Nazareth – Hair of the dog – 1975

Tras siete años de trabajo desde sus primeros conciertos, tras editar cinco discos en cuatro años, tres de ellos con Roger Glover de productor, tras patearse los escenarios de ambos lados del Atlántico, los escoceses Nazareth lograron el Santo Grial comercial gracias a su versión de Love hurts: alcanzó el número 8 en ventas en los Estados Unidos. El single contaba en una cara con la balada y en la otra con el sucio Hair of the dog. Mientras la primera conquistaba los corazones radiofónicos de la clase media yanqui, la segunda fue un éxito en las radios universitarias. Fuera de la censura de las radiofórmulas se hizo popular por su letra: en primera persona, un macarra advierte a una mala mujer (“red hot mama, down light charmer”) que ahora está jugando con un auténtico hijo de puta (“now you are messin’ with a son of a bitch”). Ese rollo de lanzar juramentos y blasfemar a voz en grito debió gustarles a los jóvenes universitarios. Con las dos caras del sencillo dando vueltas, el álbum escaló hasta un más que digno puesto 17 en ventas. Hicieron una gira de varios meses que incluyó Canadá de punta a punta, lo que acabó convirtiéndoles en el grupo más importante de la época y facturaron mucho dinero allí también. Hoy en día lleva despachados más de dos millones de copias.

El cuarteto lo formaban Manuel “Manny” Charlton a la guitarra y los sintetizadores, Pete Agnew al bajo, Darrell Sweet a la batería y Dann McCafferty a la voz. Grabaron en los estudios Kent y AIR de Londres con el propio Charlton en la producción. Por cierto, Charlton es andaluz; nació en Almería. Tiene una anécdota curiosa: a finales de los ochenta fue reclamado por Axl Rose para grabar el debut de su banda, unos tal Guns N’Roses, pero tras unas primeras grabaciones el bueno de Manny tuvo que volver a sus compromisos con Nazareth dejando el trabajo a medias. Lo terminó Mike Clink y el resto es Historia.

El disco abría, precisamente, con la batería característica de Hair of the dog seguido de su riff repetitivo que se corta en el estribillo para volver a dejarle todo el protagonismo a la voz y la batería. Tras dos vueltas suena la característica parte instrumental con el talk box (a cargo de McCafferty) y vuelta al estribillo hasta el fade final. El macarrismo y el hard rock sencillo, pero no simple, hecho arte. Con una guitarra que el mismo Tony Iommi podría haber grabado, Miss Misery habla de una mujer endiablada o una adicción química (voto por esto), algo de lo que uno no puede separarse, eso que hace las noches angustiosas y los días largos: “everyday is filled with shame/my nights are filled with anger”. Excelente solo de Charlton. Contrasta con el inicio slide suave de Guilty, con su aroma a porche con vistas al atardecer del desierto, el canto amargo y sincero de despedida: “I got some whiskey/from a bottle/I got some cocaine/from a friend” y tengo que estar “en movimiento” hasta que vuelva a tus brazos. Incluye piano, coro femenino y arreglo gospel para dramatizar y adornar este sorprendente y fantástico tema. Como curiosidad, fue compuesto por Randy Newman (editado un año antes en el álbum Good old boys), famoso, entre otras cosas, por sus bandas sonoras para películas Disney (Toy Story, Cars, etc.). Y tras estas confesiones de abuso, el hard rock vuelve a atronar con Changin’ times. El ritmo cortante y la mezcla del riff de guitarra y los platos a tope con el puente-estribillo me tienen enganchado. Amarga queja a una mujer que le tiene a uno trastornado con sus cambios de humor: “since I met you don’t know right from wrong/somebody tell me just wht’s goin’ on”. El guitarreo es bárbaro, con varias líneas intercalándose en el solo y sosteniéndose unas a otras, hablando entre ellas,  mientras el tempo se acelera. Este tema podría alargarse diez minutos. 

La cara B abría con la doble Beggars day/Rose in the heather, la primera una versión incluida en el debut de The Crazy Horse. Esta primera parte roquera contrasta con la segunda más melódica e instrumental, con una sección de violines en plena forma. Hay que reconocer el enorme mérito de la banda para conseguir pasar de la crudeza a la emotividad con tan buen gusto. El aroma de la taberna se asoma desde Whiskey drinkin’ woman, con sus voces armonizadas y mucho eco, otra elaborada línea de guitarra y varios pasajes solistas de cierto tufo southern. La letra no tiene desperdicio: ayúdame, porque “I love that woman/she’s the best one that I had/but she’s got this habit now/and it sure is gettin’ bad”. Cuando no es él, es ella, pero siempre hay mucho consumo alrededor de estas canciones. De hecho, la banda tenía fama de grandes bebedores, fama que en diversas ocasiones han intentado desmentir los propios miembros. Por las letras, nadie podría darles la razón. Casi cerrando el disco nos espera otra enormidad de Nazareth, nueve minutos de ofrenda al hard rock seventies titulados Don’t Judas me. Lento comienza, incluso con cierta laxitud, como un mantra que pasea por tu cabeza, con el tambor golpeado con las manos, con un pequeño redoble que va aumentando de intensidad, con una colección de instrumentos que van y vienen jugando con los ecos y la distorsión, una tabla, una guitarra, un sinte, el tema va creciendo en complejidad y adornos, manteniendo el tempo y aumentando la carga sónica hasta el largo fade out final. “Please, don’t Judas me/treatme as you like to be treated/please, don’t blacklist me/leave me as you’d wish to find me”. La versión USA/Canadá del álbum incluía la famosa cover de Love hurts; no formó parte de la edición europea de Hair of the dog. Cosas de las compañías de discos: como era costumbre, editaron la canción como single-reclamo fuera del álbum completo, y la reedición transatlántica la incluyó debido al éxito del tema por allí. La cover de Nazareth se basó más en los arreglos de Gram Parsons (Grievous angel, 1974) que en la famosa de The Everly Brothers. Mantiene el patrón rítmico y la acústica marca la melodía que tan bien interpreta McCafferty, con sentimiento y un excelente equilibrio entre su raspada garganta y la emotiva letra: “love is like a flame/it burns you when it’s hot/love hurts”. No solo se convirtió en tema de éxito en la América anglófona; en los países nórdicos se volvieron locos con ella, aguantando 60 semanas en las listas de éxito noruegas, por ejemplo. 

Nazareth conquistó la gloria comercial a mitad de los setenta con arte, suerte y trabajo. Mantuvo su buena estrella los años siguientes, hasta hoy, de manera casi continua. Quizá una carrera tan larga deja muchas lagunas, pero qué duda cabe que este, y otros discos de la época, merecen estar en el Olimpo del rocanrol. A pincharlo.

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