Alice Cooper – Love it to death – 1971

El álbum con el que empezó todo, el álbum con el que pudo acabar todo. En el año 1970 Alice Cooper y su banda estaban perdidos. Con dos discos sin ningún éxito, un contrato de poco futuro, decidieron mudarse de Los Ángeles a Detroit, ciudad donde la movida estaba creciendo con gente como MC5, The Stooges, Ted Nudgent o Grand Funk Railroad haciendo ruido. Y tuvieron suerte. Su “jefe”, Frank Zappa, vendió el catálogo de su compañía, Straight Records, a Warner, dejaron de estar desamparados y recibieron su última oportunidad. Un todo o nada. Solo necesitaban un productor.

Ellos querían a Jack Richardson (The Guess Who) para su “todo o nada” . Pero el tipo no les tomó en serio y recomendó a un novato: Bob Ezrin. Y comenzó la leyenda. De Ezrin y de Cooper. Bob tenía por entonces cero experiencia y 22 años y quedó impresionado con la locura musical de estos tipos: ambos comenzando casi de cero hasta el infinito (y más allá). Hicieron una maqueta de cuatro temas. Ahí comenzó la Historia.

Michael Bruce (guitarrista) y Dennis Dunaway (bajista) compusieron extraordinarios riffs y melodías, Alice Cooper (cantante) engrandeció con interpretaciones alucinantes, Bob Ezrin como productor y miembro extra metió arreglos, teclados, lo que hiciera falta, la batería de Neal Smith mantiene y modifica los ritmos y los cambios y los solos de Glen Buxton simplemente anticipan lo que va a venir.

En cierto modo, a partir de aquí Alice Cooper fue un pionero, no porque inventara, pues ya había bandas que usaban ropajes, teatro y maquillaje, si no por darle un contexto coherente a la música y la actuación, dotanto a sus actuaciones de un espectacular dramatismo. Y, además, estaba basado en canciones excelentes. El gran Cooper defiende que Love it to death y su gira por el Reino Unido parieron a Ziggy Stardust y a la parafernalia de Bolan y su Electric Warrior, que Paul Stanley y Gene Simmons comenzaron a maquillarse y a fabricar sus personajes a partir de un concierto en Nueva York aquella misma gira (luego le “robaron” a Ezrin) y que el mismísimo Lou Reed se mimetizó con su personaje para crear el animal de Transformer y Berlin (también le “robó” a Ezrin).

En Love it to death se da la habitual dicotomía de los siguientes años; canciones directas y en apariencia sencillas mezcladas con otras más complejas y largas. I’m eighteen será su primer éxito. Todo encaja en esta canción: el riff de cuatro acordes sobre la batería, la armónica al inicio, el solo de Glen, el órgano al final de la canción, la letra existencialista del hombre que duda entre la adolescencia y la edad adulta: “I’m a boy and I’m a man/I’m eighteen and I don’t know what I want”. Les puso en el top y en todas las radios y sus conciertos comenzaron a llenarse. Caugh in a dream, que abre el álbum, tiene un aire muy british, con un piano dando fondo al riff de Bruce y Alice mostrando su particular voz, mitad cantando, mitad recitando, hasta un estribillo melodioso. Los chicos lo tienen claro, sus sueños les atrapan (“You know I need a houseboat and I need a plane/I need a butler and a trip to Spain/I need everything”). La excelente Long way to go, compuesta por Bruce, corre rápida por los oídos, con el bajo y las guitarras a la par, y Alice gimiendo “no podemos parar” tenemos que seguir porque hay un largo camino por recorrer ¡Y tanto!

Aparece la primera canción larga del disco, más de nueve minutos, en la que se mostraría la silla eléctrica durante los conciertos. Black Juju, compuesta por Dunaway, comienza con una larga intro de batería, sigue apoyada en el ritmo de Smith y Dunaway, una canción muy cruda, oscura, donde Alice da rienda suelta a su personaje y se adueña de los silencios y los contrastes hasta el épico y distorsionante final.

De seguido aparece el sonido Detroit en dos composiciones ruidosas. Is it my body vuelve a la tierra para regalar un riff básico con otra letra explosiva, quizá el mejor estribillo del disco; el joven Alice le pregunta a sus fans ¿quieres esto que soy o quieres lo que parezco que soy?: “is it my body/or someone I might be/or somethin’ inside me”. Otro clásico de la banda. Sin respiro nos ofrecen un poco de redención en Hallowed be my name, otro corte directo: bendito sea mi nombre, pecadores, venid a mí, yo escucharé vuestras historias sucias. Bárbaro riff, por cierto. Contrastan con Second coming, su agradable piano, el misterioso tono vocal, la supersticiosa desazón “quiero andar sobre las aguas, hablar de nuevo con los ángeles” y no sentir que el diablo calienta y es más listo cada día.

Como penúltimo corte, The ballad of Dwight Fry, locura desde su misma concepción. Alice quiso narrar la historia de un actor del mismo nombre que hacía un personaje enloquecido en una versión de Drácula. Con la ayuda de Ezrin se imaginó a sí mismo cantando con una camisa de fuerza en un hospital mental. Y ese mismo número lo trasladaron al escenario, para romper en el clímax final la camisa y gritar “I want to get out of here”. ¿No escucháis al futuro Bowie y a sus Spiders from Mars en esta canción? Y para terminar una versión circular, hipnótica casi, Sun arise, que pone una guinda sixties a un álbum que catapultó a los escenarios de medio mundo a la Alice Cooper Band.

Como curiosidad, la portada fue censurada tras la primera edición. Alice aparece mostrando su dedo corazón en donde podría estar su pene y eso no gustó. Las siguientes ediciones muestra una foto similar de la misma sesión o incluso, en las más recientes, la misma foto con un poco de photoshop tapando la mano. Los ofendiditos.

Ese mismo año, tras una densa gira, editaron otro imprescindible, Killers, del que también hablaremos otro día aquí, quizá su mejor obra, depende del día. En cualquier caso, Love it to death arrancó la carrera de Alice Cooper y sus chicos y sirvió de espejo para otros muchos artistas. Poco más de treinta y cinco minutos de rock. A disfrutarlo.

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2 comentarios en “Alice Cooper – Love it to death – 1971”

  1. Estupendo texto sobre la primera de cuatro obras maestras consecutivas. Quizá “Killer”, “School’s Out” y “Billion Dollar Babies” sean algo mejores, pero está claro que “Love It To Death” expone la fórmula ya de manera sobresaliente.

    Un abrazo.

    1. Seguramente sean mejores esos discos, aunque con School’s out tengo mis dudas, pero este fue el primero, el que forjó el camino entre Bob Ezrin y Alice Cooper. Gracias por el piropo. Un abrazo de vuelta.

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