Sunday morning

 

My Sister’s machine – Sunday

 

Green Day – Church on sunday

 

The Cranberries – Sunday

 

Buffalo Tom – Sunday night

 

Jethro Tull – Black sunday

 

 

Poison – Flesh & blood – 1990

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Poison – Flesh & blood – 1990

Hace más de 25 años una banda multiplatino llena de cardados, maquillaje y vídeos sexuales decidió ponerse a componer y grabar un disco que les granjeara el respeto de la crítica musical y les pusiera un poco más arriba en el mainstream mediático. Contrataron al productor fetiche de aquellos años, Bruce Fairbairn, se fugaron a su estudio canadiense y parieron el mejor disco de su discografía, aunque tuvieran que dar un paso al lado de su glam-metal anterior y salir a “cara limpia”.

La banda seguía con la alineación clásica. C.C. DeVille en las guitarras, Bret Michaels en la voz, la armónica, la guitarra rítmica y la composición principal, Bobby Dall al piano y el bajo y Rikki Rockett a la batería.

En Flesh & blood, por un lado, encontramos temas que ahondan en la fiesta y el sexo, característica de sus dos entregas anteriores, los más luminosos y directos. El primer single, por ejemplo, Unskinny bop, con una pegajosa entrada rítmica que mantiene el fondo hasta el estribillo y Bret cantanto de manera juguetona. Otro single, (Flesh&blood) sacrifice, se basa en un riff estupendo de guitara y esa batería que tan bien mezclaba Fairbairn en sus producciones sobre un arreglo bien armonizado y un trabajo vocal a recordar. La temática de libertad y fiesta sigue en Ride the wind, quizá el mejor estribillo, alabando la vida motera, y en Let it play, un cántico a la felicidad que produce escuchar música (y otro genial estribillo). En otra honda, jugando con una estructura de blues,images narran las historias del que alcanza el éxito pero sigue sintiéndose un pobre chaval; el ritmo y la guitarra hacen mover el culo sin parar en Poor boy blues.

Se ponen serios y, hasta oscuros, por momentos. En la  inicial Valley of lost souls se muestra dudosos de la capacidad de alcanzar la felicidad y juegan con los sonidos Guns’n’Roses saliendo airosos. También hablan de los malos tiempos en Come hell or high water, tema más flojo que, sin embargo, contiene el mejor solo de C.C. y otro buen estribillo. Más allá de la juerga nocturna, tratan sobre sus relaciones largas en Ball and chain, trasfondo country, una de las gemas escondidas de Flesh & blood.

No faltan, por supuesto, las baladas y los medios tiempos, seña de identidad de cualquier grupo ochentero que triunfara en las listas de ventas. Presentan tres temas diferentes. En Life goes on juegan en territorio conocido y componen una balada al “viejo” estilo, con arreglo orquestal y lacónica letra de corazones rotos. Something to believe in, el otro single de éxito, y la canción más larga, explica el dolor ante la pérdida de alguien querido, en este caso un gran amigo, y la necesidad de creer en algo. La música y la interpretación vocal acompañan a la emocionante letra, muy bien logrado el conjunto. La tercera en discordia, otra tremenda, Life loves a tragedy, ahonda en la tragedia vital de las relaciones personales, con una construcción in crescendo de estribillo demoledor.

Vendieron una barbaridad y se acabó Poison. Tras dos años de gira, C.C. DeVille fue expulsado por sus problemas de drogas y, aunque el grupo reclutó a Ritchie Kotzen, nunca volvió a ser lo mismo. Un álbum completo que no defraudará a los profanos de los sonidos ochenteros ni a los amantes del buen hard rock. A rescatar.

Poison – Something to believe in 

 

Baroness – Purple – 2015

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Baroness- Purple – 2015

A Baroness se les ha mezclado en el cuerpo el espíritu de los Muse de Absolution con la rabia de James Hetfield en Master of puppets y las guitarras de Brian May en Jazz. Así, las canciones enredan su épica en melodías apoteósicas y arreglos rítimicos enormes. Sebastian Thomson a la batería demuestra su dominio de platos y bombos mientras el juego bajo-guitarra sostiene los temas con fuerza: un colchón de piedra indestructible. La producción la realiza David Friedmann junto con la banda. John Dyer Baizley se encarga de las letras, la composición de todos los temas (junto con sus compañeros) y de tocar las guitarras, el piano y lo que se tercia, además de dibujar la portada y responsabilizarse del artwork del grupo. Pete Adams sigue a su lado como guitarrista y se incorporan como miembros de pleno derecho el ya nombrado batera Sebastian Thomson y Nick Jost tocando el bajo y los teclados.

El comienzo es arrollador. Morningstar y Shock me son dos singles perfectos, con líneas adictivas y la mezcla justa de puño y seda. En Shock me destaca el estribillo, de manual, un potente órgano y el trabajo de guitarras. Chlorine & wine, canción adelanto, resume, con acierto, lo que Purple contiene: suavidad en la entrada, progresión en la construcción del tema, buen remate, estribillo y arreglos meditados y una gozosa ejecución instrumental (ese solo a dos guitarras).

Aparece Try to dissapear lentamente en el horizonte y muestra los arreglos electrónicos que Baroness van repartiendo a lo largo de todo el álbum. Tema lleno de contención violenta que crece en torbellino hasta la parte final. Ese toque novedoso lo escuchamos también en Kerosen: aunque más seco se agarra a las armonías y los arreglos vocales y se adorna en un experimento sonoro al estilo Baroness.

Ironbell elabora sobre una melodía pop un excelente ejercicio de metal moderno, con una parte central alocada y transgresora. La pesadez que arrastra Desperation burns estalla con una pirotecnia vocal y rítmica alucinante, uno de los mejores del álbum, sin tanta complicación como los anteriores pero con igual efectividad. La final If I have to wake up (would you stop the rain) vuelve a la paranoia melódica de ritmos cortantes y juegos vocales poco habituales hoy en día, demostrando con qué aparente facilidad encajan las letras de Baizley en el entramado sónico.

Un gran artefacto sonoro para engrandecer la impecable discografía de Baroness, uno de los grandes del presente siglo.

Baroness- Shock me