Vinnie Vincent fue el nombre de guerra de Vincent John Cusano, guitarrista, compositor, cantante, productor que tuvo un éxito tan veloz como efímero en los años ochenta. Entre su ascenso a la primera línea del hard&heavy y su caída en desgracia apenas transcurrieron seis años. ¡Pero qué buena música dejó! Hoy repasamos aquellos pasos de gigante.

Los orígenes: Vincent Cusano.

A Vincent Cusano le regalaron una guitarra para su décimo cumpleaños. En 1987 contó “dormía con mi guitarra cuando era un niño y apenas sabía tocarla, pero amaba aquella guitarra más que nada y desde entonces siempre he necesitado tocar”. En su Bridgeport natal se hizo conocido por llevarla a todos lados. Su primera grabación fue un sencillo titulado Happy birthday U.S.A. en 1976 junto al cantante David Wolff; ambos lo editaron con seudónimo: Kid Cashmir & Winnie LeCoux. En 1977 con Felix Cavaliere forma la banda Treasure, grabando un álbum homónimo. En ella Cusano compone dos temas (Innocent eyes y Turn yourself around) y graba todas las guitarras. Cavaliere recuerda: “Vincent hacía muchos conciertos solo en Connecticut; se subía a los escenarios de bares y restaurantes y podía tocar cualquier cosa”. Los siguientes años colabora con diversos artistas (Laura Nyro, Dan Hartman) hasta que decide, con el cambio de década, y dos hijos a su cargo, mudarse a Los Angeles, una ciudad donde un tipo con inquietudes y talento podrá, quizá, tener mejor fortuna.

Asentado en la ciudad comenzó a colaborar con diversos músicos. Formó parte de la banda que Carmnie Appice montó y que en directo acabó llamándose Carmine Appice and The Rockers; incluso compuso una canción (Drum city rocker) para el álbum homónimo de 1981. Por esa época comienza a componer con Adam Mitchell y graba una demo con canciones como Tears, Back on the Street, More than Friends o My love goes with you que mueven por distintas productoras. Una de estas canciones, Tears, acabó en el disco de Peter Criss, exbatería de Kiss, titulado Let me rock you (1982).

El año que cambió todo.

En 1982 ocurrió una casualidad que llevó a nuestro protagonista del hoyo a la cima del rock en apenas unos meses.

La situación para las sesiones del que sería el décimo álbum de Kiss no podía ser más caótica. Durante la grabación, los continuos problemas con el guitarrista Ace Frehley obligó a reclutar a un sinfín de amigos y colaboradores a las seis cuerdas. Por allí pasaron músicos de todo tipo. Adam Mitchell sugirió a su colega Cusano que colaborara con alguna de sus canciones y le llevó al estudio. Allí conoció a Gene Simmons. Vincent recordaba: “Le dije a Gene “es un placer, yo siempre he sido fan vuestro” y le di mi número de teléfono para que me llamase. Estuve una semana sin apenas comer y dormir. Al final me llamó y las primeras canciones que hicimos fueron Killer y I love it loud. Luego me presentó a Paul y con él escribí I still love you y un par de temas más”. Así, en aquellas sesiones tocó las guitarras en, al menos, cinco cortes: Danger, Keep me comin’ (compuestas por su colega Mitchell), Killer, War machine y I love it loud. Lo cierto es que Vinnie enseñó lo mejor de su arsenal a los dos cerebros de Kiss, intentando impresionarles. Pero ni Gene ni Paul veían que el “bajito” de Vincent pudiera encajar en la banda.

En aquellas, sucedió otro acontecimiento que cambió el destino de nuestro protagonista. Paul Stanley había producido (junto a Mike Stone) el debut de una banda llamada New England tres años antes y se había llevado a los chicos de gira con la banda. Ante la huida de su líder, John Faldo, tres miembros del grupo, el teclista Jimmy Waldo, el batería Hirsh Gardner y el bajista Gary Shea, llaman a Paul pidiéndole ayuda; buscaban “un guitarrista que componga y pueda cantar”. Stanley les recomendó que probaran con Vincent y los tres músicos viajaron a Los Angeles. Se instalaron en los estudios SIR, en una sala contigua a la que Kiss usaba para componer, ensayar y, al mismo tiempo, audicionar guitarristas. Vinnie comienza a tocar con sus nuevos colegas algunas de sus viejas canciones y surgen otras nuevas: Boys gonna rock, It ain’t pretty being easy, Baby oh why, Hot nights. El nombre elegido para la banda fue Warrior. Stanley se pasó a saludar a sus colegas de New England. Y escuchó lo que por allí se cocía. Aunque Vincent seguía sin ser el tipo que querían Simmons y Stanley para el grupo, acabó siendo la decisión obvia. Por cierto, Faldo y Shea acabaron formando Alcatrazz con Malmsteen y Graham Bonnet.

Nace Vinnie Vincent.

La salida de Creatures of the night (1982) coincidió con el adiós definitivo de Ace Frehley. Una presentación breve de Vincent ante los medios oficializó el cambio. En ella Simmons afirmó: “es una pena que Ace no pueda tocar con nosotros, pero es fantástico tocar con Vinnie. Es un guitarrista increíble. Realmente no creo que hayamos perdido algo imprescindible. De hecho, creo que hemos ganado mucho”. Como el propio Vinnie dijo: “mi entrada en Kiss fue una historia impresionante llena de giros del destino”.

Igual que unos años antes se hizo con el batería Eric Carr, Vinnie necesitaba un personaje para formar parte del espectáculo. El elegido por Stanley fue el guerrero egipcio Ankh y el maquillaje incluía una cruz dorada. Simmons sugirió cambiarle el nombre: Vincent significa “vencedor”; veni vidi vici, pensó Simmons. Y a partir de entonces se le concoció como Vinnie Vincent (“vino y venció”). No a todo el mundo le bautiza una estrella del rock. Así, el 28 de diciembre, en Bismarck, Vinnie Vincent, el guerrero Ankh, se subió por primera vez a un escenario. La gira se extendió hasta finales de junio por Estados Unidos, Europa y Sudamérica, donde batieron el récord de asistencia a un concierto en Maracaná. Aquellas fueron las últimas actuaciones de la banda con el maquillaje. Y, en realidad, iban a ser las últimas con Vincent.

Porque Simmons y Stanley no acababan de encajar la maniática personalidad de un Vincent que comenzaba a creerse imprescindible. Y lo que sucedió el año siguiente, quizá, le dio la razón. En verano de 1983 entraron a grabar su nuevo álbum en los estudios Record Plant con Michael James Jackson a los controles. Por primera vez desde Dressed to kill (1975) todas las canciones habían sido compuestas por miembros de la banda, sin ayuda de escritores externos; eso sí, Vincent ponía su sello en ocho de las diez canciones. Su forma de componer y el sonido de su guitarra marcan el álbum sin ninguna duda, casi como una Kiss-Vincent Band: Not for the innocent, Young and wasted, A million to one o Gimme more sirvan de ejemplo. En septiembre de aquel año se publicó Lick it up, el primero sin el maquillaje, presentado con una sobria portada. El álbum escaló pronto al puesto 24 en Estados Unidos convirtiéndose en disco de oro antes de las Navidades, su mayor éxito en siete años. Incluso en Europa, gracias al sencillo Lick it up, despegaron las ventas hasta el punto de embarcarse en una gira de seis semanas y cuarenta y nueve conciertos.

Esas semanas fueron determinantes para que Simmons y Stanley decidieran prescindir de Vincent. Según Simmons: “la persona más auto-destructiva que he conocido, ese chico se colgaría así mismo si alguien le diese las llaves del cielo”. Pero la premura de las fechas por Estados Unidos obligó a que permaneciera con ellos hasta el 17 de marzo de 1984. Ese día fue despedido. Paul expresaría: “no existe otra forma mejor de decirlo, había problemas con él, personales y musicales”. Este despido no sentó nada bien a Vinnie: “mi química con la banda ayudó a devolverles a los primeros puestos y a darles una credibilidad musical que nunca habían tenido”. Detrás de todo esto, había una pelea por los royalties de las canciones, pues Vincent consideraba que no se estaba reconociendo su aportación a la banda.

La Vinnie Vincent Band.

Chrysalis fue la compañía que ofreció a Vincent un contrato muy jugoso para su nueva aventura: ocho discos y nada menos que 4 millones de dólares. Así que comenzó a buscar compañeros de aventuras. El primero en subirse al carro fue Dana Strum, ambicioso músico, bajista, guitarrista, cantante, lo que hiciera falta, quien acabó siendo la herramienta imprescindible en el estudio para lograr alcanzar el nivel estratosférico de locura que Vinnie llevaba en sus dedos por entonces. Audicionaron a numerosos baterías, siendo el elegido el musculoso Bobby Rock. Y para la voz, llamó a un antiguo amigo, Robert Fleishman, efímero cantante de Journey, que había sido candidato ya a participar en Warrior. La maqueta de Warrior fue determinante para que la compañía insistiera en Fleishman.

El álbum se grabó en un estudio pequeño en Hollywood, los Baby-O Recorder, que inspiraron el cambio de nombre de una de las canciones. La grabación fue tan abrumadora como el sonido que se buscaba, con Vincent creciendo en su obsesión y descontrol. Bobby Rock cuenta que tuvo que grabar hasta cuatro veces sus partes ya que cambiaba diariamente de arreglos las canciones, recordando que “ha sido la peor experiencia en un estudio”. El cantante Robert Fleishman afirma que un día se volvió literalmente loco: “intentaba hacer un solo durante varios minutos, finalmente se paró, destrozó su guitarra contra el suelo y se meó en ella. Y ahí estaba, meándose en su guitarra y en un suelo de madera. Fue una locura”.

El album: Vinnie Vincent Invasion (1986)

El disco se publicó, finalmente, en mayo de 1986 con una advertencia: “made 2B played at maximum volume”. Contenía diez canciones hiperproducidas con grandes momentos como Boyz are gonna rock, Shoot U fool of love, su versión de Back on the streets o I wanna be your victim. Los solos hipérboles y las capas de guitarras, teclados y voces convirtieron el debut de la banda en un disco (más o menos) icónico, casi padre de un estilo alocado y sobrecargado que tendría imitadores (Nitro, Tygertailz).

Fleishman no sobrevivió a la grabación y fue sustituido por un joven Mark Slaughter. De hecho, Mark pone cara a la voz de Robert en el único vídeo del disco, Boyz are gonna rock. El sustituto, en realidad, iba a ser Göran Edman, quien audicionó y grabó una maqueta, pero Strum apostó por el desconocido Mark. Las disputas por elegir al cantante retrasaron la promoción y el tour, rebajando las expectativas creadas por el álbum. Aun así, cuando todo estuvo dispuesto, giraron por pequeños clubes e hicieron de teloneros para Alice Cooper y Iron Maiden. El álbum se mantuvo seis meses en listas y recibió bastante atención de la MTV (Vinnie tuvo temporalmente un programa en el que comentaba vídeos y hacía entrevistas).  

Después de la invasión.

La compañía apretaba a Vinnie para que compusiera canciones más vendibles e insistía, por lo visto, en que dejara a Dana escribir con él. Los meses siguientes fueron confusos. Vincent grabó una maqueta con canciones nuevas, pero con la voz de Jeff Scott Soto (había cantado en los dos primeros discos de Malmsteen). Volvió al estudio con sus antiguos camaradas y nuevas canciones. Se prestó a ser algo más comedido, menos exagerado, quizá convencido de que el camino al éxito era ese, quizá presionado por la compañía, que confiaba en Strum como elemento catalizador. La producción acabó con All systems go (1988) en la calle. Quizá por la voz de Dana, menos chillona, quizá por unas canciones más centradas, vendió mejor que su antecesor y alcanzó rápidamente el disco de oro. La compañía apostó por la ellos, metió una canción en la banda sonora de Pesadilla en Elm Street IV (y entonces una banda sonora era un escaparate excepcional), grabó dos vídeos.

Y tras All systems go y la posterior gira, el contrato de Vinnie se fue al garete. Hay quien dice que Dana y Mark se lo robaron; hay quien dice que la compañía se cansó de los excesos y los caprichos del guitarrista; hay quien dice que Vincent lo rompió cansado de la censura y el control de los ejecutivos. Lo cierto es que, sin sus compañeros de fechorías, se dedicó a buscar un cantante. Grabó maquetas con Göran Edman a la voz, Chris Lee al bajo y Andre Labelle a la batería. Yngwie Malmsteen le robó a Edman. Después lo intentó con el colega Fleishman, pero el proyecto no salió adelante. A principios de la nueva década, se acercó a Gene Simmons para intentar retomar su colaboración con Kiss; el bajista aceptó componer con él nuevas canciones, que acabaron en el álbum Revenge (1992). Pero nuevos problemas con el contrato y el dinero convirtieron a Vincent en persona non grata durante más de veinte años en el Universo Simmons-Stanley.

El genio de Vincent imaginó un mega-álbum de guitarras imposibles al que primero tituló Revenge (adivina quién le pidió prestado el título), luego Guitars from Hell y finalmente Guitarmageddon. Nunca se acabó. La última publicación oficial, de 1996, fue el EP Euphoria.

Y ahí se acaba esta historia. Un tipo que pudo reinar. Buen compositor y excelente guitarrista, que, además, cantaba con buen tino. Pero no supo gestionar su genialidad ni su genio y la misma industria que lo aupó rápidamente lo tiró a la basura con igual velocidad.