¿Acaso molesta el ruido que retumba en mi sesera? Memorias roqueras – Steven Tyler

Memorias Steven Tyler¿Acaso molesta el ruido que retumba en mi sesera? Memorias roqueras – Steven Tyler – Malpaso Ediciones 2014

Para contar las memorias de Steven Tyler, cantante, compositor y líder eléctrico de Aerosmith, debo empezar por el final. Tranquilidad, que no descubro nada nuevo. Simplemente las palabras con las que (casi) termina el libro resumen muy bien qué nos encontramos en sus más de cuatrocientas páginas.

“…soy algo más que el putón yonqui del rocanrol que logró cruzar el umbral de la puerta (…) Si escuchas esa canción que compuse en 1969, Dream on, quizá te hagas una imagen distinta.”

Porque el libro refleja los dos lados de Tyler: el héroe egocéntrico megalómano que quiere y consigue conquistar el mundo con su arte y el yonqui redimido constantemente que se arrastra entre sus adicciones. ¿Quieres música? Hay. ¿Quieres sexo? El más explícito. ¿Hablamos de drogarse? De la A a la Z. Y hay amor y odio y satisfacción y fracaso a partes iguales.

Ahora volvamos al comienzo. Steven Tallarico, de sangre italiana, escribe con pluma agitada, con puñetazos entremezclados con clavos afilados, con la velocidad con la que vivió, con la elegancia personalísima con la que se entrega en el escenario. ¿Cuánto hay de él y cuánto de escritor en la sombra? Difícil saberlo en estas memorias, pero yo creo que buena parte es Tyler por sí mismo. Su propio personaje.

Y eso sí que lo vas a descubrir en el libro. Cómo el adolescente Tallarico, detenido por posesión, perdido en los estudios, macarra de día, currito de noche, construye su propio personaje. Al principio, copiando a su ídolos, a Mike Jagger, a Janis Joplin. Después, despojando su vergüenza y las tiendas de moda más cutres para extenderlo por escenarios, portadas y fiestas de promoción. Descubrirás porqué siempre lleva fulares o pañuelos o pasminas o lo que toque en su micrófono, por ejemplo.

¿Te interesa la faceta musical de Aerosmith? ¡Por supuesto! Steven compuso los temas más grandes. Para él un single de éxito era todo, lo único realmente importante, lo que llena estadios, lo que trae el dinero, lo que permite meter en tu cama a la tía despampanante. Interesante el largo proceso de Dream on, su canción favorita, su fetiche. Tardó cuatro años en publicarse y casi siete en ser un éxito, cuando se reeditó en 1976 y se convirtió en la primera del grupo en alcanzar el Top 10. No deja títere con cabeza en el grupo, un amor-odio-odio destructor.

¿Te interesan las dependencias de la estrella del rock? Las tienes todas. Su frase “me esnifé la mitad de Perú” lo resume. Él mismo calcula que se gastó veinte millones de dólares en drogas. Casi nada. Hasta ocho veces ha entrado y salido de rehabilitación, las últimas por calmantes, somníferos, estimulantes… Lo que haga falta (eso sí, nunca se pinchó heroína). Cuenta con mucho detalle cómo pasó la banda de compartir sus hábitos, llegar al éxito, aislarse y ¡boom! un yonqui solitario a finales de los setenta metido en una espiral de pillaje emocional y físico. Casi no lo cuenta, desde luego. Lo increíble es que se acuerde de tantas historias (bueno, entre 1979 y 1983 no hay mucho, la verdad).

Su vida gira alrededor de las drogas y el sexo. ¿Te interesa el sexo? No tendrás que imaginar nada. Grande la anécdota del Pequeño Club de Annie Oral y sus chicas: a Steven le tocó una que “sabía hacerse la guarrilla y no le quedaba un pelo allí abajo”. O la primera vez que tocaron en Finlandia: “las chicas eran infernales. Pómulos salidos, pelo rubio, sucio (…) Auténtico pelo rubio sucio a juego con alfombras en las que ansiabas echarte para enguarrarte a tope”. Y un sabio consejo para quienes pasan tiempo fuera de casa (músicos en gira, por ejemplo): “…diez días antes (de volver a casa) no mantenías relaciones sexuales (…) El rollo de los ojos lujuriosos podías disimularlo, pero lo que no podías era hacer ver que el tazón estaba lleno cuando no quedaba ya caldo”. Impagable.

Una vida de estrella del rock drogadicto de manual… Vamos, que este podría ser el manual. Steven desnuda su cuerpo (y el de sus compañeros de grupo), su alma y su cabeza en una obra que se lee rápida, amena, dura por momentos, pero que siempre deja un poso de optimismo. Como dice Steven: “…todo lo que realmente necesitamos al final de un largo y tortuoso día es que nos acaricien, hacer el amor, llegar al clímax, y ser felices”. Salud.

 

 

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