La máquina del tiempo 1986: una Historia del Rock a través de sus canciones

La máquina del tiempo: 40 años de rock.

Una memoria de canciones publicadas entre la muerte del rey blanco del rock, Elvis Presley, en 1977, y la del rey negro del rock, Chuck Berry, en 2017.

1986

Dos records curiosos se dieron en las ventas de este año. Por un lado, el álbum True Blue de Madonna fue el más vendido en 28 países, consiguiendo, a la vez, vender más que ninguno en el mundo. Por otro lado, el single The final countdown de Europe acaparó el primer puesto en 26 países, hito nunca antes y nunca después igualado. Esta polaridad se refleja en la lista de ventas de sencillos y discos, pues la mayoría de los superventas se meten en el saco del pop moderno de Madonna o en el rock de estadio de Europe, más un puñado de artistas de R&B. En cuanto a canciones, las más despachadas fueron Take my breath away (Berlin), Rock me Amadeus (Falco), Papa don’t preach (Madonna), West end girls (Pet Shop Boys), Walk like an egyptian (The Bangles) y Sledgehammer (Peter Gabriel). En el saco roquero, además de Europe, encontramos la relectura de Walk this way a cargo de Run DMC con los propios Aerosmith, a Survivor con Burning heat (de la banda sonora de Rocky IV) y a Bon Jovi con Livin’ on a prayer y You give love a bad name. Entre los discos más vendidos apuntamos el Graceland de Paul Simon, el debut de Whitney Houston y el Licenced to kill de Beastie Boys, junto a los imbatibles True Blue (Madonna), Slippery when wet (Bon Jovi) y So (Peter Gabriel). Si nos centramos en nuestro rollo, qué menos que nombrar el debut de Sammy Hagar en Van Halen con 5150, el regreso de Boston con Third stage, la caja recopilatoria en directo de Bruce Springsteen titulada Live 1975-1985 o al fantástico David Lee Roth y Eat’em & smile.

A lo largo de 1986 se editaron muchos discos hoy considerados básicos en el hard rock, una lista que irá creciendo en los meses siguientes. ¿Comenzamos? Iron Maiden experimentaron con sonidos sintetizados en Somewhere in time, AC/DC editaron su recopilatorio Who made who, Ozzy Osbourne subió como la espuma con su pelo enlacado y Ultimate sin, Judas Priest asustó y enamoró a partes iguales con Turbo, Stryper editó su mejor álbum titulado To hell with the devil, Ratt despachó Dancing undercover, Triumph consiguió su mayor éxito de ventas con The sport of kings, Saxon plegó velas en Rock the nation y Accept en Russian roulette, sin olvidar la aventura en solitario de Tony Iommi en Seventh star.

Si miramos a la cara más heavy, escuchamos dos de los mejores (si no los mejores) discos del género: Master of puppets de Metallica y Reign in blood de Slayer. Ambos fueron responsables de sacar del ostracismo a muchas bandas malditas. “El Master” alcanzó el puesto 29 en las listas de ventas y “el Reign” el 94, impensable unos meses antes para grupos de este sonido. Las compañías de discos vieron el filón y se pusieron a rebuscar. Había donde elegir. Megadeth editó otra joya con Peace sells… but who’s buying?, Mötorhead se marcaron una de sus últimas obras maestras, Orgasmatron y Kreator reventó en Pleasure to kill.

En 1986 dio comienzo de manera mediática un fenómeno característico de la segunda mitad de los ochenta: los superguitarristas, el reino del shred, los velocistas de las seis cuerdas. Los álbumes instrumentales (o casi) comenzaron a ponerse de moda. Destacan el Trilogy de Malmsteen, el Mind’s eye de Vinnie Moore, el Edge of insanity de Tony McAlpine o el Not of this earth de Joe Satriani.

No podemos olvidarnos de algunos debutantes ilustres. Sepultura (Morbid visions), Sodom (Obsessed by cruelty), Cinderella (Night songs), Poison (Look what the cat dragged in), Tesla (Mechanical resonance) o King Diamond, huido de Mercyful Fate, con Fatal Protrait. En la parte de pérdidas, sin embargo, no podemos más que llorar. Fallecieron Phil Lynnot, víctima de sus incontrolables adicciones, desapareciendo con él Thin Lizzy, y Clive Burton, bajista de Metallica, este en un accidente de autobús. Dejaron de publicar discos de manera (más o menos) oficial Asia, The Clash, ELO, Journey y Rainbow. Estos dos se despidieron con Raised on radio y Finyl Vinyl, respectivamente. Y, por contra, en la parte de futuribles, dieron sus primeros pasos Alice in Chains, Goo Goo Dolls, Manic Street Preachers, Skid Row o Rosette.

No fue un año de grandes acontecimientos, pero cabría destacar dos claros. Se formó e inauguró por todo lo alto el Rock and roll Hall of Fame, con una sonora fiesta el 30 de enero. Y comenzó a editarse una de las biblias del género metálico, la revista Metal Hammer. Ese año el cartel del Monsters of Rock incluyó a Ozzy Osbourne, Scorpions, Def Leppard y Mötorhead.

Como de costumbre, la lista de discos es imposible de reflejar aquí, y, por ello, hacemos y compartimos una estupenda playlist. Viejales de regreso, jovenzuelos con ganas, algunos one hit wonder y mucha buena música.

Dale al play…

4 comentarios en “La máquina del tiempo 1986: una Historia del Rock a través de sus canciones”

  1. Creo que no coincidimos demasiado en nuestras preferencias de 1986. Los míos serían (alguno me dejo seguro) el “Candy Apple Grey” de Hüsker Dü, el “A Date With Elvis” de los Cramps, el “Lyres Lyres” de los Lyres, el “Carnevisión” de TDK, el “Eat’Em And Smile” de David Lee Roth y el “Master Of Puppets” de Metallica (en estos dos últimos sí que coincidimos).

    Un abrazo.

    1. Gustos diferentes, la verdad, aunque con algún punto común. El blog, como yo, es bastante variopinto pero muy hardroquero principalmente. Creo que no he oído nunca a Hüsker Dü. Al menos no lo recuerdo. Me pongo a ello. Gracias por el comentario.

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