Lo mejor de Barricada… De la okupación al blanco y negro.

Recordamos el ascenso comercial de Barricada entre la publicación del álbum No hay tregua en 1986 (vendió, por entonces, algo más de 10.000 copias) y la consecución en 1991 del disco de platino con Por instinto (más de 100.000 copias) . ¿Qué pasó aquellos cinco años para que cuatro tipos de un barrio de Pamplona se convirtieran en la banda de rock más importante del país? Los mismos músicos que cantaban para un puñado de adeptos Okupación cantaban para miles de personas En blanco y negro, tras tres discos de estudio y un doble directo. Todos estos años, Barricada fueron: Enrique Villarreal, “El Drogas”, al bajo y la voz; Alfredo Piedrafita a la guitarra y la voz; Javier Hernández, “Boni”, a la guitarra y la voz; Fernando Coronado, a la batería.

En 1986, tras grabar, con Rosendo en la producción, su No hay tregua, la compañía RCA y la banda decidieron romper su contrato. Numerosas polémicas con el contenido de las canciones, intentos de censura, mala distribución, entre otros, hicieron que la relación no saliera adelante. Y ficharon por Polygram: una multinacional apostando por una banda de barrio con letras críticas con el sistema social y político, pero no tan descaradas ni tan explícitas como para dar miedo o no tener un buen nicho de mercado. Tuvieron ojo. Les mandaron a grabar a Ibiza, a los estudios Mediterráneo, lo más en tecnología. Allí ocurrieron dos cosas que serían fundamentales en los años de camino al éxito: medios y Dennis Herman. Tuvieron los medios para desarrollar su trabajo, en forma de tiempo y tecnología; por primera vez grababan en un estudio disponible 24 horas con toda clase de ayudas para sonar bien, y eso permitió a la banda, sobre todo a Enrique y a Alfredo, los más curiosos, experimentar y adornar las canciones. En segundo lugar, conocieron a Dennis Herman, ingeniero del estudio, que ya en esta grabación, junto a Rosendo, no lo olvidemos, pulió el sonido de la banda, dotando de una personalidad a las canciones que antes no acababan de tener. Así se editó No sé qué hacer contigo: el sonido limpio y preciso de las canciones, con un aire pop rock, la portada sobria, la introducción de temáticas más personales que sociales, sin olvidar el factor protesta, convirtió a Barricada en los niños nuevos del rock. Aunque no gustó a la parroquia habitual, consiguió abrirles muchas puertas, alcanzar escenarios antes vetados y salir en la televisión, vender más y ganar algo de dinero. Las canciones juegan con su rock urbano habitual, aún con dejes punk, claras en Todos mirando, Una lata de gasolina o De refilón, y comienzan a sonar influencias más amplias, como el toque “rolling” de No sé qué hacer contigo, los arreglos anglosajones, incluyendo una estupenda acústica, de En la esquina del zorro, el tufillo new age del bajo y la voz de Con el izquierdo o los ramalazos metaleros de Tentando a la suerte o A toda velocidad (ese bombo). Buscan, prueban.

Las buenas ventas les permiten volver a los estudios Mediterráneo, con más tiempo y Denis Hermann al mando de la producción, junto a los propios Barri. Lo que había empezado de manera tímida, se convierte en una vorágine de experimentación, pruebas y regrabaciones, nada hay prohibido. Las temáticas de las letras también se amplían: hablan de la violencia de género en Obsesión, de prostitución en Abrir y cerrar, del SIDA en Tiempos que arden, del genocidio en La hora del carnaval, de la (in)justicia (cada vez más lenta) en El último vagón, del (ab)uso de armas en Cuidado con el perro o de tauromaquia en Rojo. La paleta sónica se abre con mucha influencia anglosajona, nada del viejo aroma barriobajero, excelente trabajo de guitarras (hasta seis suenan en algunos cortes) y algunos aciertos melódicos brillantes, como Bajo control, Animal caliente o Esta noche. El álbum, titulado Rojo, se editará con una portada curiosa: la palabra “rojo” ocupando todo el espacio y la sombra de un toro en ella, con un matiz sangriento. Y consiguieron el éxito. Duplicaron las ventas, el merchandising de la banda empezó a generar beneficios y los escenarios crecieron; cada vez se encontraban más chavales con camisetas de la banda, cada vez más gente abarrotando los conciertos.

En febrero de 1989 entran de nuevo a los Estudios Mediterráneo con Dennis Herman casi como quinto miembro. Componen, arreglan y tocan su disco de sonido más americano, con una producción excelente y variada, con arreglos de teclado y hasta un coro femenino. Las drogas cobran protagonismo en Dentro del espejo y Tan fácil, hablan de la guerra en Invitación a la pesadilla (obligada), se vuelven oscuros en General (sobre las dictaduras, en concreto la del paraguayo Stroessner), hacen un homenaje a sus fans en Pasión por el ruido y retoman el rollo rocanrolero en Yo soy quien tú necesitas esta noche. Para la portada escogen una foto hecha en un paseo por la isla y, como es habitual, el título coincide con el de una canción: Pasión por el ruido supera las ventas del anterior (rozan el disco de oro), vuelven a la primera línea de los medios, graban su primer videoclip oficial para Correr a ciegas y llenan casi cualquier recinto (en verano tocan en campos de fútbol y grandes espacios al aire libre).

Pero la cara b del éxito comienza a hacerles daño: más dinero, más fiesta. Aumenta la dependencia de la cocaína y el speed, provocando que las relaciones sean difíciles, que los conciertos a veces se hagan cuesta arriba y que vivan más pendientes de la fiesta que de lo artístico. El Drogas cuenta una anécdota de la época: retó a cuchillo a un directivo de la compañía por censurarles una canción. En ese mundo vivían. La gira se retoma a final de año para grabar el primer directo de la banda. Con esa idea ensayan a mediados de diciembre en Donosti y llenan dos noches el Palacio de los Deportes de Madrid y una el Palau de Esports de Barcelona. En total, noventa canciones, de las que seleccionaron veinticinco para mezclarlas en el mes de enero en Madrid, apareciendo veintitrés en una obra que se llamó Doble directo, en audio y vídeo, pero que en la portada se dejó únicamente el nombre de la banda. Rápidamente se convirtió en disco de oro, en un icono del rock nacional, el disco que les dio el empujón definitivo.

Y eso lleva al final de esta historia y al comienzo del éxito multitudinario de Barricada. Por instinto (1991) fue el mayor reto compositivo y musical del grupo, la oportunidad que supieron aprovechar, gracias, sobre todo, a la canción Blanco y negro, que llegó a sonar insistentemente en las radiofórmulas y se convirtió en un indispensable de las madrugadas fiesteras. Se marcharon mes y medio a un estudio en medio de Las Landas francesas, Du Manoir, ya sin Hermann; ellos se encargaron de la producción con la ayuda de otro ingeniero/productor que volverá a ayudarles en el futuro, Laurent Lozahic. Pero esto, como dicen por ahí, es otro cuento que ya contaremos.

Y, como de costumbre, aquí tenéis una pequeña selección musical.

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